Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

23Jun/130

CAPITALISMO DE ESTADO: EL CASO CHINO

Publicado por admin

JORGE MOLINERO JUNIO 2013

1.- INTRODUCCIÓN
El socialismo real dio lugar, en su disolución, a dos tipos de formaciones diferentes. Por un lado, por medio de una política de shock, Rusia y Europa del Este abolieron las estructuras socialistas de la noche a la mañana, entrando en una crisis fenomenal, con caída de actividad, desocupación, alta inflación y licuación de riquezas, privatizaciones mafiosas, etc., para dar nacimiento a un nuevo capitalismo. La caída del nivel de vida inicial fue tan brutal que la esperanza de vida bajó en Rusia varios años, cosa no encontrada en otro país europeo, fuera de las guerras, en todo el siglo XX.
La otra formación diferente que surgió de la disolución del socialismo fue el capitalismo de estado en China, y sobre su evolución nos detendremos.
2.- LA CHINA TRADICIONAL
China es un país con un desarrollo muy temprano como tal, alrededor del siglo III antes de Cristo. La estructura política centralizada que hoy llamamos China fue creciendo básicamente en la zona Este que da al Océano Pacífico, y expandiéndose hacia el norte, sur y oeste en forma ininterrumpida, al margen de las diferentes coaliciones (dinastías) que la fueron gobernando durante más de 2000 años. En forma similar a la del Egipto faraónico la base de su crecimiento y estabilidad por tantos años se debe en gran medida al sistema de producción agrícola basado en la irrigación, lograda por la canalización de sus principales ríos, el Yantsé y el Amarillo entre ellos. La centralización del poder era una condición absolutamente necesaria para la creación y mantenimiento de los canales derivadores de los flujos de agua, así como de la distribución y cuotas de su utilización por las distintas regiones y pueblos. Uno de los ideales más preciados de las civilizaciones de “despotismo hidráulico” es el inmovilismo, el conservatismo, ya que los períodos de revuelta y desorden siempre terminaban en desarticulaciones del sistema de riego, con el hambre y la mortandad como consecuencias inevitables. La cultura de secano de Europa, como la de los países americanos, es completamente diferente por esta característica, lo que permitió el desarrollo de reinos independientes con características propias que nunca llevaron a una unificación política como la lograda en China, o siglos atrás en el Egipto faraónico. Téngase en cuenta que la superficie de China es cercana a los 10 millones de Km2, mucho mayor que la Europa Occidental, y su población supera hoy los 1.300 millones de personas.
3.- COMIENZA EL CAMBIO: LA REPÚBLICA (1911)
La decisión de cambiar el curso de la historia de inmovilismo en China comienza con la república que desplaza al decadente imperio en 1911. El doctor Sun Yat-tsen encabeza el nuevo gobierno de su movimiento nacional, el Kuomintang, con la idea de devolver a China su importancia en el mundo, luego del aislamiento de siglos a la que la sometió la última dinastía Manchú y las amargas invasiones occidentales de mediados del Siglo XIX (guerra del opio, concesiones en Shanghai, “compra” de Hong Kong, alquiler de los nuevos territorios circundantes, etc.)
A su muerte, lo sucede su concuñado, el General Chiang Kai-shek, que se apoyó en los señores de la guerra del interior, grandes terratenientes explotadores de las masas campesinas, que eran el 80 % de la población nacional. Al inicio Chiang mantuvo una apariencia progresista, a tal grado que fue condecorado por Stalin en la Unión Soviética, pero luego del fracasado movimiento proletario de Shanghai de 1926, reprimido a sangre y fuego (recordado en “La Condición Humana” de Andre Malraux), se volcó decididamente hacia la derecha. La oposición a esta derivación de las ilusiones creadas con el advenimiento de la república, provino del movimiento de guerrilla rural que organizó Mao Tse-tung y su partido comunista, contra la opinión de Josef Stalin de la Unión Soviética, que insistía en la opción proletaria urbana aún después de la masacre de Shanghai. La decidida lucha de los comunistas contra la invasión japonesa de Manchuria (1937/1945) les dio el prestigio y la dimensión nacional que, al final de la guerra mundial les permitió en pocos años tomar el poder y expulsar a Chiang a Taiwán.
4.- LA ETAPA SOCIALISTA (1949/1978)
Entre 1949 y 1976 en que muere Mao el país avanzó en muchos campos, con una economía centralizada al estilo soviético en los primeros años, la nacionalización de todos los medios de producción urbanos y rurales, y con el decidido apoyo en bienes, dinero y asesoramiento de Stalin hasta su muerte (1953) y Nikita Kruschev hasta la ruptura de relaciones en 1960.
Las principales características del socialismo en China fueron, en esos años los siguientes:
• El Estado pasó a ser el propietario de todas las grandes fábricas, el transporte y las comunicaciones. En el campo, tras la reforma agraria que liquidó a los terratenientes, se inició un proceso de cooperativización que en pocos años cubrió el 98 % de la población rural.
• Los planificadores centrales asignaban a las distintas unidades de producción o distribución sus objetivos, indicando en una extensa matriz de insumo producto qué bienes y servicios debían entregar y a quién y recibir de quién. Era un balance de materiales, en donde los precios eran sólo unidad de cuenta puesto que no había mercado en sentido estricto. Las finanzas eran utilizadas para auditar y monitorear la performance de las empresas, no como señales para dirigir las decisiones de inversión, que derivaban del plan general de crecimiento sectorial deseado.
• Mientras el gobierno no tomaba en cuenta el rol microeconómico de los precios para alocar los distintos recursos, sin embargo controlaba el sistema de precios y los determinaba para obtener los recursos que le permitirían el esfuerzo inversor: los precios industriales eran deliberadamente elevados y los agrarios deliberadamente bajos. El objetivo era que la acumulación socialista originaria estuviese financiada con las transferencias de todos los excedentes posibles de ser extraídos de la dominante economía rural.
• El gobierno y el Partido Comunista reforzaban el control de la economía con la presencia y control político de las empresas, que eran unidades productivo - políticas, incluyendo funciones de asesoramiento a los trabajadores, guardería, cuidados de salud y adoctrinamiento político.
Hubo distintas etapas, con planes de crecimiento realizados a partir de 1952, que produjeron un vertiginoso aumento de la producción industrial, en especial las ramas pesadas y relacionadas con la defensa. El punto de partida, a pesar de los avances que hubo entre 1911 y 1949 en el pequeño sector industrial, era muy bajo: el ingreso per cápita en 1949 está estimado en 50 dólares de esos momentos.
El primer período de crecimiento va entre 1952 y 1957, con elevadísimas tasas de crecimiento industrial. En 1957 el gobierno quiere abrir las discusiones de las formas de seguir avanzando, al comprender que las fórmulas y esquemas recibidos de la Unión Soviética, país con características muy distintas, no acomodaban completamente para la realidad inmensamente agraria y muy atrasada de China. Se lanza la política de las “Cien Flores” en que los distintos grupos del partido y de los ciudadanos son invitados a decir abiertamente qué está bien y qué mal, sugiriendo cambios.
Las críticas recibidas deciden a Mao cerrar la breve primavera y decide uno de sus más resonantes fracasos, el Gran Salto Adelante (1958/60). Temeroso que las opiniones vertidas terminen siendo un retroceso en el proceso de socialización de los medios productivos, y ello sea el resurgir del capitalismo en China, decide que para dejar esa etapa de atraso detrás y sus posibilidades de retroceso hay que industrializar el país a toda costa y a marcha forzada, y lograr en pocos años lo que a otros le costaron varias décadas. Se establecieron comunas agrarias (mucho mayor tamaño que los colectivos o cooperativas locales existentes) combinando las funciones gubernamentales y económicas, en especial para el desarrollo de proyectos industriales en el campo, de escala pequeña. Los incentivos materiales y recompensas en dinero fueron abolidos, los bonos fueron eliminados en la industria y los mercados libres en el campo fueron cerrados. Se lanzó la campaña de “caminar sobre los dos pies tecnológicos”, combinando las técnicas más avanzadas en la gran industria con las tecnologías más simples a aplicar en el medio rural.
Más de treinta millones de personas pasaron de actividades agrícolas a las industrias caseras, con el extremo de altos hornos en el fondo de las casas, con producto que sólo servía para las estadísticas, pues era imposible de usar aguas abajo en los distintos procesos metalúrgicos o productivos. Hasta instrucciones hubo de bajar el área dedicada a granos para incrementar la producción de fibras industrializables. Finalmente, tanta gente sacada de la actividad agrícola y puesta a producir en fábricas con escasa o nula productividad, tuvo su elevado precio en una hambruna generalizada en el campo, que llevó a un aumento de la mortalidad sobre las tasas promedio que sumadas dan una diferencia de 25-30 millones de personas. El hambre afectó sobre todo a las provincias interiores, siendo las más afectadas Sichuan (+ 10 %), Gansu, Guizhou y Anhuí (4-6%). Los porcentajes son de las de muertes en exceso de la tasa normal. En las grandes ciudades el drama tardó mucho en percibirse y nunca llegó a los extremos del centro del país.
Este gran fracaso coincidió con la ruptura política entre China y la URSS, que se había iniciado con críticas indirectas de Mao a la URSS criticando a los dirigentes yugoeslavos (Josif Broz, “Tito”) y terminó en acusaciones de reformismo y abandono de la teoría revolucionaria lanzadas sobre la Unión Soviética por los planes de coexistencia pacífica que ésta venía bordando con las potencias occidentales al tiempo que continuaba la carrera armamentista y la tensión en Europa. Durante un tiempo esta posición de Mao le valió la simpatía de los grupos de izquierda de los países subdesarrollados que no encontraban en la política de la Unión Soviética el apoyo a lo que parecía iba a ser la gran marea revolucionaria del tercer mundo (crear uno, dos, tres, muchos Vietnam, lanzaba en aquellos años Ernesto Che Guevara).
La ruptura con la Unión Soviética significó el retiro de un día para el otro, en Junio de 1960, de los miles de asesores soviéticos que estaban construyendo fábricas y distintos tipos de instalaciones de infraestructura, quedando las obras inconclusas y sin los repuestos ni instrucciones para hacer funcionar a las terminadas, salvo que ya hubiese chinos que dominasen el tema.
Luego viene una etapa de reajuste (1961/63), una nueva etapa de radicalismo (1964/66), y el otro gran desorden interno, la Revolución Cultural (1967/1969). En esta etapa, Mao muy influido por su segunda esposa, vuelve a tratar de eliminar las tendencias burguesas dentro del partido, y en un apelativo a los jóvenes que fueron empoderados en las llamadas “Guardias Rojas”, produjo una purga generalizada dentro de las estructuras políticas del partido, una “vuelta al campo”, incluida la obligación de los purgados de cumplir tareas agrarias. Increíblemente, desde el punto de vista económico, la Revolución Cultural no tuvo tan graves consecuencias como el Gran Salto Adelante.
La etapa siguiente hasta la muerte de Mao fue de masivas inversiones en la industria pesada, dejando de lado todo aumento del consumo, siempre con el objetivo de cerrar la brecha con Occidente. Nótese que la tasa de inversión sobre el PBI en el período socialista comenzó en un respetable 23 % en 1952, se elevó hasta el 43 % en los años locos del Gran Salto Adelante, para derrumbarse al 15 % en 1962, y luego pasar del 30 % (1965) al 37 % (1977).
A pesar de las contradicciones, marchas y contramarchas de la economía y la política, todo el período socialista fue de crecimiento económico, y nada despreciable. El crecimiento del PBI entre 1952 y 1978 (economía central planificada) fue del 6 % anual, mientras que se elevó al 9,6 % de allí en adelante. Normalmente cuando se parte de niveles de PBI tan bajos como el de China en 1949, es lógico que las tasas de crecimiento sean elevadas y el 6 % anual lo es. No solo creció China en forma sostenida, sino que para su bajo nivel de desarrollo general logró en pocos años dominar la tecnología nuclear y estallar su primer bomba atómica en vida de Mao, reducir a menos del 10 % la tasa de analfabetismo en una población compuesta en un 80 % por campesinos, elevar drásticamente la matrícula universitaria, etc. Al igual que la Unión Soviética, con todo el mundo capitalista amenazando su existencia, tuvo que derivar parte importante de su acumulación originaria hacia la defensa. Sus fuerzas armadas y el nivel de equipamiento y sofisticación son la prueba de lo que la voluntad política pudo hacer en pocos años de marchas forzadas, tanto en el sector defensa como en otros.
A pesar de los avances, a la muerte de Mao en 1976, el país seguía con un atraso importante respecto del resto del mundo. Luego de un breve intermedio accede al poder Deng Tsiao-ping (1904-1997), uno de los dirigentes comunistas que había sido purgado durante la Revolución Cultural por buscar cambios en la economía centralizada.

