Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

4Jul/130

LA AGENDA DE LA PRÓXIMA DÉCADA –

Publicado por admin

CHARLA DE JORGE MOLINERO ANTE LA ASAMBLEA POPULAR DE UNIDAD SOCIALISTA
MIÉRCOLES 3 DE JULIO, 19,30 HS., Av. Corrientes 6114. CAPITAL
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LAS PROPUESTAS DESDE LA MACROECONOMÍA
• El marco internacional de la próxima década
• La situación desde la que partimos (principales avances, asignaturas pendientes)
• La agenda de la continuidad, lo deseable, lo posible y lo probable
• Conclusiones

1.- El Marco Internacional

Argentina, muy a pesar de la interesada opinión en contrario de los grandes medios opositores, está mucho más “en el mundo” de lo que ha estado en toda su historia desde los años treinta del siglo pasado. En efecto, la relación de Apertura Comercial Internacional, que se mide como la suma de las exportaciones más las importaciones sobre el Producto Bruto es la más alta desde 1929. Por suerte para nuestra salud económica, la otra variable, la Apertura Financiera Internacional, está bastante cerrada, con controles al movimiento financiero y cambiario de magnitud, que sobre todo nos han ahorrado la posibilidad de contagio por movimientos de capitales especulativos que asolan al mundo desde la crisis que comenzó en 2008 en Estados Unidos y está lejos de haberse concluido.
Es entonces pertinente entonces hacer un breve pantallazo de lo que puede ocurrir en, digamos, los próximos diez años a nivel internacional.
Hay dos procesos diferentes, por un lado un proceso coyuntural que denota un desajuste profundo del funcionamiento del sistema capitalista: la persistencia de la crisis que se desató en 2008, y que a más de cinco años de iniciada no ha logrado volver al crecimiento económico y del empleo que caracterizó la etapa previa, proceso más agudo en Europa. Por otro lado, lo que yo llamo el gran movimiento tectónico, que es la emergencia, por ingreso al sistema capitalista, de China, y en los últimos años con el refuerzo de la India en el mismo sentido. Si bien hubo países que se incorporaron al sistema internacional en la postguerra como el reingreso de Japón tras su derrota en la Guerra, luego de Corea, Taiwán, Hong Kong y Singapur, la dimensión de todos ellos sumados no son más de una fracción que los cambios que están trayendo y pueden traer la incorporación de China e India a este escenario.
Estos países se caracterizan por la abundancia de mano de obra barata, y por haber estragado sus recursos naturales por más de 2000 años. Su demanda de materias primas continuará fuerte por al menos diez años hasta lograr una estabilización por un menor crecimiento vegetativo de la población influido por las migraciones hacia las ciudades y por una aceleración de la obtención de fuentes alternativas de abastecimiento. Por ese lado, pueden oscilar los precios internacionales, pero, sin preverse subas adicionales no volverán en los próximos años a lo que habían sido hasta hace poco. Recordemos que la soja, que hoy oscila en los u$s 570 por tonelada, estaba en u$s 190 en el año 2006.
La otra pata de gran relevancia internacional para nosotros es Brasil, en especial para la salida de una parte significativa de nuestras exportaciones industriales. Es posible que Brasil haga modificaciones que le devuelvan un grado de crecimiento que en los últimos años de Lula y con Dilma había menguado hasta casi extinguirse. Dicen que no hay mejor que un buen susto para despabilar a un borracho, y en ese sentido las recientes manifestaciones masivas que se iniciaron por los aumentos en el transporte han obligado a un replanteo general de la estrategia del gobierno brasileño que se iniciará en lo político, pero sin dudas tendrá que expresarse en cambios de la política económica.
La situación internacional no determina el derrotero económico del país, pero si lo condiciona. En este sentido, para Sudamérica, el despliegue industrial del Asia ofrece posibilidades de continuar con la obtención de rentas extraordinarias por varios años, si bien con menor intensidad en el futuro por las consecuencias indirectas de la crisis en el centro. Ese importante elemento puede derivar en dos tipos de aprovechamiento diferentes: aquellos países que no ponen limitaciones a la apropiación de estas rentas por los sectores de exportación beneficiados, y aquellos que, como Argentina, con la imposición de retenciones a las exportaciones agrícolas y energéticas, utilizan esa renta para la redistribución progresiva del ingreso, vía subsidios al transporte, a la energía domiciliaria y los planes sociales a los sectores más postergados, por un lado, e indirectamente con el apoyo al desarrollo industrial que puede hacer sustentable el proyecto a largo plazo.
De todas maneras, la demanda de commodities de Asia, al tiempo que es un beneficio para el país, puede ser un elemento negativo si llevados por esa demanda el país se especializa en la producción primaria y se desindustrializa. Ello está ocurriendo en alguna medida en el resto de los países sudamericanos, con el gran atraso del tipo de cambio que este superávit comercial produce y no es neutralizado con una apropiación por el Estado de una parte significativa de esta renta extraordinaria para el sector primario. La Argentina no está exenta de esta “enfermedad holandesa” a pesar de la apropiación de parte de esas rentas extraordinarias mediante las retenciones a la exportación.
Un tema internacional adicional es la integración sudamericana. En lo político se ha avanzado varios pasos, en lo económico se depende en gran medida de las decisiones de la potencia regional, Brasil, que no ha demostrado gran interés en el desarrollo de sus vecinos para conformar un bloque más homogéneo. Al priorizar su propio desarrollo interno, hoy muy mediocre, ha hecho retrasar un importante factor de integración regional.

