Archive for abril, 2010

Controlar la inflación sin “enfriar” la economía

Miércoles, abril 21st, 2010

Por Aldo Ferrer

En la nueva economía, ni la inflación ni la deuda son lo que fueron. Corresponde reflexionar sobre las cuestiones que son determinantes del actual cuadro de situación. A saber: las causas del aumento de precios, la solvencia fiscal y el tipo de cambio.

En el debate sobre la inflación y el pago de la deuda predominan dos enfoques alternativos. Por un lado, ajustar y enfriar la economía. Para tales fines sería necesario reducir la demanda agregada, mediante la baja del gasto público y el aumento de la tasa de interés, y apreciar el peso para sustituir producción interna por importaciones, reduciendo la presión de la demanda sobre la oferta nacional de bienes y servicios. Al mismo tiempo se liberarían recursos del Presupuesto para pagar deuda sin uso de reservas del Banco Central. Por el otro lado, el enfoque alternativo propone pagar deuda con reservas y sostener un crecimiento del gasto por encima de los recursos disponibles sin atender el tema precios para impulsar la demanda, la producción y el empleo.

Esta alternativa del problema actual de la inflación y la deuda se plantea como si subsistieran las circunstancias del pasado: una economía sometida a las restricciones externa y fiscal, a una deuda agobiante que excede su capacidad de pago y a desórdenes macroeconómicos e institucionales que culminaban en hiperinflación.

Nos pasó durante más de la mitad del siglo pasado, cuando registramos el récord mundial de inflación. Sin embargo, en los últimos años se ha producido un cambio radical en el comportamiento de la economía. Desde la salida de la crisis del 2001, los pagos internacionales vienen operando con un elevado superávit en el balance comercial, que registra saldos positivos anuales de u$s15.000 millones.

A su vez, la cuenta corriente del balance de pagos registra 8 años positivos, hecho inédito. En el 2009 alcanzó 3% del PBI y cabe esperar un superávit semejante este año. Al mismo tiempo, desde el 2003, la relación deuda externa pública y privada/PBI bajó de 160 a 40%. Desde el momento en que se logró salir del default, con el exitoso canje de deuda del 2005, el pago al FMI y encuadrar los pagos dentro de límites manejables con recursos propios, también se produjo un cambio radical.

La solución de la restricción externa facilitó resolver la restricción fiscal derivada de los déficits crónicos de las finanzas públicas. La recaudación tributaria aumentó 10 puntos del PBI para ubicarse cerca de 30%, proporción razonable en una economía como la nuestra. En el mismo sentido operó la incorporación, en la esfera pública, de los recursos del sistema previsional, que constituyen parte principal del ahorro interno. El comportamiento de las finanzas públicas desde el 2001 demuestra que la restricción fiscal puede ser, también, un problema superado.

El país tuvo, entre 1930 y 1983, una “restricción institucional”, agregada a las externa y fiscal. En la experiencia reciente aún los temas más polémicos (la resolución 125, las reformas de los regímenes previsional y de medios audiovisuales y el uso de las reservas del BC) se procesan conforme las reglas constitucionales. Es decir, la restricción institucional es también un problema de otros tiempos.

En resumen, en la nueva economía, ni la inflación ni la deuda son lo que fueron. Por lo tanto, enfriar y ajustar, por una parte, o crecer sin atender los precios, por la otra, no son las alternativas reales. Corresponde reflexionar sobre las cuestiones que son determinantes del actual cuadro de situación. A saber: las causas del aumento de precios, la solvencia fiscal y el tipo de cambio.

Sobre la primera, no estamos en presencia de ninguna de las causas clásicas de inflación: exceso de demanda o presiones de costos. La economía viene operando a niveles razonables de ocupación de la capacidad productiva instalada, está aún distante el pleno empleo de la mano de obra y no hay restricciones de abastecimientos importados por insuficiencia de divisas. Por lo tanto, no hay inflación por exceso de demanda respecto de los recursos disponibles. Por otra parte, ninguno de los precios básicos de la economía (tipo de cambio, salarios, tarifas de servicios públicos) está desalineados y, por lo tanto, no es previsible un alza brusca en ninguno de ellos. Por ende, tampoco hay amenazas severas de inflación de costos. ¿Cómo se explica entonces que el nivel de precios esté en torno a 20% anual, nivel inconveniente y perturbador?

La respuesta es que estamos en presencia de un caso de inflación inercial. Es decir, los precios aumentan a un cierto ritmo, porque los actores económicos y sociales incorporan una hipótesis de aumento de precios que se retroalimenta en ajustes continuos de precios y salarios, a pesar de la ausencia de inflación de demanda y de costos y de la existencia de equilibrios macroeconómicos razonablemente sólidos. La inflación inercial se sostiene en las expectativas y en un clima político tenso, en el cual se incluyen visiones catastróficas de la realidad y el futuro. En este escenario, por razones estacionales o circunstancias propias, algunos alimentos crecen más que el promedio, fenómeno que sucede también en economías con niveles generales de precios estables.

La inflación inercial no se evita con ajuste ni enfriando la economía. Por esta vía, lo que se logra es frenar el crecimiento, aumentar el desempleo, el malestar social y la inseguridad. Pero tampoco se resuelve desatendiendo el problema o suponiendo que los aumentos provienen de maniobras abusivas de formadores de precios en sectores concentrados. Cuando estas existen, tienen que ser reprimidas por el Estado, pero la pregunta es por qué ahora esas maniobras son inflacionarias y en otros momentos no lo son. La respuesta es que ahora prevalece la inflación inercial. No hay ninguna medida aislada que resuelva el problema.