5.- EL TALÓN DE AQUILES DEL SOCIALISMO
¿Cuáles fueron las contradicciones del sistema socialista que llevaron a su abrupta disolución en la Unión Soviética y Europa del Este, y su cambio gradual en China y la península Indochina? Es la pregunta que rondará siempre en la mente de millones de personas que en todo el mundo habían recibido alborozados el surgimiento de una esperanza de resolver las injusticias que el capitalismo creaba en su turbulento e imparable despliegue a nivel mundial. El socialismo como proyecto político comenzó con la revolución bolchevique en Rusia en 1917, ampliándose a Europa del Este tras haber vencido a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, sumando la colosal revolución china en 1949, a lo que seguiría Cuba (1959), Laos, Camboya y Vietnam (1975). Luego fue el estancamiento primero, y la disolución pocos años más tarde. En su desarrollo no se ahorró nada, ni los más excelsos logros como el primer Sputnik y el primer astronauta y triunfos épicos, especialmente frente a la invasión Alemana a la Unión Soviética, sacar del atraso de siglos a tantos países, pasando por los masivos asesinatos por motivos políticos del stalinismo, hasta la mueca horrible que en nombre del socialismo representaron Pol Pot y sus Khmer Rojos en Camboya, la “dinastía” Kim en Corea del Norte, o los Ceacescu en Rumania.
No es que no se percibiesen contradicciones, y muy serias. Pero durante todo este periodo parecía que el avance hacia el socialismo era “una ley ineluctable de la historia” como solían decir los manuales políticos soviéticos, y que los problemas de las “etapas jacobinas” quedarían detrás.
A nuestro entender hubo distintos tipos de problemas, unos más concentrados en el área política, y el otro en el área del funcionamiento microeconómico (nosotros lo llamaríamos aquí, de “sintonía fina”)
Entendemos que el problema político es el fundamental, aunque aquí apenas lo esbocemos puesto que nuestro tema es otro. En Marx está el análisis más profundo de las fuerzas que determinan (en sentido amplio) la historia. Parte significativa de sus análisis e interpretaciones se han vuelto “lugar común”, pero sólo después que él lo desarrollo. Hoy día también parece un “lugar común” aceptar que el hombre desciende de otros primates, sintetizado en la teoría de la evolución de las especies. Este lugar común lo es desde que Wallace y Darwin expusieron sus teorías hace ciento cincuenta años, pero no lo era antes.
Comprender la realidad del capitalismo y sus contradicciones, sin embargo, no es lo mismo que poseer la fórmula para resolverlas.
Karl Marx escribió muchas obras, miles y miles de hojas de trabajos terminados y esbozos incompletos. Federico Engels lo acompañó con obras muy importantes de análisis y comprensión de un sistema que recién se estaba desplegando en Europa, algo en los Estados Unidos y casi nada en el resto del mundo. Sin embargo, con respecto a lo que sería la etapa socialista, los creadores del socialismo científico escribieron apenas esbozos, que todos juntos no llegarían a ser más que unas pocas carillas. Tampoco quedaba claro cómo iba a ser el sistema político del socialismo. Algunos pensaban que tras la primera y breve etapa de dictadura del proletariado esbozada por Marx, al disolverse las clases poseedoras, también lo haría el Estado, en tanto órgano de dominación de una clase sobre otras. Así llegaría el momento en que sin Estado, excepto para un ordenamiento burocrático, cada cual se dedicaría a lo que más le gustase, unos a pintar y otros a tocar el piano, tal el ejemplo del fundador de la teoría.
La realidad es que las revoluciones socialistas no estallaron en donde Marx suponía, allí donde el capitalismo se había desarrollado primero, Inglaterra y Europa Occidental, y las contradicciones del sistema estallaron en sus bordes más atrasados, la Rusia de los zares. La clase obrera en Rusia era pequeña, pero concentrada fuertemente en grandes establecimientos en Petrogrado (hoy San Petersburgo) y Moscú, y su apoyo al partido Bolchevique fue decisivo para la toma del poder en 1917. Pero la inmediata guerra civil que siguió no le dejó a la vanguardia de la clase obrera, el bolchevismo, muchas alternativas, se suprimieron primero las elecciones de soviets que estaban programadas para enero de 1918, a medida que la situación se agravaba se duplicaba la apuesta y cada duplicación significaba una concentración más de poder. Al principio se dejó de lado el centralismo democrático, luego las discusiones en el plenario del partido, luego las fracciones y por último en el comité central. Para cuando muere Lenin (1924) las cartas estaban echadas y a los efectos prácticos somos de la opinión que no hubiese variado demasiado si en vez de Stalin hubiese terminado prevaleciendo Trotsky, que no se había destacado como un niño de pecho en la etapa en que comandó el Ejército Rojo. El ser expulsado del poder le hizo identificar políticamente muy bien la saga de cambios que habían llevado a esa situación, tratando de justificar a posteriori la forma en que él también participó de la mayoría de las decisiones que llevaron hasta ese punto. Quizá nos hubiese ahorrado los excesos más aborrecibles del stalinismo, pero el derrotero general parece inevitable si el PC no renunciaba a la hegemonía del poder. El proceso político que luego se dio en los países socialistas que engrosaron este campo es totalmente claro: ninguno dejó de seguir la lógica de actuar en nombre del proletariado, sin una consulta real a las masas trabajadoras que se representaban. El centralismo “democrático” era un camino de una sola vía: del politburó a las bases.
Esto tiene un nombre y es la sustitución de la clase trabajadora por su auto-designada vanguardia. El “sustitucionismo” fue, de ahí en más la característica de la dirección de todos los sistemas socialistas que se impusieron en países atrasados, donde la clase obrera fue creada en gran medida por el nuevo régimen. La palabra “democracia”, en todos los escritos políticos del movimiento socialista revolucionario del siglo XX, estaba inmediatamente seguida de la palabra “burguesa,” demostrando el nulo interés de profundizar los problemas que traía su limitación por la estructura burocrática del Partido y el Estado.
Cuando las sociedades socialistas se desarrollaron, y los rigores de las luchas iniciales, las guerras civiles, la invasión alemana quedaron detrás, esas masas de trabajadores, más cultos y con más bienes, comenzaron a demandar una participación en las decisiones que no estaban en los planes del PCUS y los demás PC en el poder. La masacre en la Plaza Tian An-men de Pekín en 1989 fue la respuesta china a esas demandas. Sobre esto se puede analizar en profundidad los desvíos de la burocratización en cada uno de los países socialistas y los resultados son bastante similares. Pero no es el centro de nuestro análisis y lo dejaremos como digresión aquí.
Un segundo elemento político, o más bien geo-político atoró el avance del socialismo: la cerrada oposición de las potencias imperialistas, comenzando por Estados Unidos. El esfuerzo de la carrera armamentista para dos países con economías tan dispares como Estados Unidos y la Unión Soviética significó una sangría extraordinaria de esfuerzos e inversiones para la defensa en esta última, que en gran medida limitaron el crecimiento de la economía civil, y ello se sintió muy fuertemente en los últimos años de la Unión Soviética, y también condicionaron el crecimiento de China.
El tercer elemento es de funcionamiento económico, y se suma a los anteriores a la hora de explicar la necesidad de reforma o la disolución. En nuestra opinión el punto flojo aquí fue la ausencia, a nivel microeconómico de un sistema de mercados (precios y sus señales) que evitase el despilfarro de bienes y esfuerzos, haciendo que las ingentes inversiones tuvieran bajo rendimiento.
Entendámonos, el capitalismo se desenvuelve en el mercado, y de las decisiones pequeñas regidas por los precios, las ganancias y las alternativas que los precios determinan, va conquistando el sistema nacional primero y luego el mundial. Cuando el capital adquiere la dimensión suficiente se apropia del Estado, y pone todos los resortes de éste al servicio de su propio desarrollo de clase, o de la fracción de clase que hegemonice el poder. En estos momentos, a nivel mundial la hegemonía la tiene el capital financiero, mientras que años atrás lo tenía el capital industrial y a inicios el capital comercial.
El pensamiento básico de los reformadores chinos, comenzando por Deng Tsiao-ping, era que había que recuperar las extraordinarias capacidades que tiene el capitalismo para revolucionar las fuerzas productivas a fin de desarrollar la industria y hacer pasar a China del atraso a, como llamaban en aquellos momentos, la “modernidad”. Pero entendían que esa extraordinaria capacidad que tiene para ordenar las variables microeconómicas mediante las señales de precio al buscar la ganancia del empresario, no podía abarcar toda la economía pues entonces esa fuerza anárquica podría evolucionar hacia la obtención de rentas extraordinarias en un país atrasado sin salir del atraso. Es, si se quiere un símil, pensar en el poder atómico. Una bomba atómica puede hacer un desastre, mientras que una central nuclear, controlada la liberación de energía, puede ayudar a generar electricidad y desarrollo industrial aguas abajo. El objetivo de los reformadores fue, aprovechar esa energía extraordinaria, pero en la forma controlada de una central nuclear y no de una bomba atómica. El lograrlo es otra cosa.
La asignación de recursos en una economía planificada se demostró muy importante y positiva en los grandes rubros, para dirigir el excedente social en un determinado sentido, pero a nivel microeconómico, de la empresa, de los trabajadores, el sistema avanzaba sólo a partir de un despilfarro de materias primas y de la potencialidad del trabajo productivo.
El sistema de planificación buscaba la producción anual de bienes materiales para la obtención de un resultado (la producción de 10 millones de toneladas de cemento, o 5 millones de tonelada de acero, o más específicamente, en tiempos de guerra o amenaza, 10 millones de rifles o 2000 tanques). No se realizaba el cálculo de costos y beneficios, ya que el único objetivo del plan era el flujo ordenado de insumos y productos para la obtención de metas físicas finales. La “ganancia” si se quiere estaba en poner bajos precios de compra agrícolas y altos precios industriales, siendo la diferencia la acumulación primitiva socialista que fundaría el crecimiento (este tema fue desarrollado brillantemente ya en los años 20 por Eugeni Preobrachensky en la Unión Soviética. Stalin usó las bases de su sistema en forma amplia, antes aún de mandarlo a fusilar por opositor trotskista).
En un sistema de planificación, los coeficientes técnicos de insumos para lograr una cantidad de producto eran lo fundamental que el plan requería. Sin embargo, para los administradores de las fábricas, el plan tenía que cumplirse para evitar castigos y los fue llevando, de a poco pero en todas las líneas, a demandar más insumos que los necesarios para la obtención de cada unidad de producto. Si el producto fabricado salía mal, el porcentaje de materiales excedentes tenía que alcanzar para cumplir el plan. Si el producto de mala calidad llegaba al público, éste no tenía muchas alternativas más que consumirlo o dejarlo. Ese coeficiente se iba corriendo siempre hacia la cantidad de insumos que hiciese que los administradores estuviesen relativamente cómodos. La competencia del mercado no los podía cerrar, pero el órgano de planificación podría sancionarlos si no cumplían las metas. Estas se conseguían (o se dibujaban) pero los insumos utilizados eran excedentes a la necesidad real, y la calidad de los productos finales francamente mediocre.
La falta de mercados competitivos además no incentivaba la inventiva para el aumento de la productividad (menor uso de insumos y mano de obra por unidad de producto final) o para el cambio del producto final. El aumento de la productividad en la empresa capitalista está acicateada por la competencia. Si bajan los costos por aumento productivo aumentan las ganancias, pero ese aliciente no existe en la economía planificada, sólo la apelación a la conciencia socialista, que hizo milagros en sectores estratégicos o en desafíos políticos importantes, pero no existe un sistema que se mantenga sólo con la conciencia socialista solidaria, sobre todo en los sectores ordinarios de todos los días en donde no se está jugando ninguna batalla épica. Las economías están formadas en más del 90 % por estos sectores ordinarios, donde las reglas para su avance no pueden ser sólo el apelativo político.
A nivel de los trabajadores el sistema socialista no ofrecía incentivos, dado que una de sus características era un salario similar para distintos tipos de responsabilidades y conocimientos, y la falta de premios por un lado, unidos a la ausencia real de castigos, en especial el del temor a la desocupación, ya que todos tenían el trabajo asegurado. Por otro lado, en los primeros años de los distintos países socialistas, las penurias del inicio, sumado a el cerco imperialista o la guerra, hizo que lo que ganasen los trabajadores no pudiese volcarse a la compra de los bienes que pudiesen desear, sino que recibían la mayoría de los bienes simples de supervivencia por cartilla o precios tan controlados como las cantidades disponibles. El incentivo por trabajar más duro y elevar la productividad no existía, ni por el lado de los premios ni por el lado del castigo.
Más cercanos en el tiempo, estas discusiones las conocimos en castellano con la experiencia de Cuba. El Che era partidario de los incentivos morales como única forma de lograr la participación activa de los trabajadores en la producción, y se utilizaron en la isla varios sistemas mixtos, pero la ausencia de bienes disponibles, de premios de relevancia y de castigos serios determinó el estancamiento de la producción en ese país, al margen de las limitaciones que le impone, desde hace cincuenta años, el bloqueo americano. Solo florecieron los sectores de desafío político como los tratamientos médicos, la atención de la salud, la extensión de la educación para todos, y pocos sectores más. La caña de azúcar, principal producto de la isla antes de la Revolución, con un esfuerzo extraordinario llegó a las 8 millones de toneladas en los primeros años. Su nivel actual no supera las 1,5 millones de toneladas. El café lo importan de Viet Nam, el país al que le enseñaron a cultivarlo, según comentó Raúl Castro.
Estos problemas económicos ante la ausencia de mercados de insumos, bienes y laboral es el que movió a Deng Tsiao ping a tentar sus reformas. Los problemas detectados en el campo político, que tampoco se le escapaban, entendió que no era necesario cambiarlos, ya que la demanda de una mayor participación o ejercicios de democracia eran características ajenas a la idiosincrasia china, que nunca había conocido tal sistema político. En su política gradualista parecía haber un pensamiento implícito sobre la necesidad de mantener el férreo control del Partido Comunista cuando había que hacer cambios económicos de la magnitud que iban a encarar. Desde el punto de vista pragmático su apuesta tuvo un éxito espectacular, mientras que la estrategia de Gorbachov (transparencia política o Glasnost, y reestructuración económica o Perestroika) se demostraron un fracaso estrepitoso. Gorbachov pasará a la historia como un personaje trágico, que queriendo resolver un problema serio trajo uno cien veces más serio aun. Su sucesor, Yeltsin, pasará a la historia como un personaje ruin, un aborto de la historia, un brabucón a la Galtieri, con iguales aficiones aunque de distintos destilados.
6.- LAS REFORMAS (1978 EN ADELANTE)
La constatación de las contradicciones serias del sistema de comando central que llevaron a la disolución abrupta de la Unión Soviética entre el ascenso de Gorbachov (1985) y el golpe de Yeltsin (1991), habían sido percibidas con anterioridad por una fracción del Partido Comunista Chino. Es la fracción que toma el poder tras la muerte de Mao, tras el encarcelamiento y fusilamiento de los promotores de la Revolución Cultural (la “banda de los cuatro”, incluyendo a la segunda esposa de Mao, que fue a prisión).
En 1978 comienzan los cambios económicos en el sistema centralizado chino, cambios que aún continúan al presente, a más de 35 años de su inicio.
Procesos simultáneos y complementarios son los cambios graduales en la economía china del sistema centralizado al capitalismo de estado con economía privada por un lado, y la disolución gradual y progresiva del Estado de Bienestar en los países capitalistas avanzados por el otro. Es difícil entender uno sin el otro. Son los movimientos de un minué en donde el bastonero es el capital financiero internacional, pero al menos uno de los danzarines, los chinos, tiene ideas propias de cómo sigue el baile, distinta de la que originariamente le habían asignado las potencias capitalistas.
El dilema ante el cual se enfrentó Deng Tsiao-ping y sus reformadores en 1978 era como mantener un comando central para los objetivos estratégicos de desarrollo industrial y defensa nacional, y lograr al mismo tiempo la mayor productividad en la producción industrial y en la agrícola, esta última con crecimiento muy lento durante esos años de crecimiento industrial. En esos momentos es que, ante la insistencia de parte del aparato del Partido Comunista que quería saber si los cambios eran socialistas o capitalistas, Deng acuño la famosa frase “no importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.
Desde el primer momento, el campo fue el talón de Aquiles de los procesos socialistas. En la fábrica, la dirección y los comisarios políticos podían tener la mayoría de las actividades relativamente controladas. En el campo chino, con millones de aldeas dispersas en su gran geografía, con familias laborando en promedio en una hectárea, el control era mucho menor, y sus consecuencias el crecimiento lento de la producción agrícola. En 1956 la producción de granos alcanzó las 200 millones de toneladas, y los incrementos de producción se lograron en base a la extensión del área irrigada, que pasó de 20 millones de hectáreas en 1952 a 43 millones en 1978 (56 millones en 2004). La utilización de fertilizantes petroquímicos era casi nula hasta 1963 y llega a las 9 millones de toneladas en 1978, para empinarse luego hasta las 45 millones de toneladas en 2004. El crecimiento de la producción per cápita fue muy poca en estos años por la alta tasa de crecimiento vegetativo de la población (alta natalidad y descenso violento de la mortalidad por medidas de higiene preventivas). La ecuación cambia en la etapa de reformas por los cambios en la tenencia de la tierra (interés personal en la parcela asignada) aumento de los fertilizantes artificiales y el abrupto descenso de la tasa de natalidad resultado de la migración a ciudades y la ley de Una Familia Un Hijo de 1980. La producción a mediados de la década pasada rondaba los 515 millones de toneladas. Para hacer una comparación, Argentina produce alrededor de 100 millones de toneladas de granos con 40 millones de habitantes, en un territorio continental de menos de 3 millones de Km2. En China actual la población es de 1.300 millones se divide en algo más del 50 % agraria y algo menos del 50 % urbana, y su superficie es de 10 millones de Km 2. Ello es una muestra de la diferencia de fertilidad y tecnologías utilizadas en uno y otro país (alta mecanización, cultivo extensivo, paquete tecnológico de frontera en Argentina, baja mecanización, cultivo intensivo con alta utilización de mano de obra por hectárea en China. Los agroquímicos, fertilizantes y las semillas se desarrollan en forma diferente para cada uno de estos paradigmas productivos. Recordemos que, en las pequeñas explotaciones familiares o de cooperativas en China se han usado por siglos y continúan usándose como abono las deposiciones de animales y las humanas.
Los cambios comenzaron en los colectivos campesinos, otorgando a las familias el disfrute de una determinada porción del terreno que antes cultivaba todo el colectivo. El disfrute no es la propiedad, que siguió siendo pública, y quien abandonaba el campo para ir a la ciudad perdía su derecho al disfrute de la parcela. La producción obtenida por las familias en el colectivo se tenían que entregar al Estado a un precio básico (bajo) pero los excedentes sobre el plan que se estaba dejando de lado se podían vender en el mercado regional. La producción creció fuertemente por el incentivo de la venta de los excedentes y la responsabilidad unifamiliar sobre los resultados de su predio asignado. A su vez se volvió a incentivar la producción industrial en los colectivos agrarios, productos simples al inicio, con una parte creciente también para el mercado.
Estas empresas industriales localizadas en el medio suburbano o directamente rural (dada la densidad promedio china para un argentino es difícil distinguir el concepto) fueron las que protagonizaron el mayor cambio. El empleo total en este tipo de empresas, ya sean cooperativas o privadas familiares, arranca con 70 millones de personas en 1985 (40 M. cooperativas, resto privado) para llegar en 1996 a 138 millones (60 M. cooperativas). La cifra apenas llega a los 140 M. en 2005 con apenas 10 M. en cooperativas. Allí se produjo el cambio gradual pero constante de propiedad cooperativa (pública) a privada (básicamente inicios familiares en ramas de alta densidad laboral y baja tecnología).
Las empresas industriales en los centros urbanos continuaron siendo del Estado, con un tipo de acuerdo con los trabajadores de estabilidad de por vida. La competencia creciente de las producciones industriales de los semiautónomos centros fabriles agrarios comenzó a reducir las ganancias de las empresas del Estado urbanas, y ello llevó a un creciente cambio de manejo de estas empresas, pasando a un sistema de gerenciamiento por resultados, diferente al cumplimiento del plan en forma cuantitativa del pasado. Este desarrollo industrial estuvo desde un inicio ligado al comercio internacional con la producción de bienes simples (textiles, calzado, confecciones, juguetes, menaje, etc.). Esa es la razón por la cual se concentró en las zonas cercanas al mar, en especial en la franja entre Shangai y Hong Kong. No es casual que esas zonas sean las más cercanas al capital chino de la diáspora que fue autorizado por el gobierno a hacer inversiones controladas para ese desarrollo: Taiwán y Hong Kong.
Los acuerdos con el capital externo se circunscribían al inicio a zonas especiales en el área indicada, en especial de las provincias de Jiangsu, Zhejiang, Fujiang y Guandong. Los acuerdos hechos con el capital externo partía de un balance positivo de divisas: los inversores externos se comprometían a exportar más que la suma de los insumos importados (maquila simple) bienes de capital y remisión de utilidades. Ese tipo de acuerdo se mantiene hoy inclusive con empresas multinacionales de origen americano, europeo o japonés, en dónde siempre están presentes las cláusulas de transferencia de tecnología. Cabe aclarar que la parte mayoritaria del capital extranjero en China es de chinos de la diáspora, y muy lejos la de los países centrales.
A medida que el alto crecimiento obtenido se iba reflejando en mayor demanda laboral para la industria, se fue liberalizando el movimiento de campesinos hacia las ciudades intermedias y de estas a las importantes. Al mismo tiempo las empresas del estado fueron rediseñadas para una competencia mayor con las privadas que eran permitidas progresivamente en distintas áreas no consideradas estratégicas.
La ley de empresas de 1994 fue la que reglamentó situaciones de hecho de propiedad privada que no estaban oficialmente reconocidas, y dio mayores precisiones a los acuerdos con empresas extranjeras.

