Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

17Ene/100

BCRA UNA PRESIDENTA DECIDIDA, QUE NO SE HA ARREDRADO

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Por Roberto Páez González – 17.01.2010

El cuestionamiento de cuño neoliberal contra la decisión presidencial relativa al Fondo del Bicentenario cuestiona simultáneamente la soberanía política, la independencia económica, la justicia social y la unidad sudamericana y latinoamericana a las que aspiramos, ya que se opone a la vigencia del sufragio universal, a que el gobierno oriente la política económica nacional y le dé un carácter social inclusivo, porque limita en general el poder del Estado de intervenir en la economía, lo que lo discapacita, también, para ser un instrumento de las convergencias sudamericanas y latinoamericanas.

En cuanto al uso de las reservas del Banco Central ya se dieron nombres como “conflicto de poderes” e “institucional” o “diferendo”[i], pero ahí se refleja la resiliencia neoliberal, heredada con la democracia en 1983. A grandes rasgos: las adaptaciones ulteriores no modificaron este hecho: ni las del poder judicial, ni las mayorías cambiantes del poder legislativo, ni las iniciativas del poder ejecutivo. Algunos hitos que consolidaron la preeminencia neoliberal durante la dictadura y después: la ley de Entidades financieras de 1977, la Carta orgánica del Banco Central, de 1992. Instrumentos que subsisten.

Sin embargo, cabe resaltar que hubo períodos históricos en los que –aun con instrumentos legales y constitucionales de otra época- el gobierno pudo echar las bases de un cambio político y económico fundamental. El gobierno de Perón estuvo protagonizando esos cambios en plena vigencia de la Constitución de 1853, años antes de la reforma de 1949.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner está confrontado a una oposición destituyente que se ha manifestado en diversos planos, de los que destacamos la cuestión de las retenciones móviles y el tema del uso de las reservas del Central para el Fondo del Bicentenario. Como en el caso de la 125, hay una mesa de enlace con otros nombres: Redrado, Cobos, Carrió, entre otros (pues la lista es larga y sólo aparentemente heterogénea).

Tienen en común sostener la autonomía de la política monetaria, como si el Banco Central estuviese por encima del sufragio universal y, por consiguiente, por sobre la legitimidad del gobierno nacional. También tienen en común esgrimir criterios leguleyos por encima del interés nacional manifestado en la política de desendeudamiento de los gobiernos de Néstor Kirchner y el de la actual presidenta. Finalmente, existe la actitud de soberbia sibarita de una oposición que no quiere pagar ninguna deuda (una auditoría legislativo-judicial debió haber demarcado la frontera ética que determinara la deuda ilegítima al retorno de la democracia).

En consecuencia, se observa que los criterios con los que se oponen al gobierno nacional son harto dispares y sin fundamento serio en los planos político, económico y social, ya que o defienden el modelo neoliberal o no defienden ninguno, haciendo alharaca, no obstante, en favor de un respeto vacuo de las leyes, las cartas orgánicas y la opinión de ovejas conducida por Clarín y otros grandes medios.

Fue la llamada globalización financiera la que dio considerable impulso a esta condición de independencia de los bancos centrales, a consecuencia de la financiarización económica posterior a la inconvertibilidad del dólar, decidida por Nixon en 1971 y hasta la crisis llamada de las subprimes y sus secuelas, en las que se encuentra sumida la economía mundial[ii].

El fondo del Bicentenario y la reapertura del canje de la deuda se proponen poner de manifiesto la aptitud de Argentina para cumplir con sus compromisos. Pero la capacidad de volver a los mercados y disponer de crédito externo disminuyendo el coste del dinero no es sólo una normalización, también comporta un interrogante sobre el papel del crédito internacional en la política económica nacional.

Como lo plantea Ferrer en el citado artículo, Argentina tiene una fuente de financiamiento basada en el ahorro interno, del orden del 30% del PBI esto es unos 100.000 millones de dólares. Los recursos para hacer frente a la deuda pública en pesos y en dólares se encuentran en el sistema financiero del país. Es posible tomar deuda pública y refinanciar los vencimientos de 2010 y más. Lo que plantea límites, al respecto, es la fuga de capitales, superior a los 40.000 millones de dólares, equivalente al 20 % del ahorro interno. [iii]

Por tanto, la mejora de las condiciones externas, no deben comprometer un modelo asentado durante estos años de crecer contando con medios propios en lo fundamental y reduciendo aún el peso de la deuda exterior.

