Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

11May/170

Nunca declararse derrotado

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Hace unos días, todo era angustia. ¿Cómo revertir un golpe tan profundo y tan sutilmente preparado? Si era un fallo de la última instancia, ¿cómo evitar que los tribunales inferiores multiplicaran las libertades de genocidas? Los organismos de derechos humanos no dudaron y su enérgica denuncia impulsó una reacción social tan vasta y profunda como para generar los repudios más impensados, una ley votada por todos los bloques y una marcha que debe celebrarse por la multitud reunida pero también por el acuerdo de amplitud pocas veces alcanzada. Lejos de aquellos temores iniciales, hoy celebramos un avance histórico en la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. Quienes quizá no celebren son los que, tirando la piedra y escondiendo la mano, promovieron este escándalo jurídico que rechazó la sociedad

11May/170

UN MOMENTO DE DEBILIDAD DEL RÉGIMEN

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“¡Qué grande es el mar!”, dijo uno frente al océano infinito. Sí, “es muy grande”, fue la respuesta del otro, que con sorna agregó: “…y eso que sólo vemos la parte de arriba”.

Lo mismo pasa en política: a la primera mirada sólo vemos lo aparente, y como siempre nos tienen apurados no nos detenemos a reflexionar. Es la domesticación que la diabólica inteligencia del régimen y las clases dominantes promueven, con ayuda de la prensa hegemónica, los encuestadores, los tanques de pensamiento colonial de la academia y la intelectualidad a sueldo. Como decía el sabio Don Ata a Suma Paz, su mimada discípula: “Paisanita, si quiere conservarse auténtica expresión de lo nuestro, no lea los diarios ni mire televisión”. Pero siempre nos termina ocurriendo, porque nos dejamos atorar con información banal, frívola, inexacta, adulterada, falsa, enemiga. Lea ahora mismo las cataratas de datos e interpretaciones sobre la resolución de la Corte Suprema de Justicia de aplicar el 2 x 1 a favor del represor Luis Muiña, y ahí tendrá una muestra de lo que afirmo.

No pretendo entablar un debate jurídico ni mucho menos, principalmente por mi falta de formación en el derecho, que no va más allá de la averiguación periodística. Mucho menos me propongo        quitarle importancia al asunto; todo lo contrario: pretendo darle la trascendencia histórica y política que los medios disciplinados hurtan y que el caso amerita.

Sólo trataré de evitar en este análisis que el cuestionado fallo de los cuestionados Elena Highton de Nolasco, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, que ha terminado siendo denominado 2 x 1, así a secas, se convierta en el meollo del asunto, en la única fuente, prueba o documento a considerar. Nada de anteojeras. Sería como pensar que todo el mar es solamente lo que se ve a simple vista, las olas, la parte de arriba, la superficie nomás.

Lo que Poder Ejecutivo Nacional y la Corte Suprema procesan es una mutación radical de la política: el sujeto ya no es el pueblo, la sociedad, los trabajadores; con esta decisión están buscando mostrar un país “previsible”, con “seguridad jurídica”, para ofrecer a “los inversores”. Esa seguridad supone impunidad para los dueños del poder. Pero se les armó un inesperado y brutal desbarajuste. Para entenderlo hay que hacer un poco de memoria y relacionarlo con el golpe genocida de hace 41 años, tácito precursor del actual conflicto.

 

¿Qué nos puede enseñar ese hecho histórico? Desde ya, las similitudes de lo que se propusieron los autores de aquella dictadura militar, empresaria, clerical, oligárquica e imperialista con la gestión del gobierno actual.  Algo nos dice en esta hora la sola definición de aquel golpe y la recapitulación de los objetivos que se propuso y en buena medida logró ejecutar. ¿No se afirma acaso –y creo que con acierto- que los funcionarios del actual gobierno de Macri son los herederos, los hijos, los discípulos de los que gobernaron la Argentina entre 1976 y 1983? Si analizamos aquellos objetivos vamos a entender mejor el significado del fallo de la Corte Suprema y sus prolegómenos.

 

Recordar las finalidades del golpe del 24 de marzo de 1976, nos ayuda a comprender nuestra cotidianeidad, nuestro presente. Y surge automática la respuesta a toda incertidumbre respecto de los motivos del reciente fallo de la Corte, sus antecedentes y las conductas de los actuales gobernantes: es una continuidad, es un mandato de coherencia histórica. Claro, porque en todos estos 41 años los genocidas y sus socios nunca dejaron de intentar un retorno. Y más claro para todo aquel que no se haya convencido aún: con Macri lo están logrando.

