Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

25Feb/091

El enemigo principal (polémica)

Publicado por admin

Por Norberto Galasso *

En Página/12, el 17 de febrero último, el compañero Luis Brunati se suma a la polémica que venimos desarrollando acerca de si Proyecto Sur debe atacar frontalmente y con todo furor al Gobierno, considerándolo el enemigo principal, como lo está haciendo (Pino dice: “Kirchner es perverso”, “traidor”, “el Gobierno es antinacional y antipopular”, “Scalabrini Ortiz y Jauretche habrían visto con simpatía esta protesta rural”, “Scalabrini no estaría en Carta Abierta”, etc.) o si, en cambio, corresponde una crítica lateral, reconociendo aciertos –empujando, para profundizarlos– y señalando errores. Aquí reside el aspecto central de la discusión: quién es el enemigo principal, que ahora retoma Brunati.

Le contesto: lea el compañero Luis el diario La Nación, mire los noticiosos de TN, observe la perversidad de la casi totalidad del periodismo televisivo y la opinión de la casi totalidad de la dirigencia que aparece en “los medios” –ferozmente opositora al Gobierno– y se convencerá de que no puede coincidir con ellos. López Murphy, Carrió, Escribano, Grondona, la Mesa de Enlace agropecuaria, Longobardi y tantos otros saben bien quién es “el enemigo principal de ellos” y en este momento le apuntan agresivamente, con burlas y saña, al kirchnerismo. Por tanto, Luis, éste no puede ser, al mismo tiempo, el enemigo principal de Proyecto Sur.

Esta gente antinacional y antipopular pretendió “desgastar” al Gobierno, quiso voltearlo con un cacerolazo, logró debilitarlo con sus cortes de ruta, se apropió del cerebro de gran parte de los sectores medios reverdeciendo el gorilismo, apelando al racismo “anticabecita”, al machismo –incluso al “machismo de las mujeres”– ensañándose con Cristina y ahora intenta organizar algo parecido a la Unión Democrática, aunque en dos alas. Una, la liberal-oligárquica de Carrió –UCR en declinación conservadora, traidores como Cobos y hombres de paja del imperio como “el Bulldog”, con el aporte de la hija de Pepe Estensoro y la prepotencia aristocrática de una Bullrich Luro Pueyrredón, renegada de sus osadías juveniles. La otra, la monstruosa degeneración de un sector del peronismo, que retoma la línea menemista-duhaldista, con millonarios como De Narváez, oportunistas como Solá y el fantasma del viejo Pinedo resurrecto en su nieto. Todos ellos, juntos o separados, se esmeran por bajar el telón sobre la experiencia de Néstor y Cristina. A su vez, Fidel, Chávez, Lula, Evo y Correa no quieren que esto ocurra porque consideran a la pareja como compañeros del hundimiento del ALCA y de la necesaria reunificación de América latina con Banco del Sur, moneda latinoamericana y comité de defensa ante cualquier prepotencia imperialista.

