Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

23Jun/130

CAPITALISMO DE ESTADO: EL CASO CHINO

Publicado por admin

JORGE MOLINERO JUNIO 2013

1.- INTRODUCCIÓN
El socialismo real dio lugar, en su disolución, a dos tipos de formaciones diferentes. Por un lado, por medio de una política de shock, Rusia y Europa del Este abolieron las estructuras socialistas de la noche a la mañana, entrando en una crisis fenomenal, con caída de actividad, desocupación, alta inflación y licuación de riquezas, privatizaciones mafiosas, etc., para dar nacimiento a un nuevo capitalismo. La caída del nivel de vida inicial fue tan brutal que la esperanza de vida bajó en Rusia varios años, cosa no encontrada en otro país europeo, fuera de las guerras, en todo el siglo XX.
La otra formación diferente que surgió de la disolución del socialismo fue el capitalismo de estado en China, y sobre su evolución nos detendremos.
2.- LA CHINA TRADICIONAL
China es un país con un desarrollo muy temprano como tal, alrededor del siglo III antes de Cristo. La estructura política centralizada que hoy llamamos China fue creciendo básicamente en la zona Este que da al Océano Pacífico, y expandiéndose hacia el norte, sur y oeste en forma ininterrumpida, al margen de las diferentes coaliciones (dinastías) que la fueron gobernando durante más de 2000 años. En forma similar a la del Egipto faraónico la base de su crecimiento y estabilidad por tantos años se debe en gran medida al sistema de producción agrícola basado en la irrigación, lograda por la canalización de sus principales ríos, el Yantsé y el Amarillo entre ellos. La centralización del poder era una condición absolutamente necesaria para la creación y mantenimiento de los canales derivadores de los flujos de agua, así como de la distribución y cuotas de su utilización por las distintas regiones y pueblos. Uno de los ideales más preciados de las civilizaciones de “despotismo hidráulico” es el inmovilismo, el conservatismo, ya que los períodos de revuelta y desorden siempre terminaban en desarticulaciones del sistema de riego, con el hambre y la mortandad como consecuencias inevitables. La cultura de secano de Europa, como la de los países americanos, es completamente diferente por esta característica, lo que permitió el desarrollo de reinos independientes con características propias que nunca llevaron a una unificación política como la lograda en China, o siglos atrás en el Egipto faraónico. Téngase en cuenta que la superficie de China es cercana a los 10 millones de Km2, mucho mayor que la Europa Occidental, y su población supera hoy los 1.300 millones de personas.
3.- COMIENZA EL CAMBIO: LA REPÚBLICA (1911)
La decisión de cambiar el curso de la historia de inmovilismo en China comienza con la república que desplaza al decadente imperio en 1911. El doctor Sun Yat-tsen encabeza el nuevo gobierno de su movimiento nacional, el Kuomintang, con la idea de devolver a China su importancia en el mundo, luego del aislamiento de siglos a la que la sometió la última dinastía Manchú y las amargas invasiones occidentales de mediados del Siglo XIX (guerra del opio, concesiones en Shanghai, “compra” de Hong Kong, alquiler de los nuevos territorios circundantes, etc.)
A su muerte, lo sucede su concuñado, el General Chiang Kai-shek, que se apoyó en los señores de la guerra del interior, grandes terratenientes explotadores de las masas campesinas, que eran el 80 % de la población nacional. Al inicio Chiang mantuvo una apariencia progresista, a tal grado que fue condecorado por Stalin en la Unión Soviética, pero luego del fracasado movimiento proletario de Shanghai de 1926, reprimido a sangre y fuego (recordado en “La Condición Humana” de Andre Malraux), se volcó decididamente hacia la derecha. La oposición a esta derivación de las ilusiones creadas con el advenimiento de la república, provino del movimiento de guerrilla rural que organizó Mao Tse-tung y su partido comunista, contra la opinión de Josef Stalin de la Unión Soviética, que insistía en la opción proletaria urbana aún después de la masacre de Shanghai. La decidida lucha de los comunistas contra la invasión japonesa de Manchuria (1937/1945) les dio el prestigio y la dimensión nacional que, al final de la guerra mundial les permitió en pocos años tomar el poder y expulsar a Chiang a Taiwán.
4.- LA ETAPA SOCIALISTA (1949/1978)
Entre 1949 y 1976 en que muere Mao el país avanzó en muchos campos, con una economía centralizada al estilo soviético en los primeros años, la nacionalización de todos los medios de producción urbanos y rurales, y con el decidido apoyo en bienes, dinero y asesoramiento de Stalin hasta su muerte (1953) y Nikita Kruschev hasta la ruptura de relaciones en 1960.
Las principales características del socialismo en China fueron, en esos años los siguientes:
• El Estado pasó a ser el propietario de todas las grandes fábricas, el transporte y las comunicaciones. En el campo, tras la reforma agraria que liquidó a los terratenientes, se inició un proceso de cooperativización que en pocos años cubrió el 98 % de la población rural.
• Los planificadores centrales asignaban a las distintas unidades de producción o distribución sus objetivos, indicando en una extensa matriz de insumo producto qué bienes y servicios debían entregar y a quién y recibir de quién. Era un balance de materiales, en donde los precios eran sólo unidad de cuenta puesto que no había mercado en sentido estricto. Las finanzas eran utilizadas para auditar y monitorear la performance de las empresas, no como señales para dirigir las decisiones de inversión, que derivaban del plan general de crecimiento sectorial deseado.
• Mientras el gobierno no tomaba en cuenta el rol microeconómico de los precios para alocar los distintos recursos, sin embargo controlaba el sistema de precios y los determinaba para obtener los recursos que le permitirían el esfuerzo inversor: los precios industriales eran deliberadamente elevados y los agrarios deliberadamente bajos. El objetivo era que la acumulación socialista originaria estuviese financiada con las transferencias de todos los excedentes posibles de ser extraídos de la dominante economía rural.
• El gobierno y el Partido Comunista reforzaban el control de la economía con la presencia y control político de las empresas, que eran unidades productivo - políticas, incluyendo funciones de asesoramiento a los trabajadores, guardería, cuidados de salud y adoctrinamiento político.