 

El fallo del 2x1 que beneficia a asesinos y genocidas de la última dictadura tiene que ver con una instalación y un contexto. Sobre lo primero, para mencionar sólo los hitos más evidentes: la declaración diciendo que los derechos humanos son “un curro” o un negocio, la discusión sobre cuántos desaparecidos y la banalización del crimen de Estado, las referencias a la “guerra sucia” que, entre otras frases, significa adhesión a la “teoría de los dos demonios” que estaba definitivamente enterrada y, si queremos algo aún más grave, la modificación de Macri de un decreto de Alfonsín sobre el poder civil en el control de las Fuerzas Armadas. Además, mano dura, reducción de la edad de imputabilidad penal a los adolescentes, justificación del gatillo fácil, represión contra la movilización social. Y hay más: en lo simbólico se reeditó salvajemente el odio de clase (el choripán, las mafias, la grasa, los ñoquis y demás), alentado desde la misma Presidencia de la Nación.

Así como nosotros honramos a nuestros 30 mil desaparecidos, homenajeamos a nuestros caídos y demás víctimas del terrorismo de Estado, ellos siempre esperaron la oportunidad de rehabilitar a los suyos. Les costó cuatro décadas: pero están a punto de reivindicar a sus héroes, discapacitados y gagás, pero victoriosos.

 

Aquel terror de Estado ejerció la “necesaria” violencia para reestructurar la economía, el estado y la sociedad. En el contexto en que hoy se dicta el fallo del 2 x 1, las herramientas son otras, pero los fines los mismos. La misma ofensiva del capital sobre el trabajo para promover la monumental transferencia de ingresos a favor de las clases propietarias, los bancos y las corporaciones globales. Junto al desempleo, la flexibilización y la precariedad laboral desde el Estado se restringe la capacidad de protesta y organización sindical, con el objetivo de destruir una cultura social y sindical histórica en la Argentina.

 

Por fin, para similitudes de contexto, cabe mencionar que el modelo económico, readecuado a esta década, abreva en el diseñado por el Plan de Martínez de Hoz en abril de 1976. Es más, la inmensa deuda pública generada por el letal deterioro de la producción nacional será saldada con nuevos ajustes y la deuda externa, la mayor contraída por un país occidental en menos tiempo, recaerá sobre los hijos y nietos de nuestra generación deberán pagarla con hambre y sed.

 

Y bien. Creo que los antecedentes y contextos descriptos son los que crean las condiciones y explican el ya famoso 2 x 1, que suponía escalar un escalón más en la legitimación del modelo político que sustenta el proyecto colonial. Pero les salió un tiro por la culata. La vitalidad democrática del pueblo argentino es un obstáculo difícil de someter.

 

Lo que hoy resplandece es el desbarajuste cortesano, que incrementa un cuadro de desavenencias políticas internas y de disconformidades con los premios y castigos de la nueva economía. Cabe agregar que el campo popular, en sus expresiones sociales, políticas y territoriales se ha movilizado como nunca y que se consolidan los lazos de unidad en derredor de un movimiento obrero cada vez más combativo.

 

Un momento de debilidad del régimen.

 

A la ocasión la pintan calva. Siempre y cuando los argentinos de buena fe podamos hacer pie en nuestra conciencia histórica y política, estaremos en condiciones de llevar a cabo una crítica del pasado y del presente, madurar un proyecto que devuelva la esperanza a las mayorías, renovar la dirigencia y reconquistar el poder.

 

Sólo sobre nuevas certezas se podrá construir una situación y espacio de lucha que nos proyecte hacia un futuro de justicia social, independencia económica y soberanía nacional.

 

 

Ernesto Jauretche

La Plata, 9 de mayo de 2017 

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Ernesto Jauretche

9May/170

LOS RIESGOS DE COGOBERNAR

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Estos NO tienen regreso

Jorge Fereyra

El bochornoso fallo de la Corte Suprema de Justicia concediendo el beneficio del "2 x 1"a un condenado por delitos de lesa humanidad (construido con el voto decisivo de los dos jueces designados en el actual gobierno), pone otra vez en el tapete la estrategia de un sector del peronismo de "aportar a la gobernabilidad" de la gestión de Mauricio Macri; y que con sus votos posibilitó la nueva integración del tribunal .

