Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

8Abr/180

Apertura y acuerdos comerciales

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JORGE MOLINERO Carta Abierta

El gobierno nacional se ha embarcado en un proceso de apertura comercial y financiera, tratando de convencer a la opinión pública que son beneficiosas para el país, y que nos “sacarán del aislamiento” que según ellos fue la característica de la época kirchnerista.

El 22 de diciembre La Nación se lamentaba que no se haya podido cerrar el acuerdo Mercosur-Unión Europea, debido a los “persistentes reparos de la UE (sobre volúmenes de cuotas de algunos productos agrícolas y de biocombustibles, la cuestión de la propiedad intelectual, las compras gubernamentales y ciertos temas de servicios financieros y marítimos)”(1).

Los negociadores europeos querían todo a su favor sin conceder más que migajas a los sectores primarios que serían los principales beneficiarios, al tiempo que el sector industrial el más afectado. Nosotros diríamos que gracias a sus “reparos” se ha dilatado la firma de un tratado que traería muchos mas perjuicios que beneficios. Pero el gobierno insistirá en marzo con el acuerdo de marras, al tiempo que propone avanzar en otros acuerdos, no sólo con la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) con los que tenemos distintos acuerdos previos, sino con Canadá, Singapur y Corea del Sur. La lista se ha restringido ahora que el tratado general de EEUU con los países asiáticos ha sido bombardeado por un Donald Trump devenido en proteccionista, mientras la “antorcha del libre comercio” pasa a las manos de China. ¿Por qué la apertura irrestricta y los acuerdos de libre comercio no son beneficiosos para países como la Argentina? Un poco de historia nos puede ayudar a comprenderlo.

La teoría y la práctica de los países hoy desarrollados

Desde el inicio de la Economía Política en Gran Bretaña, la teoría convencional del comercio exterior dice que la competencia perfecta será de mutuo beneficio para las partes, por lo que se deben eliminar las restricciones al comercio internacional. El neoliberalismo - la teoría económica que abrazan los economistas en los países centrales y muchos en los periféricos como el nuestro - caracteriza a los mercados como estructuras auto-reguladas que atienden todas las necesidades económicas, utilizando eficientemente los recursos y generando pleno empleo para “todas las personas que realmente quieran trabajar”. En esta difundida teoría de los países dominantes la pobreza, el desempleo y las crisis económicas periódicas se deben a factores externos que limitan el libre accionar del mercado, como los sindicatos y la acción del Estado.

Para superar el atraso y la pobreza - sigue la saga oficial del neoliberalismo - hay que crear estructuras amigables con el mercado (“market friendly”): recortar la fortaleza sindical para que los empresarios puedan tomar y echar personal a voluntad, privatizar las empresas públicas, eliminar las regulaciones estatales a la actividad económica interna y abrir los mercados al capital y las mercancías externas.

Sin embargo, desde que el capital financiero y su expresión ideológica neoliberal retomaron el control de la política económica en el mundo, a partir de los años 80, la pobreza y el hambre aumentó en los países ya pobres, al tiempo que se concentraba la riqueza tanto en países centrales como periféricos. En Latinoamérica fueron décadas perdidas para el crecimiento hasta que en la década pasada varios países de la región se embarcaron en un proceso diferente de acumulación y crecimiento que puso foco en la reducción de la dependencia financiera, aumento del consumo interno y reducción de la pobreza.

Sólo un puñado de países asiáticos, siguiendo reglas diferentes a las del manual neoliberal, crecieron fuertemente. A la salida de la Segunda Guerra Japón retomó su crecimiento, para ser seguido más adelante por Corea, Singapur, Hong Kong y Taiwán, y en los ochenta por China que está llamada a cambiar las relaciones de poder a nivel mundial en las próximas décadas. El crecimiento de la India es más tardío y está varios pasos por detrás de China, pero su importancia es, como ésta, la magnitud de su población.

En la mayoría de esos países el crecimiento acelerado y la reducción de la pobreza no se logró con apertura comercial irrestricta y menos aún con apertura financiera. El caso de China es el más exitoso por llevar casi 40 años de alto crecimiento (en un promedio cercano al 10 % anual acumulativo, pasando al 6 % en los últimos años) sin ningún año de las crisis periódicas que asolan a los países capitalistas desarrollados. Su Producto Bruto es el segundo a nivel mundial en dólares corrientes, detrás de EEUU, y el primero en Paridad de Poder de Compra. Ello lo ha logrado con un estricto control de los flujos financieros, con esa actividad casi 100 % en manos del Estado, al igual que las empresas de servicios públicos y las consideradas estratégicas (defensa, energía, comunicaciones, etc.) y un muy estudiado sistema de promoción de las exportaciones y de las inversiones externas. Esto incluye transferencia de tecnología del inversor internacional y un saldo externo positivo de las empresas a radicar allá (las exportaciones comprometidas deben ser mayores a las importaciones de insumos, bienes de capital y repatriación de utilidades y regalías). Ninguna de estas políticas son las recomendadas por las recetas neoliberales en que se apoya el gobierno de Cambiemos.

Pero no sólo China y los asiáticos no respetaron esas recetas para lograr su desarrollo. Los países europeos y Estados Unidos, en su momento, también las contravinieron en la etapa en que consolidaban su propio crecimiento industrial. Gran Bretaña, el primer país industrial, apeló a la alta intervención estatal. Desde el siglo XIV promovía la manufactura de prendas de lana, con derechos de exportación (sí, las “odiadas” retenciones) a la exportación de lana en bruto y con promociones a la mano de obra europea especializada en tal industria. Más adelante, cuando su industria textil de algodón dio origen a la revolución industrial alrededor de 1780 se fueron articulando distintas intervenciones del Estado para lograr su supremacía, entre las cuales muy significativas y poco mencionadas son las de tipo militar. La subyugación de la India por la armada británica derivó en la “libre exportación de algodón en bruto” a la metrópoli, al tiempo que se reprimía la actividad de la hilandería y tejedurías nativas, incluyendo el corte de los dedos a las hábiles trabajadoras indias. La etapa del imperialismo clásico se desarrolló alrededor de 1875 con la conquista militar de continentes enteros para explotar sus recursos y obligarlos a importar productos industriales de sus metrópolis europeas. Parafraseando a Von Clausewitz diríamos que la guerra (y la conquista) no es sino la continuación de las transacciones económicas (políticas decía él), por otros medios.