La respuesta radica en un programa de estabilidad y crecimiento fundado en la solidez de los equilibrios macroeconómicos y la política de ingresos para concertar, entre los actores económicos y sociales, privados y públicos, metas de precios y salarios, que tiendan a reducir la hipótesis inflacionaria implícita. Sería útil contar con un consejo económico y social, en cuyo seno el Gobierno concertara con los actores del trabajo y la empresa, una estrategia de crecimiento con equidad y estabilidad de precios.

El éxito de esa estrategia depende de la solidez de la macroeconomía y de continuar reduciendo los niveles de deuda. Para tales fines son centrales las otras dos cuestiones mencionadas: la solvencia fiscal y el tipo de cambio.

Respecto de la deuda, con o sin uso de reservas, con o sin canje, el país está en condiciones de cumplir sus compromisos externos y crecer. Los pagos de este año –con reservas u otros recursos – tienen una diferencia de tasa de interés, dato importante pero que no involucra la capacidad de pago. De todos modos, el pago con reservas es un recurso circunstancial. En el futuro, son los recursos genuinos de la actividad corriente los que proporcionan los medios de pago.

Sobre la solvencia fiscal, una vez iniciada la recuperación de los componentes de la demanda agregada (consumo, inversiones y exportaciones), no se justifica insistir en la inyección de demanda supletoria vía gasto público. La solvencia fiscal y la calidad del gasto recuperan así su papel en la gobernabilidad del sistema económico, la formación de las expectativas, la estabilidad y el desarrollo.

No es preciso enfriar ni ajustar la economía, es decir, bajar el gasto real indispensable para la oferta de bienes públicos, para frenar la suba de precios. Sí es preciso acomodar el crecimiento de gasto público a la de la recaudación, lo cual permitiría recuperar el superávit primario. De otro modo, un crecimiento persistente del gasto por encima de los recursos públicos lleva inevitablemente al endeudamiento, a la apreciación del tipo de cambio, a restablecer las restricciones externa y fiscal y, consecuentemente, a la pérdida de soberanía. El desequilibrio fiscal y el aumento de la deuda no contribuyen a crear el escenario adecuado: inflación de 10% anual.

En relación con la política cambiaria, reducir la tasa de aumento de precios facilita mantener un tipo de cambio de equilibrio desarrollista (TCED) indispensable para el crecimiento de la producción y el empleo. El TCED es también necesario para la formación de una economía integrada y abierta, capaz de gestionar el conocimiento e integrada al mundo.

Crecer con equidad y una estabilidad razonable de precios está al alcance del país. Lograrlo o no depende de tomar nota del potencial de desarrollo de la nueva economía una vez que se ha liberado, a menos de insistir en las decisiones del pasado, de las restricciones fiscal, externa e institucional.

La verdad de la milanesa sobre las reservas

Miércoles, abril 21st, 2010

Alfredo Calcagno*

Los acontecimientos políticos suceden con tanta velocidad y la información que circula sobre ellos es tan sesgada, que muchas veces se confunde el significado de importantes actos políticos. Ahora examinaremos tres de ellos; primero, el que establece la verdadera naturaleza del decreto de necesidad y urgencia  que crea el Fondo de Desendeudamiento (DNU 298/10); segundo, la irreversibilidad de la transferencia de los fondos ya efectuada, y tercero, el supuesto efecto sobre el Presupuesto nacional del pago con reservas.

La facultad del Banco Central para vender o comprar reservas es indiscutible. El DNU se dictó para ampliar el margen de financiamiento del Tesoro por el Banco Central.

La discusión periodística ha equivocado la verdadera naturaleza del DNU. Se pone en tela de juicio la posibilidad del Banco Central de usar las reservas internacionales. Es sabido que esas reservas consisten en activos financieros de alta liquidez, como oro, dinero en efectivo, depósitos en divisas de bancos en el exterior, títulos de deuda pública y otros instrumentos parecidos.

Entre otros usos, sirven para asegurar la provisión de importaciones en casos de emergencia (por ejemplo, caída de las exportaciones) y para impedir la especulación sobre la moneda (corridas cambiarias). En este momento desempeñan también una función fundamental en la política económica, que consiste en mantener una flotación administrada en el mercado cambiario. Además, los particulares compran reservas para los más diversos usos: pagar importaciones, girar ganancias, viajar al exterior, pagar dividendos. Cualquier particular y el Estado pueden comprar reservas, si tienen los pesos necesarios. Por eso es absurdo sostener que no pueden usarse reservas o que para hacerlo es necesaria una autorización del Congreso. Declarar la intangibilidad de las reservas, las destruiría como tales, porque entonces ya no servirían para nada.

La razón del decreto de necesidad y urgencia 298/10 no es que el Congreso permita al Banco Central vender reservas (facultad indiscutible del Banco), sino autorizar al Banco Central a recibir a cambio de esas reservas una Letra emitida por el Tesoro Nacional en lugar de pesos.

El Banco transfirió al Tesoro Nacional  4.832 millones de dólares de las reservas de libre disponibilidad (art. 1). Como contraprestación, el Banco Central recibió una Letra intransferible denominada en dólares a 10 años plazo, que se considera comprendida en el art. 33 de la Carta Orgánica del Banco Central (arts. 3 y 4 del DNU). El citado art. 33 autoriza al Banco a mantener una parte de sus activos externos en papeles de reconocida solvencia y liquidez pagaderos en moneda extranjera (como es una Letra del Tesoro emitida en dólares). Por su parte, el DNU agrega que esa Letra no se encuentra comprendida por la prohibición del artículo 19 de la Carta Orgánica (que impide conceder préstamos al Gobierno Nacional), ni por el art. 20 que fija límites a los adelantos transitorios al Gobierno Nacional. Estas especificaciones amplían el margen de financiamiento del Tesoro por el Banco Central, y no se refieren a si el Banco Central puede o no vender o transferir reservas.