Ese sector (que podría situarse en el Senado, y encarnarse en las figuras de Pichetto y Abal Medina) osciló entre la idea de una "oposición racional y responsable que no se opone a todo porque sí como loquitos" (Abal Medina dixit), hasta el extremo de sugerir al oficialismo un pacto de acuerdos amplios, en una suerte de cogobierno entre la Casa Rosada y parte del Congreso.

Pichetto ha sido justamente el máximo defensor de esa teoría, que presupone a su vez un consenso básico sobre puntos centrales del programa político y económico del oficialismo: dar por concluido el ciclo del kirchnerismo como una anomalía que debe ser dejada atrás para retornar al "peronismo racional", "volver al mundo" (acuerdo con los fondos buitres, blanqueo de capitales, apertura a las inversiones, ciclo de endeudamiento), "normalizar" la economía (tarifazos, levantamiento del cepo).

Por eso no es casual que todas las iniciativas de Macri que apuntaban en ese sentido tuvieran el acompañamiento de éste sector en el Congreso.   

A cambio de esa donación voluntaria de gobernabilidad, no pidieron mucho hasta acá: acaso ofrecerse como gestores de alguna gestión que los gobernadores peronistas no pudieran resolver por sí solos en la Rosada, y la "emergencia social" votada a fines del año pasado, que aun hoy sigue en los papeles, sin traducirse en nada concreto.

En ese trance coincidieron con algunos que reclamaban "autocrítica" al kirchnerismo por haber perdido las elecciones (como la conducción nacional del Movimiento Evita), intentando todos mostrar que podían construir el post kirchnerismo, prescindiendo de Cristina y del núcleo duro de sus apoyos políticos.

A juzgar por los resultados, no lo estarían consiguiendo: el fallo que abre la puerta de la jaula a los genocidas (contra el cual algunos de ellos ahora reaccionan escandalizados) fue posible gracias a los dos jueces que Macri intentó colar por la ventana del decreto dentro de la Corte, pero que luego fueron ampliamente ratificados al discutirse sus pliegos en el Senado; pese a las objeciones públicas de los organismos de derechos humanos a ambos candidatos precisamente -entre otras cuestiones- por sus posturas en las temáticas de derechos humanos.

Parafraseando a otro senador de acá (que también votó los dos pliegos, el de Rosatti y el de Rosenkrantz) ni Pichetto ni Abal Medina ni -ya que estamos, agreguémoslo- Perotti ni ninguno de los que levantaron la mano pueden alegar que a ellos no les avisaron.

Porque además no es el de los nuevos ministros de la Corte el único caso en el que levantaron la mano para aprobarle pliegos a Macri, sin contar las veces en que lo hicieron para aprobar leyes nefastas; como el acuerdo con los fondos buitres, el blanqueo de capitales o la "asociación público-privada"; que posibilitaron -respectivamente- el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento, el saqueo progresivo del Fondo de Garantía de la ANSES y la generación de nichos de negocios para los amigos del poder, del país y del extranjero; en desmedro de la producción y el trabajo nacionales.

Lo propio hicieron con el pliego de Federico Sturzenegger para la presidencia del Banco Central, o los de Gustavo Arribas y Silvia Madjalani para la AFI; de modo que son políticamente corresponsables de las desastrosas gestiones del gobierno de "Cambiemos", en ambos casos; irrresponsable endeudamiento cuasi fiscal con el festival de LEBAC's, política de asfixia financiera a la producción con tasas inverosímiles, bicicleta para los capitales golondrinas y montaje de una estructura descontrolada de espionaje a opositores, incluida.

Tan comprometidos están algunos (como Pichetto) con la idea del "cogobierno" que tienen fondeados los pliegos del resto del directorio de Central, para negociar lugares allí para ese sector de la oposición; una idea que -si prosperara- solo los haría más copartícipes aun del desastre que están generando Macri y su gobierno.

4May/170

Declaración de Carta Abierta sobre la decisión de la Corte Suprema

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Las brumas de la impunidad

La retorcida resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación merece sin duda todos los análisis jurídicos que sean necesarios a fin de intentar retrotraerla, pero como en tantos otros casos, es una decisión tomada por una cuestionable mayoría formada con innegables y toscos forzamientos. Los jueces que la firman todos son conexiones terminales de la voluntad desmanteladora del macrismo, que vacía toda juridicidad en los más hondos basurales de la historia. Léanse los dictámenes de los jueces sórdidamente revisionistas.