2.- La situación desde donde partimos hoy

La Argentina tiene a nivel económico, muchos más grados de libertad, es decir de mayor espacio de decisión, que lo que había tenido desde hace cincuenta años a la fecha. Por primera vez en décadas, la restricción externa se fue reduciendo, los años de altos excedentes comerciales han permitido, tras la renegociación exitosa de la deuda en default, ir reduciendo la deuda en relación al PBI, al tiempo que el pago de toda la deuda con el FMI eliminó las condicionalidades con que el capital financiero internacional sujetaba a nuestro país.
Sin embargo, la reducción de la restricción externa puede estar llegando a su fin tras la conclusión de los años de superávit comerciales importantes. La situación externa, que era muy holgada en años recientes está cambiando de signo, por menor firmeza en la demanda externa fruto de las crisis indicadas y por un leve pero persistente atraso cambiario para la industria, que recién se está revirtiendo. Ello hizo que el superávit en 2012 se consiguiese con las restricciones a las importaciones fijadas por la Secretaría de Comercio (Guillermo Moreno). Un emergente adicional que ha complicado el frente externo es el déficit energético, con un balance negativo neto de más de 10.000 millones de dólares, fruto de los años de falta de inversión en la YPF de Repsol, tema que recién comienza a revertirse a partir de la nacionalización del 51 % del paquete a mediados de 2012.
El ingreso per cápita de los argentinos, tras diez años en que casi se duplicó el Producto Bruto, está mucho más alto, y sobre todo se han enmendado muchas de las desigualdades extremas que se cristalizaron a la salida inevitable de la convertibilidad a inicios de 2002.
Sin embargo, a pesar de los avances, aún quedan muchos temas económicos pendientes, que son las asignaturas para los próximos años. En la mayoría de ellos no será fácil avanzar, pues los cambios progresivos implican lucha contra intereses, no consenso. Cada paso importante que consolida el crecimiento con inclusión social significa cambios redistributivos que serán resistidos por los sectores afectados, a pesar que el crecimiento general los beneficie a ellos también.
El gobierno ha comenzado hace un año el Plan de Viviendas Procrear, que recién está mostrando sus primeros frutos. En la mayoría de sus tramos estos préstamos tienen una tasa de interés altamente negativa (muy inferior a la inflación) con lo que son subsidios abiertos a la población con necesidades de vivienda única, más de dos millones de familias. La diferencia entre los costos reales de las viviendas y el valor disminuido de los pagos son los subsidios que vienen a engrosar el conjunto de transferencias con las cuales se reducen las serias desigualdades sociales en que nos sumió la crisis del 2001/2002. Es una de las políticas anticíclicas frente a la menor demanda laboral del sector industrial que no creció en 2012, al tiempo que ayuda a resolver un serio problema social. La poca dinámica de la economía en 2012 (un crecimiento del producto de apenas el 0,9 %) hace que esos esfuerzos anticíclicos produzcan un leve pero persistente déficit fiscal, que se suma al déficit de la balanza de pagos externa, más complicado puesto que el país no fabrica dólares como si puede fabricar pesos. Ello se refleja en la reducción de las reservas internacionales, de las que todavía hay margen pero no es infinito.
Otro sector en donde las asignaturas pendientes son muchas es el del transporte público y la infraestructura. El estado de los ferrocarriles, que siempre han sido del Estado aunque la administración esté privatizada, es bastante deficiente. Los cambios ocurridos a partir del accidente de Once hace más de un año aún no han logrado revertir la calidad de los servicios, ni avanzar en planes publicitados como el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento (Once – Moreno). El ferrocarril de cargas, la infraestructura de caminos y puertos no han avanzado en la medida del aumento del tráfico comercial interno y de exportación.
La decisión de aumentar el salario real como uno de los componentes de la inclusión social y reducción de la desigualdad, ha tenido como consecuencia no deseada un nivel de inflación superior al resto de los países de Sudamérica, en el orden actualmente del 15 al 20 % anualizado. Los salarios y los ingresos en general han sobrepasado el nivel de la inflación real, pero sus efectos perversos se manifiestan de mil maneras sobre el escenario económico y político. El buscar el dólar como refugio a la inflación es uno de esos efectos indeseados que le está jugando en contra al gobierno, por más que reconozcamos que no podemos poner las reservas del Banco Central a disponibilidad de los que quieren esos billetes para atesoramiento. Sobre esto volveremos.

