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Islandia, el camino que no tomamos

Lunes, octubre 31st, 2011

PAUL KRUGMAN – El País – 30/10/2011
Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo.
Al revés que el resto, Islandia dejó arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social
Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.
La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.
Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.
Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el “hada de la confianza”. Bueno, vale, era yo.
Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la “consolidación fiscal”.
Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).
Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.
Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.
Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.
Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.
Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.
¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. “Las cosas podrían haber ido mucho peor” puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.
Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.
Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. 2001. New York Times Service. Traducción de News Clips.

CRISIS GLOBAL- CRISIS BANCARIA ¿ A QUIEN HAY QUE SALVAR?

Jueves, octubre 27th, 2011

Por CARLOS PAFUNDO*

A efectos de ilustrar de una manera simplificada una de las cuestiones que está detrás de la crisis bancaria que afecta a las principales instituciones financieras de Europa y EEUU. , es bueno mostrar el comportamiento de esas instituciones en la faz neoliberal, también conocida como etapa de “financiarización del capitalismo”, y el grado de especulación en que incurrieron los bancos a fin de aumentar su tasa de ganancia.

Un banco es una institución cuya primera operación básica consiste en captar dinero de los depositantes, pagando un interés, para proceder luego a prestarlo con un interés más alto, sea otorgando préstamos o invirtiendo en títulos. Los bancos también realizan otras operaciones que le generan ingresos y comisiones como pago o cobro de facturas , organización de operaciones de préstamo, operaciones de comercio exterior, emisión de tarjetas de crédito y otras.

Los depósitos en cuenta corriente y a plazo y los préstamos tomados constituyen el pasivo del banco; los créditos otorgados y los títulos en que el banco invierte el dinero, constituyen su activo, junto a la reserva monetaria o encaje con la que el banco hace frente a los requerimientos diarios de liquidez por parte de los depositantes. A estos dos ítems del balance –activo y pasivo-, se suma un tercero que es la diferencia entre ambos; se trata del capital propio de los accionistas y representa la riqueza neta del banco. Es el valor de los activos que son financiados por los propietarios del banco y no por los depositantes u otras fuentes.

Para ejemplificar se ofrece un caso de un banco hipotético:

En millones de $

Activos
Encajes 5
Créditos otorgados 90
Títulos 75
TOTAL 170

Pasivos
Cuentas a la vista 6
cuentas a plazo 80
Préstamos tomados 70
SUBTOTAL 156
capital propio 14

Este banco tiene activos por 170 millones, pasivos por 156 millones y capital propio por 14 millones.

Veamos ahora las ganancias del banco.
En primer lugar como dijimos su principal fuente de ingresos es el spread o diferencia entre la tasa de interés que cobra por los préstamos que otorga y la tasa de interés que paga a los depositantes. La segunda fuente importante se deriva de las comisiones y otros ingresos que recibe por las operaciones en las que actúa como intermediario financiero para sus clientes. Con sus ingresos el banco paga a sus empleados, afronta los gastos del negocio y paga los impuestos al fisco. El neto o diferencia entre ingresos y gastos constituye su ganancia.

A su vez, la rentabilidad del banco se mide por la relación entre el beneficio y el capital propio, es lo que se conoce como ROE (retorno sobre el equity). Siguiendo el ejemplo se puede ver que cuando un banco más se “apalanque”, esto es cuando los activos se financian en mayor proporción con capital ajeno –pasivo- que con capital propio, mayor será el ROE. Por eso los bancos acostumbran tener un alto ROE, aunque una baja rentabilidad en relación al conjunto de activos que posee, ROA, que es la relación ganancias/activos.

Pues bien, eso es lo que hicieron los mayores bancos en su afán por aumentar sus ganancias y obtener beneficios excepcionales para sus directivos, precisamente apalancarse a niveles extremadamente altos de entre 25 a 30 veces su capital propio. Esto implica que de $100 de activos 96/97 son fondeados con deuda y 4/3 con capital propio. Claro que esto les permitió obtener ganancias extraordinarias en el período de auge , y así surge de los balances de los más grandes bancos quienes de 1995 a 2005 obtuvieron retornos sobre acciones del orden del 14 al 20%.

Ahora bien, como contrapartida semejante estructura patrimonial, implica que una perdida o desvalorización en sus activos por incobrabilidad o baja de cotización de un 3 a 4 % eliminaba todo el capital propio; y esto es precisamente lo que ocurrió a partir del año 2007 con la crisis de las hipotecas sub-prime en EEUU y en la actualidad con la deuda soberana de los países europeos encabezados por Grecia, Portugal e Irlanda, cuyos bonos se encuentran en poder de los bancos alemanes y franceses , entre otros.

Ante la imposibilidad de pago de los deudores, sean éstos privados o públicos, los bancos han perdido todo su capital , lo cual implica que sus accionistas han visto desaparecer su participación en la entidad.

Llegado a este punto, lo que se intenta desde los organismos internacionales , sea el FMI, BM o BCE es precisamente recapitalizar a los bancos mediante el aporte de fondos públicos , esto es dinero de todos, cuando en realidad la solución más justa sería usar ese dinero para salvar a los deudores y no exigir ajustes salvajes que, como ya quedó demostrado con la experiencia de nuestro país, lo único que provocan es un agravamiento de la situación con las inevitables consecuencias sociales de aumento de la pobreza y la desigualdad.

