Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

13Jul/100

Notas para un análisis marxista de la crisis griega

Publicado por admin

Rolando Astarita
Profesor de la Universidad de Buenos Aires, es autor de varios libros.

Actualmente las explicaciones más comunes de la crisis griega son de dos tipos. Por un lado, la que sostiene que la crisis se debió al mal manejo y el despilfarro del gobierno griego. Por otra parte, la que echa la culpa de la crisis a los especuladores y/o los bancos. La primera es defendida principalmente por los sectores más afines a la ortodoxia neoclásica. La segunda, más extendida, la plantean los gobiernos europeos (y de otros países, como Argentina); la Comisión Europea de Finanzas y otros organismos; y buena parte del progresismo y la izquierda (véase, por ejemplo, el artículo de Ricardo Aroskind en el suplemento Cash de Página 12, del 28/03/10; también artículos de Le Monde Diplomatique, junio 2010).
Parece haber bastantes evidencias de que las malas políticas del gobierno griego, como la acción de los bancos y los especuladores han tenido su debida influencia en la crisis griega. Por ejemplo, siendo Grecia uno de los países más pobres de Europa, es el que más invierte, en relación a su PNB, en gastos militares, que son completamente improductivos [En 2009 Grecia dedicaba a gastos militares unos US$ 14.000 millones, un monto equivalente al 3,6% de su PNB]. Sin embargo, con todo lo importante que puedan ser estos factores, pensamos que la crisis griega obedece a causas más profundas. En primer lugar, porque está relacionada con la crisis mundial de acumulación capitalista. Y en segundo término, con la forma en que el capitalismo griego se ha insertado en la economía mundial –en particular a partir de la adopción del euro–, y su posición competitiva con respecto a otros capitales. El endeudamiento estatal, la caída de los precios de los activos financieros y la especulación, se explican a partir de contradicciones “estructurales”.
Nuestra idea de partida es que en el mercado mundial siempre se están comparando productividades relativas, tiempos de trabajo y grados de explotación del trabajo. Los capitales entablan luchas competitivas en las cuales sobreviven los más fuertes, esto es, los que desarrollan tecnologías y métodos de producción más avanzados, y/o los que tienen éxito en aumentar la explotación de la clase trabajadora, por sobre sus competidores. Es en este sentido que los tipos de cambio –que conectan los espacios de valor entre sí, y con el mercado mundial– juegan un rol imposible de exagerar. Como hemos planteado en otros trabajos, con la teoría del valor de Marx se puede explicar fácilmente por qué los países en que predominan capitales con baja productividad relativa, tienen una tendencia a establecer tipos de cambio real altos (o sea, moneda depreciada en términos reales). Es la forma de compensar, por lo menos parcialmente, la desventaja tecnológica. Desventaja tecnológica significa que los tiempos de trabajo no alcanzan el tiempo de trabajo promedio que impera en la producción de determinada mercancía. Pero esta compensación opera a través de salarios deprimidos en términos de la moneda internacional y al costo de encarecer la importación de tecnología y equipos.
En el caso de Grecia el tipo de cambio real (esto es, el euro y el nivel de precios y salarios griego en relación a sus competidores) no estaba avalado por el nivel de productividad del capitalismo griego. En ese marco, el estallido de la crisis mundial aceleró y terminó de “dinamitar” los términos en que se había producido la inserción de la economía griega en la economía mundial. La crisis financiera se despliega sobre esta base, agravando las cosas. Para entender este proceso, hay que partir entonces de las condiciones “estructurales” del capitalismo griego que rodean la adopción del euro y el crecimiento de los últimos años. Pero antes, permítanme recordar la centralidad de la competencia, y su significado, desde el punto de vista de la teoría de Marx.
