Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

25jun/160

Carta Abierta / 21

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Dar testimonio
1. El vergonzoso caso de José López podría hacernos vacilar: era un
funcionario de alto nivel, encargado de las obras públicas, conocido por
todos, y sobre todo por los que en toda la extensión del país trataron con él
por la gran cantidad de construcciones que se realizaron. Repentinamente
emerge desde una madeja de hechos sombríos que involucran dólares
secretos en cantidad portentosa, en valijas prefiguradas por estruendosas
denuncias anteriores, y sin poder justificar nada, emerge de madrugada de
un convento suburbano encasquetado y con pechera policial, como un
soldado atontado por las bombas que explotaron en su trinchera, capturado
por las Huestes de la Verdad, luego condecoradas. La fuerte evidencia
visual obligó al kirchnerismo a escribir cartas de repudio y a preguntarse
sobre los alcances de la pegajosa palabra en juego: corrupción. A cuántos
involucraba, si afectaba a todo el ciclo transcurrido, si un hecho
brutalmente escandaloso relativizaba o anulaba convicciones efectos
políticos, genuinas militancias. En suma, si un hecho inmoral, específico o
ramificado, invalidaba un compromiso colectivo que protagonizó políticas
de significativa ampliación de derechos y distribución de la renta de los
gobiernos Kirchner durante más de una década, en los que se incluye el
replanteo del papel de las ciencias y las tecnologías, y ampliando las redes
creativas de las nuevas universidades públicas.
2. N uestra respuesta no es vacilante en cuanto a qué hechos y qué
legados efectivos no pueden ni podrán ser alcanzados por las graves
denuncias en curso. No se puede destruir un colectivo social con
convicciones afirmadas en realizaciones palpables. Ni siquiera por la
desmesura oprobiosa que adquiere este caso y sus consecuencias, aun no
desplegadas totalmente. Lo ocurrido con López nos obliga a preguntarnos,
es evidente, por los sobornos ocurridos en las prácticas corrientes en torno
a la obra pública y a no ser tolerantes con ellas, que tienen además, un
fuerte impacto negativo en movimientos populares forjados en la idea de la
igualdad y la honestidad militante. Por otro lado, dan renovados
argumentos a quienes demonizan los estilos de intervención estatal y las
memorias de un gran conglomerado históricosocial.
No percibimos
entonces el tan proclamado fin del kirchnerismo. Lo que vemos es el deseo
acrecentado en las derechas latinoamericanas que eso ocurra envuelto en
la facilidad que esta nueva situación otorga, de la que emergen injurias
prepotentes a raudales y cálculos jocosos sobre el desprestigio irrevocable
de una fuerza política. Pero se demostrará que no ha concluido su ciclo,
por más tropiezos gigantescos que haya sufrido, precisamente porque esta
necesidad de su par antagónico, el macrismo, no puede ser acatada
dócilmente por una sociedad compleja que sabe repudiar la indignidad de
un funcionario –y de todos los que actuaron con ese mismo desprecio
hacia el patrimonio públicoy
al mismo tiempo sabrá reconocer que aun en
las más difíciles encrucijadas, late una memoria indemne. Las razones de
ese memorial político no son de hoy sino que se han forjado al abrigo de
dramáticas crónicas colectivas. Aunque López no sea solo un individuo
sino una triangulación, una amalgama, una asociación o una teoría de los
conjuntos, ninguna reflexión que tenga en cuenta la historia efectiva puede
juzgar todos los hechos bajo una única dimensión moralizante, por
importante que sea. Y por más evidente que se hagan las deficiencias con
que se actuó bajo ese decisivo aspecto de la acción política. Porque ni todo
es así, ni todos actuaron así. Y porque lo que predominaron fueron hechos
de reparación social, esa era la viga central de la época transcurrida, y no
casualmente este aspecto reparatorio del tejido social es lo que el gobierno
actual se dedica a arrasar con toda ferocidad. Además porque la propia
Presidenta no revalidaba su liderazgo con maniobras oscuras ocultando
monedas en lejanas fosas, sino exponiendo posiciones críticas, abriendo
debates y proclamando caminos autonomistas para el país en muy visibles
actos de masas.
3. L a entera movilización social de más de una década de militancia
genuina, no puede ser deslegitimada por aparatosos procedimientos, cuyos
resultados se van instalando como ciertos, procedimientos que deben ser
denunciados por su corrosivo efecto manipulador sobre la mirada de la
sociedad. Pero demasiadas veces parece resurgir una escalada
persecutoria que se manifiesta en los últimos hechos de represión y
espionaje, una verdadera “Campaña del desierto” mediática destinada a
neutralizar y apartar a las viejas estirpes del territorio e incluso a los que
por su osadía se animaron a decir algo nuevo sobre los aparatos de verdad
preexistentes, tanto económicos como jurídicos y comunicacionales, en su
rutina burocrática y su lógica aquietadora de las masas. Todo aquello que
nos importa demasiado y quieren destruir con una sola palabra –ladronessabrá
resistir no por capricho ni empecinamiento, sino simplemente porque
es portador de una memoria crítica, de una ética esencial, y sabe cómo
diferenciarse, en el pulular difuso de los hechos, de aquellos que emergen,
verdaderamente como intolerables, y rescatar desde su interior una fuerza
socialmente activa y democrática. Y sabe también, colocarlos en el flujo
complejo de una sociedad nacional donde triunfan toda clase de
operaciones preparadas en las tinieblas que por no estar al alcance del
ciudadano común, atentan contra la trama social introduciendo la pócima
de la sospecha, la injuria ciega y un burlón y deliberado irracionalismo en el
juicio ecuánime que exigen las cosas.
4. C iertamente, formas específicas de resistencia democrática a un
panorama social que hace más penosa la existencia colectiva, resurgen
continuamente. Aún sin que se evidencien los signos de una conducción
general efectiva, lo que de una manera u otra resurgirá de la maraña de
dificultades y la escabrosidad del presente, numerosos sectores sociales,
sindicalizados o no, de trabajadores, empleados, estudiantes, pequeños y
medianos empresarios, comerciantes y vecinos, han dado a conocer su
descontento frente a gobernantes portadores tanto de una rara
insensibilidad hacia el árido presente como de una profusa imaginación
para estrepitosas y generalmente vagas promesas. Con arbitrarias
triquiñuelas políticas mantienen presa a Milagro Sala, lo que expone
crudamente la existencia opresiva de un poder antisocial discriminatorio y
adverso a los proyectos de democracia popular e igualitaria. En la otra
punta de la cuerda de humillaciones, los tímidos reclamos por Malvinas
convierten en una inútil rutina lo que es un tema de democracia geopolítica
mundial de indisimulable importancia latinoamericana.
5. E stos son los conocidos momentos grises de una época entera, donde
actúan aparatos disciplinadores que desafortunadamente no fueron
reencaminados en sus procedimientos antes y que ahora gravan su
proceder con técnicas de desmantelamiento social previamente diseñadas,
que mezclan el miedo con la represalia y la penitencia con la servidumbre
voluntaria. El argumento básico que se expresa en estos días es que, en el
anterior gobierno, bajo una “portada” socialmente distributiva se verificaba
un “fraude organizado.”
Pobre argumento, ya que estos “flujos ilegales” no pueden de ninguna
manera diluir el peso de fecundas y decisivas acciones de gobierno que no
es difícil rememorar, como el apartamiento del ALCA o el resguardo por
parte del estado de los fondos de garantía jubilatoria. De estos y tantos
otros temas, la memoria social hará su balance y la militancia se rehará
con las efectivas evidencias de un aprendizaje de urgencia. En cuanto a
gobiernos de fachada, si tal calificación pudiese aceptarse en el
razonamiento político, el actual gobierno parece serlo. La puntual
coincidencia de poderes económicos, de los más elevados que puedan
concebirse, con la piel traslúcida que ofrece la política para recubrirlos
pasivamente, nos muestra la contracara del forzado republicanismo que
proclamaban. Fondos secretos en el exterior, marchas y contramarchas
poniendo a toda una sociedad como campo de pruebas, aumentos de
tarifas decididos por un insaciable Leviathan abismando dramáticamente a
una parte importantísima de la sociedad que se ve despojada súbitamente
de tantos derechos adquiridos en estos años. Asistimos asimismo con
consternación, al desprecio por los avances en el delicadísimo tema de los
derechos humanos y de género, cursos de entrenamiento de ejecutivos
para despedir personal como si fueran cursos de historia política o un taller
literario, rutinas de “arrepentimiento” sobreactuadas y juras a la bandera
alterando venerables rituales (reemplazados ahora por el “sí, se puede”),
son apenas unas de las pocas menciones de las tantas que se pueden
hacer a la masacre simbólica a la que someten al lenguaje político y al
conjunto de la nación.
6. U n panorama de pasajes y veloces constricciones, ampara nuevas
mayorías en Diputados y Senadores, con el vértigo forzado que le otorgan
las almas recientemente catequizadas y quizás hasta arrepentidas, porque
no “perdonadas”. Y que acaso no sería insolente decir “blanqueadas”.
Sobran los nombres que por pudor omitimos.
Nos interesa señalar especialmente la anómala creación de una Agencia
de Bienes Públicos en la ciudad de Buenos Aires, destinada a una
insaciable especulación inmobiliaria en la Ciudad, que contó con el obvio
apoyo del oficialismo y el voto copartícipe de algunos legisladores que
representaban lo que debería ser la oposición – consagrando así un
maridaje que tiñe de color oscuro toda nuestra actualidadlo
que debe
condenarse en bien de una democracia urbana y de un conjunto de
derechos adquiridos al uso del espacio público. Este inminente remate de
zonas, edificios y terrenos destinados a la convivencia ciudadana en favor
de una metrópolis expropiada de existencias colectivas, es un pisoteo de lo
público tan condenable como el uso de sustancias contaminantes en la
minería y el glifosato en la agricultura.
7. D amos testimonio de lo que surge ahora desde la convicción de haber
apoyado un momento histórico de ampliación de ciudadanía y de derechos,
de reconstrucción de lo público, de la intransigente y sostenida defensa de
la soberanía política y económica frente al capital internacional y de disputa
por una mejor y más igualitaria distribución de la renta material y simbólica.
Ante esto, se ha generado un arrasamiento de la memoria instituida, que
viene de la mano con una estrategia que busca asfixiar de contenido la
fuerza emancipadora que durante 12 años recorrió la vida argentina en
consonancia con el despertar, en Sudamérica, de proyectos y gobiernos
que, a contracorriente de los vientos regresivos de la historia, buscaron, y
lo siguen haciendo, caminos alternativos a los de la barbarie neoliberal.
Barbarie ésta que, con diversas iniciativas reaccionarias y antipopulares,
vuelve a desplegar entre nosotros la derecha macrista. En apenas seis
meses hemos sido testigos, no de una supuesta alternancia democrática,
sino de una política de tierra arrasada que ha buscado revertir políticas
sociales, económicas, culturales, de derechos humanos e institucionales
hasta el punto de sentir, una gran parte de la ciudadanía, que nos han
“cambiado” el país convirtiéndolo en una tierra de promisión para los “ricos”
de acá y de afuera, mientras avanza el daño sobre los más débiles,
habilitando una nueva y feroz regresión social. Por eso, presentan los actos
de gobierno no como una democracia igualitaria, sino que los actos
supuestamente igualitarios son tomados de un guion que emerge de una
sofística “escuela de sabiduría empresarial”, donde conceptos como
“meritocracia” y otros semejantes, recubren todo y parecen reemplazar los
derechos a la igualdad con un sistema de puntajes puesto por los
mayorales y capataces de las unidades de producción ya docilizadas y
encuadradas en disciplinas siempre ajenas a la autonomía de los sujetos.
8. L anzamos esta Carta luego de un período de silencio, en el que nos
manifestamos por todas las vías que nos fueron posibles, en el que no
cesamos de reunirnos y de discutir con fervor todos y cada uno de estos
temas, acompañando, como tantos otros, las movilizaciones populares
(desde aquella inolvidable del 9 de diciembre cuando cientos de miles
despedimos a Cristina, pasando por el 24 de marzo más grande de los
últimos años, el multitudinario acto de las centrales de trabajadores, la
conmovedora y masiva concurrencia a Comodoro Py, la multitudinaria
marcha de los trabajadores convocada por las dos CTA, la movilización
histórica del pueblo de Comodoro Rivadavia, la masiva protesta de la
comunidad universitaria y científica y las decenas y decenas de
