Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

19Sep/190

invitación

Publicado por admin

Este Sábado 21 a las 9:15 am el futuro Jefe de Gobierno de CABA, Matías Lammens, inaugurará el Seminario (en la sede de ATE Capital Carlos Calvo 1378)
Los esperamos
2Sep/190

El comienzo del final

Publicado por admin

 

Alejandro Rofman

Así titula el Banco Nacional Popular Paribas, un informe lapidario
sobre la situación financiera de nuestro país difundido este jueves
29, en simultáneo con informes parecidosemitidos por diversos
organismos y medios de difusión internacionales (como Forbes,
Finantial Times, Bloomberg, etc.) El BNP es uno de los bancos más
grandes de Francia y del mundo. Forbes la revista más prestigiosa de
economía y finanzas de Estados Unidos descree que la Argentina pueda
pagar y Bloomberg afirma que el default es solo cuestión de tiempo. El
BNP asegura que las medidas del gobierno no resuelven los problemas de
insolvencia en el tiempo. Y recuerda que la economía argentina tiene
una deuda pública que alcanza al 110 % de su Producto Bruto (dicho sea
de paso, era solo del 36% a fines del 2015). Y el banco cierra su
informe diciendo: “No se ven elementos que puedan mejorar la
situación. La perspectiva es mas devaluación y controles sobre el tipo
de cambio”. A ello se suma, la calificación de D, o sea default, que
impuso anoche la calificadora más importante del mundo a nuestra deuda
pública, llamada Standard y Poor.

Esta catástrofe que está ahora en proceso no proviene como miente el
presidente Macri del resultado democrático de las PASO. Viene de
antes. Se genera por su gestión de gobierno. Un dato concluyente:
Desde Enero del 2016 la deuda nuevacontraída por el Estado Nacional
fue de 107.625.000 de dólares. Según el Banco Central, a Junio de este
año la fuga de capitales alcanzó a 106.779.000 de dólares. Osea, la
deuda contraída solo sirvió para financiar la salida de dólares. Un
despropósito mayúsculo. Estamos ahora endeudos en relación al Producto
Bruto tres veces más que en el 2015 solo para financiar salidas de
dólares de nuestra economía para ahorro particular o de empresas,
salidas de fondos golondrinas, pago de intereses y saldo de divisas
turísticas. Lo dramático de esta situación se agudizó desde que el
gobierno argentino en Marzo del 2018 se encontró con que todos los
centros financieros internacionales no le prestaban más porque iba
camino de la insolvencia. Entonces acudió, para recibir dólares, al
FMI, porque resultó incapaz de generar ingresos en esa moneda por vías
genuinas. En el acuerdo con el fondo se comprometía al gobierno
Argentino a lograr crecimiento económico, a aumentar el empleo para
bajar la pobreza, reducir la inflación y bajar el nivel de la deuda.
En Junio de este año se cumplió el primer ciclo anual de vigencia del
acuerdo, dos veces incumplido y reestructurado. Y a ese momento, mucho
antes de las PASO , durante el citado año la economía cayó el 1,7%, la
deuda había subido 29 puntos porcentuales del PBI, el desempleo
aumentó a 10,1%, la pobreza creció a más del 32% y la inflación se
disparó al 53.9%. Un verdadero desastre, que llevó al incumplimiento
por tercera vez en estos días del acuerdo con el Fondo que ahora se
tendrá que renegociar nuevamente. El FMI desembolsó ya 44.500.
millones de dólares de los 57.000. que presó (bajo el compromiso de no
financiar fuga de capitales con dicho préstamo, tal cual lo establece
el artículo 6 de la carta orgánica del FMI compromiso que este
organismo no hizo cumplir). La frutilla del postre fue el default
técnico que se produjo ayer Jueves 29, debido a que el gobierno
argentino decidió reestructurar el plan de pagos de la deuda a futuro
en un monto de 101.000. de dólares. ¿Qué nos espera? Nada bueno,
diríamos lo contrario: pésimo. Un panorama de desastre está abierto
por culpa no de la impericia del actual gobierno sino por el
endeudamiento injustificado y la apertura financiera total del sector
externo que torna a la primera dimensión impagable y al segundo
postulado de la política Macrista el gran negocio para que sus
integrantes fuguen los recursos fuera del Banco Central

El panorama social es francamente desalentador con millones de
personas que pasan hambre en el país que produce alimentos e insumos
para los bienes alimenticios diez veces más de los necesarios para una
satisfacción de las necesidades básicas de la población. Fenómeno del
cual todos somos testigos pero con muy pocos responsables, que no son
precisamente los que padecen el referido hambre. La UCA acaba de
revelar que el 13% de los menores de 17 años padecieron en el año 2018
de carencia severa de alimentación, casi el doble que lo que el
organismo de esa Universidad comprobó que ocurría 5 años antes. Y esta
universidad informó que una tercera parte de los niños y adolescentes
entre 0 y 17 años tuvo algún tipo de carencia en su alimentación
durante dicho año. Este daño social y de salud que no puede
prolongarse mucho tiempo más es la otra cara de esta política
económica y social que la sociedad argentina rechazó con amplia
mayoría en las elecciones de hace dos semanas. Todo indicaría que el
27 de Octubre esa mayoría ( prácticamente el 70% de la población
argentina ) volverá a manifestarse incluso en forma más amplia, para
dejar atrás estos 4 años muy dramáticos para los sectores de ingresos
medios del país.

27Jul/190

EL CAPITAL FINANCIERO Y LAS POTENCIAS EMERGENTES

Publicado por admin

JORGE MOLINERO (*)

(*) Lic. en Sociología y Lic. en Economía Política.

Ex profesor de Historia Económica (FCE–UBA)

Resumen

Este trabajo hace una interpretación del derrotero del capital a partir del ascenso de la fracción financiera a la hegemonía del capitalismo. Se sobrevuelan los principales períodos y se enfatiza en algunos puntos no exentos de polémica:

# De la crisis de 1929/33 se salió definitivamente por la Segunda Guerra y no sólo por el New Deal.

# Los llamados ¨treinta gloriosos¨ años en la Europa de posguerra fueron un período excepcional y no repetible, dado que no existen las causas que lo hicieron posible: la magnitud de la destrucción previa y la amenaza de avance del comunismo.

# El capital financiero utiliza de la baratura de los bienes industriales asiáticos como ariete en la lucha por el disciplinamiento de los trabajadores en los países desarrollados.

# La industrialización china ha ido más allá de la visión original del capitalismo central y su emergencia como potencia está llamada - junto a otros emergentes asiáticos - a cambiar al largo plazo el centro del desarrollo capitalista y las relaciones internacionales de dominación.

Palabras clave: Capital financiero; New Deal; Segunda Guerra Mundial; Economía keynesiana; Neoliberalismo; Estados Unidos y China

Abstract

This work makes an interpretation of the course of capital from the rise of the financial fraction to the hegemony of capitalism. The main periods are overflew and it is emphasized in some points not exempt from controversy:
# The crisis of 1929/33 was definitively left by World War II and not only by the New Deal.
# The so-called "glorious thirteen" years in post-war Europe were an exceptional period and not repeatable, because that there are no longer present the causes that made it possible: the magnitude of the previous destruction and the threat of advancement of communism.
# Financial capital uses the cheapness of Asian industrial goods as battering ram in the struggle for the disciplining of workers in developed countries.
# Chinese industrialization has gone beyond the original vision of central capitalism and its emergence as a power is called - along with other emerging Asians - to change in the long term the center of capitalist development and international relations of domination.

Key words: Financial capital; New Deal; World War II, Keynesian economy; Neoliberalism; USA and China.

1.- Las etapas del capitalismo:

Desde sus orígenes en la Inglaterra del Siglo XVIII el capitalismo industrial revolucionó permanentemente las fuerzas productivas, disolviendo la sociedad feudal y conquistando las formas previas de producción, primero a nivel europeo y progresivamente a nivel mundial. Su propia naturaleza lo lleva a burbujas especulativas que generan superproducciones periódicas que terminan en crisis. Éstas se resuelven con quiebras de las unidades de producción menos productivas, la desocupación y sufrimiento de millones, y la concentración de la riqueza en el sector más productivo para iniciar un nuevo ciclo de crecimiento.

Este proceso de concentración del capital fue previsto por Karl Marx (1) como paso necesario e inevitable en el desarrollo capitalista. Marx sólo llegó a vislumbrar esta concentración que se aceleró en los Estados Unidos a partir de 1880 con el desarrollo de los grandes bancos y las compañías por acciones que cotizan en bolsa. Esta nueva etapa de los grandes monopolios (ferrocarriles, acero, petróleo, etc.) y su unión con el capital bancario dio origen - indisolublemente ligado al desarrollo del imperialismo a nivel mundial - a la etapa de dominio del capital financiero sobre las otras expresiones del capital. Esta nueva etapa fue estudiada por Hilferding en 1910 y Bujarin en 1915. Sus conceptos fundamentales fueron ampliados y popularizados por Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo” en 1916.

El capital financiero, entendido como la unión entre el capital bancario, el mercado de capitales (bolsas), y las demás expresiones financieras con la gran industria, fue dominando a las demás expresiones del capital acercándose al siglo XX. Esa dominación se acrecentó en los años de la primera posguerra, la primera etapa del dominio del capital financiero, para sufrir un serio embate con las reacciones sociales y políticas al estallido de la mayor crisis del capitalismo hasta la fecha, que comenzó en 1929.

2.- La Gran Depresión y el pensamiento keynesiano

El fin de la Primera Guerra Mundial inicia el cambio de liderazgo entre las potencias imperialistas, con el desplazamiento de Gran Bretaña por los Estados Unidos, que se terminaría de concretar al final de la Segunda Guerra, un nada común cambio pacífico por la relación especial entre madre patria y sus descendientes transatlánticos. En 1929 estalla la burbuja financiera en la bolsa de Nueva York arrastrando en su caída al mundo entero por la dimensión colosal que había adquirido la especulación y la cuantía inmensa de bienes acumulados sin demanda solvente. La primera reacción de los gobernantes en aquel momento agravó la crisis: se redujo el gasto público, se restringió el crédito y se buscó “sanear rápido” la parte ¨podrida¨ para volver a crecer, pero la magnitud de la ¨enfermedad¨ y lo equivocado del remedio no hicieron sino acelerar la caída.

La caída del PBI en dólares corrientes fue mucho más significativa que la caída en dólares constantes. Si el volumen de la producción y las transacciones reales (en dólares de 2005) cayeron un 32,5 % entre 1929 y 1933, la caída brutal de los precios hizo que la caída nominal del producto bruto fuese del 66,4%. La desocupación llegó al 25 % de la fuerza laboral.

En forma independiente del pensamiento de Keynes, el recién electo presidente Franklin Roosevelt inicia en 1934 una política de activación del gasto público para balancear la ausencia de demanda efectiva que la crisis había producido. Lo que Keynes empezó a desarrollar como la teoría de “cebar la bomba” de la lánguida economía privada con gasto público deficitario, el New Deal americano lo fue haciendo en forma intuitiva, y la economía se recuperó. Se impusieron serias limitaciones al accionar bancario y financiero para evitar descontroladas especulaciones -recorte del poder de la burguesía financiera - y se crearon entes estatales para el manejo y control de innumerables actividades económicas. Entre otras políticas fue permitido y hasta alentado el aumento de la sindicalización, hasta entonces duramente combatida.

Sin embargo, asustados por los niveles del déficit de aquellos años, en la segunda parte de 1937 el gobierno americano levantó el pié del acelerador de los gastos esperando que el ¨agua cebada¨ previamente fluyera por el impulso de la actividad privada, lo que volvió a sumergir a EEUU en una recesión en 1938, aunque de menor magnitud.

Estas políticas - que luego de la Segunda Guerra se generalizarían y ampliarían en Europa Occidental y Japón - hicieron pensar a Duménil y Lévy (2) que el desarrollo de la burocracia gerencial de altos salarios (tanto en el sector público como privado) estaría marcando el inicio de la disputa a los capitalistas de su centro de poder y decisión, preanunciando un nuevo modo de producción.

3.- La Segunda Guerra Mundial

Lo que realmente terminó por sacar de la atonía al sistema económico de los países centrales fue el gasto público más efectivo inventado en toda la historia: la carrera armamentista, cuyo cambio tecnológico acelerado garantiza su rápida obsolescencia.

Estamos acostumbrados a considerar las guerras como fenómenos meteorológicos (antes de la guerra, después de la guerra, como si dijésemos antes del terremoto, o después del tsunami). No vamos a desarrollar aquí las causas profundas de cada guerra, ni caer en la simplificación de que Hitler era la encarnación del “Imperio del Mal” y los “buenos” tuvieron que dar la lucha por la democracia, la libertad y el bien de la Europa sojuzgada. Esas verdades parciales no hacen sino ocultar y caricaturizar procesos sumamente complejos en cuya base están la disputa de áreas de influencia económica entre las potencias imperialistas y el intento de hacer desaparecer el peligro creciente que para esas potencias era la Unión Soviética.

La Segunda Guerra fue una masacre increíble, con más de 50 millones de muertos. Una destrucción de vidas y bienes materiales que sumada a la Primera Guerra son de una magnitud igual a la suma de siglos y siglos de guerras anteriores. Este fenómeno fue reducido al poco tiempo al análisis moral del bien y el mal, la historia de las batallas, y el filón para infinitos filmes de Hollywood.

Ambos conflictos bélicos fueron grandes crisis políticas y sociales con su origen en los choques del desarrollo económico capitalista de nuevas y viejas potencias que envolvieron al mundo desarrollado. A su vez la segunda guerra permitió la resolución de la crisis de sobreproducción y burbuja financiera de la década anterior, con una destrucción extraordinaria de bienes y personas en Europa y un crecimiento extraordinario de la producción industrial en los Estados Unidos. La superación de la crisis económica de los treinta encontró su salida en la irracionalidad de destrucción varias veces superior a su propia magnitud original.

Hay que tener en cuenta estas enseñanzas de la historia, para entender que si una crisis futura es de una dimensión no resoluble por los medios habituales, el sistema capitalista generará las condiciones (o contradicciones) necesarias para que se encuentre una resolución aunque vuelva a ser de la magnitud bélica de la Segunda Guerra. Antes de que se produjeran, nadie de aquella época preveía los millones de muertos y destrucciones que provocaron las dos guerras mundiales, libradas entre los países más cultos y avanzados del planeta. A pesar del temor de la mutua destrucción nuclear, no se puede garantizar que no se repitan guerras y/o genocidios de distinto tipo pero de gran magnitud de destrucción ahora que en las clases dirigentes no existe el temor que una conflagración internacional produzca un período de revoluciones sociales que cambie el sistema económico vigente. O al menos así lo creen.

5.- La postguerra europea

La resolución de la guerra fue la derrota de Alemania e Italia en Europa y de Japón en Asia, y la destrucción o agotamiento de las economías de los aliados europeos, con un ganador principal que fueron los Estados Unidos, que sólo cargó sobre sus hombros 250.000 muertos, además de su propio territorio intacto.

Las guerras traen efectos impensados o no calculables, y uno de ellos fue la ampliación del campo socialista con el avance de los ejércitos soviéticos hasta el corazón de Alemania.

Con los países capitalistas de Europa en ruinas y todo el poder militar, industrial y financiero en manos americanas, la forma de retomar la actividad productiva se inició con el Plan Marshall, que logró tres objetivos: ayudaba a la reconversión de industria de guerra en industria civil en los Estados Unidos, reactivaba a los países capitalistas destruidos y alejaban el fantasma del comunismo de Europa Occidental. Los partidos comunistas habían obtenido un fuerte respaldo obrero y popular por la defensa de los intereses de su clase y por su decidida oposición al fascismo y a la invasión alemana. Los acuerdos de Yalta y Potsdam habían dejado para la Unión Soviética un área de influencia que abarcaba a los países de Europa Oriental y hasta la mitad de Alemania, con excepción de Berlín que se repartía entre las cuatro potencias ganadoras.

En 1944, poco antes de la finalización de la guerra, se reúnen en Bretton Woods los líderes económicos de las potencias que serían vencedoras y se diseña el mundo que vendrá. Las propuestas específicas de Keynes, representando a Gran Bretaña, fueron dejadas de lado y EEUU impuso su propio punto de vista, en especial el patrón cambio oro: todas las monedas usarían dólares como reservas y Estados Unidos garantizaba el respaldo oro de sus dólares con sus inmensas reservas de Fort Knox, a razón de 35 dólares la onza troy. Sin embargo las políticas keynesianas de activación de la demanda efectiva fueron la base de la recuperación europea. El plan Marshall de 1948 fue un ejemplo claro de keynesianismo en acción.

La magnitud de la recuperación y expansión europea fue proporcional a la magnitud de la destrucción previa. A la oportunidad económica de rehacer la tasa de ganancia con la reconstrucción por delante se unió la imperiosa necesidad política y militar de evitar que las clases trabajadoras y los pueblos europeos desbordaran sus luchas políticas y sociales más allá de las reivindicaciones reformistas y terminen llevando a Europa Occidental al socialismo.

En ese triple juego militar, económico y político, se combinaron el despliegue de bases militares americanas (3), el crédito fácil para poner a andar nuevamente el aparato productivo y la concesión de reales beneficios a las masas trabajadoras. Se generalizó la jornada de 8 horas, aguinaldo y vacaciones pagas, obras sociales y atención médica gratuita, jubilaciones, acceso a la educación y al crédito para vivienda. El Estado cumplió las funciones del capital privado en servicios públicos, infraestructura, electricidad, petróleo y muchas otras áreas, incluidas la bancaria y financiera. Ello fue posible a medida que la reconstrucción progresaba y se volvían a desplegar las habilidades y conocimientos de sus trabajadores manuales e intelectuales, unido a los préstamos americanos y masivas inversiones de capital de ese origen en las industrias más expansivas.

Este crecimiento se dio, no sin contradicciones, de manera generalizada hasta mediado de los años setenta. Fue el período conocido en los países centrales como la ¨economía de bienestar¨, y ahora que ese período quedó atrás se lo recuerda como ¨los gloriosos treinta¨ o ¨la era dorada del capitalismo¨, un período de excepción por las razones que lo posibilitaron y quedará por muchos años grabado en las mentes como la arcadia perdida.

6.- El abandono del patrón-cambio-oro

El crecimiento de las economías de Europa fue, ante la magnitud de su destrucción previa, más acelerada que el crecimiento americano. En algún momento el patrón cambio oro que había reinado desde 1944 comenzó a ponerse en entredicho cuando algunos países, como la Francia de Charles de Gaulle, comenzaron a pedir al tesoro americano el oro de respaldo que se atesoraba en Fort Knox a cambio de sus dólares.

La inconvertibilidad del dólar en oro se produce en 1971, bajo la presidencia de Nixon, y desde ese momento el respaldo del dólar no es más el oro sino el poderío de Estados Unidos. Si el sistema monetario no se desmoronó ante la inconvertibilidad fue porque los Estados Unidos eran en aquellos momentos la potencia dominante en lo económico, financiero y militar, en una dimensión abrumadora, con un PIB de alrededor del 45 % del total mundial.

Una de las consecuencias de la imposición del dólar como patrón monetario sin respaldo en el oro, es el surgimiento de la banca de los eurodólares, que se desarrolló en Londres y que se vio muy alentada por el reciclamiento de los dólares que fluían de los países de la OPEP tras las subas del petróleo de 1973 y 1978. En esos momentos se dan las condiciones para que el capital financiero vuelva por sus fueros, tras los años de muy serias punciones al capital ficticio durante la crisis de 1929-1933, y la desaparición de capital físico por destrucción durante la Segunda Guerra Mundial, que afectó seriamente a las entidades financieras europeas y japonesas.

Petróleo más caro, inconvertibilidad del dólar y activismo sindical en Occidente no eran las mejores perspectivas para la acumulación del capital.

Esta libertad de utilizar el señoreaje de su moneda por su condición de reserva internacional le permitió a los Estados Unidos financiar parte importante de su expansión productiva internacional. Con los años, la principal economía productora del mundo se fue transformando en una economía dependiente del fácil crédito externo y el endeudamiento creciente.

A partir de la inconvertibilidad y el empapelamiento mundial que ello permitía, los Estados Unidos, que habían emergido de la Segunda Guerra como fuertemente superavitarios en su comercio exterior, comenzaron a tener déficits comerciales crecientes a partir de los ochenta (en 2017 alcanzaba los u$s 566.000 millones) y déficits fiscales. Esos déficits son financiados por ingresos de capitales del resto del mundo que ven en el dólar la moneda de reserva por excelencia. Su deuda pública total es de la magnitud de su producto bruto interno.

