Archive for noviembre, 2008

EL DÓLAR, LA DEUDA EXTERNA Y LOS QUE PREGONAN EL “DEFAULT” DE LA ARGENTINA

Lunes, noviembre 10th, 2008

Por Horacio Rovelli

Economista de la FETyP

Publicado en BAE el 10/11/008

 

Recurrentemente los economistas de la city hablan y escriben sobre la posibilidad de que la Argentina no pueda hacer frente a los compromisos externos en un futuro próximo.

 

Es más, uno de ellos, por ejemplo, sostiene en su página web[1], que la Argentina tiene superávit fiscal en pesos, pero que, pese a que reconoce que este año el superávit comercial va a superar los U$14.000 Millones (cifra record y un 25% mayor que el año pasado), el año que viene (siempre para ellos es el año que viene) no va haber superávit comercial.

 

Pero aún, tomando ese planteo que no tiene ningún asidero real,  ese señor se olvida, o no sabe, o hace que no sabe, que la Administración Nacional percibe los dólares por las retenciones o derechos de exportación, por ende mientras que los productos primarios, que son los que abonan el mayor porcentaje de las retenciones, se exporten por unos U$s 20.000 Millones, el gobierno tiene asegurado la “masa crítica” en dólares que necesita[2].

 

En efecto, la estructura de la deuda externa de la Administración Nacional al 30 de junio de 2008 es de:

 

ESTRUCTURA DE LA DEUDA EXTERNA DE LA ADMINISTRACION NACIONAL al 30 de junio de 2008

 

1) En pesos argentinos                               U$s   69.006,0 Millones (47,96%)

Deuda no ajustable por CER: U$s 10.598 Millones (  7,07%)

Deuda ajustable por CER:        U$s 61.273 Millones (40,89%)

2) En dólares estadounidenses     U$s  59.198,2 Millones  (39,51%)

3) En euro                                           U$s  15.860,7 Millones  (10,52%)

4) En Yen                                           U$s    2.201,6 Millones  (  1,47%)

5) En Franco Suizo                           U$s       565,7 Millones  (  0,38%)

6) En Libras esterlinas                    U$s         28,3 Millones  (  0,02%)

7) Otras monedas                             U$s       121,5 Millones  (  0,08%)

TOTAL DEUDA ADM.NACIONAL   U$s 149.847,4  Millones 

Nota: Se convierte toda la deuda en moneda estadounidense a fin de sumar estadísticamente y totalizar la misma.

Otras monedas se refiere a deuda externa en Corona Danesa, Corona Sueca, Dólar Canadiense, Dinar, Kuwaití, Dólar australiano y opción de conversión a moneda de origen (OCMO).

Fuente: FETyP en base a información del Ministerio de Economía y Producción de la Nación

 

 

Y la estructura de vencimientos totales para el período 2008-2010 es de:

 

PROGRAMA FINANCIERO DEL TESORO NACIONAL 2008

 

 millones de dólares corrientes

 

 

 

2008

2009

2010

USOS

16.100

21.000

20.500

Amortizaciones

8.500

11.300

10.200

Recompras de títulos

1.500

2.000

2.600

Intereses de la deuda

6.100

7.700

7.700

FUENTES

10.000

11.100

12.100

Superávit Primario

7.300

10.500

10.500

Otros Ingresos (1)

1.500

600

1.600

Desembolsos Organismos Internacionales

600

 

 

Recupero neto de Pcias.

600

 

 

SALDO A FINANCIAR

6.100

9.900

8.400

(1) Incluye adelantos transitorios del BCRA

 

 

FUENTE: Secretaría de Finanzas de la Nación

 

 

 

Pero los vencimientos exclusivamente en divisas son de :

                                               2008                        2009              2010

Intereses                           2.345                   2.678         2.986

Capital:                              3.975                  4.280         4.150

Total:                                 6.320                   6.958         7.136

En millones de dólares corrientes

Fuente: Secretaría de Finanzas de la Nación

 

Por lo tanto, es una falacia que se cae por su propio peso sostener, como sostienen, que la Argentina no puede pagar su deuda, incluso aceptando los parámetros de que el superávit fiscal y el superávit comercial va a ser menor que el planteado en la ley de presupuesto 2009

 

Superávit Primario de los Presupuestos de la Administración Nacional

 

CONCEPTO

2008

Convert. U$s

2009

Convert. U$s

Ingreso Total

207.750

 

253.700

 

Gasto Total

198.982

 

 

 

Gasto Primario

184.389

 

220.100

 

Resultado Primario

23.361

 

33.600

 

Intereses de la Deuda

19.581

6.100,00

24.618

7.700,00

Resultado Financiero

3.780

1.200,00

8.982

2.800,00

Servicio de la Deuda Pública

23.361

7.300,00

33.600

10.500,00

Nota:  En millones de pesos ó dólares

 

 

 

 

Fuente:  Año 2008: Ley 26.337 y ampliación Decreto 1472/08

Año 2009: Ley de Presupuesto Nacional

 

 

 

 

 

En ese caso, el superávit fiscal, para el año entrante 2009, no va a ser menor de el equivalente a U$s 6.958 Millones, esto es un 50% menor que lo proyectado. Ni las posibles menores exportaciones, ni el incremento del tipo de cambio, justifican semejante merma en el ingreso del fisco

Entonces nos preguntamos,  porque pregonan lo que no va a ocurrir. La respuesta está en que hay un interés manifiesto de que la Argentina derrape, como lo hiciera en el pasado, tras el  golpe militar de 1976, con crisis periódicas cada siete años:1976; 1982 con Malvinas; 1989 con la hiperinflación y la renuncia de Alfonsín; 1995 con el “Efecto Tequila”; 2001 con el fin de la convertibilidad de nuestra moneda y la renuncia de De la Rua;  en que en todas esas crisis se desataron tras una persistente fuga de divisas que fue acompañada por la “disparada” del tipo de cambio y una “corrida” bancaria.

 

Lo que no terminan de entender estos interesados analistas de la economía Argentina, es que el modelo económico cambió, que con la dictadura militar se había impuesto un modelo de “valorización financiera” del capital, donde los intereses confiscatorios del patrimonio de las empresas era el instrumento de acumulación para beneficio exclusivo del sistema financiero

 

Con la salida de la “convertibilidad” fue necesario imponer otra forma de acumulación, a través de la producción,  que se basó en la capacidad instalada que no se utilizaba mayormente por la competencia desigual de los productos importados a precio vil por un dólar manifiestamente atrasado.

 

Entonces, con el modelo anterior, teníamos déficit comercial (las importaciones superaban las exportaciones), y a su vez, el país debía endeudarse para pagar los servicios de la deuda, lo que tornaba un camino sin salida.  Más debíamos, más se atrasaba el tipo de cambio para que el Estado y las empresas endeudadas  compren dólares baratos para pagar parcialmente los servicios de la deuda, más grande se hacía el desequilibrio en la Balanza de Pagos y así sucesivamente, con lo que los que se beneficiaba principalmente el capital financiero  (nacional e internacional) a costa de todos nosotros.

 

Los que propician el default, son los que confunden el deseo con la realidad, para volver ha ganar lo que no ganan trabajando dignamente.

 


[1] Mario Brodersohn en “Econométrica SA”.

[2] De más está recordar que la Argentina este año exportará mercancías por no menos de U$s 67.000 Millones

Evitar conductas fraudulentas da confianza

Lunes, noviembre 10th, 2008

Por Alejandro Vanoli

Publicado en el diario BAE, 10/11/2008

 

 

Esta semana el Banco Central y la CNV tomaron medidas para evitar el uso de los mercados financiero y de capital como fuente de elusión de normas prudenciales cambiarias.

 

Básicamente se generaban mecanismos de compra-venta de títulos con el objeto de sacar divisas del país, por fuera de las disposiciones legales.

 

Esto genera dos niveles de análisis en primer lugar las normas, gusten o no, están para ser cumplidas y es inaceptable que se toleren mecanismos de elusión, independientemente de legitimas opiniones divergentes que existan respecto a políticas cambiarias.

 

Por otro lado respecto a esta cuestión a mi juicio los controles de capital son mecanismos válidos de política económica que permiten atenuar la volatilidad financiera. Volatilidad acentuada por la crisis financiera internacional y que han permitido a países que  han adoptado controles prudenciales atenuar el impacto de los movimientos distorsivos de corto plazo en sus economías y mantener la solvencia.

 

Estas normas se juntan con otras medidas adoptadas por la AFIP para controlar que personas insolventes sean empleadas para evadir y remitir fuertes sumas al extranjero.

 

Las medidas adoptadas han tenido impacto en el mercado, se redujo el volumen de operaciones que no tenían finalidad bursátil. Operaciones con fines elusivos generan distorsiones en los volúmenes y precios de mercado, afectando también a quienes concurren genuinamente a hacer operaciones de inversión en los mismos. Evitar conductas fraudulentas ayuda y no perjudica a los mercados financieros y de capitales permitiendo dar confianza a los ahorristas e inversores.