convocatorias espontáneas y horizontales que a lo largo y ancho del país
–en clubes de barrio, en plazas, en centros culturales y políticos– siguen
manifestando su vocación de defensa de los intereses populares, de
resguardo de la memoria y de generación de lo más difícil de todo: la
organización y las estrategias para avanzar en la consolidación de un
proyecto emancipador con vocación de poder.
9. L ópez está muy lejos de ser el arquetipo del kirchnerismo, ni tampoco
su campanazo lúgubre y definitivo. Por eso nos reconocemos como
defensores de las políticas transformadoras de los gobiernos de Néstor
Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, políticas que deben
predominar en el juicio justiciero sobre los demás aspectos que deben
merecer agudas consideración autocríticas. Se evidencia en el macrismo,
en cambio, ese insolente déficit de historicidad, que creen sustituible por un
falso pluralismo (que es solo la réplica infinita de ese Uno que son ellos
mismos), balbucean que existen personas, no conjuntos humanos; que hay
individuos, no asociaciones públicas. Que la democracia no es más que la
sumatoria de individuos egoístas convertidos en ciudadanosconsumidores
en el interior de un país que ha olvidado lo común, lo compartido, lo
solidario para dejar que los intereses mercantiles y la pura lógica del
sálvese quien pueda vuelva a determinar el carácter de nuestra sociedad.
Así, con esta misma varita que invierte la vida social, en el mismo cuento
de hadas en el que el Presidente le sirve la sopa a una abuelita o a una
buena vecina, se produce una amenaza gigantesca al trabajo con el raro
pretexto –que debería motivar que las grandes organizaciones sindicales
sean más contundentes en denunciar y tomar medidas de lucha,
de que
destruyendo puestos de trabajo el futuro dadivoso nos derramará “trabajos
de más calidad”. Estos subterfugios ornamentales encubren las viejas
recetas neoliberales –aplicadas por Martínez de Hoz y Cavalloahora
recitadas por el pobre pensamiento de un hombre de libretos
desculturizados, y doblemente crueles por el hecho de que los dice con un
aire de monaguillo inocente. Pongamos este razonamiento simplista,
aunque espectacular, bajo las interpretaciones que deberían provenir de un
sentido de la historia regido por los intereses de la clase trabajadora.
10. Al macrismo parece no importarle contar con suavizadoras
apariencias para “disciplinar el trabajo nacional”, o para terminar asimilando
totalmente Partido a Estado y Estado a lógica Capitalista. Sus actos son
traslúcidos, hay un poder único, que en este caso representa muy bien la
expresión a veces rápidamente empleada sobre un “poder concentrado”.
En esa condensación, intentan sumergir a la clase trabajadora, que en los
tiempos a venir se debatirá entre algunas de sus conducciones gremiales
lamentablemente subsumidas en esa concentración económica, y las
tradiciones de lucha antiguas, modernas y recientes, que hacen a la clase
trabajadora, independientemente del modo en que hoy ha sido
estamentalizada, una protagonista central de futuros reagrupamientos y
llamados multisectoriales. Pues es la hora en que aleatorias diferencias
políticas queden de lado en nombre de un nuevo efecto aglutinador que
–por más que hayan cambiado las formas y métodos laborales en el
capitalismoproducirá
un mayoritario sector obrero, operario, asalariado y
trabajador para reencaminar la tarea transformadora de lo social,
recogiendo herencias notorias de épocas anteriores, que seguramente se
resolverán en formaciones originales y de contornos frentistas.
11. T odo en el macrismo huele a impostura, salvo cuando algunos de sus
principales exponentes, por extraños mecanismos que denuncian una falta
de autocontrol, afirman que “era inconcebible que un empleado medio
pudiese comprar un plasma o aspirar a viajar al exterior” o, con mayor
contundencia y cinismo todavía, “que los pobres deberían saber que
seguirán siendo pobres con todas las limitaciones que eso supone”. Una
mezcla de viejo y apolillado clasismo con brutal sinceramiento (para
emplear el concepto que los define, una suerte de cinismo patronal) que
pone en evidencia el núcleo de su visión del mundo. Como lo que ocurre
tiene el severo reborde de una tragedia, los personajes en juego adquieren
rasgos imprudentes y actúan no en nombre de lo que saben sino de lo que
ignoran. Pero en toda situación de esta índole, aparece la lógica dolorosa
de la verdad, cuando los que soportan el escarnio retoman la palabra.
Veremos aquí lo que será capaz de afirmarse y sostenerse desde nuestra
voz no capturada por el aparato ventrílocuo de la condena oficial. Hace
tiempo ha confeccionado un patíbulo surgido de la mente de acelerados
editorialistas y veloces constructores de puniciones moralizantes. Leemos
los textos de los editorialistas connotados. No reímos ni lamentamos.
Sabemos que ellos cumplen su tarea derramando el escarnio obligatorio.
Son necesarios para proteger crudos intereses: se aprueban leyes
cuestionables y retrógradas o irregulares nombramientos como los de
Rosenkranz y Rosatti, que ratifican la desconfianza hacia un poder judicial
que se subordina mayoritariamente a los poderes fácticos. Esto se vio
facilitado por los desdichados episodios como el del nocturnal Ingeniero
López y ahora el del fronterizo Pérez Corradi. Son hechos reales que
parece que ocasionan, mucho más que el deseo de esclarecerlos, la
ansiedad de aplicarlos como “inversiones directas” en un régimen de
abominaciones universales que protege la momentánea efectividad de sus
pensamientos antisociales.
12. S i bien es una atractiva generalización decir que todo lo sólido se
desvanece en el aire, es necesario admitir que las actitudes de este nuevo
gobierno le agregan a una historia nunca calma, un complejo deleite de
menoscabo, un ansia catastrófica que llega al límite de un fanatismo
iconoclasta. Es cierto que todo momento histórico es un momento crítico y
reclama no atemorizarse por las incertezas reinantes. Pero el caso del
gobierno de Macri asombra por su implacable deseo de hacer totalmente
reversible el inmediato pasado, no solo en el plano de los hechos, que
siempre pueden revertirse, sino en el plano de la memoria, donde con un
pensamiento propio de la razón cínica, tratan lo antes acontecido y sus
símbolos, como una multitud de ruinas despreciables.
13. N o es lo que pensamos nosotros. En este inmenso juicio a cielo
abierto y sin anestesia, al que es sometido lo sucedido antes, actúan con
el desprecio sistemático que proviene de un ritual preparado en una oficina
nocturna de guiones policíacos. Con él no pueden substituir la opinión
argumentada y cabal, sostenida en elementos de justicia, de defensa
meditada de lo actuado y de madurada autocrítica, al punto que puede
describirse como la violación alegórica de la Nación.
14. P orque creemos que la democracia no es sólo un acto electoral, a
favor o en contra, sino también, una continua reinvención de prácticas y
acciones que insistan con buscar la realización del bien común escapando
al abrazo de oso del individualismo meritocrático (que destruyen no sólo
nociones colaborativas de trabajo sino al mismo individuo social). No habrá
democracia si no se van abriendo las posibilidades de entrelazar la libertad
con la igualdad, las expectativas personales con el abrazo solidario, las
decisiones gubernamentales con la participación popular. Y si el edificio
democrático no condiciona las pulsiones inmediatistas e irreflexivas de las
lógicas capitalistas, la derecha neoliberal, una vez más, intentará borrar del
diccionario y de nuestra habla cotidiana palabras y gestos esenciales, de
aquellos que marcaron, desde el fondo de nuestra historia, las mejores y
más virtuosas iniciativas para insuflar a la democracia de vitalidad, desafío
y participación activa del soberano en la construcción de un país que,
como durante los años del kirchnerismo, aspiró a ampliar la equidad, la
libertad, la justicia y los derechos. En primer lugar, advertimos que por
iniciativa del gobierno de Macri y la coalición empresarial y financiera que
lo ha adoptado como filigrana agresiva que debe incrustarse en la
conciencia colectiva, por primera vez en grandes contingentes de la
población se experimentan sentimientos de saqueo material y vaciamiento
cultural. El cómputo de estas desventuras arrasadoras viene acompañado
de la revelación de inciertas promesas. Ese diluido futuro en que se “va a
estar mejor” pero ajustando salarios, reventando cuadros tarifarios en los
servicios y, en otro plano fundamental, desmontando las implementaciones
vinculadas a la soberanía tecnológica del país. Por eso, la asombrosa
vaguedad e impudor de esos juramentos de pronto bienestar, parte de un
nuevo marketing extravagante. Está fundado en idilios de felicidad sacadas
del pobre maletín de los farsantes de todo cuño, sacristanes de la
autoayuda y nuevos “Fukuyamas” que recitan las odas del fin de la historia.
Nos obligan a pensar en acciones de contestación política que renueven el
acceso a la democracia y reconstituyan la noción de resistencia
democrática contra los nuevos protocolos de una opresión diseñada bajo
equívocos slogans, que relatan incluso la fabricación de una empanada
como la obra de una sociedad abstracta donde no hay fuerzas productivas
o conflictos, ni fuerzas sociales con contradicciones, sino solo nombres de
personas sometidas al realismo venturoso del trabajo aislado y los campos
de soja triunfantes. Tristes, solitarios, finalmente purificados.
15. E sta atomización corrosiva del ser social, es el probable o improbable
nombre con el que la derecha provocará la desarticulación de la vida en
común. Y aunque no hace otra cosa que hablar de ella, suponiéndola
inalterable pero amenazada por anatemas exógenos, sus protocolos de
seguridad (latentes, sometidos a ensayo y error), sus medidas económicas
o el lenguaje de sus funcionarios, son testimonio del grave factor de
desequilibrio, incertidumbre y miedo que introducen en la historia, la que
fue habitada hasta el momento por complejas y prudentes expectativas.
Por eso ellos se visten con la utilería de los vengadores o expropiadores de
lo que menos puede decomisarse, precisamente, la historia, una historia,
cualquier historia. El vituperable caso de López y todos los que se les
parezcan, son graves ante los ojos del presente, pero si la historia común
mueve sus motores hacia la justicia y la renovación de las instituciones,
será un asterisco doloroso que servirá de advertencia para todos los
movimientos sociales y democráticos.
16. H ay que arrojar nueva luz sobre la comprensión de los desafíos y los
límites que conlleva refundar un Estado saqueado y desguazado hasta casi
convertirlo en un pellejo vacío por los portadores, antaño, de la misma
ideología de quienes hoy vuelven a recurrir a fórmulas de ajuste, de
distribución regresiva del ingreso y de endeudamiento. Con sus más y sus
menos, con sus cualidades y sus improvisaciones, el kirchnerismo se hizo
cargo, sin beneficio de inventario, de un país devastado y lo hizo sin
recurrir a recetas fondomonetaristas, sin restringir sino ampliando derechos
y salarios, avanzando en un virtuoso e inédito camino de
desendeudamiento que vino a frenar la siempre activa trama de corrupción
que les permitió, a los grandes grupos económicos, vaciar las arcas
públicas y fugar miles de millones de dólares a lo largo de los años. Todo
debate sobre la corrupción no puede dejar de tocar este punto decisivo,
que los Panamá papers representan como momento crucial y abstracto del
flujo del neocapitalismo, con sus nuevas bisagras de ilegalidad e
invisibilidad opresiva, fusionados con servicios de inteligencias mundiales y
grandes operaciones decisionistas, en lo militar y financiero entrelazados.
Lo demás es el persistente ocultamiento que desde los medios de
comunicación concentrados y hegemónicos (socios activos del gran
capital) se ha hecho para beneficiar y proteger a los grandes evasores y
fugadores seriales de divisas que mantienen activos externos por más de
cuatrocientos mil millones de dólares, los mismos a quienes hoy se busca
“reparar y proteger” a través del ya mencionado blanqueo de capitales.
Esta blancura es aparente. Aunque amparada en la publicidad organizada
sobre hechos aborrecibles que condenamos y otros de menor envergadura
que también deben merecer nuestra reflexión autocrítica, los estandartes
del macrismo son los de la capitulación de los trabajadores argentinos, los
de la pérdida de las nociones igualitaristas, los de la desmotivación para
las luchas y los de la quiebra de la autonomía nacional. Pero ante esto,
muchos somos los resistentes democráticos, los trabajadores de ayer y de
hoy, que portan signos de la memoria y se incorporan ahora a los motivos
esenciales de la vida justa, que darán testimonio para no permitir la
expropiación general de la existencia colectiva.