Tal como fue planteado públicamente, el Fondo del Bicentenario se proponía dar la seguridad de que Argentina iba a cumplir con sus compromisos y de que existía una provisión de fondos para asegurarlo. La disminución del riesgo-país, conllevando el aumento del valor de los títulos públicos y la baja de las tasas de interés, beneficiaría no sólo a los tenedores de títulos públicos, sino también a los empresarios que desearan tomar crédito

En realidad, como dice Eric Calcagno: si las reservas quedan fuera del esquema de política económica del gobierno (flotación administrada), lo que se está planteando es abandonar el actual sistema cambiario para adoptar la flotación “pura”. En la actual coyuntura de excedente externo, esto significaría una apreciación del peso; es decir, un dólar barato (es textual). [iv].

No parece que muchos se animen a defender este cambio de orientación por el que la defensa de la moneda se traduciría en mayores tasas de interés y una política monetaria que provocaría recesión, con ajustes fiscales, de salarios y jubilaciones.

Pero esto es, ni más ni menos, lo que el Banco Central, con la fraseología de su independencia, estaría produciendo, en el caso de impedir la política económica propuesta por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Más en general, Calcagno denuncia el esquema neoliberal con esta pregunta retórica:  ¿Puede existir un Banco Central “independiente” de las políticas de desarrollo económico?

“Pagar deuda es totalmente normal, como lo es para pagar importaciones, servicios de turismo, dividendos de la inversión extranjera, y otras utilizaciones análogas”, afirma Calcagno, quien aclara que “el manejo de los instrumentos de política económica propios de un Banco Central confiere gran parte del poder. Quien establece la tasa de interés, el tipo de cambio, el crédito y la emisión monetaria controla la base de los mecanismos económicos. Es un lugar estratégico porque si no alcanza para ejecutar un programa económico, puede impedir la ejecución de políticas alternativas”.

Frente a quienes aseguran que el año empezó mal, a raíz de este conflicto, podemos ver en el mismo una prueba de la confrontación entre dos modelos, aunque el neoliberal esté perfectamente claro a diferencia del que propone la presidenta, particularmente porque hay muchar cosas que decidir y porque para decidirlas hace falta el combate y la manifestación de las fuerzas sociales y políticas que la apoyen.

En ese sentido, el año empezó bien: con una presidenta decidida, que no se ha arredrado, que enfrenta a quienes pretenden haberle mojado la oreja con chapuzas procesales y la atacan con los medios de comunicación masivos de que disponen. Para una clase de argentinos que ha estado esperando tener presidentes dignos que tomen en sus manos la lucha por la justicia social, el año ha empezado bien.

No debemos subestimar que esta situación se produzca en un contexto hemisférico en el que el intervencionismo estadounidense se torna más ostensible. Cierto lavallismo omnipresente en una parte de la clase política argentina, con sus Carrió, Pinedo, Menem, se ufana de la radicalidad de su ortodoxia democrática en consonancia con las amenazas que deja flotar el Departamento de Estado norteamericano o las que ejecuta, como en el caso de Honduras o el de las bases en Colombia o las deambulaciones de la Cuarta Flota.

Estos líderes cipayos estaban esperando que perdiera Mujica, como esperan que gane Piñera, que se venga abajo Chávez, como antes se lo deseaban a Fidel Castro, que se vaya Lula, que todo les salga mal a Evo Morales y a Correa, que terminen de una vez con Lugo. Y quieren contribuir a la entrega de América del Sur con la caída de Cristina. Cristina no desconoce que quieren que renuncie y las instituciones lo pongan de presidente al “no positivo” Cobos.

Federico Bernal trae a colación que la creación del Banco Central, durante la década infame, respondió a un requerimiento de Londres y cita a Jorge Abelardo Ramos, para quien las motivaciones eran similares a las que los ingleses habían tenido para con la India: imponerles un “sistema monetario ... que facilite y estimule los intercambios comerciales en el interior del imperio británico más que los intercambios con el exterior y ... además ... retener en el círculo del imperio la finanza del comercio indio”[v]

En el mismo artículo, Bernal menciona los trabajos de Mario Rapoport en su Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2003) en los que se menciona la creación del Banco Central con participación de asesores británicos y norteamericanos. Pero el proyecto finalmente aprobado se basó en un escrito de Raúl Prebisch, a la sazón el principal asesor de Federico Pinedo, en el que fundamenta los principios de una entidad independiente del gobierno, proyecto aprobado en 1935.

