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CRISIS MUNDIAL Y LA IMPORTANCIA DEL GASTO PUBLICO EN LA ECONOMIA

Jueves, enero 5th, 2012

por Carlos Pafundo*
Durante el apogeo del “neoliberalismo” mucho se ha escrito y fogoneado contra la intervención del Estado en la economía, confiando en que por sí solas las fuerzas del mercado serian eficientes para una correcta asignación de los recursos teniendo como base la señal de los precios. Hoy en día en que una parte de la economía mundial se debate en una profunda recesión y/o depresión, vamos a tratar de mostrar de manera simplificada que tan importante es la acción del Estado en la economía mediante su participación en el llamado “gasto público” para poder salir de un ciclo depresivo y pasar a una faz expansiva.

Independientemente de cual sea la estructura económica de un país, el funcionamiento de la misma, tiene una ecuación en común: el producto-ingreso total de un país (Y) cuyo comercio exterior es muy bajo con relación al total de Y, visto como el gasto de todos los sectores sociales, es la suma del consumo (C) de todas las familias, la inversión de todas las empresas(I) y el gasto del gobierno por todo concepto (G).

De modo que : Y=C+I+G. (a)

Ahora bien, los tres “gastos” no se relacionan de igual modo con el ingreso nacional. Una suba de la actividad económica (+Y) provoca un mayor consumo (+C). En cambio una suba de la inversión (+I) o una suba del gasto público (+G) provocan, siempre que haya recursos desempleados, un aumento del ingreso nacional (+Y). O sea mientras C es componente pasiva de Y ( C responde a lo que ocurre con Y , es una variable dependiente), I y G son componentes activas de Y (sus cambios determinan cambios en Y, son variables independientes).

Si el consumo varía en proporción directa con Y, se tiene C= c.Y ( donde c es la fracción consumida del ingreso, por ejemplo 0,80). La igualdad (a) se escribe:
Y= c.Y+I+G y esto se transforma luego en (I+G) / (1-c). Un cambio en G, sin cambiar I (I=0), provoca un cambio en Y igual a : +Y =+G/ (1-c). Si c = 0,800=4/5,
(1-c)=1-0,80= 1- 4/5= 1/5 . Como +G dividido 1/5 es igual a +G.5, el cambio en Y es cinco veces el cambio en G. Esto implica que si el gobierno incrementa su gasto en 100, ello provoca un incremento cinco veces mayor en el ingreso nacional, o sea +Y= 500. Esta propiedad expansiva del gasto, conocida como el multiplicador, permite cambiar una situación recesiva en otra expansiva.

Claro está, que el gasto público tiene distintos componentes, salud, educación, infraestructura, etc., aunque también los gastos militares integran dicho concepto, por lo que en muchos casos éste último fue el componente más utilizado para poner en marcha a una economía postrada, con todas las consecuencias que ello conlleva, razón por la cual hoy si bien la expansión del gasto público es una herramienta a ser utilizada, la paz en el mundo es una consigna de primer orden.

*Integrante de la Comisión de Economía de Carta Abierta

La carta de la líder socialista francesa a CFK (traducida)