7.- El retorno de los (neo) liberales

En la década de los setenta era evidente que los beneficios que obtenían los trabajadores con su combatividad sindical y política excedían los incrementos de productividad y por lo tanto estaban llevando lentamente hacia atrás a la tasa de ganancia, al tiempo que la misma puja redistributiva había acelerado el proceso inflacionario y deterioraba el rendimiento real del capital financiero.

Al mismo tiempo las clases dominantes fueron percibiendo que ni los partidos comunistas ni sus sindicatos evolucionarían hacia posiciones revolucionarias que quebrasen la vía capitalista de desarrollo en Europa.

La alta inflación de los años setenta, fruto combinado de la suba del petróleo y de la puja distributiva entre el capital y el trabajo, fue derivando en una reducción del ritmo de crecimiento, período conocido como ¨stagflation¨, estancamiento con inflación, campana de largada para el cambio conservador.

Los cambios en la política económica comenzaron con el ascenso de Margaret Thatcher en Inglaterra en 1979 y Ronald Reagan en Estados Unidos en 1980. Ello fue posible por cambios en las condiciones objetivas que el redespliegue del capital financiero internacional aprovechó junto a la nueva etapa de desarrollo tecnológico y las circunstancias políticas. El sustrato material para la globalización del capital financiero está dado por la revolución en los transportes marítimos (super portacontenedores), las comunicaciones electrónicas y la informática. Los cambios políticos se derivan del agotamiento de las recetas keynesianas. A nivel ideológico el lugar central lo ocuparon los economistas neoliberales como Friedrich von Hayek y Milton Friedman con sus ideas de la apertura comercial, desregulación financiera y reducción de la presencia del Estado en la economía. La necesidad del capital financiero encontró su justificación ideológica en las viejas ideas del liberalismo a ultranza, remozadas bajo el nombre de neoliberalismo.

Esos cambios viabilizan la etapa del retorno de la hegemonía financiera acompañada por la relocalización de la producción, fraccionada por especializaciones en distintos países. Se consolidó una compleja trama de cadenas oligopólicas de valor con centro en Estados Unidos y en menor medida Europa y Japón, y apéndices en la periferia, principalmente Asia. La mayor tasa de ganancias en el centro proviene de no incrementar salarios reales en proporción al aumento de su productividad (de hecho, salarios reales casi estancados), pero ello no necesariamente se traduce en mayores inversiones industriales en esos países. Partes importantes son recicladas a otras actividades financieras o se exportan en busca de oportunidades de producción con mano de obra más barata. La parte “reinvertida” en “innovaciones financieras” alimenta las permanentes burbujas de capital ficticio que cada tanto son puncionadas por su desproporción, al costo de renovadas crisis y sufrimiento para millones.

8.- Cambio en la estructura social

Los obreros industriales, que llegaron a ser alrededor del 40 % de la población económicamente activa en algunos países centrales, hoy forman entre el 8 % al 12 % y en franco retroceso. Parcialmente es función del aumento de la productividad industrial, pero más importante es el proceso de transferencia de las actividades industriales maduras (y cada vez más las avanzadas) hacia los países asiáticos.

La cantidad de obreros industriales se reduce en los países centrales al tiempo que las sociedades son cada vez más asalariadas, cada vez hay menos pequeños capitalistas o cuenta propia. Lo que determina la posición política de los distintos tipos de trabajadores es su posición relativa frente al resto de los asalariados, por tipo de trabajo que realizan, nivel de remuneración y colectivo del que participan.

En los países centrales se reducen los trabajadores manuales y en especial los obreros industriales, cuya característica principal era formar partes de amplios colectivos (la gran fábrica) que permitía el desarrollo del sindicalismo y la conciencia de clase. Como contrapartida crece la participación de los trabajadores de servicios (tanto manuales - blue collar, como empleados no manuales - white collar). Las grandes concentraciones se dan en este último sector, con los empleados públicos, de la salud, de la educación y de las fuerzas de seguridad. El resto de los sectores asalariados se ocupa en tareas de servicios comerciales y otros en donde hacen estragos las políticas férreamente opuestas a la sindicalización. Ello deriva en bajos sueldos, alta rotación y escaso desarrollo de la conciencia social y política como clase trabajadora. A los trabajadores no industriales les es indiferente que los productos que consumen sean nacionales o asiáticos lo que los pone objetivamente en la vereda de enfrente a las demandas de estabilidad laboral y aumento salarial de la industria. Grandes segmentos de los trabajadores asalariados se identifican como “clase media” y sus modelos y aspiraciones son la burguesía que los explota. Por debajo de los trabajadores formales se extiende una creciente capa de subproletariado informal, formado en gran medida por inmigrantes de países en crisis, los olvidados del sistema. Los obreros industriales del centro – con salarios más elevados que la mayoría de los trabajadores manuales – tienen conciencia de participar de los beneficios imperiales en contraposición a los obreros de la periferia, como lo puntualiza Samir Amin en su obra póstuma. La ruptura de la solidaridad de clase a nivel internacional y la heterogeneidad de la estructura social es totalmente funcional a los planes del capital financiero.

9.- La implosión del sistema socialista.

Estas tendencias neoliberales se hallaban firmemente implantadas en Occidente cuando se produce la implosión de los países socialistas. En 1985 el nuevo secretario general del PCUS, Mihail Gorbachev, intenta reformar el sistema socialista que estaba próximo a la parálisis económica, fruto de sus contradicciones internas y la presión que sobre su presupuesto militar tenía la carrera armamentista con los Estados Unidos.

El análisis detallado de las causas de la implosión del socialismo fue analizado en otro trabajo (4). Podemos sintetizar el problema indicando que la reducción del ritmo de crecimiento primero y el estancamiento después ya estaban generalizados en la mayoría de los países socialistas de Europa. A ello se sumaba el descreimiento político de los ciudadanos de esos países en la posibilidad de que el sistema socialista resuelva sus carencias económicas o permita la expresión de sus opiniones políticas, lo que retroalimentaba un círculo vicioso de baja productividad y poco esfuerzo laboral de la población. La alternativa elegida por Gorbachev (la Perestroika o reestructuración y la Gladnost o transparencia) fueron cambios superestructurales realizados desde el voluntarismo y llevaron al fracaso más absoluto con la desestructuración de un esquema que se había estancado pero aún funcionaba. El sistema centralizado fue suplantado por la improvisación y la eliminación de las reglas económicas previas sin la fijación de las nuevas. El resultado fue el caos económico, que se agravó fuertemente con el advenimiento de Yeltsin y la disolución de la URSS. Cuando en Alemania del Este toman conciencia que la Unión Soviética no reprimiría, cae el muro de Berlín y todo lo que era sólido se disuelve en el aire, al decir de Marx imaginando situaciones totalmente diferentes.

En dos años más la mismísima Unión Soviética se disuelve, se abandona el socialismo y viejas nacionalidades anteriores a la dominación de los zares se independizan de Rusia. El capitalismo en su versión más salvaje y de acumulación primitiva por saqueo y pillaje toma el control de Rusia que continúa en caída libre hasta casi el año 2000 en que comienza su recuperación por la firme conducción política de Vladimir Putin.

La caída de la Unión Soviética terminó con los pocos temores de las clases dirigentes de Occidente de un giro radical de la situación social en sus países, lo que les permitió acelerar la aplicación de las recetas neoliberales sin límites.

El otro gigante socialista de Oriente, China, había comenzado previamente su marcha hacia el desarrollo capitalista en 1978 con el ascenso de Deng Tsiao ping. Se dio la paradoja de un estado formalmente socialista poniendo todo su peso y esfuerzo en desarrollar y promocionar el surgimiento de una burguesía nacional, y mirada con la perspectiva de cuarenta años, esa promoción fue desde el punto de vista económico muy exitosa, aún con las crecientes desigualdades sociales que se produjeron en los primeros treinta años. Muy pocos países quedaron en un sistema socialista de generalizada propiedad estatal, como Cuba y Corea del Norte. En los hechos, el campo socialista desapareció.

10.- La emergencia del capitalismo asiático.

Para que la apertura financiera y comercial tuviera la posibilidad de frenar la combatividad sindical y recomponer la rentabilidad del capital industrial y financiero era necesario que hubiese nuevos países industriales que bombardearan los salarios altos de los países desarrollados con mercancías baratas en una dimensión muy superior a la conocida hasta entonces. Ese proceso ya estaba en marcha y provenía del lejano Oriente, proceso que cambiará radicalmente el curso de la historia del desarrollo económico mundial y el balance de poder en los años por venir.

Asia es un continente de muy larga historia. Para la fecha del descubrimiento de América por los europeos el país más poderoso de la Tierra era China. Mientras el capitalismo industrial despegó en Europa a mediados del siglo XVIII, todo el continente asiático fue quedando relegado. A fines del siglo XIX despega Japón, transformándose en una potencia regional. Tras la Segunda Guerra Mundial en la que fuera derrotado retoma su impulso y llega a ser la segunda potencia industrial. Luego le siguen en los sesenta Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán, Singapur y Malasia, para a fines de los setenta sumarse la República Popular China y en los noventa la India y otros países. La característica de todos ellos es la abundancia de mano de obra barata, de origen campesino. El cambio en China se inicia durante la etapa final del gobierno de Mao Tse tung, en 1972, con las negociaciones que siguen a la llamada “diplomacia del ping-pong” entre el líder chino y Henry Kissinger, dejando entrever la apertura del mercado americano como recompensa por el creciente antisovietismo chino. A tres años de la muerte de Mao, en 1978 toma el control del Partido Comunista y el Estado Deng Tsiao ping y pone en marcha un programa de modernización consistente en utilizar la baratura de la mano de obra para industrializar el país. Al inicio con exportaciones baratas de confecciones, textiles y calzados, para ir complejizándose después, dejando en forma progresiva que sea la burguesía industrial naciente la que lleve a cabo esa tarea. Por detrás se mantenía el control del Estado, tanto en las políticas y ramas a desarrollar como en la infraestructura, industrias básicas y en especial la actividad financiera y bancaria. La mezcla de iniciativa privada, con planificación de las áreas a desarrollar y control estatal tuvieron los exitosos resultados que similares políticas habían tenido antes en Japón y Corea, y hoy China es una potencia de peso. Su vertiginoso desarrollo de los últimos cuarenta años la elevaron a la posición de primera economía medida en paridad de poder de compra y segunda medida en dólares corrientes.

El cálculo en dólares corrientes le da a EEUU el 24,8 % del Producto Mundial, y a China el 15,0 % en 2017.

Por su tamaño su propio desarrollo colisiona con los intereses de los Estados Unidos, lo que hoy se manifiesta como una guerra comercial (acero, aluminio, celulares, microchips, etc.) y por el acceso a patentes de desarrollos de punta, en especial los que puedan tener aplicación en el área militar (en especial lo que se desarrolla en informática y comunicaciones).

China trata de evitar la encerrona a que se vio sometido Japón en los años treinta e inicios de los cuarenta, cuando EEUU le fue bloqueando su acceso a las fuentes de petróleo regionales, que derivó en el ataque a Pearl Harbor en 1941.

Para ello ha ideado planes de expansión geográfica de su economía mediante el plan Nueva Ruta de la Seda, un mega proyecto de infraestructuras portuarias, carreteras, vías férreas y centros de distribución involucrando a 64 países de Asia, Medio Oriente, Europa y África. El plan incluye la integración financiera con la expansión de acuerdos de swaps de monedas sin utilización del dólar, que será reforzado con la internacionalización del Yuan en 2020 (un anticipo es el mercado de petroyuanes). Ello implica una mayor alianza con Rusia y otros países del área como Irán, sus principales suministradores de petróleo.

Hace pocos años ha lanzado el plan Made in China 2025, donde se han propuesto ocupar el segmento más sofisticado de la cadena global de valor industrial, achicando las todavía importantes diferencias de productividad y dominio científico y tecnológico con Occidente, en especial con EEUU. El objetivo, en los segmentos críticos es lograr una integración nacional del 40 % para 2020 y del 70 % para 2025. Han elegido diez sectores para fomentar: 1) Nueva tecnología avanzada de información, 2) Máquinas herramientas automatizadas y robótica, 3) Espacio y equipo aeronáutico, 4) Equipamiento marítimo y barcos de alta tecnología, 5) Equipos modernos de transporte ferroviario, 6) Vehículos y equipamiento con nuevas formas de energía (auto eléctrico entre ellos), 7) Equipos de Energía, 8) Equipamiento agrícola, 9) Nuevos materiales, y 10) Biofarma y productos médicos avanzados. La mayoría de estos sectores involucran aspectos militares críticos. Para ello el Estado proveerá un marco adecuado de ayudas financieras y fiscales y la creación de 15 centros de innovación para 2020 que llegarán a 40 para 2025. Al mismo tiempo se están reforzando los derechos de propiedad intelectual para garantizar a las empresas el beneficio de los avances en los campos en que son asistidos.

Para que estos avances no se vean bloqueados por la potencia hegemónica China está desarrollando un acelerado sistema de defensa militar, y al momento actual es el segundo gasto militar del planeta, detrás de EEUU (5).

La importancia de estos desarrollos en Asia es la magnitud de los nuevos actores. Así como Japón y Corea involucran a 100 y 40 millones de personas, China e India involucran a 1400 y 1366 millones, sumando entre ambas el 36 % de la población mundial (7650 millones).

El producto bruto mundial estaba concentrado mayoritariamente en un puñado de países desarrollados a inicios del milenio (56,8 %), cifra que suma apenas el 40,8 % en el estimado para 2018 del FMI. Dentro de los países emergentes el mayor crecimiento lo tuvieron los asiáticos, que pasan del 16,7 % en 2000 al 33,2 % en la actualidad.

El éxito económico asiático, en especial de China, canalizando sus exportaciones a los principales países occidentales, ha sido, como contrapartida, el principal elemento de freno para las demandas de las clases trabajadoras en estos países y abaratamiento de los bienes de consumo en Occidente. La importación y la migración de industrias de Occidente a los países asiáticos ha tenido un efecto devastador sobre la capacidad reivindicativa de sus trabajadores, mientras su ocupación se va reduciendo a los sectores protegidos por diferencias tecnológicas, barreras de costos de transporte, logística, acuerdos o imagen comercial. Este retroceso en la cantidad de asalariados industriales en los países desarrollados no derivó en el giro a la izquierda de sus expresiones políticas, y en el caso de Europa se vio la caída de votos hasta la casi extinción de los partidos comunistas y la aceptación de las recetas neoliberales con algunos reparos (cada vez menores) por los partidos socialistas. En todo el centro se ha visto el crecimiento de las expresiones políticas nacionalistas y racistas opuestas a la inmigración de trabajadores manuales, la contracara reprimida de la “libre movilidad del capital” de la globalización. Es una reacción apoyada en no despreciable medida por trabajadores que otrora respondían a los partidos comunistas y socialistas en Europa, o al Partido Demócrata en Estados Unidos.

11.- La última gran crisis capitalista

La desregulación de las actividades financieras se aceleró en los ochenta con la multiplicación de capital ficticio, en especial toda la especulación con derivados. Mientras los hogares de la mayoría de los trabajadores en Estados Unidos veían estancados sus ingresos reales a pesar del incremento de la productividad y el producto bruto, casi todo ese crecimiento se acumulaba en los sectores más elevados de la sociedad, tema que ha sido analizado por varios economistas, destacándose el importante aporte estadístico de Piketty (6).

Varias crisis se produjeron desde la desregulación financiera pero la que se abatió sobre el mundo en 2008 y 2009 fue la mayor después de la gran depresión de los años treinta del siglo pasado. La especulación desenfrenada con hipotecas sub-prime y su securitización y distribución a nivel planetario estalló en septiembre de 2008 con la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers. Lo demás es conocido. Hubo salvataje masivo de los estados nacionales de las principales potencias a bancos e instituciones en problemas, con lo que lograron que lo que iba a transformarse en otra crisis de los años treinta se fuera larvando en un período más prolongado de bajo crecimiento superada la etapa aguda.

Si se lo observa con perspectiva de largo plazo, el crecimiento mundial del último quinquenio 2013-2017 (sin incluir el estimado de 2018) está en el 3,5 %, un valor no muy alejado del 4,1 % del período 1950-1900, el más elevado de la serie que compiló el economista Angus Maddison. Nótese que ese período fue excepcional, influido por la reconstrucción de la segunda guerra.

Toda crisis tiene su duración y terminación. La de 2008 se prolongó con varios años de bajo crecimiento, importante licuación de capital ficticio que se evaporó al estallar la especulación, y el sufrimiento de millones en pérdidas de viviendas, trabajos o ambos, en el centro y en la periferia. No era una crisis terminal. Ninguna lo es si no actúa el sujeto social que lo pueda resolver. A diez años de esa crisis nuevas especulaciones y el mismo descontrol están alimentando un futuro estallido, en una cadencia repetida.

12.- Perspectivas

El movimiento secular del capital siguió varias etapas. A la preminencia del capitalismo industrial competitivo le siguió, en la etapa de la concentración de las últimas décadas del siglo XIX, en ascenso del capital financiero, con su primera época de oro hasta 1930. La gran recesión que produjo en 1929/1933 puso su hegemonía en entredicho durante un período prolongado entre el New Deal y el acuerdo keynesiano de posguerra. Hoy lo que tenemos es el “capitalismo normal”, ya que lo que hubo en el período intermedio fue una anormalidad fruto del temor del capital financiero de perder todo si no aceptaba un incremento de las regulaciones y controles, primero en EEUU del New Deal y luego en la Europa arrasada por la guerra y el temor del avance del comunismo.

Nunca hubo ni hay un proceso de delegación del poder en otras clases o capas profesionales o burocracias estatales, etapa en la que estaríamos entrando según Duménil y Lévy. Tanto los capitalistas como sus profesionales de elevadísimos salarios son los “agentes” del capital financiero, estén en el sector privado o como representantes del capital en su conjunto en el aparato del Estado.

Sin embargo, este triunfo del capitalismo financiero sobre las otras formas del capital y sobre el campo socialista no ha resultado exactamente como lo habían imaginado. La idea del triunfo total y el “fin de la historia” que propagandeaba Francis Fukuyama se extienden desde 1991 hasta la primera década del presente siglo. De a poco comienzan los resquemores sobre China. Por un lado había cumplido muy bien su rol de cañonear con productos industriales baratos la combatividad de las clases obreras de los países centrales. Pero fue más allá.

La estructura de propiedad de las finanzas, la quinta esencia del dominio del capital en Occidente, en China está en las manos del Estado, bajo la conducción política del Partido Comunista. El marxismo puramente ceremonial de la dirección política china desde 1978 no alcanza a disipar temores en Occidente. En manos del Estado están, además de los bancos y las principales instituciones financieras, los resortes de infraestructura e industrias básicas, la educación, la prensa y aquellos sectores considerados estratégicos para el desarrollo futuro, incluida toda la industria de la defensa. Las empresas capitalistas se desarrollan aceleradamente, incluidos sectores de punta tecnológica como Huawei, el principal fabricante de productos de comunicación del mundo y segunda empresa mundial en teléfonos inteligentes, o empresas de servicios como Alibabá y tantas otras muy conocidas en Occidente. China no abandona el control estatal de áreas estratégicas, al margen de su aceptación formal de las “reformas estructurales” y el avance del “mercado” y sus reglas. Mientras su apertura al capital internacional avanza lentamente, su burguesía consolida su participación en el mercado interno y el internacional.

China utiliza criterios de conducción y gestión capitalistas en estas instituciones, pero con amplia utilización de subsidios y promociones. Siguen la regla que Alice Amdsen describía para Corea en sus años de expansión: “poner los precios deliberadamente mal”, esto es un set de precios de forma tal que las empresas utilicen una combinación de trabajo y bienes de capital diferente al que hubiesen utilizado en función de los precios relativos de los salarios y el capital. Esto es lo que – entre otros ejemplos – hace que China sea el principal país productor de robots, a pesar que su utilización masiva sólo se justifica en países con elevados costos de la mano de obra. China anticipa el nivel salarial del futuro y de esa forma no se concentra sólo en los bienes simples para los que su nivel salarial actual está mejor calificado. Sus salarios reales urbanos se han casi triplicado en el presente siglo.

Esta característica diferenciada del sistema de acumulación en China se debe al rol de la dirección política y el control y propiedad del Estado sobre su centro neurálgico, el capital financiero. Su objetivo es la larga marcha por la igualación tecnológica (catch up) con Estados Unidos, que esperan alcanzar en 2050, si su avance no es retrasado o revertido por bloqueos de distinto tipo o acciones bélicas. Si por un lado aun no ha obtenido ningún premio Nobel en ciencias, es el país que más patentes industriales ha registrado en los últimos años, con un énfasis importante en las nuevas tecnologías de la computación y la comunicación, incluida la inteligencia artificial, tanto para objetivos de desarrollo económico como de control social, seguridad nacional y capacidad militar.

