Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

11Ago/110

Krugman y quién llora por quién

Publicado por admin

Por Mario Pappoport*

Economía y aparato productivo
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en BAE)
Con la crisis mundial, los escenarios artificiales creados por la especulación y la codicia se derrumban y el mundo, si alguna vez lloraba por la Argentina al estilo Hollywood, en una canción que se hizo muy popular en su época -quizás por eso de que no nos tocaba más que a nosotros, los demás escuchaban el llanto desde las tribunas- ahora tiene a muchos países para cantarla, pero cambiando el nombre y llorando por ellos mismos. El problema es que la salida que se busca a la crisis mundial actual vuelve a ser equivocada, como lo fue la que nos llevó a la nuestra y habría que preguntarse por qué.
¿Cuál es la razón que tienen aquellos que no quieren abandonar las viejas recetas ya vencidas? La solución que ofrece el Congreso norteamericano es, en palabras de Paul Krugman “un desastre, y no sólo para el presidente Obama y su partido. Esto dañará la ya deprimida economía norteamericana...”A largo plazo hará que el problema del déficit empeore, llevará a Estados Unidos al estatus de una “república bananera”.

En un valioso artículo de enero de 2002, titulado “Llorar por la Argentina” el mismo Krugman decía casi de manera premonitoria: “Pese a que las imágenes de las revueltas en Argentina han pasado por las pantallas de nuestros televisores, en Estados Unidos a casi nadie le importan … La política económica argentina llevaba el sello ”made in Washington” impreso en todas partes. El fracaso catastrófico de esa política es, en primer lugar, un desastre para los argentinos, pero también para la política exterior de Estados Unidos …Argentina, más que cualquier otro país en vías de desarrollo, se adhirió a las promesas del ‘neoliberalismo’ que promocionó Estados Unidos”. La respuesta que daba Krugman entonces estaba clara: “La mejor solución para que la Argentina de un giro en redondo sería la de una devaluación ordenada…el nuevo gobierno de Argentina –cuando exista– hará retroceder el reloj. Impondrá cuotas de importación, con lo que dará la espalda a los mercados mundiales: no se sorprenda si también vuelve a la antigua retórica antinorteamericana”. “Permítame –continuaba- hacer una predicción: esa política retrógrada funcionará, en el sentido de que generará un mejoría transitoria de la situación económica, al igual que lo hicieron estrategias similares en la década de 1930”. “A largo plazo como decía Keynes –concluía– estamos todos muertos”. Pero ocho años de crecimiento -ahora lo reconoce- y en medio de una crisis mundial, ya no significa sólo resolver una emergencia.
De todos modos, esta no era sólo una predicción que venía del norte. El 23 de diciembre de 2001, en una entrevista para un diario de Río Negro, el que esto escribe decía: “a fin de lograr la tranquilidad de los ahorristas es conveniente que la economía marche a una pesificación y luego a una flotación cambiaria. Obviamente hay que salir de la convertibilidad…Si se desdolariza la economía se vuelve a recobrar una política monetaria” Y agregaba “En este momento la gente necesita trabajo, tener poder adquisitivo, esto es lo principal…” Tiene que haber “… una política cambiaria que privilegie al sector comercial, que detenga cualquier tipo de fuga de capitales.” “La salida de la convertibilidad no es la única solución, también es preciso –continuaba– “…una reactivación productiva en donde los diversos sectores tengan que participar plenamente, comenzar a reindustrializar el país y volver a pensar en el mercado interno. Acá se vivió la fantasía de que la Argentina podía ser un país exportador para aprovechar un mercado de 6.000 millones de consumidores y mató de hambre a 14 millones.” Los resultados de haber realizado la política que nos sacó de la crisis están a la vista. La casa se derrumbó y se empezó a construir otra.
Es claro que siempre tenemos nuestros enemigos internos. Uno de ellos sublevó al mismo Krugman, cuando afirmó que la Argentina no era un país serio. Esto llevó al economista estadounidense a escribir un artículo en el New York Times, donde después de demostrar con un gráfico contundente el notable crecimiento argentino luego del default, decía en forma irónica que cuando éramos serios, de acuerdo al criterio de los organismos internacionales, nos fue muy mal, ahora que habíamos dejado de serlo otros deberían tomar nuestro ejemplo, como en el caso de Grecia, pero también el de los propios Estados Unidos.
Ya desde los comienzos de la actual crisis mundial Krugman pensaba en una solución para el conjunto de la economía mundial, sin ser demasiado oído. En un libro reciente, reafirmado luego en una carta pública al presidente Obama, el renombrado economista sostenía: “El mundo requiere cambios importantes en sus políticas públicas […} Su objetivo debería ser completar el trabajo del New Deal”. Pero más que completar, lo que quiere expresar Krugman es la necesidad de “retomar” los puntos de partida de aquella experiencia, borrada luego por posteriores gobiernos estadounidenses.
No por casualidad, una revista económica europea hace una “extraña” comparación económica de la situación de Estados Unidos, cuando su deuda federal autorizada por el Congreso estaba por superar el 100% de su PIB, con la de la Argentina del 2001-2002. Pero el país del norte parece no haber aprendido nada de su propio pasado. Para no caer en default, la solución tomada es, como se suponía, un mayor endeudamiento y la reducción del gasto público sin tocar los intereses de los más pudientes. Al igual que lo que sucede en Europa.
Esto nos hace recordar las políticas de Hoover en 1929, que condujeron a una profunda depresión de la economía del norte. Sólo cabe preguntarse si se trata de políticas suicidas, si un mal de alzheimer afecta a la sociedad norteamericana o si, al menos, para algunos, esas medidas tienen algún sentido. En este caso el exterminio económico no es general sino selectivo. Los sectores de más altos ingresos quedan a salvo porque no se toca el sistema tributario, es decir que no aportan más a la comunidad para ayudar a solventar la crisis. Sí se afecta en lo inmediato a los sectores de más bajos recursos; a los que se les reduce la ayuda social, se les niega el seguro médico, se les bajan salarios y jubilaciones o se los separa del sistema productivo condenándolo, por lo general, por el resto de sus vidas, a la desocupación.
Mientras tanto, la Argentina y los países sudamericanos que han sabido sobrellevar la crisis aplicando políticas contracíclicas –las que alaba Krugman-, ahora reunidos en la Unasur, hablan de blindar las economías de la región para evitar lo que ocurrió en los años 70 o 90, cuando los poderosos de entonces volcaron sus excedentes poco rentables en la periferia provocando pocos años más tarde la formidable crisis de la deuda externa. Pero los países del sur del continente, vacunados de la experiencia de esos capitales que van y vienen como tsunamis dejando tierras arrasadas, han decidido tomar medidas comunes en las políticas económicas y productivas, para lo cual se convocó a una reunión urgente de los ministros de economía de la región. No es cuestión de transformar otra vez las lágrimas ajenas en propias.
*El autor es historiador.