*Miembro de La Comisión de Economía de Carta Abierta

Traducción de la transcripción del discurso de Slavoj Zizek en Wall Street, octubre de 2011

Miércoles, octubre 12th, 2011

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Somos todos perdedores, pero los verda deros perdedores están aquí abajo en Wall Street. Fueron abandonados por miles de millones de nuestro dinero. Nos llaman socialistas, pero aquí siempre hay socialismo para los ricos. Dicen que no respetamos la propiedad privada, pero en el crash financiero del 2008 se destruyó más propiedad privada por la que se trabajó duramente que si todos nosotros aquí nos dedicáramos a destruirla día y noche durante semanas. Os dicen que sois soñadores. Los verdaderos soñadores son los que piensan que las cosas pueden seguir como están de forma indefinida. No somos soñadores. Estamos despertando de un sueño que se está convirtiendo en una pesadilla.

No estamos destruyendo nada. Sólo estamos siendo testigos de cómo el sistema se está destruyendo a sí mismo. Todos conocemos la clásica escena de los dibujos animados. El gato llega a un precipicio pero sigue caminando, ignorando el hecho de que no tiene nada bajo sus pies. Sólo cuando mira hacia abajo y se da cuenta, cae. Eso es lo que estamos haciendo aquí. Les estamos diciendo a los de Wall Street, “¡Hey, mirad para abajo!”.

A mediados de Abril de 2011, el gobierno chino prohibió en TV, películas y novelas, todas las historias que contuvieran realidades alternativas o viajes en el tiempo. Esta es una buena señal para China. Esa gente todavía sueña con alternativas, con lo que tienes que prohibir que sueñen. Aquí no necesitamos una prohibición, porque el sistema dominante ha oprimido incluso nuestra capacidad para soñar. Mirad las películas que vemos todo el tiempo. Es sencillo imaginar el fin del mundo. Un asteroide destruyendo toda la vida, etcétera. Pero no puedes imaginar el fin del capitalismo.

Así pues, ¿qué estamos haciendo aquí? Dejadme que os cuenta una vieja broma maravillosa de la era Comunista. Un tipo es enviado desde la Alemania del Este para trabajar en Siberia. Sabía que los censores leerían su correo, así que le dijo a sus amigos: “Establezcamos un código. Si recibís una carta mía escrita con tinta azul, lo que digo es verdad. Si está escrita con tinta roja, es mentira.” Un mes después, sus amigos obtienen la primera carta. Todo está en azul. La carta dice: “Todo es maravilloso aquí. Las tiendas están llenas de buena comida. Los cines ponen buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. Lo único que no puedes comprar es tinta roja”. Así es como vivimos. Tenemos todas las libertades que queremos. Pero lo que nos falta es la tinta roja: el lenguaje para articular nuestra no-libertad. El modo en que se nos enseña a hablar sobre la libertad -guerra contra el terrorismo, etcétera- falsifica la libertad. Y esto es lo que estáis haciendo aquí. Nos estáis dando a todos tinta roja.

Hay un peligro aquí. No os enamoréis de vosotros mismos. Lo estamos pasando bien aquí. Pero recordad, los carnavales son cosa de mala calidad. Lo que importa es el día después, cuando tengamos que volver a nuestras vidas norma les. ¿Habrá algún cambio entonces? No quiero que recordéis esos días como, ya sabéis, “Oh, éramos jóvenes y fue bonito”. Recordad que nuestro mensaje esencial es “Se nos permite pensar sobre alternativas”. Si esto está roto, no vivimos en el mejor mundo posible. Pero hay un largo camino por delante. Hay preguntas realmente difíciles que confrontar. Sabemos lo que no queremos. Pero, ¿qué queremos? ¿Qué tipo de organización social puede sustituir al capitalismo? ¿Qué tipo de nuevos líderes queremos?

Recordad. El problema no es la corrupción o la avaricia. El problema es el sistema. Te fuerza a ser corrupto. Cuidaos no sólo de los enemigos, sino también de los falsos amigos que ya están trabajando para diluir este proceso. Del mismo modo en que te dan café sin cafeína, cerveza sin alcohol, helados sin grasas, intentarán convertir esto en una protesta ética e inofensiva. Un proceso descafeinado. Pero la razón de que estemos aquí es que ya hemos tenido suficiente de es te mundo en el que reciclar latas de Coca-cola, dar un par de dólares a la caridad o comprar un cappucino de Starbucks del que un 1% va a niños que mueren de hambre en el tercer mundo es suficiente para hacernos sentir bien. Tras subcontratar el trabajo y la tortura, después de que las agencias matrimoniales subcontraten nuestra vida amorosa, podemos ver que durante mucho tiempo hemos permitido que nuestra participación política sea también subcontratada. La queremos de vuelta.

No somos Comunistas si el Comunismo significa un sistema que colapsó en 1990. Recordad que hoy en día esos Comunistas son los Capitalistas más eficientes y despiadados. En la China de hoy, tenemos un Capitalismo que es incluso más dinámico que vuestro Capitalismo Americano, pero que no necesita democracia. Lo que significa que cuando critiques el Capitalismo, no te dejes chantajear con que estés contra la democracia. El matrimonio entre democracia y Capitalismo se ha terminado. El cambio es posible.