La transferencia ya efectuada es irreversible. Los decretos de necesidad y urgencia (DUN) establecidos por el art. 99 inc. 3 de la Constitución Nacional fueron reglamentados por la ley 26.122. Se determina allí que “el rechazo por ambas Cámaras del Congreso del decreto de que se trate implica su derogación”, “quedando a salvo los derechos adquiridos durante su vigencia” (art. 24); de tal modo, los actos jurídicos ejecutados “tienen plena vigencia” (art. 17), como si emanaran de una ley. Las leyes “no tienen efecto retroactivo” (art. 3 del Código Civil).  Su hipotética derogación regiría para el futuro. Para que se entienda mejor el tema de la no retroactividad, recordemos que en la década de 1950 se sancionó una ley de divorcio, y que su derogación posterior no implicó que se reconstituyeran los matrimonios ya disueltos.

La reciente transferencia de fondos efectuada desde el Banco Central a la cuenta del Tesoro Nacional, es un acto jurídico autorizado por el DNU 298/10. Ese acto jurídico ya ocurrió, está cerrado y no es reversible en la eventualidad del rechazo del DNU en el que se basó, y que en ese momento tenía fuerza de ley.

Tampoco puede invocarse su nulidad, ya que el art. 99 inc. 3 declara que son nulas las disposiciones del Poder Ejecutivo de carácter legislativo si no se ajustan a los procedimientos de los decretos de necesidad y urgencia; es evidente que éste no es el caso, pues se ha cumplido y se cumple con todos los requisitos que establecen tales decretos.

En síntesis: si el Congreso lo rechazara, ese DNU no podrá aplicarse en el futuro, porque ya no existiría; pero todo lo actuado durante su vigencia queda firme, como si hubiera ocurrido con una ley (art. 17 de la ley 26.122). En consecuencia, es irreversible la transferencia de fondos del Banco Central al Tesoro Nacional ya efectuada.

El pago de deuda con reservas no afecta al Presupuesto nacional. Otra confusión es la referida a las consecuencias que el pago de deuda externa con reservas tendrá sobre el Presupuesto nacional. Una versión predominante en los medios de comunicación, afirma que se trata de reemplazar con reservas varias partidas que ya figuran en el Presupuesto nacional para el pago de deuda; de tal modo, podrían destinarse esos fondos a gastos corrientes, con propósitos electorales. No es así.
La ley de presupuesto vigente presenta un equilibrio entre gastos corrientes y de capital (referidos a la inversión pública). La amortización de la deuda pública no figura entre esos gastos, del mismo modo que la emisión de deuda nueva no forma parte de los ingresos corrientes. El Presupuesto prevé el pago de intereses de la deuda con gastos corrientes. A la vez, determina que las amortizaciones de capital de la deuda pública se cubran con emisión de deuda nueva del Tesoro Nacional. Eso es precisamente lo que hace el DNU, sólo que en  vez de emitir deuda cara en el mercado interno o externo, coloca una deuda en el Banco Central.

Así, el pago de las amortizaciones con reservas no cambia para nada al Presupuesto nacional para 2010 ya aprobado; no hace más que llenar la brecha de financiamiento de amortizaciones de deuda que estaba vacía. El DNU no cambia el Presupuesto; sólo especifica el tipo de deuda pública nueva que el Presupuesto autoriza a emitir.

En síntesis, con el pago con reservas, no se toca al Presupuesto. En cambio, si se pagaran las amortizaciones con ingresos presupuestarios corrientes, sería necesario cercenar y desarticular el Presupuesto;  se requeriría un superávit fiscal primario de cerca de 5 puntos del PIB. Quienes preconizan esta solución, quizás piensen en el efecto electoral para el Gobierno de un ajuste de esta magnitud; y tal vez olviden los sufrimientos de la población argentina durante la caída de la convertibilidad.

Es de esperar que la efectiva vigencia de la ley de medios audiovisuales, con la irrupción de múltiples opiniones en el debate, impida que en el futuro se produzcan confusiones de la índole de las reseñadas. Mientras tanto, es indispensable aclarar los puntos de vista.

* Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.

Fuente: País Sur 17-04-2010 /

Los relatos y la realidad

Martes, abril 20th, 2010
Ricardo Forster
Algunas anécdotas que sirven para ilustrar aquello que se dice y aquello que no se dice en la Argentina. La primera me sucedió la semana pasada, cuando una periodista de El Cronista Comercial me hizo una entrevista que fue transcurriendo por carriles normales aunque algo ríspidos por el tono de las preguntas y por las evidentes diferencias de interpretación. Nada fuera de lo común y nada inesperado sabiendo qué posiciones defiende dicho periódico. Lo que me sorprendió fue una pregunta que de repente me hizo la joven periodista, porque hasta ese momento la conversación y la propia lógica del reportaje me hacían pensar que estaba delante de alguien con criterio e incluso con perspectivas propias que no necesariamente se correspondían con los de la empresa en la que trabaja.

