Archive for junio, 2010

Una aproximación al concepto de dinero como básico para la economía en la visión del físico F. Capra

Miércoles, junio 23rd, 2010

Es interesante seguir el pensamiento de un físico teórico de la Universidad de Viena como Fritjof Capra quien ha trabajado como investigador en física subatómica. También ha sido profesor en la U.C. en Santa Cruz, en Berkeley y en la Universidad de San Francisco.
En paralelo a sus actividades de investigación y enseñanza, desde hace más de 30 años Capra ha estudiado en profundidad las consecuencias filosóficas y sociales de la ciencia moderna.
Su producción literaria se inició con la publicación de un icono moderno: “El tao de la física” que supuso el punto de partida de numerosas publicaciones sobre la interrelación entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo antiguo, principalmente oriental.
Sus trabajos de investigación y divulgación siguientes incluyen estudios en que los postulados aportados por su primer libro se extienden a otras áreas, como la biología, la ecología y las ciencias sociales especialmente la economía, enfatizando en todos ellos la necesidad de alcanzar una nueva comprensión del universo que nos rodea como un todo en el que, para comprender sus partes, es necesario estudiar su interrelación con el resto de los fenómenos, pues su visión está basada en que la naturaleza de la realidad es un proceso creativo e interconectado
En relación con la economía en su libro “El punto crucial” Capra sostiene que “los modelos macroeconómicos tendrán que estudiarse dentro de una estructura basada en el enfoque integral y utilizando un nuevo conjunto de variables. Uno de los principales errores – sostiene – de las escuelas modernas de pensamiento económico es su insistencia en usar el dinero como única manera de medir la eficacia de los procesos de producción y distribución. Usando únicamente este criterio, los economistas han olvidado un hecho importante: que la mayoría de las actividades económicas del mundo consisten en una producción informal basada en el valor de uso, en sistemas de intercambio y en arreglos recíprocos de compartir bienes y servicios, y que todo esto se verifica fuera de las economías monetarias.
A medida que estas actividades – trabajo doméstico, cuidado de los niños, asistencia a enfermos y ancianos – son más monetizadas e institucionalizadas, los valores que permiten a las personas prestarse recíprocamente servicios gratuitos comienzan a deformarse; la cohesión cultural y social se disuelve, y no sorprende que la economía comience a sufrir una disminución de “la productividad”. Este proceso se ve acelerado por el hecho de que el concepto de dinero se está volviendo cada vez más abstracto y más ajeno a las actividades económicas.
Mientras que en el actual sistema bancario financiero mundial, las unidades monetarias pueden deformarse de una manera casi arbitraria por parte del poder de las grandes instituciones, el uso cada vez más generalizado de las tarjetas de crédito, los sistemas electrónicos de actividad bancaria y transferencias de fondos, y otros instrumentos de la moderna tecnología de la informática y las comunicaciones han añadido nuevos niveles de complejidad que prácticamente impiden el uso del dinero como sistema exacto para medir las transacciones económicas en el mundo real”

Capra Fritjof, El punto crucial, editorial estaciones, 2008

La crisis, una estafa detrás de otra

Lunes, junio 21st, 2010

Desde España
Juan Torres López

La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos.
Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía productiva. Esta es la primera estafa.
Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo, ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que transmitiía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa.
Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que lno era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura financiera. Esta es la tercera estafa.
Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que con ese estatuto de “independientes” los bancos centrales se pusieron al servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro lado ante sus desmanes. Y asi, en lugar de combatir la inflación permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo cierto fue que durante su mandato “independiente” también hubo el mayor número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta estafa.
Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos.
Esta es la quinta estafa.
Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más que en 2008. Esta es la sexta estafa.
Los gobiernos tuvieron que gastar cientos de miles de millones de dólares o euros para evitar que la economía se colapsara y para ayudar a la banca. Como consecuencia de ello tuvieron que endeudarse. Como los bancos centrales están dominados por ideas liberales profundamente equivocadas y al servicio de la banca privada, no financiaron adecuadamente a los gobiernos, como sí habían hecho con los bancos privados, y eso hizo que tuvieran que ser los bancos privados quienes financiaran su deuda. Así, éstos últimos recibían dinero al 1% de los bancos centrales y lo colocan en la deuda pública al 3, al 4 o incluso al 8 o 10%. Esta es la séptima estafa.
Como los bancos y grandes financieros no se quedaron contentos con ese negocio impresionante, se dedicaron a propagar rumores sobre la situación de los países que se habían tenido que endeudar por su culpa. Eso fue lo que hizo que los gobiernos tuvieran que emitir la deuda más cara, aumentando así el beneficio de los especuladores y poniendo en grandes dificultades a las economías nacionales. Esta es la octava estafa.
Los gobiernos quedaron así atados de pies y manos ante los bancos y los grandes fondos de inversión y, gracias a su poder en los organismos internacionales, en los medios de comunicación y en las propias instituciones políticas como la Unión Europea, han aprovechado la ocasión para imponer medidas que a medio y largo plazo les permitan obtener beneficios todavía mayores y más fácilmente: reducción del gasto público para fomentar los negocios privados, reformas laborales para disminuir el poder de negociación de los trabajadores y sus salarios, privatización de las pensiones, etc… Afirman que así se combate la crisis pero en realidad lo que van a producir es todo lo contrario porque es inevitable que con esas medidas caiga aún más la actividad económica y el empleo porque lo que hacen es disminuir el gasto productivo y “el combustible” que los sostiene. Esta es la novena estafa.
Desde que la crisis se mostró con todo su peligro y extensión, las autoridades e incluso los líderes conservadores anunciaron que estaban completamente decididos a poner fin a las irresponsabilidades de la banca y al descontrol que la había provocado, que acabarían con el secreto bancario, con los paraísos fiscales y con la desregulación que viene permitiendo que los financieros hagan cualquier cosa y que acumulen riesgo sin límite con tal de ganar dinero… Pero lo cierto es que no han tomado ni una sola medida, ni una sola, en esa dirección. Esta es la décima estafa.
Mientras está pasando todo esto, los gobiernos, esclavos o cómplices de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía mientras que a los ricos y a los bancos y financieros que provocaron la crisis no les han dado sino ayudas constantes y todo tipo de facilidades para que sigan haciendo exactamente lo mismo que la provocó. Gracias a ello, éstos últimos están obteniendo de nuevo cientos de miles de millones de euros de beneficios mientras que cae la renta de los trabajadores, de los jubilados o de los pequeños y medianos empresarios. Esta es la undécima estafa.
Mientras que constantemente vemos que los presidentes de gobiernos reciben instrucciones del Fondo Monetario Internacional, de las agencias de calificación, de los banqueros o de la gran patronal, la ciudadanía no puede expresarse y se le dice que todo lo que está ocurriendo es inexorable y que lo que ellos hacen es lo único que se puede hacer para salir de atolladero. Esta es la duodécima estafa.
Finalmente, se quiere hacer creer a la gente que la situación de crisis en la que estamos es el resultado de un simple o momentáneo mal funcionamiento de las estructuras financieras o incluso económicas y que se podrá salir de ella haciendo unas cuantas reformas laborales o financieras. Nos engañan porque en realidad realidad vivimos desde hace decenios en medio de una convulsión social permanente que afecta a todo el sistema social. La verdad es que cada vez hay un mayor número de seres humanos hambrientos y más diferencias entre los auténticamente ricos y los pobres, que se acelera la destrucción del planeta, que los medios de comunicación están cada vez en propiedad de menos personas, que la democracia existente apenas deja que la ciudadanía se pronuncie o influya sobre los asuntos más decisivos que le afectan y que los poderosos se empeñan en imponer los valores del individualismo y la violencia a toda la humanidad. Esta es la decimotercera estafa.
Lo que ha ocurrido y lo que sigue ocurriendo a lo largo es la crisis es esto, una sucesión de estafas y por eso no se podrá salir de ella hasta que la ciudadanía no se imponga a los estafadores impidiendo que sigan engañándola, hasta que no les obligue a dar cuentas de sus fechorías financieras y hasta que no evite definitivamente que sigan comportándose como hasta ahora.
Juan Torres López es catedrático de economía aplicada en la Universidad de Sevilla

El fracaso del neoliberalismo y las respuestas a la crisis

Lunes, junio 14th, 2010

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Por Aldo Ferrer –
Profesor Emérito. Universidad de Buenos Aires.