Hubo distintas etapas, con planes de crecimiento realizados a partir de 1952, que produjeron un vertiginoso aumento de la producción industrial, en especial las ramas pesadas y relacionadas con la defensa. El punto de partida, a pesar de los avances que hubo entre 1911 y 1949 en el pequeño sector industrial, era muy bajo: el ingreso per cápita en 1949 está estimado en 50 dólares de esos momentos.
El primer período de crecimiento va entre 1952 y 1957, con elevadísimas tasas de crecimiento industrial. En 1957 el gobierno quiere abrir las discusiones de las formas de seguir avanzando, al comprender que las fórmulas y esquemas recibidos de la Unión Soviética, país con características muy distintas, no acomodaban completamente para la realidad inmensamente agraria y muy atrasada de China. Se lanza la política de las “Cien Flores” en que los distintos grupos del partido y de los ciudadanos son invitados a decir abiertamente qué está bien y qué mal, sugiriendo cambios.
Las críticas recibidas deciden a Mao cerrar la breve primavera y decide uno de sus más resonantes fracasos, el Gran Salto Adelante (1958/60). Temeroso que las opiniones vertidas terminen siendo un retroceso en el proceso de socialización de los medios productivos, y ello sea el resurgir del capitalismo en China, decide que para dejar esa etapa de atraso detrás y sus posibilidades de retroceso hay que industrializar el país a toda costa y a marcha forzada, y lograr en pocos años lo que a otros le costaron varias décadas. Se establecieron comunas agrarias (mucho mayor tamaño que los colectivos o cooperativas locales existentes) combinando las funciones gubernamentales y económicas, en especial para el desarrollo de proyectos industriales en el campo, de escala pequeña. Los incentivos materiales y recompensas en dinero fueron abolidos, los bonos fueron eliminados en la industria y los mercados libres en el campo fueron cerrados. Se lanzó la campaña de “caminar sobre los dos pies tecnológicos”, combinando las técnicas más avanzadas en la gran industria con las tecnologías más simples a aplicar en el medio rural.
Más de treinta millones de personas pasaron de actividades agrícolas a las industrias caseras, con el extremo de altos hornos en el fondo de las casas, con producto que sólo servía para las estadísticas, pues era imposible de usar aguas abajo en los distintos procesos metalúrgicos o productivos. Hasta instrucciones hubo de bajar el área dedicada a granos para incrementar la producción de fibras industrializables. Finalmente, tanta gente sacada de la actividad agrícola y puesta a producir en fábricas con escasa o nula productividad, tuvo su elevado precio en una hambruna generalizada en el campo, que llevó a un aumento de la mortalidad sobre las tasas promedio que sumadas dan una diferencia de 25-30 millones de personas. El hambre afectó sobre todo a las provincias interiores, siendo las más afectadas Sichuan (+ 10 %), Gansu, Guizhou y Anhuí (4-6%). Los porcentajes son de las de muertes en exceso de la tasa normal. En las grandes ciudades el drama tardó mucho en percibirse y nunca llegó a los extremos del centro del país.
Este gran fracaso coincidió con la ruptura política entre China y la URSS, que se había iniciado con críticas indirectas de Mao a la URSS criticando a los dirigentes yugoeslavos (Josif Broz, “Tito”) y terminó en acusaciones de reformismo y abandono de la teoría revolucionaria lanzadas sobre la Unión Soviética por los planes de coexistencia pacífica que ésta venía bordando con las potencias occidentales al tiempo que continuaba la carrera armamentista y la tensión en Europa. Durante un tiempo esta posición de Mao le valió la simpatía de los grupos de izquierda de los países subdesarrollados que no encontraban en la política de la Unión Soviética el apoyo a lo que parecía iba a ser la gran marea revolucionaria del tercer mundo (crear uno, dos, tres, muchos Vietnam, lanzaba en aquellos años Ernesto Che Guevara).
La ruptura con la Unión Soviética significó el retiro de un día para el otro, en Junio de 1960, de los miles de asesores soviéticos que estaban construyendo fábricas y distintos tipos de instalaciones de infraestructura, quedando las obras inconclusas y sin los repuestos ni instrucciones para hacer funcionar a las terminadas, salvo que ya hubiese chinos que dominasen el tema.
Luego viene una etapa de reajuste (1961/63), una nueva etapa de radicalismo (1964/66), y el otro gran desorden interno, la Revolución Cultural (1967/1969). En esta etapa, Mao muy influido por su segunda esposa, vuelve a tratar de eliminar las tendencias burguesas dentro del partido, y en un apelativo a los jóvenes que fueron empoderados en las llamadas “Guardias Rojas”, produjo una purga generalizada dentro de las estructuras políticas del partido, una “vuelta al campo”, incluida la obligación de los purgados de cumplir tareas agrarias. Increíblemente, desde el punto de vista económico, la Revolución Cultural no tuvo tan graves consecuencias como el Gran Salto Adelante.
La etapa siguiente hasta la muerte de Mao fue de masivas inversiones en la industria pesada, dejando de lado todo aumento del consumo, siempre con el objetivo de cerrar la brecha con Occidente. Nótese que la tasa de inversión sobre el PBI en el período socialista comenzó en un respetable 23 % en 1952, se elevó hasta el 43 % en los años locos del Gran Salto Adelante, para derrumbarse al 15 % en 1962, y luego pasar del 30 % (1965) al 37 % (1977).
A pesar de las contradicciones, marchas y contramarchas de la economía y la política, todo el período socialista fue de crecimiento económico, y nada despreciable. El crecimiento del PBI entre 1952 y 1978 (economía central planificada) fue del 6 % anual, mientras que se elevó al 9,6 % de allí en adelante. Normalmente cuando se parte de niveles de PBI tan bajos como el de China en 1949, es lógico que las tasas de crecimiento sean elevadas y el 6 % anual lo es. No solo creció China en forma sostenida, sino que para su bajo nivel de desarrollo general logró en pocos años dominar la tecnología nuclear y estallar su primer bomba atómica en vida de Mao, reducir a menos del 10 % la tasa de analfabetismo en una población compuesta en un 80 % por campesinos, elevar drásticamente la matrícula universitaria, etc. Al igual que la Unión Soviética, con todo el mundo capitalista amenazando su existencia, tuvo que derivar parte importante de su acumulación originaria hacia la defensa. Sus fuerzas armadas y el nivel de equipamiento y sofisticación son la prueba de lo que la voluntad política pudo hacer en pocos años de marchas forzadas, tanto en el sector defensa como en otros.