11Ago/110

Elecciones y plataformas económicas

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Por Guillermo Wierzba *

Hay un clásico debate acerca de la democracia y la representatividad. Una discusión que lleva implícitas ideas contradictorias respecto de esos conceptos. La definición de “gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo” tributa a la tradición que entiende a la primera en su versión sustantiva, constituyendo la elección de representantes una forma que permite, en sociedades multitudinarias, resolver el ejercicio del poder. Sin embargo las elecciones tienen en sí mismas una tensión antagónica: por una parte permiten una expresión popular, a la vez que son un acto de alienación del poder radicado en el pueblo, por el que éste lo delega en sus representantes. Esto ha permitido, en la otra vertiente, la mutación de la idea de la democracia en una pura propuesta formal, un régimen de representatividad donde las elecciones serían en sí mismas el acto democrático. La democracia quedaría como sinónimo de delegación.
La tensión entre una democracia rica en contenido y otra exclusivamente de formas se expresa en distintos climas y estilos electorales. El neoliberalismo generalizó una dinámica electoral en la que las campañas fueron signadas por ofertas de productos (candidatos) a consumidores (votantes), para que éstos elijan cuál de ellos sería el más apropiado para gestionar el Estado. Quedaba implícita una única y naturalizada política, impuesta por los poderes fácticos.
Con la recuperación de la política como instrumento transformador de la realidad, el desalojo de la lógica del pensamiento único y la reintroducción del ideario del autogobierno, el dispositivo de la democracia sustantiva ha reintroducido en América latina, y en particular en Argentina, la discusión de distintos programas y proyectos de país. Hoy no se trata sólo de optar por una figura, sino de elegir el propio destino de la nación y del pueblo al que se pertenece.
Así readquieren valor –en el actual proceso electoral– las plataformas electorales de los partidos, en ellas está la propuesta de país que se piensa construir. Plataformas sometidas al ostracismo durante el neoliberalismo, devaluadas a una formalidad llena de palabras huecas, hoy recobran su rol de expresar programas bien distintos (muchas veces antagónicos) de país.
El análisis de las propuestas económicas de un grupo de ellas resulta elocuente. El Frente Amplio Progresista, que postula a Binner, propone como primer instrumento de su modelo macroeconómico “el establecimiento de un esquema de metas de inflación como ancla antiinflacionaria”, más adelante le adiciona “una regla fiscal que garantice la sustentabilidad de la deuda”. En su discurso se refiere al “financiamiento inflacionario del gasto creciente”. El enfoque sustenta que la cuestión de la inflación es la de primer orden en la economía, promete aplicar lo que el FMI recomienda, que es el aludido esquema de metas, y caracteriza de inflacionario al gasto. El referente económico de la fuerza (Angel Sciara) sostiene que las causas de la inflación son un mix entre expectativas y exacerbación de la demanda, mientras que el candidato a presidente expresa que la tarea es dinamizar la inversión privada, merituando su rol frente al de inversión pública. Estas caracterizaciones y propuestas son contradictorias y regresivas frente a la política en curso. El esquema de metas de inflación, el diagnóstico de exacerbación de la demanda y la caracterización de gasto inflacionario concurren a un camino de enfriamiento de la economía. Entonces, en ese escenario, frente al cual la inversión privada que se pregona no se vería atraída por el ritmo del crecimiento, ¿se trataría de mejorar el “clima de negocios”? El proyecto de ley de entidades financieras del diputado Milman, dirigente de una de las fuerzas del Frente, conlleva al continuismo de la Ley 21.526 en sus aspectos fundamentales: permite hacer todo lo que no está prohibido a los bancos y no prevé regulaciones efectivas sobre las tasas de interés. Esta plataforma está situada en el paradigma de los socialismos europeos que renunciaron a sus propuestas reformistas y gestionan programas de “consistencia fiscal” ortodoxos e ineficientes. No existe mención a la instrumentación de política de ingresos –precios y salarios– ni a regulaciones de la tasa de ganancia ni al papel de las empresas concentradas en la formación de precios, claves tradicionales de las propuestas reformistas.