¿Qué percibimos hoy como posible? Tan sólo tenéis que seguir lo que dicen los medios. Por un lado, en lo que respecta a tecnología y sexualidad, todo parece posible. Puedes viajar a la luna, puedes hacerte inmortal mediante la biogenética, puedes tener sexo con animales o lo que sea, pero mirad al campo de la sociedad y la economía. Ahí, casi todo se considera imposible. Quieres subir un poquito los impuestos para los ricos. Te dicen que es imposible. Perdemos competitividad. Quieres más dinero para la sanidad, te dicen, “Imposible, esto significa un estado totalitario”. Hay algo errado en un mundo en el que te están prometiendo la inmortalidad pero no se puede gastar un poquito más en sanidad. Quizá debemos dejar claras nuestras prioridades aquí. No queremos un estándar de vida más alto. Queremos un estándar de vida mejor. El único sentido en el que somos Comunistas es que nos preocupan los bienes comunes. Los bienes comunes de la naturaleza. Los bienes comunes de lo privatizado mediante la propiedad intelectual. Los bienes comunes de la biogenética. Por esto, y sólo por esto, deberíamos luchar.

El comunismo falló absolutamente, pero los problemas de los bienes comunes están aquí. Están diciéndoos que no somos americanos aquí. Pero se les debería recordar una cosa a los fundamentalistas conservadores que afirman que son realmente americanos: ¿Qué es la Cristiandad? Es el espíritu santo. ¿Qué es el espíritu santo? Es una comunidad igualitaria de creyentes unidos por el amor de unos a otros, y que sólo tienen su propia libertad y responsabilidad para construir esa comunidad. En este sentido, el espíritu santo está aquí ahora. Y allá en Wall Street, hay paganos que están adorando a ídolos blasfemos. Así que todo lo que necesitamos es paciencia. Lo único que me asusta es si algún día simplemente volvemos a casa y luego quedamos una vez al año, bebiendo cerveza, y recordando nostálgicamente “Qué buen momento pasamos entonces”. Prometéos a vosotros mismos que esto no sucederá. Sabemos que la gente a menudo desea algo pero no lo quiere realmente. No tengáis miedo de querer realmente lo que deseáis.

Muchas gracias.
Slavoj Zizek

Aniversario. El día en que la clase media murió…

Sábado, agosto 13th, 2011

Por Michael Moore.

Estados Unidos.

En formato “carta” Michael Moore describe la declinación de la clase media de Estados Unidos. Transparente y ácido, Michael Moore rescata y reescribe la historia en un texto polémico al mismo tiempo que esclarecedor. Por cierto, como otros análisis sobre Estados Unidos, no podía faltar el rol de algunos sectores cristianos.

Amigos:

De tanto en tanto, alguno de los que aun no han cumplido 30 años me pregunta: “¿Cuándo comenzó todo esto, cuando los EE.UU. comenzaron a declinar?

Me dicen, he oído decir que hubo un tiempo en que la gente trabajadora podía mantener una familia, mandar los chicos al colegio, con solo el ingreso de uno de los padres (y que los colegios en estados como California y Nueva York eran casi gratuitos). En que todo aquel que quería tener un trabajo decentemente pagado, lo conseguía. En que la gente trabajaba solo cinco días por semana, ocho horas por día, que disponía libre e íntegramente su fin de semana y que tenía vacaciones pagas todos los veranos. Que en todos los trabajos había sindicatos, desde los repositores de los mercados hasta el muchacho que pintaba tu casa y no importaba cuan modesto fuere tu trabajo tenías asegurada una jubilación, ascensos ocasionales, seguro de salud y alguien que te defendiera si eras maltratado.

La gente joven ha oído hablar de ese mítico tiempo – pero no era un mito, era realidad. Y cuando me preguntan “¿Cuando terminó aquello?” Les contesto: “Terminó el 5 de agosto de 1981”

En esa fecha hace treinta años, los Grandes Empresarios y la Derecha decidieron “lograrlo”. Es decir. ver entonces si podían destruir la clase media para poder ser más ricos.

Y lo lograron!

El 5 de agosto de 1981, el presidente Ronald Reagan despidió a todos los afiliados del sindicato de Controladores del tráfico aéreo (PATCO) que desafiaron su orden de volver al trabajo y declaró ilegal su sindicato. Habían hecho una huelga de dos días.

Había sido un movimiento valiente y temerario. Nadie lo había intentado antes. Lo que lo volvió más valiente fue que PATCO había sido uno de los solamente tres sindicatos que habían apoyado a Reagan para presidente! De modo que produjo un shock que se transmitió como una oleada entre los trabajadores del país. Si él podía hacerle esto a los trabajadores que lo apoyaban,¿ qué es lo que podría hacernos a nosotros?

Reagan había sido respaldado por Wall Street en su carrera hacia la Casa Blanca y ellos junto a la derecha cristiana querían reestructurar los EE.UU. y dar marcha atrás a la corriente que había iniciado el presidente Franklin D. Roosevelt, una corriente que intentaba mejorar la vida de la clase media.

Los ricos odiaban pagar más impuestos y brindar beneficios. Odiaban cada vez más pagar impuestos. Despreciaban a los sindicatos.

La derecha cristiana odiaba todo lo que sonara a socialismo o a darle una mano a las minorías o a las mujeres.