9jun/160

Carta a la Presidenta de E. A. Agis

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Buenos Aires, 7 de junio de 2016
Estimada Presidenta, Espero que este correo la encuentre bien. Le escribo estas líneas porque estamos ante un momento bisagra en la historia de nuestro Sistema Previsional. Mi intención es que ud pueda contar con algunos argumentos que considero de suma importancia, para analizar y tomar posición sobre el proyecto de ley que recientemente ha remitido el Poder Ejecutivo al Parlamento, bajo el titulo de ficción “Reparación Histórica para jubilados y pensionados”. Más que “Reparación Histórica” creo que de apoyar tal iniciativa estaremos cometiendo un “Error Previsional Histórico”. Trataré de explicarme de la manera más clara posible. Apelo a su paciencia, puesto que el proyecto es realmente enorme y toca más tópicos que el tango “Cambalache”.
En primer lugar y antes que nada Presidenta, lo que resulta increíble es que se hable de reparación histórica. Si hay un proyecto que ha reparado la situación previsional en nuestro país es el iniciado el 25 de Mayo del 2003, cuando Argentina tenía poco más de 3 millones de jubilados y la jubilación mínima era de $200. Hoy tenemos casi 6 millones y medio de jubilados.
La tasa de cobertura llega prácticamente al 100% y casi la mitad de esos jubilados cuentan hoy con un haber debido a las sucesivas moratorias previsionales implementadas entre 2003 y 2015.
Algunas veces se escuchan voces “indignadas” porque más de la mitad de los jubilados cobran la mínima. Tal vez su sincera “indignación” no les permite recordar que antes del 2003 la mitad de esos abuelos en edad de jubilarse no lo podían hacer. Aunque sea de Perogrullo: para mejorar el nivel de los haberes jubilatorios es necesario que primero los jubilados tengan un haber. Casi una obviedad. Pero como ud siempre dijo, en la Argentina hasta lo obvio es necesario decirlo.
Tampoco tal vez recuerdan los aumentos continuos decretados desde el año 2003 para todos los jubilados, luego de que en nuestro país se llegó a establecer por decreto el congelamiento de los haberes jubilatorios, congelamiento que duro años.
Pudimos llegar a la ley de movilidad jubilatoria con dos inéditos aumentos anuales para todos los jubilados y pensionados luego de haber reemplazado las AFJP para volver al sistema de reparto público y solidario. Ese es el sistema que nos permitió alcanzar no solo la cobertura previsional universal, sino también el mayor haber jubilatorio del continente.
Cabe recordar que muchas de estas medidas hubieran sido imposibles sin la Ley que permitió recuperar la administración de los recursos de los trabajadores en mano de las AFJP. Ley que fue sancionada, no nos olvidemos, sin el apoyo de la mayoría casi absoluta del arco opositor parlamentario, incluido el actual Gobierno.
Pero lo que más sorprende es que hoy se vuelva a la carga con estas promesas demagógicas. Recordemos que no hace mucho en Argentina se privatizaba YPF con la excusa de pagarle a los jubilados. El resultado de ese modelo fue que nos quedamos sin petróleo, sin jubilados y en fin, sin país Presidenta, el proyecto enviado por el Gobierno es, en realidad, una reforma tributaria encubierta y un manto de impunidad al escándalo global de los Panama-Papers.
Increíblemente, es la primera vez que al Parlamento ingresa un proyecto de reforma tributaria de carácter regresivo. Es decir, lo que está haciendo el Gobierno es usar a los jubilados y a las provincias de cortina de humo para hacer que los ricos dejen de pagar impuestos. Lisa y llanamente.
· El proyecto deroga el impuesto a los bienes personales, probablemente uno de los impuestos más progresivos que existen.
· Deroga el impuesto a la renta financiera (estrictamente, a la distribución de dividendos) que nosotros implementamos en 2013.
· No solo busca vender las acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, sino que además permite que se use ese dinero para hacer inversiones en el exterior. En criollo: a la fuga de capitales de los privados, le vamos a sumar la fuga de capitales de la ANSES; cualquier parecido con las AFJP, no es mera coincidencia.
· Y, por último, realiza un blanqueo de capitales que permite que los que blanqueen “exterioricen”, es decir, que no ingresen sus fondos al país, sino que simplemente declaren que los tienen en Panamá y que los van a seguir teniendo fuera del país.
Hay que reconocer que Cambiemos ha tenido un comportamiento perverso al presentar esto como una “reparación histórica” a nuestros jubilados. Pero Presidenta, esto no es ninguna reparación histórica. Esto es el primer paso para llevar a nuestro Sistema Previsional a la quiebra. Es el primer paso para vivir en un país más desigual, donde los ricos paguen menos impuestos y nuestros abuelos cobren haberes previsionales más bajos.
Entiendo perfectamente que en tiempos de Twitter, donde parece que los debates políticos tienen que durar 140 caracteres, decir esto puede significar ganarse la antipatía de las mayorías. Sin embargo fue ud quién en ocasión de esa batalla histórica que encabezó contra los fondos buitres, demostró que la mezquindad y la especulación mediática y política no son nunca buenas consejeras de los proyectos que buscan favorecer a las grandes mayorías. Y sé que ud, al igual que Néstor, no dejó sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. No las dejó cuando entró y tampoco las dejó cuando se fue.
Claramente manifestarse criticamente sobre algo que se presenta como una presunta “reparación histórica a nuestros abuelos” no tiene muy buena prensa (sobre todo en tiempos de impunidad mediatica, como la que goza el actual gobierno). Pero si hay algo que nuestro Gobierno no tuvo fue justamente buena prensa: siempre tuvimos más votos que rating. Y estoy seguro que tenemos que seguir por ese camino, no por el de las frases hechas que apuntan a “seguir haciendo bien las cosas que están bien y dejar de hacer las cosas que están mal”, verdadero tips de los “focus groops” y los asesores de imagen.
¿Por qué digo que este proyecto no es ninguna “reparacion historica” para nuestros jubilados, si no por el contrario , la destruccion del sistema previsional? Por dos razones: una que atañe a la cuestión Distributiva y otra que hace a la Sustentabilidad de nuestro Sistema Previsional.
La Razón de Carácter Distributivo
Presidenta, paradójicamente, nuevamente es el Poder Judicial, y no los papeles firmados por nuestro país, el que determina el tamaño de una deuda. Pero ahora no es un Juez de Nueva York, sino la corte local la que determina cuánto hay que pagarle a los jubilados. Y creo que esto lo hemos discutido alguna vez con ud y ha sido un tema que quedó abierto. Es que nunca nos pudimos poner de acuerdo sobre qué es peor: si un economista opinando sobre leyes o un abogado opinando sobre economía. Hoy lo que nos toca es hablar de esto último. ¿Qué dijo la Corte? Antes de ingresar a la función pública en el año 2011 con un grupo de investigadores del CONICET hicimos un estudio sobre los fallos Badaro-Ellif-Sanchez, que son los fallos que dan lugar a los reclamos de los jubilados. El estudio analizaba cómo se modificaban los parámetros distributivos del Sistema Previsional Argentino como resultado de la aplicación de esta nueva jurisprudencia en materia previsional. Cosas de economistas.
Hoy me parece más interesante resumir las conclusiones de ese estudio con el propio caso Badaro ¿Sabe ud cuánto terminó cobrando Badaro de jubilación gracias a los fallos de la Corte? El haber jubilatorio de Badaro en 2011 ascendía a los $55.000 por mes. De seguir con vida ¿sabe ud a cuánto asciende hoy la jubilación de Badaro? A más de $120.000 por mes. Creo que ud comprenderá que me den muchas ganas de tener un abuelo como ese.
Pero eso no es lo más grave. No, en serio. No es lo más grave. Lo más grave es que dolarizando e indexando las jubilaciones, que es lo que hacen los fallos, lo que el Poder Judicial buscaba era que el haber jubilatorio “sustituyera” el sueldo del trabajador. Esto no es solo un importante error conceptual, puesto que en un sistema solidario como el nuestro las jubilaciones no tienen nada que ver con la trayectoria laboral del jubilado. En un sistema solidario, los trabajadores de hoy le pagan la jubilación a los abuelos de hoy. Lo que cada trabajador aporta no va a una “canchito” que luego cuando le toque jubilarse va a poder romper. Eso eran las AFJPs, el sistema de capitalización, que rompieron el “chanchito” junto con la dignidad de nuestros abuelos y del Sistema Previsional. Decía que esto no es solo un error conceptual, sino que es un “error” de cálculo
¿Sabe ud cuánto fue el sueldo del trabajador que reemplazó a Badaro en su función activa cuando Badaro se jubiló? $9.500. Es decir, mientras que Badaro cobraba en el año 2010 una jubilación de $55.000, el trabajador que ocupó el puesto de trabajo del que Badaro se jubiló tenía un sueldo de $9.500. El Poder Judicial en lugar de asegurar el famoso 82% móvil hizo que con estos fallos estemos pagando jubilaciones que son el “579% móvil”.