 

La clave para poder garantizar el efectivo cumplimiento de las normas es una adecuada fiscalización de mercados y reguladores para garantizar la transparencia. El dictado conjunto de las normas y las inspecciones en el ámbito de sus incumbencias de AFIP, Banco Central y CNV son un paso fundamental para prevenir conductas no transparentes y marca un hito en la cooperación de distintas agencias del Estado para velar por el interés público.

 

Resulta fundamental además que haya un adecuado poder sancionatorio a nivel administrativo en mercados y reguladores y en sede judicial para evitar definitivamente estas conductas.  Garantizar el cumplimiento de la ley es fundamental para ser un país viable.

 

Esta semana además al controlarse estos filtros de salida al exterior se ganó en confianza y junto a otras medidas se tranquilizó la plaza cambiaria y financiera con mejoras en los mercados y estabilidad cambiaria.

 

Es cierto que los mecanismos de elusión son difíciles de controlar pero ello no invalida la necesidad de garantizar que se cumplan las normas y se vele por la estabilidad financiera, estando atento a prevenir nuevas formas de elusión, dificultad que no hace mella en que alguna efectividad tienen los controles como se vio esta semana, más aún si hay voluntad política, inteligencia en el control y cooperación entre reguladores. Además de que son controles en un contexto donde Argentina tiene suficientes reservas  que hacen que los controles no sean inviables, o sea hay  razones económicas que garantizan que Argentina esta mucho mejor preparada que en el pasado para sortear una crisis financiera internacional.

 

No hay que hacer triunfalismo, es una carrera larga y habrá que atravesar una crisis internacional muy seria que tiene efectos globales, pero defender el crecimiento con políticas activas, garantizar el equilibrio fiscal, proteger el equilibrio externo,  en temas comerciales y financieros y dar señales de que el Estado, como en este caso, operará activamente con decisión y poder de fuego es la mejor forma de minimizar el impacto de la recesión global  sosteniendo el crecimiento económico y la justicia social en el país.

El fin de las AFJP y los rumbos restituyentes en el laberinto argentino

Domingo, noviembre 9th, 2008

El presente artículo fue elaborado y consensuado por la Comisión de Economía y aprobado en la Asamblea de Carta Abierta del 8 de noviembre de 2008.

 

Documento de Trabajo – “El fin de las AFJP y los rumbos restituyentes en el laberinto argentino”. Comisión de Economía de Carta Abierta

8 de noviembre de 2008

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8 de noviembre de 2008

Comisión de Economía de Carta Abierta

El fin de las AFJP y los rumbos restituyentes en el laberinto argentino.

 

La excepcionalidad argentina se mantiene. Persiste. Se evidencia en sucesivas coyunturas caracterizadas por el doble gesto de ruptura de los pilares del orden neoliberal en defección y de persistencia de contradicciones, de agendas pendientes. La excepcionalidad argentina ha sido capaz de sobrevivir a los cobos no-positivos, a los pampeanos empresarios del apocalipsis, a la desencajada verborragia mesiánica de las neoderechas autóctonas. Y sobrevive sin abismos a la hecatombe financiera internacional, gestionando –no sin escollos- lo propio. Ha sobrevivido incluso a las condiciones de posibilidad de sí misma, en tanto pervive en su racionalidad invocando a sujetos sociales cuya expresión política no parece ubicarse aún a la altura de las dimensiones de la gesta. Lo político, de esta forma, recorre un período de excepcionalidad, de búsqueda claroscura entre los hechos y sus sujetos, de debate y dislocación de nociones de futuro que condicionan los actos del presente y le prodigan o retacean racionalidad.

Si el agrupamiento de la oposición política y las organizaciones empresarias de la pampa húmeda buscó transformar esta etapa de excepción en decepción, en imposición de un statu quo y recuperación de una hegemonía perdida, la oportuna decisión del gobierno nacional de enviar al congreso un proyecto de ley para poner fin al sistema de capitalización, eliminar las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones, y reuniversalizar el sistema de reparto, confirma ante todo la opción de continuar avanzando en la construcción de un sendero radicalmente distinto del neoliberal y recuperar la regulación e intervención públicas, emitiendo a la vez señales de diverso tipo, de enorme importancia en la construcción de imaginarios sociales y políticos diametralmente opuestos al libre mercado y el individualismo.

La medida supera ampliamente un –no menor- cambio en el ordenamiento del sistema de seguridad social. Tiende a redefinir las normas societales vinculadas al mundo del trabajo, y avanza en la desarticulación de uno de los pilares de la institucionalidad neoliberal, asestando un duro golpe al sector privilegiado por las políticas liberalizantes de la dictadura militar de 1976 y del modelo de convertibilidad de la década pasada: el sistema financiero. La eliminación del régimen de capitalización opera en el mismo sentido que la devaluación de 2002, la  instalación de restricciones al movimiento de capitales especulativos y las intervenciones del Banco Central en el mercado de cambios, al suprimir las condiciones macroeconómicas que hicieron posible el régimen de valorización financiera durante tres décadas.

La desarticulación del sistema universal de reparto, en 1994, y su reemplazo por la administración de los aportes de los trabajadores por las AFJP, significó la transformación del derecho económico y social básico a una jubilación digna garantizado por el estado a través de un sistema solidario, en un mecanismo de ahorro individual cuyo rendimiento quedó sujeto a las contingencias de los mercados desregulados y al dudoso expertise –en algunos casos delictivo- de los administradores privados, los cuales percibieron ingentes comisiones con independencia de los rendimientos derivados de las colocaciones de los fondos previsionales en los mercados. La apoteosis neoliberal del individuo, del Robinson Crusoe limitado a los estrechos horizontes de su isla, en detrimento de concepciones colectivas y solidarias, implicó desvirtuar el hecho social del trabajo, la producción y la distribución de la riqueza.

Este régimen conllevó la desfinanciación del sistema de seguridad social público, incrementando las necesidades de apalancamiento en un contexto macroeconómico y monetario vinculado al endeudamiento crónico y la fuga de capitales. Paradojalmente, la brecha fiscal y previsional fue cubierta en gran medida con los fondos en poder de las administradoras.

La eclosión del sistema de convertibilidad y la insoslayable renegociación de la deuda pública provocó la disminución de los activos aportados por los trabajadores. La actual crisis financiera provocó una nueva caída en el valor de dichas inversiones. Librado a la suerte del mercado, el sistema ha demostrado en la actualidad su imposibilidad de otorgar a los trabajadores incluidos en él una jubilación mínima digna y sustentable en el tiempo.

Al establecer un nivel jubilatorio mínimo, el estado ha debido socorrer al sistema, aportando este año cerca de 4000 millones de pesos, cifra que se incrementaría sucesivamente en los años venideros.

Uno de los principales argumentos para la creación de este sistema fue la necesidad de incrementar la “profundidad” de los mercados de capitales nacional y regional, lo cual redundaría en un aumento de las inversiones productivas y el desarrollo económico. Sin embargo, este objetivo también se vio frustrado.

Una mirada atenta a la experiencia resultante permite advertir que no se ha cumplido ninguno de los argumentos esgrimidos en la época de su creación. Los trabajadores que perciban su jubilación a través de este sistema requerirán asistencia pública para alcanzar el mínimo legal, no se logró el financiamiento de actividades productivas o de cambio estructural y se profundizó la desfinanciación del sector público.

Esta experiencia arroja importantes conclusiones que abonan la pertinencia de la actual estrategia gubernamental y justifican su respaldo. En primer lugar, los sistemas de seguridad social forman parte innegable de un conjunto diverso de derechos humanos básicos, vinculados al carácter social del mundo del trabajo. En tal sentido, resulta inconcebible su administración o gestión por parte de empresas privadas. En segundo lugar, los fondos de la seguridad social no pueden permanecer expuestos a la lógica de los mercados financieros. Por el contrario deben ser administrados a través de mecanismos que aseguren su sustentabilidad y su función social y solidaria.

El evidente fracaso del sistema de capitalización ha despojado a sus defensores y  gerenciadores de la prepotencia de los primeros años. Apenas alcanzan a balbucear el agónico argumento de la “libertad de elegir”. Este axioma del liberalismo no es capaz de sostenerse sin la constitución de un mito y una racionalidad que, aunque falsa, tenga la potencia de instituirse en verdad. La crisis del sistema privado transformó la aparente prestancia técnica y conceptual de sus argumentos tempranos en un dogma, en una perseverancia obtusa. La supuesta “ciencia del mercado”, que hoy se muestra falsa e inoperante en sus objetivos declarados, transmuta en un acto de fe sin parámetros racionales. Y la ruptura del mito de la suficiencia y pertinencia mercantil como regulador social da lugar a un cambio en la política, que vuelve a centrarse en el estado. La iniciativa del gobierno nacional asume un carácter restituyente, reinstalando una noción colectiva como centro del funcionamiento social y convocando al debate sobre formas alternativas de institucionalidad.