COMPOSICIÓN DE LA PROPIEDAD INDUSTRIAL (% MEDIDO SOBRE FACTURACIÓN CORRIENTE)
1978 1996
EMPRESAS ESTATALES 77 33
EMPRESAS COLECTIVAS 23 36
DE ELLAS TVEs (9) (28)
PRIVADAS Y FAMILIARES 0 19
EXTRANJERAS 0 12
EXTRANJERAS CHINOS DIASPORA (7)
EXTRAN. SOLO H.KONG Y TAIWÁN (5)
Fuente: Barry Naughton. The Chinese Economy, Transitions and Growth. TVEs.: Township and Village Enterprises, forma híbrida que comienza produciendo bienes industrialmente como cooperativa pero su propiedad efectiva va pasando progresivamente a privados, en forma familiar o de sociedad por acciones.
El flujo de inversiones extranjeras, concentrada al inicio en las Zonas Económicas Especiales (zona franca, importa y exporta sin impuestos, maquila) al norte y al sur de Shanghai, se fue expandiendo luego, en especial después de la ley de inversiones extranjeras de inicios de los noventa. En 1983 el flujo de IED sobre el PBI alcanzó un mero 0,3 %, en 1991 el 1%, se empinó hasta el 6 % en 1994, para comenzar una lenta caída hasta algo menos del 3 % en 2005. Esa caída porcentual se dio, sin embargo, dentro de un proceso de incremento de los montos totales de inversión extranjera que llegan actualmente a más de 60.000 millones de dólares anuales. Lo que se ha producido es un crecimiento del Producto Bruto muy superior al crecimiento de la inversión extranjera, señal de que la inversión extranjera es importante pero no el motor principal. El motor está representado por un lado en el sector industrial estatal con elevadísimas inversiones en los sectores que se ha reservado, y por el otro en la extraordinaria dinámica de la nueva burguesía industrial china.
Un elemento importante fueron los cambios económicos que tuvo que hacer China para ser finalmente admitido en la Organización Mundial de Comercio a inicios del presente siglo. A diferencia del despliegue de las políticas proteccionistas y de subsidios abiertos que se les toleró ampliamente al Japón de posguerra y a Corea, por ejemplo, la hegemonía del capital financiero ya había cambiado las reglas del juego cuando China procura beneficiarse del comercio internacional. Por un lado las concesiones se hicieron al inicio en el entendimiento que ellas alejaban el socialismo real de China. Sin embargo, el Estado se ha reservado ciertas áreas que considera estratégicas para su desarrollo como potencia mundial, al margen de las presiones para liberación más rápida pedida por los representantes del poder financiero internacional (FMI, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio, etc.)
Al momento actual la propiedad estatal se concentra en ramas estratégicas: infraestructura (caminos puertos, aeropuertos, aviones, barcos, ferrocarril) petróleo y sus refinerías, siderurgia, electricidad, industria de defensa, telecomunicaciones e informática y sectores de alta tecnología con alto potencial de crecimiento. El resto de las ramas gradualmente están pasando al sector privado, más como emergencia de nuevos actores, aunque también ha habido un significativo cierre definitivo de empresas estatales nacionales en las ramas competitivas no estratégicas. Las empresas que se originaron en los colectivos agrarios están en un proceso de privatización, aunque muchas ya son privadas pero mantienen la forma legal de empresas cooperativas agrarias, por determinadas ventajas fiscales y políticas.
El sistema bancario y financiero es casi enteramente estatal. En efecto los “Big Four” dominan el escenario: el Bank of China (BOC) es el Banco Central, el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC) es el mayor en términos de activos y se concentra en operaciones a la industria y el comercio. Recientemente ha abierto sucursales en Argentina, tras comprar el StandardBank (sudafricano) que hace pocos años había comprado al BankBoston (americano). Signo de los tiempos. El Agricultural Bank of China (ABC) concentra su crédito a la actividad agrícola, mientras que el Construction Bank (CCB) hace lo propio con la actividad de la construcción. Entre los cuatro tienen el 53 % de los activos bancarios del país.
Al margen de estos cuatro banco están los Joint-stock commercial bank (JSCBs) con una estructura de empresa privada, pero en su mayoría manejados por grandes empresas industriales y comerciales del Estado. En un escalón más pequeño están los City Banks, en su mayoría manejados por los gobiernos comunales.
Policy Banks son aquellos dedicados a esfuerzos especiales: China Development Bank, grandes obras de infraestructura, Export Import Bank, financiación del comercio exterior, Agricultural Development Bank, para desarrollo de proyectos agrarios. Son estatales.
Rural Credit Cooperatives. Multitud de estos bancos pequeños se concentran en el crédito agrícola.
El resto (un 9 % de los activos bancarios) tiene varias categorías, entre ellas los recientemente aceptados bancos totalmente extranjeros, fruto de la ardua negociación de China con la OMC.
No hace falta indicar los cambios mayúsculos logrados en China: su Producto Bruto se multiplicó por más de once veces desde 1978, son la segunda economía mundial por detrás de Estados Unidos y por arriba de Japón y Alemania. Los salarios reales, que se iniciaron en niveles muy bajos, están subiendo constantemente combinando el desarrollo hacia afuera de las exportaciones, con el desarrollo hacia adentro, creando un poderoso mercado interno que sólo puede ser creciente si en el incremento acelerado de la productividad participan los trabajadores con incrementos de salarios reales.
A su vez, ese crecimiento espectacular, el más importante que se pueda tener registro desde el inicio del capitalismo en Inglaterra, tiene sus sombras. De una sociedad humilde pero igualitaria, está pasando a ser una potencia industrial, con el ingreso per cápita de países intermedios. Pero la desigualdad está creciendo, no sólo porque hay más ricos y la diferenciación creciente entre los ingresos de los trabajadores, sino porque el crecimiento de la economía informal. Esta economía informal está alimentada por la inmigración interna ilegal (sin “hukow” o cartilla de permiso de residencia urbana), que ha dado origen a una explotación sin límites de porciones importantes de trabajadores de origen rural.
Esta explotación de las recientes migraciones rurales ha contribuido a que el índice de desigualdad social (Gini) se haya deteriorado en este período. A nivel mundial, bajos niveles de Gini (menor desigualdad) se encuentran en países desarrollados (Suecia: 0.25, Japón: 0,25, Alemania: 0,28). Los latinoamericanos tenemos los índices de desigualdad mayores del mundo (Brasil: 0,59 y reduciéndose, México: 0,55 y subiendo). El Gini de China era de 0,28 en 1983, a los inicios del proceso de reformas, uno de los países más igualitarios del mundo, pero para el año 2003 el Gini se había empinado hasta el 0,447. Para tener una comparación entendible, el Gini Per Cápita Familiar de la Población de Argentina era del 0,411 en 4º.Trim. 2012, fue del 0,534 en el 3r._Trim. 2003 y circa 0,34 en 1974.
El otro problema inevitable de un crecimiento acelerado es, en un país que no puede incrementar el área cultivada por exceso de población, es la polución industrial, y la desertificación por sobreexplotación y exceso de consumo de agua (las partes finales o inferiores de los principales ríos, desde el Amarillo, al Perla, pasando por el Yantsé, no son potables por la polución industrial, y los peces mueren en esos segmentos de los ríos). El 85 % de la energía consumida por su enorme industria proviene del carbón, mucho más contaminante que el petróleo, gas, hidroelectricidad o energía nuclear.
A esta altura se puede hacer una síntesis de lo que es el sistema de capitalismo de Estado chino. Una parte de la economía sigue firmemente bajo el control estatal: las actividades bancarias y financieras, y con ello el control del movimiento internacional del capital, que ha mantenido a China al margen de los marasmos financieros que sacudieron a la región en 1997 y 1998. También las actividades económicas consideradas estratégicas se mantienen en el Estado, incluyendo las de alta tecnología en donde China espera lograr paridad con Estados Unidos en algún momento del presente siglo. Se ha permitido el desarrollo del capital privado, esto es se ha creado la burguesía industrial nativa, en todos aquellos sectores en donde la competencia es posible. Cuando un país tiene la dimensión de 1.300 millones de habitantes, casi todas las ramas recién nacidas son competitivas, cosa que no se puede replicar en países de población intermedia como Argentina, con 40 millones. Con menos población, las ramas se monopolizan más rápidamente y se reducen los beneficios de la competencia (aumentos acelerados de la productividad industrial).
A su vez el capital internacional ha sido invitado a participar del crecimiento de ese mercado importantísimo bajo condiciones muy estrictas de balance de divisas y transferencia de tecnología. Nada es fácil en esos convenios y los chinos se toman todo el tiempo que necesiten para poner, en cada caso de importancia, a competir a distintas corporaciones internacionales cada vez que les interesa desarrollar un determinado sector. El premio por el que las corporaciones acceden a la transferencia, es la posibilidad de producir en China para el mundo, a costos más bajos, y también de participar, en forma creciente, de la expansión de ese enorme mercado. No todos los países tienen la misma capacidad de negociación de contratos beneficiosos para su propio desarrollo.
¿Por qué lo llamamos capitalismo de estado y no sistema mixto capitalista-socialista? Porque es claro que el objetivo es un capitalismo con control del estado, no un socialismo. Por otro lado las ramas industriales monopolio del Estado son aquellas que no hay garantías que con el sistema de precios vigente, su propia burguesía industrial hubiese podido desarrollar. Ya sea porque los privados no lo hubiesen logrado en forma rentable, sin elevados subsidios, o que los sectores involucrados se prestasen a monopolios y derivación privada de las cuasi rentas, el hecho es que esos sectores están aún vedados.
De alguna manera, la importancia del Estado en el desarrollo de los países asiáticos ha sido una constante, aun partiendo de distintos orígenes. Japón desde 1868 (restauración Meijí) y una vez más luego de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, dio al inicio una alta intervención al Estado (recordar el amplio papel del MITI). Corea, país campesino con un ingreso per cápita de 50 dólares en 1960, con un alto grado de intervención estatal, incluyendo algunas empresas estatales como la acería Posco, desarrollaron el país industrialmente, haciendo nacer a una burguesía industrial al amparo de sus subsidios y con la pena de los castigos en caso de no cumplimiento.
La característica de estos países es que el capitalismo de estado fue una etapa de su desarrollo, impulsada por la coalición política hegemónica del momento, hasta que la burguesía industrial adquirió peso y competitividad internacional. Las clases trabajadoras participaban de los beneficios parcialmente, como clases subordinadas. La ausencia de democracia efectiva en estos países garantiza esa subordinación. Los estados eran al inicio mucho más fuertes que las burguesías industriales que estaban creando, y es por ello que le pudieron poner sus límites, sus premios y sus castigos, y nunca tuvieron problemas de disputa de poder, puesto que esa nueva clase comía de su mano para desarrollarse. Una vez que esas burguesías se desarrollan y adquieren estatura mundial, las relaciones con el Estado son más complicadas, y los objetivos nacionales de estos pueden pasar a ser los intereses más estrechos de la nueva clase creada para lograrlos. Pero ese es otro tema que aquí no desarrollaremos.