Reagan prometió terminar con todo eso. De modo que cuando los controladores aéreos declararon la huelga, encontró el momento oportuno. Despidiendo a cada uno de ellos y declarando a su sindicato fuera de la ley, envió un mensaje claro y contundente. Los tiempos en que la clase media tenía un pasar confortable se habían terminado. Desde ese momento los EE.UU. seguirían este camino:

*Los super ricos, lo serían más, mucho, mucho más y el resto se disputaría las migajas que ellos dejaran caer.

*¡Todo el mundo deberá trabajar! Mamá, papá, los adolescentes en su casa. Papá tendrá un segundo trabajo! A los chicos se les entregará la llave de la casa! Los padres llegaran a casa a tiempo para acostarlos!

*Cincuenta millones no tendrán seguro de salud! Y las compañías de seguros de salud decidirán a quién quieren atender – o no.

*Los sindicatos son el demonio! Usted no deberá afiliarse a un sindicato! Usted no necesita abogados! Cállese la boca y vuelva al trabajo! No usted no puede retirarse. Sus chicos pueden cocinar su propia comida.

*¿Usted quiere ir al colegio secundario? No hay problema – solo firme aquí y se endeudará con el banco durante los próximos veinte años!

*¿Qué? ¿Un aumento? ¡Vuelva a su trabajo y cállese la boca!

Y así fue. Pero Reagan no podría haber impulsado solo esto en 1981. Tuvo una buena ayuda.

La AFL-CIO.

La organización sindical más importante de los EE.UU. llamó a sus miembros a romper con los controladores de tránsito aéreo y volver al trabajo. Y fue lo que hicieron los sindicalistas. La Unión de pilotos, los despachantes de vuelos, los conductores de transporte aeroportuario, los maleteros – todos rompieron la huelga. Y todos los sindicalistas de todos los sectores rompieron la huelga y volvieron a volar. Fue la Navidad en agosto para la Corporación Usamericana.

Y ese fue el principio del fin.

Reagan y los republicanos se dieron cuenta de que podían seguir adelante con todo – y lo hicieron. Les redujeron los impuestos a los ricos. Le hicieron a usted más difícil organizar un sindicato en su lugar de trabajo. Eliminaron las reglamentaciones de seguridad laboral, ignoraron las leyes antimonopolios y permitieron que cientos de empresas se fusionaran o fueran compradas y cerradas.

Se congelaron los salarios y amenazaron con trasladarse a países de ultramar si los trabajadores no aceptaban salarios más bajos y menos beneficios. Y cuando los trabajadores aceptaron trabajar con menores remuneraciones, ellos de todas maneras, trasladaron sus empleos a ultramar.

Y los usamericanos siguieron paso a paso este camino. Hubo alguna pequeña oposición o contraataque. Pero las “masas” no lograron levantarse para proteger sus empleos, sus casas, sus escuelas (que solían ser las mejores del mundo). Solo aceptaron su destino y aguantaron los golpes.

Me he preguntado a menudo que hubiera pasado si hubiéramos dejado de volar, en aquel momento, en 1981. Si todos los sindicatos le hubieran dicho a Reagan “Devuélvales sus trabajos a los controladores o tiraremos el país abajo!” Usted sabe lo que hubiera pasado. La élite corporativa y Reagan, su delfín, hubieran dado marcha atrás.

Pero no lo hicimos, Y así poco a poco, golpe a golpe, en los siguientes 30 años, los dueños del poder han destruido la clase media de nuestro país y de paso han arruinado el futuro de la juventud. Los salarios han permanecido estancados en los últimos treinta años. Fíjense en las estadísticas y podrán ver que cada una de las declinaciones que estamos sufriendo tienen su origen en 1981 (hay una pequeña escena que lo ilustra en mi último filme).

Todo comenzó un día como hoy hace treinta años. Uno de los días más negros de la historia usamericana. Y dejamos que nos sucediera.

Tenían el dinero, los medios y la policía. Pero nosotros éramos 200 millones. Pregúntese que hubiera pasado si 200 millones hubieran tomado conciencia y amado a su país, su vida, su trabajo, sus fines de semana, su tiempo junto a sus hijos.

¿Nos hemos sublevado? ¿Qué estamos esperando? Olvídense del 20% que apoya al Tea Party- nosotros somos el otro 80%.

Esta declinación solo se terminará si nosotros lo pedimos. Pero no solo a través de un pedido on line o un tweet. Vamos a apagar el televisor y la computadora y los videogames y a salir a las calles (como lo hicieron en Wisconsin). Algunos de ustedes deberán manifestar ante la administración local el año que viene.

Necesitamos que también los demócratas dejen de recibir dinero de las corporaciones o se aparten.

¿Cuándo es suficiente, suficiente? El sueño de la clase media no reaparecerá mágicamente. Los planes de Wall Street son claros. Usamérica será una nación con Quienes tienen mucho y Quienes no tienen nada ¿Le parece bien?

¿Porqué no detenernos a pensar sobre los pasitos que podemos ir dando para cambiar esto a nuestro alrededor, en el barrio, en el lugar de trabajo, en la escuela? ¿Hay algún día mejor que el de hoy para comenzar? Suyo. Michael Moore. +(PE)

Traducción Susana Merino.