La pregunta fue directa: “¿No considera que el país está aislado del mundo?”. La miré, confieso, un tanto perplejo y pensando que había escuchado mal. Ese mismo día Cristina Fernández se había entrevistado en Washington primero con Barack Obama y luego con el presidente chino y se anunciaba, para el día siguiente, la primera visita de un mandatario ruso a nuestro país. Le pregunté, invirtiendo los roles de entrevistado en entrevistador, si me estaba hablando en serio, si se había detenido a pensar lo que me estaba preguntando o si tenía un casete previamente preparado que no se dejaba conmover por nada. No sé si entendió mi humorada o mi sarcasmo. No sé si el relato que la envolvía encontraba las fisuras adecuadas para que se filtrara ya no sólo lo que podían ser mis propias perspectivas de la realidad sino un poco de observación independiente y capaz de sustraerse al clima malsano de la redacción en la cual de­sarrollaba su trabajo. Algo estaba obturado, y ese algo que invisibilizaba lo evidente, lo que estaba allí como información imposible de negar, proyectaba en el imaginario de la periodista una percepción mórbida de una realidad que ofrecía señales absolutamente distintas a aquello que suponía su pregunta.

La otra anécdota no es personal sino que tiene que ver con el modo de cubrir sin cubrir de la corporación mediática la extraordinaria marcha del jueves pasado en defensa de la ley de medios audiovisuales. Del mismo modo que se ningunea y se de­sinforma respecto de la política internacional del Gobierno, que primero se dice una cosa y después se minimiza lo ocurrido para dejarlo correr sin pena ni gloria y como parte de una línea editorial que busca bloquear cualquier acontecimiento favorable o más o menos destacado llevado adelante por el Gobierno nacional, se transforma una movilización multitudinaria y diversa en su conformación en apenas una “manifestación en defensa de la ley K de medios”, que es lo mismo que decir que esas decenas de miles de personas que participaron de la protesta contra las decisiones de algunos jueces mendocinos no tenían otra intención que defender los intereses de los Kirchner.

Nada de criterio propio ni de pluralidad política. Nada de libre decisión, apenas rostros sin voz autónoma manejados por una lógica que sólo aspira a acumular poder en beneficio propio. Relato mentiroso de un acontecimiento extraordinariamente significativo en la historia de la democracia argentina. Intento de minimizar aquello que cada vez se despliega con mayor potencia en el interior de eso otro que los grandes medios suelen llamar “opinión pública” (cuando responde a sus intereses económico-ideológicos) y que descalifica como expresión mínima de la crispación K cuando lo que evidencia es que miles y miles de ciudadanos buscan expresar su deseo de una libre circulación de la palabra en nuestro país. Un relato sesgado e hipócrita que esconde la debilidad actual de la corporación, que nos muestra su intento desesperado por tapar el sol con la mano.

Entre la pregunta insólita y bizarra de la periodista de El Cronista y la cobertura canalla de la movilización del jueves 15, se manifiesta la trama “verdadera” del relato de los grupos concentrados y monopólicos. Así como, de la misma manera, que se vislumbra la complicidad de aquellos otros que poco o nada suelen decir de la causa Herrera de Noble o del conflicto suscitado por el Grupo Vila-Manzano al despedir a varios trabajadores de sus medios radiales en Rosario por no aceptar ser cómplices de la defensa de la ley de la dictadura que hizo el grupo. Pero lo seguimos viendo y leyendo cuando “prestigiosos e independientes” periodistas escriben o anuncian sin sonrojarse que continúa el aislamiento internacional de la Argentina y que, en tren de tener que dar cuenta de la entrevista entre Obama y Cristina Fernández, agregan, casi como al pasar y con tono socarrón, que duró apenas un cuarto de hora y careció de toda importancia.

Resultaba patético ver los rostros de Julio Blanck y de Van der Kooy cuando escuchaban azorados las respuestas que el ultraliberal Carlos Escudé, hombre de impensables simpatías hacia los Kirchner, les ofrecía en su programa televisivo reivindicando la política exterior del Gobierno sino también, y más desopilante por la situación y el contexto en el que se lo decía, cuando se dedicó, durante largos e interminables minutos para los entrevistadores, a mostrar de qué manera la “prensa seria” se había dedicado a minimizar o a ridiculizar aquello que era absolutamente relevante. Nada era importante, ni la entrevista con Obama ni el diálogo con el presidente ruso que, entre otras cosas, comprometió una gran inversión en el área energética.

Lo único digno de ser informado, en el tono habitual de catástrofe, era la supuesta amenaza rusa de dejar de comprar carne argentina. Escudé disfrutaba como un niño travieso mientras los periodistas, siempre tan irónicos y sobradores, no sabían dónde meterse y cómo es que habían dejado que el enemigo entrara a los estudios de TN. Insultos varios deben de haber caído sobre las espaldas de la producción que no se debe haber tomado el trabajo de conversar previamente con Escudé confiando en que sus antecedentes político-académicos lo volvían una pieza confiable.

Anécdotas mínimas, de esas que se repiten a diario y que saturan los medios gráficos y audiovisuales hegemonizados por el establishment. Ejemplos elocuentes de la lógica de la desinformación que practican aquellos mismos que luego se desgarran las vestiduras en defensa de la libertad de prensa. Proliferación de un relato que busca diluir aquello que efectivamente sucede, que se ocupa y se preocupa por hacer invisible lo que cuestiona sus intereses.

Multiplicación de voces y de imágenes dispuestas para formatear una visión patológica de la actualidad argentina, buscando afianzar una descripción apocalíptica y abismal de esas que están allí para justificar el bombardeo permanente contra cualquier acción del Gobierno. Y no importa que la realidad contradiga sus dichos y sus “informaciones” porque el problema, entonces, será de la realidad y no de ellos que, eso lo sabemos, son la reserva moral de la libertad de expresión en un país amenazado por la forma kirchnerista del populismo, de ese que busca “amordazar a los argentinos” llevándonos hacia la catástrofe tan anunciada y lamentablemente tan demorada. ¿Será acaso que Obama, Medvedev y el presidente chino se han vuelto kirchneristas y no lo sabíamos? ¿Tan grave es el peligro que, incluso, le han lavado el cerebro a un liberal intachable como Carlos Escudé?

