Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

9Jun/160

¿Perdón Repsol?

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¿Perdón Repsol?
Cuando las negociaciones entre países están encabezadas por gobiernos neoliberales, los intereses nacionales no existen: las elites empresariales, nacionales y foráneas, se unen en un “interés común” y los recursos propios pasan a ser usados como mercancía en una extranjerizacion creciente del poder económico local. Por eso cuando esa relación se rompe....”Los Prat Gay piden perdón..."
Desde la óptica del estado nacional, la justificación de la negociación con Repsol fue la de siempre: se necesitaban inversiones externas para una industria que por sus características las requería para lograr el, por entonces, “ansiado autoabastecimiento energético”.
Fue una de las últimas joyas vendidas por el Estado Menemista”. Una decisión eminentemente política aunque, seguramente, teñida de aspectos vinculados a la corrupción de la época.
Para REPSOL fue la oportunidad de convertirse en una empresa petrolera internacional integrada.
Hasta ese momento, REPSOL, era una empresa dedicada en forma exclusiva a la refinación y comercialización de derivados de los hidrocarburos (en la jerga “DOWNSTREAM”) y sin ninguna experiencia en el tema de exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos (en la jerga “UPSTREAM”). Mientras tanto, YPF sí era una petrolera integrada “EXPLORACIÓN, EXTRACCIÓN y REFINACIÒN”.
Cuando en 1999, REPSOL tomó el control de YPF, “NUESTRA PETROLERA”, esta tenía activos en Estados Unidos, Indonesia, Rusia, Venezuela, Colombia, Guyana, Ecuador, Brasil, Perú y Bolivia. Lo primero que hicieron los españoles fue vender o transferir una buena parte de estos activos internacionales a otras empresas extranjeras u otras subsidiarias de REPSOL, radicadas en el extranjero. La venta de todas las firmas aportó 3.063,5 millones de dólares que luego fueron girados a REPSOL España como dividendos extraordinarios
La realidad es que en esos momentos REPSOL compró un paquete barato con deuda contraída con un interés muy bajo, considerando que el valor pagado por la compañía de Argentina era aproximadamente un tercio del valor real, comprando incluso la ACCIÓN DE ORO que permitía al Estado Argentino el control de la empresa.
De esta manera, al poco tiempo del desembarco de REPSOL se pudo advertir la verdadera intención de la compra de YPF: Argentina aportaba su producción de petróleo y gas y los ingresos generados eran utilizados para comprar áreas en distintos lugares del mundo, donde esperaban mejores rentabilidades.
Por ejemplo, les resultaba más rentable explotar gas en Bolivia y exportarlo a Argentina, que invertir en nuestros yacimientos gasíferos, que además no fueron explotados con las mejores “Técnicas del Arte”. Entre otras consecuencias eso nos acarreó la actual “crisis gasífera”. Todas las decisiones estratégicas pasaron a definirse en Madrid, sin interesar las necesidades nacionales ni sociales de nuestro país.
REPSOL nunca se interesó en la exploración, limitándose a explotar las reservas ya exploradas y descubiertas con anterioridad. Eso produjo una fuerte disminución de las reservas petroleras de la empresa y consecuentemente de su valor. No invirtió en la explotación secundaria y terciaria de los campos maduros. Su consiguiente deterioro produjo importantes pasivos ambientales y obligó a mayores inversiones a la YPF nacionalizada. Coherentemente con esto, Vaca Muerta, desde la visión estratégica de REPSOL, era tan sólo un recurso a desarrollar (o concesionar a precio conveniente para la empresa) cuando subiera el precio del petróleo y la ecuación oferta- precios así lo aconsejara.
Esta fue claramente una visión estratégica desde una perspectiva de empresa multinacional a la que no le interesaba agregar valor local al recurso (desarrollo de tecnología, equipos, PyMES, en suma, “puestos de trabajo”). De ninguna manera una visión estratégica desde los intereses argentinos en relación a un recurso (los hidrocarburos no convencionales), que con las estimaciones disponibles a la fecha conforma la cuarta reserva en importancia del mundo en petróleo y gas (shale oil y shale gas) y la segunda reserva en gas (shale gas).
Tampoco se interesó en el desarrollo de “TECNOLOGIAS PROPIAS”, completando el desmantelamiento del antiguo “LABORATORIO de INVESTIGACIÓN y DESARROLLO” (Florencio Varela), que sirvió de modelo para laboratorios similares montados en otros países hermanos de “NUESTRA PATRIA GRANDE”. Afortunadamente solo después de la nacionalización de YPF se fundó YTEC que marca un hito histórico con la unión de CONICET con una empresa productiva para conformar una empresa de tecnología.
La historia puede resumirse en “DESINVERSIÓN Y VACIAMIENTO DE NUESTRA EMPRESA DE BANDERA, pero:
¿QUIÉN DEBERÍA PEDIR PERDÓN?