Dicen actuar en nombre de la civilización, de la arquitectónica más elocuente de leyes que garantizan la vida sin barbarismos. ¿No es éste el lenguaje más refinado de los hipócritas restauradores del festín de los represores? Son los nuevos bárbaros esgrimiendo las tablas de la ley. Miserablemente, surgen una vez más los oscuros compromisos de una parte significativa del aparato jurídico con el proyecto de volcar las interpretaciones ya consagradas sobre el Terrorismo de Estado hacia la zona más oscura de la historia del país. Hay en la decisión de estos jueces –todos ellos integrantes ya de una irreversible galería de la vergüenza nacional, Rosatti, Rosenkrantz, Nolasco-, la voluntad insidiosa de reescribir una historia dramática que fue juzgada en los tribunales de la humanidad, para darle voz a los represores, torturadores y asesinos como nuevos sujetos a los que se les confiere el derecho de revertir las vigas más profundan de la ética pública.

La desculpabilización  de patibularios personajes se hizo moviendo piezas jurídicas inverosímiles, con estilo de tahúres de alta escuela. Todo ello está destinado a una amnistía generalizada que invierta tortuosamente una interpretación ya dada sobre víctimas y victimarios. Ahora los primero pasarán a hacer el papel de los segundos y los segundos de los primeros. Esta absolución que cambia el curso mismo de la historia argentina ha salido de torvos diagramadores de la política gubernamental. También encuentra a los sectores dirigentes de la Iglesia llamando a una reconciliación. Usan esa venerable palabra como tortuosa señal de su propia inmunidad, lanzando así su autoamnistía respecto del avieso papel que cumplieron en los años más siniestros de la historia nacional.

¡No al borramiento de la historia en la bruma de la impunidad!

20Abr/170

NEOFASCISMOS LIBERALES

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La expresión neofascismo suena rara, inconveniente, no abandona nunca sus aires nefastos pero imprecisos. Y desde luego, como es un enunciado siempre disponible, se emplea con rapidez, impulsado por sus contornos difusos. ¿Calificaríamos así al gobierno de Macri? Examinaremos la cuestión. El sufijo “neo” modifica, suaviza y da cierto misterio al concepto posterior al que se le aplica. Lo envía hacia una zona ambigua que resiste ser descripta con facilidades dogmáticas. Apenas indica que un concepto original se presentará bajo nuevos ropajes. Deberemos entonces indagar si las actuaciones en el plano del lenguaje, la economía y el control social que ejerce el macrismo, pueden rozarse en ciertos puntos específicos con algunas evidencias del fascismo, no en su sentido literal sino evocativo. Por decirlo así, bajo insinuantes evidencias apenas deslizadas.

No perderemos tiempo con la expresión “fascismo” como acusación rápida. Tal como comprobamos habitualmente, sale veloz entre nosotros la expresión “fachos”. Pero trataremos con calma de ver qué raigambre puede tener ahora esa palabra en la actualidad argentina. Y en especial, en lo que hace un Gobierno que casi siempre suele ser ubicado en los cuadrantes del “neoliberalismo”. Necesariamente, para aliviar este tipo de comparaciones ultristas e insustanciales (en el pasado se llegó a hablar de “nazi-nipo-peronismo”), encerramos la palabra fascismo entre el prefijo “neo” y la expresión “liberal”, como un polvillo imprescindible en un cometa cuya cola atrae toda clase de detritus sobre los que nos debemos pronunciar. Estas mixturas o entrecruzamientos de apariencia insólita pertenecen, en cambio, a los momentos de mayor tensión histórica, como éstos. Y lo que parece contrapuesto, súbitamente, se encuentra.

La expresión “neofascismo liberal” ya la ha sugerido Jorge Alemán en varios trabajos y aquí la sustraigo para comentarla, muy seguramente en el mismo sentido que él le ha dado, aunque tratando de explorar con ella ámbitos de la comunicaciones de masas, formulismos discursivos del Presidente y de sus funcionarios, y demás artilugios del Gobierno “surgido de elecciones democráticas”. Lo resumimos en la pregunta sobre qué tipo de ciudadanía están construyendo. Todas las figuras de la ley, de la lengua, del juicio o de la misma conversación de apariencia trivial, se han transfigurado con el macrismo.