Esa es la primera razón por la cual no estoy de acuerdo con el proyecto del Gobierno para reformar el Sistema Previsional: no es una “reparación”; es una destrucción ¿Quiere decir eso que las jubilaciones hoy son altas, que los jubilados son ricos, que no tienen que recibir aumentos? No, en lo absoluto. Pero acá viene la segunda razón: la Sustentabilidad del Sistema Previsional.
La Razón que Hace a la Sustentabilidad del Sistema
Lo que más me sorprende de todo este proyecto es el cinismo de atar ese pago a un “blanqueo” de capitales y a una reducción de impuestos a los más ricos ¿Por qué? Porque si hoy nuestros jubilados tienen un haber que no les permite muchas veces llegar a fin de mes, eso es el resultado de las cuentas en Panamá.
Cada vez que un argentino decide radicar una cuenta off-shore en un paraiso fiscal, lo que hace es dejar de pagar impuestos en nuestro país. En criollo: evade impuestos. Es mentira que las cuentas off- shore son fondos propios, es plata que le roban a todos los argentinos, sean jubilados o no. Cada vez que una gran empresa negrea su facturación, ocurre lo mismo. Y cada vez que un banco fuga divisas, también. Esos impuestos son los que permitirían que el Estado pagara jubilaciones más altas sin que la economía volcara. Si queremos jubilaciones como las de Dinamarca, necesitamos contribuyentes como los de Dinamarca.
Y esto no es un problema “cultural”; es un problema político. No es que los contribuyentes dinamarqueses sean más honestos que los contribuyentes argentinos. La diferencia es que en Dinamarca hay un Estado presente que controla, regula y sanciona a los evasores y fugadores.
Para que quede claro: lo que el proyecto de ley enviado por el Gobierno propone es: aumentarle las jubilaciones solo al 30% de los jubilados. Pero no a cualquier jubilado, si no al 30% que mas gana. Esto es el equivalente a 4 puntos porcentuales más del PIB, es decir, casi $200.000 millones más por año. Creo que acá tenemos que dejar toda la demagogia de lado, las especulaciones políticas, lo que “queda bien decir”. Presidenta, el discurso aguanta cualquier cosa, la economia no. En concreto: nuestro Sistema Previsional no soporta ese nivel de jubilaciones. Y me consta que ud Presidenta sabe perfectamente que esto es así. Por eso apelo a lo que yo creo es la principal característica que debe tener nuestro proyecto: la coherencia. Hace nada más que 2 años, ud firmó junto con el ex titular de la ANSES un documento cuyo título resulta de absoluta vigencia: “Inclusión o Privilegios”.
En ese documento, cuya versión completa puede ud consultar en el siguiente link: http://www.anses.gob.ar/archivos/publicacion/9a287bc3cd90e05ce04a99634b23c595111e5e42.pdf se señalan algunas cuestiones que me parece importante recodar para el actual debate: “En el esquema actual, las funciones que cumple el FGS van más allá de atenuar el impacto financiero que pudiera tener una evolución negativa de las variables sociales y económicas vinculadas al Sistema Previsional: el FGS está estratégicamente concebido para constituir un fondo de reserva de largo plazo para preservar el valor de las prestaciones previsionales y permitir una adecuada inversión de los recursos en beneficio del mantenimiento del Sistema de Seguridad Social y el mejoramiento de la economía del país” Lo central de este párrafo es lo que apunta al “mantenimiento del Sistema de Seguridad Social”.
El FGS no solo tiene que garantizar jubilaciones en momentos de crisis, sino que fundamentalmente tiene que garantizar un crecimiento económico que permita sostener la totalidad del Sistema de Seguridad Social. La Seguridad Social no son solo los jubilados. Son los niños y niñas de la Asignación Universal por Hijo y por Embarazo, es el Conectar-Igualdad, los jóvenes del PROGRESAR, etc. ¿Quién dice que un jubilado “vale más” que un niño? Lo dice el actual Gobierno, con este proyecto. Más adelante en el mismo documento ud señalaba que las decisiones del Poder Judicial “afectan la sustentabilidad social y financiera del Sistema Integrado Previsional Argentino y genera situaciones de desigualdad entre los jubilados actuales que ponen en crisis la sostenibilidad del Sistema Previsional para los jubilados futuros”. Estas consideraciones son absolutamente válidas en la actualidad. Cumplir con los fallos del Poder Judicial, que dan lugar a jubilaciones que en muchos casos superan, con holgura, al sueldo del Presidente de la Nación, va a terminar en la quiebra de nuestro Sistema Previsional. Ese será el verdadero “plan bomba” y la “pesada herencia” que deberá enfrentar quién le toque conducir los destinos de la Nación en el próximo mandato presidencial.
Porque subir la inversión previsional al 30% de los jubilados que más cobran, elevar la edad jubilatoria de las mujeres y reducir en un 20% la jubilación mínima, derogar el impuesto a los bienes personales y al reparto de dividendos y promover un blanqueo de capitales que no obliga a los evasores a ingresar su dinero al país, es el sueño de aquellos que contribuyeron a destruir nuestro Sistema Previsional en un pasado no tan lejano.
Presidenta, escribo estas líneas, aún a riesgo de que ud, que tiene muy buena memoria, tenga este tema absolutamente claro. Porque este debate ya tuvo lugar en nuestro país. Fue durante el estallido de la Convertibilidad.
Ese sistema que les hizo creer a los argentinos que nuestra moneda era tan pero tan fuerte que garantizaba que si los trabajadores ahorraban en el “chanchito” de las AFJPs, entonces en el futuro iban a poder gozar de una jubilación como las que todos añoraban: una jubilación de privilegio. Al respecto, vale citar algunos argumentos que se escucharon por ese entonces, en ocasión de discutir la Ley 25.668 que puso fin a las jubilaciones de privilegio, en el Senado de la Nación: “Cuánta hipocresía y doble moral hay en la República Argentina. De repente, los que impulsaban los regímenes de derogación de jubilaciones de privilegio dicen “Pero, miren bien, porque hay algunos a los que hay que respetarles los derechos y garantías” ¡Por favor! ¡Cuánta hipocresía, señor Presidente!”.
Que quede claro Presidenta que con este proyecto vuelven no solo las jubilaciones de privilegio, sino que también estamos creando los “contribuyentes de privilegio”: aquellos que evadieron y fugaron van a poder dejar su dinero en el exterior y no van a pagar más impuestos.
En ese mismo debate, también se escuchó en el Senado de la Nación que: “No es cierto que se trate de litisconsorcio, de formas, de abogados. Es verdad que los abogados hacen pingües negocios; pero los jueces también son abogados y también hacen negocios”. No hace falta citar a la Senadora que esgrimió estos argumentos, puesto que tengo claro que Ud. recuerda siempre muy bien sus propias palabras. Esto viene a colación de otro punto que me interesa señalar, que es el de la litigiosidad.
Los fallos que dan lugar a estos haberes previsionales no fueron ajenos a la controversia y al escándalo. Además de los abultados negocios que generaron a algunos estudios jurídicos a los cuales se les descubrió conexiones son algunos de los autores de estos fallos, la propia Corte Suprema en el año 2014 revocó 34 cautelares que aplicaban estos fallos. ¿La razón? El alto tribunal considero “no satisface el criterio de excepcionalidad y mesura, en particular porque una abrumadora mayoría de los temas que se discuten en el fuero de la seguridad social son de naturaleza alimentaria y muchos de los litigantes son de avanzada edad”. En ese momento, la Corte se encargó de aclarar que las 34 cautelares suspendidas eran de “jubilaciones altas” y que, por tanto, el criterio aplicado no era considerado justo. O sea, no se trataba de jubilados que no podían llegar a fin de mes, sino que estábamos hablando de jubilaciones de valores exorbitantes.
Este fallo de la Corte fue firmado por los jueces Elena Highton de Nolasco, Enrique Petracchi, Raúl Zaffaroni y Carlos Fayt, mientras que Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda no lo firmaron. Pero no me quiero extender en esto, puesto que si no sería un economista hablando de leyes. Lo que sí quiero señalar es que esta jurisprudencia existe al día de la fecha. Por lo tanto, si la ley fuera aprobada, no es cierto que esto vaya a terminar con la litigiosidad previsional.
El Gobierno actual está simplemente ofreciendo un acuerdo voluntario que implica una quita para el jubilado de entre el 30% al 60% del haber que surge de estos fallos. Es algo así como la quita que nosotros le hicimos a los buitres, pero en este caso, increíblemente, Cambiemos se la aplica a los jubilados.
Por lo tanto, lo más probable es que los estudios jurídicos que llevan adelante estos litigios les recomienden a sus clientes que continúen con el juicio, puesto que si se sigue aplicando la misma jurisprudencia su haber jubilatorio podría ser del más del doble de lo que ofrece esta pretendida “reparación histórica”.