De esto no hay duda alguna. Vos me decís en tu artículo que también son enemigos Bunge y Born, Urquía, la Aceitera General Deheza, Monsanto, etc., ¡qué duda cabe! Sólo que el diputado de Proyecto Sur votó a favor de esos intereses sojeros contra la Resolución 125 con el alborozo de La Nación, Clarín, Perfil y otros (lo menos que cabía era abstenerse). También mencionás a otros que, esos sí, hacen buenos negocios como las grandes empresas mineras y petroleras. No eludí este tema –como me criticás por mi nota anterior– ni lo eludo ahora. Digo que hay “amigos del poder”, efectivamente, como también los hay en todos los movimientos que algunos catedráticos llaman despectivamente “populistas”, incluso en el peronismo del ’45. Pero esos negocios no alcanzan para confundir los campos. Son suficientes sí, para señalar compromisos, contradicciones, concesiones del Gobierno. Por eso hay que empujarlo, movilizando al pueblo, para que profundice su política y adopte medidas audaces en esas áreas hoy sujetas al saqueo. Pero no podés caracterizar al Gobierno solamente por esta cuestión, como ocurría con radicales y nacionalistas que conspiraban contra Perón diciendo que entregaba el petróleo o no había nacionalizado la CADE. También te puedo recordar que Perón, seguramente a disgusto, llevó al balcón de la Rosada al asesino de Sandino. ¿Esta actitud tan criticable invalidaba las nacionalizaciones, el no ingreso al FMI, el más del 50 por ciento de la participación de los trabajadores en el ingreso y tantas otras cosas positivas? Evidentemente, no. Había que hacerse el distraído si se estaba dentro del peronismo o criticarlo lateralmente, sin dejar de reconocer el carácter nacional y popular del gobierno, si se estaba en la izquierda nacional (porque de la otra izquierda mejor no hablar). Fue también una concesión cuando el General encarceló a los exilados guatemaltecos del gobierno de Arbenz derrocado por los yanquis. De esta desgraciada medida algunos sacaron la conclusión de que el gobierno era proimperialista, lo recuerdo. Así actuó gente honesta, con grandes ilusiones y quimeras. Lenin también los soportó y los calificó como “el izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. Como vos sabés, colaboraron para que llegaran los Rojas y Aramburu, quienes liberaron a los guatemaltecos, pero fusilaron a los trabajadores peronistas y dictaron el 4161 y todo lo demás.

En mi anterior artículo decía que me sorprende que compañeros de larga lucha en el peronismo no comprendan las vacilaciones de los gobiernos policlasistas, que también las tuvo el peronismo, aun en sus mejores momentos (Actas de Chapultepec, ¿te acordás?). También me sorprende que omitan los avances de este gobierno y algo tan caro al peronismo como son los derechos de los trabajadores. Porque ahora no sólo hubo disminución de la desocupación y recupero de las paritarias, sino que desde la Comisión parlamentaria de Legislación Laboral presidida por Héctor Recalde se recuperaron conquistas que el menemismo había destruido (sextuplicación del salario mínimo, vital y móvil, suspensión de despidos sin causa, derogación de la ley Banelco, prohibición de uso de banderas extranjeras en los buques para eludir la legislación laboral argentina, limitación a ocho horas de la jornada para peones rurales, modificación de la ley de pasantías, el “dubio pro operario” en juicios laborales, jueces laborales en materia de quiebras, etc.). Y esto no lo promueve “el enemigo principal”, sino el Frente para la Victoria.

Es correcto que Proyecto Sur critique, pero, por favor, no desde el campo del enemigo, no desde La Nación y Perfil, ni en los programas de los periodistas del imperio, que se solazan escuchando las críticas. Elogien lo elogiable y critiquen lo criticable, pero con sumo cuidado para no ser funcionales a la reacción. Crezcan, desarróllense, si pueden, cabalgando junto a lo mejor del Gobierno y cuando deban votar, no le den pasto al enemigo.

También ha salido al ruedo, por correo electrónico, otro dirigente y amigo, Mario Mazitelli, quien señala que la política del imperio es “la alternancia”. Según él, el imperialismo deja hacer al centroizquierda hoy, después en 2011 vendrá la centroderecha y así sucesivamente mientras Proyecto Sur –sostiene un militante honesto como Mario– construye el partido “para hacer la revolución social”. Este supuesto poder inmenso de los sectores dominantes previendo varios gobiernos y manejando a su gusto a todos los argentinos –menos a Proyecto Sur– me sorprende porque se sustenta en categorías liberales, como centroizquierda o centroderecha, que utilizan Morales Solá y sus congéneres. Creo, en cambio, que hay una cuestión nacional que divide a la sociedad en antiimperialistas y proimperialistas y una cuestión social que la divide en explotadores y explotados. Del ensamble de ambas cuestiones nace un proyecto de Liberación Nacional en marcha hacia el socialismo.