ACTO HOMENAJE A NUESTROS COMPAÑEROS

Lunes, abril 19th, 2010

La Comisión por la Reconstrucción de la Memoria y la Cátedra Libre Poder Económico y Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires invitan al 

ACTO HOMENAJE A NUESTROS COMPAÑEROS 

MUERTOS Y DESAPARECIDOS POR EL TERRORISMO DE

ESTADO 

Jueves 22/04 – 19 Hs.

Salón de Actos

Facultad de Ciencias Económicas – UBA

Av. Córdoba 2122, 2º Piso.

 Presentación de la obra de Teatro

“Mi nombre es…”

 Teatro x la identidad

 y palabras de 

Jorge Watts

Autor del libro “Memoria del infierno. 

Relato testimonial de un sobreviviente del centro clandestino 

de detención El Vesubio”

 Por la memoria, la verdad y la justicia: Nuestros compañeros siempre presentes!!!

EL RACISMO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORANEA

Miércoles, abril 14th, 2010

Enemigos éxtimos

El autor –apelando al concepto de “extimidad”– sostiene que el racismo moderno es “el odio al goce del Otro: se odia la manera particular en que el Otro goza”; y, para esta cuestión, “el discurso universal de la ciencia no tiene respuesta, aunque se trate de hacerlo responder”.

 Por Jacques-Alain Miller *

El término “inmigración”, relativamente nuevo, significativamente contemporáneo de la Revolución Industrial, es decir, de la perturbación que introdujo la aplicación con fines productivos de los resultados de la ciencia: a partir de ella, establecerse en un país extranjero se extendió a escala masiva. Se trata entonces de un hecho nuevo, de un hecho moderno.

Debemos decir que ser un inmigrante es el estatuto mismo del sujeto en el psicoanálisis. El sujeto como tal, definido por su lugar en el Otro, es un inmigrante. No definimos su lugar en lo Mismo porque sólo tiene hogar en lo del Otro. El problema del sujeto precisamente es que ese país extranjero es su país natal. Algo significa que el psicoanálisis haya sido inventado por alguien que tenía con el estatuto de inmigrante, de extimidad (ver aparte) social, una relación originaria. Y es que este estatuto pone en tela de juicio el círculo de la identidad de este sujeto, lo condena a buscarla en los grupos, los pueblos y las naciones.

Se nos reprocha ser antihumanistas, y es que el humanismo universal no se sostiene. No me refiero al humanismo del Renacimiento, que está muy lejos de ser un humanismo universal. Hablo de este humanismo contemporáneo que no encuentra más soporte que el discurso de la ciencia –del derecho al saber, hasta de la contribución al saber–, de este humanismo universal cuyo absurdo lógico (no hay otra palabra) sería pretender que el Otro sea semejante. Este humanismo se desorienta por completo cuando lo real en el Otro se manifiesta como no semejante en absoluto. Hay entonces sublevación. Entonces surge el escándalo. Ya no se tiene más recurso que invocar no sé qué irracionalidad; es decir que se supera singularmente el concepto del Otro aséptico que nos hemos forjado.

De hecho, este humanismo universal hace oír sus pretensiones justo cuando el Otro tiene una singular propensión a manifestarse como no semejante –a lo que se esperaba–. Esto desorienta al progresismo, que cuenta con el progreso del discurso de la ciencia como universal para obtener una uniformización, y especialmente del goce. El problema es que, en la medida en que la presión del discurso científico se ejerce en el sentido de lo uniforme, hay cierto disforme que tiende a manifestarse, sobre todo de un modo grotesco y horrible, y que está ligado a lo que se llama progreso.

La ciencia no debe quedar exonerada de racismo aun cuando haya una caterva de científicos que expliquen hasta qué punto es antirracista. Sin duda es posible hacer caso omiso de las elucubraciones seudocientíficas del racismo moderno, que, como se constata, no se sostienen. Resulta fácil constatar que en sus consecuencias técnicas la ciencia es profundamente antisegregativa, pero es porque su discurso mismo explota un modo muy puro del sujeto, un modo que puede llamarse universalizado del sujeto. El discurso de la ciencia está hecho para y por –potencialmente por– cualquier hijo de vecino que piense …luego soy; es un discurso que anula las particularidades subjetivas, que las echa a perder. Entonces, está la vocación de universalidad de la ciencia, que en este sentido es antirracista, antinacionalista, antiideológica, puesto que sólo se sostiene poniendo el cuantificador universal para todo hombre.

Aunque resulta muy simpático, en la práctica esto conduce a una ética universal que hace del desarrollo un valor esencial, absoluto, y hasta tal punto que todo (comunidades, pueblos, naciones) se ordena según esta escala con una fuerza irresistible. De resultas, es porque las comunidades, los pueblos y las naciones se encuentran bajo esta escala, por lo que hay enseguida un buen número al que se califica de subdesarrollado. En el fondo, todo está dicho en ese término, hasta tal punto que no hay más que subdesarrollados en esta tierra. Francia, por ejemplo, tiembla por saber si está en verdad suficientemente desarrollado en varios campos. Se siente en la pendiente de la decadencia respecto de esta irresistible exigencia de desarrollo.