Sábado, diciembre 17th, 2011

La líder del socialismo francés, Segolene Royal, escribió en su blog un detallado análisis de la victoria de CFK y los logros de su gestión. Incluye una crítica sobre el movimiento obrero organizado, que denota la incomprensión de la izquierda europea sobre las bases de los avances populare en América Latina. En cualquier caso, la carta de Royal es otra demostración del ejemplo argentino para Europa para salir de la extorsión del modelo neoliberal.
Ségolène Royal: Aquello a destacar de la hermosa victoria de mi amiga Cristina Kirchner
Quiero saludar calurosamente la brillante victoria de Cristina Kirchner en la elección presidencial argentina. Este gran éxito – cerca del 54 % de los votos en la primera vuelta – muestra el fuerte apoyo popular a una dirigente enérgica y, más ampliamente, a una política proactiva que supo recuperar un país en quiebra liberándolo de los dogmas destructores del neoliberalismo y de las recetas improductivas del FMI.
Estuve en Buenos Aires, en octubre de 2007, para la primera campaña de la presidenta argentina. Luego de una larga entrevista que tuvimos en la Casa Rosada, ella me expuso los ejes de la política que preparaba para consolidar y profundizar la obra de la cual Néstor Kirchner, en ese momento presidente saliente, había sido el artesano talentoso y decidido. Invitada a la reunión en la que se festejaba, algunos días más tarde, su victoria, pude dimensionar la esperanza reencontrada por un pueblo, que cinco años antes, llegaba al fondo de la desesperanza.
En este momento en que los remedios que agravan sus males, han puesto a Grecia de rodillas y al que Europa llega tarde para diseñar una reestructuración parcial de su deuda, es interesante acordarse cómo Argentina, hundida en un inmenso caos hace justo diez años, eligió otra vía para arreglar sus finanzas y restablecer su economía sin olvidar la justicia social.
1º Acto: el neoliberalismo, es la ruina.
Fue la dictadura militar, en el poder a partir de 1976, la que comenzó una liberalización y una financiarización brutal de la economía argentina, como lo hizo en Chile desde 1973 Pinochet y sus “Chicago boys”. El restablecimiento de la democracia en 1983 no dio vuelta esa tendencia. La ideología del “consensus de Washington”, de la cual el presidente Lula a menudo me describió sus males, dictaba sus leyes en toda América Latina: privatizaciones sin límite, deslegitimación del rol del Estado, reducción drástica de los presupuestos sociales, destrucción de los servicios públicos, la ley existía sólo para el mercado, supuestamente para responder a todo y para enriquecer a los más ricos, y presumiblemente para beneficiar a todos algún día. Más y más ajustes estructurales recomendados por el FMI: el resultado fue un desastre.
En los años 90, la Argentina se desangra, los planes del FMI chocan unos contra otros y al cabo de 4 años de recesión, llega la debacle económica, financiera y social. La obsesión de la reducción del déficit presupuestario asfixió totalmente la economía y engrosó la deuda en tales proporciones que el país entra en cesación de pagos y debe devaluar en medio de un desastre.
En esa época todo se derrumba: más de la mitad de los argentinos se encuentran en la más extrema pobreza, la clase media sufre una masiva degradación, el desempleo llega al 25 %, las empresas quiebran, se vuelve al trueque, los supermercados son asaltados por multitudes encolerizadas, violentas manifestaciones producen cerca de 40 muertos. En 2002, el PBI baja al 20%. A los dirigentes políticos irresponsables e impotentes que los condujeron a la ruina, los argentinos les gritan: “¡Que se vayan todos!”. ¡En pocos días, el país cambia cinco veces de Presidente!
2º Acto: “De el infierno al purgatorio” con Néstor Kirchner
Néstor Kirchner, en ese momento poco conocido, es elegido ajustadamente en 2003 como Presidente de la República. Promete sacar al país del infierno para llevarlo al purgatorio. Será mejor enfrentar la crisis, ubicando ala Argentina en el buen camino y devolviéndole la esperanza. Su política es exactamente opuesta a aquella que ha hundido su país. Refirma el papel de la voluntad en política y del Estado en la Economía. Muy sólidamente ensambla el saneamiento financiero y el desarrollo de protecciones sociales, la reconstrucción de la oferta industrial y el apoyo de la demanda popular. Negocia con firmeza y tenacidad una reestructuración radical de la deuda argentina, con una condonación del 75%, finalmente aceptada en 2005 y en 2010 por casi el 93% de su monto total.
Los mercados lo desprecian y, aún hoy, Argentina no tiene todavía acceso a ellos porque le quedan dos litigios para resolver: su deuda con el Club de Paris (6.700.000 millones de dólares sin los intereses), y el desinterés de un pequeño grupo de acreedores que han rechazado la reestructuración (empezando por los fondos americanos Elliot Asociate, un fondo buitre que compró a bajo precio los reclamos pendientes y gasta millones de dólares para que sus abogados multipliquen los procedimientos jurídicos). Pero el crecimiento del 8% promedio, vuelve ala Argentina y se financia gracias al boom de sus exportaciones agro-alimentarias que llenan las cajas del Estado. Sus políticas de apoyo al empleo y el consumo demuestran los gastos productivos y fiscalmente rentables.
En 2006, el país se da el lujo de saldar de un golpe la deuda contraída con el FMI (9.500.000 millones de dólares). El gobierno argentino declara que no es no es cuestión de que los responsables de la catástrofe de 2001 – 2002 metan nuevamente su nariz en la conducción de los negocios públicos. Un ejemplo entre otros: para detener el empobrecimiento masivo de la población argentina y el crecimiento del número de los “sin – techo”, el gobierno decide prorrogar las hipotecas de única vivienda de los pequeños y medianos propietarios ahogados por los créditos inmobiliarios a los que no pudieron hacer frente durante la crisis. El FMI se enoja, protesta por la violación de los contratos y de los sacrosantos principios del mercado. Néstor Kirchner no cede. Lo mismo pasa con el gasto público, concebido como una herramienta de salida de la crisis y recuperación del crecimiento, al revés de las preconizaciones del FMI.