A pesar de los avances, a la muerte de Mao en 1976, el país seguía con un atraso importante respecto del resto del mundo. Luego de un breve intermedio accede al poder Deng Tsiao-ping (1904-1997), uno de los dirigentes comunistas que había sido purgado durante la Revolución Cultural por buscar cambios en la economía centralizada.

5.- EL TALÓN DE AQUILES DEL SOCIALISMO
¿Cuáles fueron las contradicciones del sistema socialista que llevaron a su abrupta disolución en la Unión Soviética y Europa del Este, y su cambio gradual en China y la península Indochina? Es la pregunta que rondará siempre en la mente de millones de personas que en todo el mundo habían recibido alborozados el surgimiento de una esperanza de resolver las injusticias que el capitalismo creaba en su turbulento e imparable despliegue a nivel mundial. El socialismo como proyecto político comenzó con la revolución bolchevique en Rusia en 1917, ampliándose a Europa del Este tras haber vencido a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, sumando la colosal revolución china en 1949, a lo que seguiría Cuba (1959), Laos, Camboya y Vietnam (1975). Luego fue el estancamiento primero, y la disolución pocos años más tarde. En su desarrollo no se ahorró nada, ni los más excelsos logros como el primer Sputnik y el primer astronauta y triunfos épicos, especialmente frente a la invasión Alemana a la Unión Soviética, sacar del atraso de siglos a tantos países, pasando por los masivos asesinatos por motivos políticos del stalinismo, hasta la mueca horrible que en nombre del socialismo representaron Pol Pot y sus Khmer Rojos en Camboya, la “dinastía” Kim en Corea del Norte, o los Ceacescu en Rumania.
No es que no se percibiesen contradicciones, y muy serias. Pero durante todo este periodo parecía que el avance hacia el socialismo era “una ley ineluctable de la historia” como solían decir los manuales políticos soviéticos, y que los problemas de las “etapas jacobinas” quedarían detrás.
A nuestro entender hubo distintos tipos de problemas, unos más concentrados en el área política, y el otro en el área del funcionamiento microeconómico (nosotros lo llamaríamos aquí, de “sintonía fina”)
Entendemos que el problema político es el fundamental, aunque aquí apenas lo esbocemos puesto que nuestro tema es otro. En Marx está el análisis más profundo de las fuerzas que determinan (en sentido amplio) la historia. Parte significativa de sus análisis e interpretaciones se han vuelto “lugar común”, pero sólo después que él lo desarrollo. Hoy día también parece un “lugar común” aceptar que el hombre desciende de otros primates, sintetizado en la teoría de la evolución de las especies. Este lugar común lo es desde que Wallace y Darwin expusieron sus teorías hace ciento cincuenta años, pero no lo era antes.
Comprender la realidad del capitalismo y sus contradicciones, sin embargo, no es lo mismo que poseer la fórmula para resolverlas.
Karl Marx escribió muchas obras, miles y miles de hojas de trabajos terminados y esbozos incompletos. Federico Engels lo acompañó con obras muy importantes de análisis y comprensión de un sistema que recién se estaba desplegando en Europa, algo en los Estados Unidos y casi nada en el resto del mundo. Sin embargo, con respecto a lo que sería la etapa socialista, los creadores del socialismo científico escribieron apenas esbozos, que todos juntos no llegarían a ser más que unas pocas carillas. Tampoco quedaba claro cómo iba a ser el sistema político del socialismo. Algunos pensaban que tras la primera y breve etapa de dictadura del proletariado esbozada por Marx, al disolverse las clases poseedoras, también lo haría el Estado, en tanto órgano de dominación de una clase sobre otras. Así llegaría el momento en que sin Estado, excepto para un ordenamiento burocrático, cada cual se dedicaría a lo que más le gustase, unos a pintar y otros a tocar el piano, tal el ejemplo del fundador de la teoría.
La realidad es que las revoluciones socialistas no estallaron en donde Marx suponía, allí donde el capitalismo se había desarrollado primero, Inglaterra y Europa Occidental, y las contradicciones del sistema estallaron en sus bordes más atrasados, la Rusia de los zares. La clase obrera en Rusia era pequeña, pero concentrada fuertemente en grandes establecimientos en Petrogrado (hoy San Petersburgo) y Moscú, y su apoyo al partido Bolchevique fue decisivo para la toma del poder en 1917. Pero la inmediata guerra civil que siguió no le dejó a la vanguardia de la clase obrera, el bolchevismo, muchas alternativas, se suprimieron primero las elecciones de soviets que estaban programadas para enero de 1918, a medida que la situación se agravaba se duplicaba la apuesta y cada duplicación significaba una concentración más de poder. Al principio se dejó de lado el centralismo democrático, luego las discusiones en el plenario del partido, luego las fracciones y por último en el comité central. Para cuando muere Lenin (1924) las cartas estaban echadas y a los efectos prácticos somos de la opinión que no hubiese variado demasiado si en vez de Stalin hubiese terminado prevaleciendo Trotsky, que no se había destacado como un niño de pecho en la etapa en que comandó el Ejército Rojo. El ser expulsado del poder le hizo identificar políticamente muy bien la saga de cambios que habían llevado a esa situación, tratando de justificar a posteriori la forma en que él también participó de la mayoría de las decisiones que llevaron hasta ese punto. Quizá nos hubiese ahorrado los excesos más aborrecibles del stalinismo, pero el derrotero general parece inevitable si el PC no renunciaba a la hegemonía del poder. El proceso político que luego se dio en los países socialistas que engrosaron este campo es totalmente claro: ninguno dejó de seguir la lógica de actuar en nombre del proletariado, sin una consulta real a las masas trabajadoras que se representaban. El centralismo “democrático” era un camino de una sola vía: del politburó a las bases.