La última década del Segundo Centenario y primera del sigo XXI condensa, en un decenio, la trayectoria argentina de doscientos años e inaugura la nueva centuria con el mensaje de las enseñanzas del pasado. No nos privó de nada, incluso la repetición de la violencia y la muerte al final del gobierno de la Alianza y, durante la transición política, en la masacre de Avellaneda.
La década se inició con la peor crisis de la historia económica argentina, continuó con el sexenio de más rápido crecimiento desde que existen registros del PBI y culmina en un escenario de interrogantes, de cuya resolución depende que volvamos a las frustraciones del pasado o iniciemos, de una buena vez, un proceso de desarrollo sustentable y equitativo de largo plazo.
El período incluye, en su segunda mitad, las consecuencias de la también extraordinaria crisis del orden económico mundial, la más severa desde la debacle de los años treinta. Pero, sobre todo, registra la evolución de los acontecimientos de fronteras para adentro y nuestras respuestas a los cambios de circunstancias y a los problemas planteados.
1. Los tres tramos
El descalabro. La década comenzó con la debacle del 2001/02, el epílogo del prolongado período de la hegemonía neoliberal, inaugurado con el golpe de Estado de 1976. Era previsible y fue anticipado por varios observadores, entre los cuales me incluyo, que la estrategia de apertura incondicional, subordinación de las políticas públicas a los intereses particulares, desregulación financiera y privatización indiscriminada, en un contexto de fuerte apreciación del peso, culminaría en un desastre. Tuvo así lugar la extranjerización de la propiedad de sectores fundamentales de la infraestructura y las mayores empresas del país y un endeudamiento externo insostenible, que desembocó en el default.
Como lo señaló el grupo Fénix en su encuentro de septiembre del 2001, la seguridad jurídica y el respeto de los contratos eran insostenibles bajo un régimen fundado en el endeudamiento y la renuncia a la gobernabilidad macroeconómica. Las consecuencias sociales fueron abrumadoras con el aumento vertiginoso del desempleo, la pobreza y la indigencia, la fractura del mercado de trabajo y, consecuentemente, la aparición de problemas de inseguridad desconocidos hasta entonces. El desorden fue gigantesco, con 17 monedas circulando en lugar de la moneda nacional, el trueque como alternativa en una economía sin mercado, los bancos inoperantes por el corralito y el corralón, el tipo de cambio disparado en un sistema al borde de la hiperinflación.
A comienzos del 2002 las propuestas para el futuro de la economía argentina, fundadas en los mismos principios que culminaron en la debacle, incluían la licuación de los activos monetarios en pesos, la dolarización, el establecimiento de la banca off shore, la renuncia definitiva a conducir la política económica y descansar en el salvataje internacional bajo la conducción del FMI. Triste final al cual la subordinación a la especulación financiera y la renuncia a la soberanía condujeron a la democracia recuperada, después de tanto dolor y tanta sangre, en 1983.

La expansión. Allí comenzó el segundo tramo de la década, cuya evolución estuvo en las antípodas de la visión y las propuestas neoliberales. Ese notable período de setenta meses, entre los segundos semestres del 2002 y 2008, registró tasas de crecimiento superiores al 8 por ciento anual, el repunte de las tasas de ahorro e inversión a los máximos históricos de cerca del 30% y 24%, respectivamente, la acumulación de reservas internacionales fundada en el superávit del balance comercial y en la cuenta corriente del balance de pagos, la reducción a la mitad de la tasa de desempleo y un alivio a la pobreza acumulada durante el cuarto de siglo de la hegemonía neoliberal.
El crecimiento obedeció a dos causas principales:
* Al cambio de circunstancias impuesto por la misma crisis. Esto incluye la pesificación de los activos y pasivos denominados en moneda extranjera y la consecuente recuperación de la autoridad monetaria del Banco Central, el superávit en los pagos internacionales debido a la caída de las importaciones y los buenos precios internacionales de los commodities, el ajuste cambiario que abrió espacios de rentabilidad clausurados durante el prolongado período de apreciación del tipo de cambio y la aparición del superávit primario en las finanzas públicas, por el repunte de la economía y la suspensión temporaria de los servicios de la deuda en default.
* Al cambio de rumbo de la política económica. Esta abandonó la búsqueda de soluciones a través de la asistencia internacional y se dedicó a consolidar el control de los principales instrumentos de la política macroeconómica: el presupuesto, la moneda, los pagos internacionales y el tipo de cambio. La fortaleza emergente de la situación macroeconómica permitió formular una propuesta propia para resolver el problema de la deuda en default, que culminó exitosamente y, poco después, en enero de 2006, cancelar la pendiente con el FMI.
La convergencia de las nuevas circunstancias y del rumbo de la política económica provocó en poco tiempo un cambio radical del escenario macroeconómico y permitió recuperar la seguridad jurídica demolida por la estrategia neoliberal. La respuesta de la oferta al repunte de la inversión y del consumo y al fortalecimiento de la competitividad de bienes transables fue inmediata, permitiendo, en el tramo considerado, un aumento acumulado del PBI del 60%. La inflación se mantuvo en niveles manejables pero por encima del límite aconsejable del 10 por ciento.

La incertidumbre. Hacia finales de la década, en el transcurso del 2008 y de allí hasta la actualidad, comenzaron a acumularse problemas que interrumpieron la expansión del segundo tramo del decenio. En el frente macroeconómico, los incentivos iniciales del ajuste de la paridad y del sustantivo superávit primario en el presupuesto comenzaron a debilitarse. El Banco Central mantuvo y mantiene una sólida posición de reservas internacionales, la capacidad de regular la situación monetaria y administrar el tipo de cambio. Pero el incentivo que otorga a la toma de decisiones de inversión, un tipo de cambio desarrollista (TCED) previsible, fue debilitándose paulatinamente. A su vez, el aumento del gasto público excedió el del crecimiento de los ingresos tributarios, con la consecuente reducción del superávit primario y el debilitamiento de la imagen de fortaleza de la situación fiscal. En sentido contrario, la nacionalización del régimen de previsión social permitió recuperar el control público de la sustantiva porción del ahorro interno que circula por el sistema jubilatorio. Esto fortaleció las finanzas públicas y, simultáneamente, plantea nuevos desafíos. La política económica debe asegurar la inversión rentable de esos recursos en la ampliación de la capacidad productiva, para afirmar la capacidad del sistema de satisfacer sus futuros compromisos.
Simultáneamente con estos cambios de la macro, y en parte vinculados con los mismos, se acumularon problemas de origen externo e interno. Entre los primeros, la monumental crisis financiera internacional inaugurada con la crisis de las hipotecas subprime del mercado norteamericano, propagada a la economía real a través de la contracción del gasto y el empleo en las mayores economías del mundo, con su consecuente impacto sobre el comercio internacional y los movimientos de capitales. El contagio externo de la crisis mundial sobre nuestro país se produjo por la baja de los precios internacionales de los commodities exportados y las expectativas negativas de la sociedad y los operadores económicos. Un hecho notable es que el contagio vía el sistema financiero fue insignificante. Desde el estallido de la crisis, la Argentina se financia con recursos propios y no descansa en el crédito internacional; por lo tanto, la reducción del fondeo externo a los países emergentes no la afecta. Al mismo tiempo, el sistema bancario (en una economía de bajo nivel de crédito y de deuda) se mantiene sólido, líquido, solvente y sin descalce de monedas en sus operaciones activas y pasivas.
El cambio de tendencia en el tercer tramo de la década no se explica principalmente por los factores externos. La causa está, en primer lugar, en los acontecimientos internos. Por un lado, el debilitamiento de la macro ya señalado. Por el otro, problemas esencialmente políticos como el prolongado conflicto del campo con el gobierno. La sequía, un factor de carácter accidental, agravó el cuadro de situación. A su vez, la polémica sobre el Indec y la credibilidad de las estadísticas enturbió el análisis de los problemas y el debate político. En este escenario, el tratamiento de cuestiones trascendentes, como, por ejemplo, la reforma del régimen previsional, los medios audiovisuales y la política energética, adquiere un alto grado de virulencia que no contribuye a la solución adecuada de los problemas.
La acumulación de acontecimientos negativos provocó la fuga de capitales. Reaparecieron reacciones preventivas, de la sociedad y de los operadores económicos, frente a situaciones inciertas e imprevisibles. En los últimos 24 meses, salieron alrededor de U$S 40 mil millones, equivalentes al 20% del ahorro interno y la totalidad del superávit comercial. La baja de la inversión y el consumo, sumada al debilitamiento de las exportaciones por la crisis y la sequía, provocó la reducción del PBI y del empleo. Sin embargo, la economía continúa generando superávit en los pagos internacionales, no aumento de deuda. Las finanzas públicas están menos sólidas pero siguen bajo control. Y la actividad privada y pública se financia con ahorro interno. En el tercer trimestre de 2009 comienzan a advertirse signos de reactivación de la actividad económica y cambio de tendencia en el movimiento de capitales.
En este escenario, vuelve a surgir la estrategia neoliberal con planteos como acordar con el FMI como requisito para “volver a los mercados”, unificar sin retenciones el tipo de cambio y dejarlo flotar hacia su libre paridad de equilibrio, reducir el protagonismo de las políticas públicas y dejar libradas las relaciones económicas externas al libre juego de las fuerzas del mercado. Hemos vuelto a la alternativa frente a la cual estábamos en el momento de elegir el rumbo para salir de la crisis del 2001/02: restablecer la estrategia neoliberal o actualizar y fortalecer la política de signo nacional que permitió en el segundo tramo de la década la notable recuperación de la economía argentina y un posicionamiento no subordinado en el escenario internacional. En el medio está la posibilidad de una estrategia indecisa que prolongaría las incertidumbres actuales y debilitaría el crecimiento del país.
2. Las enseñanzas
La década inaugura la nueva centuria con ricas enseñanzas. La primera de las lecciones confirma lo que ya sabíamos desde el retorno a la democracia en 1983: por graves que sean los problemas y los conflictos sólo podemos tramitarlos en el marco de la Constitución. En el transcurso del decenio la democracia argentina resistió la renuncia de un presidente, una compleja transición política, la mayor crisis económica de nuestra historia, el contagio del descalabro del sistema financiero internacional, el enfrentamiento del ruralismo con el gobierno, el cuestionamiento de las estadísticas oficiales, la reforma de los regímenes previsional y de los medios audiovisuales. Con mucho menos que esto durante la mayor parte del siglo pasado se desplomaron varias veces las instituciones de la República. Ahora no. El régimen resiste y todos los problemas deben abordarse dentro de las reglas de la Constitución. La década ratifica un avance extraordinario: ningún proyecto de país es posible al margen de la ley.
Demuestra la posibilidad actual de la democracia de procesar los conflictos sin caos económico. En el pasado, las tensiones en el momento de la transición de la presidencia de Raúl Alfonsín a la de Carlos Menem culminaron en un gran desorden y la hiperinflación. Lo mismo sucedió, y mucho peor, al final del gobierno de la Alianza, con el estallido de la extraordinaria crisis del 2001/02. Aun bajo gobiernos democráticos las tensiones extremas culminaban en el caos económico y en un replanteo radical de las reglas del juego. Pero en la actualidad, todas las dificultades de origen interno y externo y la virulencia del debate no provocaron, por lo menos hasta ahora, el desorden del sistema. El gobierno permanece en el comando de los ejes fundamentales de la macroeconomía (presupuesto, moneda y balance de pagos).
Estas son las enseñanzas generales de la década. A su vez, cada uno de sus tramos ofrece valiosas lecciones.