Debe admitirse también que esto se encarnó en la fachada –por otra parte, en general humanitaria– del colonialismo, del imperialismo moderno. En esa época no se decía: cada uno en su casa. Por el contrario, se iba a ver de cerca para imponer el orden y la civilización. Resulta divertido constatar que en nuestra época vivimos el retorno al interior de todo esto, el retorno de extimidad de este proceso. Y resulta tanto más sabroso cuanto que son los mismos que querían afrancesar pueblos enteros los que hoy no pueden soportarlos en el subterráneo.

Hay que reconocer que este desarrollo del discurso de la ciencia tiene como efecto bien conocido –y la protesta, llegado el caso, es reaccionaria– deshacer las solidaridades comunitarias, las solidaridades familiares. Como saben, el estatuto moderno de la familia es extremadamente reducido. Grosso modo, lo que resumimos como discurso de la ciencia tiene un efecto dispersivo, desegregativo, que puede llamarse de liberación, por qué no; se trata de una liberación estrictamente contemporánea con la mundialización del mercado y de los intercambios.

A quienes sólo son sensibles a la vocación de universalidad de la ciencia, mientras rezongan ante algunas de sus consecuencias económicas y hasta culturales, Lacan les señala el hecho de que a esta desegregación responde la promoción de segregaciones renovadas, que son en conjunto mucho más severas que lo que hasta ahora se vio. El lo dice en futuro, de forma profética: “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación” (los remito a la página 22 de la “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”).

Los procesos de segregación son justamente lo que se discute bajo el sentido común del racismo. En el fondo, esto implica que el discurso de la ciencia no es en absoluto abstracto, sino que tiene efectos sobre cada uno, tiene efectos significantes sobre todos los grupos sociales porque introduce la universalización. No se trata de un efecto abstracto, sino de una apuesta permanente.

El modo universal –que es el modo propio según el cual la ciencia elabora lo real– que parece no tener límites, pues bien, los tiene. Me encontraba junto a un biólogo encantador empeñado en sostener que desde el punto de vista de los genes no hay raza: reconozcamos que este tipo de fórmula, de discurso, es completamente inoperante. Se puede repetir tanto como se quiera “nosotros los hombres…”, y se constatará que no tiene efectos. No los tiene porque el modo universal que es el de la ciencia encuentra sus límites en lo que es estrictamente particular, en lo que no es universal ni universalizable y que podemos llamar, con Lacan, de manera aproximada, modo de goce. Soñar con una universalización del modo de goce caracterizó a toda utopía social, de las que fue pródigo el siglo XIX. Por supuesto, es preciso distinguir el goce particular de cada uno y el modo de goce que se elabora, se construye y se sostiene en un grupo, por lo general no muy amplio. Allí se está a nivel de cada uno. No de cada hijo de vecino, sino de cada uno en su cadaunería.

“Odio tu manera de gozar”

Dado el modo universal en que se desarrolla, el discurso científico no puede responder nada a la pregunta que se plantea como consecuencia de esta respuesta que es el imperativo de goce, del que cada uno es esclavo.

Se sabe que el discurso universal de la ciencia no tiene respuesta, aunque se trate de hacerlo responder. Se hacen, por ejemplo, manuales de educación sexual, lo que constituye una tentativa de actuar de modo que el discurso científico, que se supone tiene respuesta para todo, pueda responder al respecto, y se verifica que fracasa. Por su profesión, el biólogo cree en la relación sexual porque puede fundarla científicamente, pero a un nivel que no implica que ésta se apoye en el inconsciente. Y nada de lo que verifica a nivel del gen dice lo que hay que hacer con el Otro sexo en el nivel donde eso habla. Aun cuando el biólogo verifique el modo en que los sexos se relacionan uno con otro, lo hace en un nivel donde eso no habla.

Hacer responder a la ciencia paradojas del goce es un intento cuyo final no vimos. Estamos sólo al comienzo. Es una industria naciente. Pero quizá desde ya podamos saber que es en vano. En todo caso, por ahora el discurso universal no tiene siquiera la eficiencia que han tenido los discursos de la tradición, los discursos tradicionales, relativamente inertes, de una sabiduría sedimentada, que en las agrupaciones sociales anteriores permitían enmarcar el modo de goce. Nótese que estos discursos tradicionales –como el de la familia ampliada, según la llamamos, porque la nuestra es reducida–, que en determinado momento elaboraban cómo hacer con el otro, son los que el discurso de la ciencia objetó, arrasó; el discurso de la ciencia y lo que lo acompaña, a saber, el discurso de los Derechos del Hombre.

Me parece que esto es lo que debe captarse para situar el racismo moderno, sus horrores pasados, sus horrores presentes, sus horrores por venir. No basta con cuestionar el odio al Otro, porque justamente esto plantearía la pregunta de por qué este Otro es Otro. En el odio al Otro que se conoce a través del racismo es seguro que hay algo más que la agresividad. Hay una consistencia de esta agresividad que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro. Surge entonces la pregunta que es en todo caso la nuestra: ¿qué hace que este Otro sea Otro para que se lo pueda odiar en su ser? Pues bien, es el odio al goce del Otro. Esta es la fórmula más general que puede darse de este racismo moderno tal como lo verificamos. Se odia especialmente la manera particular en que el Otro goza.

Cuando cierta densidad de poblaciones, de diferentes tradiciones, de culturas diversas, se expresan, resulta que el vecino tiende a molestarlos porque, por ejemplo, no festeja como ustedes. Si no festeja como ustedes, significa que goza de otro modo, que es lo que ustedes no toleran. Se quiere reconocer en el Otro al prójimo, pero siempre y cuando no sea nuestro vecino. Se lo quiere amar como a uno mismo, pero sobre todo cuando está lejos, cuando está separado.