Tanto Estados Unidos como Alemania - los principales desafiantes de la supremacía británica - así como Japón, Suecia y otros hoy desarrollados fueron fuertemente proteccionistas, el primero hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Luego, una vez que hubieron consolidado su rol de economía industrial desarrollada comenzaron a predicar (y obligar por distintos medios, como vimos) al resto del mundo a practicar el libre comercio y la movilidad irrestricta de capitales. Como decía el economista coreano Ha-Joon Chang (2), es “pateando la escalera” que les permitió llegar arriba como impiden que otros puedan llegar.

 

La etapa actual y el plan de Cambiemos

La situación idílica del “todos ganan” que describe la teoría económica neoliberal no logró el desarrollo de aquellos que la siguieron sino que los encadenó a la especialización primaria cercenando las potencialidades de un desarrollo industrial con mayor grado de autonomía. A contrapelo de estas evidencias, el gobierno de Cambiemos procedió a la apertura tanto de capitales como de mercancías, y los resultados fueron una caída de la actividad muy fuerte en 2016 seguida con una recuperación parcial en 2017.

En el sector externo la situación se deterioró claramente en estos dos años. Por un lado las exportaciones no crecieron a pesar de la fuerte devaluación inicial y la quita de retenciones. El anémico saldo comercial positivo de 2016 se transformó en un saldo fuertemente negativo en 2017, que terminará por superar los 8.500 millones de dólares. Es que en 2017 hemos asistido a un proceso inverso de revaluación del peso que encarece las exportaciones y facilita las importaciones. El principal cambio externo que Cambiemos no quiere registrar es que la economía mundial no tiene la fuerte expansión que la caracterizó desde los primeros años del milenio hasta mediados de 2012. En ese momento en donde cayeron abruptamente los precios de las commodities, a lo que se suma la retracción de exportaciones industriales a Brasil, nuestro principal cliente. Entre 2011 y 2015/2016, la caída de las exportaciones argentinas fue muy fuerte (más del 30 %)

COMERCIO EXTERIOR ARGENTINO – AÑOS SELECCIONADOS

(MILLONES DE DÓLARES)

 

EXPORTACIÓN

IMPORTACIÓN

SALDO

2002

25.650 8.989 16.661

2011

82.981 73.961 9.020

2015

56.788 59.757 - 2.969

2016

57.733 55.609 2.124
ENE/NOV 2017 53.881 61.538 - 7.657

 

Fuente: Indec.

La eliminación de la administración del comercio exterior (control de las importaciones) derivó en 2017 en un incremento significativo de las importaciones agravado por el retraso cambiario que se acentuó este año. Ese “agujero negro” del sector externo se financia con mayor endeudamiento que en vez de utilizarse para hacer inversiones en infraestructura o en actividades productivas que promuevan exportaciones o sustituyan importaciones, se utiliza para la especulación financiera con Lebac e instrumentos similares, capital golondrina que volverá a salir cuando este “esquema Ponzi” no aguante más (la corrida cambiaria de fin de año puede ser un anticipo). Las elevadas tasas de interés atraen a la especulación al tiempo que conspiran contra la inversión productiva. Las inversiones externas directas no superan los 2.000 millones de dólares (básicamente reinversión parcial de altas utilidades de empresas extranjeras), mientras la inversión de portafolio (especulativa) se acerca a los 14.000 millones de dólares. El endeudamiento con mercado de divisas abierto, una vez más ha sido el vehículo de la descontrolada fuga de capitales (en 10 meses de 2017 totalizan U$S 38.262 millones).

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2015 2016 2017

TASA LEBAC PROM. ANUAL 27,22 % 30,91 % 25,83 %

STOCK LEBAC (MILL. $) 345.124 630.310 1.177.230

INTERESES LEBAC/PBI 1,3 % 1,9 % 2,3 %

FUENTE: FIDE

Con la política económica actual nos encaminamos hacia el mismo tipo de problemas que tuvo la Convertibilidad en su etapa final, una apertura indiscriminada que solo se mantiene con mayor endeudamiento hasta que los acreedores externos (incluidos argentinos que ya blanquearon sus dólares en el exterior) entienden que ha terminado el juego de las Lebac o los Bonos del Tesoro y se retiren en masa, provocando una devaluación descontrolada.

No es que este gobierno de ricos no sepa como termina esta historia repetida. El país que quedará será de una alta desocupación para disciplinar la actividad sindical y lograr salarios reales mucho más bajos. Otra vez el encadenamiento de nuestra soberanía a una pesada deuda externa que cristalizará una distribución del ingreso más regresiva, con aumento de la pobreza y la marginalidad. Esos son sus objetivos escondidos detrás de los globos amarillos y las declaraciones de futuros brillantes.

 

 

  1. La Nación. 22-12-2017: “El Mercosur culpa a Europa por la falta de avances en el acuerdo”
  2. Ha-Joon Chang. “Kicking away the Ladder” (Pateando la escalera). Anthem Press, 2002.
7Abr/180

Estar conectado al mundo tiene costo

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Informe del Foro de Economía por Javier Lewkowicz.