Fracaso del neoliberalismo. La crisis del 2001/02 demostró la inviabilidad de la estrategia neoliberal que predominó desde el programa del 2 de abril de 1976 hasta la debacle, es decir, un cuarto de siglo, el peor de la historia económica argentina. Sus principios de la magia del mercado y la perversidad inherente del Estado no se compadecen con el funcionamiento ordenado de las economías nacionales y del sistema mundial, ni con el desarrollo de los países emergentes. El colapso de ese modelo en la Argentina se anticipó al ocurrido en el orden global. El supuesto neoliberal de que el Estado es impotente para administrar las fuerzas del mercado y la globalización se derrumbó frente a la evidencia de que las políticas públicas son el instrumento de última instancia para la estabilidad del sistema. El primer tramo de la década y las consecuencias de la crisis mundial demuestran que la Argentina se construye desde adentro hacia fuera, no a la inversa, y que el Estado es un protagonista esencial del desarrollo económico y social. Si aprendemos la lección, el neoliberalismo no vuelve más.

Potencial de recursos. El segundo tramo proporciona otra evidencia importante: la capacidad del país de recuperarse y crecer con sus propios medios, sin pedirle nada a nadie y cancelando deuda. La Argentina cuenta con una gran variedad de recursos en un extenso territorio nacional (el octavo más grande del mundo) y una población de respetable nivel cultural y aptitud de gestionar el conocimiento. Cuenta con una elevada capacidad de ahorro, cercana al 30% del PBI, equivalente a más de U$S 100 mil millones anuales. La forma en que se resolvió la crisis del 2001/02, el notable crecimiento del segundo tramo y la capacidad demostrada de gobernar la economía, revelan que es preciso vivir con lo nuestro, abiertos e integrados al mundo, en el comando de nuestro propio destino. Constituyen otra lección que desautoriza la hipótesis neoliberal de la insuficiencia de recursos propios y la incapacidad del país de crecer sin la inyección de recursos desde el exterior.

Dilemas históricos. La interrupción del crecimiento del segundo tramo y la situación actual, en el tercero, también arrojan enseñanzas importantes. Frente a la crisis mundial, la fortaleza de la economía argentina para resistir el impacto. Pero, al mismo tiempo, el debate sobre los problemas del país demuestra que siguen abiertos dilemas históricos no resueltos. ¿Cuál es la estructura productiva compatible con el despliegue del potencial de recursos? ¿Cuál es el estilo de inserción del país en el orden mundial? El debate en curso sobre el conflicto del campo, las relaciones con el FMI y el papel del Estado proporcionan evidencias elocuentes en la materia.
Vuelve a surgir la evidencia de que la Argentina no logró establecer el consenso para formar una estructura productiva integrada y abierta, tal cual lo hicieron, desde el despegue de su desarrollo, países con gran dotación de tierras fértiles, como Estados Unidos, Canadá y Australia, en los cuales desde sus orígenes el acceso a la propiedad de la tierra fue mucho más amplio que en nuestro país. Esta indefinición sobre la estructura productiva viable en la Argentina contribuyó a la prolongada inestabilidad política del país, a los cambios radicales de estrategia económica y a la repetición de graves desórdenes macroeconómicos, dos de cuyas principales manifestaciones fueron la inflación y el endeudamiento externo excesivo.
El cambio de paradigma de política económica imprimió un nuevo protagonismo al Estado, que incluye la administración de los precios relativos vía retenciones, subsidios y otros medios. El énfasis de los pronunciamientos del gobierno en favor de la economía real y la producción inclinó la balanza hacia la formación de una estructura integrada y abierta. Sin embargo, los contenidos de tal estrategia no fueron suficientemente aclarados. El resultado fue el debilitamiento de los factores determinantes de la recuperación, un debate económico que reedita el viejo dilema histórico aún no resuelto y alineamientos políticos que no terminan de configurar la coalición mayoritaria indispensable para sustentar la formación de una estructura productiva integrada y abierta, la única capaz de erradicar la pobreza y promover desarrollo y equidad.
3. Los modelos y la política económica
La década volvió a registrar el comportamiento pendular de la política económica entre el modelo neoliberal y el proyecto de conformar una estructura económica avanzada. Como en el pasado, su desplazamiento, en uno u otro sentido, reflejó el hecho de que ninguno de los modelos alternativos llegó a conformar desde la crisis de 1930 hasta la actualidad las condiciones políticas necesarias para sustentar su permanencia a largo plazo.
La existencia de un modelo hegemónico de desarrollo económico es esencial para la estabilidad del sistema. Entre la Organización Nacional y la caída de Hipólito Yrigoyen existió un modelo agroexportador, no cuestionado por el resto de la sociedad, fundado en los intereses de los dueños de la tierra y la relación privilegiada con la potencia central de la época, Gran Bretaña. El sistema político transitó sin interrupciones desde la presidencia de Bartolomé Mitre hasta 1930 bajo el régimen constitucional, incluyendo la reforma electoral de 1912. La viabilidad histórica del sistema agroexportador concluyó con la debacle económica mundial de los años treinta. Desde entonces hasta la actualidad no se consolidó un modelo alternativo fundado en la estructura productiva integrada y abierta.
Bajo los gobiernos del fraude en la década de los ’30 y principios de los ’40, la dictadura de 1976-83 y en la década de los ’90 se configuraron las condiciones políticas que sustentaron diversas variantes del modelo agroexportador, preindustrial y, en sus dos últimos períodos, de predominio de la especulación financiera. En sus versiones posteriores a 1976, la virulencia del modelo fue tal que interrumpió los procesos previos de acumulación a través del desmantelamiento industrial y del sistema nacional de ciencia y tecnología. La extranjerización indiscriminada de los sectores fundamentales y el endeudamiento sin límite demolieron el poder de decisión nacional y redujeron al país a la posición de suplicante de la ayuda externa.