El énfasis en el desarrollo se evidencia en la diferencia en las tasas de inversión sobre el producto. Mientras la relación Inversión / Producto es del orden del 18/21 % en los Estados Unidos, en China es del 44/48 % en la última década (7). Luego de más de treinta años de crecimiento al 10 % anual, tasas de de China ha bajado a un escalón de entre 7 % y 6,6% en los últimos años. No han tenido ningún año de retroceso del producto desde los cambios introducidos por Deng Tsiao ping, como sí los tuvieron durante “el gran salto adelante” y la “revolución cultural” de la época de Mao.

Para Occidente ese escalón de menor crecimiento es otro de los signos del “error” de una política económica que desafía el control del capital financiero privado por su control público. La crítica ideológica oculta el objetivo estratégico de la desregulación total de la cuenta capital que permita el ingreso masivo del capital financiero occidental con sus poderosas instituciones, capaces de redirigir el tipo de desarrollo chino.

En la prensa especializada lo que aparece estar en discusión es la eficiencia de las finanzas privadas vs. las públicas como generadoras de incrementos diferenciales de la productividad laboral (producto/personal ocupado) al largo plazo. Sin embargo en las discusiones no se ha hecho hincapié sobre que la mayor participación del sector financiero en EEUU detrae parte significativa del excedente de las inversiones productivas, factor que - unido a la distribución regresiva del ingreso (estancamiento de los salarios reales para la mayoría de la población) y la mudanza de inversiones al Asia - determina en las últimas décadas una caída de la tasa de incremento de la productividad (8) en Estados Unidos, una perspectiva negativa para su liderazgo a largo plazo.

Es una diferencia fundamental con el desarrollo capitalista del resto de los países asiáticos que China, por su propio peso específico al ser el país más poblado del mundo, implica en su expansión un enfrentamiento con áreas de influencia de las demás potencias, en especial con Estados Unidos. Toda la masa crítica de producción exportada que ayudó a Occidente a controlar a sus trabajadores se vuelve en contra cuando esa capacidad ampliada se vuelca a un desarrollo autónomo con capacidad de disputar supremacías en el futuro. Esos cambios se evidencian en la creciente importancia de la política militar y de defensa de China y la creciente tensión que generan los avances de ésta en el Mar del Sur de China, su área de salida al mundo por vía marítima. El reciente anuncio de Donald Trump de su intención de retirar a Estados Unidos del acuerdo de control de armas nucleares firmado entre Reagan y Gorbachov en 1987 (misiles de alcance intermedio hasta 3.000 kilómetros) se inscribe en esta estrategia de cercar a China (no signatario del acuerdo) y quedar con manos libres para usar esos proyectiles intermedios (que tardan menos de 10 minutos en llegar al blanco) tanto en el Este (China) como desde Europa (contra Rusia), al tiempo que presiona a sus aliados a poner más esfuerzo en sus presupuestos militares.

Es claro que China no se subordina a Estados Unidos como lo tuvieron que hacer las vencidas Alemania, Italia y Japón, ni tampoco como tuvieron que hacerlo sus aliados por el estado en que quedaron tras la contienda. Tras la Segunda Guerra Mundial Japón y Alemania se recuperaron y llegaron a ser las segunda y tercera economías, pero son -al decir de Charles de Gaulle – gigantes económicos y enanos políticos, ya que no tienen la capacidad militar para volver a plantear disputas estratégicas. China sí y las está fortaleciendo a paso redoblado.

No es un enfrentamiento entre dos sistemas diferentes, como lo había sido entre el capitalismo y el socialismo hasta la caída de la Unión Soviética. Es el enfrentamiento entre el imperio hegemónico (EEUU) y sus aliados, contra el surgimiento de una nueva potencia capitalista (China) con características propias, en donde el Estado cumple parte importante del rol de las burguesías de Occidente. Es de hacer notar la creciente alianza defensiva entre China y Rusia -espalda contra espalda - otrora distanciados en la etapa del socialismo. Por un lado los chinos crearon su propia burguesía industrial, y al mismo tiempo asumen como capitalismo de Estado su rol en los sectores estratégicos, en especial el capital financiero bajo su dominio casi absoluto. Una pregunta sin respuesta clara es si esta nueva burguesía china podrá hegemonizar el control del Estado, desplazando a la burocracia política que la hizo crecer y desarrollarse.

Estos son los elementos principales que están por detrás de la guerra comercial sobre acero, aluminio, microchips (decisivos para la seguridad nacional) y otros productos, en donde Donald Trump busca denodadamente frenar el avance de China. La política de Trump de “America First” es el cambio de reglas de juego con aliados y mayor enfrentamiento con China y con Rusia. China pasó de ser un “aliado estratégico” a un “enemigo estratégico”, y para la clase dirigente americana ingresamos en “la Guerra Fría 2.0” según la cruda expresión del vicepresidente americano Mike Pence. Graham Allison caracteriza el enfrentamiento actual como la “Trampa de Tucídides” (cuando una potencia establecida percibe el temor de ser desplazada por una emergente). Aunque el mundo todavía recuerde el cambio pacífico de hegemonía entre Gran Bretaña y Estados Unidos, o el colapso sin guerra de la Unión Soviética, la historia recoge pocas experiencias de este tipo.

El capitalismo financiero, en su etapa neoliberal y con los avances tecnológicos que potencian su accionar, ha logrado un área enorme para su expansión, aquella vía de conquista de los territorios precapitalistas (y ex socialistas añadimos nosotros) que pensaba Rosa Luxemburgo como la única salida a la contradicción de la acumulación del capital y el consumo interno, además del militarismo, aunque sus conclusiones fuesen diferentes (9).

Queda por analizar a que contradicciones adicionales nos llevará la dinámica de la oposición por la hegemonía, la dinámica de la lucha de clases en el centro y la periferia, las luchas por el dominio de las materias primas y las consecuencias sobre el planeta de la creciente polución y sobrecalentamiento que el mismo desarrollo descontrolado produce. Las probables evoluciones de las distintas contradicciones quedan más allá del presente trabajo.

Bibliografía

Allison, Graham (2018). Destined for War. Can America and China Escape Tucydides´s Trap? Mariner Books. Boston-New York.

Amin, Samir (2018). Modern Imperialism, Monopoly Finance Capital, and Marx’s Law of Value. Monthly Review Press. New York.

Bujarin, Nicolás (1971). El imperialismo y la Economía Mundial. Cuadernos de Pasado y Presente. Córdoba, Argentina.

Duménil, Gérard; Lévy, Dominique (2018). Managerial Capitalism - Ownership, Management and the Coming New Mode of Production. Pluto Press. London. UK

Fontana, Josef (2011) Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945. Pasado y Presente. Barcelona.

Galbraith, John Kenneth (2009) The Great Crash 1929. Mariner Books. New York.

Gordon, Robert J. (2016). The rise and fall of American growth. Princenton University Press. New Jersey.

Gorvachov, Mihail (1987). Perestroika. Ediciones B Grupo Z. Barcelona

Hilferding, Rudolf (1963). El Capital Financiero. Editorial Tecnos S.A. Madrid.

Lenin, Vladimir Illich (1916). El Imperialismo, fase superior del capitalismo (1916). Recuperado de: http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/IMP16s.html

Luxemburgo, Rosa (1963). La Acumulación del Capital (1912). Editorial Tilcara, Buenos Aires.

Marx, Karl (1965) El Capital. Tomo I. Editorial Cartago. Buenos Aires.

Molinero, Jorge. “La caída del socialismo” (2013). Recuperado de: https://www.dropbox.com/s/0uuz3fmx0o7x39h/2013-07-27-%20La%20ca%C3%ADda%20del%20socialismo.pdf?dl=0.

Molinero, Jorge (2016) A cien años de “El Imperialismo” de Lenin. Recuperado de: http://www.iade.org.ar/system/files/articulos/3molinero.pdf

Molinero, Jorge (2017). Los Pensadores. Rosa Luxemburgo. Recuperado de: http://www.iade.org.ar/noticias/la-vigencia-de-rosa-luxemburgo

Molinero, Jorge (2018). EEUU y China. Poder Económico y Poder Militar. Recuperado de: http://www.iade.org.ar/noticias/eeuu-y-china-poder-economico-y-poder-militar

Piketty, Thomas (2014). Capital in the Twenty-First Century. The Belknap Press of Harvard University Press.

1 El tema es esbozado en los capítulos 23, La ley de la acumulación capitalista y 24, La llamada acumulación originaria, del Tomo 1 de El Capital.

2 “En la misma forma que el capitalismo es el modo de producción cuya clase superior es la clase de los capitalistas, gerencialismo es el nuevo modo de producción cuya clase superior son los gerentes”. (traducción del autor). Managerial Capitalism. Introducción.

3 La política de contención de la Unión Soviética y sus aliados incluyó el despliegue de la armada, con la 6ª Flota en Nápoles (1946) vigilando Atlántico y Mediterráneo, la 7ª Flota en Filipinas (1947) el Pacífico y la 5ª Flota en Barheim (1955) para controlar Medio Oriente. A las bases le siguieron los acuerdos militares como la OTAN (1949) con Europa Occidental, el Tratado del Sudeste Asiático (SEATO, 1954) y el Tratado del Medio Oriente (1955). En nuestro ámbito regional fue el Tratado de Río (1947). Los tratados en el hemisferio norte buscaban cercar la gran masa asiática con bases navales y aéreas, incluyendo varias del ocupado Japón, con centro en Okinawa y la retaguardia en Pearl Harbor (Hawaii). Para 1955 EEUU ya tenía 450 bases en 36 países. La revolución iraní de 1979 significó la pérdida de una posición clave en el estratégico Medio Oriente con sus inmensas reservas de petróleo.

4 Molinero, Jorge. “La caída del socialismo” (2013)

5 Molinero, Jorge (2018). EEUU y China. Poder Económico y Poder Militar.

6 Piketty, Thomas (2014) Capital in the Twenty-First Century.

7 Cifras elaboradas en base a datos de IMF. WEO Octubre 2018

8 Robert J. Gordon identifica claramente la tendencia descendente del crecimiento de la productividad norteamericana, pero aun mencionando los elementos que indicamos nosotros, pone el énfasis en otras razones tecnológicas (lo irrepetible de la difusión de tecnologías que afectan el 90 % de la vida cotidiana).

9 Molinero, Jorge. Los Pensadores. Rosa Luxemburgo (2017).

20Jul/190

Perspectiva del conflicto China-Estados Unidos

Publicado por admin

Jorge Molinero * (Especial para sitio IADE-RE) | "Si China logra superar al menos tres décadas sin una guerra importante o bloqueos de insumos críticos, podrá lograr la paridad tecnológica y la capacidad militar que le garantice un futuro no subordinado”.

En marzo de 2018 Donald Trump anunció un unilateral incremento de los aranceles de importación de acero (25 %) y aluminio (10 %) para todo el mundo, aduciendo un tema de seguridad nacional. En realidad, la medida estaba dirigida básicamente contra China. Países como la Argentina y Brasil fueron de los primeros eximidos de tales aranceles y acuerdos posteriores liberaron a la mayoría de los países. China contraatacó anunciando aranceles a productos estadounidenses.

A partir de esos anuncios -no implementados hasta la fecha- comenzó el minué interminable de las amenazas recíprocas y las negociaciones para evitar lo que formalmente está caratulado como una guerra comercial. El 2018 terminó con un incremento del comercio mundial, incluidos incrementos en las exportaciones de EUA y China, pero la desaceleración de su crecimiento se ha visto en los últimos meses, aun sin la vigencia de las sanciones recíprocas.

Al momento actual (fines de febrero de 2019) existen febriles negociaciones -pactadas en diciembre en la reunión entre Trump y Xi durante la Cumbre del G 20 en Buenos Aires- para lograr acuerdos antes de la fecha tope del 1º de marzo.

Nosotros alertábamos el año pasado[1] que el conflicto excedía largamente los motivos comerciales (prácticas desleales con precios, copia de patentes, transferencia forzada de tecnología, etc.) aducidos por Estados Unidos. Al motivo original declarado de la seguridad nacional se le fueron agregando sectores y complejidades que superan ampliamente los planteos originales, develando el verdadero sentido de la disputa.

En los últimos años han proliferado los trabajos sobre el desarrollo de China y específicamente sobre la disputa con los Estados Unidos. En nuestro país hay excelentes artículos que han profundizado el tema, destacándose los de Enrique Arceo[2] y Gabriel Merino[3]. El presente escrito es un anticipo -focalizado en algunos puntos- de un trabajo más extenso que se publicará en la revista Realidad Económica en los próximos meses.[4]

Los orígenes de la verdadera disputa

Cuando se disolvió la Unión Soviética y el campo socialista (fin de 1991), los intelectuales orgánicos del sistema anunciaron “el fin de la historia” (Francis Fukuyama) y se profundizaron las políticas neoliberales que habían comenzado una década atrás con Margaret Thatcher y Ronald Reagan. El capital financiero[5] había vuelto a la indisputada hegemonía de las distintas fracciones del capital tras el largo interregno del New Deal y el Estado de Bienestar de la posguerra. De allí en más tenemos en el nivel mundial el capitalismo “normal”, prácticamente sin regulaciones financieras o de otro tipo, sin los temores de una revolución social que cambie la hegemonía de clase, volviendo a actuar como antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. En el nivel político y militar, desde 1945 la hegemonía de los Estados Unidos, la super potencia imperial, y en el nivel económico la hegemonía del capital financiero sobre las demás fracciones del capital y sobre las clases asalariadas. 

Previamente a ello se habían cimentado los cambios políticos en China que cambiarían el curso de su historia -y la de muchos otros- con resultados que fueron más allá de las expectativas de sus impulsores originales.

A partir de los acuerdos entre Mao Tse-tung y Nixon-Kissinger en 1972 comenzó el acercamiento de sus países basados sobre el antisovietismo de ambas partes. Tras la muerte de Mao en 1976, asume el liderazgo Deng Tsiao-ping en 1978, desarrollando la política de “modernización” con una creciente participación de las empresas privadas. La apertura del mercado estadounidense a las exportaciones baratas de China tuvo las consecuencias esperadas por Kissinger y la clase dirigente de EUA: aislar a la Unión Soviética de China, introducir el capitalismo en este país y utilizar la baratura de los bienes producidos en el mismo para morigerar las demandas de los trabajadores en Occidente. Este proceso se logró de varias maneras, desde la producción por empresas chinas bajo especificaciones de las empresas estadounidenses, hasta la producción de empresas internacionales en China, sean estas de EUA o de otros orígenes.

Luego de la disolución de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista parecía que lo único que debía hacer el capital era fijar  las “reglas de la gobernanza” en el nivel mundial por medio de las instituciones supranacionales creadas al efecto (ONU, BM, FMI, OMC, CIADI y otros organismos bajo su control): libre tránsito de mercancías con la reducción progresiva y acelerada de las tarifas arancelarias, la eliminación de limitaciones al ingreso y salida del capital internacional, arreglos internacionales de disputas, reconocimiento amplio a derechos de propiedad intelectual (patentes), etc., todo bajo la supervisión “benévola” de las fuerzas de la ley y el orden mundial. El super imperialismo soñado por Karl Kautsky allá por 1914. El triunfo arrollador del capitalismo en esos años fue desmantelando no sólo las estructuras de propiedad estatal en los ex países socialistas sino la intervención del Estado en defensa de las clases trabajadoras en los países capitalistas, con retrocesos en muchos de los derechos que se habían logrado en la época de las políticas keynesianas conscientes (posguerra) o intuitivas (New Deal).

La libre movilidad de las mercancías y capitales que pregona el neoliberalismo le permitiría controlar el incremento de los salarios reales en el centro con la competencia de las importaciones de países con mano de obra barata. Ese cambio de política económica necesitó del desarrollo de determinadas fuerzas productivas que lo facilitaran y aceleraran, y ello vino de la mano de los cambios en el transporte marítimo, y el desarrollo de la informática y las comunicaciones electrónicas.

Los barcos superportacontenedores son capaces de desplazar mercaderías en una escala muy superior a la que se lograba hace sesenta años. Al momento del invento del contenedor por Malcom Mc Lean en 1956 los primeros buques portacontenedores llegaron a transportar 500 a 800 TEU[6] y al momento actual llegan a los 18.000 TEU (Triple E). Las exportaciones de mercaderías pasaron de USD 316.900 millones en 1970 a USD 17.706.706 millones en 2017, 55 veces más grande en dólares corrientes, lo que a dólares constantes sería alrededor de 10 veces más importante.

El avance de la computación ha superado en muchos grados de magnitud el salto fenomenal del transporte, lo que unido a los avances en la comunicación (Internet, telefonía celular internacional, transporte de datos por las redes, etc.) termina por configurar el soporte material para los cambios económicos que el neoliberalismo pudo implementar en el mundo desde los ochenta.

Eran necesarias nuevas factorías que bombardearan los salarios altos de los países desarrollados con mercancías baratas en una dimensión muy superior a la conocida hasta entonces. Ese proceso estaba en marcha y provenía del lejano Oriente.

En este esquema todo era ganancia para el capital de los países centrales, pero en un momento comenzaron los temores de que China no ocupase el lugar que se le había asignado en el “concierto internacional”, pretendiendo tocar trompeta cuando le habían asignado “con-trabajo”. En la segunda mitad de la primera década del siglo XXI comienzan las voces de alarma en EUA sobre el avance de China, en la época de Hu Jintao, bastante antes de que Xi Jinping asumiera el liderazgo del Estado, el Partido y el Comité Militar en marzo de 2013.

El caso de Shenzhen y Zhongguancun, el Silicon Valley chino

Cuando Bill Gates fundó Microsoft (1975) la China de Mao se estaba sacudiendo las consecuencias de la Revolución Cultural. Cuando Sergei Brin y Larry Page fundan Google en 1998, apenas el 0,2 % de los chinos estaban conectados a Internet, contra el 30 % de los estadounidenses. Pero en estos últimos 20 años, en el segmento de la computación y las comunicaciones China se calzó las botas de siete leguas y la distancia se ha acortado increíblemente, y en algunos sectores ya ostentan la delantera. Al momento actual los internautas chinos triplican a los de Estados Unidos y el nivel        e-compras más que duplica al de este país. China dispone así de una masa crítica de datos (Big Data) que le permite encontrar soluciones informáticas más eficientes que a otros actores. Es de hacer notar que los desarrollos de punta en comunicación-computación están indisolublemente unidos a las ventajas en el sector militar. Los microchips más avanzados, los algoritmos más sofisticados, siempre tienen la posibilidad dual con determinadas modificaciones, de su utilización civil o militar. Los grandes titulares de la disputa iniciada en marzo de 2018 hoy los acapara Huawei, no los gigantes tradicionales del acero, el aluminio o el petróleo, aparentemente más ligados a la seguridad nacional.

Las principales empresas de Silicon Valley fracasaron en China (eBay, Google, Airbnb, Uber, Amazon y otras). No fue la intervención del Estado chino quien dificultó su expansión, opinión dominante en los estadounidenses.  El desplazamiento de sus empresas estuvo basado en la capacidad de adaptación de las empresas chinas a las necesidades propias de su mercado, en vez de aceptar los “paquetes cerrados” de EUA, pensados para su propio mercado y su propia cultura.

Los monstruos sagrados de Silicon Valley fueron derrotados por Alibaba, Baidu, Tencent, Didi, Meituan, Dianping, Nuomi y la discutida Huawei, hoy en el ojo de la tormenta, entre otros. Son todas empresas privadas que crecieron y se expandieron fuertemente aprovechando la sinergia entre el avance del software, con una alta concentración en Zhongguancun (“yong-guan-sun”) uno de los distritos de la norteña ciudad de Pekin, y el hardware, con las fábricas más competitivas del mundo en Shenzhen, provincia de Guandong (Cantón), al sur de China. Los avances en Inteligencia Artificial (AI por sus siglas en inglés) y robotización están emparejando y hasta superando la tecnología de Estados Unidos en varios de subsectores de este campo. El crecimiento de nuevas empresas (start-up) ha sido meteórico en ambas localidades. El nivel de competencia no pide ni da cuartel, haciendo empalidecer las reglas de la competencia del Silicon Valley.

Zhongguancun recibió el impulso de la promoción del Estado en la presente década, con la paciente y continua labor de Guo Hong, el funcionario que diseñó e implementó la “calle de la informática” y otorga las ayudas iniciales a los muchísimos emprendedores que se aventuran al horizonte sin límites que es el software de aplicaciones comerciales. [7] Los éxitos han sido resonantes.

