Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

27Jun/130

Poder y tiempo

Publicado por admin

Jorge Ferreyra
Junio 2013

Cómo acceder al poder político del gobierno del Estado Nacional y como retener dicho poder está en el abc, de todos los que se dedican a la actividad política en cualquier parte del mundo. “Nosotros - decía J. D. Perón para referirse a su derrocamiento en setiembre de 1955- entre la sangre y el tiempo elegimos el tiempo”. Dejando de lado la sangre (que es otro debate) el tiempo es entonces el elemento que puede (o no) jugar a favor del que construye poder político en una democracia formal como es el caso de la República Argentina que es “representativa, republicana y federal” de acuerdo a su Constitución (“la ley que rige todas las leyes” según expertos constitucionalistas) y que al ser en primer lugar “representativa” es democrática en su esencia fundamental.

El caso de las corporaciones que construyen y estructuran su poder y con ello sus privilegios según acumulen dinero, propiedades, medios de producción, grandes extensiones de tierras cultivables, amplios grupos de fieles, muchas armas y también la que se arroga el único derecho y la custodia en el cumplimiento de las leyes. Todas resultan muy demostrativas: todas tienen tiempo ilimitado. Es muy distinto el caso del poder político (ejecutivo y legislativo ) en un régimen democrático formal (que respeta las formas bajo las cuales ha sido concebido): tiene tiempos finitos para llevar a cabo sus proyectos políticos. ¿Qué sucede cuando desde el poder político se busca “democratizar o transformar” a favor de las mayorías el comportamiento de las corporaciones? Sucede lo que venimos observando desde el 25 de Mayo de 2003: corporaciones multinacionales o nacionales de distinto tipo que resisten de múltiples formas o ponen obstáculos (permanentes o temporarios) al poder político y el movimiento social que lo sostiene. Este poder político es el que poco a poco se fue haciendo central en la sociedad argentina, a fuerza de decisiones a favor de las mayorías populares y las minorías postergadas.

Existe en la sociedad argentina una batalla político-cultural por el sentido (del compromiso social, de la vida, del futuro, del sistema de valores, etc.) que hace muy intenso este presente. Por un lado una identidad cada vez más fuerte de un colectivo social reformista (que se denomina a sí mismo “nacional, popular, democrático, inclusivo” y con los apellidos históricos que se quieran darle) que tiene un proyecto a favor de las mayorías populares (más igualdad, soberanía, justicia social, etc. etc.) y distintas variantes de lo que se denomina genéricamente “la derecha” en la sociedad que mezcla en distintas dosis (según los grupos políticos de referencia) conservadurismo, liberalismo, progresismo, reaccionarismo, republicanismo, nacionalismo, y todos los “ismos” que se nos ocurran como “tendencia hacia” la vuelta al pasado argentino. Creo que “sacarse las máscaras” y llamar a las cosas como son deviene en que cada vez queda más claro que existen dos (2) proyectos reales de país: 1) el que quiere seguir “profundizando” la democracia y las transformaciones de todo tipo (el “cambio social” propio del “poder, política y pueblo”) 2) el que con distintas variantes sugiere “volver para atrás” con los llamados “consensos” disfrazados de “republicanismo” (pactar con las corporaciones) bajo el “mantra” del “neoliberalismo” ideológico, político, económico, social, cultural, ambiental etc.

La muerte de Néstor Kirchner le quitó al proyecto (supongo una secuencia Néstor/Cristina/Néstor/Cristina) “el tiempo” (según un bloguero) para buscar equilibrar el poder de las corporaciones. Este hecho desgraciado plantea como sigue el proyecto después del 2015 y la “masa crítica” necesaria para continuarlo contando siempre como piso con un “núcleo duro” del orden del treinta (30) por ciento del electorado según distintos consultores. Si partimos de la base de la heterogeneidad de la sociedad argentina hay que sumar al “núcleo duro” la “masa crítica” necesaria para hacer “irreversible” el cambio social.