Krugman y quién llora por quién

Jueves, agosto 11th, 2011

Por Mario Pappoport*

Economía y aparato productivo
Capital Federal (Agencia Paco Urondo, publicado en BAE)
Con la crisis mundial, los escenarios artificiales creados por la especulación y la codicia se derrumban y el mundo, si alguna vez lloraba por la Argentina al estilo Hollywood, en una canción que se hizo muy popular en su época -quizás por eso de que no nos tocaba más que a nosotros, los demás escuchaban el llanto desde las tribunas- ahora tiene a muchos países para cantarla, pero cambiando el nombre y llorando por ellos mismos. El problema es que la salida que se busca a la crisis mundial actual vuelve a ser equivocada, como lo fue la que nos llevó a la nuestra y habría que preguntarse por qué.
¿Cuál es la razón que tienen aquellos que no quieren abandonar las viejas recetas ya vencidas? La solución que ofrece el Congreso norteamericano es, en palabras de Paul Krugman “un desastre, y no sólo para el presidente Obama y su partido. Esto dañará la ya deprimida economía norteamericana…”A largo plazo hará que el problema del déficit empeore, llevará a Estados Unidos al estatus de una “república bananera”.

En un valioso artículo de enero de 2002, titulado “Llorar por la Argentina” el mismo Krugman decía casi de manera premonitoria: “Pese a que las imágenes de las revueltas en Argentina han pasado por las pantallas de nuestros televisores, en Estados Unidos a casi nadie le importan … La política económica argentina llevaba el sello ”made in Washington” impreso en todas partes. El fracaso catastrófico de esa política es, en primer lugar, un desastre para los argentinos, pero también para la política exterior de Estados Unidos …Argentina, más que cualquier otro país en vías de desarrollo, se adhirió a las promesas del ‘neoliberalismo’ que promocionó Estados Unidos”. La respuesta que daba Krugman entonces estaba clara: “La mejor solución para que la Argentina de un giro en redondo sería la de una devaluación ordenada…el nuevo gobierno de Argentina –cuando exista– hará retroceder el reloj. Impondrá cuotas de importación, con lo que dará la espalda a los mercados mundiales: no se sorprenda si también vuelve a la antigua retórica antinorteamericana”. “Permítame –continuaba- hacer una predicción: esa política retrógrada funcionará, en el sentido de que generará un mejoría transitoria de la situación económica, al igual que lo hicieron estrategias similares en la década de 1930”. “A largo plazo como decía Keynes –concluía– estamos todos muertos”. Pero ocho años de crecimiento -ahora lo reconoce- y en medio de una crisis mundial, ya no significa sólo resolver una emergencia.
De todos modos, esta no era sólo una predicción que venía del norte. El 23 de diciembre de 2001, en una entrevista para un diario de Río Negro, el que esto escribe decía: “a fin de lograr la tranquilidad de los ahorristas es conveniente que la economía marche a una pesificación y luego a una flotación cambiaria. Obviamente hay que salir de la convertibilidad…Si se desdolariza la economía se vuelve a recobrar una política monetaria” Y agregaba “En este momento la gente necesita trabajo, tener poder adquisitivo, esto es lo principal…” Tiene que haber “… una política cambiaria que privilegie al sector comercial, que detenga cualquier tipo de fuga de capitales.” “La salida de la convertibilidad no es la única solución, también es preciso –continuaba– “…una reactivación productiva en donde los diversos sectores tengan que participar plenamente, comenzar a reindustrializar el país y volver a pensar en el mercado interno. Acá se vivió la fantasía de que la Argentina podía ser un país exportador para aprovechar un mercado de 6.000 millones de consumidores y mató de hambre a 14 millones.” Los resultados de haber realizado la política que nos sacó de la crisis están a la vista. La casa se derrumbó y se empezó a construir otra.
Es claro que siempre tenemos nuestros enemigos internos. Uno de ellos sublevó al mismo Krugman, cuando afirmó que la Argentina no era un país serio. Esto llevó al economista estadounidense a escribir un artículo en el New York Times, donde después de demostrar con un gráfico contundente el notable crecimiento argentino luego del default, decía en forma irónica que cuando éramos serios, de acuerdo al criterio de los organismos internacionales, nos fue muy mal, ahora que habíamos dejado de serlo otros deberían tomar nuestro ejemplo, como en el caso de Grecia, pero también el de los propios Estados Unidos.
Ya desde los comienzos de la actual crisis mundial Krugman pensaba en una solución para el conjunto de la economía mundial, sin ser demasiado oído. En un libro reciente, reafirmado luego en una carta pública al presidente Obama, el renombrado economista sostenía: “El mundo requiere cambios importantes en sus políticas públicas […} Su objetivo debería ser completar el trabajo del New Deal”. Pero más que completar, lo que quiere expresar Krugman es la necesidad de “retomar” los puntos de partida de aquella experiencia, borrada luego por posteriores gobiernos estadounidenses.
No por casualidad, una revista económica europea hace una “extraña” comparación económica de la situación de Estados Unidos, cuando su deuda federal autorizada por el Congreso estaba por superar el 100% de su PIB, con la de la Argentina del 2001-2002. Pero el país del norte parece no haber aprendido nada de su propio pasado. Para no caer en default, la solución tomada es, como se suponía, un mayor endeudamiento y la reducción del gasto público sin tocar los intereses de los más pudientes. Al igual que lo que sucede en Europa.
Esto nos hace recordar las políticas de Hoover en 1929, que condujeron a una profunda depresión de la economía del norte. Sólo cabe preguntarse si se trata de políticas suicidas, si un mal de alzheimer afecta a la sociedad norteamericana o si, al menos, para algunos, esas medidas tienen algún sentido. En este caso el exterminio económico no es general sino selectivo. Los sectores de más altos ingresos quedan a salvo porque no se toca el sistema tributario, es decir que no aportan más a la comunidad para ayudar a solventar la crisis. Sí se afecta en lo inmediato a los sectores de más bajos recursos; a los que se les reduce la ayuda social, se les niega el seguro médico, se les bajan salarios y jubilaciones o se los separa del sistema productivo condenándolo, por lo general, por el resto de sus vidas, a la desocupación.
Mientras tanto, la Argentina y los países sudamericanos que han sabido sobrellevar la crisis aplicando políticas contracíclicas –las que alaba Krugman-, ahora reunidos en la Unasur, hablan de blindar las economías de la región para evitar lo que ocurrió en los años 70 o 90, cuando los poderosos de entonces volcaron sus excedentes poco rentables en la periferia provocando pocos años más tarde la formidable crisis de la deuda externa. Pero los países del sur del continente, vacunados de la experiencia de esos capitales que van y vienen como tsunamis dejando tierras arrasadas, han decidido tomar medidas comunes en las políticas económicas y productivas, para lo cual se convocó a una reunión urgente de los ministros de economía de la región. No es cuestión de transformar otra vez las lágrimas ajenas en propias.
*El autor es historiador.