Shenzhen es una ciudad de 12 millones de habitantes, en el delta del Río de las Perlas, cuando hace cuarenta años no era más que la colección de pequeños pueblos agrarios. Es la sede de muchas de las empresas de informática y comunicación que han transformado a esa ciudad en la más importante productora del mundo en este sector (40 % del total, según New York Times). Es quizá la mayor concentración de trabajadores industriales del planeta. En ella se producen las más afamadas marcas, desde Apple hasta Huawei, dos modelos diferentes de negocio.

Apple es una empresa estadounidense, que desarrolló toda su tecnología en el Silicon  Valley y contrata la producción de sus teléfonos y computadoras en Shenzhen con la empresa FoxConn, subsidiaria de la taiwanesa Hon Hai Precision Industries, que en 2010 llegó a contar con 430.000 personas[8], mientras que Huawei es una empresa privada china, líder mundial en el desarrollo y producción de tecnologías de comunicación e información y la tercera empresa de telefonía inteligente, detrás de Samsung (coreana) y Apple. Todas producen en Shenzhen.

La principal diferencia es que el desarrollo de Huawei se piensa y hace en China, resultado del vibrante intercambio y retroalimentación permanente entre los distritos software y hardware del país. La incorporación masiva de profesionales especializados a Huawei es la base de su éxito comercial mundial. Han demostrado un alto grado de refinamiento con el avanzado desarrollo de la quinta generación de teléfonos inteligentes (5G), tiene 180.000 empleados, 36 centros de innovación y 14 centros de Investigación y Desarrollo. Son sus profesionales parte de esa masa crítica, junto a los millones de campesinos devenidos obreros industriales, que puede revertir la delantera tecnológica americana e implementarla en productos accesibles a escala planetaria.

Esa masa creciente de profesionales, tanto en software como en la implementación productiva y distributiva, son el yacimiento vibrante y fuertemente competitivo que también abastece las demandas de desarrollos en el área de defensa y militar. El caso del ataque de EUA a Huawei es paradigmático, acusado de robar desarrollos estadounidenses, obligar a transferencias de tecnología para acceder como proveedor de la empresa china y acusándolos que el software de sus teléfonos inteligentes les permite obtener datos personales de sus usuarios. En esta ofensiva el gobierno de Estados Unidos logró el apoyo de gobiernos amigos, como los casos de la detención de la gerente de finanzas e hija del fundador de esa empresa en Canadá, o la negativa a utilizar el sistema Huawei en Australia. Esos países están recibiendo las reacciones de China (condena a muerte a un dealer de drogas canadiense, prohibición de comprar carbón en Australia, su primera fuente de exportación).

Al mismo tiempo que Shenzhen es el principal centro abastecedor de electrónica del mundo, China es el principal importador de microchips avanzados, con un monto anual en el entorno de los USD 300.000 millones (aprox. 13 % de sus importaciones).

El plan Made in China 2025 -que prevé lograr una integración nacional de las tecnologías de punta del 40 % en 2020 y el 70 % en 2025- es uno de los blancos de la ofensiva estadounidense y que logren ese avance en el crítico sector de los microchips es inaceptable para los Estados Unidos. En las negociaciones comerciales recíprocas próximas a su fecha límite (1º de marzo si no hay prórrogas) los estadounidenses están demandando el desarme del esquema promocional del Plan Made in China 2025, que incluye los microchips avanzados que desarrollan tanto Huawei como otras empresas comerciales y también el sector militar. Consideran que es competencia desleal el esfuerzo promocional del Plan, sin querer recordar que el 60 % de todo el gasto en Investigación y Desarrollo que se realiza en empresas privadas, institutos y universidades estadounidenses está subvencionado o asistido financieramente por su Departamento de Defensa.

¿Por qué los microchips desvelan a EUA? Como dice The Economist [9]: “Es porque los chips de computación son el fundamento de la economía digital y la seguridad nacional. Los autos son computadoras con ruedas, los bancos son computadoras que mueven dinero. Los ejércitos pelean con chips tanto como con acero. Las empresas de EUA y sus aliados, como Corea del Sud y Taiwán, dominan las áreas más avanzadas de esta industria. China, en contraste, queda detrás en el mundo de oferta de chips de última generación. Ellos importan más semiconductores (microchips) que petróleo”. De allí los temores por los avances del plan Made in China 2025 que entre otros objetivos tiene el independizarse progresivamente de la importación de los microchips avanzados, generando aquellos que servirán tanto a su desarrollo económico como a la seguridad nacional y defensa militar.

La trampa de Tucídides

El historiador norteamericano Graham Allison[10], catedrático universitario y asesor de distintos gobiernos de EUA, indica que la disputa actual entre Estados Unidos y China reitera la oposición entre Esparta y Atenas, cuando la primera era dominante y la segunda el desafiante en ascenso. El general ateniense Tucídides fue además un muy buen historiador de las guerras del Peleponeso, en las que participó, y basado en sus escritos Allison analiza los casos de oposición entre un país líder establecido y una potencia emergente. En la mayoría de los casos de la historia la guerra fue la que dirimió la disputa. Mencionemos apenas los más recientes.

Estados Unidos pasó a ser la potencia hegemónica (1945) casi 70 años después de haber llegado a ser la economía más importante (circa 1880). La potencia desplazada fue el Imperio Británico, que pensó durante un tiempo hacer oposición militar a ese ascenso, de lo que desistió por lo desproporcionado de la aventura, dado el crecimiento imparable de Estados Unidos. A esa salida pacífica contribuyeron los lazos de sangre, lengua y cultura entre la madre patria y su gigante vástago. Analiza los dos intentos para predominar de Alemania y sus sucesivas derrotas en ambas guerras mundiales. El enfrentamiento entre EUA y la Unión Soviética se resolvió con una Guerra Fría de presión extraordinaria del gasto de defensa de ambos países, hasta el colapso e implosión del sistema socialista, sin una guerra directa entre las potencias.

Una diferencia importante con las anteriores disputas de hegemonía es la misma globalización neoliberal que posibilitó el crecimiento de China. La elevadísima interdependencia de las distintas ramas industriales entre ambos países hace que el costo de las sanciones estadounidenses lastime tanto a los intereses chinos como a los suyos propios. En EUA hay dos bandos, con Trump en la posición belicosa de la defensa de la supremacía imperial americana al costo de una parcial desintegración industrial con China, y el poderoso sector liberal que se ha beneficiado de la globalización sin limitaciones con los menores costos chinos. Mientras tanto China tiene la masa crítica, el impulso y la decisión política como para superar el tamaño de la economía americana sin que sus gastos militares ahoguen su desarrollo. Estos se encuentran en el entorno del 2 % de su PBI, frente al 6 % de EUA y el 17 % de la URSS en sus momentos más críticos. Al mismo tiempo está buscando denodadamente superar la distancia tecnológica, en especial en aquellas áreas relacionadas con la defensa[11].

La disputa central no es la oposición entre sistemas, como lo fue hasta la disolución de la URSS, sino entre la potencia imperial hegemónica desde 1945, base del capitalismo financiero privado en el nivel mundial, y el capitalismo de Estado del país que se ve a sí mismo retomando la posición central que tuvo por más de 2000 años. Para lograr retomar esa posición “en algún momento de la segunda parte de este siglo” como indican los chinos con su pensamiento de largo plazo, utilizan las mismas armas que el resto de los que pugnaban por la primacía, pero con algunas singularidades.

Por un lado, su expansión externa se fortalece por el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda, que anuda lazos comerciales y de inversiones en infraestructura con muchos países, incluida su ex rival Rusia, buscando disolver antiguas disputas entre viejos vecinos y lograr nuevos socios regionales, cambiando sus alianzas internacionales.

En el nivel interno el control del capital financiero está casi exclusivamente en manos del Estado, al igual que las industrias básicas, la infraestructura, las llamadas industrias estratégicas y -no menos importante- la prensa y la educación. Estado que es políticamente controlado por el Partido Comunista que se autodefine como el representante de toda la sociedad por sobre las clases sociales que la forman (incluida la burguesía industrial que esa misma dirigencia creó). Todo ello en nombre de un “socialismo con características chinas” que prioriza la jerarquía, el orden y la armonía entre las clases. A su vez, el Partido Comunista domina a las fuerzas armadas, que en sus estatutos le deben obediencia, no al Estado[12]. Las derivaciones de estos puntos, muy intrincadas desde todo punto de vista, están más allá de la extensión limitada del presente artículo, y sobre ellos volveremos en otro trabajo.

Si China logra superar al menos tres décadas sin una guerra importante o bloqueos de insumos críticos como los que impuso EUA a Japón antes de Pearl Harbor, podrá lograr la paridad tecnológica y la capacidad militar que le garantice un futuro no subordinado. Si no logra evitar el conflicto armado, Graham Allison deberá anotar otra muesca en el revólver del cowboy. En ese hipotético caso -la lógica lo indica- es difícil que haya ganador y hasta sobrevivientes sobre la Tierra.

 

* Licenciado en Sociología y en Economía Política (UBA) | 07-03-2019.

 


 Jorge Molinero. EUA-China. Poder económico y poder 2018): http://www.iade.org.ar/noticias/eeuu-y-china-poder-economico-y-poder-militar

Jorge Molinero. Estados Unidos y China: ¿Guerra comercial o disputa de hegemonía? (marzo 2018) http://www.iade.org.ar/noticias/estadmilitar (Mayoos-unidos-y-china-guerra-comercial-...

[2] Enrique Arceo: China ¿El nuevo poder hegemónico? Realidad Económica Nro. 319. Oct. nov. 2018.

[1] Merino, Gabriel E. y Trivi, Nicolás (2019): "La Nueva Ruta de la Seda y la disputa por el poder mundial", en Bogado, L, Caubet, M y Staiano, F. (Eds.), China: una nueva estrategia geopolítica y global. La iniciativa de la franja y la ruta, La Plata: EDULP.  

[4] Jorge Molinero. Capital Financiero y Potencias Emergentes.

[5] Capital financiero entendido como la unión entre el gran capital industrial y el sector financiero y bancario, la oligarquía del poder del capital sobre las distintas fracciones no integradas y concentradas. No es posible escindir intereses diferenciados en la cúpula.

[6] La unidad de medida TEU (Twenty-Foot Equivalent Unit) es el contenedor de 20 pies, si bien la mayoría de la carga se hace en contenedores de 40 pies (o sea 2 TEU).

[7] Kai-Fu Lee (2018). AI Superpowers. China, Silicon Valley. Houghton Mifflin Harcourt, Boston-NY

[8] John Smith. Imperialism in the Twenty-First Century (2016) Monthly Review Press. USA.

[9] The Economist. 1.12.2018. Chip War. https://www.economist.com/leaders/2018/12/01/chip-wars-china-america-and-silicon-supremacy

[10] Graham Allison (2018). Destined for War. Can America and China escape Thucydides´s Trap. Mariner Books. Houghton Mifflin Harcourt, Boston-NY.

[11] New York Times 2.9.2018. With Ships and Missiles, China Is Ready to Challenge U.S. Navy in Pacific. https://www.nytimes.com/2018/08/29/world/asia/china-navy-aircraft-carrie...

[12] Andrei A. Kokoshin (2016) CHINA MILITARY REFORM. https://www.belfercenter.org/publication/2015-military-reform-peoples-re...

14Jul/190

Yo tengo formación Marxista

Publicado por admin

 

Dr.Alejandro Rofman

Un muy importante dirigente del entorno oficial afirmó, días pasados, que el doctor Axel Kicillof
“”tiene formación Marxista. Prácticamente todos los que estudiamos economía, en algún momento, recibimos formación Marxista. En mi caso yo estudié en la Universidad Pública Argentina que, por definición, es plural en la expresión de las teorías científicas. Tuve formación Marxista en la Universidad de Córdoba, estudiando para el doctorado en 1959, a través de una cátedra del plan de estudios. También tuve formación Keynesiana cuando cursé un posgrado en la Universidad de Pennsylvania, en Estados Unidos de Norteamérica, en un curso al que concurrí en el doctorado de mi disciplina en 1964. También asistí a un curso en mi rol de estudiante en la Universidad de Córdoba en donde se dictó teoría económica basada en la doctrina social de la iglesia católica. Por último, fui alumno de una cátedra-seminario de dicho doctorado en la misma universidad en el año 1960 que versó sobre la teoría económica clásica, ortodoxa o liberal como se la conoce habitualmente. En dicho doctorado existía una materia denominada “Teoría del pensamiento económico” (igual que en nuestra facultad de la UBA) y que abordaba conocimientos sobre todas las teorías en el desarrollo de los últimos cinco siglos de muy distinto perfil propositivo.

Entonces tanto el Dr.Kicillof como yo tuvimos formación marxista en alguna etapa de nuestro aprendizaje universitario.

¿Por qué entonces ese importante dirigente político hizo mención a la formación marxista del Dr.Kicillof como podría haberla hecho en mi caso y todos los cursantes de la carrera de economía en la UBA hasta el día de hoy? Es evidente que esa alusión fue usada como argumento para descalificar al Dr.Kicillof ante la opinión pública, no para alabarlo, lo que hubiera sido muy valioso si hubiera agregado que formó parte del proceso de estudios de la economía, como cualquier otro estudiante. A Kicillof se lo quiso ensuciar, descalificar, discriminar en lugar de discutir las propuestas que él realiza en torno a su candidatura a gobernador que se va dirimir en las próximas elecciones de Octubre. Como ese dirigente político no se atreve a dar cuenta de los cuatro años de vigencia de la política económica Macrista, que hoy posee indicadores económicos y sociales de todo tipo peores que los del año 2015 , no cumplió ninguna de las promesas pre-electorales y no se atreve a formular compromisos para los próximos cuatro años porque las que emitió el Ingeniero Macri desde hace años nunca se cumplieron, acude al sucio procedimiento de afirmar –como se hacía hace más de veinte años- que el citado colega y candidato es “comunista”. La Constitución Nacional establece que es la idoneidad la única condición para ser funcionario público. El calificativo levantado por Cambiemos nos recuerda la persecución personal de muchos estudiantes y graduados en economía durante la última dictadura por razones puramente ideológicas, que terminaron desaparecidos o muertos por la represión de la dictadura. Generar miedo acusando a un candidato de ser “marxista “ o “ comunista-“ es una actitud deleznable que nos retrotrae al pasado y debe ser repudiada

Como diría el Dr.Irigoyen esto forma parte de las miseribilidades humanas, del trabajo sucio que debe desterrarse en la política, de la exaltación de etiquetas sobre la conducta de las personas para denostarlas y de la argucia más vil y despreciable que nos podamos imaginar. Lo más lamentable de todo es que estaba presente cuando esto se afirmó con total liviandad y desparpajo el Presidente de la república –que asintió con una leve sonrisa el juicio del dirigente político de su espacio- y más de trescientos funcionarios y legisladoras Macristas que aplaudieron ruidosamente el intento de descalificación que se escuchó en la reunión pública.

¡Qué triste puede ser el futuro del país si estos personajes se dedican de aquí en más a la persecución ideológica y olvidan su función básica que es gobernar para el afianzamiento de la democracia y la fraternidad entre todos los Argentinos!

