Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

18May/131

Se murió Videla

Publicado por admin

> Roberto Páez González

> 18/05/2013

>>> Videla es parte de la coronación simbólica de una estirpe de la barbarie. Parte, porque no es único ni en el mundo, ni en nuestras latitudes; bástenos mencionar a Pinochet o a Ríos Montt. Sin embargo, para nosotros –argentinos- constituye un precipicio inigualado, aunque sucesor de una larga nómina de brutos asesinos y genocidas que jalonaron su obra con las ya célebres felonías de la historia nacional, como el fusilamiento de Dorrego, la cabeza del Chacho clavada en esa pica en la plaza de Olta, la Guerra del Paraguay, frases como aquella del ”gran sanjuanino” a Mitre : no ahorre sangre de gauchos, general, que es lo único que tienen de humano; los genocidios de los indios, las matanzas de la Semana y la Patagonia trágicas, los fusilamientos del 9 de Junio de 1956, la Masacre de Trelew…

Pero Videla no solo encarnó ese frío desprecio por la vida, sino que se propuso dirigirlo con un método artero –militar y administrativo- que convirtió en astucia superlativa el secuestro, la tortura, la ignominia verbal y la desaparición forzada de personas con el fin de servir con ello los intereses cívicomilitares de la entronización neoliberal.

Su muerte no cierra completamente ni el ciclo largo de estas aciagas desventuras de la historia bicentenaria de nuestro país, ni tampoco el de la necesidad de esclarecimiento, castigo y justicia relativos al período infamante de la Triple A y la dictadura militar iniciada por Videla. Su muerte parece dejar una constatación amarga que me parece ilustrada por estas palabras de Estela de Carlotto: “Deja la faz de la tierra un genocida, un hombre deshumanizado, que no tuvo pruritos en idear un plan de exterminio, que mató, robó, que no se arrepintió, que reivindicó lo hecho y prometió volver a hacerlo”.

Estos hombres deshumanizados no lo son solamente porque encarnan el mal abstracto; lo son porque se oponen a la realización de los hombres en un marco de solidaridad, libertad y responsabilidad; en Argentina, a quienes aspiramos a vivir con soberanía política, justicia social, derechos humanos, democracia participativa e inserción e intergración sudamericana y latinoamericana.

Memoria, Verdad y Justicia

Que Videla se muera a los ochenta y siete años tiene una apariencia normal. Pero murió juzgado y cumpliendo condena en la cárcel, lo que es un aspecto que reivindica desarrollos del Estado argentino que buscan asentar legislativa pero también consuetudinariamente la abominación del terrorismo de Estado y legar un verdadero Nunca más, la herencia de Memoria, Verdad y Justicia a la generaciones vivas y futuras de Argentina. Estaba procesado por crímenes del Plan Cóndor pero su desaparición no desvitaliza la necesidad de comprensión y castigo a los culpables de dicho plan. El hombre que acaba de morir ni se arrepintió, pues, ni cambió de parecer, sino que ratificó sus ideas de someter al averno a sus opositores y a quienes pudieran encontrarse cerca de éstos ya por familia, ya por amistad o militancia, o aun porque la vecindad o la casualidad podía ser materia de imputación y ejercicio de la represión clandestina, deshumanizada y feroz. Cabe una referencia a la prensa que acompañó esos años luctuosos con formas de encubrimiento de los crímenes del terrorismo de Estado. El derecho a la comunicación estuvo tergiversado. Asimismo, la malla de complicidades se extendió con ramificaciones a través de organismos internacionales, servicios secretos de otros países, etc. pero hizo falta alguien como él para montar la arquitectura diabólica y ponerla en marcha.

Motores ordinarios. El dijo que volverá.

Ello no nos exime de saber que en la sociedad argentina existen discursos que trasuntan intereses y concepciones concomitantes con las aberraciones del terrorismo de Estado, que son flagrantes en los fragmentos de diálogos cotidianos –hoy y antes- sobre la mano dura, la venganza (cuando las cosas cambien), detrás de algunos radicalismos verbales sobre la inseguridad y en las prácticas de gatillo fácil…Videla en cierto modo fue también la proyección de esas largas sombras.

El dijo que volverá. El sabía que esa tradición tenebrista y lúgubre es una rama antigua y todavía firme en nuestra historia social, que sobrevive a través de parasitismos intermedios y aparentemente secundarios o inocuos, como ciertas violencias cotidianas presentes en el machismo, en la violencia de género, en las barras bravas del fútbol, en las patotas y en las redes de la drogadicción (la enumeración no agota la lista de fenómenos). Hay manos de obra desocupadas y materias primas disponibles. Sin excluir el atizamiento de los odios que procede de algunos dirigentes políticos y de algunos conglomerados mediáticos, pese a que todo o casi todo el arco político haya declarado su repudio en la ocasión de su deceso.

Lo que los argentinos no debemos olvidar

Dijo: “No están, son entelequias”. ¿Cómo algunos han podido aceptarlo?

En 1979 explicó: “es una incógnita el desaparecido. Si el hombre apareciera tendría una tratamiento x, si la aparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento tiene un tratamiento z, pero mientras sea desaparecido no puede tener un tratamiento especial: es un desaparecido, no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido. Frente a eso no podemos hacer nada”.

Hipocresía, secreto, desprecio por los desaparecidos, sus familiares, amigos y compañeros, violación de los derechos de los argentinos, de los derechos humanos, tal es el programa que concretó en detrimento de la solidaridad, libertad y responsabilidad de los argentinos.

Videla no quiso arrepentirse y dar otras explicaciones; en lo que de él dependía se esmeró en no descorrer los velos. Es eso, sobre todo, lo que los argentinos no debemos olvidar, tratando de comprender el conjunto de lo que ha pasado y de impedir que algo semejante vuelva a suceder.