Convocado por Carta Abierta, el viceministro de Economía, Roberto Feletti, participó con Héctor Valle, Fernando Porta y Alfredo Zaiat de un intenso debate en torno de lo hecho y lo que no se hizo frente a la crisis.
Los panelistas y sus argumentos. El debate fue seguido por más de cuatrocientas personas.
Para Roberto Feletti, viceministro de Economía, las medidas de ajuste fiscal que están llevando adelante los gobiernos europeos, junto a otras políticas promocionadas por los organismos de crédito multilateral, constituyen poleas de transmisión que permiten trasladar la crisis internacional desde los países avanzados hacia los subdesarrollados. El análisis del funcionario tuvo lugar en un encuentro del espacio Carta Abierta, en el cual también participaron como panelistas Fernando Porta, presidente del centro de estudios del grupo Redes; Héctor Valle, presidente de la Fide, y Alfredo Zaiat, jefe de la sección Economía de Página/12. En un debate intenso frente a unas cuatrocientas personas, se analizaron temas como la crisis internacional, las políticas macroeconómicas que el Gobierno tomó para enfrentarla, el canje de deuda, próximos desafíos de política económica y la integración regional, en donde el funcionario destacó la creación del Banco de la Unasur.
Participante de habituales foros internacionales con funcionarios de Hacienda de todo el mundo y técnicos de los organismos de crédito internacional, Roberto Feletti ofreció su visión de la coyuntura. “Los organismos multilaterales plantean la necesidad del ajuste fiscal para salvaguardar el volumen de activos financieros. Se considera la bandera del ajuste como un planteo superador en esta etapa de la crisis”, manifestó. Junto con las medidas de ajuste, el funcionario ve que en los últimos encuentros internacionales existe una renovada presión para impulsar la liberalización comercial a partir de la eliminación de las barreras paraarancelarias. El mandato de la liberalización financiera –otra bandera neoliberal– se materializa, opina, en intensos flujos de capitales desde los países industrializados hacia el tercer mundo, que provocan apreciación cambiaria, como en el caso de Brasil. “La retracción de la demanda –de los países centrales– vía ajuste fiscal, liberalización del comercio y apreciación cambiaria es un combo que pulveriza el superávit de la cuenta corriente de los países en desarrollo”, explicó. Para Héctor Valle, el salvataje a Grecia va a derivar en una crisis más aguda, que tendrá repercusión en los países mejor ubicados del bloque, como Inglaterra, Alemania, Francia y Holanda. “La situación es similar a la de Argentina en los ’90, esto debe servir para valorar la política económica actual. Se salió de la crisis con daños menores, y esto fue posible por el gasto público y otras políticas muy inteligentes”, añadió. Destacó el Repro que lleva adelante el Ministerio de Trabajo, la Asignación Universal por Hijo, la estatización del sistema previsional y la utilización de reservas.
“Es una crisis internacional fenomenal, ignorada por los sectores conservadores. Y la ignoran porque es la exteriorización más contundente del fracaso de las políticas que buscan imponer en la Argentina”, sostuvo Zaiat. El Gobierno, según indicó, se mantiene con una postura ambigua. Por un lado, interviene fuerte para evitar la caída en el nivel de actividad y empleo, pero por otro lado “el canje de deuda es la prueba de que también se ignoró la profundidad del desplome global”.
Feletti forma parte del grupo de trabajo desde el cual se espera crear el Consejo Sudamericano de Economía y Finanzas de la Unasur. El ambicioso plan que se proponen los funcionarios latinoamericanos es avanzar sobre la integración regional en materia de pagos y crédito. Para ello están avanzando sobre un sistema de pagos en moneda local, que permite desdolarizar la región. A la vez, buscan crear un fondo de estabilización macroeconómica regional, para evitar ataques especulativos contra las monedas. Ante las limitaciones que tiene la implementación de políticas de desarrollo basadas en la financiación vía organismos de crédito multilateral, Feletti indicó que están trabajando en la creación del Banco de la Unasur. Indicó que avanzar en estas cuestiones “requiere de mucha homogeneidad política, que hoy no está visible”.
“Hay que pensar la integración financiera de la mano de la productiva”, acotó Fernando Porta. Propone utilizar la plataforma del Mercosur en términos de integración y complementación para incentivar la “densificación industrial y darle mayor calidad al aparato productivo”. Advirtió que en el bloque regional “han predominado los vicios de partida, porque fue concebido como un proceso de liberalización comercial”. “Ahora hay un cambio de fase, aparece la cuestión de las asimetrías y el poner a la integración productiva como un acto que debe ser promovido, sin esperar que el mercado lo genere de forma espontánea”, manifestó.
Valle advirtió que “hemos heredado de los ’90 una enorme monopolización en las cadenas de valor. Se está agotando la capacidad instalada, y hay una demanda en ascenso vía gasto público, distribución del ingreso. Es inevitable que haya presiones inflacionarias”.
Zaiat puso el foco en “la debilidad de la intervención pública en el control de los precios”. “En todos los países hay oligopolios y multinacionales, pero no en todos aumentan los precios, y no en todos perciben tal nivel de renta extraordinaria como lo hacen hoy en la Argentina”, manifestó. Por eso reclamó que “el Estado cuente con mejores herramientas de negociación con los oligopolios, para lo cual hay que reconstruir un estado profesional, activo”. Los subsidios, promociones o estímulos industriales, agregó, “deberían estar atados a mantener precios, nivel de abastecimiento, empleo y exportaciones”.
“El gobierno que nació en 2003 es un emergente de 2001. Surgió de una emergencia, y de esa experiencia tomó una forma de administrar adaptativa. Frente a las crisis y desafíos, el Gobierno en general mantuvo la postura más audaz, teniendo en cuenta la histórica relación de fuerzas en la Argentina”, explicó Zaiat. “La renegociación de la deuda en default, la ruptura con el FMI, la política de estatizaciones, el fin de las AFJP, la 125, asignación por hijo, la utilización de reservas; todas fueron estrategias adaptativas”, agregó.
Por ello, sugiere que el desafío es “lograr una mayor densidad de esas transformaciones para que no sean solamente medidas de emergencia, tomadas por una estrategia adaptativa, para que puedan institucionalizarse. Que el sendero sea más sólido, consolidado”, manifestó Zaiat. A su vez, criticó la intención oficial de “volver a los mercados” a través del nuevo canje de deuda. “El mercado financiero es un potente desestabilizador y la desconexión financiera forzosa desde 2003 ha sido extraordinaria”, subrayó.
Feletti defendió la política económica implementada para paliar la crisis. Indicó que hubo un fuerte shock fiscal y para complementar esta expansión fiscal, “el Gobierno lanzó el canje como un estímulo a la oferta vía crédito”. “Había que recrear la confianza, que los privados volvieran a tener pesos y dejarlos en el país. Por eso la idea de salir del default. No nos entusiasmaba la vuelta a los mercados, pero era una señal clara para impedir la dolarización y recrear el proceso de inversión”, explicó.
Luego de destacar la política de ingresos, incluyendo medidas como la asignación por hijo, aumento de jubilaciones o incremento del piso salarial y los subsidios a los servicios públicos, Feletti aseguró que “ahora se viene el estímulo a la inversión”. Provocativo, manifestó que “para el control de precios contamos con un excelente funcionario como Guillermo Moreno”. La platea respondió con aplausos y ovación.

7Abr/180

En apoyo a PedroBiscay

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Solicitada de Economía Política para la Argentina (EPPA)

En apoyo a Pedro Biscay, a raíz del intento de Cambiemos de removerlo del directorio del BCRA

Ante el reciente conocimiento sobre el pedido de remoción del Director del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Dr. Pedro Biscay, cuya designación formal cuenta con pleno acuerdo del Senado hasta el año 2019, este colectivo de economistas expresa su rechazo al avasallamiento institucional que implicaría esta decisión del titular del Poder Ejecutivo, Mauricio Macri, y cuyo responsable principal en el área es el titular del Banco Central, Federico Sturzenegger.