El significado de la competencia a nivel mundial
Marx ha dicho que los economistas burgueses se la pasan hablando de la competencia, pero no comprenden su significado. La cuestión es central, porque la ley del valor trabajo sólo opera a través de la competencia. Y es a través de la competencia que se imponen las leyes de la acumulación capitalista, y se despliegan y profundizan sus tendencias. Esto se debe a que la competencia actúa como un látigo que obliga a cada capitalista a ir al fondo en la extracción de plusvalía. En palabras de Marx, es a través de la competencia que “se pone como necesidad exterior para el capital lo que corresponde a la naturaleza del capital” (Marx, 1989, t. 2, p. 168). Es que la competencia “impone a cada capitalista individual, como leyes coercitivas externas, las leyes inmanentes del modo de producción capitalista. Lo constriñe a expandir continuamente su capital para preservarlo, y no es posible expandirlo sino por medio de la acumulación progresiva” (Marx, 1999, t. 1, pp. 731-732).
Al competir en el mercado mundial, lo que se está haciendo es comparar tiempos de trabajo empleados en los diferentes espacios nacionales. Los capitales que no son competitivos son “sancionados”, en el sentido que parte de los tiempos de trabajo empleados no son validados como generadores de valor. Y durante las crisis –esas verdaderas revoluciones de valor, de las que hablaba Marx–, esa coerción competitiva opera de forma potenciada. Por eso la competitividad, esto es, la comparación de tiempos de trabajo y de tasas de explotación del trabajo, está en el corazón de las contradicciones que llevan a la crisis de la economía griega.
Débil productividad y apreciación cambiaria
Cuando Grecia adoptó, en 2002, el euro como moneda, los niveles de productividad de su economía eran aproximadamente un 88% de la productividad promedio de la Unión Europea; y desde entonces la competitividad se estuvo debilitando. Es que a partir de 2002 hubo una cierta euforia inversora, y entrada de capitales, destinados al crédito para el consumo de hogares y también a financiar la obra pública. Esto impulsó al alza los precios y salarios, junto al crecimiento de la economía. Entre 2000 y 2007 el PNB real griego aumentó a un promedio del 4,2% anual. Los 16 países del área del euro en ese mismo lapso de tiempo crecieron a una tasa del 2,15% anual. Por su parte los precios en Grecia aumentaron a un promedio del 3,5% anual entre 2002 y 2008; mientras que la media europea fue del 2,3% Debido a que el euro era ahora la moneda griega, la suba de los precios internos por encima de los precios europeos implicó una apreciación en términos reales del tipo de cambio para Grecia. Pero a esto se sumó la fuerte presión competitiva del capital alemán. Es que para Alemania la adopción del euro significó una devaluación cambiaria, en relación al antiguo marco. En 2009 la Comisión Europea consideraba que en 2009 el euro estaba devaluado entre un 10 y 12%, en términos reales. Debe tenerse en cuenta que, además de la mayor productividad, el capitalismo alemán se benefició de la explotación del trabajo en el Centro y Este de Europa, y en los territorios de la ex URSS. Por ejemplo, en 2005 – 2007 el 13% de la IED alemana iba a Europa del Centro y del Este. Las empresas que se instalaban en estos países pagaban, en promedio, el 16,5% del salario que lo que pagaban en Alemania; siendo la productividad aproximadamente un 60% de la que hay en Alemania, el costo laboral en esos países era, en promedio, el 27,5% del costo en Alemania (Marin, 2009). Esto puso presión, a su vez, sobre los trabajadores alemanes; los salarios en Alemania estuvieron contenidos, a la par que aumentaba la productividad industrial. El resultado fueron altos excedentes alemanes en cuenta corriente, que llegaron a casi el 8% del PNB, y hoy rondan el 5,5%.
De manera que el capitalismo griego tuvo una presión cada vez mayor. Los salarios de los trabajadores griegos eran menores que los salarios en Alemania. En 2006 la paga horaria promedio en Grecia era un 44% de la paga en Alemania (y el poder de compra real un 72% del que tenía el obrero alemán). El salario mínimo es uno de los más bajos de Europa; en 2004 era de €560 (contra €1286 en Francia o €1265 en Países Bajos), y representaba el 47% del promedio nacional. Pero aun siendo bajos estos salarios, no podían competir con los salarios aún más bajos del Este y Centro de Europa, o de otros países atrasados.