Ese Banco Central cesó durante el período 1945-1055, y en rigor desde 1943, con la renuncia forzosa de Prebisch, dice Bernal.

La experiencia histórica indica que la opción práctica del Banco Central es un elemento clave para configurar un modelo económico equilibrado y más bien autocentrado u otro con una inserción internacional subordinada a intereses extranjeros, con exclusión social, y disgregado de los intereses de la Patria Grande

La opinión dominante durante la globalización financiera convierte a “la preservación del valor de la moneda en el objetivo excluyente de la autoridad monetaria”, afirma Tomás Lukin[vi], “subordinando así metas como el empleo y el crecimiento económico”. Lukin cuenta que “entre 1989 y 1994, 32 países establecieron la independencia del Banco Central y la lista continuó ampliándose en los años siguientes. Argentina lo hizo en 1992”[vii] .

 Aunque hubo cambios en los últimos quince años éstos “se concentraron en puntos no problemáticos” y “pese a los avances registrados desde 2003, la matriz neoliberal en el BC permanece inalterada ante la falta de decisión política para impulsar una reforma de la Ley de Entidades Financieras, creada por Alfredo Martínez de Hoz en 1977. Y también en la Carta Orgánica del Banco Central, cuyo diseño lleva la firma de Domingo Cavallo”[viii]

Lukin reseña que “El impulso de la independencia del Banco Central está directamente vinculado con las reformas estructurales que se tradujeron en la retirada del Estado de la actividad económica”, lo que, en síntesis, grafica le plan de clivage de nuestra historia económica. Un gobierno que no puede controlar el Banco Central autárquico o que no puede apoyarse en él no puede echar mano de la política monetaria para crear empleo, incentivar la competitividad, promover el crédito o el financiamiento del déficit, lo que favorece la estabilidad de precios, en detrimento de políticas demagógicas cortoplacistas[ix].

El artículo de Lukin prosigue: “En Metas de Inflación, un documento publicado por el Cefidar[x], Martín Abeles y Mariano Bozel cuestionan el entramado teórico detrás de esa fundamentación y señalan que los defensores de estos modelos “tienden a considerar a los gobiernos electos como agentes insensatos, ineptos y oportunistas, en tanto aprecia a las autoridades monetarias como funcionarios sensatos, idóneos y consustanciados con los intereses de los ciudadanos”[xi]. Abeles y Borzel señalan, también, que la independencia de la autoridad monetaria “conforma (...) un esquema institucional elitista, que, al independizar a la autoridad monetaria de los gobiernos electos, excluye al soberano de toda influencia sobre uno de los resortes fundamentales de la administración macroeconómica”.

Según Lukin, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, también cuestiona los fundamentos que impulsaron la creación de bancos centrales autónomos del gobierno central. En “Vulnerabilidad e Inestabilidad de las Economías Latinoamericanas”, el también economista resaltaba que “bancos centrales dependientes del gobierno central y comprometidos con políticas de crecimiento jugaron un rol fundamental en el desarrollo de países como Japón y Corea”. También recuerda Lukin que “la Reserva Federal –la banca central de Estados Unidos– conserva objetivos múltiples: promover el máximo nivel de empleo, precios estables y tasas de interés de largo plazo moderadas”[xii].

Como también lo recuerda Lukin, en 2007, Mercedes Marcó del Pont, entonces diputada oficialista, propuso modificar la Carta Orgánica del Banco Central reincorporando “como misión primaria y fundamental de la entidad la preservación de un elevado nivel de empleo y el crecimiento sostenido junto con la estabilidad de precios, chocando con la oposición desde Wall Street y de Redrado.

En todo el período posdictatorial- han dominado los enfoques neoliberales, especialmente en cuanto a la independencia del Banco Central. No de manera uniforme, ya que se registraron algunos cambios en esa institución, pero como se dijo arriba, menores. La vida institucional también registra la correlación de fuerzas políticas de una época. Las ideas dominantes son una fuerza y la idea neoliberal es una fuerza reaccionaria. Para Guillermo Wierzba[xiii], “el predominio del mercado sobre la Intervención Estatal tiene un carácter desdemocratizador de las sociedades capitalistas, porque la esfera en la que la ciudadanía expresa su voluntad es la de la política, la del voto, la de la participación activa, la de la igualdad”[xiv].