Sin embargo, estos importantes pasos en el laberinto argentino nos convocan a repensar al estado como espacio de constitución de lo colectivo. No basta con reivindicar lo público.

No resulta apropiado retomar mecánicamente viejas formas. Es preciso interpelar al concepto, problematizarlo. Basta hacer memoria para recordar los descalabros existentes en el sistema previsional previo a la creación de las AFJP. Si bien su crisis no responde al modelo técnico intergeneracional en que se basa el sistema de reparto, sino al vaciamiento del estado desde mediados de la década del 70, resulta imprescindible pensar críticamente la  estructuración institucional de los mecanismos de regulación pública y la necesaria participación democrática en las decisiones fundamentales que afectan a la cosa pública.

Al estado interventor clásico debiera oponerse un estado capaz de construir un modelo de desarrollo inclusivo de carácter multilateral. Es decir, un estado permeable a la sociedad civil, a las organizaciones políticas y sociales, provisto de las herramientas para propiciar el debate público con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de manera sustentable y democrática. La figura del estado positivista, omnipresente y omnicomprensivo, en tanto falaz, conduce a un debilitamiento del debate y a una escasa creación de mecanismos de imbricación social y política, sea cual fuere el modelo de acumulación y reproducción vigente.

En esta tarea resulta imprescindible el desarrollo de movimientos sociales y políticos populares capaces de exigir su lugar en la construcción de un estado referenciado en las bases sociales. Movimientos capaces de oponer un discurso y una acción política a las neoderechas autóctonas, que disputan -con disfraces oportunos- la política pública, la representación de lo “popular”, lo “democrático” e, incluso, de la “nación”. Esta construcción no es una tarea exigible al estado. Constituye un camino colectivo, objetivado en formas de participación y discursos diversos.

En pocos días, y luego de la aprobación del proyecto oficial –que incluye modificaciones de otras bancadas aliadas- en la cámara de diputados de la nación hace escasas horas, tocará el turno del senado. Dados los poderosos intereses económicos en juego, por estos momentos se estarán desarrollando diversas estrategias, presiones y ofertas para lograr su rechazo, tal como ocurrió con la Resolución 125. Banqueros y operadores han reaccionado generando presiones sobre el mercado cambiario, rematando bonos públicos y provocando fugas de capitales al exterior. Estas acciones resultan esperables en un contexto de tensiones por el alcance de las políticas del estado. Nos obstante, este comportamiento “normal” de los grupos ligados al poder económico en Argentina debiera encontrar la oposición del accionar restituyente colectivo, el emergente de esa noción de futuro que necesariamente debe plasmarse en los espacios de lo público, para convertirse en político.

La auspiciosa iniciativa gubernamental de eliminar el sistema de capitalización recupera ciertos elementos épicos imprescindibles para el establecimiento de lo político, el interrogante sobre las formas que deberá asumir un nuevo estado con fines transformadores, y restablece el dilema entre el surgimiento de sujetos políticos colectivos capaces de viabilizar un proyecto transformador y las posibilidades de refundar constantemente el estado de excepcionalidad.

Resulta imprescindible contribuir con un cambio de época. Los derechos sociales básicos deben ser desmercantilizados, recuperando su carácter solidario y universal: jubilación, salud, vivienda, educación, soberanía alimentaria.

 

Contacto: economia.carta.abierta@gmail.com

Blog: www.comision-economia.com.ar

 

 

Capital financiero

Martes, noviembre 4th, 2008

Capitalismo financiero, crisis económica, respuesta social

 

Intervención en el acto “Por los derechos laborales y sociales. No a la jornada laboral de 65 horas”, Don Benito, Badajoz, 6 de octubre de 2008

 

Jónatham F. Moriche | Para Kaos en la Red | 8-10-2008 | 1408 lecturas | 13 comentarios

www.kaosenlared.net/noticia/capitalismo-financiero-crisis-economica-respuesta-social

 [NOTA: este artículo amplía y precisa mi intervención en el acto "Por los derechos laborales y sociales. No a la jornada laboral de 65 horas", convocado por Izquierda Unida - Los Verdes de Don Benito (Badajoz) y celebrado el lunes 6 de octubre de 2008 en el Centro Educativo Municipal de dicha localidad.]

[0]. PRESENTACIÓN

Buenas tardes a todos y todas. En primer lugar, quiero agradecer a Izquierda Unida – Los Verdes de Don Benito su invitación a intervenir en este encuentro, y también agradeceros a todos vosotros, especialmente a quienes os habéis desplazado desde otras localidades, vuestra presencia aquí y vuestra atención a estas primeras intervenciones introductorias a las cuestiones que enseguida empezaremos a debatir entre todos.Por supuesto, es muy importante que, como haremos mañana, nos manifestemos en la calle contra recortes de derechos laborales y sociales, como el que consagra la directiva europea de las 65 horas, contestada por centenares de sindicatos y movimientos, en el marco de la Jornada Mundial por un Trabajo Decente convocada en 155 países de todo el planeta. Pero también debemos encontrar momentos y crear ocasiones, como esta, para analizar y debatir, para elaborar un discurso propio sobre la realidad que criticamos, escapando de las descripciones estrechas e interesadas de los medios corporativos de comunicación y los discursos institucionales. La descripción neoliberal, hoy hegemónica en Europa, de la actual crisis económica, se ha convertido en la coartada esgrimida por quienes promueven medidas regresivas como la ampliación de la jornada laboral. Así que, en ese nivel del análisis y el debate, es una tarea urgente desmontar la ideología de la crisis que difunde el neoliberalismo, porque en ella encuentra las coartadas para sus desafueros y en torno a ella recoge el consenso de amplios segmentos de la población, de sus propias víctimas.

[1]. CAPITALISMO FINANCIERO

Desde hace semanas estamos recibiendo a través de los medios de comunicación un aluvión interminable de noticias sobre la quiebra de varias grandes entidades financieras en Europa y Estados Unidos, a causa del colapso del mercado hipotecario norteamericano. La mayoría de nosotros hemos oído mencionar en reiteradas ocasiones las llamadas “hipotecas basura” e incluso podemos recordar, por pintorescos, los nombres de algunas de esas entidades quebradas: Freddie Mac, Fanny Mae, Hypo… Pero, ¿qué es exactamente una “hipoteca basura”? Y, sobre todo, ¿qué podemos aprender, estudiando en profundidad este colapso del mercado hipotecario y sus efectos, acerca del capitalismo actual?

Resulta difícil encontrarle los pies y la cabeza a cualquiera de los acontecimientos que se producen actualmente en el sector financiero de la economía globalizada. Cuando Marx hablaba a mediados del siglo XIX de “capitalismo financiero”, sólo un ínfimo porcentaje de la economía real, productiva, estaba titularizada, convertida en acciones y sujeta a las variaciones especulativas de su valor que caracterizan el funcionamiento de las bolsas. Hoy, parece que la práctica completitud de la realidad está titularizada, reconvertida en fichas de distintos colores (acciones, bonos, derechos, opciones…) sobre el tablero de juego del capitalismo financiero. La “financiarización de la economía” ha alcanzado un punto en que prácticamente ha devenido en la “financiarización integral de la realidad”. Los acontecimientos de esa “dimensión financiera” son cada vez más complejos, enrevesados e influyentes sobre la economía y la vida reales.
La crisis de las “hipotecas basura” es una expresión clara de todas estas transformaciones. En principio, una “hipoteca basura” es simplemente una hipoteca concedida a un cliente que ofrece garantías de pago por debajo de la norma habitual. En el capitalismo tradicional, las hipotecas eran negocios bancarios cuyo beneficio principal (por no decir el único) eran los intereses que el deudor abonaba junto con la cuota mensual del préstamo recibido. Pero en el capitalismo híper-financiarizado, las hipotecas han pasado a ser en sí mismas un producto especulativo, porque se comercia con hipotecas, se venden y se compran a precios variables enormes paquetes de hipotecas. Para un banco tradicional, la “hipoteca basura” es un mal negocio, porque lo que al prestamista le interesa es cobrar la hipoteca y sus intereses. Pero para un banco de inversión como Freddie Mac o cualquier otro de los quebrados, eso es lo de menos, porque lo que quiere es revender a otro esa hipoteca a la mayor brevedad y ganándole un amplio margen de beneficios, en ningún caso asegurarse de su cumplimiento: eso acabará siendo, como estamos viendo ahora, problema de otro.