El “granero del mundo”. En torno a las retenciones y otros diferendos entre el gobierno y la Mesa de Enlace, se volvió a plantear que la cadena agroindustrial alcanza para generar empleo y bienestar para toda la población: el proyecto de Argentina “granero del mundo”. El sector es fundamental pero emplea sólo 1/3 de la fuerza de trabajo. Y un sistema productivo especializado en la explotación de los recursos naturales es incapaz de incorporar plenamente las transformaciones impulsadas por la ciencia y la tecnología. Con el campo no alcanza para conformar una economía próspera de pleno empleo y bienestar.
Este proyecto concibe a la economía argentina como un segmento del mercado mundial y no un sistema nacional de relaciones económicas y sociales vinculado al orden global pero organizado conforme a sus propios objetivos. Implica una inserción del país en la división internacional del trabajo en cuanto abastecedor de alimentos y productos primarios. La evidencia histórica y la actual, la nuestra y la ajena, revela que ese modelo es incompatible con la gestión del conocimiento y el desarrollo económico. Conduce al desequilibrio de los pagos internacionales y a la necesidad del financiamiento externo como fuente principal de la acumulación. Así, los criterios de los mercados se instalan nuevamente como ejes organizadores de la política económica. En el debate actual está presente la propuesta de país “granero del mundo” y la urgencia de “volver” al FMI y a los mercados financieros. En el mismo escenario, el Estado debe limitarse a mantener el orden público, no interferir en los mercados y, en el mejor de los casos, paliar a través de la asistencia social la pobreza extrema. Aunque la evidencia histórica es concluyente sobre las consecuencias de esta estrategia, visiones tradicionales, arraigadas en prejuicios y/o intereses, continúan insistiendo en que es el único camino realista y viable de desarrollo del país y su inserción en el mundo.
El modelo neoliberal, en términos estrictamente económicos, es inviable como cauce de puesta en marcha de los procesos de acumulación inherentes al desarrollo, la creación de capacidad de gestión del conocimiento, la inserción viable del país en el orden mundial y los equilibrios macroeconómicos. Tampoco es, en la actualidad, políticamente viable, al menos en los mismos términos en los que tuvo lugar en el pasado. Es inconcebible la repetición del fraude o la instalación de un gobierno de facto como bases de sustentación del modelo. La única alternativa posible, a esta altura poco probable, sería la repetición de la extraordinaria coalición política menemista: una alianza entre un gran partido popular con los intereses neoliberales. El neoliberalismo podría imponerse en condiciones de incertidumbre política, como con la Alianza, pero nunca sostenerse sobre bases estables en el largo plazo. Puede provocar efímeros “golpes de Estado económicos”, pero no asumir el comando de la política económica. Las mismas consecuencias de su estrategia impiden su sustentabilidad política.
Sin embargo, vuelve a replantearse la viabilidad del sistema agroexportador, como si la capacidad de gran parte del sector agropecuario de asimilar las tecnologías de frontera y lograr un aumento notable de los rendimientos y la producción permitiera volver a las condiciones vigentes antes de la crisis de 1930. Contribuye, también, la expansión de la demanda de alimentos y materias primas generada en el acelerado crecimiento de China y otras economías de la Cuenca Asia-Pacífico. Aun así, con el campo no alcanza.

La estructura integrada y abierta. La única estrategia consistente con la gestión del conocimiento y una relación simétrica no subordinada con el orden mundial es la formación de una estructura productiva integrada y abierta, fundada en el agregado de valor a los recursos naturales y en un sistema industrial diversificado y complejo que incorpora las actividades de frontera tecnológica, incluyendo la producción de bienes de capital. Sólo sobre esas bases es posible la puesta en marcha de procesos de largo plazo de acumulación de tecnología, capital, capacidad de administración de recursos y despliegue del potencial disponible, a niveles crecientes de empleo y productividad.
Tal estructura se vincula con la división internacional del trabajo en un régimen de especialización intraindustrial, a nivel de productos y no de ramas. El principal indicador revelador del nivel de una estructura productiva es el contenido tecnológico de sus exportaciones e importaciones. Como sucede en todas las economías desarrolladas y las emergentes más exitosas, ese balance es superavitario en el intercambio con las economías periféricas especializadas en las exportaciones primarias y equilibrado en el comercio con otras economías avanzadas. Cuando se verifican tales condiciones, los países tienen sólidos equilibrios macroeconómicos, solvencia, posiciones superavitarias o niveles manejables de deuda y, en consecuencia, el comando de su propia política económica. Este modelo es intrínsicamente sustentable en el largo plazo porque genera desarrollo económico y empleo, moviliza la participación de todos o la mayor parte de los actores sociales y distribuye sus frutos con suficiente amplitud. Por las mismas razones, el modelo es intrínsicamente viable también en el plano político porque, en principio, debería contar con el concurso de las mayorías.
En estas materias, la experiencia internacional es concluyente. Sólo han alcanzado altos niveles de desarrollo los países con estructuras integradas y abiertas. La estrategia actual de los países emergentes de mayor tasa de crecimiento consiste en gestionar el conocimiento y poner en marcha el proceso de acumulación por tres vías principales: incorporar las actividades de frontera tecnológica, capacitar los recursos humanos y establecer una relación profunda entre los sistemas nacionales de ciencia y tecnología y la producción de bienes y servicios. En todos los países desarrollados y emergentes predomina un bloque hegemónico de intereses asociado a la estructura productiva diversificada y compleja. En ninguno predominan los actores vinculados a la explotación de los recursos naturales y las estructuras preindustriales. En tales condiciones, los sistemas políticos son lo suficientemente estables para sostener, a largo plazo, las políticas de transformación.

El péndulo entre los modelos. En el caso argentino nunca se logró formar una coalición predominante de intereses y grupos sociales asociados a la transición desde el modelo agroexportador a la economía integrada y abierta. Tampoco se formaron coaliciones políticas mayoritarias y estables que sustentaran la transformación o, al menos, alternativas de poder no incompatibles con tales fines. El peronismo histórico, el radicalismo desarrollista y los gobiernos de Arturo Illia y Raúl Alfonsín fueron portadores, de diversas maneras, de intenciones nacionales de desarrollo. Incluso, bajo un gobierno de facto, entre la segunda mitad de 1970 y principios del ’71, se formuló e instrumentó una estrategia de argentinización y desarrollo integrado de la economía nacional. Ninguna de esas experiencias logró consolidarse y formar un conjunto hegemónico de visiones e intereses vinculado con la formación de una economía avanzada. En ausencia de las bases de sustentación política necesarias, esas experiencias concluyeron en medidas híbridas o, lisa y llanamente, como en 1976 y 1989, en el implante de la estrategia neoliberal. La especulación financiera adquirió un protagonismo decisivo como consecuencia de la globalización financiera y la vulnerabilidad de la densidad nacional.
Para terminar definitivamente con el péndulo, es necesaria la inclusión del campo en el proceso de transformación. Como sucedió en otros grandes productores agropecuarios que son, al mismo tiempo, economías industriales avanzadas (Estados Unidos, Canadá y Australia), es preciso insertar los intereses rurales en la nueva estructura, asumiendo un rol de creadores de riqueza no hegemónico, pero protagonistas dentro de un sistema productivo integrado y complejo. El insuficiente y frustrado desarrollo industrial del país y la no formación de una coalición hegemónica de actores sociales e intereses asociados a la nueva estructura mantuvieron a buena parte de la dirigencia ruralista replegada en la pretensión de su antigua posición dominante y de su protagonismo en un país “granero del mundo”. De este modo, gran parte del sector apoyó y apoya la estrategia neoliberal, aun cuando la centralidad de la especulación financiera dentro de la misma, como sucedió en el régimen de facto 1976-83 y en la década del ’90, también castigue a los creadores de riqueza de la cadena agroindustrial.
4. El mensaje
Este extraordinario decenio contiene un mensaje para el futuro del país: recordar que es impostergable dar una respuesta definitiva al problema de la estructura productiva consistente con la gestión del conocimiento y la puesta en marcha del proceso de acumulación en sentido amplio. Para desplegar el potencial del país y establecer una relación simétrica no subordinada en el orden mundial, es preciso, de una buena vez, conformar una estructura productiva integrada y abierta. Esa estructura genera empleo y bienestar, incorpora al conjunto de la sociedad a la creación del desarrollo y la distribución de sus frutos y, por lo tanto, consolida la democracia y la estabilidad de las instituciones. Existe un círculo virtuoso del desarrollo y la democracia en el cual se potencian recíprocamente. El desarrollo, elevando el nivel de vida y generando respaldo a las instituciones. La democracia, sustentando la viabilidad política de la economía integrada y abierta y la equidad.

La densidad nacional. ¿Cómo lograrlo? Fortaleciendo todos los componentes de la densidad nacional: la cohesión social, la calidad de los liderazgos, las instituciones y el pensamiento crítico. En primer lugar, la equidad, a través de la protección de los sectores vulnerables, la educación, la salud, la vivienda, el espacio público, la cultura y, como condición necesaria, el empleo. Los liderazgos que acumulan poder generando empleo y riqueza y no como comisionistas de intereses transnacionales son agentes esenciales del desarrollo. Es preciso fortalecer a los empresarios locales y a los creadores de valores culturales que enriquecen nuestro acervo artístico, científico y tecnológico. Las instituciones deben consolidarse con la división de poderes y la transparencia de la gestión de los órganos del Estado. Es necesario que la competencia electoral sea el espacio para debatir los problemas, generar consensos y afianzar la confianza en nuestra capacidad de resolver los conflictos inherentes a toda sociedad pluralista y abierta. El predominio del pensamiento crítico, fundado en nuestra propia visión de los problemas y oportunidades, es esencial para trazar la estrategia de formación de una estructura integrada y abierta y responder con eficacia a los desafíos y oportunidades de la globalización. La densidad nacional es esencial para el desarrollo porque los países se construyen desde adentro hacia afuera y no a la inversa. Cada país tiene la globalización que se merece en virtud de la fortaleza de su densidad nacional.