Roberto Lavagna, ex Ministro quien fue, al lado de Néstor Kirchner, uno de los mayores actores de la puesta en marcha del “modelo argentino”, se sorprende hoy en día de que Europa y el FMI empujen a Grecia con planes de un rigor devastador y que no hayan aprendido las lecciones de lo que funcionó en Argentina: “sin consumo, decía él, una economía no crece. Esos programas de ajuste son totalmente inútiles: reducen la demanda mientras que en la recesión el problema es justamente que la demanda es insuficiente. Este fue un error fundamental cometido por el FMI en Argentina y que sigue cometiéndolo”. Comenta con buen tino.
Electo en 2003, con solamente el 22% de los votos, Néstor Kirchner deja el poder en 2007 con una tasa de popularidad superior al 70% y el reconocimiento del pueblo argentino por la eficiencia de un dirigente político que supo asumir sus responsabilidades para salvar al país.
3º Acto: La determinación de un Estado voluntarista.
Cristina Kirchner combatió con vigor, en los años 90, la orientación liberal y las privatizaciones mafiosas del gobierno menemista. Durante su primer mandato ella prosiguió el camino abierto por Néstor Kirchner. La intervención del Estado se mantuvo en el precio de los transportes, de la energía y de los productos alimenticios de primera necesidad. Cristina Kirchner revió la privatización de las jubilaciones, realizada en 1994, y extendió a 3 millones más de argentinos el beneficio de las pensiones nacionalizadas en 2008. Creó un subsidio universal dedicado a las familias pobres con la condición de la escolarización de los niños. Esta “prima” de las “bolsas familia” puesta en marcha en Brasil por Lula permitió a millones de familias de salir de la indigencia invirtiendo en la educación básica en zonas populares.
Profundizó el apoyo del Estado a la reindustrialización del país sin temor a enfrentarse al reproche del “proteccionismo” extendiendo la lista de los sectores en los que las importaciones deben ser rigurosamente equilibradas por las exportaciones o por inversiones en el país. Al presentar, en el pasado mes de febrero, su Plan Estratégico Industrial 2020, Cristina Kirchner no tuvo pelos en la lengua; “el libre comercio no existe en ningún lado” (salvo en Europa donde la ingenuidad es necesaria, habría podido decir….) Está justificado, estima, que la Argentina proteja su industria y sus empleos. Objetivo para su segundo mandato; reducir las importaciones en un 45 % y crear 1,5 millones de empleos. Después de todo, recuerda, los Estados Unidos practican desde el New Deal de los años 30 un eficiente Buy American (compre americano). La Organización Mundial del Comercio y la Unión Europea fruncen la nariz. Brasil –que también se protege- hace pucheros. Pero Electrolux y numerosos fabricantes de automóviles instalados en otros lugares, se establecen en Argentina porque la condición de acceso a ese mercado se vuelve solvente.
Cristina Kirchner: un coraje político que no retrocede ante los brazos de hierro con poderosos intereses.
Cristina Kirchner tiene una cualidad eminente: el coraje político. Algunos le reprochan ir duramente a los conflictos pero los argentinos pagaron muy caro la impotencia de gobernantes que no gobernaban más que para ser doblemente rigurosos. Esto es la lección que saco del severo enfrentamiento que la opuso en 2008, al poderoso sector agro-alimentario que iba viento en contra de su proyecto de aumentar el 10% los impuestos a la exportación se soja.
La soja (lamentablemente en su mayoría transgénica) es la locomotora de las exportaciones argentinas. El país es el 3er. productor mundial y el 1er. exportador en lo que concierne a productos derivados (aceites, harinas), a tal punto que se habla de “sojización” de la economía argentina, lo que significa olvidar que la Argentina es, entre otros rankings, 2º mundialmente en maíz y 5º para el trigo. La demanda china impulsa el crecimiento y el aumento de precio de las materias primas provista de abundantes ingresos fiscales que permiten saldar la deuda, equilibrar las cuentas públicas y financiar los programas sociales.
Pero los grandes propietarios, unidos por los más pequeños, se pusieron de pie contra el proyecto de aumento de impuestos en las exportaciones. Organizaron la crisis. Sus camiones bloquearon la entrada de envíos de alimentos en las villas, empujando a la clase media exasperada a manifestar golpeando sus cacerolas. Después de haber tenido durante largo tiempo la cabeza de los reyes del agro-business, Cristina Kirchner, finalmente tiró la esponja frente a los riesgos de parálisis del país. No ganó esta prueba de fuerzas pero mostró que tenía carácter y no tuvo miedo de enfrentar una impopularidad momentánea.
Ella, sin embargo, ganó luego otro enfrentamiento: con el Banco Central de la República Argentina del que echó al jefe ya que se resistía a aplicar un decreto presidencial que ponía a disposición la ejecución de 6.500.000 millones de dólares, tomados de las abundantes reservas de la Banca(45 mil millones de dólares) para contribuir con el pago de la deuda 2010 El debate se focalizó en la independencia del Banco central, garantizado por la Constitución, y dio lugar a una victoria jurídica y política de la presidenta que tuvo el buen sentido de no dejarse impresionar por el establishment financiero.
Entre los proyectos de su nuevo mandato, otro brazo de hierro se perfila: contra el manejo de los monopolios que controlan la casi totalidad de la prensa escrita y audiovisual, bajo una ley que venía de la dictadura. Yo me quedé helada, en 2007, por el tono agresivamente conservador de los principales medios argentinos. Una nueva ley que favorece el pluralismo será, para la democracia una buena cosa.
La alianza de las fuerzas vivas de la nación.
En 2008, luego de la “crisis del campo”, dijeron que Cristina se había debilitado. En 2009, ella perdió la mayoría en el Parlamento. La muerte de Néstor Kirchner, en octubre de 2010, suscitó una inmensa emoción en Argentina. Cristina viuda valiente, ha sido su beneficiaria, pero ella ha dado prueba de que a pesar de su dolor, ella es una mujer con puño capaz de sostener firmemente las riendas de su país. Su éxito en las primarias de agosto último (50,07% de los votos de la primera vuelta), luego en la elección presidencial, que le dio la ocasión de tener la mayoría de la Cámara de diputados y el Senado, muestra una fuerte aprobación de sus acciones en los medios populares y también en las clases medias que son en Argentina las más desarrolladas de América del Sur. Ella fue capaz de reunir a los intelectuales inicialmente desafiantes.