Es claro que la acusación de “fascismo” es proliferante, fulminante y dispendiosa. Tantas veces que hubo de necesitarla, el liberalismo golpista la dirigió como una flecha instantánea contra el peronismo. En su base había un importante equívoco, que costaba deshacer y que en gran parte ocupó la tarea de la publicística peronista... y del propio Perón. En la época del Congreso de Filosofía, fines del 40, se le ofrece a Perón invitar al filósofo alemán Carl Schmitt, recién liberado por los norteamericanos. El líder argentino algo sabía del asunto y les responde a sus colaboradores: “¿qué quieren, ya me dicen fascista, imagínense si ahora traemos a un escritor que tiene teorías consideradas nazis?”.

En las intervenciones del ensayismo peronista solía remarcarse que el peronismo surgía de una sociedad industrial en construcción, con un proletariado nuevo (tesis muy matizada luego por Milcíades Peña y otros autores) que expresaba demandas democrático-sociales y de modernización con justicia distributiva. No un nacionalismo redentista basado en arcaísmos psíquicos en contrapunto con tecnologías capitalistas avanzadas. Sino, un nacionalismo democrático y popular con distintos tipos de negociación con economías después llamadas del “capitalismo más concentrado”. Los fascismos europeos surgían en cambio del mesianismo de la sangre, aliado a los cánticos triunfales del futurismo artístico ante las grandes tecnologías. La epopeya del jefe teatralizado ante las multitudes, junto a la épica de una tecnología heroica en su mismo ser veloz y destructivo, caracterizó a esos fascismos. Funestos mitos operísticos, justificaron matanzas masivas con pensamientos escatológicos amalgamados con delirios de la razón de Estado.

Más allá de la filosofía mesiánica de la superioridad racial, sigue siendo útil para percibir los otros rostros de fascismo apocalíptico, como eran los de la cotidianidad fascista tratando de conquistar los últimos poros de la sociedad. Se puede hacer todo esto con la revisión de grandes films. Ejemplificamos con Amarcord (Fellini), El General Della Rovere (Rosellini) o Un día particular (Scola), entre tantos otros. Un equivalente argentino podría ser el famoso cuento de Bioy Casares y Borges “La fiesta del monstruo”, donde la violencia final antisemita suena impostada, pues lo que realmente les interesaba a los autores de ese gran libelo es acusar al peronismo de vulgaridad lingüística. El narrador desastrado que concurre a la Plaza de Mayo habla un cocoliche entre burocrático y rebuscado, idiomáticamente derrumbado.

Frente a esa crítica, terminante e hiperbólica pero que no hace creíble al “fascismo” de Perón, Borges escribe en cambio el “Deutsches Réquiem”, donde la grave pintura del oficial nazi –un intelectual víctima de un destino catastrófico– intenta ser comprensiva, creíble y trágica. El verdugo nazi y la víctima judía se complementaban, y con ese mismo argumento del tiempo circular, Borges condenó luego a las juntas militares. Borges sabía perfectamente quién era Ernst Jünger, y contrario sensu, el gran filósofo Carlos Astrada, cuando actuó periféricamente en las filas del primer peronismo, llegó a criticarlo sin poner como atenuante su exquisita y siempre reconocida estética de lo aciago. Cuestionó a Jünger precisamente por su tesis de la “movilización total”. Era tocar uno de los núcleos esenciales de lo que, alberdianamente, se condenó como el crimen de la guerra en el siglo XX.

Los sectores medios, como los que en Europa –Italia y Alemania–, hace más de medio siglo, se movilizaban acosados por humillantes derrotas bélicas anteriores junto a la búsqueda de culpables externos, no se dieron así entre nosotros. Aquí el reguero de violencia nacional no siguió necesariamente las formas políticas entrelazadas con una locura mesiánica que pretendía diversas fórmulas mágico-burocráticas de racionalización. Es cierto que en el bombardeo a la Plaza de Mayo se buscaron justificaciones en ideologías egregias. Para los marinos cristianos el “Cristo Vence” y para los militares laicos el fantasma redivivo de Rosas. Eran fórmulas fanáticas y sacramentadas que podrían justificar la masacre de tantas personas. Justificaciones místicas o idólatras que se fueron difuminando, aunque se tomaron su tiempo para hacerlo. Solitarios quedaron los masacrados de la historia, tirados sobre pavimentos y descampados.