Creo que muchas de las contradicciones que tiene la mayoría de la sociedad argentina -para mantener el rumbo a favor de sus propios intereses- tienen que ver con 1) nuestra propia historia trágica con elites oligárquicas y golpes militares 2) los medios de comunicación dominantes y sus “comunicadores” (los miedos, las sospechas y todo tipo de slogans fáciles que introducen en el “sentido común” de la sociedad argentina acerca de la corrupción, la inflación, la inseguridad por poner tres (3) temas que siempre “venden” y “compra” buena parte la sociedad) 3) la correlación de fuerzas de cada momento que se da entre el poder político mayoritario (para el caso este proyecto ya alcanza los diez (10) años) y el poder de las corporaciones de distinto tipo que resulta mas estructural en el tiempo 4) los “errores” o “debilidades” o “incoherencias” que muestra el proyecto (propio de los seres humanos en general) que para el caso, lo apoyan, (con organizaciones y desorganizados) muchos ciudadanos (parte con entusiasmo y parte con dudas) lo gestionan desde el Estado Nacional, las administraciones públicas de las provincias y los municipios (con todas las falencias en efectividad y eficiencia que se quieran ) y lo lideran (Cristina)

Si este parece ser el cuadro actual de una sociedad heterogénea y compleja como la argentina que es también competitiva (como la obliga las PASO y las elecciones de octubre) el antagonismo puro y duro aparece más como un slogan de minorías testimoniales que la necesidad de articulación de mayorías a construir para aquellos proyectos que tienen vocación de poder político como es el caso del Frente para la Victoria.

Aparece como obligado el hecho de colaborar para articular mayorías (que no son más que la suma de distintas minorías) y que son esencialmente heterogéneas. Lula y Dilma en Brasil son un buen ejemplo. (1) No podrían gobernar el Estado Nacional y su proyecto inclusivo sino “pactan” “acuerdan” “articulan” al interior del PT y al exterior (determinadas tácticas políticas para mantener el rumbo) con el PMDB (el centro del espectro político) en distintas instancias de gobierno. (legislaturas nacional y estaduales gobernadores y municipios) Resulta claro que al interior del “kirchnerismo-peronista” y sus aliados existen también tensiones que obligan a colaborar sin dejar de competir. Esta es la paradoja que J.D. Perón (otra vez) mostraba que era (y es) una cuestión eminentemente empírica “funciona o no funciona” al interior y al exterior de un movimiento político y es “inestable” por eso hay que prestarle atención permanentemente a la relación de fuerzas y a las distintas tácticas que hay que ir articulando y construyendo para mantener el rumbo (en este caso la estrategia inclusiva como derecho).

Las PASO son un buen ejemplo para testear el momento actual de la “opinión pública”, cuales son los comportamientos reales de la población argentina, y la competitividad de la “oferta” de los diferentes espacios políticos. El querer “no confrontar con nadie” de Sergio Massa aparece como una táctica política que por lo que se observa en la presentación de su lista de candidatos tiene poco margen para evitar la polarización k – anti k y lo que se deriva de la misma. Veremos como se mueve. Lo que aparece como cierto es que el arco de los que se dicen a si mismo de origen o devenidos peronistas en todas sus variantes es mayoritario en el pueblo argentino.
Mi opinión hasta aquí es que el movimiento que articula todo el espacio político que algunos denominamos “el proyecto” y otros “el modelo” se va a imponer por margen suficiente tanto en Agosto como en Octubre. La política económica puede hacer un importante aporte en materia de inversión, consumo y empleo junto con otras variables que definen la política social y cultural del gobierno. Todo sumado puede hacer que Cristina tenga en los dos (2) años que le quedan de mandato (después de octubre) una mayoría suficiente en ambas cámaras para seguir profundizando el proyecto.

(1) Mientras escribo esto suceden las manifestaciones de Brasil y la respuesta de Dilma: solicita cambiar la Constitución y al mismo tiempo realizar una consulta popular sobre varios aspectos de las demandas y que la apoyen los demás partidos para articular las reformas sociales que piden muchos brasileros. Es una jugada táctica de alto nivel.