22Jun/190

Publicado por admin

I. Venezuela: Centro de la renovada ofensiva de EE. UU. para someter a América Latina a su geopolítica panamericanista
Años difíciles Un oscuro momento vive la América Latina. Los últimos años han sido de un retroceso sustancial de los proyectos emancipatorios y transformadores que nacieron con el nuevo siglo en la Patria Grande. Esos retrocesos no se pueden adjudicar a una sola causa; por cierto que ha habido dificultades, imposibilidades, límites y retrasos en los cambios que le hubieran dado mayor sustentabilidad al desarrollo económico y productivo. Pero el papel jugado por la estrategia continental de los EE. UU. y los intereses de las corporaciones internas comunicacionales, empresarias y financieras han sido la clave de una ofensiva cuyo objetivo fue el desplazamiento de gobiernos nacional-populares a manos de administraciones de restauración neoliberal. El centro de las políticas llevadas a cabo por nuestros gobiernos –hostilizados a través del lawfare, la manipulación mediática ejercida por las grandes cadenas, y las maniobras de desestabilización en los mercados– ha consistido en enérgicas medidas de redistribución del ingreso a favor de las mayorías populares, disminución de la pobreza, atención de derechos económicos y sociales e individuales. O sea, de ampliación de ciudadanía. Sociedades más justas abrieron el paso a que, en mayor o menor medida, se construyeran nuevas formas de participación política y social que avanzaban en la generación de condiciones para la profundización de procesos políticos de independencia económica y soberanía popular. El adocenamiento y sometimiento de Ecuador conseguido desde adentro de un gobierno elegido para suceder a Rafael Correa devino en subordinación a las políticas del FMI y la persecución de muchos de sus integrantes. El acecho permanente al que fue sometido el de Cristina Fernández, tuvo su punto culminante en el antijurídico fallo del Poder Judicial norteamericano en todas sus instancias favorable a los “fondos buitre” – que no mereció revisión alguna por parte del entonces Presidente Obama –, generando condiciones que estrecharon severamente los márgenes de política económica con que contaba el gobierno argentino. El acoso tuvo un protagonista destacado en el enjambre mediático-judicial local y en el poder económico y financiero, consiguiendo el objetivo de derrotar al gobierno popular por un estrecho margen de votos. Fue seguido por el golpe contra Dilma Rousseff, el presidio político de Lula y las elecciones con su proscripción, que llevaron al ultraderechista Bolsonaro a la presidencia del Brasil y que se constituyeron en un momento bisagra para América Latina. En el país más grande en territorio y población de la región, el poder fue capturado por una derecha de signo autoritario y antidemocrático articulada con el neoliberalismo extremo propulsor de la financiarización, iniciando un período de despojo de derechos en los que trabajosamente se había avanzado desde la caída de la dictadura y cuyo despliegue alcanzó intensidad en los gobiernos del PT, Partido de los Trabajadores.
Un poco de historia: los tiempos iniciales de grandes transformaciones en la República Bolivariana Venezuela fue el primer país en el que una alternativa política crítica del neoliberalismo y tributaria del ideario nacional, popular y de solidaridad social asumió el poder. Y aun hoy lo sostiene con un intenso apoyo popular, no sólo de carácter electoral sino también con la participación ciudadana activa en la vida pública y en la defensa de su gobierno, que hoy está siendo atacado abiertamente por una agresiva derecha interna apoyada explícita y de manera concreta y muy activa por los EE. UU., superpotencia que al mando del presidente Trump se ha dado como objetivo el derrocamiento del presidente Maduro y el cambio de régimen de la República Bolivariana que ya lleva 20 años de desarrollo, iniciados con el liderazgo del fallecido Presidente Hugo Chávez. Período durante el que se desplegaron políticas de transformación de progresiva intensidad que implicaron sustantivas mejoras en las condiciones de vida del pueblo venezolano. Pero no solamente esto, también cambios en el régimen de propiedad que significaron el pasaje al Estado del manejo de recursos estratégicos para el desarrollo de Venezuela, una reforma agraria que distribuyó la posesión de la tierra y la creación de nuevos modos de propiedad cooperativa, social y colectiva de unidades productivas, garantizados por la refundación constitucional de 1999. Desde un comienzo el gobierno popular sufrió el hostigamiento de los sectores conservadores que bregaban por derribarlo. Los procesos electorales ratificaban uno a uno el apoyo popular a Hugo Chávez y su revolución bolivariana. Ante eso, en el año 2002 un golpe de Estado, que contó con apoyo e inspiración norteamericana, lo sacó del poder por pocos días reemplazándolo por integrantes de la cúpula económica tradicional de Venezuela. Pero la gran movilización popular y la simpatía y apoyo de la mayoría de los integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana lo repusieron en el poder. Al cumplirse una década de su gestión, Chávez en su Mensaje ante la Asamblea Nacional establece los objetivos de revisión, rectificación y re-impulso de la Revolución Bolivariana. Lo hace sobre la base de un balance de la primera década de su gobierno. Presenta indicadores contundentes de los resultados que aportan al cumplimiento de las metas perseguidas por su gobierno. El índice de desarrollo humano en el período de 1998 a 2007 pasa de 0.69 a 0.88; la pobreza disminuye desde 50.40% de la población a 33.07 en el mismo lapso; la pobreza extrema había sido reducida desde el 20.34% de la población al 9.41%; el consumo de alimentos aumentó cerca del 12%; la mortalidad infantil disminuyó del 21.4 por mil al 13.8 y la mortalidad materna de 57 a 47 por mil. También subraya la mejora del salario mínimo en términos reales y de la formalización laboral. En el mismo mensaje el presidente Chávez destaca que en el período balanceado se había cancelado toda la deuda con el FMI y el Banco Mundial y afirma que “no sólo es la deuda que había sino las cadenas que habían, porque hay que recordar lo que son esas instituciones, son mecanismos de dominación del imperio”. Al mismo tiempo lanza una definición fundamental “de ahora en adelante no habrá negocio petrolero en Venezuela donde PDVSA no tenga la mayoría accionaria y el control operacional. Eso se llama “soberanía”, y en el plano político define que la vía venezolana hacia el socialismo es democrática y pacífica, citando al pensador colombiano Estanislao Zuleta dice “Una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos, de reco
nocerlos y contenerlos, de vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente con ellos y en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre la fiesta terrible de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la paz” y en una aguda crítica al capitalismo, respecto de su apología a la propiedad privada, Chávez sostiene que “si hay algún sistema que le niegue a la mayoría la propiedad, ése es el capitalismo, la mayoría de nuestro pueblo, de nuestros pueblos en el capitalismo, no tienen vivienda propia, no tienen ni siquiera la propiedad personal asegurada, la tienen negada, son excluidos, no son dueños ni siquiera del pequeño espacio donde malvive la mayoría”. Las mejoras en las condiciones de vida, resultado de las políticas redistributivas y de las misiones que atendían de manera específica la ampliación del goce de los derechos económicos y sociales, como la educación, la salud y la vivienda, fueron la base de un amplio apoyo popular que despertó vientos de profundización del proyecto emancipatorio. Así la Revolución Bolivariana se planteaba, al entrar en su segunda década, la afirmación de un ideal socialista construido sobre raíces nacionales, conscientes sus dirigentes, de la necesidad de canalizar organizada y pacíficamente el conflicto necesario e inevitable en procesos dinámicos de transformación social y desarrollo nacional. Con ese espíritu y sentido, en ese informe Chávez propone la creación del PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela). En el mismo período Venezuela alcanzó uno de los índices de prevalencia de subalimentación más bajos del mundo: el 3.6%. Así el aumento de calorías diarias consumidas permitió arribar a las 3000 por habitante y se redujo el número de personas con hambre a menos de 1.300.000. Se aumentaron las cabezas de ganado sustancialmente y se incrementó el consumo de carne bovina y aviar, también se elevó la producción granaria, todo en el medio de una profunda transformación del régimen de propiedad en el área agroindustrial. La situación actual, con el bloqueo económico, financiero, el descenso del precio del petróleo durante un largo período inducido por la geopolítica norteamericana, llevaron al deterioro de estos logros. Pero ni aun en este contexto de agresión la suba del índice de prevalencia de subalimentación no alcanza, ni por asomo, la precaria situación que registraba Venezuela al inicio de la presidencia de Chávez.
La Venezuela inmediatamente anterior al chavismo El rumbo iniciado en 1998, invirtió radicalmente el de los doce años anteriores que significaron un intenso deterioro de las condiciones de vida de la población, la desmejora de sus ingresos, el acaparamiento de la renta petrolera por unos pocos, el crecimiento de la deuda y de sus servicios asumidos y erogados por el Estado venezolano, agudización de los problemas en las condiciones de acceso a la vivienda por parte de la población más pobre, con más de 2.000.000 de personas esperando una solución habitacional, y serios problemas de los sectores medios para afrontar las deudas contraídas para la compra de unidades. El privilegio que adquirió la atención de la enseñanza privada en relación con la pública fue otra de las políticas que signaron la república que antecedió a Chávez. El período fue atravesado por una severa crisis política cuando en el comienzo de su segundo mandato presidencial Carlos Andrés Pérez intentó una reforma de neto corte liberal, adoptando un programa del FMI que incluía la liberación de las tasas de interés, la liberación y unificación cambiaria, la liberación de precios,
el aumento de las tarifas públicas, la eliminación de los aranceles a las importaciones, la adopción del objetivo de reducir el déficit fiscal y el congelamiento de vacantes en la administración pública. Este programa regresivo produjo una extendida rebelión popular el 27 de febrero de 1989 que fue duramente reprimida, y pese a que sólo se informó sobre la muerte de 276 personas por la represión dispuesta, los cálculos sobre el verdadero drama de esas jornadas aseveran que los desaparecidos se cuentan en más de 3000. Hasta hace poco continuaban encontrándose fosas comunes. La intervención militar en la represión dejó una dura marca en la fuerza armada venezolana, compuesta mayoritariamente por integrantes de origen popular. El dolor y cuestionamiento de sus miembros por haber sido llevados a la represión del pueblo en defensa de intereses de la minoría privilegiada influyó decisivamente en su vuelco posterior para conformar la fuerte alianza cívico militar que sostiene la revolución bolivariana. Tanto en el pueblo venezolano como en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se encarnó una resistencia y una crítica radical a un régimen de formalidad democrática neoliberal, cuya dinámica en sus últimos doce años habían conducido a un fuerte empeoramiento de la vida popular, a una represión, sin límite, de la resistencia y la protesta, y a la creciente restricción de los grados de libertad para ejercer una política autónoma, devenida del sometimiento a las imposiciones del capital financiero y los organismos multilaterales de crédito.
Las bases para una nueva sociedad Chávez en mayo de 2006 sintetiza la experiencia renovada que conducía: “En Venezuela se acabó la falsa democracia de las élites, tenemos que encerrarla definitivamente y terminar de construir la democracia socialista, participativa, protagónica”, afirmando de manera radical el espíritu de la Constitución de 1999 que resultara el documento liminar de la nueva era republicana de esa Nación. En este, la Nación venezolana se define como un Estado democrático y social de Derecho y Justicia. En su exposición de motivos consagra que no sólo el Estado debe ser democrático sino la sociedad también. Se reconocen como valores superiores el de la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad individual y social, la preeminencia de los derechos humanos, la ética pública y el pluralismo. Se establecen constitucionalmente los idiomas de los pueblos indígenas. Un cambio sustancial del texto constitucional es el referido a la cuestión de la participación política, que modifica la clave dogmática de la tradición liberal, que aun hoy en la Constitución Argentina con sus reformas permanece incólume cuando sanciona que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. La nueva Ley Fundamental de la República Bolivariana de Venezuela consagra la participación amplia de la ciudadanía en los asuntos públicos, ejercida de manera directa, indirecta o semidirecta, explicitando que ese derecho no se circunscribe al sufragio sino que comprende a todo el proceso de formulación, ejecución y control de la gestión pública. La cuestión de la no intervención, la libre determinación y la igualdad en la relación con otros estados están expresamente incluidas en el texto de 1999. El mismo rompe con la tradicional división en tres poderes del constitucionalismo liberal y crea dos poderes más junto a ellos, el Poder Ciudadano y el Poder Electoral, el
primero como poder moral y de formación ciudadana y el segundo para construir una nueva cultura electoral que cree las condiciones para la participación ciudadana. En esa dirección se instituyen el referendo, la elección de cargos públicos, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, la revocatoria de mandatos, los cabildos abiertos y las asambleas ciudadanas. En abril del 2008 el presidente Chávez sintetizaría este espíritu conceptualizando que: “La democracia meramente representativa se convierte en una trampa que encierra y mata las esperanzas de un pueblo”. Así el texto sancionado por la Constituyente de 1999 funda no sólo una nueva república sino un nuevo constitucionalismo que recrea el constitucionalismo social (con ilustres antecedentes, como la constitución votada bajo el peronismo en 1949), ya que incluye la garantía de todos los derechos humanos incluyendo los económicos y sociales, asociados a una idea radical de ciudadanía activa, que se nutre del ideario de Bolívar con una concepción de intensidad participativa presente en el ideal rousseauniano. Finalmente, resulta memorable que este dispositivo constituyente promueva expresamente la integración latinoamericana y caribeña en la búsqueda de la Comunidad de Naciones.
Veinte años de gobierno popular: grandes realizaciones para la vida de las mayorías En Venezuela más del 80% de la población se atiende en el sistema de salud público. Al arribo de la Revolución Bolivariana existían algo más de 5300 establecimientos de salud en todo su territorio. Actualmente su número supera los 26.500; durante la presidencia de Hugo Chávez habían alcanzado un número que se acercaba a los 13.500, y en el transcurso de la de Nicolás Maduro se intensificó la apertura de esos establecimientos hasta lograr el número del presente. Entre los mismos, y durante el período 2001-2014 se construyeron 24 grandes hospitales. En el año 2003 comienza la misión Barrio Adentro, un emprendimiento conjunto venezolano y cubano. Esta misión, en el marco del asedio hostil sufrido por Venezuela, atendió en el año 2018 un récord de 127 millones de consultas médicas. La Revolución Bolivariana ha construido nuevas universidades y centros superiores de estudios. Durante la presidencia de Chávez fueron 24, y Maduro continuó con la misma política alcanzando en su presidencia otras 31. La matrícula universitaria en Venezuela alcanza al 90% de la población en edad de incluirse en ese nivel de estudios, ocupando en el año 2019 el quinto lugar del mundo y el segundo de América Latina en matrícula universitaria, según el criterio estadístico de la UNESCO. Venezuela en el año 2018 fue el primer país de América Latina que alcanzó la meta de incluir al 100% de los adultos mayores en la condición de pensionados. En el 2019 más de 4.300.000 ciudadanos reciben esa protección social. Al inicio de la Revolución el número bajo esa condición era reducido: menos de 400.000. La revolución ha pensionado 4.000.000 de ciudadanos en 20 años, hecho inédito en la historia venezolana. El Gobierno Bolivariano ha impulsado desde el año 2016 el sistema de distribución de alimentos denominado CLAP, basado en la organización popular y local dentro del territorio, logrando ya la atención de más de 6 millones de familias con la distribución de alimentos de la cesta básica.
Una de las misiones sociales y socialistas, más impactantes de la Revolución Bolivariana, de los últimos años, y que continúa en desarrollo pese al pleno asedio y bloqueo financiero, económico y comercial, es la Gran Misión Vivienda Venezuela. La misma comenzó en 2011, cuando luego de la tragedia de los deslaves, Chávez posteriormente a alojar a miles de familias del subsuelo de la Patria venezolana en el mismo Palacio de Gobierno y ministerios, resuelve dar comienzo a la construcción de viviendas totalmente equipadas con electrodomésticos y amuebladas. Muchas de ellas construidas en urbanizaciones ecosocialistas. Desde 2011 hasta el presente se han construido 2.600.000 para una población total del país de 32.000.000 de habitantes, es una proporción inédita en el mundo.
La unidad latinoamericana: una batalla de dos siglos La Constitución de 1999 fue previa al surgimiento de los gobiernos nacionales, populares y democráticos de Lula, Kirchner, Evo y Correa, tampoco gobernaba el Frente Amplio uruguayo. O sea, que en soledad en Sudamérica, Venezuela otorga a su Constitución el lugar de promotora de una Comunidad de Naciones latinoamericanas. El proyecto de la UNASUR ya está en su espíritu. El de la Unidad Latinoamericana, como antagónico del panamericanismo de los EE. UU. El de la CELAC como alternativo a una OEA concebida para el rol de instrumento geopolítico hemisférico con hegemonía de la superpotencia y destinada a alinear a los territorios que entiende son su patio trasero. El del ALBA y el de PETROCARIBE. La idea del intercambio a través del SUCRE. El del ingreso de Venezuela al MERCOSUR, y la transformación de éste en una instancia de integración comercial, pero también productiva, social y de unidad política a partir del funcionamiento del Parlasur. La creación de un Consejo Sudamericano de Defensa para modificar las alianzas militares de la región, autonomizándolas de la articulación con la potencia imperial y sus planes. Lo mismo con el proyecto de creación del Banco del Sur. Se puede encontrar en el Proyecto popular venezolano nacido en los albores del nuevo milenio no sólo fundamentos ideológicos, lecturas y sensibilidades sobre la coyuntura dramática de la política venezolana en el momento de su irrupción, sino también el eco de la Historia, la vigencia de sus próceres, de sus héroes: Bolívar, Miranda, Simón Rodríguez, Manuela Sáenz, Ana María Campos, entre otras, y también de las grandes experiencias latinoamericanas del siglo XX, desde Sandino a Fidel, de las hermanas Mirabal a Haydée Santamaría y Eva Duarte de Perón, de Juan Perón al Che o a Salvador Allende, las Madres de Plaza de Mayo, todos y todas militantes de una utopía que retornó en el siglo XXI bajo un mismo nombre: “La Patria Grande Latinoamericana”. El rechazo al ALCA encabezado por Venezuela, Brasil, Argentina y Uruguay, presididos por Chávez, Lula, Kirchner y Tabaré Vázquez, que también logró el acompañamiento paraguayo, constituyó un hito, tanto por el freno que se puso a un proyecto de integración comercial panamericanista que hubiera hecho retroceder agudamente el grado de industrialización de las economías suramericanas, como por el espíritu de puesta en marcha de la nueva institucionalidad del proyecto de la Patria Grande. Identificando el carácter de esa integración Chávez diría dos años más tarde que “al opo
nerse al ALCA, Venezuela está defendiendo los intereses de todo el país, incluyendo el sector privado nacional, que sería arrasado en una competencia desleal y salvaje por las grandes corporaciones nacionales y sobre todo por los monopolios imperialistas”. En ese mismo 2008 afirmaría que “la única manera en que nos podemos insertar con dignidad y en condiciones justas en el mundo posmoderno, el mundo del siglo XXI, es la integración del bloque de naciones, o como hemos dicho: una nación de repúblicas”. Era el espíritu de Bolívar que en la Carta de Jamaica de 1815 escribía: “Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes estados que hayan de formarse”.
La unidad latinoamericana inconclusa, tarea pendiente de América Latina. Su historia Esta concepción de unidad regional se manifestó desde los inicios del proceso emancipador de América Latina. Ella refirió inicialmente a la vocación por defender en común el proceso independentista frente a la contraofensiva militar española, pero también al recelo respecto de la referencia del modelo federal que se desplegaba en los Estados Unidos, en donde se había producido el primer proceso de ruptura colonial del continente, a partir de 1776. En 1825 Bernardo Monteagudo escribe el ensayo “Sobre la necesidad de una Federación General entre los Estados Hispanoamericanos y el plan de organización” que queda inconcluso porque el patriota de la independencia argentina, que había seguido a San Martín en toda su campaña hasta su retiro en Guayaquil, se pone al servicio de Simón Bolívar y es asesinado en Lima. Su texto milita la construcción de una Liga Americana, construida sobre la base de una raíz cultural común en los territorios liberados de España, con la hipótesis de una contraofensiva militar a cargo de la Santa Alianza conformada en Europa y sospechando que el entonces Imperio brasileño gobernado por Pedro I podría aliarse al enemigo. En 1826 Bolívar impulsa la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá proponiendo la creación de una liga de las repúblicas americanas, un pacto de defensa común y una asamblea parlamentaria supranacional. Asistieron representantes de la Gran Colombia (incluyendo el área de las actuales Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela), Perú, las Provincias Unidas de Centro América y México. El acuerdo propuesto con el llamativo título “Tratado magnífico titulado de la Unión, de la Liga, y de la Confederación Perpetua” sólo fue ratificado por la Gran Colombia. La utopía bolivariana fue deshecha por la guerra civil en la Gran Colombia, la desintegración de la unidad en América Central y la prevalencia de perspectivas nacionalistas por sobre la idea promotora de unidad continental en las repúblicas americanas. Hubo intentos posteriores con los congresos en Lima 1847/48; Santiago de Chile en 1856/57 y nuevamente en Lima (1864) propendiendo a la reunificación de nuestros pueblos frente a las prepotencias extranjeras. Sarmiento concurrió al último y firmó la declaración americanista, pero fue reprendido por el presidente argentino, Bartolomé Mitre, quien manifestó su desacuerdo con estos acercamientos. Las iniciativas de