Pedro Biscay se ha desempeñado de manera firme y eficiente como Director del BCRA, a partir de su conocimiento en materia de la Ley Penal Cambiaria y su injerencia en la armonización normativa de la institución monetaria rectora. Cabe aclarar que las razones de la posible destitución no tendrían arraigo alguno en desmanejos en el cumplimiento de su responsabilidad en la administración pública, ya que se ha desempeñado con sobrada transparencia e integridad a lo largo de los últimos tres años. Tampoco su remoción se podría encuadrar en posibles conflictos de interés, como ocurre con una abrumadora mayoría de los CEOS-funcionarios de la actual gestión, quienes provienen de los mismos grandes fondos internacionales de inversiones que se ven favorecidos con las políticas de liberalización que están siendo aplicadas. Ni siquiera, las causas para echarlo podrían gravitar en términos de una incapacidad manifiesta, ya que su conocimiento especializado en materia penal cambiaria lo vuelven uno de los profesionales más avezados en la materia.

La única motivación que podría orientar una eventual avanzada contra Pedro Biscay sería su aplomo en la defensa irrestricta de los mandatos de la Carta Orgánica de la entidad reguladora. Ocurre que, a lo largo de los últimos meses, Pedro Biscay ha hecho oír su voz discordante con la actual gestión monetaria del BCRA. Reiteradas veces, y en estricta observancia de su rol formal en el Directorio, se manifestó contrario al rumbo global que la entidad estaba tomando. En particular, con acertado diagnóstico de la actual tesitura monetaria y financiera, Pedro Biscay ha expresado su discordancia sobre la decisión de que la reducción de la inflación gobierne al resto de los objetivos fundamentales del BCRA, entre los cuales se encuentra la búsqueda del empleo y el desarrollo económico con equidad social. Bajo esta interpretación amañada del espíritu del legislador al sancionar el actual reglamento de la entidad monetaria de contralor, su presidente Federico Sturzenegger, en clara corresponsabilidad con el resto del Directorio, deciden subordinar la totalidad de los mandatos taxativos del Banco Central a la mera intención de alcanzar una pretendida “estabilidad monetaria”; no estando siquiera exentos de controversias los procedimientos que se han implementado a tales fines.

Pero la mala praxis oficial no sólo se acota a los mecanismos para atenuar la variación de precios internos. Otro de los principales aspectos en los que Pedro Biscay orientó sus prescripciones, en los últimos meses, tuvo que ver con la ineficaz administración de pasivos perfeccionada por el BCRA, en pos de la realización de su único objetivo de política. Las tasas de interés altas y casi “libre de riesgo” para los grandes capitales concentrados, conllevan el doble perjuicio de incrementar la deuda cuasifiscal del organismo, a la vez que desincentivan la actividad productiva de los sectores de la economía real que se ven restringidos por el oneroso costo financiero.

Por otro lado, en los últimos meses, Pedro Biscay objetó la conveniencia de la puesta en funcionamiento de un esquema de “metas de inflación”, en el marco del actual contexto de suba de tarifas y demás incrementos de precios regulados. Nuevamente, la sujeción del propósito de bajar la inflación por sobre el resto de los objetivos, parte del error de diagnóstico de que la misma es causada por un único factor. Bajo esta lógica, el exceso de oferta monetaria puede ser reducida, en todo lugar y momento, con el sólo accionar del BCRA regulando la cantidad de dinero en circulación. Habiendo transcurrido más de un año y medio desde el cambio de mandato constitucional, se revela con claridad lo desacertada de esta teoría económica, además de la incongruencia entre las intenciones de la autoridad monetaria rectora y el manejo macroeconómico.

Por último, pero no menos importante, sobradas veces Pedro Biscay advirtió por la dolarización de carteras del sector privado, que se desarrolló con intensidad en los últimos meses. Es que, el momento culmine de todo pedaleo en una “bicicleta financiera” como la actual, generada producto de la disposición de las variables monetarias, es el de la conversión del dinero valorizado a dólares, para su posterior fuga de la economía local. Más allá de la existencia muy evidente de ganadores y perdedores en ese juego, el Dr. Biscay ha criticado los riesgos que una tendencia creciente a la dolarización de activos en nuestra economía puede implicar, en relación a un incremento a la volatilidad cambiaria, mayor posibilidad de insolvencia ante corridas, así como una vulnerabilidad creciente ante shocks externos.

Con todo, y bajo plena coincidencia de los abajo firmantes, el colectivo de economistas EPPA reafirma que:

  • Apoyamos de manera firme e indubitable al Dr. Pedro Biscay, por ejercer durante los últimos tres años su cargo de director del BCRA con incuestionable capacidad técnica, honestidad intelectual, hidalguía en tanto servidor público y coherencia ideológica.
  • Respaldamos cada una de las críticas que el Dr. Pedro Biscay ha marcado, en los últimos meses, sobre las políticas implementadas desde el Banco Central, por considerarlas ineficaces, inapropiadas y, en algunos casos, una expoliación del patrimonio público.
  • Rechazamos los intentos de avance contra la institucionalidad del Banco Central de la República Argentina, por parte del Presidente de la entidad, Federico Sturzenegger, así como del Presidente de la Nación, Mauricio Macri. Como indica con claridad la Carta Orgánica en su artículo 7°, los Directores son designados en acuerdo del Senado por 6 años, y esta disposición explícita no puede violentarse por el Poder Ejecutivo.Solicitada en apoyo a Pedro Biscay

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7Mar/180

Perspectivas del frente opositor

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Por Jorge Molinero

Tras las elecciones de octubre el oficialismo, que salió fortalecido al triunfar en varios distritos clave frente a la dispersión de la oposición, se lanzó a profundizar su regresivo plan económico y social. En un acuerdo logrado con aprietes de todo tipo a los gobernadores y legisladores peronistas obtuvo los apoyos legislativos a las reformas tributaria y previsional. Por el momento no cuenta con apoyo para la reforma laboral. La de mayor repercusión política fue la reforma previsional, que redujo derechos a la masa de jubilados y deteriora seriamente las perspectivas de los futuros beneficiarios, acompañada por intensas manifestaciones que pusieron el tema en el foco de atención de la población.