Por supuesto, siempre se ha comerciado especulativamente con préstamos. Pero nunca con la velocidad, complejidad y volumen actuales. Algo parecido a lo ocurrido en el mercado hipotecario sucede también con los llamados “mercados de futuros” de materias primas. Un “futuro” es simplemente un derecho de compra a un precio establecido en un momento determinado, y figuras similares existen desde hace siglos. Sin embargo, la ganancia de los mercados tradicionales en este tipo de operaciones estaba vinculada casi siempre a la adquisición real del producto y la posibilidad de comerciar con él, materialmente, a un precio ventajoso. Ahora, en un mercado de futuros como el del petróleo, apenas 3 de cada 100 operaciones concluyen en una adquisición real de la mercancía: el 97% restante es una interminable cadena de operaciones especulativas. Además, el capitalismo financiero opera bajo el control de legislaciones vagas y anticuadas en el marco nacional, que elude a menudo mediante enrevesadas operaciones de ingeniería contable, y completamente inexistentes en el marco global, en el que los capitales legalmente limpios se entremezclan sin pudor con el capital mafioso del crimen organizado en la opaca coctelera bancaria de los paraísos fiscales.

Pero, ¿de dónde saca el mercado toda la liquidez, todo el dinero contante y sonante que, convertido en fichas financieras, respalda estas operaciones? En países como Estados Unidos, un porcentaje amplísimo de la población invierte sus ahorros en valores de alto riesgo, frente al tradicional ahorro bancario, una tendencia cada vez más extendida en todo el mundo. Pero sólo con eso no habría bastado para alimentar una financiarización tan extensa y profunda. Por un lado, los fondos de pensiones de decenas de millones de trabajadores han pasado también, de ser como antaño fórmulas de ahorro tradicional a un tipo de interés fijo, a convertirse en productos financieros cuyo valor fluctúa libremente en los mercados y con los que se comercia a gran escala. Lo mismo ocurre con los seguros médicos. Por otro lado, muchos cientos de miles de trabajadores, sobre todo norteamericanos, han recibido en las últimas décadas parte de sus salarios en forma de acciones de las empresas para las que trabajan, inyectando directamente esa parte de la plusvalía destinada a salarios, tradicionalmente orientada al consumo o al ahorro, en el mercado financiero. Es con todo este oceánico volumen de dinero, producto en gran medida de la privatización y titularización de lo público, como el capitalismo financiero ha podido “adquirir” la realidad y transformarla casi en su totalidad en fichas para el juego especulativo.

Hace poco escribía Juan José Millás: “Si los analistas emplean tantas veces a menudo la expresión “economía real”, es porque existe una economía fantástica”. Desde su mismo origen el capitalismo moderno ha añadido ciertas dosis de fantasía a la realidad de la economía productiva. Pero ahora, y ese es el hecho diferencial, la economía fantástica es la hegemónica y la real la subsidiaria. Un perfecto ejemplo de ello es lo que está ocurriendo con el petróleo. La invasión norteamericana de Iraq es un completo fracaso en todos los aspectos menos en uno (el único que realmente interesa a sus promotores): el flujo del petróleo iraquí al mercado internacional ha sido restablecido. Otras tensiones geopolíticas, como la provocada por el terrorismo en los países de Golfo, las guerras del Cáucaso o las presiones de EEUU sobre Irán y Venezuela, no se han traducido en variaciones reales de flujo de petróleo al mercado o incremento de precios de los productores. Sin embargo, el petróleo no ha dejado de encarecerse desde el inicio de la guerra de Iraq. ¿Dónde entonces sube el precio del petróleo? No en el vientre de un buque petrolero o mientras circula por un oleoducto, sino en su tránsito simbólico, fantasmagórico y vertiginoso por el entramado especulativo. Entre que un barril de petróleo sale de su yacimiento y llega a los almacenes del expendedor puede haber sido, en su forma financiera, revendido docenas de veces con beneficios que repercuten en los precios finales del modo que estamos comprobando. Algo parecido está sucediendo con los alimentos, aunque los medios de comunicación hayan puesto el acento sólo sobre el efecto de la industria de biocombustibles, obviando el papel de los especuladores. Sin embargo, el gobierno hindú, en un gesto de extraordinario valor político, tomó hace poco la decisión de impedir la actuación de los mercados de futuros alimenticios en el país, como medida de emergencia para impedir que las operaciones especulativas de la economía fantástica acabaran desencadenando una hambruna muy real.

[2]. CRISIS ECONÓMICA

Hace unas semanas, el periódico Diagonal publicaba una viñeta en la que sucesivamente hablaban un obrero, una pequeña empresaria y un especulador. Ambos cabizbajos, el primero decía: “Por culpa de la crisis, he perdido mi trabajo”, y la segunda añadía: “Por culpa de la crisis, he perdido mi negocio”. En cambio el tercero, sonriente, decía: “Gracias a la crisis, yo le he comprado a esta el negocio por cuatro duros y voy a contratar a aquel por dos”.

Es una excelente síntesis de ese singular modo de ser del capitalismo actual que la canadiense Naomi Klein ha denominado como “capitalismo del desastre”, aquel en el que, para algunos, la crisis no es una catástrofe (como la presentan al público los medios de comunicación y los políticos), sino una oportunidad de negocio. En su extraordinario ensayo La doctrina del shock, Klein describe cómo, con los cadáveres de las víctimas del Katrina todavía flotando por las calles de Nueva Orleans y miles de refugiados hacinados en estadios deportivos y campamentos militares, los grandes contratistas ya estaban tomando posiciones en la carrera por el negocio de la reconstrucción de la ciudad. Para ellos, la devastación y mortandad provocada por el huracán eran, mucho antes que un drama humano, una oportunidad de negocio: la ocasión perfecta para desalojar a enormes capas de población negra humilde de algunos barrios urbanísticamente revalorizables.

Curiosamente, en la vecina, humilde y asediada Cuba, el huracán no mató a nadie a su paso. Centenares de miles de cubanos fueron desplazados y realojados, gracias a que el Estado empleó todos los medios a disposición para salvaguardar la vida de sus ciudadanos. Mientras tanto, en Nueva Orleans, quienes no disponían de vehículos o dinero, recibieron escasa información o no pudieron valerse por sí mismos para escapar morían como ratas. Los helicópteros y los ingenieros de su Guardia Nacional, por cierto, no estaban disponibles para auxiliar a la población de Nueva Orleans, porque en su gran mayoría prestaban servicio en Iraq, defendiendo a tiros los intereses de… los mismos grandes contratistas privados, claro.

Punto por punto, este esquema se repite en la actual crisis económica, que también se está desarrollando bajo los parámetros de la “economía del desastre”: una búsqueda insaciable del beneficio, incluso en la más atribulada catástrofe, y sin reparar en los costes sociales. A diferencia del Katrina, el huracán financiero no tiene su origen en la naturaleza sino en el propio mercado financiero. Tiene culpables, con nombres y apellidos, que podrían ser enjuiciados, expropiados, destituidos, inhabilitados o encarcelados. Pero da igual, porque la “economía fantástica” es ya tan poderosa que puede imponerse no sólo a la economía real, sino al poder del Derecho y el Estado. La socialista norteamericana Gloria La Riva ha descrito el plan de rescate de la administración Bush (con la gentil venia de Barack Obama), que inyectará 700.000 millones de dólares en el tambaleante mercado financiero, como un “golpe de Estado bancario“, en el que, bajo la amenaza de desencadenar una hecatombe en la economía real, la “economía fantástica” se hace subvencionar en sus delirios con un exorbitante recargo extraordinario sobre los recursos públicos, añadido al que los ciudadanos ya están pagando en su consumo cotidiano, en el valor de sus propiedades inmuebles…

A la vez, la crisis financiera también está sirviendo de coartada, en el lado real de la economía capitalista, para un recorte generalizado de los derechos laborales y sociales: otra manera de hacer rentable la catástrofe. La amenaza de un incremento masivo del paro permite a los empresarios contratar trabajadores más cualificados por menores salarios, demandar la ampliación de la jornada laboral en la Unión Europea a 65 horas (o en Francia, la supresión de las 35 horas vigentes), la despenalización de la temporalidad, el abaratamiento del despido, la supresión de limitaciones medioambientales…

Llegados a este punto y a la vista de todas estas evidencias, bien podemos preguntarnos si la crisis económica es realmente un hecho de signo negativo, una catástrofe, un desastre, tal y como coinciden en describirla los medios corporativos, Bush y Obama, Montoro y Solbes, o bien una estrategia de negocio, una agresiva herramienta de reestructuración al servicio del capitalismo: no un cierre por siniestro, sino una operación de recogida de beneficios, reajuste de la maquinaria y reordenación de la mercancía, a la vez que una gigantesca acción de lucha de clases de los de arriba contra los de abajo.

Es cierto que grandes cantidades de dinero han desaparecido. Una parte de ese dinero nunca existió, era simplemente un monumental engaño, sostenido mediante la sobre-estimulación psicológica de los pequeños inversionistas (en acciones, en viviendas, en fondos de pensiones) con la ilusión de fabulosos beneficios siempre crecientes. Pero otra parte de ese dinero se ha volatilizado en forma de opíparos beneficios empresariales y sueldos astronómicos. El impacto de la crisis ha convertido en productos de lujo el pan, la leche, las verduras frescas o la carne de ternera, ha provocado cientos de miles de despidos y ha puesto a millones de familias al borde del desahucio. Pero en el mismo período, el mercado de los jets privados no ha dejado de crecer a la velocidad propia de estos aparatos. Sólo entre los 12 ejecutivos más destacados de entre los “retirados” por la crisis de sus cargos en grandes empresas (Merril Lynch, Citibank, Lehman Brothers, AIG…) se han embolsado en torno a 500 millones de dólares en concepto de indemnizaciones por despido, sin que casi nadie haya puesto en entredicho semejante expolio y desvergüenza.