Los empresarios le agradecen defender ardientemente los intereses de la industria argentina. La juventud se ha movilizado mucho en su campaña, notablemente con el movimiento La Cámpora. Cristina Kirchner, a pesar de la resistencia de loa notables de más edad, ha impuesto en las elecciones locales y legislativas también en los puestos clave de las empresas públicas una nueva generación motivada.
Luces y sombras del kirchnerismo
Seguramente, no se trata de hacer de lo que a partir de hoy llamamos “kirchnerismo” un ejemplo en todos los dominios. La corrupción y el clientelismo continúan marcando la moral de las políticas argentinas (pero en Francia, nuestros líderes actuales tienen, por desgracia, pocas lecciones a dar en éste área…) La inflación, subvaluada por el gobierno, roe las mejoras del poder de compra que da el aumento de salarios regular y de las jubilaciones, atenuando los efectos de una fuerte redistribución social.
El desempleo, bajo el mandato de Néstor y Cristina Kirchner, ha retrocedido fuertemente (7% según las cifras oficiales) pero la pobreza reina todavía en las “villas miserias”, los barrios marginales argentinos, aún si las políticas sociales han mejorado, la vida de muchos pobres y el trabajo informal, sin derechos ni protección, se mantienen. Pero el país puede estar orgulloso de sus resultados y allí existe el sentimiento ampliamente compartido de que el gobierno se ocupa del bienestar del pueblo argentino en todos sus componentes.
La Argentina ha sufrido poco la crisis financiera de 2008 pero una recesión mundial será para su economía un riego mayor. El paraíso de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y de una agricultura intensiva insensible a los problemas ambientales. La Argentina tiene un camino a seguir para enfrentar el desafío del medio ambiente. Así mismo, si las medidas de protección de los empleos industriales y del equilibrio del balance comercial son legítimas, ellas no eximen de un esfuerzo de competitividad que garantice una prosperidad durable si los frutos son equitativamente compartidos.
Al final, el carácter tan presidencialista del régimen argentino y la tradición bonapartista del peronismo, incluso la izquierda, quienes hicieron de la democracia argentina un sistema evidentemente perfectible. El pluralismo sindical sigue luchando para ser completamente reconocido, como me lo habían explicado ya en 2007 los dirigentes de la CTA, la central de Trabajadores argentinos, que se esforzaba en construir un sindicalismo independiente, al costado de la poderosa y corporativa CGT peronista.
Yo quiero subrayar que, durante sus mandatos, Néstor y después Cristina Kirchner han hecho su prueba de audacia democrática. En particular anulando la ley que amnistiaba a los torturadores de la dictadura y que permitió la apertura de cientos de procesos, aún contra la jerarquía más alta de la dictadura militar. Han hecho de Argentina el primer país de América latina que legalizó el matrimonio homosexual. La prueba de que otra forma es posible: cambiar las reglas del juego.
Pero su aporte mayor, de una actualidad candente a la luz de lo que sucede en Grecia, es haber administrado la prueba de que otra forma es posible, que no es el círculo vicioso de la austeridad y la recesión. A condición de que sus dirigentes clarividentes y enérgicos decidan emanciparse de los conformismos del pensamiento económico dominante y tomen los medios para cambiar las reglas del juego. A condición de que el Estado juegue plenamente su rol de estratega y de conductor de las políticas públicas. A condición de que no se oponga al saneamiento financiero y la inversión social. A condición de hacer un refuerzo de las seguridades humanas una de las palancas para la salida de la crisis. A condición de apoyarse también, para construir un nuevo futuro, en las enseñanzas y las investigaciones que, en la Argentina, han sido descuidadas durante decenios.
La reestructuración de la deuda argentina (¡una herencia de 132 mil millones de dólares de deuda pública exterior!), la más importante de la historia económica moderna, ha sido un acto valiente, radical y necesario. Paul Krugman, Premio Nóbel de economía, recomendó este verano en el New York Times inspirarse para organizar un default en Grecia. Roberto Lavagna, ex Ministro de economía de Argentina, no ha cesado de afirmar, de acuerdo a la experiencia de su país, que es necesario reestructurar la deuda griega del país mientras permanezca en la zona del euro y liberar recursos para mejorar su competitividad y así extraer a su pueblo de la pauperización programada por las curas de austeridad que le son infligidas.
Pero el éxito financiero, económico y social de la reestructuración de la deuda argentina sostenido por las políticas públicas conducidas por Néstor y Cristina Kirchner, han sido una herramienta de reconquista de la soberanía nacional, del relanzamiento del crecimiento industrial y del consumo popular, el mejoramiento de las protecciones colectivas. En forma opuesta al crecimiento de las privatizaciones de rigor que pusieron bajo su tutela a Europa y que el FMI impone actualmente a Grecia. Seguramente, Grecia no es la Argentina, que se ha podido beneficiar de la suba de las materias primas para impulsar su crecimiento y llenar las cajas del Estado. Pero esto hace aun más necesario la voluntad política y económica con que Europa debería apoyar, en lugar de exigir más docilidad a sus mandatos salidos de un modelo que siempre ha fallado y dictados por un sistema financiero con una arrogancia sin límites.
El “retorno de las carabelas”
Europa estaría bien inspirada si mirara aquellos que han tenido éxito como la Argentina y Brasil en una América latina que se tornó hacia la izquierda como lo han demostrado estos últimos años, la creciente mayoría en las elecciones presidenciales: no solamente Argentina y Brasil sino también Ecuador, El Salvador, Perú, Bolivia, Uruguay y otros más. Sean cual fueren las especificidades de los contextos nacionales o las historias particulares de los dirigentes y de los dirigentes elegidos, es la respuesta de la izquierda la que aparece como la más justa, la más eficaz y la más creíble.
Llegó el momento del “retorno de las carabelas”, dicho de otra manera, los tiempos llegaron para nuestra querida y vieja Europa de dejar de reciclar las recetas que no funcionan y de poner una parte de su inspiración en aquellos que hacen del otro lado del océano. La buena nueva de la elección de Cristina Kirchner es que los pueblos no se equivocan y que frente a determinadas dirigencias políticas, los pequeños telégrafos de los banqueros no tienen peso.