3.- La agenda del futuro económico, lo deseable, lo posible y lo probable

Avanzar es confrontar con los poderes económicos, la prensa que los representa y los políticos que consciente o inconscientemente les hacen el juego. Por lo tanto avanzar en los temas no resueltos no es una decisión económica técnica sino de disputa política.
Un breve punteado de los principales temas macroeconómicos a afrontar en los años que vendrán:
• Evitar que las restricciones externas anulen el crecimiento y la redistribución de ingresos
• Lograr que el crecimiento esté basado en los cambios de productividad de todos los sectores, en especial de los productores de bienes (industria, agro, energía, minería, construcción), ya que sólo el aumento de la productividad puede garantizar a largo plazo el crecimiento de los salarios reales.
• Continuar en el proceso de recuperación del papel del Estado en la actividad económica, con la administración directa de los resortes considerados estratégicos y la intervención sobre las principales variables (inflación, tipo de cambio, comercio exterior)
Cada uno de estos grandes temas se subdivide en capítulos específicos para su consecución.
Para evitar la restricción externa el país debe resolver básicamente dos temas diferentes: a) eliminar el déficit energético, b) reducir el déficit comercial industrial (importamos mucho más productos industriales de lo que exportamos). Sólo con esos cambios se logrará mantener el superávit comercial externo suficiente para pagar los servicios de la deuda externa en la próxima década, y la remisión de utilidades de las empresas extranjeras.
El déficit energético se puede resolver con la explotación de los yacimientos de shale gas y shale oil de Vaca Muerta y otros yacimientos menores. Pero YPF no tiene experiencia ni el dinero suficiente como para resolverlo por sus propios medios en el mediano plazo. Si bien la técnica para hacerlo no es un secreto como la bomba atómica, la experimentación con nuestros técnicos y profesionales llevaría mucho tiempo de ensayos y errores. Cada año de retraso en la explotación de estos yacimientos signfica la sangría de 10.000 millones de dólares. La negociación con empresas con experiencias, como se está haciendo con Chevron se impone, y los resultados serán fruto de las arduas negociaciones, en donde no obtendremos todos los objetivos planteados sin un costo.
La otra vía para reducir la restricción externa es la sustitución de importaciones industriales, para que ese balance parcial no sea lo deficitario que es hoy.
El sector industrial tiene dos sectores en donde las negociaciones políticas pueden mejorar su balance, el complejo automotor y la radicación de industria electrónica en Tierra del Fuego. En el primer caso el balance automotor está más o menos balanceado en vehículos terminados pero es altamente deficitario en partes y componentes. Lo mismo le ocurre a Brasil, país con el que el intercambio automotor es elevadísimo. Allí se debería pasar de las declaraciones que hicieron Dilma y Cristina en la Conferencia de la UIA de 2012 a la acción: imponer a las terminales en ambos países un mayor grado de integración regional (partes y componentes fabricados en Brasil y Argentina) cuestión que la disputa no sea con Brasil sino con la fabricación en los países sede de las terminales (Europa, EEUU, Japón)
En el caso de Tierra del Fuego, exigir un mayor grado de integración en el tiempo para la fabricación de electrónicos (computadoras personales, teléfonos celulares y otros) ya que a la fecha son simples armadurías sin prácticamente valor agregado nacional, y con una utilización de divisas superior a los u$s 5.000 millones anuales.
Estas dos sustituciones son por la vía administrativa de negociación (internacional en un caso, nacional la otra). En los primeros años del gobierno de Kirchner la sustitución de importaciones se hacía por la inducción de los precios: la devaluación había sido tal que, a los salarios en dólares de los obreros en Argentina convenía fabricar nacionalmente muchos productos que se importaban en la Convertibilidad. Con los aumentos de salarios por arriba de las devaluaciones que venía practicando el Banco Central, la industria cesó de tener ese incentivo primero y cuando el tema se hizo más acusado fue la misma industria la que aceleró el proceso de importación de partes y componentes y hasta de productos terminados para complementar sus líneas productivas. Este problema lo está manejando, con importaciones controladas por las DJAI (permisos de importación) el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, pero el proceso, por sus características es sólo un parche que puede funcionar un tiempo pero no eternamente. Si no se quiere importar un insumo y se lo piensa fabricar nacionalmente existen dos alternativas, sin restricciones administrativas como las actuales: o se varía su derecho de importación, o se devalúa. La variación de derechos está limitada por los acuerdos que hemos firmado con la Organización Mundial de Comercio, y en nuestro caso negociar con el resto de los integrantes del Mercosur, dado que no tenemos un arancel nacional sino un Arancel Externo Común Mercosur. La devaluación abrupta como para lograr esa sustitución por menor costo nacional tiene consecuencias regresivas en la distribución del ingreso, lo que nos remite a otro punto, que es la inflación, que trataremos más adelante.