Se ha descrito la economía financiera como una economía de “insiders”, de los que están dentro y conocen las reglas
, opacas para los demás, para la ciudadanía y para el Estado. Para la mayoría de estos “insiders”, la crisis no es ninguna catástrofe. Siempre ha figurado, como una posibilidad entre otras (con completa independencia de su coste social), en sus planes de negocio. Los “insiders” tenían perfectamente perfilada su fuga, botín en mano, del embrollo que ellos mismos estaban creando, y en el que han dejado embarcados a los demás. Apenas emergía la actual fase catastrófica de la crisis hipotecaria, los capitales especulativos “fugados” del mercado inmobiliario comenzaban a aflorar en el mercado de los alimentos: simplemente, una vez extraído el máximo beneficio de la necesidad humana de cobijarse bajo un techo, comienza un nuevo ciclo en que el objetivo es la necesidad humana de alimentarse. Quizás influidos por aquellas viejas imágenes de los especuladores tirándose por las ventanas de Wall Street en la crisis del 1929, alguien pudo pensar que con la llegada de la crisis los especuladores empezarían a inmolarse desde las azoteas de sus castillos de naipes financieros. Pero, como ha escrito Isaac Rosa, con la crisis lo único que cae, como siempre, son obreros desde los andamios (sin ir más lejos, los 26 muertos en los tajos extremeños en 2007). Los “insiders”, ¿dónde están? Donde siempre: haciendo negocios.

[3]. RESPUESTA SOCIAL

La clase trabajadora y la sociedad civil, los sindicatos y movimientos en los que se vertebra, y los partidos de izquierda por los que se hace representar en las instituciones, deben escapar de la ideología neoliberal la crisis y elaborar su propia descripción y su propio análisis de los hechos, desde los que orientar la lucha contra sus costes sociales y por la elaboración de alternativas económicas y políticas. La crisis no puede cerrase sin más mediante una expropiación masiva de recursos públicos, un recorte de salarios y derechos laborales y un encarecimiento del coste de la vida. La respuesta desde la izquierda a la crisis económica tiene que pasar por una exigencia de revisión crítica de todo el proceso que nos he traído hasta aquí: la privatización de servicios y prestaciones públicas (sanidad, educación, pensiones…), la desregulación de las actividades financieras, la inexistencia de mecanismos de control de los flujos globales de capital, la autonomía ilimitada de los bancos centrales…

La izquierda socialdemócrata de Obama a Zapatero está actuando bajo el mismo dictado neoliberal y bajo el mismo chantaje financiero que la derecha de Sarkozy a Bush. Los medios de comunicación de masas frecuentan poco y moderadamente cualquier lenguaje demasiado distante del consenso establecido. A este consenso no escapan tampoco, en términos generales, los grandes sindicatos, que apenas se limitan, como sucederá mañana, a organizar jornadas simbólicas de protesta en defensa de unos mínimos exiguos e inesenciales. El sindicalismo alternativo y los movimientos sociales si elaboran descripciones y modelos alternativos, pero, ¿qué difusión tienen? ¿A qué proporción de la población alcanzan? ¿Qué impacto tiene sobre la vida económica real?

Carlos Marx habló de la “subsunción real” como modelo de expansión capitalista no hacia el exterior, ahora que el capitalismo ya no tiene un “afuera” y equivale a una segunda piel del mundo, sino en profundidad, como una recolonización de los individuos y las sociedades para incrementar su rentabilidad, que empieza por su fuerza de trabajo pero se extiende hacia lo más íntimo de su psique, su cultura y su sociabilidad. El capitalismo nunca ha sido pacato ni torpe a la hora de expropiar de sus riquezas a la humanidad y a la naturaleza, pero su sabiduría y eficacia a la hora de ahondar su hegemonía ha alcanzado unos niveles tan delirantes que una descabellada narración fantástica como The Matrix nos suena a puro realismo social.

Todo desafío a esa hegemonía tiene un episodio central en la demolición del consenso cultural que le brinda la pasividad o la complicidad de buena parte de la propia sociedad expropiada. Esta sumisión voluntaria (al menos en apariencia) del esclavo social a los intereses del amo capitalista es la consecuencia del fracaso cultural de la izquierda. El consumismo desmesurado de nuestra sociedad es, además de una ruina en el plano intelectual y moral, una suicida forma de accionariado de la multitud trabajadora en la empresa de su propia desgracia. Elevando irreflexivamente sus estándares de consumo, dejando capturar el conjunto de su vida privada y su ocio en circuitos de explotación comercial, los trabajadores aumentan su dependencia de la misma economía capitalista que les ha declarado la guerra y no cesará su ofensiva hasta relegarlos a la más desnuda esclavitud. También dejándose camelar por los cantos de sirena del enriquecimiento fácil e invirtiendo sus ingresos en valores especulativos (acciones, pisos…) que dejarán el grueso de sus ganancias en manos de los “insiders”, los trabajadores muestran su profunda sumisión a la mentalidad capitalista. Resulta difícil encontrar algún aspecto de la vida y la psique humana que no haya sido ya plenamente comercializado y financiarizado.

Esta tendencia resulta abrumadora en la franja juvenil de la clase trabajadora. El impacto psicológico de la sobreexposición publicitaria y el estímulo de la competitividad social por la vía del consumo ha devastado los ya exiguos restos de toda cultura de la autonomía subjetiva, la responsabilidad política, la solidaridad social… Una generación psicológicamente atrapada en un mantra tan sencillo como eficaz: “gana mucho dinero para poder gastar mucho dinero”. Así ha sido, por ejemplo, como cientos de miles de horas extras y destajos de la mano de obra del sector de la construcción en esta década se ha ido por el sumidero del tunning y la coca. El analista italiano Franco “Bifo” Berardi ha hablado de neuro-capitalismo: un capitalismo psíquicamente implantado, de un modo tan profundo como las falsas vivencias de los esclavos energéticos de La Matriz. Difícilmente erradicaremos el capitalismo de las calles, ni siquiera seremos capaces de poner ciertos límites mínimos a sus consecuencias, si no lo arrancamos previamente del interior de nuestras cabezas.

Frente a la “subsunción real” de la que habla Marx, la izquierda política y la sociedad civil organizada debe presentar un proyecto de descolonización de la vida respecto del capitalismo
Quisiera terminar recordando cómo Antonio Gramsci advertía, en sus Cuadernos de cárcel, que no puede confiarse en que los fenómenos económicos produzcan mecánicamente efectos políticos, y mucho menos, efectos políticos de signo revolucionario o emancipador. También Walter Benjamin, en sus Tesis de filosofía de la Historia, prevenía del engañoso estado de ánimo al que induce creerse nadando a favor de la corriente histórica. De acuerdo con ambos clásicos de nuestra tradición, ni esta, ni ninguna crisis económica, por profunda y dolorosa que sea, traerá por sí sola, como por efecto de un movimiento pendular, un momento de regeneración, de lucha, de recuperación de viejos derechos o conquista de otros nuevos. No hay emancipación sin un sujeto cultural, social y político que se identifique con ese objetivo y luche por él. Dejado a su inercia, el doloroso reajuste del negocio financiero y la depauperación social que está provocando sólo pueden también desembocar en un incremento de la pura desesperación, del puro cinismo, de la pura exclusión, de la pura violencia: el fascismo también es un hijo posible de la crisis, como demuestra el constante trasvase en las últimas décadas del voto obrero, desde sus tradicionales organizaciones de clase, hacia la extrema derecha en EEUU y Europa. Esta crisis puede servir como pasadizo hacia distintos “otros mundos posibles”. Algunos, por increíble que pueda parecernos, mucho peores que este que conocemos. Si queremos evitarlo, si queremos encaminar la marcha, no hacia el abismo, sino hacia las grandes alamedas que anunciaba el compañero Salvador Allende, habrá que tomar partido, apretar los hombros, acumular fuerzas, trenzar redes, desafiar límites… En suma, se trata de retomar el testigo de una lucha que es a la vez antiquísima y siempre nueva, cuyas exigencias tenemos que redescubrir a cada paso, pero que conserva a lo largo de su extensa genealogía un fin invariable: la abolición definitiva de la explotación capitalista, en tanto que pre-requisito indispensable de cualquier proyecto veraz y suficiente de convivencia democrática para la sociedad humana.