Las distintas expresiones de la oposición parecían sin norte tras la victoria oficialista y sólo se profundizaban los pases de factura en los incontables distritos perdidos o con retrocesos sensibles, hasta que hace algunas semanas – impensadamente para muchos - se reunieron en la UMET dirigentes del kirchnerismo, el randazzismo, el massismo y dirigentes como Alberto Rodríguez Saa, entre otros. La reunión contó con el aval de Cristina y Randazzo y la oposición de Massa. Ello estuvo precedido por una reunión entre Cristina y Alberto Fernández. También hubo reuniones en el interior, la más significativa hasta ahora la de Coqui Capitanich. El 21 de febrero Moyano convocó un acto masivo en la Avenida 9 de Julio. Además de Camioneros participaron activamente las dos CTA, Bancarios y muchos gremios, incluidos varios de la CGT que no convocó, y una masa muy importante de organizaciones sociales y agrupaciones políticas. Fue un acto en contra de Macri mucho más que a favor de Moyano.

El gobierno nacional restó trascendencia a esos actos políticos y denostó al sindicalismo al referirse a la concentración popular del 21 F. Más recientemente en el día de la apertura de las sesiones legislativas ordinarias Macri leyó un discurso de vaguedades y embellecimiento de la situación socioeconómica que poco se compadece con la realidad. Está claro que piensa que su avance electoral en octubre le permitirá profundizar la política de favorecer al capital en contra de los intereses de los trabajadores, y de allí la ofensiva contra los sindicalistas, donde primero ataca a los díscolos a sus dictados y luego lo hará con el resto de los “dialoguistas”.

Si estos son los hechos recientes más salientes, ¿cómo los interpretamos?

Nuestra evaluación es que hay conciencia en la dirección del kirchnerismo del serio retroceso político que significó la revalidación electoral del gobierno en octubre. Este ganó en los principales distritos frente a un peronismo dividido, y derrotó a Cristina en la Provincia de Buenos Aires por más de 400.000 votos. Provincia esquiva desde que ganó de Narváez en 2009, y si bien se dio vuelta con creces en 2011, se volvió a perder frente a Massa en 2013, a Vidal en 2015 y a Bullrich en 2017. En otras provincias no les fue mejor a las distintas expresiones peronistas. Hubo derrotas en la Santa Fe del Chivo Rossi, el Chaco del Coqui Capitanich, y también en las opo-oficialistas Salta de Urtubey y Córdoba de Schiaretti, entre tantos retrocesos. No se entendería sin esa evaluación una reunión con sectores que han colaborado abiertamente con el gobierno (el massismo) o han jugado en contra de las posibilidades de un triunfo en la provincia como la candidatura de Randazzo.

A más de dos años de gobierno de Macri el poder económico concentrado maneja casi todos los resortes: el poder ejecutivo, grandes porciones del judicial, hasta ahora el legislativo (por chantaje de apoyos financieros o carpetazos), los medios hegemónicos, los servicios de inteligencia, las fuerzas armadas y de seguridad, el apoyo de la embajada, la pasividad cómplice de la CGT, entre otros tantos.

Durante los gobiernos kirchneristas los medios hegemónicos estuvieron fuertemente en contra, en especial a partir de 2008. Pero se contaba con medios a favor, incluyendo los canales oficiales y varios oficiosos. Una vez que se perdió el poder político la hegemonía de los medios de la derecha se hizo mucho más asfixiante y se constituyó en factor determinante del retroceso de la conciencia política de amplios sectores populares, incluidos los que objetivamente empeoraron su situación con este gobierno.

¿Por qué decimos que las gestiones encaminadas a organizar un frente opositor parten de un reconocimiento del retroceso sufrido? Porque la principal espada en el evento de UMET, el Chivo Rossi, lo explicitó al indicar que el límite para formar parte del frente era Macri. No dijo Massa, ni Randazzo, dijo Macri, y Cristina no lo desautorizó. El significado de un frente que incluye a esas distintas expresiones (al margen de la poca probabilidad que la integre Massa aunque sí partes importantes de su estructura política) es que será menos definido que la fracción kirchnerista que parece ser la más importante. Se ha desatado, dentro del kirchnerismo, la discusión sobre la hegemonía del frente en cuestión, y muchos han centrado la discusión en la plataforma que debe tener el frente opositor, que marcaría quienes están adentro y quienes afuera. Sería bueno que así fuese, pero no es necesariamente así. Para comenzar, estas primeras rondas de reuniones no agotan las distintas fracciones del peronismo. Además, lo explicitó Alberto Rodríguez Saa, habría que ampliar el frente opositor con expresiones de la izquierda y el progresismo.

Para el armado de un frente opositor es muy importante la actitud que asuman las distintas dirigencias sindicales, hoy seriamente divididas entre dialoguistas y crecientemente opositores. No es posible lograr un frente político popular con capacidad de triunfo sin el apoyo de los trabajadores organizados y una fracción importante de sus conducciones sindicales. Ese es el sentido de la profundización de la unidad que se planteó en el acto del 21 F.

En política no se puede avanzar forzando interpretaciones de la realidad para que coincidan con nuestras expectativas o nuestros ideales. Esos objetivos e ideales no se deben declinar en ninguna circunstancia. Lo que no hay que hacer es confundir los objetivos con la posibilidad de lograrlos en forma inmediata, porque al hacerlo sólo se aísla de las mayorías como vanguardismo, sin percibir el retroceso en el grado de conciencia política que se ha producido en muchos sectores populares. Al margen de las intenciones se estaría garantizando la continuidad del plan de la derecha en todas sus dimensiones.

Por qué no se puede garantizar la hegemonía cuando fue posible hacerlo en las presidencias de Néstor y Cristina? Porque las circunstancias son diferentes, tanto en el plano de las posibilidades económicas como en el grado de conciencia política de las mayorías. No tomar esto en cuenta sería un serio error político.

Había problemas en distintas áreas al momento del triunfo de Cristina en 2011 con el 54 % de los votos. En pocos meses se perdió el apoyo político de una fracción no despreciable de la clase media con la imposición del denominado “cepo” a la compra de dólares para evitar una acelerada fuga que nunca cesó, en un país de elevada inflación. Antes de fines del 2011 se había roto lanzas con las organizaciones gremiales comandadas por Moyano. No se critican las decisiones, sólo se indica que fueron limitantes que los cambios posteriores agravaron.