El Blanqueo

Al parecer, todos los que fuimos partes del gobierno anterior no podríamos estar en contra de un blanqueo. Eso es, directamente, una ridiculez. Presidenta, voy a hacer algo que es muy demandado, pero poco practicado en estos momentos: autocrítica. Nuestro blanqueo no obtuvo los resultados que habíamos previsto. Y eso fue por falta de pericia de los funcionarios que lo diseñamos. Claramente, nosotros no éramos ni somos especialistas en blanquear, porque no éramos ni somos especialistas en negrear. Para saber cómo volver a traer dinero negro al país, hay que primero entender cómo sacarlo. Para esto el actual Gobierno tiene “el mejor equipo de los últimos 50 años”, así que es muy probable que el blanqueo actual sea mucho más “exitoso” que el nuestro. Claro que esto depende de a qué se llame “éxito”. Me explico.
El proyecto actual de blanqueo no solo permite que los familiares de los funcionarios públicos (actuales y pasados) blanqueen, sino que además pone una mordaza a cualquier periodista que piense en desatar los “Argentina-Papers”. Si esta ley se aprueba, será la garantía de impunidad de aquella parte de nuestra clase política que evadió al fisco. Esto es, directamente, inaceptable. Pero, además, hay aspectos que son aún más preocupantes.
Nuevamente: este blanqueo no obliga a ingresar el dinero al país. Ergo, su efecto sobre la economía va a ser muy bajo. Si el Gobierno quiere la famosa “lluvia de dólares”, deberían dejar de escupir para arriba: nadie en su sano juicio va a ingresar dólares a la economía argentina en un contexto de recesión, inflación que se acelera, altas tasas de interés y despidos masivos.
Si hoy sobran los dólares, es sencillamente porque faltan los pesos. Lo complejo era resolver la escasez de dólares sin sacarle los pesos del bolsillo a la gente. Haciendo esto último, resulta muy fácil desarmar falsos cepos.
Por último, el Gobierno argumenta que este blanqueo va a ser exitoso porque después de 2016 se terminan las Guaridas Fiscales en el mundo. Esto es sencillamente falso. En primer lugar, si en el mundo dejaran de existir las Guaridas Fiscales, entonces estaríamos terminando con el capitalismo. La situación actual no parece indicar que fuéramos a tener una revolución de esa magnitud.
Pero, para peor, ni EEUU ni Suiza van a participar de los intercambios de información. Esto quiere decir que esos dos países van a ser las dos únicas Guaridas Fiscales que van a persistir y que, por ende, van a concentrar la totalidad de los fondos negros del mundo.
Por último, se encuentra el tema de los intercambios de información entre jurisdicciones cooperantes. En castellano: cuando nosotros desde el Gobierno hicimos un intercambio de información para descubrir cuentas de argentinos en el exterior, nos dijeron que no había ninguna. No fue sino hasta la aparición de Falciani que pudimos saber de las 4.040 cuentas de argentinos en el exterior (instrumentadas a través del banco HSBC), cosa que nuestro intercambio de información había negado.
Por todo lo anterior Presidenta, creo que nuestro proyecto se tiene que manifestar absolutamente en contra de todo este paquete legislativo que busca, mediante la demagogia y los golpes bajos, quebrar el Sistema de Seguridad Social de nuestro país y perdonar eternamente los impuestos que pagan los sectores más privilegiados.
De lo contrario, cuando en el futuro tengamos que discutir en el Parlamento sobre cómo saneamos nuestro Sistema de Seguridad Social, cargaremos sobre nuestras espaldas con la responsabilidad de haber contribuido a su quiebra. Y por si todo ello fuera poco, con haber votado la impunidad de los escándalos del Panama-Papers y de las 4040 cuentas del HSBC.
Seria un triste y solitario final para quienes a partir del 25 de Mayo del 2003 representaron en el Congreso Argentino a un Proyecto Político y de país que se hizo cargo de Argentina “sin beneficio de inventario”, como le gusta decir a ud.
Con del default mas grande de la historia mundial y una deuda externa que representaba el 150% de nuestro PBI. Con la deuda interna de una desocupacion de dos digitos. Abuelos sin cobertura previsional y los que la tenian, con jubilaciones y pensiones de hambre en su inmensa y absoluta mayoria. Con compatriotas que hacian colas en las embajadas para irsek del pais Con la impunidad, consagrada por leyes del parlamento, de los responsables de los mayores delitos de lesa humanid de nuestra historia.
Podría seguir enumerando calamidades, pero no quiero distraer su tiempo con cosas que usted conoce mejor que yo por la responsabilidad institucional que le toco desempeñar no solo como Presidenta sino, también como Legisladora Nacional.
Le mando un enorme abrazo, con el afecto, el respeto y la admiración de siempre.

Emmanuel Álvarez Agis

9jun/160

¿Perdón Repsol?

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¿Perdón Repsol?
Cuando las negociaciones entre países están encabezadas por gobiernos neoliberales, los intereses nacionales no existen: las elites empresariales, nacionales y foráneas, se unen en un “interés común” y los recursos propios pasan a ser usados como mercancía en una extranjerizacion creciente del poder económico local. Por eso cuando esa relación se rompe....”Los Prat Gay piden perdón..."
Desde la óptica del estado nacional, la justificación de la negociación con Repsol fue la de siempre: se necesitaban inversiones externas para una industria que por sus características las requería para lograr el, por entonces, “ansiado autoabastecimiento energético”.
Fue una de las últimas joyas vendidas por el Estado Menemista”. Una decisión eminentemente política aunque, seguramente, teñida de aspectos vinculados a la corrupción de la época.
Para REPSOL fue la oportunidad de convertirse en una empresa petrolera internacional integrada.
Hasta ese momento, REPSOL, era una empresa dedicada en forma exclusiva a la refinación y comercialización de derivados de los hidrocarburos (en la jerga “DOWNSTREAM”) y sin ninguna experiencia en el tema de exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos (en la jerga “UPSTREAM”). Mientras tanto, YPF sí era una petrolera integrada “EXPLORACIÓN, EXTRACCIÓN y REFINACIÒN”.
Cuando en 1999, REPSOL tomó el control de YPF, “NUESTRA PETROLERA”, esta tenía activos en Estados Unidos, Indonesia, Rusia, Venezuela, Colombia, Guyana, Ecuador, Brasil, Perú y Bolivia. Lo primero que hicieron los españoles fue vender o transferir una buena parte de estos activos internacionales a otras empresas extranjeras u otras subsidiarias de REPSOL, radicadas en el extranjero. La venta de todas las firmas aportó 3.063,5 millones de dólares que luego fueron girados a REPSOL España como dividendos extraordinarios
La realidad es que en esos momentos REPSOL compró un paquete barato con deuda contraída con un interés muy bajo, considerando que el valor pagado por la compañía de Argentina era aproximadamente un tercio del valor real, comprando incluso la ACCIÓN DE ORO que permitía al Estado Argentino el control de la empresa.
De esta manera, al poco tiempo del desembarco de REPSOL se pudo advertir la verdadera intención de la compra de YPF: Argentina aportaba su producción de petróleo y gas y los ingresos generados eran utilizados para comprar áreas en distintos lugares del mundo, donde esperaban mejores rentabilidades.
Por ejemplo, les resultaba más rentable explotar gas en Bolivia y exportarlo a Argentina, que invertir en nuestros yacimientos gasíferos, que además no fueron explotados con las mejores “Técnicas del Arte”. Entre otras consecuencias eso nos acarreó la actual “crisis gasífera”. Todas las decisiones estratégicas pasaron a definirse en Madrid, sin interesar las necesidades nacionales ni sociales de nuestro país.
REPSOL nunca se interesó en la exploración, limitándose a explotar las reservas ya exploradas y descubiertas con anterioridad. Eso produjo una fuerte disminución de las reservas petroleras de la empresa y consecuentemente de su valor. No invirtió en la explotación secundaria y terciaria de los campos maduros. Su consiguiente deterioro produjo importantes pasivos ambientales y obligó a mayores inversiones a la YPF nacionalizada. Coherentemente con esto, Vaca Muerta, desde la visión estratégica de REPSOL, era tan sólo un recurso a desarrollar (o concesionar a precio conveniente para la empresa) cuando subiera el precio del petróleo y la ecuación oferta- precios así lo aconsejara.
Esta fue claramente una visión estratégica desde una perspectiva de empresa multinacional a la que no le interesaba agregar valor local al recurso (desarrollo de tecnología, equipos, PyMES, en suma, “puestos de trabajo”). De ninguna manera una visión estratégica desde los intereses argentinos en relación a un recurso (los hidrocarburos no convencionales), que con las estimaciones disponibles a la fecha conforma la cuarta reserva en importancia del mundo en petróleo y gas (shale oil y shale gas) y la segunda reserva en gas (shale gas).
Tampoco se interesó en el desarrollo de “TECNOLOGIAS PROPIAS”, completando el desmantelamiento del antiguo “LABORATORIO de INVESTIGACIÓN y DESARROLLO” (Florencio Varela), que sirvió de modelo para laboratorios similares montados en otros países hermanos de “NUESTRA PATRIA GRANDE”. Afortunadamente solo después de la nacionalización de YPF se fundó YTEC que marca un hito histórico con la unión de CONICET con una empresa productiva para conformar una empresa de tecnología.
La historia puede resumirse en “DESINVERSIÓN Y VACIAMIENTO DE NUESTRA EMPRESA DE BANDERA, pero:
¿QUIÉN DEBERÍA PEDIR PERDÓN?