Pero esta polémica no la voy a seguir por dos motivos. La primera, porque la egolatría es mala consejera. Y esto de que la plana mayor de Proyecto Sur (sólo faltás vos, Carlitos del Frade, y espero que no lo hagas) se prodigue en discutir conmigo puede provocarme cierta vanidad y apartarme de aquello que aconsejaba Scalabrini: “Ser uno cualquiera que sabe que es uno cualquiera”. La segunda, porque aparecen quienes rebajan el nivel de la discusión, como un tal José Luis que por correo electrónico intenta descalificarme tratándome benévolamente de “anciano”. Como se comprende, a los 72, no estoy para coqueterías, pero si la calificación viene de Proyecto Sur les advierto que si yo soy anciano, Pino es seis meses más anciano que yo.

Pero no es así, Pino, vos y yo sabemos que no somos viejos. Ocurre simplemente –como decía Jauretche– que hace muchos años que somos jóvenes y mantenemos la juventud suficiente para polemizar acerca del destino de esta América latina que insoslayablemente va hacia la unidad y al socialismo. Y, por mi parte, bajo el telón sobre esta polémica, en la certeza de que tarde o temprano las duras luchas por la liberación nacional y social nos encontrarán a todos nosotros, otra vez juntos, en la misma vereda de siempre.

* Historiador y ensayista.

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25Feb/090

FUENTE: RESUMEN DE RADIO NACIONAL

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Hay zonceras que por repetidas parecen verdad 

(Don Arturo Jauretche)

Por Edgardo Depetri

Febrero 24 de 2009

Por las grandes cadenas mediáticas que comercializan la información, todos los días nos intentan convencer de que la Argentina no tiene destino, y que la crisis global, irremediablemente, nos arrasará.

Que nuestra alianza con Chávez y Evo Morales, y la visita de Cristina a Cuba es el motivo de esos males.

Que la responsabilidad, es del gobierno de los Kirchner, y su alianza con Hugo Moyano, Moreno,  los intendentes del conurbano y los piqueteros oficialistas

Que Cristina no gobierna, que esta más preocupada por sus ropas o su imagen personal

Que este es un gobierno autoritario, que atropella a las instituciones y confronta con la producción

Que el gobierno se debilita todos los días, por deserciones de aliados que tuvo por izquierda y por derecha

Que este gobierno es mas de lo mismo o incluso peor que Menem,

Que nunca hubo tanta pobreza, desocupación o miseria, y que los jóvenes están perdidos por el alcohol o el paco_

Que hay un fin del proyecto que inició Néstor Kirchner y continúa Cristina Kirchner y es inevitable su derrota

Que la oposición se muestra madura, dispuesta a unirse. Y con ideas nuevas y creativas.

Que este gobierno maneja caja de manera arbitraria, persigue y discrimina y reprime y no tolera ninguna crítica.

Que el gobierno se mueve con el campo por rencor y lo humilla al no atender sus reclamos, a partir del rechazo en el Senado de la 125.

Que el Estado tiene mucho gasto, que hay que dejar al mercado la asignación de recursos y hay que volver al fondo monetario internacional.

En programas periodísticos de la farándula o políticos, conducidos por periodistas de derecha o denominados progres, el discurso es uniforme, hegemónico y sistemático, esto es un desastre, hay que cambiar al gobierno ya, como sea y como de lugar.

Sin embargo esos mismos medios y el coro opositor no le dicen que:

En este tiempo la Argentina no sólo creció sino que hoy está en mejores condiciones políticas,  económicas  y sociales, para afrontar este complejo escenario mundial.

Los que nos critican la política internacional, no nos perdonan que hayamos derrotado al ALCA, y nuestra opción de unidad con Chàvez, Evo, Lula y Correa.