esa era postrevolucionaria otorgaban un rol predominante a la unidad política y a la defensa común; la integración era un arma de construcción de autonomía frente a las metrópolis. En abril de 1862 se funda la “Unión Americana” en Valparaíso, para “trabajar por la unificación del sentimiento americano y por la conservación y subsistencia de las ideas republicanas en América”. En Copiapó, Santiago de Chile, La Serena y Quillota, Perú, Bolivia y Uruguay nacen organizaciones y sedes con la misma intención. En 1864 hubo actos en los que participaron guerreros de la independencia, en el mismo año existen petitorios y pronunciamientos de solidaridad de la República Argentina con toda otra república americana (en las que participa Aurelio Palacios, padre de Alfredo Palacios). Un testimonio clave de la época fue la proclama de Felipe Varela denominada “Viva la Unión Americana” (1868) que expresaba la necesidad de alcanzar la Alianza de las Repúblicas para repeler las ambiciones monárquicas de Europa y clamaba por la alianza de sus poderes democráticos, cuando el antiguo dominador golpeaba con sus armas esclavócratas en sus manos. Juan Bautista Alberdi escribió “Memoria” en 1844, una propuesta de desarrollo comercial y prosperidad económica basada en la interrelación de las naciones. Posteriormente, en 1863 sostendrá el carácter hispanoamericano que excluía a Brasil y EE. UU., impulsando un proyecto con una mirada imitativa del modelo europeo, que sostenía que la seguridad y desarrollo de las nuevas naciones descendientes de la América española radicaban en Europa. Mariano Pelliza continuó con este enfoque y propuso una “Federación Social Hispano-Americana” en 1885, abordando temas como la unidad monetaria, la uniformidad arancelaria, la supresión de derechos sobre los productos regionales y la libre circulación de mercancías. Federico Seeber predicó por una unión política en 1906 que ya incluía a Brasil junto a Argentina, Chile, Perú, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Alejandro Bunge en 1909 despliega sus ideas acerca de la constitución de bloques aduaneros, concibiendo una integración económica por etapas. Imaginaba, y estimaba cuantitativamente, que la “Unión del Plata” podía superar en muchos rubros a la Unión Aduanera Europea y a otra similar que eventualmente se conformara en el norte de América. En 1912 Manuel Ugarte, destacado intelectual y militante socialista argentino, sostiene en El Salvador, anticipando el enfoque de varios gobiernos de América Latina del presente siglo, “la necesidad de aunar la bandera nacional-latinoamericana a la insignia del socialismo, porque no hay posibilidad de igualdad de clases o eliminación de éstas, en un país esclavizado por el Imperialismo”. En 1915 el tratado ABC (Argentina, Brasil y Chile) se propone contrarrestar el poder militar estadounidense en la región. Por su parte José Ingenieros en un discurso el 11 de octubre de 1922, con motivo del lanzamiento de la idea de la Unión Latinoamericana afirmó: “Creemos que nuestras nacionalidades están frente a un dilema de hierro. O entregarnos sumisas y alabar la Unión Panamericana (América para los norteamericanos) o prepararse en común para defender su independencia, echando las bases de una Unión Latinoamericana (América Latina para los latinoamericanos) … El viejo plan, esencialmente político, de confederar directamente los gobiernos parece actualmente irrealizable, pues la mayoría de ellos están subordinados a la voluntad de los norteamericanos que son sus prestamistas. Hay que dirigirse primero a los pueblos y formar en ellos una nueva conciencia nacional, ensanchando el concepto y el sentimiento de patria, haciéndolo
continental, pues así como del municipio se extendió a la provincia y de la provincia al Estado político, legítimo sería que, alentado por las necesidades vitales, se extendiera a una confederación de pueblos en que cada uno pudiera acentuar y desenvolver sus características, dentro de la cooperación y la solidaridad comunes” Durante los gobiernos del primer peronismo en Argentina y el varguismo en Brasil fracasaron intentos de unidad regional en cuya frustración influyó activamente Estados Unidos, proyectos en los cuales también estuvo incluido el presidente Ibáñez de Chile. En 1958; en el momento de apogeo del modelo desarrollista, surgió la OPA (Operación Panamericana) que tenía dos puntales doctrinarios: que el desarrollo económico era una condición necesaria para los gobiernos democráticos y que las dinámicas de industrialización debían proveer a la superación de la supuesta insuficiencia de ahorro de los países de la región, lo que requeriría un importante flujo de inversión financiera externa. Sin embargo, esta concepción desarrollista no fue atendida por la Alianza para el Progreso que se afincó en el asistencialismo como estrategia contrainsurgente frente al nacimiento en América Latina, con la revolución cubana, de la primera experiencia socialista. En consecuencia, los ensayos desarrollistas –de raíz panamericanista– se frustraron junto a sus declamaciones democráticas, y sobrevinieron los golpes que derrocaron a Frondizi, Goulart e Illia. Esta perspectiva panamericanista era opuesta al ideario de la Unidad Latinoamérica. Era y es otro proyecto de unidad continental que ya había surgido a fines de siglo XIX. Tres fueron los elementos que la definían: la inclusión de todos los países del continente, jugando el rol hegemónico EE. UU., la significación de los aspectos políticos y militares y la disputa que se desarrolló entre Gran Bretaña y EE. UU. por la hegemonía económica en la región. El panamericanismo emergió con la 1ª Conferencia Interamericana (1890) en Washington, en la cual se crea la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas y se pone en marcha la Oficina Comercial de las Repúblicas Americanas. Pero en el siglo XX, el “panamericanismo” y las instituciones creadas para imponer ese paradigma fueron utilizados para actuar y/o dar apoyo a recurrentes incursiones, operaciones, ocupaciones y otras acciones militares estadounidenses. La Doctrina Monroe justificaba el “derecho” a intervenir en asuntos de otros países en defensa de los intereses de ciudadanos de la superpotencia. En el plano económico, sucesivos cónclaves comerciales tuvieron resultados limitados, en particular por la exigencia norteamericana a los países latinoamericanos de una amplia liberalización para el ingreso de sus exportaciones. La doctrina Monroe, sintetizada en la frase “América para los americanos” sostenía la no interferencia o intromisión de las potencias europeas en América. Pero a su vez explicitaba que “si una nación demuestra que sabe actuar con una eficacia razonable y con el sentido de las conveniencias en materia social y política, si mantiene el orden y respeta sus obligaciones, no tiene por qué temer una intervención de los Estados Unidos” dejando abierta la posibilidad de intervención si el país del norte hacía una evaluación distinta. La época de la Guerra Fría condujo a que los EE. UU. redefinieran el perfil del panamericanismo e impusieran un nuevo acuerdo de defensa con el compromiso de luchar contra el comunismo. En 1948 se firma el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá), y se lleva a cabo la creación de la Organización de Estados Americanos
(OEA) –que se formalizó en 1951 como continuadora de la Unión Panamericana–. En 1959 se va a crear el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) institución financiera del paradigma panamericanista en el que EE. UU. ha detentado una posición de influencia hegemónica. En el plano económico comercial se destacó la aprobación de un convenio de cooperación que significativamente, pese a las expectativas iniciales, nunca entró en vigencia debido a la persistencia norteamericana en negar relaciones compensadas. Pero el eje de la política económico financiera norteamericana se volcó hacia la reconstrucción de Europa con el Plan Marshall. En cambio, en el sistema panamericano predominó decisivamente la “colaboración” militar. El presidente norteamericano Harry Truman fundaba la distinción de alianzas en que “América Latina ya había tenido un verdadero Plan Marshall por más de un siglo, denominado la Doctrina Monroe” Estos dos proyectos de alianzas nacionales que datan desde la organización institucional de los territorios que rompieron lazos coloniales con sus metrópolis, se extienden hasta el presente. EE. UU. convertido en la superpotencia mundial tiene como una de sus estrategias geopolíticas fundamentales la construcción de una integración continental que abarque las cuestiones políticas, económicas, financieras, comerciales, comunicacionales y militares. Es un proyecto de relaciones asimétricas, en el cual presume su liderazgo y hegemonía y frente al que los populismos nacionalistas y democráticos han sostenido otro antagónico, basado en la tradición de la integración de América Latina, como alternativa que les permita la defensa y profundización de su soberanía política y la conquista de su segunda independencia, con el fin de conquistar su autonomía económica, para la que requiere desatarse de la globalización financiera. Proyecto sustentado en la fusión de los valores de libertad e igualdad, abarcando –esta última– no sólo su costado socioeconómico, sino además el de la recuperación de las tradiciones culturales de los pueblos originarios del continente, como así también de las inmigraciones que, como la africana, fueron sometidas a condiciones intolerables de injusticia. Diversidad cultural, justicia social, independencia económica y soberanía política.
La ofensiva imperialista contra Venezuela El proyecto bolivariano en Venezuela comenzó bajo la dirección del presidente Chávez, un rumbo en su país que confluyó con otras experiencias y gobiernos. Frente a esto, el imperialismo norteamericana desplegó primero el hostigamiento y luego una contraofensiva que le permitió recuperar su condición de liderazgo regional. Sin embargo, hay naciones en que los liderazgos populares mantienen el poder. En Venezuela arrecian las acciones contra el presidente Maduro, para imponer un cambio de régimen. Históricamente los EE. UU. arremetieron en pos del derribo de los procesos políticos continentales que no fueran leales y funcionales a su proyecto de dominación, y en el caso venezolano se proponen no sólo ese cambio de régimen con la caída del gobierno popular, sino la desarticulación del activismo político, la movilización social, incluso de la FANB que es un pilar de la defensa institucional y del proyecto nacional y democrático en resistencia. Es así que desde el intento del 2002, pasando por el posterior paro petrolero en los primeros tiempos del gobierno de Chávez no cejaron en desplegar planes destituyentes. Pero en el 2015, en un escenario complejo en América Latina,
que sufría los límites económicos derivados de la caída de los precios de los commodities (que constituyeron la gran mayoría de sus exportaciones que le permiten obtener las divisas para garantizar el funcionamiento de sus producciones), la superpotencia escaló su hostigamiento cuando el presidente Barak Obama declaró a Venezuela como una “amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los EEUU”. En Panamá el 11 de abril de 2015 la presidenta del gobierno popular, nacional y democrático de Argentina, Cristina Fernández, afirmaba en un discurso que “resulta inverosímil, casi rayano en el ridículo, no solamente que Venezuela, sino cualquier país de nuestro continente pueda resultar una amenaza para la mayor potencia del mundo”. Sostenía que EE. UU. era la mayor potencia económica, financiera, militar y científica y comparaba los presupuestos militares entre ese país y el de Venezuela, exponiendo un agudo contraste: el del primero era más de 300 veces el del segundo. En ese mismo año, EE. UU. acordó con Arabia Saudita un aumento agresivo de la producción de petróleo en pos de provocar una baja de su precio y perjudicar a países productores como Venezuela. En el mundo neoliberal de la globalización financiera las calificadoras de riesgo juegan un papel decisivo en el margen de crédito de los países, la valuación de sus bonos públicos y, en general, en la determinación de su capacidad financiera. Argentina ha sufrido por el rol que esas agencias desempeñaron durante los momentos álgidos de las negociaciones de refinanciación de su deuda, como también en el conflicto que sostuvo con los fondos buitre. Esas entidades que intervienen en la calificación de los países, con ingredientes de valoración política que asumen un carácter definitorio, y que condenan las políticas económicas que se apartan de las recetas neoliberales, confeccionaron un mapa global de “países riesgosos”, que concurrió con el derrumbe del precio del petróleo para conformar un cerco económico financiero sobre Venezuela, a la que incluyeron en su “ingenioso” mapa. La empresa francesa Coface le otorgó una calificación similar a la de países africanos que transitan conflictos bélicos. Lo hizo basándose en las notas negativas que las tres grandes calificadoras norteamericanas (Standar and Poor´s, Fitch y Moody´s) le asignaran a la república bolivariana. Las consecuencias de las calificaciones para nuevos endeudamientos provocaron la caída del valor de los activos públicos y privados venezolanos en el exterior, aumentando el llamado riesgo-país y obturando el acceso del país al financiamiento internacional. Desde ese año las calificadoras, pese a los servicios de deuda pagados por Venezuela, tuvieron un comportamiento sistemático de empujar a esa nación al default. En tanto en el año 2016 el FMI alertaba sobre “la catástrofe económica” en Venezuela. En ese año y en el 2017 fueron cerradas cuentas venezolanas en los EE. UU., cierres efectuados por el JPMorgan, el Citibank y otros grandes bancos, que habían sido inducidos a esa actitud por una resolución que impulsaba al Departamento del Tesoro a establecer mecanismos de “vigilancia” sobre esas cuentas. Ello llevó a trabar las operaciones de importación, como así también los pagos de deuda externa. Ese año el banco JPMorgan asignó en su índice de riesgo el nivel más alto del mundo a Venezuela, también por encima de los países que estaban sumergidos en conflictos bélicos. En ese mismo año las mencionadas calificadoras intervinieron para frustrar un canje voluntario de deuda ofrecido por PDVSA con el fin de mejorar y aliviar su estructura de pagos.
Donald Trump en la presidencia de EE. UU. En 2017 con la presidencia de Trump se escala la política de injerencia norteamericana en Latinoamérica y en particular en Venezuela. En una acción coordinada mediante la utilización de los líderes opositores de la mayoría de la Asamblea Nacional venezolana, se consagra la iniciativa de los asesores de seguridad nacional del nuevo presidente yanqui estableciendo un bloqueo financiero que impidió a Venezuela importar alimentos y medicinas. A su vez el banco Credit Suisse prohibió las operaciones con el país. Trump ha ilegalizado la compra de deuda venezolana y la repatriación de dividendos de CITGO, que es la filial de PDVSA en EE. UU. Mientras, la República Bolivariana afrontaba internamente la devastación causada por las “guarimbas” y los embates de una “guerra económica” encabezada por los principales oligopolios de alimentos que han boicoteado, acaparado y desabastecido a la población de los componentes esenciales de la canasta básica y que, además, han desviado hacia Colombia, a través del contrabando de extracción, un 40% de los alimentos que se producen e importan en Venezuela. El Departamento del Tesoro de EE. UU. presionó simultáneamente a los bancos privados para que se nieguen a abrir Cartas de Crédito para la compra de petróleo venezolano. Esto provocó que la empresa PBF Energy, una de las refinadoras que efectuaba compras de envergadura de crudo venezolano, se viera compelida a desistir de hacer las mismas para protegerse de ser sancionada. En el mismo año ese Departamento del Tesoro emitió un alerta denominada “banderas rojas”, imponiendo un sistema de vigilancia y control a las transacciones financieras de Venezuela. El objetivo de la medida era imposibilitar el pago de alimentos y medicinas. También implicó que CITGO comenzara a afrontar serios problemas para comprar el crudo y mantenerse en operaciones. Una de las consecuencias que produjo ese alerta fue que 300.000 dosis de insulina abonadas por la República Bolivariana de Venezuela no pudieron arribar a ese país porque el CITIBANK trabó la operación. El Comité de las Américas de la Asociación Internacional de Swaps y Derivados (ISDA) declaró a Venezuela en “default”, participan de la misma los accionistas principales de los fondos buitre, siendo la misma entidad que declarara el “default” técnico de Argentina en el conflicto con esos fondos. La calificadora Standard and Poor’s hizo lo mismo. El Euroclear, una entidad de clearing europeo, inmovilizó fondos que pertenecen al gobierno venezolano, en el marco del desconocimiento de legalidad de la elección del presidente Maduro. Un cargamento de Primaquina, medicamento para tratar la malaria, no fue enviado a Venezuela porque fue trabado por el laboratorio colombiano BSN Medical. El gobierno colombiano bloqueó el ingreso de 400.000 kg de alimentos destinados a fortalecer el programa de alimentación de 6.000.000 de familias. El punto culminante de estas desapropiaciones y restricciones a la sociedad venezolana es el embargo a la empresa PDVSA en EE. UU., empresa capturada por este país para ser cedida a la administración del ficticio “gobierno” paralelo del autodesignado Guaidó, quien no controla ningún resorte de poder real en Venezuela. Tal vez sea el bloqueo a Venezuela, la versión emblemática de la agresión económica imperial, en épocas de la globalización financiera, en la que el poder estatal en los
países centrales está entrelazado con poderosas corporaciones financieras, con lazos institucionales que redefinen el mismo derecho de propiedad de la sociedad capitalista, que resulta condicionado a conductas políticas y diseños de la economía instituidos por ese lazo estatal-corporativo que sustrae inclusive del ámbito de la democracia formal las decisiones sobre la arquitectura y cumplimiento del funcionamiento de las relaciones financieras. Gobierno norteamericano, asociaciones de bonistas, bancos y agencias de calificación de riesgo privadas están articuladas por resoluciones e informes que, en condiciones indistintas entre ellos, disponen a su discreción sobre la validez de los derechos de propiedad formalmente inviolables de otros estados nacionales y de ciudadanos en general. La globalización no limita sólo los grados de libertad de la política económica sino que recorta el derecho de propiedad a favor de los poderosos. Hoy, el liberalismo de hecho expone su conflicto con la democracia y hace una regresión a condiciones, tanto en las relaciones internacionales como en las interiores de los países, de ciudadanía formal calificada, con derechos civiles que sólo se garantizan a los poderosos. En la actualidad se encuentran secuestrados 1600 millones de dólares de propiedad venezolana en el Euroclear, 1359 millones de euros en reservas de oro en el Banco de Inglaterra y 30000 millones de dólares en cuentas bancarias pertenecientes a las sociedades CITGO y PDVSA expoliados por los EE. UU., tal como lo consignan personalidades belgas en una declaración. Por otra parte Citibank (estadounidense) se apoderó de 196 millones de euros pertenecientes a Venezuela, Northcapital (banco estadounidense) de 238; Clearstream (inglés) de 453; Sumitomo (japonés) de 415; Novo Banco (portugués) 1543. Una escalada superior ha sido el inicio del belicismo cibernético, que sometió a un ataque al sistema eléctrico, afectando las condiciones de vida, pero también seriamente la actividad productiva. El presidente Trump plantea que todas las alternativas están sobre la mesa. Promueve e incita al golpe de estado a las fuerzas armadas venezolanas (un conato del mismo fue desarticulado el 30 de abril) y también mantiene la hipótesis de una intervención armada. Lo hace porque el pueblo y el gobierno venezolano han resistido el bloqueo de las corporaciones de la globalización comunicacional, financiera, económica y comercial. Con ese bloqueo se han producido escaseces y privaciones que lesionaron seriamente los avances en las condiciones de vida del pueblo. Y pese a todo eso, pueblo, gobierno y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, resisten.
América Latina entre dos proyectos: sumisión o integración Este escrito se difunde en el momento de retroceso que hoy se vive en la consecución de la integración latinoamericana. La UNASUR, el Banco del Sur y la CELAC han sido gravemente dañados por la salida de países como Chile, Perú, Colombia, Brasil y Argentina, cuyos gobiernos de derecha han constituido el Grupo de Lima y ahora el PROSUR, espacio que junto a la OEA se constituyó en un nuevo intento de afirmar el proyecto panamericanista, en la línea de la doctrina Monroe y la lógica de la política del “garrote” de Theodore Roosevelt. Los objetivos de la institucionalidad OEA-Grupo de Lima-PROSUR, son de carácter político-militar, alineando a los países de la región con los intereses y la política de EE. UU., y cuya meta inmediata es derri
bar al gobierno venezolano. Gobierno que en su enorme tarea revolucionaria contó, y cuenta, con la intensa solidaridad de la República Socialista de Cuba, sobre la cual la gestión Trump extiende su amenaza injerencista y escala el bloqueo sobre su economía, descargando una nueva ola de guerra fría como represalia a su valiente pueblo, tan agredido como solidario. Su tono discursivo es el mismo del de la época del conflicto Este-Oeste, aunque la Guerra Fría haya terminado. En abril de 2018 durante el desarrollo de la Cumbre de las Américas el canciller de Perú, en nombre del Grupo de Lima, anunciaba la creación de un grupo para “estudiar” medidas políticas y económicas contra Venezuela. En la misma reunión EE. UU. y Colombia acuerdan acelerar mecanismos para perseguir las transacciones financieras de Venezuela y obstaculizar las líneas de suministros básicos que requiere ese país. Razón tenía Manuel Ugarte al darle preeminencia a la cuestión antimperialista en la lucha por la liberación social de los pueblos, porque lo que ocurre actualmente en el subcontinente latinoamericano es una ofensiva de la superpotencia para dominar sus recursos naturales y garantizar la succión de plusvalías mediante la sumisión de sus gobiernos y el control de sus economías y finanzas. El ataque a Venezuela no es sólo por la saña ideológica respecto de la opción socialista de su gobierno popular, sino porque este persigue la autonomía en esas áreas, teniendo la primera reserva mundial de petróleo del mundo, la primera reserva de gas y la segunda de hierro del continente, entre otras que incluyen nuevos minerales que apuntan a ser esenciales para los recientes desarrollos tecnológicos-productivos, como el coltán. También se conoció recientemente que tiene la primera reserva mundial de níquel y posee una de las mas importantes de diamante y oro.
Alineamientos y realineamientos regionales La opción de integración panamericana implica también el avance neoliberal y de los acuerdos de libre comercio mediante los cuales se profundizará el intercambio asimétrico entre las naciones del sur y la superpotencia. Es un proyecto inverso al del histórico encuentro de Mar del Plata en donde se detuvo el avance del ALCA (con la recordada participación de los presidentes Chávez, Kirchner, Lula, etc.), que hubiera significado la imposición de un acuerdo multilateral de libre comercio continental. En noviembre de 2005 en esa reunión el presidente popular y democrático de Argentina Néstor Kirchner advertía: “la igualdad es un concepto valioso y necesario, pero sólo aplicable a los que son iguales. Igual tratamiento para los diferentes; igual tratamiento entre países poderosos y débiles; igual tratamiento entre economías altamente desarrolladas y economías emergentes, no sólo es una mentira sino que, además, resulta una trampa mortal”. Su tempranamente desafectado ministro de Economía Lavagna confiesa hoy, como potencial aspirante “moderado” a la presidencia, que la principal discrepancia que motivó su salida del gobierno de Kirchner fue el clima político generado por el clamor del “no al ALCA” que se desplegó durante la Cumbre marplatense. En la década de los ochenta, en el marco de la crisis de la deuda que aconteció en sus primeros años, el gobierno argentino del presidente Raúl Alfonsín intentó regionalizar los conflictos por la independencia de los centros de poder, así impulsó una reunión latinoamericanista en la cual se firmó el “Consenso de Cartagena”, que reclamó el tra