3Nov/150

Economistas advierten los peligros de volver al endeudamiento

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Equipo de Economía 03 de Noviembre de 2015 | 12:00

Mario Rapoport, Guillermo Wierzba y Jerónimo Rodríguez Use apuntaron contra la posibilidad de abrir un nuevo ciclo de tomas de créditos en el exterior. Sostienen que no estaría vinculado al desarrollo de la economía, sino que tendría por fin el pago de deudas con los fondos buitre.

Equipo de Economía
economia@tiempoargentino.com

La economía comienza a convertirse en el campo de batalla principal del balotaje. Ayer, el candidato oficialista, Daniel Scioli, desarrolló una serie de conceptos sobre su plataforma económica en caso de acceder a la presidencia de la Nación (ver página 3). Mauricio Macri, el candidato de Cambiemos, ha hecho de la economía uno de sus caballitos de batalla, especialmente cuando está acompañado por alguno de sus referentes económicos, como Alfonso Prat-Gay o Rogelio Frigerio.
Ayer, un grupo de economistas, también reconocidos como académicos destacados, se expresó en forma abierta en contra de una de las claves del planteo de Macri: la vuelta al endeudamiento externo en contraposición de la política de desendeudamiento que desarrolló el gobierno kirchnerista.
Macri, al igual que sus asesores, suele ser bastante difuso a la hora de definir cómo hará para concretar la llegada de capitales del exterior. Tampoco avanza en las condiciones en que lo harían, si con las actuales regulaciones u otras nuevas que se incorporarían. Sí aparece un acercamiento al Fondo Monetario como garantía de una buena relación con los mercados financieros internacionales.
Para el economista Mario Rapoport, "el tipo de acceso al financiamiento externo que propone la oposición lleva al ajuste y la devaluación". Rapoport, que es investigador del CONICET, alertó sobre "un agujero muy grande para el futuro de la economía" en caso de que se amplíe el endeudamiento externo. Asimismo, sostuvo que esa propuesta "implica volver a depender de los organismos internacionales, significa volver a depender de la deuda".
El experto, consultado por la agencia Télam, destacó que "el financiamiento debe ser para actividades productivas", y destacó que endeudarse para pagar deuda "trae consecuencias devastadoras sobre la economía, tal como lo vivimos en los '90. Se asumiría una carga muy grande sobre la deuda, siendo el país que más se desendeudó en el mundo, y volveríamos a estar en la situación de los otros países. Es una barbaridad", sostuvo.
En tanto, Guillermo Wierzba, quien es presidente del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefidar), subrayó que "la política de sobreendeudamiento no es garantía de amigarse con la comunicad financiera internacional y que entonces lluevan los capitales sobre el país". Aseguró, además, que "el financiamiento externo debe estar atado a la producción, a la infraestructura, porque si no, implica aumentar la relación del Producto Interno Bruto (PIB) con la deuda". En consecuencia, afirmó que "si el endeudamiento no es para desarrollo, si el objetivo no es productivo, entonces se termina con la política económica soberana".
Por último, Jerónimo Rodríguez Use, miembro del Geenap, advirtió que "reducir la soberanía económica para acceder al financiamiento y al ingreso de capitales es un error de diagnóstico, una trampa". «

14Sep/150

La Argentina, los fondos buitre y el capital financiero

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Jorge Molinero

La resolución de las Naciones Unidas

Luego de un año de deliberaciones, la Asamblea General de las Naciones Unidas apoyó por amplia mayoría la resolución que contempla los principios para evitar que en las renegociaciones de deudas soberanas exista interferencia de los fondos buitre. Esa resolución fue impulsada por la Argentina y el Grupo 77 + China, un conjunto de países en desarrollo que ha sufrido y puede sufrir en el futuro el ataque de esos fondos especulativos.