Esto tiene un nombre y es la sustitución de la clase trabajadora por su auto-designada vanguardia. El “sustitucionismo” fue, de ahí en más la característica de la dirección de todos los sistemas socialistas que se impusieron en países atrasados, donde la clase obrera fue creada en gran medida por el nuevo régimen. La palabra “democracia”, en todos los escritos políticos del movimiento socialista revolucionario del siglo XX, estaba inmediatamente seguida de la palabra “burguesa,” demostrando el nulo interés de profundizar los problemas que traía su limitación por la estructura burocrática del Partido y el Estado.
Cuando las sociedades socialistas se desarrollaron, y los rigores de las luchas iniciales, las guerras civiles, la invasión alemana quedaron detrás, esas masas de trabajadores, más cultos y con más bienes, comenzaron a demandar una participación en las decisiones que no estaban en los planes del PCUS y los demás PC en el poder. La masacre en la Plaza Tian An-men de Pekín en 1989 fue la respuesta china a esas demandas. Sobre esto se puede analizar en profundidad los desvíos de la burocratización en cada uno de los países socialistas y los resultados son bastante similares. Pero no es el centro de nuestro análisis y lo dejaremos como digresión aquí.
Un segundo elemento político, o más bien geo-político atoró el avance del socialismo: la cerrada oposición de las potencias imperialistas, comenzando por Estados Unidos. El esfuerzo de la carrera armamentista para dos países con economías tan dispares como Estados Unidos y la Unión Soviética significó una sangría extraordinaria de esfuerzos e inversiones para la defensa en esta última, que en gran medida limitaron el crecimiento de la economía civil, y ello se sintió muy fuertemente en los últimos años de la Unión Soviética, y también condicionaron el crecimiento de China.
El tercer elemento es de funcionamiento económico, y se suma a los anteriores a la hora de explicar la necesidad de reforma o la disolución. En nuestra opinión el punto flojo aquí fue la ausencia, a nivel microeconómico de un sistema de mercados (precios y sus señales) que evitase el despilfarro de bienes y esfuerzos, haciendo que las ingentes inversiones tuvieran bajo rendimiento.
Entendámonos, el capitalismo se desenvuelve en el mercado, y de las decisiones pequeñas regidas por los precios, las ganancias y las alternativas que los precios determinan, va conquistando el sistema nacional primero y luego el mundial. Cuando el capital adquiere la dimensión suficiente se apropia del Estado, y pone todos los resortes de éste al servicio de su propio desarrollo de clase, o de la fracción de clase que hegemonice el poder. En estos momentos, a nivel mundial la hegemonía la tiene el capital financiero, mientras que años atrás lo tenía el capital industrial y a inicios el capital comercial.
El pensamiento básico de los reformadores chinos, comenzando por Deng Tsiao-ping, era que había que recuperar las extraordinarias capacidades que tiene el capitalismo para revolucionar las fuerzas productivas a fin de desarrollar la industria y hacer pasar a China del atraso a, como llamaban en aquellos momentos, la “modernidad”. Pero entendían que esa extraordinaria capacidad que tiene para ordenar las variables microeconómicas mediante las señales de precio al buscar la ganancia del empresario, no podía abarcar toda la economía pues entonces esa fuerza anárquica podría evolucionar hacia la obtención de rentas extraordinarias en un país atrasado sin salir del atraso. Es, si se quiere un símil, pensar en el poder atómico. Una bomba atómica puede hacer un desastre, mientras que una central nuclear, controlada la liberación de energía, puede ayudar a generar electricidad y desarrollo industrial aguas abajo. El objetivo de los reformadores fue, aprovechar esa energía extraordinaria, pero en la forma controlada de una central nuclear y no de una bomba atómica. El lograrlo es otra cosa.
La asignación de recursos en una economía planificada se demostró muy importante y positiva en los grandes rubros, para dirigir el excedente social en un determinado sentido, pero a nivel microeconómico, de la empresa, de los trabajadores, el sistema avanzaba sólo a partir de un despilfarro de materias primas y de la potencialidad del trabajo productivo.
El sistema de planificación buscaba la producción anual de bienes materiales para la obtención de un resultado (la producción de 10 millones de toneladas de cemento, o 5 millones de tonelada de acero, o más específicamente, en tiempos de guerra o amenaza, 10 millones de rifles o 2000 tanques). No se realizaba el cálculo de costos y beneficios, ya que el único objetivo del plan era el flujo ordenado de insumos y productos para la obtención de metas físicas finales. La “ganancia” si se quiere estaba en poner bajos precios de compra agrícolas y altos precios industriales, siendo la diferencia la acumulación primitiva socialista que fundaría el crecimiento (este tema fue desarrollado brillantemente ya en los años 20 por Eugeni Preobrachensky en la Unión Soviética. Stalin usó las bases de su sistema en forma amplia, antes aún de mandarlo a fusilar por opositor trotskista).
En un sistema de planificación, los coeficientes técnicos de insumos para lograr una cantidad de producto eran lo fundamental que el plan requería. Sin embargo, para los administradores de las fábricas, el plan tenía que cumplirse para evitar castigos y los fue llevando, de a poco pero en todas las líneas, a demandar más insumos que los necesarios para la obtención de cada unidad de producto. Si el producto fabricado salía mal, el porcentaje de materiales excedentes tenía que alcanzar para cumplir el plan. Si el producto de mala calidad llegaba al público, éste no tenía muchas alternativas más que consumirlo o dejarlo. Ese coeficiente se iba corriendo siempre hacia la cantidad de insumos que hiciese que los administradores estuviesen relativamente cómodos. La competencia del mercado no los podía cerrar, pero el órgano de planificación podría sancionarlos si no cumplían las metas. Estas se conseguían (o se dibujaban) pero los insumos utilizados eran excedentes a la necesidad real, y la calidad de los productos finales francamente mediocre.
La falta de mercados competitivos además no incentivaba la inventiva para el aumento de la productividad (menor uso de insumos y mano de obra por unidad de producto final) o para el cambio del producto final. El aumento de la productividad en la empresa capitalista está acicateada por la competencia. Si bajan los costos por aumento productivo aumentan las ganancias, pero ese aliciente no existe en la economía planificada, sólo la apelación a la conciencia socialista, que hizo milagros en sectores estratégicos o en desafíos políticos importantes, pero no existe un sistema que se mantenga sólo con la conciencia socialista solidaria, sobre todo en los sectores ordinarios de todos los días en donde no se está jugando ninguna batalla épica. Las economías están formadas en más del 90 % por estos sectores ordinarios, donde las reglas para su avance no pueden ser sólo el apelativo político.