La “Propuesta para una Economía Sostenible” de la Coalición Cívica, que postula a Elisa Carrió, también ubica la inflación como “la primera gran incertidumbre que enfrenta nuestra economía”. Sostiene que “sin moneda no hay desarrollo”, ingenuidad que invierte el orden causal, pues sin desarrollo una nación no puede tener una moneda fuerte que cumpla el rol de reserva de valor. Propone como fin de la política monetaria la inflación baja y defiende la independencia del BCRA como su condición. También adhiere al esquema de “metas de inflación”. Esta propuesta es, en forma acabada, la que atiende a las demandas de los capitales financieros globales. Se opone al pago de deuda con reservas, insinúa su preferencia por una suba de las tasas de interés, se pronuncia por una reducción del gasto público y por la construcción de un fondo de ahorro durante los años buenos. Su diagnóstico respecto del tipo de cambio presupone una intención devaluacionista. Es la plataforma del ajuste, la devaluación y la inserción en la financiarización.
La plataforma de la UCR está construida sobre un discurso en el que no existen precisiones sobre rumbos e instrumentos de política económica. Más bien es una declaración de intenciones. Insinúa su oposición al uso de reservas, enuncia una política gradual de eliminación de las retenciones y ubica en el centro de los objetivos macro las políticas antiinflacionarias. De todos modos, la orientación del candidato a vicepresidente, en una fuerza como el radicalismo, constituye una señal inequívoca de la dirección económica que proponen: “amistad” con los mercados. El estilo del escrito no se ha hecho eco del retorno de los debates de fondo a la política nacional y realiza, en el mismo estilo del PRO y Durán Barba, una formulación imprecisa en medidas que devendrían en un futuro encantador.
Las “Propuestas para un nuevo rumbo”, de Duhalde, luego de indicar como necesarias las reformas estructurales de orden neoliberal llevadas a cabo en el continente –es la única que lo hace explícitamente–, adjudica el crecimiento económico al argumento del “viento de cola” y critica los controles de precios y las limitaciones a las importaciones. Condena el uso de las reservas internacionales y de los fondos previsionales. También propone un esquema de metas de inflación. El resto del programa radica en un conjunto de políticas de corte ofertista. Sostiene la posibilidad de mejorar la distribución del ingreso sin puja distributiva mientras se “erradicaría” la inflación, al tiempo que se crecería a altas tasas. Hace elogios apologéticos de la globalización y centra su preocupación en la “confiabilidad externa”. Es tributaria del pensamiento neoclásico y refuta conceptos clave del estructuralismo latinoamericano.
La lectura de los proyectos analizados conduce a ubicarlos, en términos de las claves de sus propuestas de política macroeconómica, en la polaridad opuesta al rumbo seguido por el Gobierno, reafirmado por la plataforma del Frente para la Victoria. Mientras ésta prioriza la reinstauración de una sociedad de pleno empleo, aquéllos coinciden en la urgencia de políticas de estabilización y de restricción fiscal. La profundización de la crisis europea debe prender un alerta respecto de las consecuencias de la adopción del cambio de rumbo que propone la oposición.
* Economista y profesor de la UBA.