Hemos indicado los principales desafíos que presenta la restricción externa. Veamos ahora los pasos necesarios para, desde el sector productivo, lograr los incrementos de productividad que permitan a largo plazo el crecimiento de los salarios reales, en especial con el desarrollo de sectores de mayor valor agregado.
Una externalidad que ayudará a este cambio es la mayor relación planteada como objetivo político, entre ciencia, tecnología y su aplicación a la producción. Es a través de este canal que se puede, con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Técnica, desarrollar soluciones para desafíos industriales, como es el caso de la empresa conjunta YPF-Conicet para el desarrollo de proveedores de la industria del petróleo, que logren la producción de insumos, partes y componentes para la explotación petrolera, convencional y también shale y oil gas. Un mayor relacionamiento entre las universidades y las empresas productoras es necesario para incrementar su productividad de procesos y productos. Se ha encarado, pero recién está en sus comienzos, y se deberán superar muchas resistencias de todos los actores de esta cadena.
El último objetivo indicado es el de fortalecer la acción del Estado en la actividad económica. Conocemos de la recuperación de actividades estratégicas o muy importantes que han vuelto a la órbita del Estado, desde Correos, Aerolíneas Argentinas, Aguas, YPF y otras. Sin embargo el desarrollo de las capacidades técnicas para avanzar sobre este terreno son importantes y hay allí un serio déficit. Pruebas al canto, el ferrocarril. Las instalaciones no fueron privatizadas por Menem, nadie hubiese podido pagar el capital involucrado. Fue privatizada la gestión, que dio para desmontar las actividades hechas dentro del ferrocarril y derivarlas a los talleres privados de los mismos permisionarios, como ha quedado en claro con el caso Cirigliano en el Sarmiento, o los negocios de derivación de los sindicalistas del sector, puesto a la luz como consecuencia del asesinato de Mariano Ferreyra en Constitución.
En el caso del Sarmiento el Estado separó a los Cirigliano, pero no pasó a la administración directa sino que tuvo que pasarla a otro permisionario, en una clara demostración que no existen los cuadros para asumir esas necesarias responsabilidades. Era cuestión de suerte que no se repitiera el accidente de Once, y si bien parece que el reciente accidente de Castelar se debió a una falla humana, la sospecha siempre rondará este sector.
Aquí la principal tarea comenzada pero lejos de concluirse, es la formación de una masa crítica de funcionarios políticamente involucrados, profesionalmente solventes y personalmente honestos. Sin un conjunto importante de funcionarios con estas tres características, las declamaciones de mayor participación estatal pueden estrellarse con una mala administración, por impericia, intereses o corrupción, y ello volvería a dar argumentos a los sectores que quieren un Estado ausente que es la mejor garantía para tener ganancias privadas sin control.
Dejamos para el final dos temas que seguirán complicando el accionar del gobierno en los próximos años, la inflación y el dólar.
La inflación en la Argentina actual está determinada, en mayor medida que otras causales, por la puja distributiva entre los trabajadores y los empresarios. Los primeros logran recuperar los salarios por medio de las convenciones colectivas y los segundos responden con aumentos de precios. Los sectores concentrados lo logran más rápido que los otros pero todos aumentan. En este proceso que lleva varios años los salarios reales han crecido por arriba, en general, de los precios, aún por arriba de los índices privados de precios. La inflación actual es entonces el resultado no deseado de los incrementos logrados de los salarios reales. Sin embargo ese resultado general positivo de aumento de los salarios reales esconde varios elementos negativos: determinados sectores superan ampliamente con sus salarios los incrementos de precios, mientras que otros no, lo que trae una diferenciación muy acusada entre distintos sectores de trabajadores.
El problema adicional que la inflación trae es que las personas con alguna capacidad de ahorro tratan de comprar dólares para defenderlos de la inflación, presionando sobre las escasas divisas como vimos por la administración de las importaciones.