A nivel de los trabajadores el sistema socialista no ofrecía incentivos, dado que una de sus características era un salario similar para distintos tipos de responsabilidades y conocimientos, y la falta de premios por un lado, unidos a la ausencia real de castigos, en especial el del temor a la desocupación, ya que todos tenían el trabajo asegurado. Por otro lado, en los primeros años de los distintos países socialistas, las penurias del inicio, sumado a el cerco imperialista o la guerra, hizo que lo que ganasen los trabajadores no pudiese volcarse a la compra de los bienes que pudiesen desear, sino que recibían la mayoría de los bienes simples de supervivencia por cartilla o precios tan controlados como las cantidades disponibles. El incentivo por trabajar más duro y elevar la productividad no existía, ni por el lado de los premios ni por el lado del castigo.
Más cercanos en el tiempo, estas discusiones las conocimos en castellano con la experiencia de Cuba. El Che era partidario de los incentivos morales como única forma de lograr la participación activa de los trabajadores en la producción, y se utilizaron en la isla varios sistemas mixtos, pero la ausencia de bienes disponibles, de premios de relevancia y de castigos serios determinó el estancamiento de la producción en ese país, al margen de las limitaciones que le impone, desde hace cincuenta años, el bloqueo americano. Solo florecieron los sectores de desafío político como los tratamientos médicos, la atención de la salud, la extensión de la educación para todos, y pocos sectores más. La caña de azúcar, principal producto de la isla antes de la Revolución, con un esfuerzo extraordinario llegó a las 8 millones de toneladas en los primeros años. Su nivel actual no supera las 1,5 millones de toneladas. El café lo importan de Viet Nam, el país al que le enseñaron a cultivarlo, según comentó Raúl Castro.
Estos problemas económicos ante la ausencia de mercados de insumos, bienes y laboral es el que movió a Deng Tsiao ping a tentar sus reformas. Los problemas detectados en el campo político, que tampoco se le escapaban, entendió que no era necesario cambiarlos, ya que la demanda de una mayor participación o ejercicios de democracia eran características ajenas a la idiosincrasia china, que nunca había conocido tal sistema político. En su política gradualista parecía haber un pensamiento implícito sobre la necesidad de mantener el férreo control del Partido Comunista cuando había que hacer cambios económicos de la magnitud que iban a encarar. Desde el punto de vista pragmático su apuesta tuvo un éxito espectacular, mientras que la estrategia de Gorbachov (transparencia política o Glasnost, y reestructuración económica o Perestroika) se demostraron un fracaso estrepitoso. Gorbachov pasará a la historia como un personaje trágico, que queriendo resolver un problema serio trajo uno cien veces más serio aun. Su sucesor, Yeltsin, pasará a la historia como un personaje ruin, un aborto de la historia, un brabucón a la Galtieri, con iguales aficiones aunque de distintos destilados.
6.- LAS REFORMAS (1978 EN ADELANTE)
La constatación de las contradicciones serias del sistema de comando central que llevaron a la disolución abrupta de la Unión Soviética entre el ascenso de Gorbachov (1985) y el golpe de Yeltsin (1991), habían sido percibidas con anterioridad por una fracción del Partido Comunista Chino. Es la fracción que toma el poder tras la muerte de Mao, tras el encarcelamiento y fusilamiento de los promotores de la Revolución Cultural (la “banda de los cuatro”, incluyendo a la segunda esposa de Mao, que fue a prisión).
En 1978 comienzan los cambios económicos en el sistema centralizado chino, cambios que aún continúan al presente, a más de 35 años de su inicio.
Procesos simultáneos y complementarios son los cambios graduales en la economía china del sistema centralizado al capitalismo de estado con economía privada por un lado, y la disolución gradual y progresiva del Estado de Bienestar en los países capitalistas avanzados por el otro. Es difícil entender uno sin el otro. Son los movimientos de un minué en donde el bastonero es el capital financiero internacional, pero al menos uno de los danzarines, los chinos, tiene ideas propias de cómo sigue el baile, distinta de la que originariamente le habían asignado las potencias capitalistas.
El dilema ante el cual se enfrentó Deng Tsiao-ping y sus reformadores en 1978 era como mantener un comando central para los objetivos estratégicos de desarrollo industrial y defensa nacional, y lograr al mismo tiempo la mayor productividad en la producción industrial y en la agrícola, esta última con crecimiento muy lento durante esos años de crecimiento industrial. En esos momentos es que, ante la insistencia de parte del aparato del Partido Comunista que quería saber si los cambios eran socialistas o capitalistas, Deng acuño la famosa frase “no importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.
Desde el primer momento, el campo fue el talón de Aquiles de los procesos socialistas. En la fábrica, la dirección y los comisarios políticos podían tener la mayoría de las actividades relativamente controladas. En el campo chino, con millones de aldeas dispersas en su gran geografía, con familias laborando en promedio en una hectárea, el control era mucho menor, y sus consecuencias el crecimiento lento de la producción agrícola. En 1956 la producción de granos alcanzó las 200 millones de toneladas, y los incrementos de producción se lograron en base a la extensión del área irrigada, que pasó de 20 millones de hectáreas en 1952 a 43 millones en 1978 (56 millones en 2004). La utilización de fertilizantes petroquímicos era casi nula hasta 1963 y llega a las 9 millones de toneladas en 1978, para empinarse luego hasta las 45 millones de toneladas en 2004. El crecimiento de la producción per cápita fue muy poca en estos años por la alta tasa de crecimiento vegetativo de la población (alta natalidad y descenso violento de la mortalidad por medidas de higiene preventivas). La ecuación cambia en la etapa de reformas por los cambios en la tenencia de la tierra (interés personal en la parcela asignada) aumento de los fertilizantes artificiales y el abrupto descenso de la tasa de natalidad resultado de la migración a ciudades y la ley de Una Familia Un Hijo de 1980. La producción a mediados de la década pasada rondaba los 515 millones de toneladas. Para hacer una comparación, Argentina produce alrededor de 100 millones de toneladas de granos con 40 millones de habitantes, en un territorio continental de menos de 3 millones de Km2. En China actual la población es de 1.300 millones se divide en algo más del 50 % agraria y algo menos del 50 % urbana, y su superficie es de 10 millones de Km 2. Ello es una muestra de la diferencia de fertilidad y tecnologías utilizadas en uno y otro país (alta mecanización, cultivo extensivo, paquete tecnológico de frontera en Argentina, baja mecanización, cultivo intensivo con alta utilización de mano de obra por hectárea en China. Los agroquímicos, fertilizantes y las semillas se desarrollan en forma diferente para cada uno de estos paradigmas productivos. Recordemos que, en las pequeñas explotaciones familiares o de cooperativas en China se han usado por siglos y continúan usándose como abono las deposiciones de animales y las humanas.