En la votación final la resolución obtuvo el voto positivo de 135 países, 42 abstenciones y la oposición de seis, la ciudadela del capital financiero mundial y sus aliados incondicionales: Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Japón, Israel y Canadá. La mayoría de los países europeos se abstuvo, así como otros países emergentes con fuerte ligazón con los centros financieros, como México, Colombia, Corea del Sur o Nueva Zelandia. Los principales países sudamericanos apoyaron la iniciativa argentina: Chile, Brasil, Uruguay, Venezuela, Bolivia, Paraguay, Ecuador, y más allá Cuba, los BRICS, y la abrumadora mayoría de los países en desarrollo.

La noticia tuvo amplia repercusión en la prensa cercana al gobierno nacional, y referencias oblicuas en la prensa opositora. La Nación tituló “Timerman reconoció que la resolución de la ONU no es vinculante”, tratando de minimizar el impacto político de la medida. En los medios de los países centrales que votaron en contra una de las pocas repercusiones fue The Washington Post, que en el párrafo final de su artículo indica que un artículo de la resolución, “relacionado con la disputa argentina, dice que una minoría no representativa de acreedores… debe respetar las decisiones adoptadas por la mayoría de los acreedores”, enfatizando el punto central de la demanda de nuestro país. En España (cuyo delegado se abstuvo en la votación), el diario El País indica que “El Gobierno argentino ha logrado un claro éxito diplomático en un asunto especialmente sensible: la batalla contra los fondos buitre.”

Sin duda ha sido un extraordinario éxito diplomático a nivel internacional y un éxito político a nivel interno, reafirmando una vez más el profundo contenido de defensa de la soberanía nacional de los países asolados por los fondos buitre. Falta mucho sin dudas. Esta resolución tiene un claro sentido político, ya que no es una resolución vinculante como las que vota el Consejo de Seguridad, y además tiene el voto opositor de los centros financieros mundiales más importantes. Es la expresión política de desafío a los intereses desbocados de una fracción del capital financiero que domina al mundo, resolución que ha generado un consenso entre la mayoría de países afectados o a ser atacados por esos fondos especulativos.

Pero los fondos buitre son apenas una expresión del accionar del capital financiero desregulado que domina al resto de las expresiones del capital (industrial, comercial, agrario, inmobiliario, etc.).

El Capital Financiero

Esa denominación de capital financiero se comenzó a utilizar a partir del libro del mismo título del dirigente socialista austríaco Rudolf Hilferding, escrito en 1909, quien fue el primero en analizar detalladamente su surgimiento y accionar. A principios del siglo XX ya era evidente la concentración del capital industrial en distintas ramas de la producción, en especial en la industria pesada. Concentración que derivó en la formación de oligopolios y monopolios en distintas actividades. Pero al mismo tiempo esa concentración posibilitó y reforzó el surgimiento y creciente dominio del capital bancario y de las sociedades por acciones sobre las empresas industriales, con el desarrollo exponencial de las bolsas de valores, así como de sociedades de seguros y otras actividades conexas.

Las sociedades por acciones permitieron la utilización en la industria de capitales dinerarios ociosos en otras actividades, potenciando grandemente el horizonte de expansión de nuevas ramas que requerían de ingentes cantidades de dinero, en especial las grandes empresas siderúrgicas, químicas, de electrificación, extractivas como el carbón y el petróleo, actividades navieras y los ferrocarriles.

Para el inicio de la Primer Guerra Mundial (1914-1918) el conjunto de las actividades bancarias, de bolsa, de seguros y conexas que comenzaron a identificarse como el capital financiero, ya hegemonizaban el crecimiento capitalista, controlando y asociándose cada vez más estrechamente con el capital industrial y también el comercial. Los capitalistas financieros no sólo dominaban las distintas expresiones del capital sino también y progresivamente los distintos resortes del poder político, desplazando a otras capas sociales de propietarios en el control de los distintos estados nacionales. Cuando ese capital financiero adquirió poder político, en el último cuarto del siglo XIX, utilizó el aparato del Estado, y su expandida capacidad bélica, para inaugurar una etapa de control imperial de países en África y Asia, transformándolos en colonias, y un control económico y semi colonial en los nuevos países latinoamericanos. Se iniciaba la era del imperialismo en lo político, resultado de la maduración del capital financiero como expresión más concentrada de las distintas fracciones del capital.