Jónatham F. Moriche, Vegas Altas del Guadiana, Extremadura Sur, octubre de 2008

 

 

 

 


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LECTURAS RECOMENDADAS:

 

Para Marx, el capital ficticio es la acumulación de títulos que son “sombra de inversiones” ya hechas pero que, como títulos de bonos y de acciones aparecen con el aspecto de capital a sus poseedores [...]. Cuando sobrevienen crisis de sobreproducción, quiebra de empresas, etcétera, se advierte que ese capital no existía [...], esas sumas nunca habían existido como capital propiamente dicho, a pesar de que, para los poseedores de esas acciones, representaban títulos que daban derecho a dividendos e intereses, a percibir ganancias… [...]. En muchísimos países los sistemas de jubilación están basados en capital ficticio, con pretensiones de participación en los resultados de una producción capitalista que puede desaparecer en momentos de crisis. Toda la etapa de la liberalización y globalización financiera de los años 80 y 90 estuvo basada en acumulación de capital ficticio, sobre todo en manos de Fondos de inversión, Fondos de pensiones, Fondos financieros… Y la gran novedad desde finales o mediados de los años 90 y a todo lo largo de los años 2000 fue, en los Estados Unidos y en Gran Bretaña en particular, el empuje extraordinario que se dio a la creación de capital ficticio en la forma de crédito. De crédito a empresas, pero también y sobre todo de créditos a los hogares, créditos al consumo y más que nada créditos hipotecarios. Y eso hizo dar un salto en la masa de capital ficticio creado, originando formas aún más agudas de vulnerabilidad y fragilidad, incluso frente a choques menores, incluso frente a episodios absolutamente predecibles.

 


>> François CHESNAIS

| Como la crisis del 29, o más… Un nuevo contexto mundial
www.kaosenlared.net/noticia/como-crisis-29-mas-nuevo-contexto-mundial
>> José María IZQUIERDO
| Un atajo de rufianes y la jodida mariposa
En El País, 29/9/2008, http://www.elpais.com/opinion/
Giovanni VEGEZZI
| La globalización de los mega ricos
Diagonal
nº 85, septiembre de 2008, http://diagonalperiódico.net

***

>> Manuel CAÑADA
| Tiempo de crisis, tiempo de lucha
www.kaosenlared.net/noticia/tiempo-crisis-tiempo-lucha

>> Carlos FERNÁNDEZ LIRIA
| Capitalismo e ilustración
www.kaosenlared.net/noticia/capitalismo-ilustracion-macha-putrida-astucia-razon***

Si nos limitamos a repetir la necesidad de un modelo energético más sostenible y renunciamos, no sólo a comprender, sino a mezclarnos con los temores de amplias capas sociales ante las incertidumbres que genera el cambio de modelo, estaremos renunciando a incidir en la realidad. En otras palabras, ¿qué es más estratégico?: ¿manifestarnos unos pocos centenares frente a la cumbre del petróleo, o entrar a debatir con la reciente huelga de transportistas la falsa tensión entre cambio de modelo energético y pérdida de derechos? Si la próxima vez se lograra una alianza –concreta, no abstracta de movimientos ecologistas con transportistas, con la reivindicación de un cambio de modelo energético que incluya los derechos de salario y vida digna, no sólo descolocamos al poder, sino que podría desencadenarse algo imparable. Y esta vez en sentido positivo.

>> Ada COLAU
| Los movimientos sociales en época de crisis
Diagonal
nº 83 (septiembre de 2008), http://www.diagonalperiodico.net***

Las nuevas democracias de Latinoamérica así como numerosos movimientos progresistas de los países en desarrollo están cada vez más interesados en la economía social, en particular en la forma cooperativa para desarrollar servicios públicos o servicios de interés general.

 


>> VV.AA.
| La economía social, ¿una alternativa a la mercantilización?
http://www.humanite-en-espanol.com/-Economia-.html

 

 

 

 

 

 

Temas económicos para la difusión

Martes, noviembre 4th, 2008

A través de este texto intento compartir algunos conocimientos que noté no son transmitidos por los medios de comunicación masivos. Traté de simplificarlo al máximo para que sea comprendido por cualquiera que quiera leerlo. Algunos números son sólo ejemplos hipotéticos, en esos casos está aclarado.

 Retenciones, control estatal y alimentos

Por Cecilia Garriga

Las retenciones son un arancel de exportación que consiste en “retener” una parte de los ingresos que recibe el exportador, es decir la persona que vende producción argentina a otros países. Nuestro país se caracteriza por producir muchos alimentos (productos agropecuarios), muchísimos más de los que necesitaría el país entero para alimentarse.

Entonces nos preguntamos… ¿por qué si nosotros producimos tantos alimentos están tan caros para nosotros?

Eso se debe a que los precios de los alimentos, en el mundo están aumentando constantemente; al aumentar afuera, el productor argentino de alimentos aumenta sus precios adentro también, porque sino no le conviene venderlos en Argentina.

Un ejemplo:

si los europeos están dispuestos a comprar 1 litro de leche a un productor argentino por 1 euro ($5) ¿por qué el productor de leche la va a vender dentro de la Argentina a $1,50 si le conviene exportarla? La única forma de que NO le convenga venderla afuera es que el Estado, de esos $5 que le entran por cada litro de leche se quede con $3,50 y el productor se lleve $1,50 que es lo mismo que se llevaría por venderla adentro, es decir que imponga una retención del 70%. Si el Estado no interfiere de esa forma, los alimentos dentro de la Argentina estarían a precios internacionales.

Entonces podemos decir que el principal objetivo de las retenciones es que la población no pague precios europeos (internacionales) por sus alimentos (a eso nos referimos cuando decimos que son para desacoplar los precios internos de los internacionales). Cabe aclarar que en la actualidad gran parte de los alimentos tiene precios muy baratos respecto de los precios internacionales y eso es así gracias a las retenciones que YA EXISTEN desde varios años.

 

Gasto público y redistribución de la riqueza

Por otra parte la ventaja de aplicar retenciones es que el Estado recauda dinero que le sirve para el sostener el gasto público.

El gasto público incluye de todo: los sueldos de los empleados del estado (maestros, funcionarios, policías, médicos) los gastos de los organismos públicos (que van desde los ministerios hasta las escuelas y hospitales), las jubilaciones, la inversión en obras de infraestructura como las rutas y autopistas, plantas de energía, sistemas de redes de agua potable, cloacas, pavimentación, puentes, etc como también construcción de viviendas; es decir cosas que le sirve a toda la población.

Además el Estado debe pagar las deudas que adquirieron gobiernos anteriores que justamente no recaudaban lo suficiente y gastaban más de lo que tenían (eso es a lo que nos referimos cuando decimos que un gobierno tiene déficit fiscal, cosa que no ocurre desde el año 2003).

También el gobierno con ese dinero se dedica a dar subsidios. Los subsidios pueden ser para fomentar la industria por ejemplo, o para mantener los servicios como el trasporte o el gas a precios bajos.

Esta es una forma que el Estado tiene de redistribuir la riqueza: con lo que recauda de aquellos que ganan mucho, hacer cosas que sirven  para todos.

 

Todos a la soja… (monocultivo)

El caso de la soja es un caso muy especial por muchos motivos. Para empezar la soja que se produce en nuestro país se vende prácticamente toda al exterior (96%), no es alimenticia, es decir que no se utiliza como alimento para humanos sino que se utiliza para alimentar ganado (chanchos fundamentalmente) y como biocombustible. Es decir que en ese sentido no pareciera importante que el gobierno haga esfuerzos para mantener su precio bajo (como expliqué para el caso de la leche, el trigo, el maíz o la carne).

Sin embargo dado que la soja se convirtió en el negocio más rentable del campo argentino muchísimos productores que antes producían trigo, maíz, leche, carne, entre otros alimentos, se pasaron a la soja. Las ventajas de la soja son entre otras cosas que tiene costos muy bajos: requiere el mínimo de mano de obra (es decir que no genera puestos de trabajo), requiere muy pocos cuidados y tiene bajo riesgo. Además, el dato más importante que hay que tener en cuenta es que el precio de la soja a nivel internacional se triplicó en los últimos años.

El problema de que la soja sea tan ventajosa es que la inmensa mayoría de los productores se pasó a la producción de soja abandonando la producción de otros alimentos que los argentinos consumimos y que además son productos que podrían trabajarse más para generar otros productos con más valor agregado (es decir con más trabajo: por ejemplo, si un productor se dedica a la leche, luego puede producir todo tipo de lácteos, leche en polvo y otros productos que generan más puestos de trabajo y más riqueza). En cambio la soja así como sale del campo (en porotos) se envía al exterior en conteiner sin agregarle nada de trabajo humano. Esto significa que si un productor produce 1 tonelada de soja y la vende por 500 dólares (sin retenciones) se lleva casi todo ese dinero él solo. En cambio si la Argentina exporta 1 tonelada de leche en polvo (que cuesta aproximadamente el triple) genera muchísimos puestos de trabajo y ganancias para varios empresarios (desde el que tiene los tambos o el que procesa la leche para hacerla polvo hasta el que fabrica los envases e imprime las etiquetas). Esto es entre otras cosas la “distribución de la riqueza” (a pesar de que muchos imaginen que es solamente sacarle dinero a unos y repartírselo a otros). Distribuir la riqueza desde el Estado es también promover actividades económicas que generen muchos puestos de trabajo (como la industria) y desalentar aquellas que no generan puestos de trabajo y que implican enormes ganancias para pocas personas (como la soja).