Los cambios comenzaron en los colectivos campesinos, otorgando a las familias el disfrute de una determinada porción del terreno que antes cultivaba todo el colectivo. El disfrute no es la propiedad, que siguió siendo pública, y quien abandonaba el campo para ir a la ciudad perdía su derecho al disfrute de la parcela. La producción obtenida por las familias en el colectivo se tenían que entregar al Estado a un precio básico (bajo) pero los excedentes sobre el plan que se estaba dejando de lado se podían vender en el mercado regional. La producción creció fuertemente por el incentivo de la venta de los excedentes y la responsabilidad unifamiliar sobre los resultados de su predio asignado. A su vez se volvió a incentivar la producción industrial en los colectivos agrarios, productos simples al inicio, con una parte creciente también para el mercado.
Estas empresas industriales localizadas en el medio suburbano o directamente rural (dada la densidad promedio china para un argentino es difícil distinguir el concepto) fueron las que protagonizaron el mayor cambio. El empleo total en este tipo de empresas, ya sean cooperativas o privadas familiares, arranca con 70 millones de personas en 1985 (40 M. cooperativas, resto privado) para llegar en 1996 a 138 millones (60 M. cooperativas). La cifra apenas llega a los 140 M. en 2005 con apenas 10 M. en cooperativas. Allí se produjo el cambio gradual pero constante de propiedad cooperativa (pública) a privada (básicamente inicios familiares en ramas de alta densidad laboral y baja tecnología).
Las empresas industriales en los centros urbanos continuaron siendo del Estado, con un tipo de acuerdo con los trabajadores de estabilidad de por vida. La competencia creciente de las producciones industriales de los semiautónomos centros fabriles agrarios comenzó a reducir las ganancias de las empresas del Estado urbanas, y ello llevó a un creciente cambio de manejo de estas empresas, pasando a un sistema de gerenciamiento por resultados, diferente al cumplimiento del plan en forma cuantitativa del pasado. Este desarrollo industrial estuvo desde un inicio ligado al comercio internacional con la producción de bienes simples (textiles, calzado, confecciones, juguetes, menaje, etc.). Esa es la razón por la cual se concentró en las zonas cercanas al mar, en especial en la franja entre Shangai y Hong Kong. No es casual que esas zonas sean las más cercanas al capital chino de la diáspora que fue autorizado por el gobierno a hacer inversiones controladas para ese desarrollo: Taiwán y Hong Kong.
Los acuerdos con el capital externo se circunscribían al inicio a zonas especiales en el área indicada, en especial de las provincias de Jiangsu, Zhejiang, Fujiang y Guandong. Los acuerdos hechos con el capital externo partía de un balance positivo de divisas: los inversores externos se comprometían a exportar más que la suma de los insumos importados (maquila simple) bienes de capital y remisión de utilidades. Ese tipo de acuerdo se mantiene hoy inclusive con empresas multinacionales de origen americano, europeo o japonés, en dónde siempre están presentes las cláusulas de transferencia de tecnología. Cabe aclarar que la parte mayoritaria del capital extranjero en China es de chinos de la diáspora, y muy lejos la de los países centrales.
A medida que el alto crecimiento obtenido se iba reflejando en mayor demanda laboral para la industria, se fue liberalizando el movimiento de campesinos hacia las ciudades intermedias y de estas a las importantes. Al mismo tiempo las empresas del estado fueron rediseñadas para una competencia mayor con las privadas que eran permitidas progresivamente en distintas áreas no consideradas estratégicas.
La ley de empresas de 1994 fue la que reglamentó situaciones de hecho de propiedad privada que no estaban oficialmente reconocidas, y dio mayores precisiones a los acuerdos con empresas extranjeras.

COMPOSICIÓN DE LA PROPIEDAD INDUSTRIAL (% MEDIDO SOBRE FACTURACIÓN CORRIENTE)
1978 1996
EMPRESAS ESTATALES 77 33
EMPRESAS COLECTIVAS 23 36
DE ELLAS TVEs (9) (28)
PRIVADAS Y FAMILIARES 0 19
EXTRANJERAS 0 12
EXTRANJERAS CHINOS DIASPORA (7)
EXTRAN. SOLO H.KONG Y TAIWÁN (5)
Fuente: Barry Naughton. The Chinese Economy, Transitions and Growth. TVEs.: Township and Village Enterprises, forma híbrida que comienza produciendo bienes industrialmente como cooperativa pero su propiedad efectiva va pasando progresivamente a privados, en forma familiar o de sociedad por acciones.
El flujo de inversiones extranjeras, concentrada al inicio en las Zonas Económicas Especiales (zona franca, importa y exporta sin impuestos, maquila) al norte y al sur de Shanghai, se fue expandiendo luego, en especial después de la ley de inversiones extranjeras de inicios de los noventa. En 1983 el flujo de IED sobre el PBI alcanzó un mero 0,3 %, en 1991 el 1%, se empinó hasta el 6 % en 1994, para comenzar una lenta caída hasta algo menos del 3 % en 2005. Esa caída porcentual se dio, sin embargo, dentro de un proceso de incremento de los montos totales de inversión extranjera que llegan actualmente a más de 60.000 millones de dólares anuales. Lo que se ha producido es un crecimiento del Producto Bruto muy superior al crecimiento de la inversión extranjera, señal de que la inversión extranjera es importante pero no el motor principal. El motor está representado por un lado en el sector industrial estatal con elevadísimas inversiones en los sectores que se ha reservado, y por el otro en la extraordinaria dinámica de la nueva burguesía industrial china.