30may/160

Documento n°4 de la Comisión de Economía de Carta Abierta

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LAS MÁSCARAS DEL PODER CONCENTRADO

 

Ciento cincuenta días de gobierno de derecha han sido suficientes para demoler la matriz de la política económica que a través de permanentes confrontaciones se había abierto camino en más de una década de despliegue de un proyecto nacional, democrático y popular. La constatación provoca de inmediato la pregunta ¿Por qué lo que costó tanto en construirse pudo desarticularse con esa velocidad? Un lugar común resulta la respuesta “Es más fácil destruir que edificar”. Sin que deje de responder a la verdad, esta explicación no desentraña las cuestiones más hondas que yacen en el interrogante. Cada vez que ocupó el gobierno, el poder económico realizó reestructuraciones fundamentales dirigidas a recomponer a su favor el patrón de acumulación en plazos cortos. Lo han podido hacer no por su idoneidad o capacidad de gestión, sino debido a que la fusión entre poder económico y poder político abre el paso a un abrupto cambio en la correlación de fuerzas. Modificación regresiva que supone intensificación en la capacidad de dominación de los grandes grupos del capital concentrado sobre las mayorías populares. Cambio de régimen que en el recorrido histórico argentino había irrumpido siempre con las rupturas institucionales y que, si bien luego se reiteró en las particulares condiciones del giro de Menem en el poder –ungido por el sufragio de quienes no imaginaban semejante viraje–, ahora, por primera vez, ha consumado su legitimidad inicial al obtener la mayoría de votos, en un proceso electoral donde más de la mitad de la ciudadanía optó por un candidato de derecha, propietario perteneciente a un grupo económico que creció notablemente durante la dictadura terrorista.

Resulta sistemático que, cuando esa fusión se produce, el discurso oficial abandona los conceptos y razonamientos de la economía política y se asienta en la mutilación de esta unidad, separando economía de política. Las palabras que reemplazan las que remiten a relaciones sociales de producción y distribución son dichas desde un lugar de saber único que se autorrefiere como objetivo y como verdad irrefutable. Las otras miradas sobre la realidad son señaladas como erróneas y causantes de los padecimientos de la “gente”. La economía (a secas, sin política) transformada en una técnica de vía única conduce a la anestésica afirmación que caracteriza las medidas de ajuste de las oscuras épocas de retroceso social y ampliación de beneficios y rentas de los más ricos: “Son medidas dolorosas pero necesarias”. El discurso del gobierno promete un futuro mejor a las mayorías populares siempre que se sometan a un presente de sacrificios. Una versión laica (pero en la que los intereses superan lejos cualquier atisbo de fe teórica) de la teología conservadora que reserva a los pobres el reino de los cielos. Los “inversores” (el capital financiero), en cambio, son atendidos con mejoras urgentes que paga el resto de la sociedad. Es la fórmula del “saber” que el poder económico ofrece cuando tiene las riendas del gobierno: presente para los dominadores, futuro para el pueblo. Promete un porvenir de derrame de arriba hacia abajo producto del funcionamiento “natural” de la economía de mercado, mientras instrumenta medidas de sentido contrario para el hoy.

Estas restauraciones suceden a gobiernos populares que arribaron, en el transcurso de años de fricciones y confrontaciones con el poder económico, a la construcción de sociedades más justas, menos desiguales, con mayor nivel de empleo y aparatos productivos más diversificados. Gobiernos de separación y confrontación entre poder económico y poder político. Épocas de autonomía de los líderes populares en las que el Estado es utilizado para impulsar transformaciones que promueven igualdad e independencia económica nacional. Momentos de mejoras para las mayorías. Es en estos tramos de la vida nacional cuando la economía política se reconoce como un terreno de debate, de disputa de ideas que responden a distintos proyectos y bloques sociales. Tiempos en los que se devela la grieta que separa a los grupos concentrados locales y extranjeros con el pueblo, grieta que permanece oculta en el discurso de la economía del ajuste, rebautizada por sus actuales ejecutores como proceso de sinceramiento. Cuando se examina el real significado de esta palabra se desnuda su impronta fetichista, ¿qué operación encubre? La de deshacer todo lo que las decisiones que las representaciones políticas de las ciudadanías y sus liderazgos populares han edificado en pos de redefinir los precios relativos de los bienes de la economía, mientras cobraban a los sectores privilegiados más impuestos  que ayudaban a financiar los subsidios a necesidades básicas populares como la niñez en hogares de ingresos informales, el transporte urbano, el gas y la electricidad, entre otros.

Decisiones que habían sido respaldadas por las lógicas democráticas del voto, la movilización popular y los mecanismos de puja distributiva garantizados por la mejora del nivel de empleo, pero que ahora son reemplazadas por las determinaciones mercantiles de aquellos mismos que supuestamente restaurarían la esencia de la normalidad del “hombre económico”, imponiendo su sumisión al orden “natural” que el mercado dispone para relacionar las cosas entre sí, establecer su volumen de producción y sus precios relativos, determinar los costos, dar señales de lo que se debe importar y lo que quedaría reservado a la producción nacional, orientar el nivel y el destino de las inversiones, en el marco de la liberalización de las decisiones sobre la tenencia de moneda nacional o divisa extranjera. “Sincerar”, palabra que gusta repetir el nuevo gobierno, significa renunciar a una política económica donde el mercado es solo un instrumento más que la  ciudadanía utiliza para organizar su vida económica. Esta operación de dimisión se presenta como purificadora de “distorsiones”, expresión que designa la intervención de la política en la economía de mercado para modificar precios. Por eso el discurso del actual presidente asigna las mejoras futuras de la vida de las mayorías a los efectos del entusiasmo de los capitalistas y financistas frente a la destrucción de un conjunto de mejoras distributivas, al debilitamiento de la autonomía nacional y al retroceso de las mayorías populares en la relación de fuerza de poder.

El gobierno de la derecha se caracteriza por la mentira. Dice una cosa y sus objetivos reales son todo lo contrario. Son los globos de colores de la campaña para tratar de calmar a las mayorías, incluidos sus votantes.

Dice proponerse el objetivo de pobreza cero, mientras promueve en los hechos una redistribución regresiva del ingreso, una disminución del consumo por estrechamiento de los salarios reales y un aumento acelerado de la desocupación. Dice que con los “sinceramientos” provocarían una dinamización de la demanda por el incremento de las inversiones privadas que resultarían del crecimiento de la tasa de ganancia y de las modificaciones jurídicas regresivas, sobre cuya permanencia se ofrece como garante (por eso el veto a la ley que pretende evitar una ola de despidos y el pago sumiso, sin negociación real más que una simulación de espectáculo, a los buitres). Muchos dichos, pero lo único que se puede comprobar es una aguda transferencia de ingresos populares a los sectores privilegiados.

El sinceramiento conllevó dos acciones de gobierno (una de ellas convalidada por un Congreso en el que logró –hecho grave– el acompañamiento de una mayoría): a) el mencionado pago a los buitres y b) el desmonte de los controles cambiarios y de los movimientos de capitales. El significado del paquete implica la vuelta a la financiarización sin escala ni mediaciones, aceptando nuevamente la inserción pasiva en la globalización de las finanzas como condición indispensable de una economía “sana”. Resultados ya hay a la vista: abrupto crecimiento del endeudamiento y aceleración de la fuga de capitales. La participación de los bancos que tradicionalmente medraron con las operaciones financieras en tiempos del neoliberalismo no es un detalle menor respecto de los intereses involucrados en el retorno del pensamiento único al discurso oficial económico.

Son ex funcionarios de estas instituciones quienes conducen la economía y las finanzas nacionales actualmente. Otros, desvinculados hace muy poco de compañías privadas sectoriales o supuestamente suspendiendo su rol de grandes empresarios de esos sectores, han tomado a cargo las áreas en donde actúan esas empresas privadas de cuya administración participaban, muchas de las cuales son multinacionales. La fusión entre poder político y económico asume hoy un nivel tal vez inédito en nuestra historia. El discurso que encubre la crucial pérdida de peso de la voluntad ciudadana a manos de unos centenares de empresas, recurre machaconamente al recurso de la mutilación de la economía política, insistiendo en un “saber” que resulta de la academia (sobre todo la foránea y la privada), y la experiencia empresaria.