7.- CONCLUSIONES
El interés del caso chino es doble. Por un lado entender cómo hizo, en un proceso muy gradual, de pruebas y errores, para desmontar un sistema de comando centralizado de toda la actividad económica, y pasar a otro de alta intervención del estado en la dirección de la economía, con las finanzas y un núcleo duro de industrias y sectores bajo monopolio estatal y el resto privado, incluyendo la inversión extranjera. Lo importante aquí es la comparación con la forma caótica en que se disolvió el socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este.
Por el otro lado es analizar el despliegue del país que en los próximos años tendrá el PBI más grande del mundo (que no quiere decir que sea el más importante sólo por esa medida). Lo cierto es que en su despliegue, China ha conmocionado los cimientos económicos de la mayoría de los países del mundo, incluyendo en su sed de materias primas, a Sudamérica y dentro de ésta a la Argentina.
Asimismo da para reflexionar sobre las condiciones que le permitieron a China llegar al lugar que está llegando, y entender que la dotación inicial de factores que tienen los países asiáticos, abundancia de mano de obra en superficies agotadas por milenios de sobreexplotación, es la contraria a la ecuación de Sudamérica en donde la abundancia está en los recursos naturales. Al margen de estas opciones está el capitalismo desarrollado, que no tiene la abundancia de uno u otro factor pero sí la supremacía científica, tecnológica, de productividad industrial en general, y por ello militar. Por último los que no tienen ninguna ventaja.
Son entonces cuatro modelos de países. Los países centrales y cómo se están acomodando (con la eliminación progresiva del Estado de Bienestar para que la productividad mayor con salarios menores les permita afrontar la competencia china y oriental en general). Luego están los emergentes asiáticos con toda su potencia y sus limitaciones aquí analizadas. Hay un tercer grupo (los BRICS, Sudamérica, países petroleros y algunos más) que están creciendo en base a la demanda de materias primas del despliegue asiático, y por último un cuarto grupo que son los que no han sacado ningún beneficio de todo este movimiento, determinadas zonas de África, otras de Medio Oriente, etc., que reciben más los coletazos de la crisis de los centrales que los beneficios del desarrollo asiático.
Cada una de estas zonas tiene estrategias diferentes para enfrentar los cambios. En los centrales las clases trabajadoras que se beneficiaron en las etapas previas, son por el momento la variable de ajuste ante el descenso del valor industrial promedio, que tiende a inclinarse hacia el lado asiático. Las masas chinas están sin dudas mucho mejor que en promedio hace treinta años, pero las diferencias al interno de los trabajadores hace que esos promedios tengan unas dispersiones de riqueza y miseria que no existían en el período socialista. El desafío para Sudamérica es aprovechar al máximo los años que quedan de alta demanda de sus materias primas para usar esas rentas extraordinarias para el mejoramiento del nivel de vida de sus pueblos e incrementar la industrialización y la capacitación. Ello permitirá, una vez concluida la etapa de altos precios externos que en algún momento ocurrirá, disfrutar de un mejor nivel de vida por aumento de la productividad industrial y una más igualitaria distribución del ingreso.