Un elemento importante fueron los cambios económicos que tuvo que hacer China para ser finalmente admitido en la Organización Mundial de Comercio a inicios del presente siglo. A diferencia del despliegue de las políticas proteccionistas y de subsidios abiertos que se les toleró ampliamente al Japón de posguerra y a Corea, por ejemplo, la hegemonía del capital financiero ya había cambiado las reglas del juego cuando China procura beneficiarse del comercio internacional. Por un lado las concesiones se hicieron al inicio en el entendimiento que ellas alejaban el socialismo real de China. Sin embargo, el Estado se ha reservado ciertas áreas que considera estratégicas para su desarrollo como potencia mundial, al margen de las presiones para liberación más rápida pedida por los representantes del poder financiero internacional (FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, etc.)
Al momento actual la propiedad estatal se concentra en ramas estratégicas: infraestructura (caminos puertos, aeropuertos, aviones, barcos, ferrocarril) petróleo y sus refinerías, siderurgia, electricidad, industria de defensa, telecomunicaciones e informática y sectores de alta tecnología con alto potencial de crecimiento. El resto de las ramas gradualmente están pasando al sector privado, más como emergencia de nuevos actores, aunque también ha habido un significativo cierre definitivo de empresas estatales nacionales en las ramas competitivas no estratégicas. Las empresas que se originaron en los colectivos agrarios están en un proceso de privatización, aunque muchas ya son privadas pero mantienen la forma legal de empresas cooperativas agrarias, por determinadas ventajas fiscales y políticas.
El sistema bancario y financiero es casi enteramente estatal. En efecto los “Big Four” dominan el escenario: el Bank of China (BOC) es el Banco Central, el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) es el mayor en términos de activos y se concentra en operaciones a la industria y el comercio. Recientemente ha abierto sucursales en Argentina, tras comprar el StandardBank (sudafricano) que hace pocos años había comprado al BankBoston (americano). Signo de los tiempos. El Agricultural Bank of China (ABC) concentra su crédito a la actividad agrícola, mientras que el Construction Bank (CCB) hace lo propio con la actividad de la construcción. Entre los cuatro tienen el 53 % de los activos bancarios del país.
Al margen de estos cuatro banco están los Joint-stock commercial bank (JSCBs) con una estructura de empresa privada, pero en su mayoría manejados por grandes empresas industriales y comerciales del Estado. En un escalón más pequeño están los City Banks, en su mayoría manejados por los gobiernos comunales.
Policy Banks son aquellos dedicados a esfuerzos especiales: China Development Bank, grandes obras de infraestructura, Export Import Bank, financiación del comercio exterior, Agricultural Development Bank, para desarrollo de proyectos agrarios. Son estatales.
Rural Credit Cooperatives. Multitud de estos bancos pequeños se concentran en el crédito agrícola.
El resto (un 9 % de los activos bancarios) tiene varias categorías, entre ellas los recientemente aceptados bancos totalmente extranjeros, fruto de la ardua negociación de China con la OMC.
No hace falta indicar los cambios mayúsculos logrados en China: su Producto Bruto se multiplicó por más de once veces desde 1978, son la segunda economía mundial por detrás de Estados Unidos y por arriba de Japón y Alemania. Los salarios reales, que se iniciaron en niveles muy bajos, están subiendo constantemente combinando el desarrollo hacia afuera de las exportaciones, con el desarrollo hacia adentro, creando un poderoso mercado interno que sólo puede ser creciente si en el incremento acelerado de la productividad participan los trabajadores con incrementos de salarios reales.
A su vez, ese crecimiento espectacular, el más importante que se pueda tener registro desde el inicio del capitalismo en Inglaterra, tiene sus sombras. De una sociedad humilde pero igualitaria, está pasando a ser una potencia industrial, con el ingreso per cápita de países intermedios. Pero la desigualdad está creciendo, no sólo porque hay más ricos y la diferenciación creciente entre los ingresos de los trabajadores, sino porque el crecimiento de la economía informal. Esta economía informal está alimentada por la inmigración interna ilegal (sin “hukow” o cartilla de permiso de residencia urbana), que ha dado origen a una explotación sin límites de porciones importantes de trabajadores de origen rural.
Esta explotación de las recientes migraciones rurales ha contribuido a que el índice de desigualdad social (Gini) se haya deteriorado en este período. A nivel mundial, bajos niveles de Gini (menor desigualdad) se encuentran en países desarrollados (Suecia: 0.25, Japón: 0,25, Alemania: 0,28). Los latinoamericanos tenemos los índices de desigualdad mayores del mundo (Brasil: 0,59 y reduciéndose, México: 0,55 y subiendo). El Gini de China era de 0,28 en 1983, a los inicios del proceso de reformas, uno de los países más igualitarios del mundo, pero para el año 2003 el Gini se había empinado hasta el 0,447. Para tener una comparación entendible, el Gini Per Cápita Familiar de la Población de Argentina era del 0,411 en 4º.Trim. 2012, fue del 0,534 en el 3r._Trim. 2003 y circa 0,34 en 1974.
El otro problema inevitable de un crecimiento acelerado es, en un país que no puede incrementar el área cultivada por exceso de población, es la polución industrial, y la desertificación por sobreexplotación y exceso de consumo de agua (las partes finales o inferiores de los principales ríos, desde el Amarillo, al Perla, pasando por el Yantsé, no son potables por la polución industrial, y los peces mueren en esos segmentos de los ríos). El 85 % de la energía consumida por su enorme industria proviene del carbón, mucho más contaminante que el petróleo, gas, hidroelectricidad o energía nuclear.
A esta altura se puede hacer una síntesis de lo que es el sistema de capitalismo de Estado chino. Una parte de la economía sigue firmemente bajo el control estatal: las actividades bancarias y financieras, y con ello el control del movimiento internacional del capital, que ha mantenido a China al margen de los marasmos financieros que sacudieron a la región en 1997 y 1998. También las actividades económicas consideradas estratégicas se mantienen en el Estado, incluyendo las de alta tecnología en donde China espera lograr paridad con Estados Unidos en algún momento del presente siglo. Se ha permitido el desarrollo del capital privado, esto es se ha creado la burguesía industrial nativa, en todos aquellos sectores en donde la competencia es posible. Cuando un país tiene la dimensión de 1.300 millones de habitantes, casi todas las ramas recién nacidas son competitivas, cosa que no se puede replicar en países de población intermedia como Argentina, con 40 millones. Con menos población, las ramas se monopolizan más rápidamente y se reducen los beneficios de la competencia (aumentos acelerados de la productividad industrial).