Las dos guerras mundiales tienen como una de sus causas principales las disputas de los distintos imperialismos en su afán de controlar las fuentes de materias primas para la expansión industrial, así como de tener mercados para sus exportaciones industriales y crecientemente para la exportación de capital.

Entre ambas guerras tuvo lugar la más grande crisis económica mundial, la “Gran Depresión”, que estalló con la caída de la bolsa de valores de Nueva York en 1929 y se extendió por años, provocando la caída y quiebra de miles de bancos, empresas industriales, explotaciones agropecuarias y actividades de todo tipo. Había sido provocada por la especulación financiera descontrolada y superó en profundidad a las crisis previas. Sólo en los Estados Unidos, la desocupación llegó al 25 % de su fuerza laboral, y sus ondas expansivas cubrieron el mundo entero.

La posguerra y el retorno del capital financiero

La gran pérdida de vidas y riquezas en la guerra, el estado de postración de toda la actividad económica y el temor al avance del comunismo en Europa Occidental, indujeron a las clases dirigentes a ampliar la participación del Estado en la economía, incrementando también las regulaciones de la actividad financiera. Fueron los organismos financieros nacionales e internacionales (Banco Mundial, FMI) las principales vías de financiamiento de empresas y estados en la posguerra, principalmente en Europa y Japón pero también en la periferia subdesarrollada. Fue una etapa de retroceso de la importancia del capital financiero privado.

Todos estos cambios, más la renovada acción política de los trabajadores, inauguraron una etapa de alto crecimiento y beneficios sociales a las clases trabajadoras, que fue conocida como la “Economía del Bienestar”, o los “Treinta Gloriosos”, los años que se extendieron hasta fines de los setenta.

Cuando las clases dirigentes se percataron que el mejoramiento de las condiciones de vida de las masas populares reducía el malestar social y afán de cambios y que la nueva situación no las llevaría por el camino del socialismo de tipo soviético, es que se produce la reacción conservadora. Esta comienza con Margaret Thatcher en Inglaterra (1979) y Ronald Reagan en Estados Unidos (1980) para extenderse luego al resto de los países europeos y Japón. Toda esta reacción comenzó antes de la implosión del campo socialista con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la Unión Soviética en 1991.

Las actividades financieras - que habían sido fuertemente controladas, primero en Estados Unidos bajo los gobiernos de Franklin Delano Roosvelt (1934-1945) y luego de la Segunda Guerra en todos los países europeos y el Japón, fueron progresivamente desreguladas. Luego de la eliminación de la convertibilidad del dólar en oro (Nixon – 1971) y de la aparición de los petrodólares, o excedentes dinerarios en los países petroleros tras los aumentos del crudo (1973 y 1978) el capital financiero privado retoma su importancia y va suplantando a las instituciones internacionales o estatales como vía de financiamiento. En el caso de las economías subdesarrolladas, como la latinoamericana, la banca privada comenzó a tener una mayor participación en la financiación de proyectos y en los préstamos a los estados. El crecimiento de la deuda externa comenzó en esos años. Nuestro país, que era acreedor internacional al finalizar la Segunda Guerra, apenas tenía una deuda de 4.000 millones de dólares al momento del golpe militar de 1976.

Los fondos buitre, que afectan a la Argentina a partir de la obtención de increíbles fallos de jueces permeables a sus intereses como el juez Griesa, no son más que una de las expresiones más odiosas de este capital financiero, pero no la única.

En los países centrales aparecieron nuevos “productos financieros” como los derivados, esquemas de apalancamiento de inversiones en un sinfín de apuestas cada vez más riesgosas que llevan repetidamente a la emergencia de burbujas especulativas. Estas burbujas terminan estallando, con crisis de las bolsas, de la banca y luego de la industria, con su secuela de desocupación y miseria para millones de trabajadores. La última estalló en 2008 en Estados Unidos y sus efectos aún se hacen sentir en todo el mundo.

