Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

26Mar/130

Reflexiones del 24 de marzo de 2013

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Por
Alejandro Rofman

Ayer, a la tarde, fui a la Plaza.Bueno, es un decir. No pude entrar en la Plaza porque la muchedumbre la cubría toda y llenaba la primer cuadra de todas las calles o avenidas que accedían a ella.Fue realmente emocionante. N unca falte un 24 de marzo al acto central de la recordacion del inicio de la dictadura civico-militar.Siempre consideré que si un o desea que las cosas cambien hay que hacer un pequeño aporte personal para que ello ocurra porque si algo cambia y uno nunca estuvo presente para reclamarlo siente que le quedó una deuda impaga. Recuerdo haber estado en actos con reducido público- menos de la mitad del que concurrio ayer- cuando Menem habia decretado las amnistias y los principales genocidas quedaron en libertad.Afortunadamente ello se revirtió en el año 2003 , con la derogacion de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final propiciadas por el presidente Nestor Kirchner y debieron volver a la carcel los que habian sido indultados y se iniciaron decenas de juicios por la Verdad,la Justicia y la memoria, Hoy hay más de 300 represores con senten cia de prision y más de 1200 en juicio o a punto de que se les inicie Y además, se han ido agregando los coautores civiles del genocidio ( como en los juicios de Nuremberg) en una experiencia de dictado de justicia nunca vista luego de la condena de los jerarcas nazis tras la Segunda Guerra Mundial.
Yo quiero participarles a uds.( a los que estuvieron y a los que no fueron) mi enorme impresion al observar quienes eran los protagonistas de las largas y nutridas columnas que llenaron la Plaza y la desbordaron. Las ciudadanas y ciudadanos que no habian nacido cuando la Dictadura civico-militar terminó eran mucho más de la mitad de los concurrentes. Ello me causo una enorme emocion porque me reveló que hay continuidad en la lucha que emprendieron Madres,primero, y Ab uelas, despues, hoy ya muy avanzadas en edad y que han ido progresivamentge cumpliendo su ciclo vital. Esa continuidad generacional asegurada reconforta y da fuerzas para seguir exigiendo Justicia. Los juicios constituyen, de lejos, lo más impactante, emocionante y maravilloso para quienes pasamos los años de plomo y perdimos amigos entrañables.
La Agrentina ha dado, con el esfuerzo denodado de no bajar los brazos de esas dignas mujeres que fueron y son las Madres y más tarde las Abuelas un ejemplo de dignidad a todo el Mundo que no tiene parangón
Este años el 24 de marzo convocó a muchas más voluntades a acompañar a las Mujeres dela Dignidad. Espèremos que ello se siga ampliando con los años y el reclamo que se formuló, a través de la encendida palabra de Estela Carlotto, de Justicia y Memoria siga siendo cada vez más un logro concreto y deje de ser una esperanza posible.

26Mar/130

La Nación desvastada

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No era imaginable ni lo podíamos imaginar. Si la teoría de los dos demonios, o las hipótesis sobre el "espejo invertido", aún perdura, es porque el pensamiento es perezoso. Nadie ignora que ante las fuerzas del Estado había insurrectos, hombres y mujeres armados, munidos de razonamientos de época sobre el poder y la violencia. Pero el Estado reaccionó deshaciendo la nación, organizando ordalías sanguinarias, proponiendo un nuevo goce sobre los cuerpos, crucificándolos en el anonimato y la expropiación de su ser último, cuyo sello es el nombre propio y la frágil propiedad de su propia sangre.

por
Horacio González

Extremó todo: no fue una dictadura sino un rasguido alucinado en los propios actos de lenguaje. Si una nación es saqueada en su lenguaje, todo acto público se convierte en saqueo. Toda legalidad era ficticia pero al mantenerse como fachada distraída que recubría espasmos secretos, el lenguaje social se obligaba a decir que no sabía mientras el conocimiento de todo aparecía a través de metáforas y formas tácitas del lenguaje, todo lo dicho era falso y el no saber era un saber escondido, insoportable.
Habían desaparecido las conversaciones, la civilidad y los comportamientos inesperados, fuera de las pautas de un orden invisible. El orden de una nación devastada por el terror. El terror podía definirse como un acto silencioso, un vacío que no podía ser denunciado, pero ese sórdido agujero –repentino– de la urdimbre social fundaba un silencio amenazante. Nunca se precisaron tan pocas palabras alusivas a un ejercicio de horrores, para sugerir que todo un conjunto social estaba aherrojado en sus libertades, aunque parecía que podía seguirse una vida de "normalidad". Esta "normalidad" mientras funcionaba la maquinaria de captura y aniquilación era precisamente el terror.
Era un sordo aullido que convertía en simulación la vida de superficie y en vida material lo inconcebible. Lo que se sabía no se podía contar y lo que estaba al alcance de saberse no tenía palabras para decirse. La nación, que seguía teniendo himno y bandera, yacía en las catacumbas de los campos de concentración, que eran apenas entrevistas, signos imprecisos emanaban de ellas y se apoderaban de reticencia de la ciudad intuitiva y muda. Desde escuelas militares situadas en grandes avenidas hasta comisarías de los suburbios, emanaban sospechas de que una nación eran interrogatorios feroces y la república eran gritos de espanto.
Nadie gobernaba, apenas existían las leyes económicas sacadas de manuales de plusvalía funeraria. Los quejidos estropeados robaban vidas de los catálogos visibles en que se ejercen los nombres de las personas y las cosas, para enterrarlas en fosos que eran el profundo mar y la tierra nocturna excavada. Era el gobierno de la nación devastada, una entelequia –como alguien dijo– que dejaba al trasluz una máquina siniestra, un Moloch que comía vidas en secreto pero dejaba que algo se supiera, como la puntilla de un pañuelo sangriento. Hace muchos años salimos a las calles los 24 de marzo para que esto se repita, pero también para peguntarnos lo que aun no sabemos cabalmente: ¿Por qué este calvario fue posible?