Entrevista a Manfred Max-Neef, economista chileno. Realizada por Amy Goodman

Martes, julio 12th, 2011

Necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. Un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas.

Hace unas semanas, Amy Goodman entrevistó en Bonn, Alemania al reconocido economista chileno Manfred Max-Neef. Presentamos en este espacio la entrevista cuyo original en inglés se encuentra en la página de Democracy Now a quien agradecemos el permiso de traducir esta conversación. Manfred Max-Neef ganó en 1983 el Right Livelihood Award, dos años después de haber publicado su libro Economía Descalza, Señales desde el Mundo Invisible. El economista comienza por explicarnos el concepto de economía descalza.

Manfred Max-Neef: Bueno, es una metáfora, pero es una metáfora que se originó en una experiencia concreta. Yo trabajé alrededor de diez años de mi vida en áreas de pobreza extrema en las sierras, en la jungla, en áreas urbanas en distintas partes de Latinoamérica. Al comienzo de este periodo estaba un día en una aldea indígena en la sierra de Perú, era un día horrible, había estado lloviendo todo el tiempo. Era una zona muy pobre y frente a mí estaba otro hombre parado en el lodo (no en el barrio pobre sino en el lodo). Y bueno, nos miramos. Era de corta estatura, delgado, con hambre, desempleado, cinco hijos, una esposa y una abuela. Yo era el refinado economista de Berkeley, que enseñaba en Berkeley, etc. Nos mirábamos cara a cara y de pronto me di cuenta de que no tenía nada coherente que decirle en esas circunstancias a este hombre, que todo mi lenguaje de economista era inútil. ¿Debería decirle que se pusiera feliz porque el producto interno bruto había subido un 5% o algo así por el estilo? Todo esto era completamente absurdo. Entonces descubrí que no tenía un lenguaje para ese ambiente y que teníamos que inventar un idioma nuevo. Ese es el origen de la metáfora economía descalza que, en concreto, simboliza la economía que un economista debe usar cuando se atreve a meterse en los barrios bajos. El punto es que los economistas estudian y analizan la pobreza desde sus oficinas lujosas, poseen todas las estadísticas, desarrollan todos los modelos y están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sobre la pobreza. Pero ellos no entienden lo que es la pobreza, ese es el gran problema y es también el motivo por el cual la pobreza aún existe. Esto cambió completamente mi vida como economista: inventé un lenguaje coherente para esas condiciones de vida.

Amy Goodman: ¿Y cuál es ese idioma? ¿Cómo aplicas un sistema económico o haces que las circunstancias expliquen esos cambios?