Además como el negocio sojero se expande muchísimo a raíz de la promesa de extraordinarias ganancias, las tierras argentinas se vuelven cada vez más caras, lo cual perjudica muchísimo a aquellos productores que trabajan en todos los demás productos (que deben pagar altos costos por el alquiler de las tierras haciendo imposible la producción de leche, por ejemplo). De esta manera es que el precio de la soja y las ganancias que ello genera influye de manera indirecta en el precio de TODOS los alimentos que nosotros consumimos.

Si el Estado no achica las ganancias de la soja, en pocos años vamos a producir únicamente soja y tendremos que importar todos los demás alimentos a precios carísimos. Y no olvidemos: la producción de soja emplea 1 persona cada 500 hectáreas, la producción de manteca emplea gente en el tambo, en la usina, en la fábrica de productos lácteos, en la producción del envoltorio, etc.

 

¿Qué significa que las retenciones sean móviles?

Eso significa que en vez de ser un porcentaje fijo el porcentaje va aumentando o disminuyendo a medida que aumenta el precio de la soja en el mundo.

Un ejemplo:

·         la soja el año pasado estaba 317 dólares la tonelada y el gobierno se apropiaba del 35% en la exportación con las retenciones fijas, significa que el productor recibía por tonelada 207 dólares, y con eso ya le resultaba muy conveniente producir soja, tan conveniente, que la siembra de soja siguió creciendo muchísimo en los últimos años a pesar de las retenciones.

·         Hoy el precio de la tonelada de soja sube a 508 dólares la tonelada (febrero del 2008); si el gobierno siguiera cobrando sólo el 35% significaría que el productor que produjo soja, para venderla a 207 dólares, por circunstancias internacionales, de un día para el otro empieza a recibir 330 dólares, es decir que siendo que ya era un buen negocio producir por 207 dólares se está llevando una renta extraordinaria de 123 dólares, sin hacer ningún esfuerzo extra por ello (sin generar más trabajo, sin invertir, sin arriesgar, sólo por el hecho de que el precio en el mundo haya subido).

La idea de la retención móvil es evitar eso, entonces a medida que el precio sube el Estado se lleva una porción mayor haciendo que el productor no perciba ganancias extraordinarias (así como tampoco pérdidas –porque la resolución dice también que si el precio internacional llegara a bajar mucho, el Estado disminuiría las retenciones para que el productor no sufra pérdidas).

 

¿Por qué a la soja? Rentas extraordinarias y recursos naturales

Esto tiene varias justificaciones: una es la que ya expliqué anteriormente que tiene que ver con proteger al resto de las producciones de la expansión sojera, además de la contención de los precios de todos los alimentos.

Otra razón que justifica esa apropiación de la ganancia o renta por parte del Estado es que nuestro país tiene un recurso natural muy especial que es la tierra (así como otros tienen petróleo –Brasil, Venezuela-, o gas –Bolivia- o cobre –chile-). En todos estos casos, el Estado es dueño de esos recursos, entonces si el precio de ellos se va por las nubes, el que gana con esa circunstancia es el Estado y por lo tanto todo el país. En nuestro caso, que tenemos una tierra especialmente productiva (la pampa húmeda es la tierra más importante en extensión y productividad en el mundo), por ser los terratenientes los dueños de la tierra y no el Estado, esa renta extraordinaria que significa la suba de precios de los alimentos exportables, puntualmente de la soja, es necesario que el gobierno la absorba a través de las retenciones.

 

¿Esto significa que el productor agropecuario no tiene forma de aumentar sus ganancias?

No. Todo productor tiene derecho a que sus ganancias crezcan, pero para ello debe INVERTIR. Invertir significa ahorrar mucho dinero del que gana y usarlo para comprar máquinas, desarrollar tecnología, o agregarle valor al producto para venderlo más caro. Con las retenciones el Estado no está impidiendo que el empresario agrario gane más sino intenta impedir que gane más sin hacer nada. Es decir que el Estado intenta promover que los empresarios agrarios dediquen sus ganancias a invertir en tecnología o productos más elaborados, como cualquier empresario que pretenda ganar más.

 

Diferencias entre regiones y escalas de producción – El “pequeño productor”

Es importante destacar que no gana lo mismo un productor de soja de la provincia de Bs As que uno de Santiago del Estero, por el simple hecho de que cuanto mejor sea la tierra más barato es producir el cultivo. Es decir que, por ejemplo, si el productor de Santiago del Estero recibe 200 dólares por tonelada pero gasta 160 en mano de obra, fertilizantes, cuidados especiales, riego y transporte, y el productor de la pampa recibe 200 dólares pero gasta sólo 50 porque no tiene que gastar tanto en cuidados especiales ya que la tierra es muy rica, entonces es justo que el gobierno haga una diferencia entre ellos. Es por eso que el gobierno debe cobrarles diferenciadamente a los productores de las tierras más pobres respecto de los productores de las tierras más ricas.

Lo mismo ocurre con la escala: cuanto más grande es la tierra más barato le resulta al productor, porque tiene ciertos costos fijos que reparte para todo el terreno. En cambio los pequeños productores les resulta más costosa la producción.

Es por eso que el gobierno estableció devoluciones a los productores menos beneficiados por su tamaño y su ubicación. De todas formas el gobierno, en vez de compensar a estos productores en la exportación de soja, debe insistir en que el pequeño productor se dedique a otro tipo de productos, para lo cual el Estado puede promocionar, a través de subsidios, alimentos de consumo interno (y también para la exportación) que requieran menos extensión de tierra y más valor agregado.

 

Esta medida que toma el gobierno no es suficiente para resolver el problema del negocio sojero y  los precios de los alimentos. Uno de los problemas más graves que existen hoy en día es que, dada la alta rentabilidad de la tierra y la soja enormes capitales financieros (es decir sumas gigantes de dinero que buscan negocios donde reproducirse) se han comprado enormes extensiones de tierra o han constituido pooles de siembra, “devorándose” al pequeño productor. Es por eso que el gobierno deberá tomar medidas concretas en contra de estos monopolios además de profundizar la planificación productiva tanto en el agro como en la industria.

 

A qué se refieren cuando hablan de la “Gran oportunidad para la Argentina”

Debido a la industrialización que se llevó a cabo en China e India fundamentalmente, en los últimos años se incorporaron millones personas al mercado mundial de alimentos (no nos olvidemos que sólo la China tiene una quinta parte de la población mundial); es decir que todas esas personas que hoy trabajan en industrias de todo tipo que venden productos manufacturados a todo el mundo anteriormente eran campesinos que producían sus alimentos de subsistencia. Ahora que son trabajadores industriales demandan al resto del planeta sus alimentos, es por eso, entre otros motivos que aumentaron muchísimo los precios de los alimentos en todo el mundo y seguirán aumentando. Como nosotros somos uno de los países mas importantes en producción de alimentos, eso es muy conveniente para la Argentina, siempre y cuando el Estado se ocupe de que toda esa riqueza que va entrar por la venta de alimentos al mundo no se quede en mano de unos pocos y terminen escaseando los alimentos para nosotros o nos resulten imposibles de comprar por sus altísimos precios.

El Estado deberá intervenir para conseguir que el aumento de los precios de los alimentos en el mundo no se traslade al interior del país, cobrando retenciones a las exportaciones y subsidiando los productos de consumo local.

Además, el Estado debe promocionar consistentemente (a través de subsidios, préstamos, infraestructura, planificación y tecnología) un desarrollo industrial profundo y a largo plazo que nos permita constituirnos como una nación fuerte e independiente. Para lograrlo es necesario que obtenga sus fondos de los sectores más beneficiados por la situación actual como es, entre otros, el sector agropecuario argentino.

 

 

 

 

Blog: www.comision-economia.com.ar

PONENCIA: LO AGROPECUARIO

Sábado, noviembre 1st, 2008

LO AGROPECUARIO

En el marco del Estado, el Mercado y una justa distribución de la riqueza

Ponencia de la Subcomisión Agropecuaria, Comisión de Economía-Carta Abierta

Expone: Ing.Agr. Juan Carlos Pavoni

 

ENCUADRE GENERAL DE LO ECONOMICO EN CARTA ABIERTA:

 

Carta Abierta ha declarado que “Sin Estado no hay Nación”. Queda implícito que se aspira a un Estado definitivamente eficaz y eficiente, al servicio de una Nación que nos incluya a todos.

            Aceptemos que, cuando nos referimos al Mercado no lo estamos haciendo como ordenador de las relaciones entre los diferentes actores que lo conforman, sino como simple espacio donde los mismos se relacionan al amparo de un contrato social y una normativa estatal que, bajo ningún aspecto, habilita  el ejercicio de poder desde la mayor dimensión de unos sobre la menor de otros, sino del respeto a una relación impregnada de la mayor equidad y justicia.