A su vez el capital internacional ha sido invitado a participar del crecimiento de ese mercado importantísimo bajo condiciones muy estrictas de balance de divisas y transferencia de tecnología. Nada es fácil en esos convenios y los chinos se toman todo el tiempo que necesiten para poner, en cada caso de importancia, a competir a distintas corporaciones internacionales cada vez que les interesa desarrollar un determinado sector. El premio por el que las corporaciones acceden a la transferencia, es la posibilidad de producir en China para el mundo, a costos más bajos, y también de participar, en forma creciente, de la expansión de ese enorme mercado. No todos los países tienen la misma capacidad de negociación de contratos beneficiosos para su propio desarrollo.
¿Por qué lo llamamos capitalismo de estado y no sistema mixto capitalista-socialista? Porque es claro que el objetivo es un capitalismo con control del estado, no un socialismo. Por otro lado las ramas industriales monopolio del Estado son aquellas que no hay garantías que con el sistema de precios vigente, su propia burguesía industrial hubiese podido desarrollar. Ya sea porque los privados no lo hubiesen logrado en forma rentable, sin elevados subsidios, o que los sectores involucrados se prestasen a monopolios y derivación privada de las cuasi rentas, el hecho es que esos sectores están aún vedados.
De alguna manera, la importancia del Estado en el desarrollo de los países asiáticos ha sido una constante, aun partiendo de distintos orígenes. Japón desde 1868 (restauración Meijí) y una vez más luego de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, dio al inicio una alta intervención al Estado (recordar el amplio papel del MITI). Corea, país campesino con un ingreso per cápita de 50 dólares en 1960, con un alto grado de intervención estatal, incluyendo algunas empresas estatales como la acería Posco, desarrollaron el país industrialmente, haciendo nacer a una burguesía industrial al amparo de sus subsidios y con la pena de los castigos en caso de no cumplimiento.
La característica de estos países es que el capitalismo de estado fue una etapa de su desarrollo, impulsada por la coalición política hegemónica del momento, hasta que la burguesía industrial adquirió peso y competitividad internacional. Las clases trabajadoras participaban de los beneficios parcialmente, como clases subordinadas. La ausencia de democracia efectiva en estos países garantiza esa subordinación. Los estados eran al inicio mucho más fuertes que las burguesías industriales que estaban creando, y es por ello que le pudieron poner sus límites, sus premios y sus castigos, y nunca tuvieron problemas de disputa de poder, puesto que esa nueva clase comía de su mano para desarrollarse. Una vez que esas burguesías se desarrollan y adquieren estatura mundial, las relaciones con el Estado son más complicadas, y los objetivos nacionales de estos pueden pasar a ser los intereses más estrechos de la nueva clase creada para lograrlos. Pero ese es otro tema que aquí no desarrollaremos.

7.- CONCLUSIONES
El interés del caso chino es doble. Por un lado entender cómo hizo, en un proceso muy gradual, de pruebas y errores, para desmontar un sistema de comando centralizado de toda la actividad económica, y pasar a otro de alta intervención del estado en la dirección de la economía, con las finanzas y un núcleo duro de industrias y sectores bajo monopolio estatal y el resto privado, incluyendo la inversión extranjera. Lo importante aquí es la comparación con la forma caótica en que se disolvió el socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este.
Por el otro lado es analizar el despliegue del país que en los próximos años tendrá el PBI más grande del mundo (que no quiere decir que sea el más importante sólo por esa medida). Lo cierto es que en su despliegue, China ha conmocionado los cimientos económicos de la mayoría de los países del mundo, incluyendo en su sed de materias primas, a Sudamérica y dentro de ésta a la Argentina.
Asimismo da para reflexionar sobre las condiciones que le permitieron a China llegar al lugar que está llegando, y entender que la dotación inicial de factores que tienen los países asiáticos, abundancia de mano de obra en superficies agotadas por milenios de sobreexplotación, es la contraria a la ecuación de Sudamérica en donde la abundancia está en los recursos naturales. Al margen de estas opciones está el capitalismo desarrollado, que no tiene la abundancia de uno u otro factor pero sí la supremacía científica, tecnológica, de productividad industrial en general, y por ello militar. Por último los que no tienen ninguna ventaja.
Son entonces cuatro modelos de países. Los países centrales y cómo se están acomodando (con la eliminación progresiva del Estado de Bienestar para que la productividad mayor con salarios menores les permita afrontar la competencia china y oriental en general). Luego están los emergentes asiáticos con toda su potencia y sus limitaciones aquí analizadas. Hay un tercer grupo (los BRICS, Sudamérica, países petroleros y algunos más) que están creciendo en base a la demanda de materias primas del despliegue asiático, y por último un cuarto grupo que son los que no han sacado ningún beneficio de todo este movimiento, determinadas zonas de África, otras de Medio Oriente, etc., que reciben más los coletazos de la crisis de los centrales que los beneficios del desarrollo asiático.
Cada una de estas zonas tiene estrategias diferentes para enfrentar los cambios. En los centrales las clases trabajadoras que se beneficiaron en las etapas previas, son por el momento la variable de ajuste ante el descenso del valor industrial promedio, que tiende a inclinarse hacia el lado asiático. Las masas chinas están sin dudas mucho mejor que en promedio hace treinta años, pero las diferencias al interno de los trabajadores hace que esos promedios tengan unas dispersiones de riqueza y miseria que no existían en el período socialista. El desafío para Sudamérica es aprovechar al máximo los años que quedan de alta demanda de sus materias primas para usar esas rentas extraordinarias para el mejoramiento del nivel de vida de sus pueblos e incrementar la industrialización y la capacitación. Ello permitirá, una vez concluida la etapa de altos precios externos que en algún momento ocurrirá, disfrutar de un mejor nivel de vida por aumento de la productividad industrial y una más igualitaria distribución del ingreso.