12Jun/130

PERSPECTIVAS PARA EUROPA

Publicado por admin

12/06/2013
Jorge Molinero
En Argentina, país de importante inmigración europea, las clases medias de ese origen tienen dos visiones sobre el devenir de Europa. Están los que adhieren implícitamente a la necesidad de continuar con las políticas de austeridad, y aquellos que creen que por esa vía no se recuperará rápidamente el nivel de actividad. En líneas generales, a nivel de política económica los primeros adhieren a alguna variante de ortodoxia (neoliberalismo en estos años), a pesar de los problemas que éste ha generado, y los segundos se dispersan en un conjunto de propuestas heterodoxas que van desde el keynesianismo al desarrollismo, del populismo al socialismo.
De alguna manera ambas corrientes de pensamiento repiten para el viejo continente las recetas que se supone son o pueden ser exitosas en nuestro país. La presidenta de la Nación, como peronista en su versión más progresista, adhiere a la segunda alternativa, crítica para con la política económica europea y contraponiendo el éxito que en lo económico y social ha tenido Argentina en los últimos diez años siguiendo un modelo heterodoxo. Creemos que ello es correcto desde el punto de vista de la retórica política, ya que ayuda a reafirmar la política seguida en nuestro país que nos sacó del marasmo de la crisis de 2001/2002, política a la cual adherimos firmemente.
Sin embargo, a nivel de un análisis más profundo, más de una vez hemos insistido en que la comparación de políticas económicas entre países sudamericanos y Europa no es correcta. Fuera de las similitudes que las clases medias de origen europeo le ven, tanto en Argentina como en el resto de Sudamérica, las diferencias son tan abismales como para que la comparación no quede en otra cosa que la cultura u otros elementos de la superestructura política, jurídica, etc.
Las diferencias están determinadas por la situación de cada uno de los bloques en el movimiento económico mundial, donde lo más significativo de la época es la emergencia económica de Asia, en especial de China pero no sólo ella. Esta emergencia asiática, no es “más de lo mismo en escala mayor”, es un cambio de época muy importante, un movimiento tectónico de gran magnitud, que puede derivar en una disputa de liderazgo entre Estados Unidos y sus aliados europeos y asiáticos (en especial Japón) y China y su propia constelación de adhesiones por el otro lado.
Sudamérica está objetivamente más ligada a este despliegue asiático para continuar con su propio desarrollo que a los centros tradicionales de Occidente. Sin embargo, la influencia de Occidente, y en especial de Estados Unidos y Europa sobre nuestro subcontinente, tiene infinitos lazos, tanto en lo económico actual como en lo cultural y político. Es el cambio de influencias e importancia en los tráficos comerciales lo que está desplazando a los países occidentales, sólo por el momento más importante en el tráfico comercial actual que los países asiáticos. La “foto” es con Occidente, la “película” con el Asia.
Dejemos por el momento a Argentina y Sudamérica y concentrémonos en lo que está ocurriendo en Europa.
El análisis económico convencional de tradición anglosajona, como las versiones críticas del marxismo y el keynesianismo, toman a Europa como centro, añadiéndole en el siglo XX primero a Estados Unidos y en mucho menor medida a Japón. Entendemos que esto último es exclusivamente por razones culturales. Estados Unidos es considerado una prolongación europea (o inglesa según quien lo analiza desde el viejo continente). En el mismo sentido Sudamérica es visto como un experimento inconcluso de desarrollo tipo europeo, pero tributario de la forma atrasada de capitalismo que tuvo y tienen sus países colonizadores, Portugal y España.
Estos tres análisis parten de considerar que Occidente ampliado (Europa y Estados Unidos básicamente) son los más avanzados económicamente y son los líderes en desarrollo científico y tecnológico. El corolario, más o menos válido hasta hace no muchos años, era que el núcleo y síntesis de esa ventaja sobre el resto del mundo, la industria, era más productiva y sofisticada, y más baratos sus productos en general que los del resto del mundo.
La ortodoxia del libre cambio era la justificación inglesa de la superioridad en el desarrollo de sus propias fuerzas productivas industriales, que inundaron el mundo de la mano de los bajos precios y las cañoneras de Su Majestad. Los Estados Unidos, que eran proteccionistas hasta avanzado el siglo XIX, pasaron a la ortodoxia del libre cambio cuando ascendieron al podio del desarrollo científico y tecnológico, y por lo tanto industrial.
Las agudas contradicciones de clases que dieron origen al marxismo en el siglo XIX fueron pensadas exclusivamente en clave europea, ya que a su resolución era la revolución de los trabajadores en ese continente y la implantación del socialismo, con la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. El resto del mundo cambiaría, poco más o menos, al recibir el telegrama de la revolución proletaria europea.
Las políticas keynesianas suponen también la superioridad de Occidente y fueron válidas en los momentos en que se explicitaron (la Teoría General la escribió Keynes en 1936), tanto para ayudar a Estados Unidos a superar la crisis de 1929/1933 (New Deal y Segunda Guerra Mundial) como para dar un marco teórico a la recuperación económica europea luego de la última gran carnicería humana.
Lo importante, en el caso europeo, fue el tipo de política económica que se siguió tras la Segunda Guerra Mundial. El keynesianismo en acción se plasmó en el Estado de Bienestar que es el resultado más preciado para las grandes mayorías europeas. Fue la combinación de alta industrialización con una redistribución progresiva de ese creciente ingreso. Las bases económicas para ello estaban allí a pesar de las destrucciones de la guerra. Estados Unidos puso a funcionar nuevamente la rueda europea al “cebar la bomba” de la actividad con sus importantes préstamos del Plan Marshall. El miedo a la expansión del comunismo tras el avance soviético en Europa del Este hizo que las concesiones económicas, políticas y sociales fueran amplias y lograsen un grado de adhesión entre todas las clases sociales. Ello es lo que alejó definitivamente la adhesión de las clases trabajadoras europeas al comunismo, al margen que en determinados países la influencia de sus partidos comunistas fuese muy importante.
¿Qué es lo que cambió para que esas recetas exitosas durante casi treinta años sean dejadas de lado cada vez más fuertemente? ¿No existe suficiente evidencia que el “austerismo” neoliberal que protege al capital financiero no llevará a una pronta recuperación de la actividad económica y del empleo?
El cambio fue iniciado en Occidente cuando la tasa de ganancias en los años setenta comenzó a caer significativamente. El alejamiento del atractivo del sistema soviético para los trabajadores occidentales hizo perder el miedo a las clases dirigentes para disciplinarlos y rehacer la tasa de ganancia. El vehículo fue la apertura económica y financiera, y la unificación política en un organismo supranacional que es la Unión Europea. La aceptación de varios países de la moneda unificada, el Euro, fue un elemento más en esta estrategia.
Ahí es donde entran los productos baratos de Asia (y después de la disolución del sistema socialista, de Europa Oriental) para torpedear la capacidad de resistencia de las clases trabajadoras de Europa. Debemos entender cómo se produjo este cambio, ya que sigue siendo válido que la superioridad científica y tecnológica, y por lo tanto de productividad industrial, está en Occidente y no en Asia.
Veámoslo en un ejemplo sencillo, como los que se dieron al inicio de este proceso, allá por fines de la década de los setenta. La productividad por hombre ocupado (horas hombre necesarias) para hacer 100 camisas era en esos momentos más del doble en Estados Unidos que en China. Si en EEUU se necesitaban, por ejemplo 50 horas hombre para hacer 100 camisas, en China se necesitaban 100 horas hombre. La razón, el tipo de equipamiento en Estados Unidos era muchísimo más eficiente que el utilizado en China. Era lógico dado que, con salarios de apenas una fracción del salario americano, no tenía sentido comprar equipamientos caros, y era más conveniente utilizar los procesos manuales o mecánicos simples en vez de la automatización americana. Pero el precio final de las camisas chinas era muy inferior al de las productivas industrias de confección americanas. En términos marxistas el valor de las camisas (el trabajo acumulado en ellas) fue pasando del promedio de la industria americana al promedio de la industria china, por la diferencia salarial no la productiva. Esos cambios de valor a nivel mundial son la expresión del movimiento tectónico que producen 1.300 millones de un país campesino devenido en el taller del mundo.
Este proceso, que se inició en las ramas de textiles, confecciones y zapatillas, con alta utilización de mano de obra, y que aún continúa, se fue extendiendo a otras ramas de la producción, cada vez más complejas, y es allí en donde cambia la ecuación general.
Esta ecuación decía que mientras los países asiáticos se dedicaran a producir aquellos bienes simples en donde era abundante la utilización de mano de obra barata, el intercambio comercial sería compensado por aquellas ramas europeas o americanas en donde la complejidad del equipamiento y de la mano de obra hiciesen más baratos sus bienes, o simplemente imposibles de producir en los países asiáticos.
El tema es que China y el resto de los asiáticos no se contentaron con producir aquellos bienes industriales donde la baratura de la mano de obra los hiciese más baratos, sino que fueron avanzando en la escala de producción complejizando sus estructuras productivas. Como el vuelo de los gansos, la primera ola incorporó a Japón, que rápidamente superó sus propios niveles industriales de preguerra, siguieron Corea, Taiwán, Hong Kong y Singapur, para luego en la tercera ola incorporarse China, el país más poblado del mundo. La cuarta ola se está desplegando con India, el segundo país más poblado.
A medida que esos países, aún dependiendo de la tecnología de Occidente, lograban que sector industrial tras sector industrial fuesen más baratos que la producción de Occidente de esos mismos bienes, el balance comercial se hacía cada vez más endeble para los países centrales. Estados Unidos es comercialmente deficitario desde los años ochenta, primero frente a Japón y luego frente a China. Europa, más cerrada comercialmente que Estados Unidos, ha venido resistiendo este embate en forma despareja. Algunos países nórdicos, como Alemania, han redoblado los avances de productividad, en especial en bienes de capital, y al mismo tiempo mantuvieron los salarios reales sin avances significativos a pesar de ese incremento productivo. Otros países, como el caso de España, Grecia, Irlanda o Portugal, tuvieron pocos incrementos de su productividad industrial, al tiempo que su ingreso en el Euro desató un aumento de consumo que elevó los precios y salarios internos, descolocando sus producciones frente a la de países más productivos como Alemania, y también frente al resto del mundo, en especial frente al Asia. Allí está la principal razón que esgrimen las clases dirigentes europeas frente a sus trabajadores: ustedes tienen un salario y beneficios sociales que están muy por arriba de las posibilidades de competencia de nuestros países. Mantener el estado de bienestar sólo se lograría con un mayor cerramiento comercial (imposición de barreras arancelarias y paraarancelarias mayores a las actuales) pero ello sólo aislaría parcialmente a Europa del resto del mundo pero no a sus países de menor avance productivo combinado con mayores salarios nominales en Euros.
Es un doble juego en donde algunos países ven el cuco en Alemania con su aumento productivo y contención salarial, y Alemania misma ve que no tiene otra salida que seguir esa política si quiere mantener su balance externo frente a las producciones más baratas de Asia y también de Europa del Este, donde sus intereses son muy importantes. Angela Merkel ha puntualizado el tema en forma totalmente clara: Europa tiene el 7% de la población mundial, genera el 24% de la producción y tiene el 50% del gasto social. Si quiere seguir estando balanceada no le quedan más que dos alternativas, la devaluación acelerada del Euro o la reducción del estado de bienestar en todos los países del área. De lo contrario será cuestión de tiempo que ramas de producción industrial más complejas se disloquen al Asia o a Europa del Este.
El tema aquí es muy simple: Asia (y en menor medida Europa Oriental) son competidoras directas de las producciones industriales europeas. Los mismos productos, cada vez más cerca el mismo nivel de calidad, y precios mucho más baratos.
La opción keynesiana propuesta por Stiglitz o por Krugman (dejar de lado los estrictos límites del déficit con mayores gastos para activar la economía) serían efectivos al corto y mediano plazo, pero si no hay cambio de productividad en función de la diferenciación de salarios, el desbalance crecerá, con un endeudamiento superior de los particulares, empresas y el Estado, con los bancos y el sistema financiero internacional. No olvidemos que para éstos, lo importante es prestar, para ganar sus intereses, pero tienen que tener perspectivas serias de cobrar, de lo contrario sería un esquema Ponzi a nivel planetario.

La opción keynesiana aún es válida para los Estados Unidos, porque su primacía mundial le permite pagar en la moneda que emite para sus transacciones internas, y puede ir planteando una leve desvalorización del dólar para ir acomodando su comercio exterior y su dependencia de la financiación internacional, en especial de China.
Esa opción no está abierta para Europa, con la complicación adicional que el Euro es de circulación parcial, no todos han adherido a él.
Europa está en su laberinto y no la va a sacar de ello los pedidos de sus pueblos que sienten cada vez más el peso de la crisis, con los casos extremos de desocupación en Grecia (27 %) y España (26 %). No sólo es la crisis de ocupación en el sur europeo. El conjunto de los países europeos está en recesión, a más de 6 años de iniciada la crisis internacional.
La salida heterodoxa, salir del Euro, devaluar, repudiar parte de la deuda (default), no se le cruza por la cabeza a ningún grupo político, aún los más radicales. El caso de los indignados españoles es dramático. Manifestación tras manifestación, bronca juntada con más bronca, y las propuestas no pasan de “hagan algo, no más austeridad”, que serían válidas si se liberasen de la deuda bancaria y financiera con los grandes bancos ingleses, franceses y fundamentalmente alemanes.
Pero aún liberándose de esa deuda, queda pendiente el tema de la productividad. Empezando de cero seguirían siendo comercialmente deficitarios a menos que salgan del Euro y devalúen. Pero en ello no piensan. Se asemejan al acto estúpido de Rodríguez Saa que por un lado declaró jubiloso el default de la deuda externa, y por el otro se negó a devaluar la moneda que cambiaría la competitividad externa del país. Duró una semana.
Si buscamos ir cerrando el tema, por comparación los países sudamericanos encontraron una demanda creciente de algo en que los chinos no eran competitivos: las materias primas agrícolas, mineras, energéticas, etc. que son nuestros factores abundantes, y tienen costos mucho más bajos que producirlos en Europa. Los europeos no tienen, frente al resto del mundo, la “moneda de cambio” frente a la producción industrial china, cada vez más compleja y abarcadora, que tiene Sudamérica. Cuál debería ser la política más adecuada en Sudamérica (aprovechar estas rentas extraordinarias para al tiempo distribuir mejor la renta y apostar a un crecimiento de la productividad industrial) queda fuera de este análisis.
Lo cierto es que las opciones europeas no son el mantener el nivel de bienestar social que los caracterizó y que vienen perdiendo sin prisa pero sin pausa. Las consecuencias políticas de esto son difíciles de pronosticar pero creemos que inclinarán al viejo continente más a la derecha, por el incremento de la xenofobia como chivo expiatorio de fuerzas que no comprenden y que les hacen perder las condiciones de vida con que muchos de ellos crecieron y progresaron.