Aquellos que critican el modelo productivo habría que mandarlos a vivir a España

Martes, diciembre 6th, 2011

Por Alejandro Rofman. Investigador del CONICET. Escritor y político.

La implementación del Corralito fue la demostración más evidente de la incapacidad que posee el mercado financiero para regularse a sí mismo. Porque finalmente hubo que apelar a una medida altamente intervencionista –a contramano del espíritu liberal de los noventa– para que no se vaciara de dinero a los bancos privados y al Banco Central. Es decir, fue la más cruda demostración de que el sistema financiero no puede administrarse por su propia cuenta.
Asimismo, no se puede dejar de destacar que se trató de una acción desesperada por parte de quienes custodiaban los intereses del capital financiero para evitar el descalabro, haciéndoles pagar a los depositantes el costo de una política basada en la desregulación financiera de los mercados. Cuando la desregulación se volvió en contra de los intereses de los propios bancos, impusieron el Corralito para evitar que se vaciaran.
En Europa y los Estados Unidos muchos bancos pudieron sobrevivir a la crisis con los fondos públicos que volcó el Estado. Es decir, sobrevivieron por la presencia estatal, también contradiciendo los principios del liberalismo.
Como en la Argentina de 2001, se rescató a los bancos en perjuicio de la población. La percepción de la gente, aquí y allá, es que pagaron justos por pecadores.
Las experiencias de 2001 en la Argentina, y la crisis que atraviesa la Eurozona marcan el fracaso de un sistema económico basado en la preeminencia del sistema financiero. Se trata de un modelo de acumulación que sólo lleva al desastre, porque privilegia la creación del dinero por medio del dinero, de ganancias a través de la especulación y no por la producción y el consumo de bienes.
Pasé el último mes en Italia y España. Un nivel de profunda crisis recorre el espíritu de italianos y españoles. Cuando uno se dispone a hacer un análisis, es difícil pasar por alto el tremendo contraste que existe entre la situación de la mayoría de los países de Europa y las condiciones sociales y económicas actuales en la Argentina. Diría que en Europa solamente Alemania se salva, el resto de los países está tan mal como España e Italia, pero lo ocultan, tratan de no levantar la perdiz.
A todos los que critican la política económica actual habría que ponerlos en un avión y mandarlos a que traten de conseguir un empleo en España, Italia o Estados Unidos. Que intenten conseguir un trabajo durante dos años, a ver cómo les va. La conclusión es que hay un alto nivel de hipocresía en quienes critican la política económica actual.
Publicado el 1 de diciembre de 2011 en Tiempo Arentino