A mediados de 2012 comenzó la caída de los precios internacionales de las commodities y se pasó a perder en cuatro años más de 25.000 millones de dólares anuales de exportación (Exportaciones 2011: U$S 82.981 Millones; 2015: U$S 56.788 Millones) caída de exportaciones que se mantiene aun en el gobierno de los ricos y poderosos con retenciones eliminadas o en retroceso (soja). Esa etapa de muy altos precios internacionales a nuestras exportaciones se terminó. No existe y no se puede crearla sólo con la voluntad. Tampoco, sin esos excedentes, se pueden repetir en forma idéntica las políticas redistributivas que se pudieron hacer en Argentina y el resto de los países sudamericanos durante la década pasada. Ese cambio de escenario internacional ayuda a comprender muchos cambios políticos en los países de nuestro subcontinente.

Sin las condiciones económicas que posibilitaron el crecimiento acelerado y la redistribución progresiva la lucha política se agudiza, en desmedro del apoyo político con que contaban los sectores transformadores en años pasados, por razones que van más allá de la extensión de este artículo.

Una razón, entre otras, es la heterogeneidad social actual que hace que una proporción elevada de la población se sienta “clase media” (trabajadores formales, sean obreros o empleados, cuenta propia no de subsistencia, profesionales, pequeños y medianos empresarios, etc.) a diferencia de la separación de clases en los años cuarenta hasta los setenta (etapa de la economía cerrada) con amplias mayorías de trabajadores manuales formales. Estas nuevas y heterogéneas clases medias, que habían sido golpeadas por el corralito y la crisis del 2001/2002, se rehicieron, ganaron dinero y confianza, pero partes de ella dejaron de apoyar políticamente a quienes le hicieron emerger en los años de crecimiento acelerado que van de 2003 a 2011. El crecimiento posterior (2012 a 2015) fue mucho menor en condiciones internacionales más adversas, pero se logró sin apelar a ajustes recesivos como los que implementó el macrismo.

Esos mismos sectores sociales que apoyaron al kirchnerismo en la década pasada y se apartaron luego pueden volver a cambiar de posición en función de cambios en la realidad económica y social del país. Es el importante sector identificado como los independientes en las encuestas que pueden definir un ballotage. Estos cambios tienen que ser de una magnitud importante para que prevalezcan sobre sus aspiraciones sociales que los alejan de la suerte de los sectores más precarios. También en los más precarios la adhesión al kirchnerismo se ha retraído aunque sea muy significativa, otra marca de la penetración de los medios hegemónicos.

El gobierno de Cambiemos provocó deliberadamente la caída de la producción, el consumo y la ocupación en 2016, para cambiar la distribución del ingreso, atribuyendo el ajuste realizado a la necesidad de enderezar los desmanejos de la “pesada herencia”, ya que el gobierno anterior “se había robado todo”. Esas dos muletillas, repetidas hasta el cansancio por la cadena de medios públicos y privados, profundizaron la caída de apoyo político al kirchnerismo en los dos últimos años.

A pesar de la intención gubernamental, estos retrocesos económicos fueron moderados para lo que son los ajustes típicos en nuestro país. La causa principal fue la capacidad de resistencia de las organizaciones políticas, sociales y gremiales (luchas por el salario, contra los tarifazos, etc.). En 2017 la situación económica se revirtió parcialmente sobre todo acercándose a las elecciones y ello contribuyó al triunfo de Cambiemos. El año cerró con un crecimiento desigual (retroceso del empleo formal en la industria, crecimiento de sectores de la construcción y del cuentapropismo ahora blanqueado para cobrar la AUH) pero totalizó un 2,8 % positivo. El endeudamiento externo y el alto peso de los intereses de las Lebac pueden desbalancear el esquema macroeconómico del país, pero el gobierno todavía tiene margen para seguir endeudándose. Si no les estalla la crisis de la deuda (mega devaluación por huida de divisas o imposición del Fondo Monetario) hasta después de las elecciones y no cometen serios errores políticos, pueden volver a ganar. El deterioro actual de la imagen del gobierno puede volver a revertirse con un gasto preelectoral en obras públicas como se hizo en 2017. Pero las condiciones son más adversas también para el gobierno en este campo, aunque las alternativas siguen abiertas.

Un frente como el que se está delineando, aun con hegemonía kirchnerista, tendría serias dificultades de revertir todos los retrocesos que ha impuesto el gobierno de la derecha en el marco internacional actual. Es más. La misma idea de frente es el reconocimiento al otro como necesario, y por lo tanto hay principios básicos a acordar, mínimos comunes denominadores, pero no será la plataforma exclusiva de ninguna fracción por importante que sea. Es sin dudas una limitación cuando hay que tratar de revertir tantos retrocesos, y de eso se tratan las distintas iniciativas políticas que se están desarrollando. Pero la alternativa de definir muy estrechamente la amplitud del frente es continuar con la dispersión de las distintas oposiciones, garantizando el triunfo de Cambiemos.

La alternativa que apoyamos es este frente amplio aunque de bordes peligrosamente indefinidos. No hay garantías que esas indefiniciones se resuelvan positivamente, como no hay garantías de que un equipo de futbol gane, pero no por ello no juega. Es necesario luchar en cada campo para recuperar la conciencia política y poder definir con la presión popular los objetivos del frente tanto en independencia económica como en justicia social y defensa de derechos. Es un partido que hay que jugar poniendo todo en la cancha.

Jorge Molinero miembro de Comisión de Economía de Carta Abierta

 

 

30Ene/180

INTI

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El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) es un organismo descentralizado que resulta clave en la promoción del desarrollo industrial de nuestro país. Su capacidad y experiencia en el asesoramiento a PyMEs nacionales, en el mantenimiento de patrones de medición y estandarización, en la implementación de ensayos y el desarrollo de métodos de control de calidad a escala industrial son reconocidos en nuestro país y en el mundo. Desde diciembre de 2015, todo el sector científico y tecnológico argentino entró en una gran crisis prespuestaria. A modo de ejemplo baste recordar que la finalidad ciencia y técnica (que incluye tanto al INTI como a otras dependencias del estado) pasó de ocupar el 1.52% del total del presupuesto nacional en 2015 a un magro 1.22% en 2018. No es un hecho sorprendente sino una medida coherente con una política que promueve la desindustrialización y reprimarización de la economía argentina.