El gobierno de derecha afirma que se propuso acometer el camino de reducir la inflación a un dígito. Los argumentos no difieren de los vulgares recursos justificatorios de las anteriores restauraciones que desandaron las mejoras para las mayorías. El saber único de la ideología liberal-conservadora indica que “la inflación es el peor impuesto para los pobres”. Una mirada retrospectiva muestra cómo durante los gobiernos populares que antecedieron al presidente Macri, hubo inflación, a pesar de lo cual se desarrolló el período más intenso y permanente en términos de mejora de los salarios reales, que alcanzaron un nuevo piso estructural, en el marco de un intenso crecimiento de la economía, el sector industrial y el empleo. En cambio el “sinceramiento” produjo la duplicación de la tasa de inflación, con recortes sustantivos en los sectores de ingresos fijos. Mientras se liberaron precios y dejaron fuera de control la comercialización de los productos de consumo masivo, se eliminaron subsidios y aumentaron tarifas de servicios esenciales, se devaluó y se dejaron sin efecto las retenciones (salvo la de la soja que tiene el mismo destino pero con un esquema gradual). O sea que se financió la quita de retenciones a los  sectores perceptores de renta agraria con la eliminación de subsidios y el aumento de tarifas que recaen indiscriminadamente y reducen la capacidad adquisitiva del pueblo. La escalada inflacionaria producida por el cambio de la política previa fue un golpe durísimo a los  sectores populares y medios. La explicación de la pesada herencia se acopló a la justificación de la inevitabilidad del “sinceramiento” para dirigirse a una época mejor, sin inflación.

Esta suba de precios transcurrió mientras el BCRA elevó la tasa que paga a los bancos para extraer dinero de circulación, a niveles tan altos como fuere necesario para evitar la merma del nivel de reservas y favoreciendo en la revivida bicicleta financiera la generación de rentabilidades que superan la  expectativa de beneficios de cualquier proyecto de inversión productiva, mientras se atrae al capital especulativo de corto plazo. El gobierno busca provocar la recesión, para que el empleo se reduzca y los salarios caigan como consecuencia del menor poder de negociación de los trabajadores (igual que en los noventa).

Se inició una ola de despidos en el sector público con inequívocas características de persecución ideológica y atemorizante de la actividad gremial, estigmatizadora del empleo público y con claros objetivos de que sea tomada como ejemplo para que el sector privado haga lo mismo frente a la recesión buscada. El gobierno encubre estas acciones con la excusa de que los despidos en el sector público son para quitar ñoquis y militancia sin funciones (la grasa militante según expresiones de un ministro). Esta es, tal vez, la construcción discursiva más grave de una permanente actitud donde la realidad de los hechos intenta falsearse con las palabras usadas para explicarlos. Completa la justicación de esta concepciones, acciones y palabras aduciendo el advenimiento futuro de empleos de calidad, concluyendo en una lógica en el que se desprecia el empleo público y se adjudica esa calidad al empleo privado, sin reparar en el grado de precarización o formalización de este último.

La lógica del “sinceramiento” resulta necesaria para endilgar la inflación actual a la “pesada herencia”. Esta sobrevendría de la estructura de precios que habrían sido distorsionados por la intromisión estatal en la formación de los mismos. O sea que esa pesada herencia debería develarse en el origen que propone, pero encubre, el discurso oficial: la intervención en que había incurrido el Estado para propender a una distribución del ingreso que sea exógena a las determinaciones mercantiles en una sociedad donde el poder económico es altamente concentrado. Intervención del Estado que se produjo con la concurrencia de un mejoramiento sustantivo del nivel de ocupación y también de un notable mejoramiento del grado de sindicalización.

En estos doce años se debatió largamente el enfoque que muestra la inflación como  manifestación de la puja distributiva entre ganancias, rentas y salarios, o sea entre trabajadores y otros sectores de ingresos fijos por un lado y capitalistas y otros propietarios que participan en el proceso económico (agudizada por el grado de concentración de los últimos y la mayor sindicalización de los más débiles). El gobierno de derecha quiere arrojar  fuera de la discusión este enfoque. Su prédica de una sociedad sin “grietas” y su negación que la política sea un ámbito de conflicto de intereses desaconseja estas miradas sobre la lógica de los precios.

La simpleza de la teoría monetarista, de la ecuación cuantitativista que establece  la inflación como resultado que proviene de la mayor cantidad de dinero circulante frente a una masa igual de bienes, resulta cómoda, no discute sobre conflictos entre bloques sociales y es funcional a una mirada tan poco compleja que no representa los aspectos clave de la dinámica económica, mientras permite justificar altas tasas de interés para retraer la cantidad de dinero y reparte altos beneficios a los rentistas financieros, al mismo tiempo que los trabajadores son arrojados a la calle. Ese dogma que sensibiliza al peor sentido común resulta un buen recurso, a su vez, para atacar el gasto público, apuntando a reducir el gasto social y la inversión púbica, bajo el pretexto de bajar el déficit fiscal, aumentado por el actual gobierno con medidas que redujeron la recaudación que cargaba sobre los más pudientes.

Las consecuencias de visiones y explicaciones que hoy esgrimen el presidente del Banco Central, el Ministro de Hacienda y el Presidente de la Nación son de vasto alcance. En ellas el conflicto social es sustituido por uno entre el Estado y la sociedad civil (el mencionado tema de la emisión y su relación con el gasto).    Para ellos el conflicto no resultaría, entonces, de relaciones sociales sino de enfoques errados y políticas irresponsables. La economía sería una tecnología con un modelo de resolución única, que en el equilibrio optimizaría la mejor posición para cada ciudadano. La convocatoria de “se puede” y la de “vamos todos juntos” sintetizan esta lógica, que es la del borramiento de la existencia de intereses contrapuestos y el alineamiento de toda la sociedad detrás de quienes han sido exitosos en la gestión. La prueba del éxito resultaría de las ganancias y capitalización de las empresas que han conducido. Las mayorías populares son convocadas a apoyar la conducción de esa Ceocracia, como los asalariados deben hacerlo en las empresas en que trabajan. ¿Qué le queda de sustancia a esta democracia neoliberal periférica del capitalismo financiero que propone el actual gobierno? ¿La pesada herencia que se proponen dejar atrás es una correlación de fuerzas que permitía una mayor disputa distributiva? ¿Por eso la intromisión en las paritarias con absurdas propuestas de aumentos máximos por debajo de la inflación? ¿Por eso el desfinanciamiento de la universidad pública -sobre todo de las nuevas, donde la ortodoxia no tiene la hegemonía discursiva- tal vez con un proyecto de reemplazo por instituciones privadas?

Los doce años de kirchnerismo fueron el último período vivido en el que predominó la autonomía de la política sobre la economía, con una vocación permanente de bregar por el comando de la voluntad ciudadana sobre la de los mercados hegemonizados por un puñado de grupos y empresas de gran volumen, voluntad ciudadana que había optado por gobiernos dispuestos a limitar los beneficios de oligarquías y clases altas y por medidas que ensancharan la autonomía frente a las imposiciones del capital financiero internacional y los organismos multilaterales de crédito vinculados a él.

Esas son exactamente las líneas que hoy son revertidas como una media por el gobierno de Macri y las derechas y centroderechas que lo acompañan en el parlamento otorgándoles mayorías. A pesar de que en las campañas electorales no formularon programas concretos, se  esmeraron en prometer correcciones que no iban a remover todo lo bueno. Pero una vez que accedieron al poder abordaron la destrucción de los ejes de la política que había logrado el desendeudamiento, el sustantivo crecimiento de la economía, la mejora del salario, una redistribución del ingreso más justa, la inclusión jubilatoria, la recuperación del manejo de algunas empresas estratégicas y el restablecimiento de un papel mucho más dinámico e importante de la industria en el PBI.

Por su parte, ese proyecto del nacionalismo popular democrático nuevamente terminó enfrentado a condiciones de restricción externa. Esta vez con mayor debilidad que en experiencias anteriores y, paradojalmente, en el periodo más extenso que sostuvo un gobierno de ese carácter. La debilidad devino de una mayor globalización productiva, con cadenas de valor que elevaron la elasticidad de importaciones del crecimiento del producto industrial en los países periféricos mientras reservaban las áreas que requerían la utilización de tecnologías de frontera a los países centrales, particularidades que denotan una mayor dependencia resultado del tipo de inserción industrial. Argentina impulsó emprendimientos que avanzaron en la autonomía tecnológica.  Marcaron un nuevo sendero, hitos destacables. Pero los plazos fueron tiranos y no se abordó la construcción de un proyecto integral de independencia tecnológica que requería una proyección en el tiempo y una dedicación presupuestaria sustantiva, ya que su desarrollo necesita siempre del Estado como  agente principal. La industria automotriz y Tierra del Fuego son dos ejemplos de crecimiento industrial abordado sin los cambios estructurales que reclama el fortalecimiento del Proyecto. Sin embargo, esta no fue la causa única de la restricción externa. También lo fue la tardía reacción en definir una intervención más decidida y sistemática en el manejo de la cuenta de capitales y regular y controlar el mercado de cambios. Su posterior establecimiento permitió mantener tasas de crecimiento positivas y niveles de empleo y salarios elevados.

En definitiva, fue la persistencia de la fuga de capitales la que precipitó el advenimiento de la restricción externa. Sin ella, esta hubiera demorado mucho más, aun en el escenario que se presentó de caída de los precios internacionales de nuestros productos y las insuficiencias presentes en el desarrollo industrial.

Corresponde entonces marcar que las políticas económicas más profundas adoptadas en el ciclo kirchnerista fueron las que el actual gobierno de derecha se encargó de demoler de inicio. Lo hicieron mediante la salida de lo que etiquetaron con la palabra “cepo” y la actitud de sumisión frente a la corporación judicial-financiera norteamericana con el pago a los buitres, en sintonía con la lógica Griesa. Esas decisiones significaron la reinserción argentina en la globalización financiera. Haberlo habilitado autoriza a hacer una grave denuncia: el gobierno de Macri avanza en una política de carácter antinacional. Argentina había alcanzado un nivel de autonomía financiera que la ponía en condiciones de encaminarse a resolver los problemas de mejoras productivas y avances en la igualdad. Este gobierno destruyó esa conquista. Lo hizo favoreciendo lo más dinámico y, a la vez, lo más regresivo en esta etapa del capitalismo mundial: el mundo de las finanzas, de los especuladores de corto plazo. Lo hizo bajo el canto de sirenas que anuncia una plétora inversora que favorecería el crecimiento. Sólo cabe esperar el retorno del patrón de valorización financiera. Este patrón generará sobreendeudamiento y fuga, que ya se advierten. Mientras tanto,retrocederán las condiciones de vida popular y la Nación será entregada a viejos y nuevos poderes oligárquicos. Las pymes serán seriamente perjudicadas por la refinanciarización de la economía y el achicamiento del mercado interno producto de la transferencia regresiva de ingresos. El signo más emblemático del carácter del gobierno de derecha es la quita de las retenciones a la minería, el huevo de la serpiente de la reprimarización a la que conduce su política. Y hay que decirlo, no es por error, es por la defensa de los intereses de minorías locales y extranjeras. Resulta también dramático que el fundamentalismo proretiro del Estado de la economía, que tiene como dogma la derecha gobernante, comience ya a pronunciarse sobre la posibilidad de la venta de las acciones que permanencen en poder público, fruto de la profunda y justa reforma del régimen jubilatorio sancionada en los años de gobierno kirchnerista.