La represión con tecnologías delirantes y secretas del 76, en el gobierno de las juntas militares, tuvo revestimiento liberal. Y en lo económico, sabemos cuáles fueron los resultados de estos fotogramas del “capitalismo neoliberal”. Pero en el interior de las mazmorras de exterminio, solía haber ciertas “hipóstasis”: los retratos de Hitler. En su famosa “Carta a la Junta Militar”, uno de los más conmovedores testimonios contemporáneos de denuncia y dialéctica de la esperanza, Walsh dice que los planes de sacrificio masivo de militantes se explicaban por una motivación económica, por la aplicación de un plan trazado por las potencias financieras internacionales. Estas precisas y tan cáusticamente elaboradas sentencias de Walsh sobre las técnicas de tortura y desaparición nos permiten introducir una interrogación sobre esa maquinaria de muerte.

¿Funcionaba como apéndice estricto de los proyectos económicos o tenía un lúgubre goce autónomo, relativamente exento de aquellas determinaciones materiales? Quizás había un autómata exterminador dentro del aparato clandestino del Estado, que se regocijaba turbiamente de esas economías propias de saqueo y la acumulación primitiva devastadora, devorando cuerpos más allá de lo que reclamaba ese mismo plan económico. Ese sería el “neonazismo” oculto de la Gran Represión, que convivía con la frase “los desaparecidos son entelequias” del “liberal” Videla.

Pero era una época en que, todavía, no estaban abolidas las significaciones ideológicas visibles, de plaza pública: nacionalismo, liberalismo, y en un plano más implícito, los diversos populismos, ante los cuales no era necesario que llegaran las más elaboradas reflexiones de Laclau, para intuirlo como una intermediación de nacionalismos democráticos, socialismos populares, jacobinismos republicanos y según los momentos diversos que se atravesaban, proclamas de “capitalismo serio” contra el “indeseable capitalismo salvaje”. Sin duda, una polémica.

El macrismo hace un corte, da un salto definitivo hacia la desconexión total de las ideologías para inaugurar una oscura política pulsional, exacerbando al individuo aislado como un átomo regido por un nuevo tipo de legalidad represiva. El “deseo represivo” es provocado en una nueva definición de un individuo, apenas superficialmente “ciudadano”, pero que expulsó la idea clásica de ley de su clausurada conciencia de hombre unidimensional. Marchamos hacia una concepción de la “ley” que hasta ahora no conocíamos. Es la ley encarnada por el Carro Blindado Antipiquete con Cañón Hidrante. Este artefacto no se halla dentro de la Constitución, sino al revés. La Constitución es su estropajo, su harapo para el guardabarros.  Esto supone la abolición de la norma subjetiva ciudadana, fundada como tal en las diversas vicisitudes de la historia nacional. Es sustituida ahora por la conciencia inmediata, obturada en todos sus poros por el rezo ante el altar del Automóvil Acorazado que actúa en forma intratable, como animal suelto. Verbitsky lo llama teología política, en su última nota en este diario. Dentro de ese carro espectral viajan los voceros escogidos –no son pocos y nos hablan todas las noches– del neofascismo liberal macrista.

La ley moderna, desde el siglo XVIII en adelante siempre se concibió a la manera kantiana –incluso los nacionalismos más “hegelianos” también lo expusieron así–, de modo tal que se relacionase la norma general con la voluntad intrínseca de la persona. La ley moral surgiría entonces de la “voluntaria capacidad de que cada individuo sea un legislador universal”. Lo contrario al blindaje de la conciencia. Era la ley general social reelaborada por una subjetividad abierta del propio “legislador ciudadano”. Yrigoyenismos, peronismos, alfonsinismos, kirchnerismos se convirtieron en el resistente hilo zigzagueante de la reparación nacional democrática, con su más o sus menos y sus préstamos o recelos mutuos. Todos esos nombres se rigieron por ese legado en la interpretación de la ley. Ley social como discusión colectiva y sujetos públicos fusionados en ese debate sobre la norma porosa que hacía a la arquitectura de sus conciencias autónomas.

La novedad es que con el macrismo todo eso ha desaparecido. El fascismo son dos cosas, su nivel historizado y su nivel metafórico. Lo primero, el macrismo no lo frecuenta pues pronuncia palabras republicanas ahistóricas, aunque cada vez menos y sin comprenderlas acabadamente. Pero en el otro plano, su concepción financiera de las conciencias expulsa la ley moral. Concibe apenas conciencias hidrantes, chorros de violencia protocolizada que hostigan cuerpos. Por encima de la ley común hay Protocolos. El Macri-Prinzip, agazapado hasta el momento, ya salió a luz. Actúa al margen de los andamiajes normativos de una trama heredada, imperfecta pero ligada a la idea de hombres sociales libres. El Macri-Prinzip niega todo eso con un complejo y resbaladizo sistema de justificaciones para el pillaje de las conciencias por parte del Estado. El Carro Hidrante-Prinzip va al frente y retrocede un poco. Ejemplo: ataca las bases materiales del cine nacional y al otro día dice que lo “aman”. Las melosas rectificaciones posteriores son la incrustación del melodrama liberal en la conciencia del Protocolo General, y la guía del Carro de Combate Urbano son neometáforas fascistoides que ocupan el lugar de la ley común general.