4May/130

Corrupción y capitalismo

Publicado por admin

by Rolando Astarita

En las últimas semanas la corrupción ha vuelto al primer plano de la atención pública, a partir de las denuncias realizadas por Jorge Lanata y su equipo de “Periodismo para todos”. Como no podía ser de otra manera, las opiniones están muy polarizadas. La oposición burguesa y los críticos del gobierno sostienen que la corrupción existe y está muy extendida, y es la causa última de los altos niveles de pobreza, la falta de obras de infraestructura y otros problemas. Los K-defensores y el gobierno, por el otro lado, minimizan el problema, o desvían la discusión. Algunos afirman que la corrupción no existe, o es despreciable (“están buscando el pelo en el huevo”); otros recurren al cómodo argumento de “no hay que hacerle el juego a la derecha” o “los que denuncian son desestabilizadores golpistas”. Y están los que, más o menos en privado, justifican el robo diciendo que es necesario hacerse de fondos para “enfrentar a los grupos concentrados” (también a la oligarquía, a los golpistas, etc.); o para generar una burguesía “antiimperialista”. Así, la corrupción podría llegar a ser una palanca del desarrollo nacional. Es un abordaje opuesto al que dice que la corrupción es la principal traba al crecimiento económico. En esta nota presento algunos elementos para ayudar al análisis y la reflexión. La he dividido en dos partes.
Relación histórica entre corrupción y desarrollo económico
La primera cuestión a señalar es que, contra lo que sostienen muchos, no existe una relación clara entre corrupción y desarrollo económico. Éste es un punto que establece con meridiana claridad Ha-Joon Chang (2009). Sostiene que países considerados muy corruptos, han tenido un desarrollo económico más elevado que otros con menos corrupción, y viceversa. También recuerda que hubo países que se industrializaron, a la par que “su vida pública fue espectacularmente corrupta”. Por ejemplo, en Gran Bretaña y Francia la venta de cargos públicos fue una práctica corriente hasta el siglo XVIII. En Gran Bretaña los ministros normalmente tomaban fondos públicos para su beneficio personal. En Estados Unidos el nepotismo dominaba la asignación de cargos públicos. También en Gran Bretaña y EEUU las elecciones eran claramente fraudulentas. Desde el punto de vista teórico, el argumento central de Chang es que la corrupción genera transferencias de riqueza, pero esto no implica necesariamente estancamiento, ya que el desarrollo depende de si esas ganancias “sucias” se invierten, o no, en el país. Podemos decir que si bien el planteo debería matizarse -pueden existir efectos negativos que Chang no considera-, socava la idea simplista, de Lanata, Carrió y tantos otros, de que basta con eliminar la corrupción para que haya desarrollo. En Argentina, en la época del tan elogiado (por los neoliberales) “modelo agroexportador”, la corrupción y el fraude en las elecciones eran la norma. Los negociados que se hacían con la obra pública, o la apropiación de tierras por parte de la elite gobernante, no tienen nada que envidiarle a lo que hizo el menemismo, o a lo que hacen los funcionarios K. Sin embargo, Argentina creció a altas tasas, hasta 1929. Es cierto que la economía argentina estaba atrasada con respecto a los países industrializados, pero esto no se debió a la corrupción.
Otros ejemplos históricos son las industrializaciones de Japón, o Corea del Sur, atravesadas permanentemente por las vinculaciones oscuras y corruptas entre los políticos a cargo del Estado, los altos funcionarios y las grandes corporaciones. También en China es famosa la burocracia roja, que se apropia de una buena tajada a partir coimas y otras formas de extorsión, así como robo y apropiación de riquezas por parte de directivos de empresas. La situación es tan grave que ha sido reconocida por el propio Partido Comunista Chino. Sólo en 2009, y de acuerdo a informes internos del partido, 106.000 funcionarios habían sido encontrados culpables de corrupción. Sin embargo, China es el país que ha tenido las más altas tasas de crecimiento en las últimas tres décadas. Agreguemos que algunos autores (véase Girling, 1997) incluso encuentran que la corrupción ha sido parcialmente funcional para el desarrollo en países como Tailandia e Indonesia, en que las estructuras políticas eran muy rígidas: aunque sin dejar de reconocer que también es fuente de distorsiones y problemas.
En cuanto a Marx, tampoco otorga una importancia central a la corrupción como factor de desarrollo, o no desarrollo. En El Capital, o en otras obras centrales, no se encuentra un tratamiento de la cuestión. La idea es que la generación de la plusvalía y la acumulación del capital proceden a través de un mecanismo económico, donde los mecanismos de extracción violenta de plusvalía están ausentes (la violencia actúa como "telón de fondo", pero la explotación es económica). De todas maneras, en repetidos pasajes del capítulo 23 del tomo 1, dedicado a la acumulación originaria, Marx se refiere al rol que tuvieron el fraude, el robo y la corrupción, en la formación de las grandes fortunas que se volcaron luego al circuito de valorización del capital. Asimismo, era consciente del elevado grado de corrupción que existía en Gran Bretaña, en el siglo XIX (véase, por ejemplo, “Corruption at Elections”, New York Daily Tribune, 4 de septiembre de 1852) y en otros países capitalistas. Todo indicaría que en su visión la corrupción constituía una transferencia de plusvalía entre fracciones de la clase dominante. Pero a lo largo de su obra, el foco está puesto en la explotación del trabajo que, por supuesto, subsiste exista o no corrupción. Por este motivo, los marxistas nunca podemos coincidir con el diagnóstico burgués, o pequeño burgués, de que la corrupción es “el” problema de la sociedad capitalista. Lo esencial es que se trata de una sociedad sustentada en la explotación; la cuestión de cómo se reparte el botín tiene una importancia secundaria. Aunque, como veremos luego, la corrupción sí puede jugar un rol importante como factor de desmoralización, desorganización y división en las filas del movimiento obrero y en las organizaciones revolucionarias (una cuestión que subrayaron Marx, Engels y Lenin).
Generalidad del fenómeno
La segunda cuestión que debería tenerse presente es que la corrupción K es parte de un fenómeno generalizado. Las denuncias y escándalos por corrupción se extienden por los más diversos países: Italia, Francia, Brasil, México, Corea del Sur, India. En algunos casos se habla de fortunas de miles de millones de dólares: Suharto de Indonesia, Marcos de Filipinas, Mobutu de Zaire, Collor de Mello, de Brasil, Carlos Salinas (hermano del ex presidente Salinas) de México, y otros. El Banco Mundial calcula en un billón de dólares anuales los sobornos que pagan las empresas u hogares a funcionarios gubernamentales. Esto sin contar dineros obtenidos por desfalcos, robo o mal uso de los activos estatales. Tampoco se toma en cuenta el fraude del sector privado. La Unión Europea calcula en 1,3 billones de dólares anuales los ingresos que se pierden anualmente por evasión o elusión fiscal, solamente en el área europea. También se calcula que unas 120.000 empresas y trusts están en paraísos fiscales. De acuerdo a Tax Justice Network, una organización con sede en Gran Bretaña, personas adineradas, hacia finales de 2010, ocultaban unos 32 billones de dólares en refugios offshore. Según una investigación realizada por economistas de McKinsey & Co, actualmente menos de 100.000 personas poseen activos en paraísos fiscales por 9,8 billones de dólares (datos tomados de Bloomberg). De acuerdo al Bloombergs Billionaires Index, más del 30% de las 200 personas más ricas del mundo, que poseen una riqueza colectiva por un valor neto de 2,8 billones de dólares, controlan parte de sus fortunas personales a través de alguna empresa offshore, o alguna entidad doméstica donde los activos son tenidos de manera indirecta.
Además, habría que contabilizar los fondos provenientes de actividades ilícitas: de la droga, de la trata de personas, del comercio ilegal de armas, y similares. Estos flujos se blanquean a través de los circuitos financieros, nacionales o internacionales, o con empresas pantalla; alternativamente, se reinvierten en mantener, o ampliar, las actividades ilícitas. De conjunto, en 1996 el FMI estimaba que el lavado de dinero representaba entre el 2 y el 5% del PBI mundial; aunque, por su propia naturaleza, no hay forma de conocer cuánto es el monto exacto que se mueve. La misma estimación hace hoy la Oficina sobre Drogas y Crimen de las Naciones Unidas. Según otras estimaciones, realizadas a partir de audiencias tenidas por el Congreso de EEUU, a comienzos de los 2000 los bancos norteamericanos y europeos lavaban entre 500.000 millones y 1 billón de dólares anualmente, provenientes del crimen.
Salida de dinero
Un argumento de Chang es que la corrupción no afecta el desarrollo, siempre que quede en el país. Pero la realidad es que buena parte del dinero sale de los países atrasados. Es parte del fenómeno más general de transferencia de plusvalías y capitales desde el tercer mundo a los centros adelantados. En algunos países estas salidas representan montos importantes. Según Global Financial Integrity, un grupo con sede en Washington, en la década que va del 2001 al 2010 salieron de China fondos por un total de 2,74 billones, provenientes de la evasión fiscal, el crimen y la corrupción. Aunque una parte de este dinero, probablemente, volvió a entrar en China, una vez lavado. En 2011 el país habría perdido otros 600.000 millones de dólares. Se piensa que sólo la familia de Wen Jiabao, ex primer ministro, tiene una riqueza acumulada de 2,7 billones de dólares. También de acuerdo a GFI, entre 2001 y 2010 salieron de México 476.000 millones; y de Malasia 285.000 millones. India también padece una salida endémica de dinero, del cual una parte importante es producto de ilícitos. En 2006 los bancos suizos dijeron que los indios tenían más de 1,4 billones en cuentas en sus bancos; algunos consideraban que si se agregaban las cuentas mantenidas en todos los paraísos fiscales, se llegaba a 2 o 3 billones de dólares. Pero éstos son solo algunos casos notables, porque el fenómeno es muy general.
En cuanto Argentina, todo indica que buena parte del dinero proveniente de la corrupción sale del país y se integra a las tenencias de argentinos en el exterior, que algunos calculan en unos 202.000 millones de dólares. Posiblemente, solo una pequeña fracción vuelve al país. Un ejemplo sería la compra de la gráfica Ciccone por el oscuro Old Fund (no es casual que los legisladores hayan estatizado la empresa sin averiguar el origen de esos fondos).
Vinculación con el capital financiero
Lo anterior demuestra la íntima relación entre las llamadas “burguesías nacionales” (y los gobiernos “nacionales y populares”) con el capital financiero internacional. No sólo porque la colocación en activos financieros internacionales es un destino favorito de muchos fondos, sino también por la misma naturaleza de las operaciones involucradas en hacer “productivos” los flujos de dinero sucio. Es que entre el atesoramiento de los flujos líquidos, y su lanzamiento al circuito de acumulación, debe mediar el lavado. Como es conocido, el lavado es el proceso por el cual el dinero recibido por una acción criminal, que no ha pagado impuestos, etc., se convierte en dinero aceptable legalmente, borrando las vinculaciones con su origen. Puede realizarse al interior del país, o en el exterior, y se realiza de diversas maneras, que involucran, en diferentes grados, la colaboración del Estado y del sistema bancario. Por ejemplo, se montan negocios que mueven mucho líquido; la mafia norteamericana, por caso, operaba con restaurantes, lavanderías y similares para blanquear dinero. Naturalmente, los órganos de recaudación y fiscalización, hacen "la vista gorda". También se lava dinero mediante la confección de facturas apócrifas. Otra forma de lavado se da cuando los gobernantes aumentan sustancialmente, año tras año, sus declaraciones patrimoniales, en la seguridad de que la Justicia no averiguará sobre el asunto, o desestimará cualquier denuncia. Apuntemos que todas estas operaciones implican sumas destinadas a actividades improductivas; desde ese punto de vista, y contra lo que afirma Chang, se trata de un factor negativo para el desarrollo de las fuerzas productivas.
A su vez, cuando se trata del blanqueo en el exterior, es imprescindible la cooperación de las instituciones financieras internacionales, tanto para abrir cuentas, como para mover el dinero. Es que una de las operaciones más usuales consiste en mover el dinero muchas veces entre diferentes países y cuentas, a fin de que se pierda su rastro. Dado que en la actualidad el sistema financiero está altamente conectado, el dinero puede ser transferido a través de muchas jurisdicciones en cuestión de minutos. Los lavadores de dinero explotan la complejidad de estas interconexiones, así como las diferencias entre las leyes nacionales sobre lavado de dinero. Evidentemente, no es posible el lavado de esas siderales sumas de dinero sin el concurso de grandes bancos de las principales potencias. Al respecto, existen múltiples investigaciones y denuncias. Por ejemplo, Global Witness ha denunciado muchas veces la renuencia de los grandes bancos de EEUU a rechazar fondos sospechosos. Un caso representativo es lo sucedido con el HSBC. Según Global Witness, entre 2007 y 2008 la sucursal de México introdujo 7.000 millones de dólares en EEUU, que solo podían provenir de los negocios de la droga. En 2012 un subcomité del Senado de EEUU llegó a la conclusión de que el HSBC había permitido a lavadores de dinero, traficantes de drogas y terroristas mover sus dineros a través del sistema financiero estadounidense. La Justicia probó que por lo menos había lavado 880 millones de dólares para el cartel de Sinaloa, y fue condenado a pagar 1.900 millones de dólares en multas.
Global Witness también ha dado una lista de otros bancos que operan en grandes centros financieros y hacen negocios con funcionarios corruptos de Nigeria, Angola, Turkmenistán, Liberia, Guinea Ecuatorial y República del Congo. A su vez, en 2011 un estudio realizado por las autoridades reguladoras del sistema financiero británico encontró que los bancos de Gran Bretaña sistemáticamente no realizaban los controles anti lavado, en especial cuando se trataba de cuentas sospechosas. El sistema también colabora para que capitalistas de todo el mundo estén a salvo de los impuestos de sus países. Por ejemplo, en 2011 los miembros de la Delegación Florida de la Cámara de Representantes sostuvieron que, debido a las leyes de privacidad vigentes en el país, habría depósitos de no residentes en instituciones financieras estadounidenses por unos 1,3 billones de dólares. Indudablemente, con la extensión de las relaciones mercantiles, “todo se vuelve venal y adquirible” (Marx), y afecta incluso a las almas más puras y santas: en 2012 el economista Gotti Tedeschi, al frente del banco del Vaticano (el Instituto para las Obras de la Religión), encontró que detrás de algunas de las cuentas cifradas del banco se ocultaba dinero sucio de empresarios, políticos y jefes de la mafia. Entre estos últimos, estaba Matteo Denaro, jefe de jefes de la Cosa Nostra. Como vemos, no se trata solo de los paraísos fiscales, o de Suiza.
En cualquier caso, y con lo visto en este punto, se hace insostenible el argumento “nacional” de que la corrupción contribuye a las fuerzas “progresistas antiimperialistas”. Más bien parece tratarse de un intento de fracciones de burguesías atrasadas, y sus agentes y representantes, de insertarse en la mundialización financiera. Desde el punto de vista de la acumulación global, los fondos que salen del país -que no se destinan a ampliar la infraestructura productiva, la obra pública, etc.- constituyen una sangría de excedente.
Acumulación “primitiva”, corrupción y la deidad del dinero
La persistencia y extensión de la corrupción, y sus conexiones con el crimen, obligan a pensar en las razones del fenómeno. Como hemos señalado antes, desde el punto de vista de la teoría marxista, la explotación del trabajo y la acumulación de lo producido, no exigen, necesariamente, el fraude y la corrupción. Tampoco se puede sostener que las grandes orientaciones económicas son regidas por la corrupción, como piensa una parte del progresismo izquierdista argentino (véase aquí). Esta tesis (aunque aplicada sólo al menemismo) constituye el reverso de la que sostiene que "el" problema del país es la corrupción.
Sin embargo, es un hecho que el fraude, el robo y la apropiación violenta de riqueza, jugaron y siguen jugando un papel en la acumulación. Sucedió cuando la acumulación originaria, esto es, durante la acumulación que es previa a la acumulación capitalista (caracterizada por el ciclo Dinero – Mercancía – Dinero acrecentado). Históricamente, se trató del proceso por el cual se crean las condiciones para la existencia del capital: la concentración de la propiedad de los medios de producción, y la generación de una clase de trabajadores “libres”. Y en la actualidad este proceso se repite para fracciones de la clase dominante que pueden acceder a las vías del enriquecimiento rápido. Esto ocurre a partir del dominio directo de palancas fundamentales del Estado; o por vinculación con estamentos del Estado. También cuando se desarrollan actividades en las cuales la violencia, el pillaje y el fraude juegan un rol de primer orden (y sólo se pueden desplegar en combinación o complicidad con el Estado). Es claro que ya no se trata de crear una clase de hombres libres; pero sí de apropiarse y concentrar riqueza con el fin de lanzarla al proceso de valorización.
Así, los métodos de la acumulación primitiva se reproducen, parcialmente, una y otra vez, en diversos países y circunstancias. Tal vez uno de los ejemplos más claros ha sido la apropiación, por medio de la violencia, de los medios de producción “socialistas” desde fines de la década de 1980, en los territorios de la ex URSS. Las mafias en Rusia y otros territorios de la ex URSS, y el despliegue de la violencia, fueron las parteras del surgimiento de fortunas colosales, de la noche a la mañana. Se trató de una suerte de nueva “acumulación originaria”. Un dato ilustrativo es que a comienzos de los años 90 hubo, en Rusia, unos 800.000 guardias armados privados, y las mafias llegaron casi a administrar justicia y a erigirse en un "Estado" paralelo. Aunque una vez obtenido el botín, lo que se busca es legalizarlo, normalizar la situación, imponer el imperio de la ley. Esto se acompaña con la construcción de algún relato que permita justificar el robo ante los ojos de los desposeídos (algo así como el cuento del “abogado exitoso” que hizo fortuna trabajando).
Algo similar ocurrió en China, como ya hemos señalado. Y en menor escala, se reproduce en muchos países capitalistas. La corrupción K, y de tantos otros regímenes, tendría este rol objetivo: permite a fracciones de las clases dominantes realizar "su" acumulación originaria. En Argentina incluso asume formas “clásicas”: la apropiación de tierras fiscales a precios viles y los negociados con la obra pública, han sido recurrentes en la historia del sistema capitalista. ¿O acaso en la época del viejo modelo agroexportador, o en la década infame, fue tan distinto?
Pero también la envergadura que adquiere la corrupción debería vincularse a la extensión y profundidad de las relaciones mercantiles y capitalistas. Nunca debería perderse de vista que la sociedad capitalista tiende a la mercantilización de todas las relaciones. Por eso, en última instancia, las virtudes y la decencia, incluidos votos de parlamentarios, y sentencias judiciales, se compran y venden, como cualquier otra mercancía. Detrás de las promesas de "nos preocupamos por la gente", está el contenido de toda política burguesa (esto es, de toda política que defiende la propiedad privada y la explotación). Y el dinero, la encarnación misma del valor y del poder social, es el centro de la atracción. "La triste esclavitud en que el dinero mantiene al burgués se trasluce claramente en el mismo lenguaje de la burguesía. Es el dinero el que da valor al hombre. … Quien tiene dinero es respetable, figura en la “mejor clase de gentes”, escribía Engels en una de sus obras juveniles (1981, p. 513). Y por la misma época Marx, inspirado en Shakespeare, anotaba que “el dinero es la deidad visible que se encarga de trocar todas las cualidades generales y humanas en lo contrario de lo que son, la confusión y la inversión general de las cosas.... el dinero es la ramera universal, la alcahueta universal de los hombres y los pueblos” (1987, p. 643). Ante esta “deidad-ramera-alchahueta” todo se sacrifica. ¿Qué importa que no se hagan obras para evitar inundaciones? ¿Qué importa que se desvíen fondos destinados a mejorar los ferrocarriles? ¿Qué importa que se utilicen subsidios para afianzar mi poder? ¿Qué me importan los muertos por inundaciones, por accidentes ferroviarios? ¿Qué me importa la gente sin trabajo ni recursos? ¿Qué me importa todo esto, si yo me enriquezco de la noche a la mañana? ¿Qué me importa si “el dinero convierte la lealtad en felonía, el amor en odio y el odio en amor, la virtud en vicio y el vicio en virtud, el siervo en señor y al señor en siervo, a la estupidez en talento y al talento en estupidez”? Ésta es la civilización burguesa “en acto”; y es la razón última de la corrupción generalizada.
Textos citados:
Chang, H-J, (2009): ¿Qué fue del buen Sanmaritano? Naciones ricas, políticas pobres, Bernal, UNQ y AEDA.
Engels, F. (1981): “La situación de la clase obrera en Inglaterra”, Escritos de juventud, México, FCE.
Girling, J. (1997): “Corruption, Capitalism and Democracy”, Londres y Nueva York, Routledge.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI.
Astartita Marx, K. (1983): “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”, Escritos de Juventud, México, FCE.