Manfred Max-Neef: No, la cuestión es mucho más profunda. Es decir, no es como la típica receta que te da alguien de tu país, en donde te dicen “le garantizamos quince lecciones o la devolución de su dinero.” Ese no es el punto, te lo pongo de esta manera: hemos alcanzado un nivel en nuestra evolución en el que sabemos muchas cosas, sabemos muchísimo pero entendemos muy poco. Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta acumulación de conocimiento como en los últimos cien años y mira cómo estamos. ¿Para qué nos ha servido el conocimiento? La esencia está en que el conocimiento por sí mismo no es suficiente, carecemos de entendimiento. La diferencia entre conocimiento y entendimiento te la puedo explicar con un ejemplo: vamos a pensar que tú has estudiado todo lo que puedes estudiar desde una perspectiva teológica, sociológica, antropológica, biológica, inclusive bioquímica y sobre un fenómeno humano llamado amor. El resultado es que tú sabrás todo sobre el amor, pero tarde o temprano te vas a dar cuenta de que nunca entenderás el amor a menos de que te enamores. ¿Qué significa esto? Que sólo puedes llegar a aspirar a entender aquello de lo que llegas a formar parte. Como dice la canción: si nos enamoramos, somos mucho más que dos. Cuando perteneces, entiendes. Cuando estás separado, sólo acumulas conocimiento y esa ha sido la función de la ciencia. Ahora bien, la ciencia se divide en partes pero el entendimiento es completo, holístico, y eso es lo que sucede con la pobreza. Yo entendí la pobreza porque estuve allí; viví con ellos, comí con ellos y dormí con ellos. Entonces comienzas a entender que en ese ambiente hay distintos valores, y diferentes principios — comparados con los que existen allí de donde tú provienes y te das cuenta de que puedes aprender cosas fantásticas de la pobreza. Lo que he aprendido de los pobres supera lo que aprendí en la universidad. Pero pocas personas tienen esa oportunidad, ¿te das cuenta? Ellos ven la pobreza desde afuera en lugar de vivirla desde adentro. Aprendes cosas extraordinarias. Lo primero que aprendes y que los que quieren mejorar el sistema de vida de los pobres no saben, es que dentro de la pobreza hay mucha creatividad. No puedes ser un idiota si quieres sobrevivir, cada minuto tienes que estar pensando, ¿Qué sigue? ¿Qué puedo hacer aquí? ¿Qué es esto y lo otro y lo otro? Así que tu creatividad debe ser constante. Además, están los contactos, la cooperación, la ayuda mutua y toda una gama de cosas extraordinarias que ya no se encuentran nuestra sociedad dominante que es individualista, avara, egoísta, etc. Totalmente lo opuesto de lo que tienes allá. Y es sorprendente porque a veces llegas a encontrar gente más feliz entre los pobres que la que encontrarías en tu propio ambiente. Lo que significa que la pobreza no sólo es una cuestión de dinero. Es algo mucho más complejo.

Amy Goodman: ¿Qué crees que debamos cambiar?

Manfred Max-Neef: ¡Oh!, casi todo. Somos dramáticamente idiotas. Actuamos sistemáticamente en contra de las evidencias que tenemos. Sabemos exactamente qué no debemos hacer. No hay nadie que no sepa esto, especialmente los grandes políticos saben exactamente lo que no se debe hacer. Y aún así lo hacen. Después de lo que pasó en octubre del 2008, tú pensarías que van a cambiar porque se han dado cuenta de que el modelo económico no funciona, que incluso tiene un alto nivel de riesgo, dramáticamente riesgoso. Y uno se pregunta:¿Cuál fue el resultado de la última reunión de la Comunidad Europea? Ahora son más fundamentalistas que antes. De tal modo que lo único de lo que se puede estar seguro es que ya viene la próxima crisis y que será el doble de fuerte que la actual. Pero para entonces ya no habrá suficiente dinero. Esas son las consecuencias de la sistemática estupidez humana.

Amy Goodman: Si tú estuvieras al frente de la economía ¿qué harías para evitar otra catástrofe?

Manfred Max-Neef: Primero que nada, necesitamos de nuevo economistas cultos, que sepan historia, de dónde vienen, cómo se originaron las ideas, quién hizo qué y así sucesivamente. Lo segundo, una economía que entienda que es subsistema de un sistema finito más grande: la biosfera, y como consecuencia la imposibilidad de tener un crecimiento económico infinito. En tercer lugar, un sistema que tenga claro que no puede funcionar sin tomar en serio los ecosistemas. Pero los economistas no saben nada de ecosistemas, no saben nada de termodinámica, nada de biodiversidad, son totalmente ignorantes respecto a estos temas. Un economista debe tener claro que si los animales desaparecen, él también desaparecerá porque entonces ya no habrá qué comer. Pero él no sabe que dependemos totalmente de la naturaleza ¿te das cuenta? Sin embargo, para los economistas de hoy en día la naturaleza es un subsistema de la economía, concepto que es totalmente absurdo! Además debemos acercar el consumidor a la producción. Yo vivo bien al sur de Chile, una zona fantástica donde tenemos toda la tecnología para la elaboración de productos lácteos de máxima calidad. Hace unos meses estaba desayunando en un hotel y al tomar un paquetito de mantequilla descubrí que ésta venía de Nueva Zelanda, absurdo ¿no te parece? ¿Y por qué sucede una cosa así? Porque los economistas no saben calcular los costos reales. Traer mantequilla desde un lugar que queda a 20.000 kilómetros a un sitio donde se produce la mejor, con el pretexto de que es más barato es una estupidez monumental porque no tienen en cuenta el impacto que causan esos 20.000 km de transporte sobre la naturaleza. Por si fuera poco, es más barata porque está subsidiada. Es un caso muy claro en el que los precios nunca dicen la verdad. Todo tiene su truco ¿sabes? esas artimañas causan enormes daños. Si acercas el consumo a la producción, comerás mejor, tendrás mejores alimentos y sabrás de dónde vienen. Incluso podrías llegar a conocer a la persona que lo produce. Se humaniza el proceso, pero hoy en día lo que los economistas hacen está totalmente deshumanizado.

Amy Goodman: ¿No crees que la misma tierra nos forzará a actuar de diferente modo? ¿Estaremos llegando al fin?