Cuando el Otro se acerca demasiado, se mezcla con ustedes, como dice Lacan, y hay pues nuevos fantasmas que recaen sobre el exceso de goce del Otro. Una imputación de goce excedente podría ser, por ejemplo, que el Otro encontrara en el dinero un goce que sobrepasaría todo límite. Este exceso de goce puede ser imputar al otro una actividad incansable, un gusto demasiado grande por el trabajo, pero también imputarle una excesiva pereza y un rechazo del trabajo, lo que es sólo la otra cara del exceso en cuestión. Resulta divertido constatar con qué velocidad se pasó, en el orden de estas imputaciones, de los reproches por el rechazo del trabajo a los que “roban trabajo”. De todas maneras, lo constante en este asunto es que el Otro les saca una parte indebida de goce. Esto es constante.

La cuestión de la tolerancia o la intolerancia no alcanza en absoluto al sujeto de la ciencia o a los Derechos del Hombre. El asunto se ubica en otro nivel, que es el de la tolerancia o la intolerancia al goce del Otro, en la medida en que es esencialmente aquel que me sustrae el mío. Nosotros sabemos que el estatuto profundo del objeto es haber sido siempre sustraído por el Otro. Si el problema tiene aspecto de insoluble, es porque el Otro es Otro dentro de mí mismo. La raíz del racismo, desde esta perspectiva, es el odio al propio goce. No hay otro más que ése. Si el Otro está en mi interior en posición de extimidad, es también mi propio odio.

Simplemente, se confiesa que se quiere al Otro siempre que se vuelva el Mismo. Cuando se hacen cálculos para saber si deberá abandonar su lengua, sus creencias, su vestimenta, su forma de hablar, se trata de saber en qué medida él abandonaría su Otro goce. Esto es lo único que se pone en discusión.

En esta línea me vi llevado a admitir la validez del término “sexismo”, que se construye sobre “racismo”. Hombre y mujer son dos razas –tal es la posición de Lacan–, no biológicamente, sino en lo que hace a la relación inconsciente con el goce. En este nivel se trata de dos modos de goce. Sabemos hasta qué punto nos ocupamos de contener el goce femenino: cómo se intentó taponar, canalizar, vigilar este exceso de goce. Saben el cuidado que se tomó –constituyó un tema filosófico, durante siglos– en la educación de las muchachas. Resulta divertido ver progresar las tentativas de uniformización del discurso de la ciencia. Podemos regocijarnos al ver la promoción femenina, mujeres a la cabeza de sociedades multinacionales norteamericanas, por ejemplo, que hoy ocupan lugares como el de tesorero general, lo que es bastante afín a la posición de la burguesa en la casa.

La tolerancia a la homosexualidad depende de la misma rúbrica. Se producen efectos de segregación, si no voluntarios al menos asumidos. Existen rincones reservados, en Los Angeles o San Francisco, donde se reúne una comunidad que ocupa un tercio de la ciudad. Se trata de una forma asumida, jugada, de segregación. Y como comunidad de segregación tiene derecho de palabra y de actuación en la conducción de la ciudad.

¿El antirracismo es negar las razas? Creo que es inoperante plantear que no hay razas. Para que no hubiera razas, para que se pudiera decir “nosotros los hombres…”, haría falta que hubiera el Otro del hombre. Se necesitarían seres hablantes de otro planeta para que pudiéramos por fin decirlo. De ahí el carácter finalmente tan optimista de la ciencia ficción, ya que da una especie de existencia fantasiosa al “nosotros los hombres…”. Para Jacques Lacan, una raza se constituye por el modo en que se trasmiten, por el orden de un discurso, los lugares simbólicos. Es decir que las razas, esas que están en actividad entre nosotros, son efectos de discurso, lo que no significa simplemente efectos de blablablá. Significa que estos discursos están ahí como estructuras, y que no alcanza con soplarlos para que se vuelen.

* Director del Instituto del Campo Freudiano. Texto extractado del libro Extimidad, de reciente aparición (Ed. Paidós).

Respuesta de Jorge Molinero al artículo de Jacob Goransky

Miércoles, abril 14th, 2010

Jacob Goransky nos envió su artículo de 2005 sobre Inflación y Suba de Precios. yo respondí al artículo de Jacob con una nota de fecha 15 de Diciembre de 2009 a la que me remito. Pero le vamos a dar otra vuelta de tuerca a aquellos argumentos.

El artículo de Jacob es del año 2005 según nos indica. A continuación incluyo el cuadro de la variación de precios oficiales desde 2000 a la fecha, con valores diciembre de cada año y febrero de 2010

INDEC – INDICE DE PRECIOS AL CONSUMIDOR

NIVEL GENERAL

BASE 100 = ABRIL 2008 

MES AÑO ÍNDICE TASA VAR.
DICIEMBRE 2000 47,34766  
DICIEMBRE 2001 46,61541 -1,5%
DICIEMBRE 2002 65,7028 40,9%
DICIEMBRE 2003 68,1082 3,7%
DICIEMBRE 2004 72,2606 6,1%
DICIEMBRE 2005 81,0389 12,1%
DICIEMBRE 2006 89,1553 10,0%
DICIEMBRE 2007 96,7107 8,5%
DICIEMBRE 2008 103,71 7,2%
DICIEMBRE 2009 111,69 7,7%
FEBRERO 2010 114,25 2,3%
       