La política económica. ¿Cuáles son las prioridades de la política económica al final de esta extraordinaria década final del Segundo Centenario y primera del siglo XXI, en una Argentina que está aprendiendo a vivir con estabilidad institucional, cuya economía ha demostrado capacidad de resistir adversidades y en la cual está pendiente la transición desde el subdesarrollo a la formación de una estructura integrada y abierta y erradicar, definitivamente, niveles intolerables de pobreza e injusticia distributiva?
La política económica tiene cuatro prioridades fundamentales e interdependientes: la gobernabilidad de la macroeconomía, crear un escenario propicio al despliegue de los medios y talento de los agentes económicos, orientar la asignación de recursos y la distribución del ingreso hacia los objetivos prioritarios del desarrollo y la equidad distributiva y fortalecer la posición internacional de la economía nacional.
La gobernabilidad requiere consolidar la solvencia del sector público en sus tres jurisdicciones de un Estado federal y el reparto racional de ingresos y responsabilidades entre las mismas. Debe consolidarse el proceso de desendeudamiento. La solvencia fiscal tiene como contrapartida el superávit del balance de pagos, un nivel suficiente de reservas del Banco Central para preservar al sistema de los shocks externos y la administración de la paridad a través de un tipo de cambio de equilibrio desarrollista, condición necesaria de la competitividad internacional de la producción doméstica y de la solvencia fiscal y externa. La administración de la paridad es una tarea compleja que debe adecuarse a la evolución de las variables internas y externas de la realidad económica, incluyendo la regulación de los movimientos especulativos de capitales. Su instrumentación recae en la autoridad monetaria pero su existencia es un requisito del éxito de la política económica y responsabilidad primaria de la política económica del Estado nacional.
La gobernabilidad de la macroeconomía es esencial para crear el escenario propicio a la inversión privada. Tiene un impacto directo en la actividad y en las expectativas de los agentes económicos que deben convencerse de que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro interno es el propio país y que la puja distributiva, inclusive la relación utilidades-salarios, debe resolverse en el marco de la estabilidad razonable del nivel de precios. La política monetaria debe contribuir a la estabilidad y el desarrollo, atendiendo a la evolución de la demanda de dinero y a la orientación del crédito a los objetivos prioritarios.
Si se consolida la gobernabilidad del sistema, el país dispone del poder suficiente para vincularse al orden mundial en una posición simétrica no subordinada. La experiencia de las naciones emergentes de Asia revela que los países con suficiente densidad nacional y recursos propios tienen la capacidad de decidir su estructura productiva y su propio destino en el orden global. Este es el rumbo necesario y posible en la Argentina.

Elevar la calidad del debate. Es necesario observar los problemas desde la perspectiva de los intereses nacionales, sin prejuicios y buscando las coincidencias para encuadrar y resolver los conflictos. Tres ejemplos bastan para entender cuánto nos falta. En el caso de las retenciones sobre las exportaciones de la cadena agroindustrial se debate como si se tratara de la distribución del ingreso entre el campo y el resto de la economía. En vez de analizar la estructura productiva y los tipos de cambio diferentes que deben regir para darle competitividad a toda la producción de bienes sujetos a la competencia internacional (desde la soja hasta las manufacturas de origen industrial), el campo vive las retenciones como un despojo y el gobierno insiste en que son necesarias para atender necesidades urgentes. El malentendido ha tenido importantes consecuencias en los alineamientos políticos y ha provocado el repliegue de la dirigencia ruralista a la visión del país “granero del mundo”. Es imprescindible incorporar al campo en la formación de la estructura integrada y abierta. Esto exige un replanteo profundo de las cuestiones en juego, en términos de estructura productiva y rentabilidad.
El segundo ejemplo es el Estado. En la Argentina, después de la debacle del 2001/02 y, en el mundo, después de la catástrofe financiera internacional y sus secuelas, el Estado ha reaparecido, en todas partes, como la tabla de salvación de las economías de mercado y, en América latina, como un agente fundamental de su transformación y desarrollo. Aquí, sin embargo, esa intervención se debate en términos de oportunismo político, corrupción y atropello institucional, lo cual dificulta el diseño y la ejecución de las políticas públicas necesarias.
El tercer ejemplo es el papel de la deuda y el crédito externo en el desarrollo. Nuevamente, la “vuelta a los mercados” parece la solución, y la bendición del FMI la condición necesaria. Es preciso corregir los desvíos y fortalecer la posición que se ha ganado con la recuperación del comando de la política económica, el desendeudamiento y el financiamiento con recursos propios, no con deuda externa. Sobre estas bases, el país está en condiciones de aceptar la revisión del artículo IV del FMI. Respecto de la reapertura del canje de deuda, si la política económica atiende a las prioridades correctas, la decisión es marginal e intrascendente. Caso contrario, vuelve a poner a la deuda y el crédito externo en el centro del escenario: es la vuelta al pasado de crisis del que hemos salido haciendo, precisamente, lo contrario.
Así concluye esta extraordinaria década, con antiguos problemas históricos aún no resueltos y, al mismo tiempo, con un rico bagaje de enseñanzas que, bien aprendidas, pueden abrir el camino de un futuro promisorio. La Argentina está en condiciones de vivir con lo nuestro, parada en sus propios recursos y abierta al mundo. Crecer a más del 6 por ciento anual sobre la base de una tasa de ahorro interno del orden del 30 por ciento del PBI y de inversión superior al 25 por ciento, proponiéndose erradicar la indigencia en un bienio y la pobreza en una década, reducir el desempleo a niveles del orden del 3 por ciento de la fuerza de trabajo, bajar a expresiones mínimas el trabajo no registrado y provocar una mejora generalizada del nivel de vida y, sobre todo, de su calidad en libertad y democracia. Todas metas posibles si consolidamos la densidad nacional.

Crisis del sistema capitalista mundial en lógica neoliberal y su contagio a nuestros países

Lunes, junio 14th, 2010

Salvador Arias*
Existe un consenso a nivel internacional (incluyendo el BID, el Banco Mundial, el FMI) de que la crisis mundial ya terminó. Por lo tanto; se hacen proyecciones de crecimiento para la economía mundial de 3.9% en el 2010 y de 4.3% en el 2011. Este consenso se matiza, con una recuperación más lenta, pero si recuperación; esta última para los países avanzados estaría en una tendencia hacia el 2% en el año 2011; en concreto para los Estados Unidos de Norteamérica el crecimiento para el próximo año ya se proyecta inferior al que se estima para el 2010. Europa se prevé podría presentar tasas de crecimiento del 1% durante los próximos 10 ó 20 años. Todos, incluyendo a los economistas más optimistas, proyectan una recuperación con desempleo, lo cual genera el escenario de lento crecimiento.

En efecto, en las proyecciones el desempleo se mantendrá alto, a un promedio anual de 10% a 12% entre los países miembros de la OECD. Por lo tanto es de esperar que los ingresos y la capacidad de compra de la población asalariada se mantengan bajos. Creemos que difícilmente puede haber una recuperación vigorosa de la economía mundial si no se recupera el empleo y el consumo de la gente en los países desarrollados.

En particular, cuando el consumo privado representa más del 70% en el PIB norteamericano, lo que indica que sin crecimiento del gasto popular para consumo no puede haber recuperación de la economía en USA, economía que por su demanda de importaciones es locomotora para las exportaciones de muchos países. Más aun, los grandes bancos transnacionales no han estado expandiendo crédito a los sectores económicos no bancarios; incluyendo consumidores, micro empresas, y empresas grandes. Sin una expansión de crédito tampoco no puede haber recuperación que saque a la economía mundial del bache en que la dejó la crisis todavía no superada de los últimos dos años.

Finalmente, es un obstáculo para la confianza de los inversionistas a nivel mundial la debilidad estructural del dólar y las crecientes dificultades que tiene el Gobierno de USA de financiar su enorme déficit por medio de colocaciones de bonos de tesoro en China, India, Brasil, Japón y otros.

Los últimos datos oficiales hablan de una deuda pública de 13 millones de millones para el Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, que ya significan el 84% del PIB de dicho país; con el agravante de que esta deuda resultado del creciente déficit fiscal, hace proyectar por algunos especialistas, una deuda que podría llegar a los 20 millones de millones de dólares norteamericanos. Esta situación da desconfianza, profundiza la aversión al riesgo, lo cual no es propicia para una recuperación acelerada de la economía mundial.