Pero incluso en democracia hemos vivido –o sufrido- las instituciones percudidas por esa ideología y su reflejo en un dogma de casta, con el que actúan, como añade Wierzba, los economistas y politólogos del establishment internacional que–“valoran como virtud democrática fundamental la expansión del mercado, como también lo hacen con la vigencia irrestricta de los derechos de propiedad, sin distinguir –deliberadamente– entre la propiedad de un bien personal y la del derecho de propiedad empresaria, oponiéndose a cualquier limitación sobre ésta”[xv].

Por tanto, mercado y propiedad empresaria irrestricta se erigen en la representación simbólica de los derechos individuales frente al Estado. No es una visión democrática, sino una visión  “a conveniencia de los grandes poderes, a fin de proteger a grandes intereses respecto de la política pública dirigida a la modificación del statu quo social”[xvi]

Para finalizar, leamos las palabras de Cristina Fernández, en la presentación de cooperativas del plan “Argentina trabaja”, en Lanús, Provincia de Buenos Aires (13.01.10): “¿Qué es lo que quiere esta Argentina de su Presidenta? Esta Argentina quiere con ese Fondo del Bicentenario pagar la menor tasa de interés posible para pagar la deuda. Por esos 48.000 millones de dólares, apenas nos pagan por año el 0,5 por ciento, nada más que eso. Por cada 100 millones de dólares que tenemos depositados en el exterior, nos pagan 500.000 dólares. Si tuviéramos hoy que acceder al mercado de capitales, deberíamos pagar por cada 100 millones de dólares el 14 ó el 15 por ciento. Tienen que darse cuenta ustedes que todos los días cuentan los centavos uno a uno que saben tal vez de economía mucho más que otros que han ido a las universidades, porque ustedes tienen la universidad de la vida. A ustedes no les enseñaron economía en Harvard ni en Yale; a ustedes les enseñó economía la República Argentina y su historia de sinsabores, frustraciones y fracasos. Esa fue la escuela donde nuestro pueblo aprendió economía, a vivir el salto de mata, a juntar centavo tras centavo para comer o para pagar el estudio a sus hijos. Ustedes saben de qué les estoy hablando y ustedes también saben la Argentina que vivimos hasta el año 2003 y la que logramos construir entre todos después. No es la Argentina, ni de un partido, ni de un presidente o de una presidenta. Esta Argentina es de ustedes, les pertenece y hay algunos que se las quieren venir a robar. No permitan que los mismos que dejaron el país al borde de la disolución, que nos dejaron en el Banco Central menos de 8.000 millones de dólares o en el ‘89 menos de 800 millones de dólares, o que hicieron un megacanje vergonzoso, que todavía la Justicia no ha terminado de investigar, que raro, cuando se pagan tasas del 15 o del 20 por ciento no hay juez que investigue, cuando se quiere pagar menos intereses allí intervienen para impedir que se constituyan esos fondos para pagar menos intereses. ¡Qué Argentina tan extraña la nuestra, qué Argentina tan extraña! (APLAUSOS)”


[i] Como lo llama Aldo Ferrer en su nota del 14.01.10 en Buenos Aires Económico.

[ii] idem

[iii] 3. Idem

[iv] Eric Calcagno, en Fondo del Bicentenario y política económica, Página 12,  07.01.10

[v] Federico Bernal, en De la expulsión de Prebisch a la de Redrado: coincidencias y encrucijadas, en Buenos Aires Económico, 14.01.10

[vi] Tomás Lukin, en Matriz del neoliberalismo, Página 12, 07.01.10

[vii] idem

[viii] idem

[ix]  Idem

[x] CEFIDAR, Centro de economía y finanzas para el desarrollo de la argentina

[xi] Tomás Lukin, en Matriz del neoliberalismo, Página 12, 07.01.10

[xii] Idem

[xiii] Guillermo Wierzba, en Una pelea entre la democracia y el mercado, en Página 12, 13.01.10

[xiv] idem

[xv] idem

[xvi] idem

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