 

En estos días asistimos a un nuevo ataque al INTI y a sus trabajadores y trabajadoras, que deberían ser cuidados como parte del patrimonio científico y tecnológico del país. En lugar de hacer eso, las autoridades anunciaron el despido de más de 250 trabajadores y trabajadoras del organismo, muchos con una larga carrera en la institución. El número de despidos, cercano al 10% del total del personal, demuestra que el gobierno impulsa la destrucción del INTI.

 

Repudiamos los los despidos, nos solidarizamos con los trabajadores y las trabajadoras del INTI  y convocamos a la ciudadanía en general y a la comunidad científica en particular a resistir este agravio.

 

Al gobierno nacional le exigimos la reincorporación de los despedidos y despedidas y el cese de la política de vaciamiento del INTI. Asimismo, lo hacemos responsable por la integridad física de los trabajadores y trabajadoras de la Institución que se manifiestan en defensa del organismo, rodeados por fuerzas represivas que contínuamente los amenazan y provocan.

 

A nuestros conciudadanos los convocamos a defender al INTI y a sus trabajadores y trabajadoras, como una forma de defender el trabajo argentino y el desarrollo de la industria nacional.

 

A los trabajadores y las trabajadoras del INTI les decimos: ¡Estamos con Ustedes! Tienen nuestro apoyo, nuestra solidaridad y nuestro abrazo. Cuenten con nuestra participación en la movilización en defensa del INTI y por la reincorporación de los trabajadores y trabajadoras despedidos.

 

Grupo Ciencia y Técnica Argentina (CyTA) Investigación y Desarrollo para la Inclusión

2Ene/180

APERTURA Y ACUERDOS COMERCIALES

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JORGE MOLINERO Carta Abierta

El gobierno nacional se ha embarcado en un proceso de apertura comercial y financiera, tratando de convencer a la opinión pública que son beneficiosas para el país, y que nos “sacarán del aislamiento” que según ellos fue la característica de la época kirchnerista.

El 22 de diciembre La Nación se lamentaba que no se haya podido cerrar el acuerdo Mercosur-Unión Europea, debido a los “persistentes reparos de la UE (sobre volúmenes de cuotas de algunos productos agrícolas y de biocombustibles, la cuestión de la propiedad intelectual, las compras gubernamentales y ciertos temas de servicios financieros y marítimos)”(1).

Los negociadores europeos querían todo a su favor sin conceder más que migajas a los sectores primarios que serían los principales beneficiarios, al tiempo que el sector industrial el más afectado. Nosotros diríamos que gracias a sus “reparos” se ha dilatado la firma de un tratado que traería muchos mas perjuicios que beneficios. Pero el gobierno insistirá en marzo con el acuerdo de marras, al tiempo que propone avanzar en otros acuerdos, no sólo con la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) con los que tenemos distintos acuerdos previos, sino con Canadá, Singapur y Corea del Sur. La lista se ha restringido ahora que el tratado general de EEUU con los países asiáticos ha sido bombardeado por un Donald Trump devenido en proteccionista, mientras la “antorcha del libre comercio” pasa a las manos de China. ¿Por qué la apertura irrestricta y los acuerdos de libre comercio no son beneficiosos para países como la Argentina? Un poco de historia nos puede ayudar a comprenderlo.

La teoría y la práctica de los países hoy desarrollados

Desde el inicio de la Economía Política en Gran Bretaña, la teoría convencional del comercio exterior dice que la competencia perfecta será de mutuo beneficio para las partes, por lo que se deben eliminar las restricciones al comercio internacional. El neoliberalismo - la teoría económica que abrazan los economistas en los países centrales y muchos en los periféricos como el nuestro - caracteriza a los mercados como estructuras auto-reguladas que atienden todas las necesidades económicas, utilizando eficientemente los recursos y generando pleno empleo para “todas las personas que realmente quieran trabajar”. En esta difundida teoría de los países dominantes la pobreza, el desempleo y las crisis económicas periódicas se deben a factores externos que limitan el libre accionar del mercado, como los sindicatos y la acción del Estado.

Para superar el atraso y la pobreza - sigue la saga oficial del neoliberalismo - hay que crear estructuras amigables con el mercado (“market friendly”): recortar la fortaleza sindical para que los empresarios puedan tomar y echar personal a voluntad, privatizar las empresas públicas, eliminar las regulaciones estatales a la actividad económica interna y abrir los mercados al capital y las mercancías externas.

Sin embargo, desde que el capital financiero y su expresión ideológica neoliberal retomaron el control de la política económica en el mundo, a partir de los años 80, la pobreza y el hambre aumentó en los países ya pobres, al tiempo que se concentraba la riqueza tanto en países centrales como periféricos. En Latinoamérica fueron décadas perdidas para el crecimiento hasta que en la década pasada varios países de la región se embarcaron en un proceso diferente de acumulación y crecimiento que puso foco en la reducción de la dependencia financiera, aumento del consumo interno y reducción de la pobreza.

Sólo un puñado de países asiáticos, siguiendo reglas diferentes a las del manual neoliberal, crecieron fuertemente. A la salida de la Segunda Guerra Japón retomó su crecimiento, para ser seguido más adelante por Corea, Singapur, Hong Kong y Taiwán, y en los ochenta por China que está llamada a cambiar las relaciones de poder a nivel mundial en las próximas décadas. El crecimiento de la India es más tardío y está varios pasos por detrás de China, pero su importancia es, como ésta, la magnitud de su población.

En la mayoría de esos países el crecimiento acelerado y la reducción de la pobreza no se logró con apertura comercial irrestricta y menos aún con apertura financiera. El caso de China es el más exitoso por llevar casi 40 años de alto crecimiento (en un promedio cercano al 10 % anual acumulativo, pasando al 6 % en los últimos años) sin ningún año de las crisis periódicas que asolan a los países capitalistas desarrollados. Su Producto Bruto es el segundo a nivel mundial en dólares corrientes, detrás de EEUU, y el primero en Paridad de Poder de Compra. Ello lo ha logrado con un estricto control de los flujos financieros, con esa actividad casi 100 % en manos del Estado, al igual que las empresas de servicios públicos y las consideradas estratégicas (defensa, energía, comunicaciones, etc.) y un muy estudiado sistema de promoción de las exportaciones y de las inversiones externas. Esto incluye transferencia de tecnología del inversor internacional y un saldo externo positivo de las empresas a radicar allá (las exportaciones comprometidas deben ser mayores a las importaciones de insumos, bienes de capital y repatriación de utilidades y regalías). Ninguna de estas políticas son las recomendadas por las recetas neoliberales en que se apoya el gobierno de Cambiemos.