Los trabajadores griegos en promedio también trabajaban más horas que sus pares europeos (2152 horas promedio por año, contra 1430 en Alemania y 1544 en Francia, dato OECD, 2008); y el costo de vida era similar al de Alemania. En una palabra, estaban muy explotados, sin que esto impidiera que la economía fuera menos productiva. Frente a esto, la “receta” del FMI y otros será, para salir de la crisis, es aumentar aún más la explotación, para hacer al capital “competitivo”.
Por otra parte, la inversión pública se dirigió a obras de infraestructura que no afectaban directamente la productividad en los sectores de bienes transables. Por ejemplo, una parte importante se volcó a obras para los Juegos Olímpicos de 2004, como la construcción del aeropuerto de Atenas. Y la inversión extranjera directa, destinada a plantas y equipos, se mantuvo muy baja. El promedio anual de la incidencia de la IED en la formación de capital fijo bruto en Grecia, entre 2003 y 2005 fue de apenas del 2,7% (contra más del 50% en Bélgica, por ejemplo).
Con este panorama, no es de extrañar que en 2006 un trabajo de economistas del FMI calculara que, desde la adopción del euro, la apreciación cambiaria de Grecia era del 17%. En promedio, entre 2000 y 2006 los costos laborales habían aumentado al 2,4% anual, contra el 0,3% en el área del euro; y la productividad había aumentado 1,8%, contra 2,6% en el promedio en el área del euro (Gagales et al., 2006). En consecuencia los exportadores griegos estaban perdiendo terreno en los mercados externos en los rubros de alimentos, minerales, combustibles, materias primas, textiles y metales; lo que no era compensado por los aumentos en químicos y equipos de transporte. En términos absolutos las exportaciones aumentaban, pero esto se debía a la expansión del mercado mundial, y no al aumento de la competitividad.
En 2008 otro trabajo de economistas del FMI calculaba que desde la entrada al euro el tipo de cambio griego se había apreciado, según el índice de precios al consumidor, un 10%; y según los costos laborales unitarios, la pérdida de competitividad cambiaria había sido del 17%, en relación a los socios comerciales europeos (Honjo y Chua, 2008). En relación a la competencia asiática y de otros países atrasados los autores calculaban una apreciación cambiaria acumulativa del 30%, según los costos laborales. Estos datos son corroborados por las estadísticas de productividad de la OECD. En 2008, y con un índice EUA = 100, el producto por hora trabajada en Grecia era de apenas el 58% del de EUA (el de Alemania era el 91,4 y el de Francia el 96,2).
Por otra parte, a pesar de que en términos relativos había mejorado la participación de las exportaciones de productos con tecnología media y alta en el total de exportaciones, la participación de las exportaciones de bajo valor agregado (intensivas en mano de obra) seguían siendo un componente esencial del total de las exportaciones. Lo cual constituía otra muestra de la debilidad estructural de la inserción griega en el mercado mundial, a través del euro.
Déficit en cuenta corriente y boom de crédito
A partir de lo anterior se comprende el enorme déficit en la cuenta corriente de Grecia a lo largo de los años 2000:
Déficit griego en cuenta corriente, como porcentaje del PNB
Año 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009
Deficit / PNB –6,5 –6,5 –5,8 –7,5 –11,3 –14,4 –14,6 –11,6

Para tener un punto de comparación, piénsese que en 2001, antes del quiebre de la convertibilidad, el déficit de Argentina era inferior al 2% del PNB; y que al estallido de las crisis mexicana de 1994, o tailandesa de 1997, el déficit rondaba el 5% del PNB.
Por otra parte es llamativo que el déficit de cuenta corriente se haya mantenido muy elevado en los años de recesión; alcanza su máximo en 2008.
