Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

1May/101

Una revolución de derechas. Sobre la ofensiva neocón en EEUU y España

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Desde España

 Comparemos las pancartas de "Obama ama a Osama" y "devolvamos a Obama a África" del Tea Party con las pancartas de "zETAp" y "Zapatero vete con tu abuelo" de la AVT.

 Jónatham F. Moriche |

 "Estados Unidos está preparado para una nueva revolución". Lo decía hace pocos días Sarah Palin, derrotada candidata republicana a la vicepresidencia en las últimas elecciones yanquis, y hoy musa del movimiento ultraderechista Tea Party, que llama a Barack Obama "comunista" y "amigo de los terroristas" y convoca multitudinarias movilizaciones contra la extensión de la sanidad pública, contra el desmantelamiento de Guantánamo, contra el matrimonio gay... ¿Le resulta todo esto vágamente familiar al lector o lectora? Es posible. Comparemos las pancartas de "Obama ama a Osama" y "devolvamos a Obama a África" de los acólitos del Tea Party con las pancartas de "zETAp" y "Zapatero vete con tu abuelo" de las manifestaciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo; las soflamas incendiarias y las teorías conspiranoicas de Russ Limbaugh y la cadena Fox News con las de Federico Jiménez Losantos y la cadena Intereconomía; las elucubraciones sobre los "valores occidentales" y el "choque de civilizaciones" de la Heritage Foundation en Washington con las de sus colegas de la FAES en Madrid; la cada vez más desinhibida reivindicación de la Confederación esclavista y la denigración del movimiento por los derechos civiles de parte de la derecha norteamericana con el revisionismo profranquista y la denigración de la II República de parte de la derecha española... Las coincidencias en música y letra son reveladoras. Hace ya tiempo que el Partido Republicano y el Partido Popular, secuestrados por sus sectores más radicales e infectados del virus totalitario del neoconservadurismo, actúan bajo una lógica compartida: la lógica de una revolución desde la derecha y contra la democracia, tal y como hoy, con todas sus virtudes y todos sus defectos, la conocemos.

Conforme se acerca el ciclo electoral 2011-2012, van acumulándose las evidencias del firme compromiso de la derecha española con esta estrategia revolucionaria: la numantina defensa del PP ante las decenas de miles de folios de inmundicia del sumario del "caso Gürtel; el disparatado procedimiento de la ultraderecha judicial contra el magistrado Garzón por su investigación de los crímenes del franquismo; la sádica violencia policial desatada contra los manifestantes valencianos en defensa del barrio del Cabanyal; el permanente sabotaje de la gran patronal representada por la CEOE contra las políticas económicas públicas y el diálogo social; la tenaz e ilegítima resistencia en sus cargos de los miembros de un Tribunal Constitucional empeñado en violentar la voluntad democrática expresada en el nuevo Estatuto de Catalunya; la manipulación política de la alarma social en torno a la criminalidad juvenil y la reforma de la Ley del Menor; la campaña inquisitorial de la Conferencia Episcopal contra la reforma de la reglamentación legal del aborto; las injurias contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela por su ficticia complicidad con ETA...

Y aún mayor que el terror que provoca esta derecha echada al monte es el desconsuelo que provoca una izquierda incapaz de plantarle cara. Ante la ofensiva de sus respectivos Tea Party, tanto Obama como Zapatero sólo han sabido hacer una cosa: ceder terreno, descafeinar sus propuestas más reformistas (en materia de medio ambiente, derechos sociales, derechos civiles...) en favor de políticas abiertamente neoliberales, y decepcionar e irritar con ello a sus electorados. El combustible de la locomotora neocón es este fracaso de la izquierda a la hora de encontrar una salida progresista a la profunda crisis económica, política y cultural que atravesamos. Mientras la izquierda no se recomponga en torno a unos valores, objetivos y prácticas compartidas, la ultraderecha avanzará exultante e impávida en su larga marcha contra la libertad. A quienes les toca mover ficha para posibilitar esta recomposición de la izquierda es a Obama, a Zapatero y a sus respectivos partidos, que son los que han optado por el pactismo con las oligarquías neoliberales causantes de la crisis y por la pasividad frente a las dentelladas salvajes de las nuevas falanges del neoconservadurismo. Y no a la izquierda social, que de momento es la única que pone la voz y el cuerpo a pie de plaza (como ahora mismo está sucediendo en España con los movimientos de base por la recuperación de la memoria histórica, contra la corrupción o en defensa de la sanidad, la enseñanza y otros servicios públicos) para poner freno a la contrarrevolución neoconservadora.

Jónatham F. Moriche, Vegas Altas del Guadiana, Extremadura Sur, abril de 2010