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Alemania y Grecia

Domingo, noviembre 6th, 2011

Hace unos meses, apareció publicada una Carta Abierta dirigida a
“Queridos griegos” por un ciudadano alemán de nombre Walter Wuellenweber, que como título llevaba:
“Después que Alemania tuvo que salvar a los Bancos, ahora debe salvar también a Grecia. Los griegos, que primero han hecho alquimias con el Euro, ahora en vez de hacer economías, hacen huelgas…

Queridos griegos:
Desde 1981 pertenecemos a la misma familia. Nosotros, los alemanes, hemos aportado como nadie otro al Fondo común, cerca de 200.000.000.000 € , mientras que Grecia ha recibido cerca de 100 mil millones de € o sea la mayor suma per cápita que ningún otro pueblo de la UE. Nunca ningún pueblo ayudó hasta ahora voluntariamente hasta este grado a otro y por tanto tiempo. Son Ustedes sinceramente, los amigos más caros que tenemos.
El caso es que no solo Ustedes se engañan a sí mismos, sino que también a nosotros. En esencia, Ustedes nunca demostraron ser merecedores de nuestro Euro. Desde su incorporación como moneda de Grecia, nunca lograron hasta ahora cumplir con los criterios de estabilidad.
Dentro de Unión Europea son el pueblo que gasta las mayores sumas en bienes de consumo. Ustedes descubrieron la Democracia, entonces deben conocer que se gobierna a través de la voluntad del pueblo, quien finalmente tiene la responsabilidad. No digan entonces, que solo los políticos son responsables del desastre. Nadie los obligó a evadir durante años impuestos, oponerse a cada política coherente para reducir el gasto público y nadie los obligó a elegir los gobernantes que han tenido y tienen. Los griegos son quienes nos han mostrado el camino de la Democracia, de la Filosofía y de los primeros conocimientos de Economía Nacional. Pero ahora nos muestran un camino equivocado.
Y donde Ustedes ya han llegado, no va más allá !!!
A la semana siguiente, “STERN” publica una Carta Abierta de un griego, dirigida a Wuellenweber:

Querido Walter,
Me llamo Georgios Psomás. Soy funcionario público y no “empleado público” como despectivamente, como insulto, se refieren a nosotros mis compatriotas y tus compatriotas… Mi sueldo es de 1.000 € . Por mes eh? No vayas a pensar que son por día, como te quieren hacer creer en tu país. Fijate que gano una cifra que es muy inferior en euros a la tuya, que es de varios miles.
Desde 1981, tenes razón, pertenecemos a la misma familia. Solo que nosotros les hemos concedido en exclusividad a Uds un montón de privilegios, como es que sean los principales proveedores del pueblo griego de tecnología, armas, infraestructura (2 autopistas y dos grandes aeropuertos internacionales), telecomunicaciones, productos de consumo, autos, etc. Si me olvido de algo perdóname. Te señalo que dentro de la UE somos los mayores importadores de productos de consumo que elaboran las fábricas alemanas.
La verdad es que no hacemos responsables sólo a nuestros políticos por el desastre de Grecia. Contribuyeron mucho algunas grandes empresas alemanas, las que pagaron enormes “coimas” a nuestros políticos para asegurarse los contratos, para vendernos de todo, como unos cuantos submarinos fuera de servicio, que puestos en el mar, quedan tumbados de costado en el mar. Yo sé que aún no das crédito a lo que escribo.
Tenéme paciencia, espera, lee toda la carta y si no llego a convencerte, te autorizo a que me eches de la Eurozona, ese lugar de la VERDAD, de la PROSPERIDAD, de la JUSTICIA y de lo CORRECTO.
Estimado Walter:
Pasó más de medio siglo desde que la 2da Guerra Mundial terminó, ES DECIR MÁS DE 50 AÑOS, desde la época en que Alemania debería haber saldado sus obligaciones con Grecia.
Estas deudas, QUE SOLO ALEMANIA, hasta ahora, se resiste a saldar con Grecia (Bulgaria y Rumania han cumplido en pagar las indemnizaciones estipuladas), consisten en :
1. Una deuda de 80.000.000 de marcos alemanes por indemnizaciones, que quedó impaga desde la Primera Guerra Mundial
2. Deudas por diferencias de clearing, en el período entreguerras, que asciende hoy en 593.873.000 u$s
3. Los préstamos obligados que contrajo el III Reich a nombre de Grecia durante la ocupación alemana, que ascendieron en 3,5 mil millones de dólares durante todo el período de ocupación.
4. Las reparaciones que debe Alemania a Grecia por las confiscaciones, persecuciones, ejecuciones y destrucción de pueblos enteros, rutas, puentes, líneas ferroviarias, puertos, que produjo el III Reich y que según lo dictaminado por los tribunales aliados, asciende a 7,1 mil millones de dólares, de los cuales Grecia no vio aún un billete
5. Las inmensurables reparaciones de Alemania por la muerte de 1.125.960 griegos (38.960 ejecutados, 12.000 muertos por daño colateral, 70.000 muertos en combate, 105.000 muertos en los campos de concentración en Alemania, 600.000 muertos de hambre, etc., etc.)
6. La tremenda e inmensurable ofensa moral ocasionada al pueblo griego y a los ideales humanísticos de la cultura griega.
Sé amigo Walter, que no te debe gustar para nada lo que te escribo. Lo lamento…
Pero más me molesta lo que Alemania quiere hacer conmigo y con mis compatriotas.
Amigazo Walter: en Grecia operan 130 empresas alemanas, dentro de las cuales se incluyen todos los colosos de la industria de tu país, las que tienen ganancias anuales de 6,5 mil millones de euros.
Muy pronto Walter, si la cosa sigue así, no podré comprar más productos alemanes, porque cada vez tengo menos dinero.
Yo y mis compatriotas crecimos siempre con privaciones; lo vamos aguantar, no te hagas problema. Podemos vivir sin BMW, sin Mercedes, sin Opel, sin Skoda Dejaremos de comprar productos de Lidl, de Praktiker, de IKEA.
Pero Ustedes, Walter, ¿cómo se las van a arreglar con los desempleados que dejará esta situación que por ahí, los obligue a bajar su standard de vida, sus autos lujosos, sus vacaciones al exterior, sus excursiones sexuales a Tailandia?.
Ustedes (alemanes, suecos, holandeses y restantes “compatriotas” de la Eurozona) pretenden que nos vayamos de Europa, de la Euro-zona y no sé también de donde más.
Creo firmemente que debemos hacerlo, para salvarnos de una Unión que es una banda de especuladores financieros, un equipo en el cual jugamos, si consumimos los productos que Ustedes ofrecen: préstamos, bienes industriales, bienes de consumo, obras faraónicas, etc.
Y finalmente Walter, debemos “arreglar” otro tema importante, ya que vos también, sos deudor de Grecia:
¡EXIGIMOS QUE NOS DEVUELVAN LA CIVILIZACIÓN QUE NOS ROBARON!!!
Queremos de vuelta en Grecia las inmortales obras de nuestros antepasados, que guardan en los museos de Berlín, de Munich, de París, de Roma y de Londres.
Y EXIJO QUE SEA AHORA!!! Ya que si me muero de hambre, me quiero morir al lado de las obras de mis antepasados…
Cordialmente