Pero no sólo China y los asiáticos no respetaron esas recetas para lograr su desarrollo. Los países europeos y Estados Unidos, en su momento, también las contravinieron en la etapa en que consolidaban su propio crecimiento industrial. Gran Bretaña, el primer país industrial, apeló a la alta intervención estatal. Desde el siglo XIV promovía la manufactura de prendas de lana, con derechos de exportación (sí, las “odiadas” retenciones) a la exportación de lana en bruto y con promociones a la mano de obra europea especializada en tal industria. Más adelante, cuando su industria textil de algodón dio origen a la revolución industrial alrededor de 1780 se fueron articulando distintas intervenciones del Estado para lograr su supremacía, entre las cuales muy significativas y poco mencionadas son las de tipo militar. La subyugación de la India por la armada británica derivó en la “libre exportación de algodón en bruto” a la metrópoli, al tiempo que se reprimía la actividad de la hilandería y tejedurías nativas, incluyendo el corte de los dedos a las hábiles trabajadoras indias. La etapa del imperialismo clásico se desarrolló alrededor de 1875 con la conquista militar de continentes enteros para explotar sus recursos y obligarlos a importar productos industriales de sus metrópolis europeas. Parafraseando a Von Clausewitz diríamos que la guerra (y la conquista) no es sino la continuación de las transacciones económicas (políticas decía él), por otros medios.

Tanto Estados Unidos como Alemania - los principales desafiantes de la supremacía británica - así como Japón, Suecia y otros hoy desarrollados fueron fuertemente proteccionistas, el primero hasta la finalización de la Segunda Guerra Mundial. Luego, una vez que hubieron consolidado su rol de economía industrial desarrollada comenzaron a predicar (y obligar por distintos medios, como vimos) al resto del mundo a practicar el libre comercio y la movilidad irrestricta de capitales. Como decía el economista coreano Ha-Joon Chang (2), es “pateando la escalera” que les permitió llegar arriba como impiden que otros puedan llegar.

 

La etapa actual y el plan de Cambiemos

La situación idílica del “todos ganan” que describe la teoría económica neoliberal no logró el desarrollo de aquellos que la siguieron sino que los encadenó a la especialización primaria cercenando las potencialidades de un desarrollo industrial con mayor grado de autonomía. A contrapelo de estas evidencias, el gobierno de Cambiemos procedió a la apertura tanto de capitales como de mercancías, y los resultados fueron una caída de la actividad muy fuerte en 2016 seguida con una recuperación parcial en 2017.

En el sector externo la situación se deterioró claramente en estos dos años. Por un lado las exportaciones no crecieron a pesar de la fuerte devaluación inicial y la quita de retenciones. El anémico saldo comercial positivo de 2016 se transformó en un saldo fuertemente negativo en 2017, que terminará por superar los 8.500 millones de dólares. Es que en 2017 hemos asistido a un proceso inverso de revaluación del peso que encarece las exportaciones y facilita las importaciones. El principal cambio externo que Cambiemos no quiere registrar es que la economía mundial no tiene la fuerte expansión que la caracterizó desde los primeros años del milenio hasta mediados de 2012. En ese momento en donde cayeron abruptamente los precios de las commodities, a lo que se suma la retracción de exportaciones industriales a Brasil, nuestro principal cliente. Entre 2011 y 2015/2016, la caída de las exportaciones argentinas fue muy fuerte (más del 30 %)

COMERCIO EXTERIOR ARGENTINO – AÑOS SELECCIONADOS

(MILLONES DE DÓLARES)

 

EXPORTACIÓN

IMPORTACIÓN

SALDO

2002

25.650 8.989 16.661

2011

82.981 73.961 9.020

2015

56.788 59.757 - 2.969

2016

57.733 55.609 2.124
ENE/NOV 2017 53.881 61.538 - 7.657

 

Fuente: Indec.

La eliminación de la administración del comercio exterior (control de las importaciones) derivó en 2017 en un incremento significativo de las importaciones agravado por el retraso cambiario que se acentuó este año. Ese “agujero negro” del sector externo se financia con mayor endeudamiento que en vez de utilizarse para hacer inversiones en infraestructura o en actividades productivas que promuevan exportaciones o sustituyan importaciones, se utiliza para la especulación financiera con Lebac e instrumentos similares, capital golondrina que volverá a salir cuando este “esquema Ponzi” no aguante más (la corrida cambiaria de fin de año puede ser un anticipo). Las elevadas tasas de interés atraen a la especulación al tiempo que conspiran contra la inversión productiva. Las inversiones externas directas no superan los 2.000 millones de dólares (básicamente reinversión parcial de altas utilidades de empresas extranjeras), mientras la inversión de portafolio (especulativa) se acerca a los 14.000 millones de dólares. El endeudamiento con mercado de divisas abierto, una vez más ha sido el vehículo de la descontrolada fuga de capitales (en 10 meses de 2017 totalizan U$S 38.262 millones).

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2015 2016 2017

TASA LEBAC PROM. ANUAL 27,22 % 30,91 % 25,83 %

STOCK LEBAC (MILL. $) 345.124 630.310 1.177.230

INTERESES LEBAC/PBI 1,3 % 1,9 % 2,3 %

FUENTE: FIDE

Con la política económica actual nos encaminamos hacia el mismo tipo de problemas que tuvo la Convertibilidad en su etapa final, una apertura indiscriminada que solo se mantiene con mayor endeudamiento hasta que los acreedores externos (incluidos argentinos que ya blanquearon sus dólares en el exterior) entienden que ha terminado el juego de las Lebac o los Bonos del Tesoro y se retiren en masa, provocando una devaluación descontrolada.

No es que este gobierno de ricos no sepa como termina esta historia repetida. El país que quedará será de una alta desocupación para disciplinar la actividad sindical y lograr salarios reales mucho más bajos. Otra vez el encadenamiento de nuestra soberanía a una pesada deuda externa que cristalizará una distribución del ingreso más regresiva, con aumento de la pobreza y la marginalidad. Esos son sus objetivos escondidos detrás de los globos amarillos y las declaraciones de futuros brillantes.

 

 

  1. La Nación. 22-12-2017: “El Mercosur culpa a Europa por la falta de avances en el acuerdo”
  2. Ha-Joon Chang. “Kicking away the Ladder” (Pateando la escalera). Anthem Press, 2002