La voz marginal de Baby Etchecopar, un troll con viscosidades a plena luz que actuaba hace tiempo, se corre progresivamente hacia el centro del sistema macrista. La sociedad argentina, con sus insuficiencias, era una sociedad de debates, una sociedad multilegislativa. La forma abierta de ley hacía que estuviera en los parlamentos y simultáneamente en las conciencias del pueblo del Himno y de la Constitución. El negacionismo macrista, con tantas manifestaciones ya a la vista, implica abandonar esa idea abierta de la ley, esa bellota siempre en debate, por una combinatoria gaseosa y picante. Un neofascismo progresivo, silencioso y sin palabras, con prótesis liberales que cada vez más se alejan de sus actos reales. Ganarle lo más pronto posible las elecciones, lo que no es un sueño descabellado, supone interferir la pesadilla del Gobierno de los Panzer Wagen, adquiridos con el dinero que le falta a la educación, al cine nacional o a la economía popular.

18Abr/170

Qué significa ser maestro

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La escuela pública argentina surge de un gran debate inicial, propio de los comienzos del capitalismo industrial. ¿Hay que educar o instruir? La orientación que surgió siempre en nuestro país y siguió perseverante hasta hoy, fue la de educar. De ahí que su concepto educacional acentuaba lo público, lo colectivo, el sentimiento de participación en un destino común, y de este modo, un sentido de libertad y responsabilidad social. A nadie se lo dirigía hacia la senda de la servidumbre y del menguado aprendizaje, instruyéndolo apenas en la servicialidad a una lógica de sumisión. Este tema del primer nivel de la enseñanza es tan vital que se reproduce en el mundo universitario, donde siempre nos encontramos con la batalla entre formar ingenieros o instruir ingenieros en determinadas tecnologías útiles a ciertas industrias.
Si instruir era crear un nuevo proletario con sus conocimientos sumarios adecuados a la vida industrial que lo masacra, y encerrar allí las conciencias, educar consistía en cambio, en abrir la compuertas de cada alumno a una ciudadanía compleja, a la participación social, a la vocación intelectual y política, a ser hombres y mujeres plenas. Con muchas vicisitudes adversas y proyectos de desmantelamiento diversos de esta concepción humanística, que ocurrieron en demasiados períodos históricos de nuestro país, esta concepción aún sobrevive.
Fue y es la forma educacional crítica e integradora que se mantuvo siempre en el sistema escolar argentino gracias a maestras y maestros que sabían y saben –en un gran legado transmitido de generación en generación- que el protagonista central de la educación es el vínculo asombroso, vital y repleto de emocionante dramatismo entre maestros y alumnos. Ese vínculo nos lleva a una pregunta fundamental de la vida civilizatoria ¿Quién educa a los educadores? Nuestro país siempre mantuvo un horizonte generoso en todo su sistema educacional, un edificio entrecruzado y lleno de escalones interconectados, donde el aprendizaje del que enseña a aprender, la educación del que va a educar, constantemente se realizó como un acto igualitario, sorprendente y esencial. Allí nunca dejó de  considerarse como núcleo fundante la delicada tarea iniciática que supone el primer acto de lectura y escritura.
Ante ello, no puede oponérsele una tabla de inasistencias o de licencias, fruto en gran medida del desprecio salarial hacia los educadores argentinos por parte del gobierno actual. Las estadísticas amenazantes, aunque tomen problemas reales que no es difícil resolver, revelan en cambio el desinterés de los actuales gobernantes, por el núcleo irreductible que mantiene el sistema escolar público: la vocación como saber maestro, el maestro como sujeto vocacional inquebrantable, la presencialidad no como una estadística inerte sino como un pizarrón siempre atravesado por la tiza fundadora, que se hace verbo en la persona de todo profesor y de todo educando.