 Esto es, en los últimos años de la Convertibilidad asistimos a una variación negativa del nivel general de precios, técnicamente denominada DEFLACIÓN.
En 2002, a la salida de la convertibilidad, el índice de precios tiene una variación entre puntas del 40.9 %, técnicamente una INFLACIÓN, pero en ese momento nadie se preocupaba de ese aspecto ya que las consecuencias de la devaluación de 1 a 3,5 pesos por dólar trastocó todo el escenario económico y social , provocando al inicio una profundización de la recesión y luego de pocos meses el resurgimiento a partir de un nuevo esquema de precios relativos, alta desocupación, salarios deprimidos, elevada pobreza e indigencia y agudización del Indice de Gini (mide la desigualdad social) entre otras consecuencias que no abundaré aquí.
Luego la inflación de precios de 2003 (3.7%) y 2004 (6.1 %) fue tanto menor que nadie se preocupó. En 2005 surgieron voces de alerta porque el índice oficial  trepó al 12,1%, es decir se venía duplicando en los dos últimos años. Es en ese momento en que Jacob escribe el artículo.
Luego viene la intervención al Indec por Guillermo Moreno y el índice oficial de precios al consumidor aumenta menos cada año, con la excepción de la proyección de los datos oficiales del primer bimestre de 2010 que anualizado superarían el 14 %. Sinceramente, poco creíble, pero no soy quién para decir cual es la inflación real.
La discusión no es si hay o no inflación. Aunque el Gobierno Nacional niegue que hay inflación y yo apoye al Gobierno en general, no puedo ser tan necio como para negar que hay un aumento generalizado de precios. Ya lo había dicho antes, se puede hablar de inflación cuando hay un aumento generalizado del nivel de precios, independientemente de la magnitud de ese aumento, es decir hay países con inflaciones menores al 1 % u otros con inflaciones del orden del 10 %. Hasta aquí la discusión parecería semántica, si cualquier aumento del nivel general de precios debe considerarse o no técnicamente inflación. Con los datos del Indec yo puedo decir que en el primer bimestre del año la inflación acumulada fue del 2,3 %, que anualizada supera el 14 %. Si no se aceptase que esa variación de precios es inflación alguien me tendría que explicar a partir de qué nivel de aumento de precios se le puede otorgar el maldito nombre a la suba generalizada de precios: más del 10 % anual? 20 %? 30 %, cuándo es inflación? Discusión tan fútil como la del sexo de los angelitos. 
No viene a cuento si las causas de la elevación del nivel general de precios (ENGP de ahora en más, técnicamente neutro) son por pura emisión, por aumento de los precios internacionales, por devaluación, por incrementos de la demanda sin aumentos de la oferta, por concentración de mercados, por memoria histórica, por puja salarial, por expectativas o por las dudas. Cuando el ENGP supera cierto nivel es mejor que lo analicemos seriamente al margen del nombre de guerra que le pongamos.
 
El problema surge cuando se privilegia el problema de la inflación por sobre otros y se lo utiliza políticamente para producir un ajuste disciplinador de las reivindicaciones sociales por recuperar la participación de los asalariados en el PBI que hubo en el pasado.
En la tribuna podemos decir que el cuco de la inflación lo utilizan los factores de poder para frenar las reivindicaciones sociales y disciplinar a los trabajadores, pero dentro del grupo de compañeros que somos la Comisión de Economía de Carta Abierta tenemos que saber de qué estamos hablando, y eso haremos en breves líneas, para reabrir una discusión que apagó el verano.
 
Mi impresión es que hay  un proceso de ENGP importante (visto los ENGP del resto de los países) y además incredulidad general en el índice oficial. Las principales causas en el caso actual no se pueden buscar en déficit fiscal que no lo hay, causa principal en el pasado.
Creo que el éxito del gobierno en mantener un tipo de cambio competitivo y frenar el ingreso de competidores extranjeros con regulaciones de importaciones, sumado al volcado de una capacidad adicional de consumo en las clases populares por aumento de masa de jubilados, actualización de sus remuneraciones y el impacto de la asignación universal por hijo, enfrentados a una oferta muy concentrada tanto en la producción como en la comercialización de bienes masivos, ha producido una ACELERACIÓN del proceso de ENGP, a lo que se suma ahora la ronda anual de cierre de convenciones colectivas de trabajo en todas las ramas formales de industria, comercio y servicios (públicos y privados).
Es decir parte de la aceleración está en el éxito de la política redistributiva del gobierno y en la política de protección a una burguesía nacional que responde cazando en el zoológico. Sin competencia internacional acuciante en la mayoría de las ramas, en especial en alimentación, los aumentos de demanda se traducen más en aumento de precios que en aumento de la producción y la inversión.
Cómo se enfrenta esto? Recién si entendemos que el diagnóstico anterior es correcto en líneas generales podemos intentar buscar las vías de enfrentar el problema. Tengamos en claro que enfrentar no es solucionar, ya que la “solución” al problema del ENGP es el atraso cambiario, la apertura indiscriminada del comercio externo, la desocupación, el cierre de empresas, etc. Ya conocemos ese camino y nos fue mal. Pero también la ACELERACIÓN puede llevarnos a Mayo de 1975 en donde al aumento de precios en un mercado más cerrado que el actual, los sindicatos respondieron con la obtención de aumentos que rondaron el 170 % y el Ministro Rodrigo respondió con una liberación general de precios y aumento de servicios que pasó a la historia con el triste nombre de Rodrigazo.
Lo que vuelvo a enfatizar es que el tema no se puede resolver con consignas. Si ya nos rompimos los dientes más de una vez, intentemos, al menos dentro de nuestro grupo, de discutir seriamente este tema. No hay una salida fácil, hay un conjunto de políticas que pueden recortar o contener el problema dentro de ciertos bordes, no eliminarlo. Una vez más vuelvo a pedir que se discuta seriamente este tema en alguna reunión de la CECA.
Saludos
Jorge Molinero
09/04/2010