No hay respuestas definitivas para ambos problemas, y entendemos que el ataque gradual de ambos es mucho mejor que el shock devaluatorio y el congelamiento salarial, las recetas de la derecha.
Para ir reduciendo la inflación el gobierno ha puesto en marcha un acuerdo de precios, que está dando sus frutos. La inflación de las provincias independientes como Santa Fe indican una reducción significativa de la inflación, que en los últimos doce meses acumula el 13 %, mientras el Indec dice el 10,5 %. A su vez, la pauta devaluatoria del Banco Central se ha acelerado y en 12 meses acumula un 18,6 %, reduciendo el atraso que se había estado produciendo en los últimos años.
Se están buscando alternativas de colocación de los ahorros que defiendan de la inflación y que no sean el dólar billete. Dejando de lado colocaciones financieras sofisticadas, que implican altos montos y conocimientos, el gobierno está tratando de desarrollar otros instrumentos, como los bonos YPF que rinden un interés fijo del 19 % anual, o los Cedin que se emitirán como resultado del blanqueo de dólares. Si el monto a conseguir en estos tres meses es interesante, se puede generar un mercado secundario de valores que seguirán el valor del dólar libre, siendo su sucedáneo legal.
Podemos mencionar que en los próximos años se desplegará la potencialidad del plan de viviendas Procrear, ayudando a resolver un problema agudo de déficit de viviendas por un lado, y reforzando la demanda de mano de obra e insumos nacionales para la construcción.
Hay varias leyes económicas que este gobierno o su sucesor debería aprobar para profundizar el proyecto, entre ellas la modificación a la actual ley de entidades financieras, que complementaría lo hecho en el Banco Central. Otras leyes necesarias serían la de la modificación de la ley de inversiones extranjeras y las que diesen preferencia en los actuales créditos subsidiados, al capital nacional. También sería necesario denunciar los acuerdos bilaterales de inversión que nos tienen como abonado en los estrados del CIADI. Otros países de la región, como Brasil, no los han firmado. La denuncia no alcanza para extinguir sus consecuencias que se estiran por diez años, pero si se hubiesen denunciado en 2003, ya se habrían extinguido.
Sería deseable un cambio en la estructura impositiva, con menos incidencia de impuestos regresivos (IVA) y mayor de los progresivos (Ganancias). Sin embargo la progresividad en el Impuesto a las Ganancias está siendo muy resistido por los sectores medios y altos de los sindicatos de mayor poder de negociación. Por el momento la mayor presión impositiva se está logrando por una mayor lucha contra la evasión en donde los avances informáticos están dejando cada vez menos claros, a pesar que aún es muy importante la actividad informal, en especial en el agro y los servicios.
Hay otros cambios que requieren de cambios constitucionales y el acuerdo explícito de varias provincias, lo que lo torna doblemente difícil. Pero sobre ello habría que avanzar como tema después de las próximas elecciones de 2015. De lo contrario inmediatamente se bastardearían los cambios necesarios con la acusación de ser un intento re-reelecionista de Cristina.
Son, entre otros, los cambios necesarios en la propiedad del subsuelo, que debería volver a ser nacional y no provincial. Ello afectaría la forma de explotación de los hidrocarburos, pero especialmente haría al Estado Nacional la contraparte de las empresas de megaminería, un sector casi inexistente diez años atrás pero que hoy exporta 5.500 millones de dólares, con una ley en extremo beneficiosa para las multinacionales.
Incidentalmente, si decimos que la propiedad debería volver a la órbita nacional, la decisión sobre explotar o no determinado yacimiento minero quedaría en las manos de los representantes de todo el pueblo de la patria, y no en los ámbitos más reducidos de las provincias o aún de las comunidades que viven en alguna parte sobre los yacimientos en cuestión. Es un delicado equilibrio entre mantener las condiciones de vida de los pueblos originarios o de antiguas migraciones y la imposibilidad de resignar la explotación de recursos que, bien utilizados y con un esquema de impuestos y contribuciones adecuados, sea utilizado para beneficiar al conjunto de la población. Si alguna población está sentada literariamente sobre una gran mina de oro que puede ayudar al conjunto de la población, no puede ser la última palabra al momento de decidir su explotación, lo que no quiere decir que no se deba tomar en seria consideración todas sus objeciones y reparos, pero con el propósito de enmienda para hacer viables los proyectos, no de veto. Sobre lo que es de todos los argentinos son sus representantes nacionales los que deben decidir.

