Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

14May/090

MACRI: TRANSICIÓN CIVILIZADA Y AGENDAS PARALELAS

Publicado por admin

Por Carlos Girotti (*)

 

"El ciclo kirchnerista está terminado, lo importante ahora es cumplir con una transición civilizada, y dejar de inventar agendas paralelas, que no tienen nada que ver con la realidad". Así se expidió Mauricio Macri y, en homenaje a la verdad, el jefe del PRO y del Gobierno porteño supo ser sincero, aunque su franqueza no alcanzara para disimular el miedo atávico que lo invade. Pero no sólo a él, sino a la clase que representa. ¿De qué hablan Macri y su clase cuando dan por liquidado al kirchnerismo y priorizan una civilizada transición? Si ya está muerto lo que para ellos es el kirchnerismo ¿por qué se inquietan con la invención de agendas paralelas? ¿Es porque esas agendas no tendrían que ver con la realidad en general o con su particular realidad como clase?

 

En sordina, o quizás en lo más recóndito de su revanchismo clasista, algo le está sonando a Macri que lo lleva a posar de seguro cuando el miedo lo atenaza. Por un lado, se fascina con los resultados actuales de las encuestas, acaricia un triunfo el 28 de junio y se entusiasma firmando certificados de defunción con aires de ganador. Menta una transición ordenada, sin sobresaltos, porque eso se correspondería con la aceptación inequívoca de que allí comienza el retroceso de aquello que él y su clase identifican como kirchnerismo. La transición como una aceptación kirchnerista de la derrota. Pero, por el otro lado, teme que ese triunfo dispare lo inefable: la agenda paralela motorizada por un kirchnerismo fantasmal, el kirchnerismo de sus pesares, aunque redivivo ahora como un ser de la cuarta dimensión o un personaje de los “Archivos X”.

 

Para el ingeniero, la transición civilizada tendría que ser un período histórico carente de disputa. Nada debería amenazar los sueños de la restauración de un modelo de dominación en el que, la gente que vive de su trabajo y no del ajeno, se conformara con migajas y se distrajera mirando “Gran Cuñado”. No habría exabruptos ni crispaciones; mucho menos una nueva ley de medios audiovisuales o prohibiciones de jugar en los paraísos fiscales. El dengue, la influenza pandémica y el mal de Chagas carecerían ya de importancia periodística. El FMI, de pronto, opacaría con sus repentinos brillos aquel extemporáneo y molesto fulgor del Banco del Sur. Ahora, todos los antiguos problemas serían cuestiones menores y aunque los salarios, las jubilaciones, el empleo, la salud, la educación, la vivienda y las lentejas se debatieran, nadie perdería un minuto de su tiempo en resolverlos; bastaría con mantener todo como estaba para que solo se degradara en sí mismo. Y lo más importante: una atildada cofradía de gobernadores, senadores, diputados e intendentes, prolijos y medidos aunque no carentes de ciertos giros simpáticos al telespectador compulsivo, iniciaría una ronda de consultas para discutir la sucesión del difunto sin que nada ni nadie los incomodara. Un formato civilizado, vamos, pero con un contenido protogolpista inspirado en el truculento diálogo entre Grondona y Biolcati.

 

Esta panacea civilizatoria, verdadera oda al primer centenario de la República y reaccionaria en esencia, no concibe sino desde el terror de clase que la inspira otra versión del kirchnerismo que no sea la de un matrimonio arrogante, impulsivo, autoritario, desconsiderado, narcisista, autoreferenciado y un largo, larguísimo etcétera que los grandes editorialistas y los movileros obedientes no se cansan de pormenorizar. Una versión que sucumbiría a la compulsa electoral venidera pero que, exánime ya, conservaría inexplicablemente sus reflejos más peligrosos. Temen. En esas dos figuras han concentrado los miedos ancestrales que los llevaron a la carnicería de indios y gauchos, de peones rurales inmigrantes y criollos, de obreros en los Talleres Vasena, de civiles en la Plaza de Mayo, de monjas y curas del pueblo y de millares y millares que osaron poner el pecho delante de las ideas. Lo atávico de este miedo, sin embargo, les oculta que la “agenda paralela” es la potencialidad que anida en la memoria reciente de millones de argentinos que jamás estarían dispuestos a renunciar a lo poco o mucho que lograron desde 2003 en adelante.

 

¿Quién se quedaría de brazos cruzados? ¿Cuántos esperarían con mansedumbre que otros vientos soplaran? ¿La resignación sería la nota distintiva? Un vasto sector de la clase dominante, que se representa en Macri, ni siquiera atina a formularse estas preguntas porque supone que le basta con un resultado electoral en éste o aquel distrito y con una nocturna escuadra uniformada que limpie las calles de indigentes y ocupantes, para que todo vuelva a su cauce natural. Negocios rápidos y redituables, como de costumbre. Pero el ingeniero y los suyos se engañan y así se lo hicieron saber desde otro sector de los poderosos. Desde el diario “Clarín”, sin ir muy lejos, les advirtieron que no había que subestimar nada y que lo mejor era la parquedad del ranchero Reutemann y hasta el repentino giro propositivo del millonario colombiano De Narváez. Mesura, nada de atajos golpistas; la experiencia enseña y manda.

 

Sin embargo, la transición civilizada es una quimera porque los dueños de la agenda paralela son millones, porque los poderosos de siempre no lo son tanto como quisieran y porque deberán seguir disputando entre ellos para dirimir quién hegemoniza a quién. Todo eso connota el kirchnerismo, incluidas sus debilidades congénitas y, no obstante ellas, quizás haga que, como el atribulado general Pirro, el ingeniero Macri llegue a gastar el tiempo en lamerse las heridas de su triunfal derrota.

 

(*) Sociólogo, Conicet.

12 de mayo de 2009. NOTA PARA BAE.