11Mar/130

Chávez, Venezuela y todos nosotros

Publicado por admin

> Roberto Páez González

> 10/03/2013

>>> Chávez, Venezuela y Latinoamérica

El papel del individuo en la historia llega notoriamente hasta el reconocimiento de las masas venezolanas por los cambios a que dio lugar en materia social. A quienes se solazan indicando que fue posible porque se dispararon los precios del petróleo debemos recordarles que más importante aún que esa ventaja es a quiénes va a parar. Los catorce años de Chávez produjeron cambios profundos y evidentes.[1]

Pero Hugo Chávez Frías desempeñó asimismo el personaje de una idea de unión iberoamericana, cara al Libertador Simón Bolívar, sentida también por los patriotas de 1810/1825, entre los cuales San Martín, Monteagudo, Artigas y que vivió o sobrevivió entre los pliegues transgeneracionales de nuestros pueblos y diversos escritores de resistencia intelectual a pesar de las traiciones de las oligarquías y de la élites culturales amancebadas con las preeminencias europeas o anglosajonas desde aún antes del siglo diecinueve.

El maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, había advertido: “O inventamos o erramos”. Pero la fragmentación fue la regla y con ella las hegemonías locales aliadas a los intereses extranjeros, procesos a los que sin embargo se opusieron sin éxito patriotas americanos como Felipe Varela y otros. [2]

Manuel Ugarte fue un argentino que al comienzo del siglo veinte rescató la idea de la unidad latinoamericana. Mantuvo amistad con un venezolano, Rufino Blanco Fombona y entre otras afinidades compartieron la critica acerba al mitrismo, cuyo rol pésimo ya otros habían denunciado, como el mencionado Varela. [3]

Entre varios escritores argentinos que se pronunciaron por la necesidad de la unión vamos a recordar a Juan José Hernández Arregui y Jorge Abelardo Ramos. El primero de ellos le dedicó buena parte de su obra y también conferencias y participaciones en mesas redondas, como las de los Centros iberoamericanos por la Emancipación Nacional, en 1972,[4] y el segundo -recordemos- reeditó parte de la obra de Manuel Ugarte y también escribió una historia de América Latina.[5]

No vamos a dejar de señalar la prédica latinoamericanista de Perón, Fidel Castro y el Che, ni la existencia de otros muchos antecedentes como los de Francisco Morazán, Lázaro Cárdenas y un inevitablemente largo etcétera que los que ahora “somos Chávez” tenemos que tratar de conocer y tenemos que encarnar en nuestras vidas y convicciones.

Por consiguiente, Hugo Chávez Frías no fue un inventor desopilante. Fue sí un hombre político latinoamericano fiel a sus convicciones, a las que no dejó en la puerta de la casa de gobierno al entrar, al igual que Néstor Kirchner, pero que en materia de pedagogía política se destacó en la enseñanza de lo que los latinoamericanos podemos hacer.

Y además es cierto que fue generoso, como dijo Pepe Mujica. Por ejemplo lo fue con Argentina, así lo expresó Cristina Fernández de Kirchner; con los países centroamericanos, como Nicaragua; con Cuba, con Ecuador, con Bolivia… y con poblaciones norteamericanas sin la solidaridad social en su país.

Es un balance sencillamente enorme. Y nos cabe atisbar que los políticos tradicionales que han integrado el contubernio neoliberal en el mundo le tenían tirria y como son vengativos se la van a seguir teniendo.

Por eso, “somos Chávez” ha de ser una conciencia, un agradecimiento, una actitud, un propósito. En suma, el lema del latinoamericanismo del siglo XXI que le dé contenido exitoso a la prédica de Chávez de un socialismo del siglo XXI.

° ° °

[1] Al final de su nota Juego de espejos, Horacio Verbitsky presenta el cuadro Venezuela antes y después de Chávez, con datos inapelables: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-215489-2013-03-10.html .

[2] ¡Viva la Unión Americana! Manifiesto del General Felipe Varela a los pueblos americanos sobre acontecimientos políticos de la República Argentina en los años 1866-67: http://es.wikisource.org/wiki/Proclama_de_Felipe_Varela .

[3] Norberto Galasso, Manuel Ugarte, un argentino “maldito”, Ed. Colihue, Buenos Aires, 1985.

[4] Las intervenciones fueron parcialmente publicadas en la revista Militancia que dirigieron Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde.