tamiento político de la deuda regional. Sin embargo hubo dificultades para establecer mecanismos colectivos al respecto y, también, defecciones como las de los gobiernos brasileño y mexicano de aquel momento. En noviembre de 1984 en un histórico discurso latinoamericanista, Alfonsín se dirigió a los “ilustres visitantes de la Patria Grande latinoamericana” y sostuvo la necesidad de “pensar a América Latina en otros términos”. “Se la pinta como la tierra de los grandes contrastes, con muchos pobres y pocos ricos y pocos ilustrados y muchos analfabetos”. Denunció que” hubo intereses importantes del Norte que han buscado sembrar la cizaña y han venido con su insidia para entorpecer esta marcha común” . Recordó que “todos estamos repensando a América Latina como un ideal continental” y advirtió que “es ahora cuando debemos andar el camino de la integración, el camino de la unión”. Señaló que“ cada vez más suben los intereses de la usura, cada vez más se perfecciona el sistema que provoca el endeudamiento porque no estamos desarrollados y nos endeudamos y después nos prestan plata a condición que no nos desarrollemos” y concluyó: “Hay una comunidad de origen es cierto pero es más importante una comunidad de destino histórico con los pueblos hermanos” instando al “Apoyo a Contadora y afirmar de esta manera la soberanía, independencia y la autodeterminación de nuestros pueblos”. La alianza PRO-UCR que gobierna hoy Argentina invirtió la tradición construida por los intelectuales y políticos de tradición popular que se glosaron más arriba, como Monteagudo, Ingenieros, Ugarte, Alberdi, Perón, Yrigoyen, Alfonsín, Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. El presidente Macri sumerge al país en la opción panamericanista de subordinación al Imperio. Paralizó al UNASUR mientras ejerció su presidencia pro tempore, para luego desafiliar a Argentina de esa valiosa institución e ingresarla al PROSUR, a fin de convertirla en un activo socio de la ofensiva por el derrocamiento del presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro. Los gobiernos de Kirchner y Fernández habían desplegado una relación comercial de integración con la región. En sus mandatos el intercambio comercial con Venezuela ascendió de 540 millones de dólares en el año 2005 a u$s 2394 en el año 2013. Macri desactivó convenios y renunció a la fructífera integración haciendo descender ese guarismo a 367 millones, en esa disminución fue notorio el declive de la exportación de los laboratorios medicinales. La obediente subordinación del macrismo y el radicalismo que cogobiernan hoy la Argentina significó la adopción imitativa de los dispositivos de bloqueo de sus mandantes norteamericanos. El 17 de enero de 2019 la UIF (Unidad de Información Financiera) emitió un Alerta denominado “Operaciones con el Gobierno Ilegítimo de Venezuela” cuyo texto deplorable e insidioso sanciona “Téngase presente que en la raíz de la ilegitimidad del régimen liderado por Nicolás Maduro y su entorno, subyace una verdadera vocación cleptócrata, que ha llevado a los mismos a cooptar el poder para seguir explotando a la población y los recursos naturales de Venezuela” para más adelante permitirse definir al régimen de Maduro “como una verdadera cleptocracia, lo cual coloca de manera automática en situación de riesgo alto a cualquier operación que un sujeto obligado realice con...” y hacen referencia a Nicolás Maduro, miembros de su gabinete y las principales empresas venezolanas públicas y privadas y zonas francas. Advierte que corresponde tomar en cuenta las “calificaciones de riesgo que recaigan sobre el régimen de Nicolás Maduro”. Consecuentemente con estas resoluciones, encomiendas y políticas se están adoptando acciones contra PDVSA Argentina, y sus fililales Fluvialba y Petrolera del Cono Sur, estableciendo alertas financieras sobre
sus cuentas y movilizaciones de recursos, como así también retirando permisos operativos a sus estaciones de servicio y depósitos de combustibles, entre otros. Además, en el área argentina de Migraciones se confeccionó una lista de 426 personas que ocupan funciones públicas en distintos poderes nacionales venezolanos, para impedir su ingreso a nuestro país. Se suma a estas acciones, la no acreditación de nuevos funcionarios de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela, así como el alerta financiero para bloquear ingresos desde el exterior a las cuentas de esta Embajada. A su vez, el gobierno de Macri oficializó el reconocimiento de una representante del “autodesignado” Guaidó con el carácter de Embajadora, y aunque mantiene el relacionamiento con la Embajada oficial, en cada reunión multilateral que se realiza en Argentina, pretende ingresar a esa “enviada” de Guaidó como representante de Venezuela. Las consideraciones del Alerta de la UIF se continúan con un texto tendiente a obturar las relaciones de corresponsalía bancaria, y requieren la remisión de un Reporte de Operación Sospechosa para cualquier operación que se consume, o que se tramite, por parte de Venezuela o las mencionadas personas, zonas francas y empresas. Este Alerta es una copia de la política norteamericana y constituye de hecho una acción que persigue el bloqueo financiero y comercial a Venezuela. Es la aplicación en este orden del insólito y tendencioso reconocimiento diplomático de Guaidó como presidente a cargo de Venezuela. La responsable de la emisión del Alerta, María Eugenia Talerico, que ocupa la vicepresidencia del organismo, fue abogada del HSBC siendo que la comisión bicameral que investigó el accionar de ese banco pudo determinar que el HSBC creó un esquema de fuga de capitales y evasión tributaria en el tiempo que ella se desempeñó en esa institución bancaria. Transcurren épocas en que en Argentina el gobierno de Macri, apoyado por los radicales, cedió el manejo de su economía a las corporaciones del capital especulativo y el FMI, a cambio de un volumen de préstamos sin precedentes que ese organismo le ha otorgado violando su estatuto al permitirle usarlo para financiar la fuga de capitales. Recientemente en su información de prensa n°226/19 el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto da cuenta que, en el marco de acuerdos tomados con el Grupo de Lima, se prohibió el ingreso al país de altos funcionarios y personas estrechamente vinculadas al “régimen venezolano”, “incluyendo la totalidad de los miembros de la Asamblea Nacional Constituyente del gobierno de Maduro,” El texto notifica que también “ se suspendió toda cooperación militar con el régimen de Nicolás Maduro” y notifica sobre alertas citadas en los párrafos precedentes como así también respecto a la suspensión del Acuerdo entre Argentina y Venezuela para la supresión de visados en pasaportes diplomáticos, oficiales y de servicio. La promoción de la injerencia económico-financiera en otras naciones soberanas y la participación en bloques internacionales, cuyo objetivo es el derrocamiento de gobiernos constitucionales, por parte de la alianza Cambiemos, se contrapone con históricas doctrinas argentinas y de otras naciones latinoamericanas que han sido pioneras de otra concepción de las relaciones entre naciones. La doctrina Estrada es un aporte de México al derecho internacional y se fundamenta en dos principios: la Autodeterminación de los pueblos, que significa el derecho que tienen los pueblos para “aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades” y, la “No Intervención” en los
asuntos internos de otros Estados. Ambos principios han sido recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Por su parte Yrigoyen durante su gobierno instaura la teoría del “estatus democrático”. Nunca existió reconocimiento durante el período del gobierno de 1916 a 1922 de estados que no cumplieran satisfactoriamente con las condiciones mínimas exigidas para una existencia política independiente. Pero no se trata solo sobre el reconocimiento de nuevos estados, pues se refiere también al reconocimiento de los nuevos gobiernos cuando en un país ocurre una modificación o transformación en el sistema de gobierno o un cambio de circunstancias en cuanto a las personas o a los ideales políticos. Previamente a esta teoría, surge, aportada por Argentina, la doctrina Calvo que expone en las conferencias interamericanas de 1889 en Washington y en 1901 en México, pero que fuera rechazada por EE. UU. La doctrina Calvo sostiene que “los Estados soberanos gozan del derecho de estar libres de cualquier forma de interferencia (ingérence d’aucune sorte) por parte de otros Estados” y que “los extranjeros tienen los mismos derechos que los nacionales y, en caso de pleitos o reclamaciones, tendrán la obligación de acabar todos los recursos legales ante los tribunales locales sin pedir la protección e intervención diplomática de su país de origen”. También la doctrina Drago que tuvo origen en la decisión de impugnar las acciones de Gran Bretaña, Alemania e Italia, que impusieron un bloqueo naval a Venezuela en 1902 por la negativa del presidente Cipriano Castro a pagar la deuda. Frente a este ataque, Estados Unidos dijo (¿cuándo no?) que como país, no apoyaría a un estado que se viese afectado por ataques de potencias europeas que no se originasen con intención de recuperar territorios americanos y colonizarlos. La doctrina Drago (por el ministro argentino del gobierno de Roca, Luis María Drago) surge, entonces, como un cuestionamiento frente al actuar de Estados Unidos y aboga por la mediación de los Tribunales de Arbitraje Internacional para dirimir asuntos vinculados con las deudas públicas. El 30 de abril de 2019 frente a la intentona golpista en Venezuela, promovida e instigada por los EE. UU., el canciller Faurie desconociendo la tradición doctrinaria argentina en el derecho internacional se pronunció apoyando la asonada y se despachó diciendo que “El espíritu de libertad que anima a los venezolanos en esta hora tiene el apoyo de los argentinos para que vuelva a imperar la democracia en la hermana Venezuela”. Los referentes de la ya desarmada oposición “racional” Alternativa Federal, Pichetto, Urtubey y otros, comparten estas claudicaciones y virajes. Acusan al presidente Maduro de dictador. Pichetto, cooptado por la alianza oficialista como candidato a la vicepresidencia de Macri, afirma que “los hechos acontecidos recientemente muestran la verdadera cara de la dictadura de Maduro. Su proceso es insostenible y merece el repudio de todos los partidos democráticos de la Argentina”. Para no ser menos Juan Manuel Urtubey afirmó “Celebro la fuerza y la valentía del pueblo venezolano de alzarse en nombre de la libertad contra la dictadura de Maduro”. Urtubey resolvió acompañar al “moderado” Lavagna que presume de recorrer el camino del medio. Las posiciones de todos ellos implican una renuncia a la tradición peronista en términos de política exterior. La abdicación al ideario yrigoyenista y alfonsinista del radicalismo que produjo la presidencia y la gestión gubernamental de Macri y Cambiemos no concluye en la subordinación económica y financiera y en el panamericanismo contra Venezuela. La
política respecto a las islas Malvinas es claudicante y reniega de la política del presidente Illia durante cuya gestión se lograra la resolución 2065 de la ONU que “invitaba a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte a proseguir las negociaciones recomendadas por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo en cuenta disposiciones y objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514 de la Asamblea General, así como los intereses de la población de islas Malvinas (Falkland Islands) y solicita a ambos Gobiernos que informen al Comité Especial y a la Asamblea General sobre el resultado de las negociaciones”. La determinación del giro panamericanista de Macri, excede cuestiones de adhesión a dogmas o doctrinas, es la condición de súbdito que le impone la sumersión de su gobierno en la globalización financiera, hecha con una extrema lógica neoliberal y recurriendo al organismo multilateral que juega el rol de policía de ese orden, el FMI. El giro panamericanista incluye el objetivo de debilitar al Mercosur con el impulso de un acuerdo de libre comercio asimétrico con la Unión Europea y la pretensión de eliminar la elección directa de los representantes en el Parlasur. En cambio la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sostenía en abril de 2010 en una Sesión Solemne de la Asamblea Nacional Bolivariana: “¿Por qué la segunda independencia?... Es necesario ante un mundo que se ha vuelto a derrumbar en valores como los de libre comercio, que en realidad el Estado debía desaparecer, que el mercado todo lo resolvía y todo lo decidía” e instó a “atrevernos, como se atrevieron aquellos hombres, a formular categorías de pensamiento que nos sean propias, códigos, ideas que sean elaboradas por nosotros mismos, en materia económica, en materia política, en materia de interpretar la historia, y fundamentalmente en algo que propiciaron aquellos hombres de 1810, y que fuera lograr la unidad latinoamericana con un objetivo fundante para la liberación de nuestros pueblos”, y calificó recientemente como “extraordinario momento de unidad y esperanza (...) la constitución de UNASUR”. Defender a Venezuela y al gobierno constitucional de Nicolás Maduro es también defender a la Patria Grande, y por lo tanto, a nuestra Patria: la República Argentina.
II. Argentinos y argentinas a recuperar la memoria Se hace resonar el nombre de Venezuela entre nosotros como si fuera un eco fatídico. De hecho es un fantasma que recorre la televisión oficial argentina en boca de quienes se especializaron en asociar ciertas palabras al abismo y al mal. Por momentos se nos dice que un gobierno como el de Macri, que tropieza a diario con sus propios desvaríos, nos ha salvado de ser “Venezuela”. Por otro lado, complementan estos dichos asociando a “Venezuela” a todas las formas de unión ciudadana que en la Argentina pueden agruparse en un proyecto común para derrotar electoralmente al macrismo. Venezuela es talismán y hechicería. Los Leuco y los Majul agotan este nombre venezolano, al que previamente han revestido cualidades de espanto, como si estuviera brotando de una ciénaga de horror. Venezuela es para ellos la encarnación del vicio, la desgracia y la
corrupción. Han logrado, en la medida en que los medios de comunicación obtienen sus resultados generando atmósferas irrespirables, que lo que basta citar como “Venezuela” provoque un sentimiento atemorizante alrededor. Como una aparición diabólica recorre los labios del presidente Macri, de la gobernadora de Buenos Aires, de Mirtha Legrand y del senador Pichetto. Entre muchos otros. En un ejercicio vulgar y obsesivo de equivalentes, se repite que Venezuela hubiera sido Argentina si una mano oportuna, revestida por la providencia y la caridad, no hubiera interrumpido la marcha hacia el despeñadero. ¿Pero no es esta la situación que ahora vivimos en la Argentina? Llaman “Venezuela” a las privaciones más extremas en las formas de reproducción de la vida en lo económico como en lo social y cultural. ¿No es lo que vemos en este momento en nuestro país? Y si extremamos la posibilidad comparativa, ¿no percibimos que la catástrofe anunciada para los venezolanos, cuyas dificultades en cuanto a la vida cotidiana no se desconocen, no solo no están a la vista, sino que hay un pueblo que se mantiene en medio de una cotidianeidad que exige sacrificios, pero también resistiendo a los causantes de esos males, que son los mismos que dicen venir a solucionarlos? Hay muchos motivos para que nos avergüence este tipo de parangones. Muchos piensan su destino electoral como si transitaran un pasadizo cuyos bordes están electrificados, y cuidan no tocar nada que les impida caminar en puntas de pie. Decir la palabra maldecida, Venezuela, piensan que los perjudicaría, cuando la responsabilidad política por excelencia consiste en hablar en forma razonable, analítica y sincera de esas mismas palabras que están en los horizontes principales de la época. Hay allí en marcha un golpe de Estado que de triunfar fortalece un oleaje mundial de las derechas norteamericanas, europeas y latinoamericanas. Las imágenes que llegan de Venezuela, son tratadas de un modo ambiguo y velado por los grandes medios, por lo cual parecería que estamos ante un caso inmanejable, provocado por los hijos de las tinieblas. Agréguese la palabra “chavista” y ya los operadores del golpe saben que la tienen en una gran medida preparada para provocar un sentimiento de pavor. Eximiéndose de las notas efectivas de opinión que exige la historia contemporánea, la verificación de los argumentos invocados y el conocimiento de cómo se mueven las grandes fuerzas mundiales de las finanzas y del capitalismo comunicacional que “pesca almas” en el mercado del miedo, creen que la palabra infernal nos abruma y desarticula. “Nos convertiremos en Venezuela”. ¡Cuánto error y prejuicio encierra este falso cotejo! La comparación no corresponde, porque los caminos abordados por Argentina y Venezuela fueron diferentes. ¿Pero cuál es la diferencia, cómo opera como tal, con qué calidad de diferenciación, con qué distancia y qué tipo de singularidades, con qué grado de irreductibilidad de unas respecto a otras? Una primera comprobación irrevocable: los procesos políticos de Argentina y Venezuela son diferentes, diferentes son los planos en que se juega el discurso político y los agentes institucionales que están en el terreno de la expresión política, en primer lugar, el papel de las Fuerzas Armadas, que en Venezuela son un decisor político fundamental y objeto específico de las operaciones de la coalición golpista enjaezada por los Estados Unidos. Las condiciones de la existencia colectiva, en la medida que están deprimidas y originan un éxodo poblacional, tienen su origen en los mismos planes golpistas que dicen venir a remediarlas. Son
ellos los que expropian los recursos financieros de la empresa petrolífera venezolana radicados en los bancos estadounidenses, son ellos los que bloquean los abastecimientos esenciales, mientras dicen que vienen a proveerlos, son ellos –los que se declaman constitucionalistas y republicanos– los que viene a cegar las fuentes jurídicas en las que se sostiene el gobierno legal de Venezuela. Es cierto que hay una oposición efectiva con representación parlamentaria, pero son ellos mismos, al declarar usurpador a Maduro, los que obturan el fundamento mismo de su legitimidad opositora. Al enredarse en un argumento que, pretendiendo basarse en un artículo constitucional, decidieron hacerlo cumplir con un proyecto golpista que ya tiene varias fases en su haber. Este golpismo latente otrora y hoy manifiesto, se extiende en los planos internos de la sociedad venezolana ya desde los tiempos de Chávez. Este fue una infrecuente y vivaz personalidad: los pueblos caribeños pudieron tener con él una disposición empática que en los pueblos rioplatenses no estaría ganada de antemano. Envuelto en banderas, tocado con boina de paracaidista, modulando con énfasis una épica social que nos es familiar, pero a la que le agregó asombrosas artesanías de su propio cuño, Chávez se había empeñado en invocar la metáfora de la batalla contra la muerte. Su propia muerte fue tratada en plaza pública. Con los mismos énfasis discursivos que pertenecen a su amplio repertorio expresivo. El cuerpo de Chávez era un cuerpo hablante. Hizo emanar de él una gran leyenda histórica y legó una epopeya contra la muerte, en una correspondencia de conceptos que es del todo conocida. Muchos pueblos la han protagonizado, asociando cristianismo popular, cientificismo médico, laicismo de masas y grandiosas metáforas sobre la fugacidad y eternidad de las cosas. No fue un líder político ocasional. Se exige entonces a quienes desean resolver de un plumazo o una rabieta contra el populismo un tema tan crucial, que se sitúan en este momento de una historia compleja, que estén mejor munidos de razonamientos y valoraciones políticas. Nuestros constitucionalistas liberales, de no hacerlo, se tornarían de inmediato en golpistas; nuestros demócratas que buscan democracias directas y no solo electorales, también perderían de vista la composición social de un movimiento cuyas raíces éticas traen memorias antiguas de la formación nacional, que entre nosotros no solo se pretende ignorar, sino que se trabaja desde el propio Estado para eso. Que la historia venezolana se desarrolle en un territorio al que la naturaleza dotó de la materia petrolífera casi como ningún otro en el plantea, solo quiere decir que, en todo gran conflicto, como este lo es, están en juego las diversos composiciones económicas y políticas con que se entrelazan naturaleza e historia, recursos naturales y democracias populares y participativas. Chávez supo hacer un espectáculo de fuerte potencia comunicacional de su propia oratoria, basada en dos extraordinarios recursos intelectuales. Las destrezas memorísticos y el impulso mesiánico democrático sostenido con gracia especial, teniendo en cuenta las incontables acechanzas que se alzaron siempre contra esta exuberante estilística, que Maduro ahora retoma sin temer designarse como hijo constitucional del fallecido líder, de un modo en que nuestros liberales pseudo-constitucionalistas perciben como un despropósito jurídico, cuando en sustancia se trata de explorar las potencialidades de la democracia, sacándola de cautiverio de las corporaciones mediáticas... El versátil collage de Chávez incluía un repertorio de citas de Gramsci, de Oscar Varsavsky –el científico argentino que vivió sus últimos años en Venezuela–, de Lenin, del