Si Hugo Moyano convocara a Paro General, dejaría de ser negro y pasaría a ser rubio de ojos celestes, casi un intelectual de izquierda. Si el Gobierno liberara la economía, Moreno dejaría de ser un patotero. Si los intendentes del Conurbano abandonaran a Kirchner, serían grandes demócratas y estadistas, y si los piqueteros oficialistas volvieran a las rutas, serían aceptados por los caceroleros de teflón. 

La mirada machista sobre nuestra presidenta esconde la bronca  y la soberbia del poder, porque no toleran que alguien que no es orgánico a sus intereses, sea Presidenta. NO son capaces de confrontarla con ideas, sin que rápidamente queden al descubierto sus mezquindades.

 Les duele reconocer que cambiamos un modelo de país  para unos pocos, que instauró la dictadura y el neoliberalismo menemista,  y que en la Argentina creció el empleo, se abrieron miles de fábricas, se mejoraron los ingresos de la población, y el Estado trata de ser garante del bien común.

Las deserciones son parte de las reconfiguraciones políticas y electorales después del estallido del 2001. El kirchnerismo no escapa a ese fenómeno y bienvenido que se vayan todos los que fueron como Solà, Reutemann y Romero, parte y núcleo vital de la entrega y el saqueo que se realizó en los noventa, y hoy, conducidos por Duhalde, le asfaltan el camino a la derecha.

Tampoco dicen que la principal confrontación es con los grupos económicos, la más clara se dio el año pasado, por la renta extraordinaria del núcleo sojero. Ahí apostó la oposición para recomponerse.

No pueden explicar, la mesa de enlace, la oposición, las  empresas de la información, que la presidenta tenía razón con las retenciones móviles y que el voto NO POSITIVO de Cobos y la guerra gaucha, impulsada por los sojeros, a los únicos que perjudicó fue a los pequeños productores.

En estos días en los que se habla de tantas zonceras, como decía Don Arturo Jauretche, que por repetidas parecen verdad, vuelven al paro patronal agrario con el único objetivo de desgastar al Gobierno y ayudar a la recomposición electoral de la oposición: todos los caminos conducen a la derecha y al Mercado.

Mientras tanto, la Presidenta acaba de resolver un aumento a las jubilaciones y a los docentes argentinos, esas no son zonceras.

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4Nov/082

Temas económicos para la difusión

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A través de este texto intento compartir algunos conocimientos que noté no son transmitidos por los medios de comunicación masivos. Traté de simplificarlo al máximo para que sea comprendido por cualquiera que quiera leerlo. Algunos números son sólo ejemplos hipotéticos, en esos casos está aclarado.

 Retenciones, control estatal y alimentos

Por Cecilia Garriga

Las retenciones son un arancel de exportación que consiste en “retener” una parte de los ingresos que recibe el exportador, es decir la persona que vende producción argentina a otros países. Nuestro país se caracteriza por producir muchos alimentos (productos agropecuarios), muchísimos más de los que necesitaría el país entero para alimentarse.

Entonces nos preguntamos... ¿por qué si nosotros producimos tantos alimentos están tan caros para nosotros?

Eso se debe a que los precios de los alimentos, en el mundo están aumentando constantemente; al aumentar afuera, el productor argentino de alimentos aumenta sus precios adentro también, porque sino no le conviene venderlos en Argentina.

Un ejemplo:

si los europeos están dispuestos a comprar 1 litro de leche a un productor argentino por 1 euro ($5) ¿por qué el productor de leche la va a vender dentro de la Argentina a $1,50 si le conviene exportarla? La única forma de que NO le convenga venderla afuera es que el Estado, de esos $5 que le entran por cada litro de leche se quede con $3,50 y el productor se lleve $1,50 que es lo mismo que se llevaría por venderla adentro, es decir que imponga una retención del 70%. Si el Estado no interfiere de esa forma, los alimentos dentro de la Argentina estarían a precios internacionales.