Otro ejemplo entre tantos son los llamados “paraísos fiscales”, países pantalla donde la forma dinero del capital evadido se oculta de fiscos y pueblos despojados. El descubrimiento de las 4000 cuentas de argentinos en el HSBC de Suiza es apenas la punta del iceberg de una evasión mundial monumental.

Retornando a Latinoamérica, es en los setenta que reaparece el problema de la deuda externa, que se incrementó fuertemente cuando los petrodólares inundaban las plazas financieras. El capital financiero lo recirculó como préstamos baratos a la región latinoamericana, que lo utilizó en forma despareja. Mientras la dictadura militar brasileña optó por las grandes obras de infraestructura y apoyo a la industria que cambiaron su perfil productivo, la dictadura militar argentina lo usó para fomentar el consumo de las clases medias, equipamiento militar, endeudamiento de empresas estatales y vehículo de fuga de divisas. Para cuando las tasas de interés crecieron fuertemente en los ochenta la mayoría de los estados latinoamericanos estaban fuertemente endeudados, al margen de la utilización que habían hecho de esos fondos, y se inauguró la etapa de los defaults y refinanciaciones de las deudas que aún nos acompañan.

Las bajas tasas de interés internacionales actuales son el canto de sirena de los personeros del capital financiero y sus representantes políticos para que el próximo gobierno vuelva a endeudarse. Para cuando Estados Unidos vuelva a subirlas, todos quedaríamos a su merced.

Los fondos buitre vienen a picotear en la carroña de una deuda que generó el retorno a la hegemonía del capital financiero sobre la actividad económica internacional. Son un subproducto nefasto y dañino de la dependencia del capital financiero, que utiliza esa deuda para quebrar las defensas de los intereses nacionales, imponiendo leyes y tratamientos que los benefician, como las privatizaciones, liberalización de los flujos financieros y comerciales, la “flexibilización” salarial, etc.

El capital financiero, como expresión hegemónica de las restantes formas del capital, contrapartida dineraria de la riqueza real, es una excrecencia parasitaria, que no genera valor y se lleva la parte del león de todo el excedente económico fruto del trabajo de las sociedades.

La lucha por la soberanía

En los años que van del presente siglo los países sudamericanos han sido prácticamente el único lugar del mundo en donde gobiernos populares han logrado – en un marco de condiciones internacionales propicias hoy menguadas – revertir esta tendencia a la concentración de la riqueza. Para ello han utilizado los excedentes comerciales para desendeudar sus países. En nuestro país, esos excedentes se han utilizado tanto para desendeudarse como para elevar la producción, el empleo y redistribuir la riqueza a favor de los sectores populares. El gobierno tiene claro que para poder ejercer la autonomía política hay que eliminar el condicionante de la deuda externa, y de allí el fuerte desendeudamiento con el exterior en que está empeñado.

Al tiempo que mantiene su disputa con los fondos buitre que nos atacan, ha impulsado la resolución de las Naciones Unidas. El gobierno ha demostrado con esta iniciativa su valentía política y la proyección internacional de la Argentina por la causa de los pueblos. Es, además, una de las más preciadas herencias del gobierno de Cristina, que quedará en la historia como otra de las tantas batallas que se han dado y seguirán dándose por la defensa de los intereses de la patria.

20Ago/150

cefid/ar

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Tenemos el agrado de informarle que ya se encuentra publicado en nuestra página web el Documento de Trabajo N° 68. “DEUDA EXTERNA, FUGA DE CAPITALES Y RESTRICCIÓN INTERNA. DESDE LA ÚLTIMA DICTADURA MILITAR HASTA LA ACTUALIDAD” cuyos autores son Pablo Manzanelli, Mariano Barrera, Andrés Wainer, Leandro Bona. Coordinador: Eduardo Basualdo.