Este déficit fue financiado en parte con transferencias de la Unión Europea, pero esencialmente con entrada de capitales. La mayoría de estos capitales fueron a comprar bonos del gobierno, y otra parte fue al sistema bancario, donde impulsó el crédito al consumo. Si bien la relación entre crédito al sector privado y PNB en 2005 era del 60%, lo que constituía un nivel relativamente bajo, su tasa de crecimiento fue muy alta, porque se partía de niveles muy bajos. En la década de 1990 el aumento del crédito había sido impulsado por la liberalización financiera y la eliminación de controles cambiarios. Después de la adopción del euro, por las tasas de interés extremadamente bajas (negativas durante buena parte de los 2000). Esto explica que en los diez años anteriores a 2005 el crédito al consumo del sector privado había estado subiendo a una tasa promedio anual del 14,5%; el endeudamiento de los hogares había pasado del 14% del PNB en 2001, al 29% en 2005. Una parte de este endeudamiento se debió al crecimiento del crédito hipotecario. De nuevo, era un nivel bajo en relación a otros países atrasados, pero dada su dinámica, alimentaba el boom; que, como vimos, impulsaba la apreciación cambiaria. Los créditos a las empresas, por el contrario, no fueron importantes. En términos globales, aumentó la inversión residencial y la productividad en el sector servicios; pero no lo hizo, como vimos, en los sectores productores de bienes transables.
Deuda creciente
Estaban dados entonces todos los elementos para que la deuda externa griega creciera a una alta tasa. En el cuarto trimestre de 2005 la deuda pública griega era de €145.230 millones; en el cuarto trimestre de 2009 había pasado a €214.703 millones. La deuda de las instituciones financieras, en el mismo lapso, había crecido desde €52.499 millones a € 112.861 millones. La deuda total griega, siempre entre fines de 2005 y fines de 2009, pasó de €269.996 millones, a €403.780 millones (Bank of Greece).
La deuda pública griega fue financiada por bancos europeos, principalmente alemanes y franceses, y también por bancos griegos. En 2010 los bancos alemanes tenían una exposición de US$ 45.000 millones en Grecia; los franceses de US$ 75.000 millones; y los ingleses de US$ 15.000 millones (Wall Street Journals Americas, 18/06/10). Pero también los bancos griegos habían prestado fuertemente al gobierno. Además de las trampas que hizo el gobierno griego para ocultar el verdadero estado de sus cuentas fiscales, hubo una “bicicleta” financiera que impulsó el que continuara la espiral de endeudamiento. La misma fue facilitada por el sistema de emisión del Banco Central de Europa. Es que los bancos europeos pueden tomar prestado del BCE si proveen el colateral correspondiente. Este colateral debe estar constituido por bonos de gobierno con alta calificación, y títulos similares. De manera que los bancos griegos, u otros, compraban bonos gubernamentales griegos –en los 2000 pagaban una tasa un poco mayor que la alemana–, los entregaban como colateral al BCE para financiarse a un costo muy bajo, y se quedaban con una buena diferencia. El gobierno griego, a su vez, tenía una buena excusa para seguir endeudándose.
La crisis mundial y la economía griega
El andamiaje se precipitaría con el inicio de la crisis mundial. A los problemas estructurales que hemos apuntado, se sumó el freno en la entrada de capitales, y los efectos de la crisis en dos sectores claves, la industria del transporte naval (ITN) y el turismo. Ubiquemos brevemente los hechos en su contexto.
La ITN es muy importante en la economía griega. Los armadores griegos poseen la flota más grande del mundo; la flota griega representa el 16% de la capacidad naviera mundial. En los 2000s, hasta el estallido de la crisis, los capitales griegos que operan en la ITN tuvieron una situación boyante, acompañando la expansión del comercio mundial. En términos globales, en 2005 los ingresos provenientes de la ITN eran de € 13.900 millones, superiores a los del turismo; se trataba del mayor ingreso de Grecia por invisibles.
Empujados por las presiones de la competencia, y por el aumento de la demanda, entre 2000 y 2006 los griegos invirtieron fuertemente en la renovación de la flota, para lo cual contrajeron fuertes deudas con bancos europeos. En el resto de la industria también se estaba invirtiendo –por ejemplo armadores alemanes o asiáticos– de manera que ya en 2006 asomaba el espectro de la sobrecapacidad. Sin embargo, en la medida en que los precios de los fletes seguían altos, muchos barcos, ya viejos tecnológicamente, continuaban en operación, y la industria mantenía las inversiones. De manera que ya antes del estallido de la crisis había sobrecapacidad. En 2008 se esperaba que en los siguientes cuatro años unos 6000 nuevos barcos (petroleros, transportadores de containers y de carga seca) entraran en servicio a nivel mundial, el equivalente al 60% de la flota de ese momento (Der Spiegel, 24/3/10).