Manfred Max-Neef: Sí claro. Ya algunos científicos lo están diciendo pero yo aún no he llegado a ese punto. Pero muchos lo creen y piensan que es definitivo, que estamos fritos, que dentro de algunas décadas no habrá más humanos. Yo no creo que hayamos llegado a ese punto, pero sí que estamos cerca y diré que ya cruzamos el primero de los tres ríos. Y observa lo que está pasando en todos lados, es alarmante cómo la cantidad de catástrofes ha ido aumentando y se manifiesta en todas las formas: tormentas, terremotos, erupciones volcánicas. El número de eventos crece dramáticamente, es sobrecogedor y nosotros seguimos en las mismas.

Amy Goodman: ¿Qué has aprendido de las comunidades pobres en las que has vivido y trabajado que te de esperanza?

Manfred Max-Neef: La solidaridad de la gente; el respeto por los otros; la ayuda mutua; nada de avaricia, un valor inexistente dentro de la pobreza y uno estaría inclinado a pensar que allí es donde más está presente, que la avaricia debería ser patrimonio de los que menos tienen. No, todo lo contrario, mientras más tienes más quieres, la crisis actual es producto de la avaricia. La avaricia es el valor dominante del mundo actual. Mientras persista, estamos acabados.

Amy Goodman: ¿Cuáles serían los principios que enseñarías a los jóvenes economistas?

Manfred Max-Neef: Los principios de la economía deben estar fundamentados en cinco postulados y un valor esencial.
• Primero: la economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía.
• Segundo: el desarrollo se refiere a las personas, no a las cosas.
• Tercero: crecimiento no es lo mismo que desarrollo y el desarrollo no necesariamente requiere de crecimiento.
• Cuarto: no puede existir una economía con un ecosistema fallando.
• Quinto: la economía es un subsistema de un sistema mayor y finito: la biosfera. Por lo tanto, el crecimiento permanente es un imposible.
Y el valor fundamental para poder consolidar una nueva economía es que ningún interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima de la reverencia por la vida.

Amy Goodman: Explica lo que acabas de mencionar.

Manfred Max-Neef: Nada puede ser más importante que la vida. Y digo vida, no seres humanos, porque para mí el punto clave es el milagro de la vida en todas sus manifestaciones. Pero si predomina el interés económico, uno no sólo se olvida de la vida y otros seres vivientes, termina también ignorando a los seres humanos. Si recorres esta lista que acabo de mencionar, uno a uno, verás que lo que tenemos ahora es exactamente lo contrario.

Amy Goodman: Volvamos al tercer punto, crecimiento y desarrollo y explícalo mejor.

Manfred Max-Neef: Crecimiento es una acumulación cuantitativa. Desarrollo es la liberación de posibilidades creativas. Todo sistema vivo de la naturaleza crece y en cierto punto deja de crecer, tú ya no estás creciendo, ni él ni yo. Pero continuamos desarrollándonos, de otro modo no estaríamos dialogando en este momento. El desarrollo no tiene límites pero el crecimiento sí. Y este es un concepto muy importante que políticos y economistas ignoran, están obsesionados con el fetiche del crecimiento económico. He trabajado durante décadas y en este tiempo se han hecho muchos estudios. Soy el autor de una famosa hipótesis: la hipótesis del límite, que dice que en toda sociedad hay un periodo de crecimiento económico —entendido convencionalmente o no— que trae una mejora en la calidad de vida pero sólo hasta cierto punto: el punto límite, a partir del cual, si hay más crecimiento, la calidad de vida comienza a decaer. Esta es la situación en la que nos encontramos actualmente. Tu país es el ejemplo más dramático que puedes encontrar. En mi libro que saldrá publicado el próximo mes en Inglaterra, titulado La economía desenmascarada — hay un capítulo llamado “Estados Unidos, una nación en vías de subdesarrollo” la cual es una nueva categoría. Actualmente manejamos los conceptos de desarrollado, subdesarrollado y en vías desarrollo. Ahora tenemos el nuevo concepto de en vías de subdesarrollo y tu país es el mejor ejemplo, en el cual el 1% de los americanos cada vez están mejor, mejor y mejor, mientras que el 99% va en decadencia en todo tipo de manifestaciones. Hay personas que viven en sus autos, ¿sabes? ahora duermen en sus carros, estacionados enfrente de la que fue su casa. Miles, millones de personas lo han perdido todo. Pero los especuladores, los que crearon todo este problema, esos están fantásticamente bien. Para ellos no hay problemas.

Amy Goodman: ¿Entonces, cómo cambiarías las cosas?

Manfred Max-Neef: Bueno, no sé cómo cambiarlas. Es decir, solitas van a cambiar, pero de manera catastrófica. Para mí no sería raro que de un momento a otro millones de personas salieran a las calles de Estados Unidos a causar destrozos. No sé, pero podría suceder. No lo sé. La situación es absolutamente dramática y se supone que es el país más poderoso de la tierra. Y aún en estas condiciones, siguen con sus guerras absurdas gastando billones y trillones. Trece trillones de dólares para los especuladores y ¡ni un centavo se fue para las personas que perdieron sus casas! ¿Qué tipo de lógica es esa?
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Manfred Max-Neef, economista chileno. 26 de noviembre de 2010 – Traducido por: Rose Mary Salum –