Link directo: http://www.cefid-ar.org.ar/documentos/DTN68.pdf

30Jun/150

Plan Fénix Carta Abierta a la Sra Presidenta de la Nación Argentina

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Carta Abierta a la señora presidenta de la Nación Argentina

El grupo Fénix nació en los tiempos de debacle para aportar sus ideas con el fin de enfrentar las mismas políticas neoliberales que hoy jaquean a la milenaria Grecia.
Si bien las economías y los medios de que disponen la Argentina y Grecia, son distintos, los valores y la necesidad de regular la actividad financiera para que sirva al desarrollo y no a la especulación son los mismos.
Grecia, como la Argentina, hace catorce años, sufre las consecuencias de una imprudente política de endeudamiento fomentada por la especulación financiera internacional. Su situación actual revela, asimismo, el fracaso de las “operaciones de salvataje” destinadas a rescatar a los especuladores e impedir al deudor recuperar el orden con estabilidad, crecimiento, soberanía y equidad.
El problema de Grecia, cuna de nuestra civilización occidental, transciende las fronteras de ese país. Refleja la crisis del actual sistema financiero internacional y, en la Unión Europea, la sustitución de los valores de la solidaridad y la democracia comunitaria por el sometimiento a los intereses del mundo del dinero.
Constituye, por lo tanto, un caso ejemplar para que América Latina exprese su solidaridad con un país que defiende su derecho a decidir su propio destino y, al mismo tiempo, insista en la necesidad de construir un orden mundial que privilegie el desarrollo y la equidad en las relaciones internacionales.
Es por ello que en esta emergencia nos permitimos sugerir que la Argentina tome la iniciativa de convocar a los miembros de la UNASUR para que formulen un programa de apoyo a la soberanía y recuperación de Grecia mediante el otorgamiento de líneas de crédito que, en condiciones apropiadas, contribuyan con ese país con alimentos y bienes esenciales provenientes de nuestra región. Consideramos oportuno que la Argentina sea pionera realizando un aporte concreto en tal sentido.

PLAN FÉNIX
Buenos Aires, 29 de junio de 2015

30Jun/150

LA HISTORIA SE REPITE

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A 15 años de nuestro derrumbe económico-financiero la historia se repite en la cuna de la democracia: Grecia.

Alejandro Rofman

A 15 años de nuestro derrumbe económico-financiero la historia se repite en la cuna de la democracia: Grecia. Acosada despiadadamente por las deudas de los bancos alemanes y franceses, el país griego se encuentra ante una encrucijada lo más parecida a un laberinto: si se acepta la extorsión de los bancos, la crisis social se acentuará hasta un extremo inimaginable. De parte de las tres instituciones que comandan las negociaciones con el gobierno griego se pretende que se bajen aún más las jubilaciones y pensiones, se suba el IVA del 13 al 23% y se deroguen normas laborales que aseguran estabilidad en el empleo. Si se rechaza esa imposición, surge un escenario a futuro incierto y seguramente también con altos costos para el tejido social del pueblo heleno: la salida del país de la Unión Europea y el euro.
Como en la Argentina de 2001-2002, el nuevo gobierno heredó una deuda impagable (160% del PBI, como la suma que afrontaba la Argentina) generada en actos de corrupción, negocios ruinosos y compra exagerada de armamento contraída con la banca alemana y francesa por los gobiernos anteriores. Lo que pretende Europa y el FMI es que se pague esa deuda con el empobrecimiento acentuado del pueblo. El principal negociador actual de Grecia es su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, renombrado economista. Él acaba de recordar en un documento que, desde 2008 a la fecha, en Grecia, los salarios cayeron en un 37%, las pensiones fueron reducidas hasta un 48%,el número de funcionarios públicos bajó un 30% y el consumo se desplomó un 33 por ciento. El desempleo supera, ahora, el 27 por ciento. Y en los jóvenes es más del 50% de la masa laboral.
Frente a este panorama, el destino de aquellos sectores mayoritarios del país, para nada responsables del des-manejo de la economía nacional desde 2008, luce dramático. No provocaron el desastre pero se exige que lo paguen, a costa del hambre del pueblo.
El mismo escenario fue el que tuvimos que enfrentar los argentinos. Nuestro gobierno, el que asumió en 2003 tras el cese unilateral de los pagos en 2001, propuso, para escapar de la trampa, convertir a la deuda impagable en bonos amortizables a largo plazo con crecimiento económico y quita del 65% de las acreencias. Fue la reestructuración más grande de la historia financiera mundial
Pareciera que esa es la única salida posible. El país heleno tiene una única y perdurable solución: que se reestructure la deuda que no se puede hoy afrontar y que se libere al pueblo griego y, en especial, a sus sectores más débiles, del tremendo sacrificio actual. «