Entonces podemos decir que el principal objetivo de las retenciones es que la población no pague precios europeos (internacionales) por sus alimentos (a eso nos referimos cuando decimos que son para desacoplar los precios internos de los internacionales). Cabe aclarar que en la actualidad gran parte de los alimentos tiene precios muy baratos respecto de los precios internacionales y eso es así gracias a las retenciones que YA EXISTEN desde varios años.

 

Gasto público y redistribución de la riqueza

Por otra parte la ventaja de aplicar retenciones es que el Estado recauda dinero que le sirve para el sostener el gasto público.

El gasto público incluye de todo: los sueldos de los empleados del estado (maestros, funcionarios, policías, médicos) los gastos de los organismos públicos (que van desde los ministerios hasta las escuelas y hospitales), las jubilaciones, la inversión en obras de infraestructura como las rutas y autopistas, plantas de energía, sistemas de redes de agua potable, cloacas, pavimentación, puentes, etc como también construcción de viviendas; es decir cosas que le sirve a toda la población.

Además el Estado debe pagar las deudas que adquirieron gobiernos anteriores que justamente no recaudaban lo suficiente y gastaban más de lo que tenían (eso es a lo que nos referimos cuando decimos que un gobierno tiene déficit fiscal, cosa que no ocurre desde el año 2003).

También el gobierno con ese dinero se dedica a dar subsidios. Los subsidios pueden ser para fomentar la industria por ejemplo, o para mantener los servicios como el trasporte o el gas a precios bajos.

Esta es una forma que el Estado tiene de redistribuir la riqueza: con lo que recauda de aquellos que ganan mucho, hacer cosas que sirven  para todos.

 

Todos a la soja… (monocultivo)

El caso de la soja es un caso muy especial por muchos motivos. Para empezar la soja que se produce en nuestro país se vende prácticamente toda al exterior (96%), no es alimenticia, es decir que no se utiliza como alimento para humanos sino que se utiliza para alimentar ganado (chanchos fundamentalmente) y como biocombustible. Es decir que en ese sentido no pareciera importante que el gobierno haga esfuerzos para mantener su precio bajo (como expliqué para el caso de la leche, el trigo, el maíz o la carne).

Sin embargo dado que la soja se convirtió en el negocio más rentable del campo argentino muchísimos productores que antes producían trigo, maíz, leche, carne, entre otros alimentos, se pasaron a la soja. Las ventajas de la soja son entre otras cosas que tiene costos muy bajos: requiere el mínimo de mano de obra (es decir que no genera puestos de trabajo), requiere muy pocos cuidados y tiene bajo riesgo. Además, el dato más importante que hay que tener en cuenta es que el precio de la soja a nivel internacional se triplicó en los últimos años.

El problema de que la soja sea tan ventajosa es que la inmensa mayoría de los productores se pasó a la producción de soja abandonando la producción de otros alimentos que los argentinos consumimos y que además son productos que podrían trabajarse más para generar otros productos con más valor agregado (es decir con más trabajo: por ejemplo, si un productor se dedica a la leche, luego puede producir todo tipo de lácteos, leche en polvo y otros productos que generan más puestos de trabajo y más riqueza). En cambio la soja así como sale del campo (en porotos) se envía al exterior en conteiner sin agregarle nada de trabajo humano. Esto significa que si un productor produce 1 tonelada de soja y la vende por 500 dólares (sin retenciones) se lleva casi todo ese dinero él solo. En cambio si la Argentina exporta 1 tonelada de leche en polvo (que cuesta aproximadamente el triple) genera muchísimos puestos de trabajo y ganancias para varios empresarios (desde el que tiene los tambos o el que procesa la leche para hacerla polvo hasta el que fabrica los envases e imprime las etiquetas). Esto es entre otras cosas la “distribución de la riqueza” (a pesar de que muchos imaginen que es solamente sacarle dinero a unos y repartírselo a otros). Distribuir la riqueza desde el Estado es también promover actividades económicas que generen muchos puestos de trabajo (como la industria) y desalentar aquellas que no generan puestos de trabajo y que implican enormes ganancias para pocas personas (como la soja).