Este escenario se ha complicado más en los últimos meses con el problema de la deuda de los países y los gobiernos Europeos, así como su debilidad fiscal, que amenaza con situaciones de “posibles incapacidades de pago de la deuda soberana”. Según el New York Times, la deuda de los países llamados PIGS representa más de 3.8 millones de millones de dólares, deuda que compromete a todo el sistema financieros mundial. Es así que sólo la incapacidad de pago de Grecia, que tiene la deuda más pequeña de los PIGS (o sea Portugal, Italia, Grecia, España e Irlanda), ha puesto a las bolsas mundiales en una inestabilidad total, además que tiene al Euro, según algunos especialista, en la perspectiva hasta de su desaparición, si los países europeos no actúan más allá de lo actuado hasta el presente.

Hasta ahora Europa se ha visto obligada a darle financiamiento a Grecia por más de 134 mil millones de dólares y además crear un fondo de 900 mil millones de dólares para defender el euro que se ha venido en picada, de los cuales la Unión Europea aporta 600,000 millones, el resto lo aporta el FMI. Esto no es suficiente para muchos analistas de los mercados de capitales, es así que se dice que Europa tiene que comprar los más de 340 mil millones de deuda de Grecia para tranquilizar los mercados. El problema es que esto es sólo el comienzo de la lista, como ya mencionamos la deuda de los PIGS supera los 3.8 millones de millones de dólares.

La debilidad macro financiera de los 5 países mencionados, se puede ver en el cuadro anterior, el cual hace claramente prever que la dimensión del problema es de tal gravedad, que no parece tener solución en el modelo neoliberal, que aunque colapsado, el Fondo Monetario y los países desarrollados pretenden conservar. Esto se constata en el paquete de medidas impuestas a Portugal, el cual, igual, ya está comenzando a implementar España anunciando un recorte en el presupuesto de casi 18 mil millones de dólares en 2010, lo cual ya le advirtieron tendrá que ser más fuerte en el año 2011; así le tocará de igual forma al resto de los países de la Unión Europea.

Esta crisis financiera y la crisis que presenta la Economía de los Estados Unidos, se vuelve más grave si incorporamos la crisis macro financiera de Inglaterra, que se conoce su grado de profundidad y que con acciones de una intervención muy fuerte del Estado, al grado de tener que haber nacionalizado parte de la Banca, han logrado que salga momentáneamente de las coyunturas que están moviendo la inestabilidad de las bolsas de valores, que no es más que un reflejo de la variable temor o aversión al riesgo en los grandes inversionistas del sistema capitalista financiero mundial.

Japón no sale ni saldrá de la crisis y por su parte Alemana y Francia, han comenzado a sentir igual la necesidad de una política restrictiva, que en combinación con los otros países europeo augura una depresión en la demanda interna del continente, la cual combinada con la de Estados Unidos, la demanda mundial no tiene más que perspectivas de lento o nulo crecimiento y por lo tanto de una débil o errática recuperación de las economías capitalistas desarrolladas.

En Francia ya se comenzaron a afectar los programas de apoyo a los hogares con mayores dificultades económicas, a los cuales se les asignaban 150 euros al mes, esto será eliminado, aunque simultáneamente aprobaban los 600,000 millones de dólares para defender el Euro. Alemania va en el mismo camino, la jefa del estado Ángela Marke, anunció un programa de recortes en el gatos entre los años 2011 y 2014 por 80,000 millones de euros, de los cuales 30,000 millones vendrán de recortes en el gasto social, también anunció la supresión de 55,000 empleos entre el ejército y la administración pública.

Esta debilidad en la demanda tiene tres orígenes de carácter estructural que no tienen solución en el neoliberalismo: el primero es producto del gran desempleo que tanto en Europa, como en Estados Unidos es grave, casi 10% en los Estados Unidos y en países de Europa como España llega al 20%, este fenómeno con las políticas recesivas como ya vimos, se agravará más que resolverse; el segundo es producto del alto nivel de endeudamiento de los Estados y su alto déficit fiscal, que hace prever la imposibilidad de seguir manteniendo las políticas como las que ha implementado los Estados Unidos, de salvataje de la banca multinacional, de un tímido apoyo a los hogares, a la micro y mediana empresa, la creación coyuntural de empleos estatales, etc., esto va desaparecer, además que al final deberán subir los impuestos a los hogares por crisis fiscal y la inmensa deuda pública, producto fundamentalmente de salvar a los bancos, y por lo tanto la demanda nacional será afectada negativamente; y en tercer lugar, el alto nivel de endeudamiento de los hogares, en el caso de Europa lo podemos ver en el cuadro que se presentó anteriormente; por su parte el nivel de endeudamiento de los hogares norteamericanos es muy conocido, aun antes de la crisis, aspecto que se agravó con la crisis por el problema de la alta generación de desempleo y la descapitalización que sufrieron muchos hogares por las pérdidas en el mercado inmobiliario y financiero.

Lo contradictorio, desde un punto de vista de los intereses de los pueblos, es que esta necedad neoliberal y alto costo que ya están y seguirán pagando los pueblos, en esta coyuntura, es el resultado de defender de parte de los gobiernos capitalistas, fundamentalmente los interés de los bancos y los fondos financieros que especularon, muchos acumularon grandes fortunas, otros quebraron y ahora los reviven a costa de la humanidad, de ahí que el Periodista Ignacio Ramonet, llame al Gobierno de Francia el Gobierno de los Bancos, lo cual se le puede aplicar a todos los Gobiernos de los países capitalistas desarrollados y no desarrollados, como es el caso de nuestro país, donde el Gobierno adquirió 500 millones de dólares de préstamos con el BID para apoyar a los bancos y recientemente se comprometió con un financiamiento de $800 millones con el FMI con el mismo fin.

La lógica del sistema de la acumulación y centralización, descubierta por Carlos Marx, se confirma, en esta crisis, se ha reducido el número de ricos y se ha ampliado el nuero de pobres, los bancos que dominan el sistema financiero mundial se concentran y se centraliza más el capital.

En resumen, el carácter estructural de la crisis económica del sistema capitalista mundial, concentrada en los dos grandes centro económicos Estados Unidos y Europa, ya sea por el alto grado de especulación financiera, que se dice ha creado valores financieros por los 600 millones de millones de dólares o sea diez veces lo que produce toda la economía mundial en un año; combinado con la crisis profunda en la demanda interna que no tiene posibilidades de recuperación dado su origen en los altos niveles de desempleo estructural, incapacidad financiera de los estados de seguir con una política de gastos que alimente la demanda y los altos niveles de endeudamiento de los hogares; y por la crisis de sobre producción que el sistema vive; permite concluir que en esta crisis, en primer lugar la recuperación mundial será lenta y dolorosa para los pueblos de los países desarrollados y nuestros países subdesarrollados y pobres y que de hecho se está dando un segundo gran retroceso en los beneficios de bienestar que adquirieron amplias capas medias de los países desarrollados y aun la clase obrera; en segundo lugar que la re funcionalización del capitalismo en esta crisis requiere cambiar su modelo comenzado a implementar desde medios de la década de los años setenta, del siglo pasado en Inglaterra; y en tercer lugar que se confirma el agotamiento creciente del sistema capitalista, lo cual lo podemos ver, los que utilizamos además del instrumental teórico de la doctrina capitalista, el marxismo, que descubrió y explicitó las leyes básicas de la acumulación y centralización del capital. Así, podemos ver que actualmente en medio de esta crisis que se profundiza, que el sistema capitalista, se acerca cada vez más a sus fases de agotamiento.

Más bien esperamos una recuperación débil de la economía mundial, que sin duda entrará nuevamente en graves crisis, con graves repercusiones sobre El Salvador, repercusiones que serán cada vez más graves por el hecho de estar dolarizados y con una economía totalmente abierta en el marco de los tratados de libre comercio con Estados Unidos, México, Chile, etc., así como el llamado Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, que en su esencia, no es más que una copia del Tratado de Libre Comercio firmado con los Estados Unidos.

Por último este nivel de contagio se hace más fuerte en el marco del acuerdo que el presente gobierno presidido por Mauricio Funes, ha firmado con el Fondo Monetario Internacional, que tiene como objetivos fundamentales, que el país pague la deuda externa a costa de lo que sea (6,341 millones de dólares se ha comprometido a pagar por intereses y principal el Gobierno del Presidente Funes, entre el año 2010 y 2015), que se mantenga la dolarización y que las empresas transnacionales (petroleras, distribuidoras y generadoras de energía eléctrica, telefónicas, la cementera, la ex Constancia, TACA, Walmart, etc.) en el país puedan seguir remitiendo los cientos de millones de utilidades que obtienen anualmente a costa de la pobreza de nuestro pueblo.

La contrapartida de estos objetivos es encarecer el costo de vida a las ya familias pobres del país quitándole los subsidios y subiendo los impuestos, además de tener en perspectiva, congelar salarios, reducir empleo en el sector público, disminuir el ya reducido gastos social, etc.