Por eso con el estallido de la crisis mundial se pasó a una situación de sobreoferta generalizada, caída de precios de los fletes y desvalorización de los capitales invertidos. En particular, los armadores que habían comprado en el pico de la euforia, entre 2006 y 2007, experimentaron fuertes caídas en sus ganancias, o pérdidas. Ya a fines de 2008 la situación era grave; la primera caída generalizada de los títulos de la deuda griega, que se produjo en octubre de ese año, tuvo como raíz la desconfianza que provocaba en el sistema financiero las deudas de los armadores griegos, y la repercusión en la economía de la caída de la actividad. Puede verse aquí con claridad que las crisis financieras profundas por lo general están vinculadas a los problemas de acumulación, y a las contradicciones esenciales de las economías capitalistas.
En 2009 la situación se agravó; el comercio mundial cayó el 12,2% (OMC), y los precios se hundieron. A mediados de 2009 tarifas de carga seca que en el verano de 2008 superaban los US$ 300.000, rondaban ahora los US$ 10.000. Algo similar ocurría con los buques tanques y el transporte de containers. A comienzos de 2010, y a pesar de una recuperación del comercio mundial (el Banco Mundial pronostica un crecimiento del comercio del 4%), continuaba la sobrecapacidad, y las tarifas se mantenían en aproximadamente el 15% de los niveles que habían alcanzado en 2008.
Pero la crisis mundial no solo afectó de lleno a la ITN griega, sino también al turismo, que constituye su principal actividad (representa aproximadamente el 18% del PNB; uno de cada cinco empleos depende del turismo), y es una fuente fundamental de ingresos. Ya antes de la crisis Grecia sufría la competencia de otros destinos, como Turquía, y otros lugares que eran más baratos, dada la apreciación del euro. Sin embargo es con la crisis mundial que la situación se tornó extremadamente difícil. En 2009 los ingresos por turismo habrían bajado un 20% (Institute for Tourist Research and Forecast), y a comienzos de 2010 la crisis continuaba, provocando una intensa desvalorización de las inversiones, y quiebras. En marzo de este año se reportaban unos 400 hoteles en venta.
De conjunto, la economía griega se contrajo un 2,5% en 2009, y caería un 4,6% en 2010. La producción industrial en abril de 2010 había caído un 5,1% con respecto a igual mes de 2009. El déficit público supera el 10%; y la desocupación alcanza (marzo de 2010) el 11,6%.
La crisis financiera
Estos factores entonces subyacen a la crisis griega, y explican por qué, a pesar de la recesión, el déficit de cuenta corriente siguió alto en medio de la recesión, y la deuda continuó creciendo. Lo importante es comprender que la especulación financiera actúa sobre este telón de fondo. La crisis no se debe solo, ni principalmente, a los banqueros y los especuladores. Quedarse en esto es quedarse en la superficie de la cuestión. Las crisis financieras y bancarias se vinculan a los problemas que enfrentan la generación y realización de plusvalía, y la valorización de los capitales. Al caer la realización de la plusvalía, los bancos encuentran difícil recuperar los préstamos, y cunde la desconfianza. Lo mismo sucede con la capacidad del gobierno para colocar deuda. Los inversores exigen cada vez más tasa para seguir prestando. A esto se puede sumar la especulación con los bonos griegos, y con los CDS (credit default swap, de hecho son seguros contra el default). Por ejemplo, los especuladores operan “en corto”, lo que significa que alquilan bonos para vender en los mercados, con la esperanza de comprarlos luego más baratos. Estas sobreventas de bonos deprimen aún más los precios, elevando las tasas de interés que debe pagar el gobierno. Pero la especulación profundiza la tendencia, no la crea por sí misma. Por eso el actuar sobre estas operaciones (por ejemplo, prohibir las operaciones cortas) no solucionan ningún problema de fondo. Apenas pueden suavizar las oscilaciones. Las contradicciones emanan de las relaciones capitalistas de producción, que abarcan todas las formas del capital (productivo, mercantil, dinerario).