Además como el negocio sojero se expande muchísimo a raíz de la promesa de extraordinarias ganancias, las tierras argentinas se vuelven cada vez más caras, lo cual perjudica muchísimo a aquellos productores que trabajan en todos los demás productos (que deben pagar altos costos por el alquiler de las tierras haciendo imposible la producción de leche, por ejemplo). De esta manera es que el precio de la soja y las ganancias que ello genera influye de manera indirecta en el precio de TODOS los alimentos que nosotros consumimos.

Si el Estado no achica las ganancias de la soja, en pocos años vamos a producir únicamente soja y tendremos que importar todos los demás alimentos a precios carísimos. Y no olvidemos: la producción de soja emplea 1 persona cada 500 hectáreas, la producción de manteca emplea gente en el tambo, en la usina, en la fábrica de productos lácteos, en la producción del envoltorio, etc.

 

¿Qué significa que las retenciones sean móviles?

Eso significa que en vez de ser un porcentaje fijo el porcentaje va aumentando o disminuyendo a medida que aumenta el precio de la soja en el mundo.

Un ejemplo:

·         la soja el año pasado estaba 317 dólares la tonelada y el gobierno se apropiaba del 35% en la exportación con las retenciones fijas, significa que el productor recibía por tonelada 207 dólares, y con eso ya le resultaba muy conveniente producir soja, tan conveniente, que la siembra de soja siguió creciendo muchísimo en los últimos años a pesar de las retenciones.

·         Hoy el precio de la tonelada de soja sube a 508 dólares la tonelada (febrero del 2008); si el gobierno siguiera cobrando sólo el 35% significaría que el productor que produjo soja, para venderla a 207 dólares, por circunstancias internacionales, de un día para el otro empieza a recibir 330 dólares, es decir que siendo que ya era un buen negocio producir por 207 dólares se está llevando una renta extraordinaria de 123 dólares, sin hacer ningún esfuerzo extra por ello (sin generar más trabajo, sin invertir, sin arriesgar, sólo por el hecho de que el precio en el mundo haya subido).

La idea de la retención móvil es evitar eso, entonces a medida que el precio sube el Estado se lleva una porción mayor haciendo que el productor no perciba ganancias extraordinarias (así como tampoco pérdidas –porque la resolución dice también que si el precio internacional llegara a bajar mucho, el Estado disminuiría las retenciones para que el productor no sufra pérdidas).

 

¿Por qué a la soja? Rentas extraordinarias y recursos naturales

Esto tiene varias justificaciones: una es la que ya expliqué anteriormente que tiene que ver con proteger al resto de las producciones de la expansión sojera, además de la contención de los precios de todos los alimentos.

Otra razón que justifica esa apropiación de la ganancia o renta por parte del Estado es que nuestro país tiene un recurso natural muy especial que es la tierra (así como otros tienen petróleo –Brasil, Venezuela-, o gas –Bolivia- o cobre –chile-). En todos estos casos, el Estado es dueño de esos recursos, entonces si el precio de ellos se va por las nubes, el que gana con esa circunstancia es el Estado y por lo tanto todo el país. En nuestro caso, que tenemos una tierra especialmente productiva (la pampa húmeda es la tierra más importante en extensión y productividad en el mundo), por ser los terratenientes los dueños de la tierra y no el Estado, esa renta extraordinaria que significa la suba de precios de los alimentos exportables, puntualmente de la soja, es necesario que el gobierno la absorba a través de las retenciones.

 

¿Esto significa que el productor agropecuario no tiene forma de aumentar sus ganancias?

No. Todo productor tiene derecho a que sus ganancias crezcan, pero para ello debe INVERTIR. Invertir significa ahorrar mucho dinero del que gana y usarlo para comprar máquinas, desarrollar tecnología, o agregarle valor al producto para venderlo más caro. Con las retenciones el Estado no está impidiendo que el empresario agrario gane más sino intenta impedir que gane más sin hacer nada. Es decir que el Estado intenta promover que los empresarios agrarios dediquen sus ganancias a invertir en tecnología o productos más elaborados, como cualquier empresario que pretenda ganar más.