cantante Alí Primera y un ramillete escogido de boleros. Todo tiene su punto de enlace fundamental en las menciones de Bolívar. Este gran personaje histórico es recreado por Chávez con las mismas cualidades con las que tocaba todos sus temas: recuerdos de textos bolivarianos, de episodios de su vida, y un poco más allá, la reciente exhumación de los restos de Bolívar. Frente al osario, Chávez dejó una gema sin igual de sus consideraciones sobre el simbolismo que acontece cuando muerte y vida se entrelazan. “Les digo: tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada. Dios mío. Cristo mío”. No es necesario concordar; solo basta con comprender. En los huesos Chávez ve llamaradas. Esta parábola resurrecta del Libertador es de fuerte cuño cristiano, aunque no se hubiese escuchado la mención final a Cristo. Chávez propuso la información sobre su propia dolencia recurriendo a este mismo arco entre el cuerpo afectado por su consunción y los resplandores que emanan de las simbólicas osamentas. El mismo tratamiento que en su discurso a la nación venezolana tuvo su enfermedad, enlazándola metafóricamente a una batalla que replica la que se lleva a cabo en la específica dimensión social. Es lógico que las metáforas médicas, tan elocuentes, se transpongan a la política. Y viceversa. Pero Chávez lo hizo con un dramatismo singular: exponiendo su propio cuerpo como tema y generando una épica personal que se fusiona sin mengua con los asuntos públicos. Las grandes tradiciones socialistas europeas –siempre severas en sus textos, en sus atavíos, en los estilos personales de sus jefes–, se transformaban en los países entonces llamados tercermundistas en estridentes mezclas con las lenguas populares y todos sus cultivos antropológicos. Chávez nos desafió colocando como filigrana superior al “socialismo del siglo XXI” y presentándolo como un imán que atrae una constelación de objetos encantados que pertenecen al idioma de un militar sensible, lector de textos eruditos y populares a los que entremezcla en una salsa barroca de glorificación histórica, retórica de batalla, pintorescas imprecaciones y plegarias revolucionarias. Las obvias características que suprimen una diferencia que está a la vista entre ambos procesos –el argentino y el venezolano–, impiden el torpe comparativismo que barre momentos históricos, procedimientos y acciones disímiles. Es el típico ahorro de argumentos, el montaje de prejuicios y la sustitución del pensamiento histórico por una ofuscación circunstancial ya sistematizada. Pero la ofuscación no sobreviene por razones que podríamos llamar objetivas, sino por los cálculos de conveniencia de una franja de la conciencia, no siempre bien determinada, donde radican callados y a la espera de uso, toda suerte de cálculos nefastos. Lo nefasto es el alma luctuosa de la historia que se reviste de verdad forzada. El presente complejo de Venezuela quiere ser comparado a un improbable pasado inmediato de la Argentina. En una suma de neblinas del pensamiento, la propaganda oficial desliza que “gracias a Macri nos salvamos de ser Venezuela”. La torpeza de este fraseo no indica que sea fácil resolverlo como acertijo envilecido. Abochorna este pensamiento, pues quienes lo sostienen como si fueran levantadores de pesas, sí son parte de una enorme construcción de desestabilización en Venezuela. El macrismo es una parte interna e importante de la política venezolana, forma parte de uno de sus partidos, de repente lo vemos enmascarado en las calles principales de Venezuela fabricando artefactos que ya sabemos cuáles son, tomando puentes y autopistas con ametralladoras de grueso calibre, mientras aquí por mucho menos abre su diccionario para identificar “terroristas” en simples manifestantes.
Venezuela aparece en la publicidad de la corporación golpista mundial como una triste alegoría, un gobierno que desabastece, reprime y deja al descubierto el esqueleto ruinoso que deseó llamarse revolución, y que osó arrimarse a un socialismo renovado con singularidades propias, flameando desde antiguas emancipaciones. Ahora, en gabinetes secretos de especialistas en crear sintomatologías golpistas, es una pieza a retornar al nuevo orden mundial, a la nueva configuración que adquieren los poderes de los condottieris de las finanzas. Hay que destruir a una pieza que encuentran como un sobrante de todo lo que se animó a desafiar a los más poderosos. Confiscar todo rasgo de los que en Venezuela es su singularidad emancipatoria: empresa petrolífera y sus reservas gigantescas de energía, su ejército que desfilaba cantando tonadas de liberación, su reconstrucción del osario bolivarista, rostro mítico de un hilo histórico que carga a los dos Simones, Bolívar uno, Rodríguez el otro, el juramento y la pedagogía, como dos inspiradores de planes educativos y culturas libertarias. El socialismo invocado aspira a combinaciones constitucionales entre el elector ciudadano burgués tradicional y los cuerpos laborales con nuevas representaciones colectivas. El experimento es nuevo en nuestros países, resume siglos de discusiones sobre la representación social y hay que mirarlo sin prevenciones. Pone bajo querella el Estado burgués, compartiendo muchas de sus partes. Los intentos de diversificar comunitariamente la destilación petrolífera –aunque encontró numerosos tropiezos–, también cuenta con pocos antecedentes, y el mismo gobierno percibió la extrema osadía que significaba; la realidad social y tecnológica ofrecía obstáculos irresolubles. En sus comienzos el gobierno de Venezuela buscó apoyos y encabezó iniciativas muy conocidas, que llevaron banderas de intrepidez y originalidad. La invocación de un modo revolucionario era diaria en la voz de un comandante militar que mostraba diversas sensibilidades para dirigirse a las multitudes, para encarar con gracejos propios cuestiones de gravedad institucional e intervenciones, para acentuar en estilo caribeño consignas extraídas de las fuentes más diversas e inesperadas. La oposición que iba generándose comenzaba por el lento reagrupamiento de lo que se sabe decir fácil y explicar con dificultad. Los conglomerados demasiado famosos, pero diluidos y sin contornos precisos, de esa muchedumbre cuyo rostro sale de las clases medias, que comienzan con sus recelos estéticos contra cierta estridencia de Chávez, a la que escuchan como gutural, cuando es el grosero oído de una mesocracia palidecida el que no sabía percibir la misiva humanista debajo del estilo militar. Hubo un malestar primero por la épica y las sentencias heroicas, tamizadas por una resonancia dicharachera, y luego por la incómoda convivencia de anuncios socializantes que mostraban logros importantes, pero se situaban en la cornisa del sistema económico imperante sin instrumentos concluyentes para superarlo. Con los años, con Chávez ya ausente, alguien calificó el conjunto de esa experiencia de nacional-stalinismo. La generosa mano del pensamiento liberal siempre encuentra los arrepentimientos necesarios para hacer creíble una acusación. En materia de rótulos que ya coleccionaron todos los vituperios necesarios en el transcurso del siglo XX, hay que ser cuidadosos, si es que apenas fuera un caso de ingenuidad al esgrimirse estas absurdas calificaciones. El llamado libertario hecho por ese versátil militar, que con su curioso exhibicionismo protegía una búsqueda intelectual genuina, siempre causó recelos incluso a quienes miraron bajo un velo comprensible la situación, pero que se
justificaba siempre y cuando se fuera capaz de abandonar estereotipos y darles una chance a las fluctuaciones de la historia. Por otro lado, iban apareciendo las dificultades económicas, explicables por múltiples razones. Desde el precio del petróleo –gigante con pies de barro– pero que mostraba a Venezuela, poderoso país de la OPEP, con una riqueza exportadora nunca interrumpida, hasta hoy, en que Estados Unidos abandona cualquier otro pensamiento que no sea un obtuso mandoneo imperial, que como sabemos suena con melodía urgente en un macrismo servil. En un país débil en su retaguardia industrial, alimentaria, de abastecimientos cotidianos, el petróleo es la base de intercambios desde la cual realizar otros despegues productivos. Si a todo ello se lo llamaba revolución, la forma de resolverlo debía ser eficaz y original, con nuevos encuadres geopolíticos, que en su momento tuvieron nombres que hoy suenan nostálgicos, UNASUR, CELAC, en gran parte ideados por Chávez, y bajo la anuencia entusiasta, por decir lo mínimo, de Lula y Kirchner, lo que de ninguna manera autoriza a decir lo que estos tres presidentes nunca dijeron: que sus acuerdos significaban uniformidad de perspectivas en cuanto a lo que cada país cargaba en sus particularidades económicas, estilos políticos y ritmos de transformaciones, sino una evocación latinoamericanista de un formidable poder simbólico, presente y futuro. En su contorno movedizo, el tema petrolífero, el intercambio de materias primas y productos elaborados con Argentina, crearon relaciones necesarias, además de los acuerdos sobre la cuestión colombiana y algo más, el toque nostálgico por el cual era posible ver allá un ejército que asumía un contraste profundo con lo ocurrido con las fuerzas militares argentinas en el más inmediato pasado. Se muestra hoy esta misma cuestión cuando la estrategia general de la oposición golpista es la de quebrar el Ejército, que debe sacar declaraciones de unidad ante intentonas de pequeño porte que tienen como objetivo punzar a las franjas menos convencidas de las fuerzas militares, mayoritariamente inclinadas a apoyar la Constituyente. Lo de Venezuela porta el nombre de revolución bolivariana y el kirchnerismo eligió con más modestia Proyecto nacional y popular. Las relaciones entre ambos, ostensiblemente, fueron diplomáticas y extra-diplomáticas. Chávez y Kirchner estaban empeñados en la paz en Colombia, pues con razón –como luego se vería– la estabilidad de Venezuela dependía en una medida importante de ella. La muerte de Chávez, que él sospechó anticipadamente, fue recibida por la oposición golpista como un toque a la desestabilización de la fuerza bolivariana. Mucho se ha dicho y se dice sobre su sucesor, Nicolás Maduro. No era ni podía ser Chávez, con el que mantenía, era evidente, una relación filial. La fuerza carismática del muerto y el modo en que agitó las aguas de la historia, alcanzaron para que no se dividiera en diversas facciones el movimiento que originara bajo su nombre. Pero la oposición, con lazos de todo tipo con fuerzas paramilitares propias y ajenas, aprovechó las fisuras que brindaban las diferencias entre el sabor épico del discurso chavista y la fragilidad del vivir cotidiano. Lo que parecían tímidas rajaduras iniciales, concluyeron en procesos de desabastecimiento y pérdida de la potencia electoral, perdiéndose la mayoría en la Asamblea Legislativa. ¿Cómo juzgar estos hechos? Es una pregunta que pudiéramos haber hecho a cualquier altura de este escrito. Venezuela vive un proceso revoluciona
rio sui generis, esto es, que pertenece sólo a sí mismo, no obstante ser posible vincularlo a otras lejanas memorias. De la comuna de París, 1871, tiene en rasgo comunal como agrupamiento fabril federativo y la escisión del ejército, con el agregado de una milicia civil. Difiere en el ámbito en que la Comuna se dio: una guerra entre naciones, que preanunciaba décadas después la 1ª Guerra Mundial. Difiere, obviamente, de la Revolución Rusa por sus dimensiones políticas, humanas, el signo universal que esta tuvo, el mundo ideológico que la presidió, la movilización de millones de hombres extraídos de una guerra y puestos en los términos de una guerra civil (como lo compuso la profecía de Lenin en Zimmerwald, 1915). Ese rasgo militar que tiene el bolivarianismo socialista –esta conjunción nunca enteramente soldada de nombres–, también la aleja del mundo político que inició la experiencia republicana española de 1936, y llevando la mirada hacia nuestro continente, tiene del peronismo el aroma y la ebullición política originada en el ejército, pero algo le agrega y algo le falta para hacer efectiva una comparación impecable, lo que nunca es posible. La fracción militar chavista fue acusada desde hace no poco de narcotraficante y demás, cumpliéndose el breviario golpista de todas las latitudes, sobre la base de “realidades” indemostrables se superpone un fabulario televisivo. Lo cierto es que en lo que nos corresponde decir innovó en sus tradiciones bolivarianas que estaba quietas desde hacía tiempo –hubo el “otro” Bolívar que había “inventado” el presidente Gómez en 1930– y no poseían el juego de contradicciones entre nacionalistas y liberales de las fuerzas armadas argentinas. En otro sentido, el componente sindical en Venezuela era débil o se ausentó del encuadre chavista. No obstante, los hechos del 2002 ocurridos en el buque petrolero Pilín León, frente a las costas de Maracaibo, marcaron un rumbo en la relación de Chávez con las federaciones obreras del petróleo. El chavismo tampoco se parece al primigenio sandinismo, salvo por el tenor del liderazgo de Sandino y cierto compromiso místico del “General de los hombres libres”, pero que circundaba un liberalismo social antimperialista con pizcas de masonería. Chávez no lo era, pero cargaba con un ecléctico “santoral” que tenía el cuño de la épica bolivariana y el inusual libertarismo de Simón Rodríguez. ¿Cómo juzgarlo? Se escucha, como un primer decir, que Maduro no está a la altura de las responsabilidades que Chávez había originado, que sus decisiones son toscas, que no está anoticiado de la primerísima exigencia de respetar los derechos humanos. Que el Ejército, como se ha repetido hasta el hartazgo, es visto como un ámbito de privilegios que surgen de las disparidades cambiarias, asociadas a otras franquicias, incluido el narcotráfico, cuestión a la que se alude con liviandad y falta de pruebas, aprovechando la verosimilitud instalada a escala internacional sobre este tema. Que es realidad a lamentar (su instalación) al mismo tiempo que artilugio golpista, puesto en práctica por personajes titiritescos de las ultraderechas mundiales, como Leopoldo López y Guaidó. Todo esto es la cartilla dominante que surge desde una conjura golpista, que no por serlo puede tomar algunos perfiles de revuelta popular. Se dirige contra una gran experiencia que exhibe, asimismo, un vértice de lo popular en su mayor elocuencia. No obstante, todo lo que se pueda decir de este gran torbellino reformista utópico, con sus zonas muchas veces cenicientas, es que se expresó sobre una ciénaga de condiciona
mientos que provienen de agencias exteriores especializadas en golpismos con recursos comunicacionales cada vez más refinados respecto del golpe a Salvador Allende en 1973. En él participan sectores amplios de la Justicia, Medios de Comunicación, Servicios de Inteligencia internacionales y empresariales, los factores exógenos del desabastecimiento y la inflación, ambos con carácter de flagelo sobre la vida popular. Lógicamente, en un esquema impuesto por una “episteme comunicacional” que abarca todo el planeta, el conjunto de la violencia desatada en Venezuela “es culpa de Maduro”, todas las muertes lo son, todos los actos antidemocráticos lo son, todos los esfuerzos por restablecer precarios niveles de acuerdo son vistos como maniobras oscuras y siniestras, toda la sangre que se derrama tiene origen en los motoqueros de la noche chavista. Pero la noche la crean ellos, los golpistas, que han llegado a sabotear todo el sistema eléctrico desde centrales de ataque informático, y de paso acusar de ese tremendo acoso a la población civil a una supuesta “burocracia corrupta” del Estado Venezolano. Cuando todo esto pase, habrá que recolocar el concepto de corrupción en el lugar jurídico que le corresponde en las armazones legítimas de la democracia y la justicia, y no en el gabinete secreto de las operaciones mediáticas contra los gobiernos populares. El esquema de interpretación, ya preparado, es más que eso, es un acto emanado del control contemporáneo de las vidas colectivas, en la que participan neo corporaciones que atraviesan empresas nacionales, reuniones mundiales, comunicados explícitos y maniobras en oficinas de todas las maquinarias coaligadas en favor de un horizonte humano disciplinatorio de cuño coercitivo, por un lado, y que promete una felicidad tallada en promesas de una medalla cuyo reverso es el miedo. Todo culpa de Maduro, no hay brigadas que operan desde Colombia, no hay grupos de choque en las barricadas con poder de fuego, que Canal 13 muestra como héroes republicanos mientras fabrican bombas molotov, no con las máscaras que tan sabiamente critican de los piqueteros argentinos, sino con una tecnología más elevada, máscaras antigases y otros implementos como las célebres bombas molotov, fabricadas en serie al aire libre, con la complacencia de las jóvenes periodistas de los canales de televisión, que así reviven episodios de la guerra civil española o de la resistencia finlandesa, fácil prueba del desmoronamiento del régimen abominable. ONGS y Fundaciones estadounidenses estarían apoyando con financiamiento a estos grupos y procederes. Han llegado a ocupar militarmente un puente cercano a un cuartel. Es un paso más. Pero no son tan simple las cosas. Hay alentada una guerra civil latente, que convive con acciones de urgencia: resolver el diferendo por elecciones constituyentes, en un ambiente de paz, como propuso en sus últimos discursos el presidente Maduro. Contra el golpismo, paz, justicia genuina y, en su momento, elecciones libres. Pero los profesionales irredentos de los focus groups artillados del golpismo no cesan. Simultáneamente se busca dividir al Ejército, y con eso, el apócrifo bloque de países latinoamericanos que son vanguardia de la destrucción de la experiencia venezolana –Argentina, sobre todo–, la mayoría de la Unión Europea, contrapesada por la valorable actitud de Rusia, China y el Papado, y bajo la conducción del gran garrote yanqui, dar por cerrado el capítulo del “Socialismo del siglo XXI”. Esgrimir frente a este espectáculo sombrío la impericia de Maduro o la “debacle” económica del país –en verdad, laboriosamente preparada por gabinetes especializados en operaciones que ya no exigen bombardeos
al Palacio de la Moneda–, y reclamar por la ausencia de democracia –punto este que resulta desmentido por la vocación electoral puesta de manifiesto por el gobierno en todos los tramos de esta crisis y los originales ámbitos comunales de participación y autogestión popular, resulta un pobre argumento de un liberalismo que regala su último girón de dignidad con críticas que en otro momento podrían ser válidas –como las objeciones al extractivismo o a los acuerdos de PDVSA con petroleras extranjeras–, y los ofrenda en los despachos de los profesionales norteamericanos de la Casa Blanca, expertos de la asfixia existencial de los pueblos. Siempre los deseos del humanista son válidos y siempre –por efecto de esa misma validez– contienen en su seno las prácticas de un mundo en lucha. Poder constituir la situación de Venezuela ante nosotros y nosotras como un ámbito necesitado de la urgencia de un humanismo político. Detener el trágico devenir de las muertes callejeras, proponer un horizonte firme de derechos humanos que tenga en claro que cada cuerpo caído obedece a cálculos golpistas, sean las que fueren las opiniones y acciones del caído, y provenientes de donde fuere la autoría de una muerte. Reconocer que hay nuevos problemas que aceptar, antes que promover viejos golpismos de nueva matriz (comando de desestabilización bajo escenografías de libertad, diseñados en y dirigidos por Washington). El nuevo problema es la convivencia de la Asamblea con mayoría opositora, y la Asamblea Constituyente, elegida por otro sistema que combina la figura del ciudadano y ciudadana con la de los grupos comunitarios, a la manera de un federalismo proudhoniano. Todo presidido por Nicolás Maduro, legítimamente elegido en elecciones libres, con control internacional y participación de opositores. El golpismo dirigido por la “democracia de la CIA” y otros organismos mundiales coaligados, no tiene interés en estos debates, sino urgencia para deshacerse del bolivarianismo. La aún superviviente tradición independentista y libertaria de nuestro continente, por debilitada que ahora esté, por más crítica que sea con los traspiés de Maduro –de los cuales se levanta con valentía–, no debe dudar el expresarse a favor de la continuidad de gobierno que ensaya una de las experiencias más radicales de transformación social de estos aciagos tiempos. El retiro por parte de Macri de la Orden del Libertador a Maduro es un hecho afrentoso a la historia común de los dos países, hecho que se rige por un oportunismo inmoderado, un “Excel” infamante, pasando por encima de cuestiones de historicidad evidente. Al macrismo, una de las puntas de misil que se dirige contra Venezuela, se sabe que poco le interesan los nombres de la historia. Cierta preeminencia macrista en el horizonte político argentino es coincidente con haber despilfarrado el sujeto de la política para pegarlo como piel inerte a los movimientos de las finanzas, el capital y la represión pensada desde laboratorios behavioristas. La cuestión venezolana, cualquiera sea su desenlace –el manual golpista dicta acciones in crescendo– es una cuestión que exige el máximo de cuidados políticos para ser interpretada. En las calles de las principales ciudades venezolanas hay una guerrilla urbana que ataca con “garantías”, fundada en históricas resistencias urbanas, en este caso, en manos de la derecha, como fueron los comienzos del franquismo. Esto introduce un tema crucial en la vida política: los métodos y las palabras intercambiables, las situaciones
cruzadas reversibles. ¿Qué es entonces lo que produce la diferencia? Hay un gran discurso de Melenchon –cosas así faltan entre nosotros– que interpela a los políticos franceses que cuestionan la violencia del islamismo radical y festejan la que se practica por parte del golpismo en Venezuela. Pues bien, no es tema fácil. Se dirá que las dos violencias “no son iguales”. ¿Qué las diferencia? Lo que sea, habrá que buscarlo en los implícitos o visibles rangos ideológicos, o si se quiere, histórico-conceptuales de cada horizonte de acontecimientos. No hay un manual de ética con tales exactitudes que nos lleven a estacionarnos en una u otra parada. Lo que vemos en Venezuela es entonces el acoso a un gobierno de corte emancipador. La crítica a estilos o modismos diversos no sirve para anularlo en sus expresiones transformistas y populares, ni el apoyo que emana hacia esta línea de gobierno, nos exime de observar preocupadamente todo el cuadro que está a la vista. Es preciso salir de esta encrucijada golpista que mueve sus hilos desde varios cenáculos conspirativos mundiales muy conocidos y lamentablemente tiene al macrismo como cabeza hueca de misil. Lo que hoy ocurre en Venezuela son hechos de índole catastrófica cuya condena obliga a la memoria política de millones de personas en todo el mundo. Esa obligación va en consonancia con un indicio que se hace evidente y es necesario mantener: la necesaria autocontención de las fuerzas gubernamentales y el respeto por las existencias concretas que se manifiestan, sean opositores o no. Estamos ante un cruce de la historia, esa misma que, aunque esconde sus lágrimas, nunca es imparcial, y reclama ahora condenar con una voz latinoamericana y mundial vehemente, el aciago golpismo contra el gobierno venezolano.
Un llamado a los y las compatriotas La Argentina ha transitado dos siglos largos ya de vida independiente, atravesada por tensiones y conflictos a veces sangrientos. En este tránsito se han ido configurando definiciones que conforman bases de acuerdos fundamentales. Difícil y con riesgo de dejar insatisfechos decirlos con palabras. Por eso, preferimos hacerlo en nombre de lo que tienen en común personalidades como Yrigoyen, Perón, Evita, Alfredo Palacios, Illia, Cámpora, Alfonsín, Néstor y Cristina Kirchner, Ongaro, Tosco, Atilio López, los 30.000 compañeros desaparecidos, Azucena Villaflor con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Ortega Peña, Silvio Frondizi, Rodolfo Walsh y tantos otros y otras. En nombre de esa comunidad intelectual y afectiva de hecho que esos nombres evocan, llamamos a nuestros compatriotas a pronunciarnos en defensa del pueblo y del legítimo gobierno bolivariano de Venezuela, que está siendo injustamente agredido de todas las formas posibles por el imperio y sus secuaces, como en el pasado lo fue la Nicaragua de Sandino, la Argentina de Perón, la Guatemala de Arbenz, la República Dominicana de Bosch, el Brasil de Goulart, el Chile de Allende, el Perú de Velazco Alvarado o la Bolivia de Torres. Y lo fue y lo sigue siendo la heroica Cuba. Ninguna especulación electoral, mediática o del tipo que sea debiera eximirnos de manifestar con claridad el repudio a la agresión sistemática, la desestabilización, el terrorismo imperial, la conspiración a través de la prensa, el bloqueo, el sabotaje y el hambre contra el pueblo de Venezuela.
Proceder contra este mandato histórico nos condenará, o condenará a quien se quiebre ante consideraciones subalternas que “lo preserven”, -que no pueden oponerse sin vergüenza a este nuevo drama americano- al justo repudio de las generaciones que nos sobrevivan.
¡¡¡PAREMOS LA OFENSIVA IMPERIALISTA SOBRE VENEZUELA!!!
¡¡¡DEFENDER LA AUTODETERMINACIÓN HISTÓRICA DE VENEZUELA ES DEFENDER NUESTRO FUTURO!!!
Argentina, Junio de 2019.

Archivado en: GENERAL No hay comentarios