Lo que pasa en Grecia, donde el pueblo se ha levantado y tomado las ciudades en contra de el continuismo de las políticas neoliberales lideradas por el Fondo Monetario Internacional, y está comenzando suceder en España, Francia, etc.; se quedará corto con lo que pasará crecientemente en nuestro país si continuamos manteniendo este modelo neoliberal, todavía es tiempo reflexionemos y actuemos en consecuencia.

El cambio de modelo y la búsqueda del camino hacia una transición hacia una economía socialista es el cambio que el país requiere; no estoy hablando de proyecto socialdemócratas que no ha sido más que un modelo de corte capitalistas, que ahora están en total crisis en Europa y no tienen escapatoria. El socialismo es la única salida para nuestra economía y las economías pobres en general, esto al final caerá por su peso, pero nosotros debemos evitar que así suceda, porque entre más nos tardemos, implica más sufrimiento para nuestro pueblo. Por eso la lucha continúa, hasta la victoria final, revolución o muerte.

*Economista militante del FMLN

Entrevista y charla de Ricardo Forster en Bariloche:

Viernes, junio 11th, 2010

“No hay que sentir miedo de la presencia de proyectos de país distintos”

El filósofo y ensayista se presentará hoy en Bariloche, en el marco de las jornadas de charlas y reflexiones organizadas por la CEB en este Bicentenario. Antes dialogó con KM FM. Opiniones sobre la profundidad del cambio de modelo, las críticas de la izquierda, la Ley de Comunicación, y una pregunta hiriente: ¿Cómo hubiese festejado Argentina si el Bicentenario se hubiese cumplido en 1995?.
El reportaje completo.

Periodista:
Conversamos con referentes de la comunicación, del pensamiento, de la literatura, y hemos encarado cada una de esas charlas consultando a nuestros interlocutores si estamos efectivamente ante un cambio profundo de modelo, que justifique y ordene muchas de las cosas que están sucediendo en la coyuntura política y económica nacional, algunos enfrentamientos, la diatriba, la discusión. ¿Cómo analiza Usted este momento histórico del país?
Forster:
creo que efectivamente estamos atravesando una época de cambios. Ha habido una inflexión muy clara en relación al modelo que dominó la Argentina en los años ’90. Se va avanzando, creo que se va delineando posturas diferentes respecto a qué sociedad, que Estado, qué hacer con la riqueza y su distribución. Son debates extraordinarios y esenciales para una sociedad. Me parece que por supuesto lo abierto a partir del 2003 ha ido generando este tipo de debates que no es sólo una discusión académica o entre especialistas, sino que se está dando especialmente en el corazón de lo político, lo comunicacional, de lo social y de lo cultural, y eso me parece que le hace muy bien a una sociedad que había estado anquilosada, que había comprado muy rápidamente un modelo que fue un modelo de destrucción de la economía y del tejido social. Creo que estamos en un momento en el que la política vuelve a hacer no algo vinculado a lo jurídico, lo judicial, a la corrupción, sino que está vinculado a la necesidad de pensar qué sociedad, qué país, de qué manera queremos vivir los argentinos.
Periodista:
¿El debate ha calado lo suficientemente hondo para que se convierta en un debate cultural sobre el modelo que seguirá el país?.
Forster:
Yo creo que hay dos o tres acontecimientos en los últimos tiempos que dan cuenta de esto. El gran debate del año pasado alrededor de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, creo que no es sólo un debate sobre cuestiones tecnológicas o cuestiones abstractas de la comunicación, sino que fue un debate que atravesó lo que yo llamaría el litigio por la igualdad de la palabra. Cómo se distribuye la palabra, la imagen, la comunicación, la información en el interior de una sociedad democrática. Eso permitió hablar no sólo de comunicación sino que fue la posibilidad de hablar de cultura, de relación entre la Capital Federal macrocefálica y el interior del país, permitió debatir si la comunicación sólo tiene que ser privada o si las otras partes de la sociedad tienen derecho a tener instrumentos de comunicación.
Y creo que los acontecimientos festivos del Bicentenario, la construcción de un relato junto con esa multitud impresionante que vivió durante cuatro días en un clima de fiesta y serenidad el festejo, creo que también está mostrando que de algún modo se están discutiendo las cosas en la Argentina; que no se lo hace sólo en términos de la espectacularidad o del show mediático, sino que algo está pasando en el interior de nuestro pueblo, de nuestra sociedad que es muy interesante. Una sociedad que discute es una sociedad viva, que se hace cargo de sus conflictividades, es una sociedad que es capaz en democracia de procesarlas, y eso hay que ponerlo en evidencia, y que no hay que sentir miedo de la presencia de proyectos de país que efectivamente son distintos.
Periodista:
Desde la izquierda y algunos sectores de la intelectualidad se ha planteado este debate como un debate estrictamente simbólico, de apropiación por parte del gobierno nacional de elementos simbólicos para legitimar una política que en definitiva no modifica estructuralmente la economía, por ejemplo. ¿Cómo responde el gobierno, desde el punto de vista de su intelectualidad y de quienes lo acompañan, a esta acusación?
Forster:
A ver… la izquierda en la Argentina, y cierta izquierda en general, ha sido testimonial, siempre está señalando aquel objetivo de máxima que supuestamente lleve definitivamente a la sociedad al mejor de los mundos posibles; y tiende a perder de vista lo que sucede en el país real, en la sociedad material, en la vida concreta de los seres humanos. De algún modo a lo largo del tiempo ha quedado esclerosada, ha mirado dogmáticamente sin comprender cuál es la vida real y la complejidad de un tiempo social como este. Argentina atravesó yo diría que casi medio siglo de destrucción de un lógica de la equidad; se fue debilitando lo que se había logrado en términos de un Estado más equitativo, de una sociedad donde la riqueza estaba mejor distribuida, y en los últimos 30 o 40 años, desde mediados de la década del ’70 y claramente desde Martínez de Hoz se fue rapiñando la parte de los trabajadores. Creo que en estos últimos años, y muy dificultosamente -porque la sociedad sufrió muchísimo heridas claves en su trama más profunda, sobre todo en la década de los ’90, y previamente en la segunda mitad de los ’70 y primera de los ’80-, se fue de a poco avanzando sobre una transformación que no es sólo económica, sino que también tiene que ser cultural simbólica, es decir que el modelo neoliberal del capitalismo no es simplemente una cuestión económica, es una cuestión cultural, de construcción de sentido común que fue liquidando los vínculos de solidaridad entre las personas que transformó al individuo como puro consumidor en el sustrato de la ciudadanía. Todo eso implica un proceso cultural, político, económico de reconstrucción del mundo del trabajo, de la capacidad de los trabajadores organizados sindicalmente de defender sus intereses y no estar paralizados y en defensa, de recuperar el trabajo para que ese ejército de desocupados que salieron a resistir a través de los movimientos sociales hoy puedan dar una batalla de otro tipo. Creo que estamos en un momento interesante de la Argentina, interesante de América Latina, muy diverso, que no es homogéneo, que no estamos por supuesto construyendo el socialismo en la Argentina, si es lo que Usted me pregunta; estamos dentro de una sociedad que vive en el marco de una economía donde la esfera privada es fundamental, donde hay que reconstruir el Estado, la capacidad del Estado de regular, de intervenir en la vida económica, que hay que avanzar sobre una distribución muchísimo más equitativa de la riqueza. Porque no es una cuestión sólo de combatir la pobreza, ese es un discurso incluso neoliberal; sino hay que ir fundamentalmente sobre el problema de la desigualdad que es la trama estructural de la diferencia en la sociedad contemporánea. Si eso significa que se avanza y se va cristalizando una sociedad en condiciones de distribuir mejor su renta, y eso genera a su vez transformaciones en el mapa de lo económico y de lo cultural político y del vínculo de la sociedad civil con el Estado, y eso va generando condiciones para que se profundice la distribución de la riqueza, para que se avance sobre muchas otras zonas estratégicas de la vida social, eso lo dirá el tiempo, la capacidad de los sectores populares de organizarse mejor, de construir alternativas reales y que sean realizables en el mapa de la sociedad contemporánea. Lo demás son especulaciones un tanto falaces, especulaciones de gente que siempre se coloca en el lugar del bien supremo. Lo hicieron en otros momentos del país, incluso muchos de ellos lo hicieron durante el 2008 cuando se disputaba, nada más ni nada menos que la renta agraria, que es una de las rentas clave en el interior de la historia argentina, una parte de ese sector tomó posición claramente por la Mesa de Enlace. Entonces a veces hay que ver cómo cristalizan las cosas, como se lee la historia, cómo se lee el presente.
La izquierda no pasó por la historia del Siglo XX como si no hubiera tenido ninguna responsabilidad en su propia crisis. Hay crisis de paradigmas; tenemos que discutir muchísimas cosas. Yo no defiendo a libro cerrado lo que hace el gobierno en general. Creo que se abrió algo muy interesante a partir del 2003, creo que la política de derechos humanos no es simplemente un abstracto simbólico, sino que está cavando muy hondo en la demanda de justicia y memoria, que lo que está sucediendo con los juicios que se están llevando a cabo contra los genocidas están mostrando claramente eso; que la política latinoamericana no es simplemente una cuestión simbólica abstracta, sino que está reconstruyendo una historia clave si queremos imaginar la recuperación de ideales emancipatorios en un sentido continental. La Ley de Medios creo que es una profunda democratización en términos igualitarios de la circulación de la comunicación, la palabra y la información en la Argentina. Entonces yo creo que uno puede criticar, puede plantear lo que falta, puede decir que no hay una política clara medio ambiental, que falta una política que redefina la lógica impositiva en la Argentina, que quizás habría que hacer una Junta Nacional de Granos… tenemos tantas cosas para imaginar que tenemos que hacer, pero si nos instalamos en la década del ’90 todo eso que hoy imaginamos como posible, parecía imposible.
Periodista:
Para trazar una línea con respecto al tema que lo ha convocado a Bariloche, que es este Bicentenario. Salvando las distancias y particularidades, y pido complicidad en este sentido, ¿podríamos decir que hoy estamos más cerca del espíritu que dominó la Revolución de Mayo hace 200 años; que de la consolidación del modelo del Centenario?
Forster:
Sin ninguna duda. A veces es muy interesante ver como cada época redefine y reinterpreta el pasado. La Argentina del primer Centenario era una Argentina organizada por un proyecto liberal conservador, de un Estado excluyente; que tuvo sus logros en la construcción de la Nación Argentina, en educación pasó ahí algo fundamental; pero en términos de modelo económico, de democracia restringida, en términos incluso de represión a aquellos que pensaban de una manera distinta, fundamentalmente los que eran portadores de los ideales propios de los trabajadores, socialistas y anarquistas. Se construyó un Estado represivo, una Argentina que se imaginaba agroexportadora, girando alrededor de una elite oligárquica que manejaba y ordenaba el concepto y la materialidad de lo que se llamaba el Estado republicano. Ahora estamos en una situación diferente, estamos tratando de discutir una sociedad más integradas, que sea capaz de proyectarse en términos de una mejor distribución de la riqueza, de cara a América Latina. Aquella sociedad sólo se miraba en el espejo europeo. La invitada fue la Infanta Isabel, y ahora vinieron gran parte de los Presidentes sudamericanos y se inauguró el Salón de los Patriotas Latinoamericanos donde nos encontramos con Salvador Allende, con Emiliano Zapata, con el Che, con Evita, con Sandino, con Bolívar, en una simbología completamente otra de la historia latinoamericana y argentina. Me parece que efectivamente estamos en lugares distintos. Yo le dejaría como reflexión a los oyentes, imagínense si la Revolución de Mayo hubiera sucedido en 1795 y hubiéramos tenido que festejar el Bicentenario en 1995, ¿qué estética, qué relato, qué es “espectáculo”, y qué hubiéramos festejado en esa década que dejamos a nuestras espaldas? Interesante para preguntarse esto.
Fuente: Agencia de Noticias de Bariloche