 

Diferencias entre regiones y escalas de producción - El “pequeño productor”

Es importante destacar que no gana lo mismo un productor de soja de la provincia de Bs As que uno de Santiago del Estero, por el simple hecho de que cuanto mejor sea la tierra más barato es producir el cultivo. Es decir que, por ejemplo, si el productor de Santiago del Estero recibe 200 dólares por tonelada pero gasta 160 en mano de obra, fertilizantes, cuidados especiales, riego y transporte, y el productor de la pampa recibe 200 dólares pero gasta sólo 50 porque no tiene que gastar tanto en cuidados especiales ya que la tierra es muy rica, entonces es justo que el gobierno haga una diferencia entre ellos. Es por eso que el gobierno debe cobrarles diferenciadamente a los productores de las tierras más pobres respecto de los productores de las tierras más ricas.

Lo mismo ocurre con la escala: cuanto más grande es la tierra más barato le resulta al productor, porque tiene ciertos costos fijos que reparte para todo el terreno. En cambio los pequeños productores les resulta más costosa la producción.

Es por eso que el gobierno estableció devoluciones a los productores menos beneficiados por su tamaño y su ubicación. De todas formas el gobierno, en vez de compensar a estos productores en la exportación de soja, debe insistir en que el pequeño productor se dedique a otro tipo de productos, para lo cual el Estado puede promocionar, a través de subsidios, alimentos de consumo interno (y también para la exportación) que requieran menos extensión de tierra y más valor agregado.

 

Esta medida que toma el gobierno no es suficiente para resolver el problema del negocio sojero y  los precios de los alimentos. Uno de los problemas más graves que existen hoy en día es que, dada la alta rentabilidad de la tierra y la soja enormes capitales financieros (es decir sumas gigantes de dinero que buscan negocios donde reproducirse) se han comprado enormes extensiones de tierra o han constituido pooles de siembra, “devorándose” al pequeño productor. Es por eso que el gobierno deberá tomar medidas concretas en contra de estos monopolios además de profundizar la planificación productiva tanto en el agro como en la industria.

 

A qué se refieren cuando hablan de la “Gran oportunidad para la Argentina”

Debido a la industrialización que se llevó a cabo en China e India fundamentalmente, en los últimos años se incorporaron millones personas al mercado mundial de alimentos (no nos olvidemos que sólo la China tiene una quinta parte de la población mundial); es decir que todas esas personas que hoy trabajan en industrias de todo tipo que venden productos manufacturados a todo el mundo anteriormente eran campesinos que producían sus alimentos de subsistencia. Ahora que son trabajadores industriales demandan al resto del planeta sus alimentos, es por eso, entre otros motivos que aumentaron muchísimo los precios de los alimentos en todo el mundo y seguirán aumentando. Como nosotros somos uno de los países mas importantes en producción de alimentos, eso es muy conveniente para la Argentina, siempre y cuando el Estado se ocupe de que toda esa riqueza que va entrar por la venta de alimentos al mundo no se quede en mano de unos pocos y terminen escaseando los alimentos para nosotros o nos resulten imposibles de comprar por sus altísimos precios.

El Estado deberá intervenir para conseguir que el aumento de los precios de los alimentos en el mundo no se traslade al interior del país, cobrando retenciones a las exportaciones y subsidiando los productos de consumo local.

Además, el Estado debe promocionar consistentemente (a través de subsidios, préstamos, infraestructura, planificación y tecnología) un desarrollo industrial profundo y a largo plazo que nos permita constituirnos como una nación fuerte e independiente. Para lograrlo es necesario que obtenga sus fondos de los sectores más beneficiados por la situación actual como es, entre otros, el sector agropecuario argentino.

 

 

 

 

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