         Un Estado que pretenda ser regulador de las relaciones entre los diferentes actores del mercado y árbitro de las inequidades que el capitalismo introduce entre los actores más poderosos y los más débiles del mismo, debe ser necesariamente poderoso y competente en su tarea.

ENCUADRE PARTICULAR DE LO AGROPECUARIO:

I. La Coyuntura de las RETENCIONES

         Nos corresponde referirnos a como deberían ser esas relaciones en la problemática agropecuaria de la Argentina actual. Partamos de la obviedad de reconocer que la estrategia macroeconómica condiciona las regulaciones sectoriales y bajo ese simple principio, la producción agropecuaria pampeana -insertada en el sistema generador de commodities con destino compartido entre el consumo interno y la exportación - debe contemplar una adecuada rentabilidad para la producción, pero resignar el plus que por la vía de la renta extraordinaria, el precio internacional otorgaría injustamente a los tierrausuarios argentinos.

         Es deber del Estado –y tiene toda la competencia para hacerlo- intervenir en la regulación del precio interno de los productos agropecuarios que componen la canasta básica de alimentos (CBA), para facilitar a toda la población el acceso a los mismos. A tal fin,  las retenciones constituyen una herramienta fundamental. En la medida que se regula el precio de exportación de los productos que dan lugar a aquellos de la CBA, se desacopla el precio internacional con respecto al mercado interno y ello actúa como mecanismo de subsidio para esos bienes salario.

         La magnitud del conflicto confrontativo generado por lo que se autoreferenció como “el Campo” argentino, nos obliga a su consideración, en la medida que el mismo aún no está cerrado.

Inmediatamente después de abandonado el 1 a 1 e implementada la política de dólar sobrevaluado, con lo cual se proponía recuperar un aparato industrial totalmente destruido por el conservadurismo menemista/delaruista, era obvio que la promoción industrial corría paralelamente a la generación de rentas extraordinarias para nuestra producción primaria, entre ellas la más importante, la agrícola, ganadera y agroindustrial. La plataforma de lanzamiento de los derechos de exportación, fue entonces una herramienta de política económica para corregir las asimetrías provocadas por una política macroeconómica, con la cual se optaba para salir de la crisis de la convertibilidad y que el paso del tiempo mostró como absolutamente acertada. A pesar de tal propósito -largamente explicitado por el gobierno nacional y diversos referentes sociales- durante 120 días, la soberanía alimentaria de nuestra población, habitante de un país que se ubica en una posición privilegiada en el mundo, por su capacidad actual y potencial para producir alimentos, quedó inmersa en el encarecimiento, la incertidumbre, la especulación y la vergüenza ajena.

         Las primeras manifestaciones de resistencia a las retenciones, acompañadas de debates muy primarios y no mediáticos, se dieron a partir del año 2002/2003, Ello demuestra que en ningún momento los sujetos agrarios aceptaron la legitimidad de las retenciones. A partir de allí las cuatro organizaciones gremiales del ruralismo pampeano, acompañados por las instituciones del orden establecido de los agronegocios (AAPRESID, AACREA, Cámaras y Bolsas de Cereales, Cámaras de proveedores de agroinsumos, Procesadores de granos y oleaginosas y Exportadores), con sus discursos reproducidos generosamente por los suplementos agropecuarios de los grupos multimedia, fueron radicalizando su oposición a las retenciones (no pidiendo la rebaja de las mismas, sino su eliminación lisa y llana) y potenciando su reclamo no con palabras, sino con sucesivas medidas de fuerza durante los años 2005 a 2007. Cuando hacia fines de este último año, los precios de los commodities agrícolas treparon a precios nunca antes alcanzados y a propósito de la implementación de las retenciones móviles (que ya tenían vigencia para la captura de la renta petrolera, acerca de lo cual “el campo” nunca emitió opinión) se desataron los instintos lucrativos más crueles y la violencia ocupó el consabido escenario montado por la Mesa de Enlace.

Tras la historia más conocida por lo reciente y con dichas retenciones móviles sacadas de circulación por el voto “no positivo” del vicepresidente, se suma un nuevo problema producto del contexto internacional, la crisis del sistema financiero y con ella, el desconcierto de los “inversionistas” del campo financiero y las caídas de los precios del petróleo y los commodities agrícolas, como era el caso de la soja y el girasol que estaban sometidas al régimen de las Retenciones Móviles. En este nuevo escenario, se hizo evidente que la Res. 125 hubiera mejorado la rentabilidad de los principales commodities hoy en baja y entonces, lejos de acogernos a una situación de tranquila estabilidad, estamos en el epicentro de la misma tormenta con renovados vientos. Este nuevo ángulo de la confrontación, reclama, no solo la baja de las retenciones, sino también un incremento en el valor del dólar, para –una vez más- beneficiar a los sectores concentrados de la economía agropecuaria.

Ya en el año 2005, existió pensamiento crítico incorporado a la polémica por la vigencia de las retenciones. Profesionales que hoy forman parte del espacio Carta Abierta, supieron reivindicar a las retenciones como una herramienta de redistribución intersectorial y algunos, llegaron a reclamar otra hacia adentro del sector productor agropecuario, con el fin de corregir la incidencia de las mismas sobre las diferentes escalas de producción, entre otras cuestiones ([1]). Con esto quedó de manifiesto un apoyo crítico al sistema, resaltando la necesidad de introducir esa modificación, para evitar las consecuencias negativas que el mantenimiento de las mismas tal como fueron concebidas, provocaría, especialmente sobre la concentración de la propiedad y el uso de la tierra. Por razones diferentes, ni Federación Agraria ni el gobierno se hicieron eco de esa propuesta, mucho menos las grandes usinas del pensamiento neoliberal en la agroindustria, fueran ellos suplementos de los grandes medios escritos, Canal Rural de Cable o las diversas publicaciones de las organizaciones comerciales de ese orden establecido. En el mismo sentido de incluir equidad y justicia distributiva en la implementación del sistema de Retenciones, existe hoy un conjunto de ideas en debate, que ante la continuidad de la confrontación, busca una salida razonable, equitativa y justa del conflicto.

Abordado el crítico tema coyuntural, debemos decir que éste, solo es el emergente más visible de la compleja problemática económico-social agropecuaria, que existe y perniciosamente persiste en el país. ([2])

II. Hacia un ABORDAJE TOTALIZADOR:

La carencia de un abordaje integral del modelo de producción agropecuario nacional, resultó en la existencia de un modelo determinado casi exclusivamente por las decisiones “del mercado”, que no encontró en la intervención del Estado la capacidad de acotarlo y organizarlo sobre principios de mayor racionalidad y razonabilidad económica, social y ambiental. Todo ello, impide una reformulación del acto productivo, que consagre una revalorización de lo rural en tanto espacio de vida y trabajo, complejo y diverso, provisto de un potencial económico, social y cultural, que debe ser desarrollado en pos de un modelo inclusivo y justo.

Un modelo que mire más allá de la soja y sepa ver el núcleo duro del problema: la insustentabilidad económica, social y biológica del modelo productivo no diversificado; que pueda ver más allá de los límites geográficos de la pampa húmeda y que trascienda los límites sociales de los productores rurales de la misma geografía, grandes privilegiados –aún considerados los pequeños y medianos hoy transformados en rentistas insustentables-.

Inevitablemente, tal modelo debe garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de la población y formularse desde un cambio fundamental en la concepción del acto productivo; reconfigurando el mismo desde una visión sistemática, que potencie el proceso organizador de la producción, por sobre la insustentable determinación meramente productivista que, prioriza la incorporación irracional de insumos, en beneficio exclusivo de la concepción mercantilista del sistema.

Entendemos así, el sendero de recuperación de los sectores marginales de la producción extrapampeana –aunque también la intrapampeana-, carentes de tierra, de capital operativo, de accesos a tecnologías de producción y de gestión, pero portadores en tanto sujetos, de un capital cultural poblado de historia y saberes especializados, que por la extensión de nuestra geografía y la dispersión de nuestra población, no pueden carecer de la atención del Estado si queremos preservar la Nación.

 

UNIVERSIDAD POPULAR MADRES DE PLAZA DE MAYO

II ENCUENTRO NACIONAL E INTERNACIONAL

“Economía política y Derechos Humanos”

“Ciencia y conciencia”

La Economía al servicio de los pueblos.

Bs.As., 16 al 18 de octubre de 2008

 


[1] Propuesta actualizada al 1-Ago-2008 en www.alteragro.org.ar

[2] Una valiosa fuente de información aunque sin total actualización estadística, pero conceptualmente de primer nivel, para dar consistencia a la complejidad señalada es el trabajo del Prof. Dr. Ing.Agr. Walter A. Pengue -Universidad de Buenos Aires - www.gepama.com.ar/pengue que puede consultarse en. www.EcoPortal.net

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