Georgios Psomás

El euro y la necia incompetencia de la elite política europea*.

Viernes, noviembre 4th, 2011

Por Marshall Auerback**
En la actual situación, lo que tenemos es una crisis de solvencia que está penetrando en el sistema bancario porque una gran proporción de los activos bancarios está constituida por bonos públicos denominados en euros. Allanarse a quitas “voluntarias” y a recapitalizaciones forzosas, lo que traerá consigo es, simplemente, una espiral de masiva deflación por sobreendeudamiento. Veremos a los bancos malvendiendo activos a diestro y siniestro (los gestores bancarios no emitirán acciones a precios tan miserablemente bajos). Lo que, a su vez, deprimirá ulteriormente la actividad económica, incrementará esos déficits públicos que la elite de los mandamases políticos de la Eurozona está empeñada en exorcizar y nos devolverá a la casilla de partida.
Se suponía que hoy era el día en que los problemas de la Eurozona se resolverían de una vez por todas. ¿Cuándo hemos oído eso antes? A decir verdad, resulta difícil entusiasmarse con cualquiera de las “soluciones” puestas sobre la mesa: todas ellas se niegan en redondo a reconocer que el problema de la Eurozona es fundamentalmente un problema de arquitectura financiera mal concebida. Los “problemas” de la banca, y la consiguiente “necesidad” de urgente recapitalización, son simplemente síntomas del problema. Ofrecer la “cura” de la recapitalización bancaria para un problema que, al final, es un problema de solvencia nacional (del que la crisis bancaria no es sino un síntoma) es como tratar con quimioterapia una cardiopatía. A pesar de los “tumbos alcistas” de los mercados, los más probable es que, lejos de curarla, el tratamiento exacerbe la enfermedad.
Remontémonos a los principios centrales. Todos estamos de acuerdo en que la preocupación por Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España (PIIGS), y en realidad, por todas las euronaciones, está justificada. Pero la afirmación, según la cual los países PIIGS se asemejan a los EEUU nace de la incapacidad de los críticos del déficit para comprender las diferencias entre las instituciones monetarias de las naciones soberanas y las de las naciones no soberanas. Gracia, Italia, Francia y, sí, también Alemania, son todas naciones que usan el euro, no son emisoras de esa moneda. En este respecto, son más como California, Massachussets o cualquier otro estado federado estadounidense o cualquier provincia canadiense, que usan el dólar de sus respectivos gobiernos centrales.
Pero los mandamases políticos en la eurozona persisten en ignorar ese hecho fundamental, y por lo mismo, persisten, impertérritos, en su negativa a utilizar la única institución con capacidad para crear euros ilimitadamente –el Banco Central Europeo—, la única, pues, en condiciones de poner creíblemente coto a unos mercados que no dejan de cuestionar la solvencia de los Estados nacionales miembros de la Eurozona. El BCE es, así pues, renuente a que todo el mundo se ponga de acuerdo en una quiebra griega: pues, en tal caso, sería el BCE quien cargaría con “las pérdidas”. Sin embargo, tales “pérdidas” no dejan de ser pérdidas contables nocionales sin la menor repercusión en la capacidad del BCE para seguir creando euros hasta que las ranas críen pelo. En cambio, si lo que se hace es que los Estados nacionales financien el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), lo que esto acaba por traer consigo es una amenaza para las calificaciones crediticias de Francia y de Alemania en cuanto los mercados se avilanten a poner a prueba la determinación de esos países en el sostén de esta hoja de parra política que es el FEEF. Y puesto que ninguno de esos países es soberano respecto de su moneda –usan el euro, pero no lo emiten—, lo que se consigue es extender aún más el potencial problema de insolvencia, arrastrando también a Alemania hacia el mismo precipicio.
Las presiones de los mercados son hoy más agudas en relación con Grecia, pero hay una preocupación más general, a medida que los especuladores la toman con los PIIGS de mayor envergadura, como Italia. Y aquí es donde viene precisamente a cuento el asunto de la debilidad estructural del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera.
No nos dejemos confundir con las cifras. El FEEF podría estar respaldado por 440 mil millones de euros, por un billón de euros, por dos billones, por 10 billones incluso, pero todas esas cifras se retrotraen a las fuentes de financiación. Los franceses llevan razón: no tiene sentido poner por obra semejante programa sin el respaldo del BCE, que es la única entidad capaz de hacer creíble cualquier garantía, en virtud de su capacidad para crear cantidades ilimitadas de euros.
Los mandamases políticos de la zona euro, lo mismo que quienes participan en los mercados, siguen confundiendo dos asuntos que, aun si conexos, son netamente distintos: el de la solvencia nacional y el de la insuficiente demanda agregada. Los mandamases políticos quieren que el BCE lidie con los dos, pero el hecho es que el BCE sólo está encargado de lidiar con el problema de la insolvencia. Cuando haces esto de una manera creíble, entonces consigues reabrir los mercados de capitales y ofreces a los países mejores oportunidades de volver a financiarse por sí mismos a través de los mercados de capitales. Eso quiere decir que no necesitas muchos billones de euros, porque tienes un respaldo final firme: un banco central que puede literalmente crear billones de euros en una pantalla de ordenador, enfrentándose así a las inquietudes de los mercados respecto de la solvencia nacional. Entonces, se relaja la presión sobre los bonos de los distintos Estados nacionales y desaparece la necesidad de recapitalización bancaria masiva.
La recapitalización bancaria trae su origen en el hecho de que la Eurozona mantiene la exigencia de “quitas voluntarias” en la deuda griega. Pero dejar que Grecia quiebre no pondrá fin a la crisis europea, y no conseguirá que Alemania y otras naciones centrales se vayan de rositas a lo suyo. Lo que ahora está, pues, en cuestión es si un rescate de Grecia es bueno para Alemania y para Francia, pero no tan bueno para Grecia. Porque si se le permitiera a Grecia quebrar, su deuda desaparecería. Las autoridades están substancialmente de acuerdo en rebajar su deuda y reducir sus pagos.
¿En qué ayuda eso a países centrales, como Alemania y Francia? En realidad, meter a Francia y Alemania en el negocio de la garantía de la deuda soberana a través del FEEF (que es precisamente lo que ocurre, si el BCE no desempeña ningún papel) lo que consigue es la contaminación de los propios “balances generales” alemanes y franceses, disparando la disposición de los merados a poner a prueba la solvencia de esos países, y por lo mismo, extendiendo los efectos de contagio harto más allá de los PIIGS. Tendremos una situación parecida a la que se dio con Irlanda, en donde un país que disponía de unas finanzas públicas fundamentalmente sólidas fue arrastrado al abismo merced a las mal concebidas garantías que ofreció a su insolvente sistema bancario privado. La periferia de la Unión Monetaria Europea (UME) es al núcleo de la UME lo que en su día fue la banca irlandesa a Irlanda. Al meterse en el negocio de las garantías, Irlanda se precipitó en un callejón político sin salida del que aún está tratando de salir, salpicada por un riesgo correlacionado que la forzó a tener que buscar un rescate.
Si el BCE sigue financiando a Grecia comprando sus bonos y no permite que quiebre, Grecia tendrá que seguir efectuando esos pagos. Pero el BCE está poseído por la extravagante idea de que seguir de uno u otro modo con sus operaciones de compra de bonos permitiría a Grecia (y a otros “desviados fiscales”) eludir sus “responsabilidades fiscales” (es decir, sustraerse a la austeridad fiscal). La realidad –por distorsionada que esté— es que las actuales operaciones de compra de bonos dan al BCE el apalancamiento necesario para forzar a Grecia y a otros países a perseverar en sus “reformas”. La compra de bonos por parte del BCE altera toda la dinámica: de ser un favor a los griegos, troca en una medida disciplinante de Grecia que, al tiempo que le impide a ella declararse en quiebra, permite al BCE recaudar de los griegos un importante flujo de ingresos. En el momento en que Grecia quiebre, se pierde ese apalancamiento. Y entonces, ¿qué impediría que los otros “hijos descarriados” exigieran una solución en los mismos términos?
Lo asombroso, cuando uno escucha los comentarios de tertulianos y columnistas, es la cantidad de gente que define esto como una crisis bancaria. Más estupefaciente es aún el deseo de castigar a unos bancos a los que se dijo desde el momento mismo de la concepción del euro que un bono nacional era tan bueno como cualquier otro. El sistema no habría funcionado (mejor dicho, sus clamorosos fallos se habrían puesto de manifiesto mucho antes), si los bancos nacionales hubieran partido de la base de que, digamos, los bonos italianos no son tan buenos como los alemanes. Así que lo que ahora se hace es reescribir las reglas, y los bancos “irresponsables” tienen que recibir su castigo.