Distribución de la Renta

Miércoles, junio 9th, 2010

Alberto Garzón Espinosa ⋅ June 8, 2010 ⋅( Pijus economicus 2010 )

Una gran empresa está formada por tres tipos generales de invididuos. A saber, los trabajadores, los directivos y los propietarios. Los trabajadores son los que están en la base de la empresa, y reciben un sueldo establecido de antemano o, a lo sumo, dependiente del ciclo de operaciones productivas (como en el caso de las comisiones); los directivos son los que toman las decisiones y los que forman, en gran medida, los consejos de administración, y su cometido actual es hacer de puente entre las decisiones básicas que toman las empresas y los intereses de los propietarios; y los últimos, los propietarios, son en las empresas cotizadas los accionistas, y pueden ser individuos o entidades impersonales como los fondos de inversión colectiva.

El papel crucial reside, a efectos de lo que aquí quiero ilustrar, en los directivos. Son, en sentido estricto, los verdaderos mandamás de las empresas. Toman todas las decisiones importantes y son los responsables de moverse políticamente para influir, en beneficio de la empresa, en el entorno institucional. Decisiones tan básicas sobre cuánto se ha de invertir, dónde se ha de hacer, cuánto beneficio se distribuirá entre los accionistas, cuánto beneficio se quedará en el seno de la empresa y hasta cómo y cuándo se ha de reestructurar laboralmente una empresa son parte de sus funciones.

En el incipiente capitalismo del siglo XIX estas funciones estaban adosadas a la figura del propietario, quien adelantaba el capital necesario para invertir y se mantenía en el timón de la empresa por largo tiempo. A lo largo del desarrollo del capitalismo todo esto fue cambiando y hoy esa figura del capitalista activo ya es completamente residual, primando la división de poder descrita más arriba.

Uno podría pensar, si se mantiene en el marco de la teoría, que los individuos que forman esos consejos de administración son los mejores trabajadores de la empresa, aquellos que tienen mejores aptitudes y una excelente visión estratégica. La realidad, sin embargo, dista mucho de ser esa. Los consejos de administración son hoy formados por individuos con recursos, pero no de tipo cultural sino de algo que en teoría de la empresa llaman, en sentido amplio, capital relacional. Esa palabra hace referencia al “valor”, que una persona cualquiera tiene por su capacidad para aportar a cualquier proyecto -empresarial- una determina cantidad y calidad de contactos políticos y empresariales.

Así, existe un mercado para la compra de este tipo de “directivos”. Y como son sujetos muy codiciados, el precio es alto. La procedencia de la mayoría de estas grandes estrellas es el mundo político. Ahí tenemos al ex presidente español Jose María Aznar siendo consejero de News Corporation, el entramado financiero de Murdoch y propietario de una lista casi sin fin de medios de comunicación, los ex ministros populares Rodrigo Rato, Abel Matutes o Isabel Tocino que lo son en el Banco Santander, el ex primer ministro británico Tony Blair que recaló en el gran banco JPMorgan, el ex presidente del PP catalán Joseph Piqué que está en Vueling, el también ex ministro popular Eduardo Zaplana que está en Telefónica, el ex presidente alemán Gerhard Schröder que está en la multinacional rusa GazProm, etc.

Además, estas grandes empresas son ya enormes conglomerados financieros u holdings, es decir, instituciones financieras creadas para detentar la propiedad de múltiples empresas distintas que operan en sectores muy distintos también. Es el caso paradigmático del grupo Carlyle, que es propietario de más de 900 empresas en sectores como la seguridad privada, la aviación, los medios de comunicación, la informática, la biotecnología, las empresas farmacéuticas, y un largo etcetera que puede consultarse libremente en su web. En este caso entre sus directivos y consejeros se encuentran ex presidentes de bancos centrales, de la SEC estadounidense, de instituciones de regulación financiera de todo el mundo, de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, etc.

Pero no se podrían enumerar todas las pruebas empíricas aquí. En todo caso, baste saber que la última noticia de este tipo ha sido el fichaje de la esposa del recién nombrado viceprimer ministro británico Nick Clegg, por parte de Acciona. Un gran capital relacional adquirido para la empresa española, sobre todo si sus estrategias de inversión apuntan al Reino Unido.

El profesor Santos Castroviejo hizo un extraordinario trabajo de recopilación de información sobre los consejeros de administración de las empresa cotizadas en la bolsa española. Utilizando grafos pudo establecer gráficamente las redes sociales de las empresas españolas y es que, como es lógico en un mercado de este tipo, cualquier persona puede ser consejera de dos o más empresas al mismo tiempo
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La conclusión del estudio fue aplastante. Había en 2008 “1400 personas –un 0.035% de la población- que controla decisivamente el recurso económico fundamental a nuestro juicio, las organizaciones esenciales de la economía, y una capitalización de 789.759 millones de euros, equivalente al 80.5% del PIB” de España.

Por eso es perfectamente conveniente hablar de élite social en el capitalismo. Son estas personas las que utilizan sus contactos en la administración pública, en otras empresas privadas, en empresas públicas, en las instituciones reguladoras, conformando un amplísimo lobby que, por otra parte, está muy bien pagado……………………………..

Suelo decir que todo esto a mí me parece una versión sutil de la estructura social feudal, ya ni siquiera capitalista. Y es que toda esta historia tiene, cómo no, su otra cara de la moneda. Esta otra cara son los millones de trabajadores que se desloman trabajando a cambio de sueldos miserables, protegidos por la quimera del endeudamiento ad nauseam que opera únicamente en contextos de explosión financiera, y a cuyos hijos se les tranquiliza mediante largas promesas de buena remuneración en caso de obtener una excelente cualificación personal. Así tenemos un país lleno de estudiantes con incluso varias carreras y varios másteres, hablando idiomas y ganando, cuando tienen suerte de poder trabajar, menos de mil euros y bajo la amenaza permanente de despido a modo de espada de damocles. Un engaño que no puede durar indefinidamente