¿Qué son estos temas gerenciales que regleta en mano condenan a los maestros y maestras a ser sujetos de estadistógrafos represivos y de represiones efectivas al caer la noche? ¡Son pobres hechos magnificados por argumentaciones viscosas ante la gran tarea que a pesar de todas las dificultades, se sigue realizando! Sin duda, es difícil defender la idea de una conciencia como tabula rasa, pero los maestros argentinos están en el centro de una red institucional de múltiples pavimentos, donde en uno de ellos se aloja el núcleo germinativo de algo maravilloso que gracias a ellos nunca dejó de existir. Ellos están siempre en una frontera. Es la frontera donde conviven familias, sociedad, tecnologías, disparidades a resolver, asimetrías a considerar, y fuertes ámbitos de comunidad afectiva irreversible, donde se zambullen en la página en blanco del primer cuaderno escolar, los que luego mantendrán ese iluminado momento en su evocación más sensible.
Por esa epifanía, por llamarla así, han pasado el científico que ha trabajado muy poco tiempo atrás en la construcción de satélites, pasaron los trabajadores argentinos con sus distintos niveles de especialización, los que mueven las máquinas de las fábricas, y deberán pasar los desplazados de hoy para ingresar al torrente de los protagonistas de la vida diaria, la vida social, política y cultural, pasaron los novelistas que han inventado personajes como Erdosain, Emma Zunz, Megafón, Mascaró o La Maga, el ingeniero que ha construido radares o el arquitecto que pensó ciudades laborales donde no se anulara un sentido de sociedad habitable y justa.
Todos vistieron su guardapolvo blanco de formación inicial, vivieron en la escuela su inmersión en la lengua, se asombraron por poder leer, por ingresar en el mundo de los símbolos, por comenzar a saber que vivirían de ahora en adelante en medios sociales amplios, incitantes y conflictivos.
Enseñar es un dramático y sensible acto valorativo que tiene normas y pasos progresivos, pero siempre como una suma de momentos repentinos y descubrimientos maravillosos que ocurren como quien se zambulle al mar. Todo eso se da en la escuela y auspiciado por su personaje central: el vínculo entre docente y alumno, que no es un vínculo administrativo, sino la construcción de la razón educativa, pedagógica, cívica y ética. La escuela argentina fue y es la sede de esa ética de la responsabilidad educativa y de la convicción, del estilo productivo que tienen los saberes. A todo este conjunto, que es el armazón intelectual y moral de una nación, quieren destruirlo. Quieren demolerlo considerando el presupuesto educativo como un gasto a ser comprimido, a la educación una mercancía, a la red de escuelas públicas como un depósito de inutilidades improductivas, al cuerpo de maestros y maestras como personajes prescindibles y reemplazables por nuevas formas pedagógicas, vecinas al entrenamiento, al couching, a la regimentación de conciencias, al acuerdo con corporaciones privadas que consideran la educación un negocio, lo que excede en mucho la distinción entre escuelas privadas y públicas, entre presentismo y ausentismo.
Desarmar el cuerpo docente nacional  es una empresa persistente del gobierno. Retirar la paritaria nacional es un hecho económico que tiene repercusiones en el desprecio por la enseñanza,  realizar pruebas ficticias para demostrar que habría un abrumador fracaso escolar en la escuela pública es una maniobra ya intentada muchas veces, que desconoce la fibra interna del acto de enseñar, que nunca es un registro acumulativo de conocimientos lineales. En cambio, así se lo quiere ver, para aplanar la escuela pública con una hipótesis sobre el conocimiento que sumerja a alumnos y docentes en una cadena de montaje tecnológica, que en vez de poner a  estas al servicio de la enseñanza humanística calificada, pone a esta al servicio de nuevos actos de dominación de burocracias mercantiles de la educación.
La cuestión salarial no es separable de la cuestión educativa, de su debate entre los mismos docentes, de su reconstrucción desde la  degradación a la que los someten las políticas gubernamentales –para después acusar de que reina en ellas un bajo nivel educativo-. Marchemos hacia la posibilidad de realizar medidas de lucha cada vez más sensibles a la complejidad de este momento crucial. Ser maestro es cada vez más una frontera trascendental y perentoria para todo el movimiento social argentino. El apoyo a CTERA, a todos los gremios docentes puestos de pié, a esta escuela itinerante y a los maestros y maestras argentinas, es un imperativo de la conciencia pública, democrática y pedagógica nacional.

 

 Declaración de Carta Abierta, 17 de abril de 2017