Pero si bien la crisis no tiene por origen a la esfera de las finanzas, la especulación financiera y la crisis bancaria que acompañan a la crisis, reactúan agravando la crisis. En junio de 2010 el gobierno griego está pagando casi 7 puntos más que Alemania por tomar deuda a 10 años. A mediano plazo esta tasa es insostenible. Lo cual pone en peligro a muchos bancos europeos, con alta exposición a la deuda griega, como hemos visto.
Además, si bien los bancos griegos entraron a la crisis con una alta capitalización, están sufriendo por las rebajas en la valuación de sus activos y por créditos que no se están recuperando; lo que pone presión sobre la liquidez, y aumenta el costo del fondeo. A esto se suma que a comienzos de 2010 fueron sacudidos por una ola de fuga de capitales, generada por ciudadanos ricos y corporaciones. Entre enero y febrero habrían salido unos €7500 millones de depósitos, con destino principalmente a Suiza, Gran Bretaña y Chipre. Pero también sufren las inversiones de los bancos griegos en Rumania, Bulgaria, Serbia y Macedonia, la zona de influencia griega [Las empresas griegas de conjunto llevan invertidos, hasta 2010, unos €12.000 millones en la zona; los bancos griegos poseen el 15% de los activos del sistema bancario en esos países, y en el caso de Bulgaria alcanzan al 35% del mercado]. En la medida en que la crisis mundial afecta a estos países, también habrá repercusiones sobre los activos de los bancos griegos comprometidos en la región.
La carrera por aumentar la explotación
La salida que hoy está intentando el gobierno griego, con el apoyo del FMI y los grandes poderes, es por vía deflacionaria y ajuste fiscal. El debate es cómo aumentar la explotación de la fuerza de trabajo para hacer competitivo al capital griego. Paul Krugman y otros economistas establecidos lo dicen con todas las letras: hay que bajar los salarios. Algunos cálculos dicen que el salario debería caer entre un 20 y 30%.
Esto significa también bajar las prestaciones sociales, aumentar la edad de retiro, disminuir los gastos sociales. Lo cual amenaza con agravar la crisis, en la medida en que la restricción del gasto agudiza la caída de la demanda, y por lo tanto la caída de la producción y de los ingresos. Esto, a su vez, promete mantener o incluso agravar los problemas para hacer frente a la deuda. Otra alternativa sería que Grecia saliera del euro, y volviera a su propia moneda. En este caso tendríamos una “solución” al estilo Argentina 2002, de devaluación, caída de los salarios, y aumento de la explotación por vía de la inflación. O realizar un default capitalista de la deuda griega que, de todas maneras, no salvará a los trabajadores de penurias, de la desocupación y la presión del capital. Nunca el capitalismo salió de sus crisis mejorando, o siquiera manteniendo, los niveles de vida y las condiciones de trabajo de los asalariados. Grecia no es la excepción. Las manifestaciones, las huelgas y luchas que se desarrollaron a partir del estallido de la crisis apuntan al único camino posible para el pueblo griego frente a los planes de ajuste y mayor explotación del capital y su Estado.
Por último, y a modo de conclusión de estas notas, queremos enfatizar la necesidad de realizar análisis que tomen en cuenta los problemas que podríamos llamar “estructurales” de la acumulación, a nivel del mercado interno y del mercado mundial, y cómo los mismos se combinan, con las crisis financieras y bancarias.
Bibliografía
Gagales, A.; M. Rossi y M. Moreno Badia (2006): “Greece, Selected Issues”, IMF.
Honjo, K. y D. Chua (2008): “Greece, Selected Issues”, IMF.
Marin, D. (2009): “The Opening Up of Eastern Europe at 20- Jobs, Skills and ‘Reverse Maquiladoras’ in Austria and Germany”, Discussion Paper, University of Munich and Bruegel.
Marx, K. (1999): El Capital, Madrid, Siglo XXI, 3 t.
Marx, K. (1989): Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858, México, Siglo XXI, 3 t.

Fuente: Revista Trasversales número 19 julio 2010