En consecuencia, cuando comenzamos a reflexionar sobre una nueva instancia de políticas transformadoras, que se construirá con resistencia, convicción, inteligencia y confrontación, en el ámbito de la economía habrá que empezar contemplando la adopción de políticas que reconstruyan la autonomía financiera y desaten los lazos con el capital prestamista, sin las cuales el futuro  amenaza con ser una condena a la dependencia.

 

Mayo de 2016

11may/160

¿Yo, señor…? No, señor.

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El gobierno utiliza una estrategia de comunicación según la cual la culpa siempre es de los otros.
Ya cuando gobernaba la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri acusaba al gobierno nacional de tenerle “las manos atadas”, y sólo le resultó un poco incómoda esta afirmación cuando le hicieron el traspaso del subterráneo y la policía metropolitana según lo había pedido. Parece que no se lo esperaba porque después de reclamarlo por todos los medios de comunicación, pretendía dar marcha atrás con lo solicitado. En fin, cuando se cuenta con la amistad de los más influyentes, algunos papelones se transforman en “detalles”.
Hacía tiempo que junto a los representantes del “círculo rojo”, venían propiciando el odio: Injuriando a los adversarios, lamentaban que resultaba imposible el díálogo. Aterraban al pueblo hablando todo el día de “la inseguridad”, y sonrientes, repartían globos por las calles.
Al llegar a la presidencia, tal como muchos esperábamos, se dedicó a deshacer todo lo que favorecía a los sectores populares afirmando que no hubo otra salida debido a “la pesada herencia”. Herencia que según nos hizo saber incluía pésimas políticas, mala administración y cuantiosos robos al país. Mientras tanto, redistribuyó los recursos para que volvieran a las manos de los más pudientes.
El tiempo va pasando y como el órgano que más nos duele es el bolsillo, ya no alcanza con que nos hablen de la corrupción de los funcionarios que se fueron, ni resulta convincente que nos pidan que esperemos, porque ahí están nuestros hijos, con sus necesidades que deben ser satisfechas, que no pueden esperar a que todo se acomode.
Y antes que estallen las preguntas, antes que el pueblo salga de su perplejidad, antes que el odio deje de ocupar nuestras mentes, nos comienzan a ofrecer otra respuesta: la culpa la tenemos nosotros. Primero, por habernos dejado llevar por quimeras. No era natural que saliéramos a comer en familia, que gastáramos como lo veníamos haciendo los últimos años, etc. Vamos a sincerarnos: ¿no nos dice el cuento de la hormiga y la cigarra que si nos dedicamos al festejo no tendremos como pasar el invierno? Y ahora que “los corruptos” terminaron su mandato, todo lo han llevado. Y nosotros tendremos que cuidar nuestros haberes mientras se siembra. Cosecharemos cuando comiencen a derramarse los frutos del esfuerzo. Y bueno, nos vamos acostumbrando a que debemos pasarla mal, para después andar bien. Y si después este bienestar no llega, es que seguramente, no lo merecemos. O por culpa de nuestro vecino, será.
Ayer leí que el Director Provincial de Escuelas, Alejandro Finocchiaro sostuvo que “hay que terminar con la pedagogía de la compasión”. Lo dijo en relación al modo en que deben evaluarse los niños, se explayó en que los padres deben saber como andan para ver cómo ayudarlos. Contextualicemos: padres perdiendo trabajos o al menos, poder adquisitivo, inflación en alimentos y tarifazo en los servicios esenciales, comedores escolares sin carne, leche ni frutas y con menos raciones de las necesarias. Retiro del transporte escolar que acercaba a los niños que viven en las lejanías... ¿y si hay dificultades de aprendizaje el problema es que no se le puso un tres a tiempo?. Quizás esa “pedagogía de la compasión” se podrá utilizar para culparnos también en otros ámbitos.
Los funcionarios de Cambiemos, se encuentran encantados mostrando que felizmente, podemos elegir, y de nuestra elección depende cómo nos va en la vida. Horacio Rodríguez Larreta no se hizo cargo de la responsabilidad que le cabe al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por la muerte de los jóvenes en la fiesta electrónica, sentenció: “El problema de fondo son las adicciones”. Juan José Aranguren, el Ministro de Energía afirmó -y lo destacaron algunos medios- “Si el consumidor considera que el precio del combustible es alto, deja de cargar”, no es preciso hacer comentarios. Sin embargo, a mí me pareció más serio lo que dijo a continuación: “El público está colaborando para sostener la actividad petrolera en las provincias que producen petróleo. Es para mantener las fuentes de trabajo”. O sea, que el trabajo de las petroleras no depende de su cartera, somos nosotros los responsables si hay despidos. Desde el Ministerio de Salud, tampoco se hacen cargo de la propagación del dengue en Argentina, se trata de la responsabilidad de cada familia el usar repelente y vaciar los cacharros. No hay fumigación, no hay reparto de repelentes en los hospitales; si nos enfermamos ya ellos cumplieron con difundir cómo debíamos prevenir la infección.
Cuando las universidades comenzaron a hacer planteos por cómo las afectan los aumentos de luz, Macri dijo que quiere que éstas “acompañen” los esfuerzos contra el cambio climático con una “reducción de la energía”. Este buen hombre, está preocupado por el cambio climático y pensando en nuestra salud y larga vida, nos manda un tarifazo, que vá a hacer... si no entendemos de otro manera. En cambio, parece que los empresarios son personas razonables, que no necesitan que se los obligue, por eso él se opone a la ley antidespidos. Si sólo con hablar ellos firmaron un acuerdo en el que dicen “Queremos comprometernos a no reducir nuestro plantel de empleados durante al menos los próximos 90 días”, (es verdad que no se comprometen pero es lo que quieren, si pueden lo cumplen; amén de hablar de mantener el plantel, no despedir quién sabe, pero recordemos que hay gente que “abusa de licencias”).
Pero este gobierno nunca será culpable... Si cuando le preguntaron por los despidos, Macri dijo: “Sueño que encuentren un lugar donde ser feliz”.
Valeria Scirica

Prensa RCA Avellaneda
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4feb/160

Dice Alfredo Silletta en su blog

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Bossio rompió el bloque del FPV aterrorizado por denuncias con que lo chantajeó el macrismo por su paso en la Anses

Campaña para que el diputado traidor de su mandato renuncie a la banca que usurpa

Fracaso de Macri y Massa en romper al peronismo

"El trabajo fue intenso y todo el establishment mediático trabajo día y noche con la consigna de romper el bloque del FpV. El premio mayor de la ruptura era llevarse a José Luis Gioja que asoma como la prenda de unidad en el PJ nacional entre los gobernadores y los sectores más kirchneristas. Gioja les dijo a los rebeldes que se quedaba en el bloque, pero la presión de los sectores que quieren buscar acuerdos con Macri y sacarse fotos – ya se anunció que Macri, Massa y Urtubey tendrán su foto en Jujuy- fue tal que un sector de entre 10 y 12 diputados encabezados por Diego Bossio y Oscar Romero rompieron el bloque que estaba compuesto por 95 legisladores. Más de 80 legisladores sobre un total de 257 miembros seguirá siendo un número clave para la aprobación o rechazo de leyes.

Y acá viene la parte más sabrosa:

Silletta:

Como saldo, luego de los intensos esfuerzos del macrismo y el massismo, con el soporte de toda la artillería mediática apuntando a "extirpar a la Cámpora del peronismo", machacando con esa obsesión desde la histeria televisiva como estereotipo a exterminar, la cosecha parece magra: 12 diputados con legitimidad de origen hoy emprendieron un rumbo incierto para perderla en su ejercicio como instrumentos legislativos para convalidar el ajuste, la más brutal transferencia de recursos, los despidos, las persecuciones políticas, la claudicación ante los buitres, el desempleo, la baja del salario, el asalto de Clarín para quedarse con la mayor concentración de medios de la historia, las políticas de seguridad alineadas con la DEA, la CIA, el MOSSAD, la destrucción de la pequeña y mediana empresa orientada al consumo interno, el enriquecimiento exorbitante de los pools de siembra, un alineamiento humillante con los EEEUU y Gran Bretaña, un abandono de nuestros históricos aliados en la región, los tarifazos y el incontenible ascenso de la protesta social que ya empieza a despertar. No es una grieta cultural, es una fractura social de la que no se saldrá sin sangre. ¿Cómo van a disfrazarse de peronismo estos doce hateful desertores que pasan a sumarse al radicalismo claudicante, a partidos provinciales loteados al mejor postor, a Massa y Urtubey como los peronistas blancos con los que la Embajada trabaja desde hace muchos años? ¿Qué pergaminos peronistas puede exhibir el campeón mundial del panquequismo Diego Bossio, incapaz de articular un mínimo discurso político que justifique la liquidación de su breve carrera como administrador de fondos ajenos, ahora para colmo cediendo a extorsiones para evitar los carpetazos con que le PRO lo acorraló. Se sabe que con traidores y saltimbanquis sin dirección estratégica no es mucho lo que se puede construir y un poco lo que se va a destruir. Bossio es incapaz de integrar en su discurso su pasadoo inmediato y su presente penoso. ¿Y su futuro? Será un asiento para dar cuorum a un gobierno represor y profundamente antiperonista. Va a sentar su culo fofo en una banca sin legitimidad de ejercicio. Y el mejor futuro que puede deseársele es el olvido. Cualquier otro es peor para él.