5.- Conclusiones

Para ir cerrando, podemos decir que todas las alternativas están abiertas. Que lo más probable es que políticamente el próximo gobierno, si todos militamos seriamente para lograrlo, será la continuidad del de Cristina, con otros conductores políticos en la nueva etapa. No volveremos a las cifras de alto crecimiento del pasado y los ulteriores crecimientos del nivel de vida y distribución estarán basados en incrementos de la productividad industrial, y para ello es necesario elevar más el coeficiente de inversión, tanto del público como del privado.
Para esto último el gobierno tiene que hacer el delicado equilibrio entre poner límites a las acciones monopólicas y al mismo tiempo dar previsibilidad y horizonte de crecimiento para que se produzcan las inversiones, de una burguesía industrial que en su parte internacional será renuente siempre, y en su parte nacional será siempre vacilante cuando no aliada de la hegemónica cúpula extranjera. Hasta ahora no le ha ido tan mal en este sector, ya que los coeficientes de inversión sobre el Producto Bruto han sido en estos diez años superiores a los obtenidos en la Convertibilidad, cuando todo el establishment aplaudía las decisiones de política económica pero no invertía.
Por la parte de los trabajadores los equilibrios tampoco son fáciles, ya que los sindicatos aquí y en todo el mundo, están para resolver las demandas de sus afiliados, y los sectores más postergados son los que están por fuera de los trabajadores sindicalizados. La explosión de la representatividad en cinco centrales es un ejemplo del accionar independiente y hasta contradictorio de los intereses inmediatos de las clases trabajadoras y los objetivos de largo plazo del gobierno nacional.
Ese equilibrio inestable es lo que caracteriza el avance de los pueblos en la economía que en esta etapa está dominada, a nivel internacional, por el capital financiero. La Argentina encontró, junto a otros países de Sudamérica y pocos más en el mundo, la ventana para avanzar en su desarrollo con inclusión social. El avance no será lineal porque por definición la economía capitalista es contradictoria, los intereses de las distintas clases y sectores no son armonizables excepto en la dominación absoluta y dócil de las clases populares por las hegemónicas.
Y el “fenómeno maldito” del kirchnerismo es poner en cuestionamiento la hegemonía dominante en todos los campos, el económico, el político, el institucional y el del sentido de la interpretación de la realidad por las mayorías populares, que coincide con la consciencia activa y militante de sus derechos.