Desde luego que los bancos han sido irresponsables en múltiples ámbitos, muchos de los cuales han sido ya debidamente explicados y criticados desde estas mismas páginas. Lo estupefaciente es que ahora se les castigará por razones que no hacen al caso. En último término, esta es una crisis de solvencia nacional, no una crisis bancaria: ¿de qué sirve aquí castigar a los bancos y a sus accionistas?
Salvo los alemanes, todo el mundo en Europa parece entender eso perfectamente. Cada vez que se urge a los alemanes a hacer algo poco convencional, la contestación es: “Weimar”. Uno de los indicadores de desarrollo intelectual, nacional, etc., es el aprecio por la historia y la capacidad para analizarla conforme a sus distintos componentes.
¿Es que los alemanes no pueden hacer esa simple operación? Hace dos semanas fui ponente en un foro de la UE atestado de “prototipos Euro”. Hablaban y hablaban de Weimar, como si de ayer se tratara. ¡También cayó el Imperio romano!
Otra alternativa resulta todavía más desagradable, y es la de que pudiera haber algún genio maquiavélico detrás de la posición alemana: tal vez su objetivo es ver al resto de Europa en el fondo del pozo de la deflación económica, momento en el cual ellos se harían de barato con las ruinas, piecita a piecita. Conseguirían así su imperio, 70 años después de lo esperado por Hitler cuando invadió Polonia. Sería una Anschluss [anexión] económica por lo magnífico.
No hay más opciones: o bien las motivaciones de Alemania acumulan neciamente yerro tras yerro, o bien son harto más siniestras de lo que ahora mismo parece.
Pero entremos, primero, en el asunto central: no hay solución posible, hasta que los dirigentes de la UME se enfrenten al problema de la solvencia. Resuelto ese problema, todo lo demás encaja. No significaría restaurar el crecimiento económico, pero sí salir de la camisa de fuerza fiscal, porque una vez persuadidos los mercados de la solvencia en lo fundamental de los distintos países miembros, volverían a prestar a tasas de interés razonables, lo que a su vez podría ayudar a lidiar con el problema actual de la insuficiente demanda agregada. Y significaría que no hay que empezar preocupándose por las quitas masivas de deuda, porque los bonos se comercian con tensiones inadecuadas precisamente a causa de que los mercados no creen que esos países puedan resolver fiablemente el problema de su solvencia nacional.
La propuesta de reparto de ingresos que hemos venido proponiendo algunos desde hace cierto tiempo es la manera operacionalmente más eficiente de implicar al BCE con un mínimo de cambios normativos. Además, no es inflacionaria, pues se limita a substituir los bonos nacionales por reservas en el sistema bancario, y construir así las reservas bancarias no es inflacionario.
Hay planteadas cuestiones sobre la solvencia última del BCE y sobre las restricciones normativas que regulan su mandato. Empecemos por la cuestión de la solvencia: ¿alguien se ha tomado la molestia de preguntarse qué significa el concepto de ‘solvencia’ para un banco central que crea su propia moneda? Bill Mitchell ha tratado esto muchas veces, pero si uno se toma los 30 segundos que se precisan para ponderar la cuestión, la cosa no ofrece duda: el concepto de ‘solvencia’ es de todo punto irrelevante para un banco central con una moneda soberana (es decir, no convertible –mediante demanda— en una cantidad fija de otras monedas o de una mercancía).
El BCE y quienes se resisten a su implicación en la salvación de la moneda común siguen pensando y actuando como si se tratara de un banco central que operara bajo un patrón oro. Eso es una locura, una estupidez certificable como tal.
En lo que hace a las restricciones y exigencias jurídico-normativas:
El BCE no está estatutariamente compelido a unos requisitos de capital mínimo.
Transfiere beneficios a los gobiernos nacionales, pero en época de pérdidas sólo puede solicitar una inyección de capital, si su capital está agotado.
El Consejo Europeo –que representa a los gobiernos electos— no está obligado a acceder a esa solicitud.
De aquí que el BCE está en un estado de situación patrimonial perfecto respecto del riesgo de depósito, pues sus pérdidas no precisan de transferencia fiscal en la medida en que puede reconstruir sus beneficios vía señoreaje a lo largo de un cierto número de años. En este sentido, su papel es análogo al del Banco Nacional de Suiza cuando efectivamente cubrió los riesgos de depósito dimanantes de los malos títulos de los bancos suizos durante la fase más aguda de la crisis en 2008.
Huelga decir que el BCE odiaría tener que hacer eso, con lo que se corre el peligro de que sus pérdidas limiten su disposición a mantener su programa de compra de bonos. Pero es lo único que se puede hacer. La compra de bonos es precisamente lo que le apalanca y, paradójicamente, preserva la calidad de su balance general, pues son esas compras las que aseguran que los bonos en apuros de países como Grecia no pierdan valor: el BCE les evita la quiebra. Como hemos dicho muchas veces, el BCE usa efectivamente los ingresos de los griegos (y de otros) para reconstruir su capital base. Desde el instante mismo en que el FEEF entra en acción –con la noción de las quitas de deuda—, el BCE pierde su apalancamiento y el contagio del riesgo crediticio se desplaza hacia los países centrales de la UE, lo que amenazará las calificaciones triple A de esos Estados.
Eso significa también que todo el asunto de la recapitalización bancaria no es sino un confusionario extravío. En realidad, los bancos no necesitan recapitalización. De lo que el grueso de los depositantes se preocupa es de poder sacar el dinero depositado en su banco; que éste sea o no solvente, no es lo que más les preocupa. Sin disputa, todos los bancos estadounidenses eran insolventes en 1982, pero las garantías del Fondo Federal de Garantía de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) trabajó para la estabilización del sistema.
El capital bancario está siempre disponible a un determinado precio. El “proceso de mercado” puede ampliar el margen neto de intereses, hasta el punto en que los ingresos atraen capital. Salvo que se parta del supuesto de que la de ser digno de crédito no es la cuestión.
El problema de la actual política es que está llevando tanto al sector público como al sector privado a convertirse en “fenómenos crediticios”, lo que hará extremadamente difícil que los prestatarios encuentren prestamistas.
En la actual situación, lo que tenemos es una crisis de solvencia que está penetrando en el sistema bancario porque una gran proporción de los activos bancarios está constituida por bonos públicos denominados en euros. Allanarse a quitas “voluntarias” y a recapitalizaciones forzosas, lo que traerá consigo es, simplemente, una espiral de masiva deflación por sobreendeudamiento. Veremos a los bancos malvendiendo activos a diestro y siniestro (los gestores bancarios no emitirán acciones a precios tan miserablemente bajos). Lo que, a su vez, deprimirá ulteriormente la actividad económica, incrementará esos déficits públicos que la elite de los mandamases políticos de la Eurozona está empeñada en exorcizar y nos devolverá a la casilla de partida. Ya los cañones apuntan a Italia, ahora que Grecia está a pique de ser “solventada”.
Para decirlo con las palabras del mayor poeta italiano de todos los tiempos: “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate“. [1]
* “El euro y la necia incompetencia de la elite política europea: un espanto sin final que se acerca inexorablemente a un final espantoso”
**Marshall Auerback, uno de los analistas económicos más respetados de los EEUU, es miembro consejero del Instituto Franklin y Eleanor Roosevelt, en donde colabora con el proyecto de política económica alternativa new deal. 2.0.

Islandia, el camino que no tomamos

Lunes, octubre 31st, 2011

PAUL KRUGMAN – El País – 30/10/2011
Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo.
Al revés que el resto, Islandia dejó arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social
Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.
La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.
Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.
Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el “hada de la confianza”. Bueno, vale, era yo.
Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la “consolidación fiscal”.
Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).
Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.
Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.
Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.
Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.
Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.
¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. “Las cosas podrían haber ido mucho peor” puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.
Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.
Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. 2001. New York Times Service. Traducción de News Clips.