[5] Obras de Ugarte: América Latina, un país; El porvenir de América Latina; de Hernández Arregui: ¿Qué es el ser nacional? La conciencia histórica iberoamericana; y de Ramos: Historia de la Nacion Latinoamericana

10Mar/130

Liderazgo

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Por Alfredo Zaiat
El recorrido de la economía venezolana en los últimos 14 años de liderazgo de Hugo Chávez exhibe resultados sólidos en varios frentes y débiles en otros. La reducción de la pobreza y de la desocupación, con una mejor distribución del ingreso y extensión de la cobertura de salud y alfabetización total de la población, se coloca en el lado del haber. La frágil estrategia de industrialización y de soberanía alimentaria de una economía con predominio de la renta petrolera e incapacidad administrativa de un Estado que no se termina de reconstruir son parte del debe, en un balance esquemático. Quienes rescatan los logros de la Revolución Bolivariana destacan avances sustanciales en indicadores socioeconómicos. Quienes se ubican en la oposición critican los elevados índices de inflación y la fuga de capitales como síntoma de la falta de confianza y el control de cambio, prediciendo en todo momento la inminencia del colapso, deseo frustrado una y otra vez. Los procesos económicos entendidos como parte de un proyecto político reúnen diferentes facetas, puesto que, se sabe, el paraíso no existe en el mundo terrenal de la economía. El elemento orientador para abordar una evaluación primaria en ciclos tan vitales y controversiales es en qué medida mejoraron las condiciones materiales y simbólicas de las grandes mayorías como sujetos de derechos. En ese sentido, la casi década y media de Chávez en el poder ofrece un saldo muy favorable en términos históricos para Venezuela y en comparación con otros países de la región.
La crítica conservadora más habitual señala que los avances en materia social y el crecimiento de la economía venezolana se explican por la fabulosa renta petrolera. Es así. La cuestión es observar qué se hacía antes de Chávez y qué hizo él con esa renta. La petrolera Pdvsa informa que de 1999 a 2012 el Estado tuvo un ingreso de 383.233 millones de dólares provenientes del petróleo por la mejora de los precios internacionales, el aumento de las regalías que pagan transnacionales, otros cambios impositivos y por el incremento de la participación de Pdvsa en áreas petroleras antes en manos de grandes compañías extranjeras. Semejante masa de recursos fue utilizada para saldar la inmensa deuda social. Esta es una de las claves para entender el significado profundo de la economía política.
El argumento que busca minimizar los progresos en áreas de la salud, cobertura social, educación y viviendas populares por haber sido financiados por la renta petrolera brinda precisamente elementos interpretativos sobre cómo circulan y se reparten los excedentes de una economía. La renta petrolera en Venezuela no irrumpió con Chávez. Los gobiernos anteriores también la tuvieron con mayor o menor intensidad según la evolución de la cotización internacional del crudo. En los momentos de bonanzas, ninguno de ellos aplicó esos recursos para distribuirlos hacia los grupos más vulnerables, sino que fueron apropiados por la elite empresaria y política local y por petroleras multinacionales.
Entre 1980 y 1998, la economía de Venezuela tuvo una caída del PIB por persona de 14 por ciento. “Esto representó uno de los peores rendimientos económicos en una región que, en conjunto, experimentó el peor fracaso en un siglo de su crecimiento económico a largo plazo”, explican Mark Weisbrot y Jake Johnston en “¿Es sostenible la recuperación económica de Venezuela?”. Desde 1998 la economía ha tenido un crecimiento moderado del PIB por persona, y uno mucho más alto desde la restauración de la estabilidad política y desde que el gobierno de Chávez tomó el control sobre la industria del petróleo, en 2003. Esos dos investigadores del Center for Economic and Policy Research, de Washington, destacan que si se mide desde 2004, cuando la economía alcanzó los niveles registrados antes de la recesión precipitada por el paro petrolero de 2002, el PIB por persona ha crecido a un ritmo anual promedio de 2,5 por ciento. “Este crecimiento impulsó una importante reducción de los niveles de pobreza y pobreza extrema, así como varios otros logros en los sectores de asistencia médica y educación como resultado de aumentos en el gasto social”, afirman Weisbrot y Johnston.
De ese modo se va definiendo la base conceptual de la política económica y la legitimidad social del liderazgo político. Precisar cuál es el destino de excedentes extraordinarios sirve para caracterizar la orientación de ciclos políticos. Esos recursos pueden ser la renta petrolera, la renta sojera o los originados de la emisión de deuda externa. Son fondos adicionales en la economía determinados por diferentes circunstancias locales o externas. El aspecto central es observar cómo circulan en el espacio económico y quiénes se los apropia.
En los noventa, los gobiernos de Carlos Menem tuvieron un importante ingreso de fondos vía endeudamiento público, elevando el stock de deuda de 65.300 millones de dólares del gobierno de Raúl Alfonsín hasta los 121.877 millones de dólares del final de su mandato. Los 56.577 millones de dólares de esa deuda incremental fueron recursos que financiaron la fuga de capitales y el consumo suntuario de sectores sociales acomodados alentado por la apertura comercial y el atraso cambiario. En cambio, sin contar con el acceso al financiamiento externo, desde la megadevaluación de 2002 y el alza de las cotizaciones internacionales de las materias primas, la renta agraria, en especial la sojera, entrega fondos extraordinarias a la economía. Parte de esos recursos son capturados con la aplicación de derechos de exportación al complejo oleaginoso y a otros granos, ingresos fiscales direccionados a desarrollar el gasto público en áreas de la obra pública y prestaciones sociales.
El discurso ortodoxo cuestiona ese tipo de utilización de la renta agropecuaria o de la petrolera. Dicen que es un despilfarro de gobiernos que hacen un mal uso de esos fondos y que en lugar de consolidar las cuentas fiscales los utilizan para financiar gastos “populistas”, como denominan satisfacer necesidades básicas de la población (salud, educación, vivienda e ingreso mínimo garantizado). Por ejemplo, en el caso argentino, la Asignación Universal por Hijo; en el gobierno de Chávez, la construcción de 347 mil viviendas populares en el bienio 2011-2012. Confunden problemas en el frente inflacionario o en el mercado cambiario por la fuga de capitales con la política de distribución de ingresos provenientes de rentas extraordinarias (petrolera o agraria). Les molestan los avances sociales fruto de una reasignación diferente de esos ingresos, que deja en evidencia, además, que las grandes mayorías pueden vivir un poco mejor desestimando las falsas promesas de bienestar futuro de las recetas conservadoras.
Las impresionantes muestras de dolor popular por la muerte de Chávez tienen explicación en que mayorías marginadas históricamente fueron reconocidas como sujetos de derechos sociales, económicos y políticos, reparación cuyo origen nace en el cambio de paradigma sobre cómo se reparte la renta petrolera. Aquí es donde aparece el punto clave del debate sobre la orientación de la economía política, pues en las críticas se refleja la incomodidad de las elites tradicionales por no poder apropiarse de la totalidad de esos fondos, y el rechazo a que hayan sido orientados en cambio a cubrir demandas sociales insatisfechas. La contrariedad aumenta en forma sustancial porque los progresos sociales financiados con rentas extraordinarias han provocado la lógica reafirmación de fuertes liderazgos políticos, aquí como en la Venezuela de Chávez.

10Mar/130

Reflexiones sobre la economía venezolana

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Reflexiones sobre la economía venezolana

En Página12 del sábado 9 de Marzo, aparece un interesante artículo de Alfredo Zaiat ("Liderazgo"), que analiza la economía venezolana. La primer frase lo resume, sin que exima a nadie a leer el artículo completo: "El recorrido de la economía venezolana en los últimos 14 años de liderazgo de Hugo Chávez exhibe resultados sólidos en varios frentes y débiles en otros. La reducción de la pobreza y de la desocupación, con una mejor distribución del ingreso y extensión de la cobertura de salud y alfabetización total de la población, se coloca en el lado del haber. La frágil estrategia de industrialización y de soberanía alimentaria de una economía con predominio de la renta petrolera e incapacidad administrativa de un Estado que no se termina de reconstruir son parte del debe, en un balance esquemático." En el artículo se podrán encontrar las cifras y desarrollo de los procesos que pueden dar una idea bastante aproximada de esa realidad.
La renta petrolera domina toda la historia venezolana desde los años treinta del siglo pasado en que se comenzó a explotar fuertemente el petróleo, en una de las reservas de crudo más importantes del planeta. Ello es lo que mantuvo a Venezuela al tope del ingreso per cápita de la región por muchos años, por sobre el valor que tenía Argentina, el país más desarrollado y de mejor distribución de la renta de Latinoamérica. La diferencia estaba en la distribución de esa renta petrolera. Mientras que en Argentina, fruto de la política del primer peronismo, la distribución de la renta nacional tenía similitudes con las logradas en la Europa Occidental, en Venezuela ese alto ingreso per cápita escondía una muy desigual distribución del ingreso, con una capa superior que la aprovechaba, y desarrollaba una conducta consumista y fugadora de capitales, y una amplia masa de la población con bajos ingresos, tan excluidos como antes del descubrimiento de su oro negro.
Fue esa exclusión en el medio de la abundancia petrolera la que provocó no pocas revueltas en Venezuela, y ante la evidente entente entre los dos partidos tradicionales (Acción Democrática y Copei) que se alternaban en el poder para repartirse en pequeños círculos esa renta, es que aparece Hugo Chávez, primero con su golpe militar fallido de 1992, y luego ganando todas las elecciones, excepto una, en que se presentó desde 1999 hasta su muerte. Su liderazgo se construyó en base a una justa redistribución de esa renta petrolera, y los beneficios tangibles que recibió su pueblo en estos catorce años harán de su figura el líder inolvidable que acompañará a generaciones por venir.
Algo similar ocurrió con Juan Perón, que en un país con una de las rentas agrarias más altas del planeta, por la feracidad sin par de nuestra pampa húmeda, y con la necesidad europea de alimentos tras la Segunda Guerra Mundial, se ganó el apoyo y reconocimiento de los trabajadores y el pueblo argentinos con sus políticas de distribución e industrialización liviana. Otros liderazgos se han forjado en los últimos años en base a la redistribución de la renta, como en el caso de Brasil con Lula y su política de reducción de la pobreza extrema, o la apropiación de la renta petrolera y gasífera en la Bolivia de Evo Morales, o la renta petrolera en Ecuador. También el cobre fue la base económica que permitió el mantenimiento en el poder al frente político progresista de Chile hasta la llegada de Piñera, como el oro en el Perú actual, etc.
¿Cuál es el factor común actual en Sudamérica? No es la política redistributiva, presente con mayor o menor intensidad en seis países (Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Uruguay) y ausente o muy menguada en los otros cuatro (Chile, Colombia, Paraguay y Perú). El factor común es la disponibilidad de elevadas rentas por el aumento de los precios de las materias primas o productos que son abundantes en la región. Si bien las extraordinarias reservas petroleras venezolanas han mantenido elevadas rentas en ese país desde el salto de los precios en 1973/1978 en adelante, la elevación persistente del resto de las materias primas y producciones agrarias en lo que va del presente siglo es lo que ha aumentado sensiblemente las rentas de todos los países de la región. Y la razón de ese auge está en el desarrollo industrial de los países asiáticos, que en su demanda, agregada a la demanda preexistente del resto del mundo, han elevado los precios primarios, terminando, al menos por ahora, los años de deterioro de los términos de intercambio que atenazó a la región por décadas. No sólo suben los precios primarios, sino que al mismo tiempo, por el traslado del "taller del mundo" hacia Oriente, se abaratan los bienes industriales, sacando a Estados Unidos, Europa y Japón el cuasi monopolio de la producción industrial de fracciones cada vez más amplias de todo el espectro industrial, aún en sus ramas complejas. Eso lo saben y sienten en carne propia los obreros de esos países desarrollados, con sus salarios estancados en los últimos treinta años a pesar de los aumentos persistentes en la productividad del trabajo.
Si el factor común en Sudamérica es la alta demanda y precios de sus commodities, la redistribución positiva es una ventana que se abrió y que aprovecharon los movimientos políticos progresistas decididos y capaces de lograr el apoyo de sus pueblos. Por esa ventana pasaron los que lucharon con pasión, arrojo e inteligencia, y quedaron los que por distintas razones nacionales, históricas, etc. no pudieron aglutinar a las masas detrás de sus banderas.
Lo que quiero enfatizar son las bases de la persistencia en el tiempo de estos procesos progresistas en Sudamérica. La primer cosa que hay que volver a insistir es que esta alternativa de redistribución progresiva de la renta está limitada a aquellos países que gocen de esa renta acrecida (dilema de hierro: sin renta extraordinaria no hay posibilidad exitosa de redistribución de riqueza). Los diez países sudamericanos comparten, en su diversidad de dotaciones naturales, esa disponibilidad de rentas por el despliegue asiático. Otros países no, sólo los petroleros y algunos países de Africa, claramente no Europa, Japón o América del Norte, con México y varios de los países de Centroamérica incluidos. De los diez que potencialmente podrían redistribuir progresivamente sus rentas sólo seis hemos visto que lo están haciendo, en mayor o menor medida. Las fuerzas que se oponen a esa redistribución están presentes en todos y cada uno de ellos, con mayor virulencia en donde los procesos se han profundizado más, y el caso extremo es Venezuela, donde la desigualdad previa, y las características del liderazgo de Chávez y sus definiciones políticas (el Socialismo del Siglo XXI) han llevado a un golpe de estado fallido en 2002. Otros golpes de derecha han volteado a líderes reformistas más débiles como el caso de Paraguay y Honduras, las elecciones en Chile desplazaron a la tímidamente reformista alianza política de socialistas y democristianos.
La persistencia en el tiempo de estos movimientos depende de la capacidad de cambiar la estructura productiva de sus países. Nadie puede vivir eternamente pensando que los altos precios de sus materias primas o producciones agrarias será invariable. La riqueza no es lo que esconde la tierra, es lo que produce el trabajo humano. Disponer para los pueblos de las rentas que la naturaleza nos ha brindado está bien pero sin transformación de esas dotaciones iniciales, más tarde o más temprano se puede volver a repetir un proceso de deterioro de los términos de intercambio en contra de las producciones primarias. En resumidas cuentas, si este proceso de altos precios va a durar, digamos, treinta años más (con sus subas y bajas y atención que estamos en los picos de los precios altos en nuestro caso), mientras dure el despliegue asiático, hay que aprovechar este lapso para industrializarnos. Si cuando acaben los años de "vacas gordas" no hemos cambiado la estructura industrial, volveremos a la concentración de la riqueza ya que no habrá casi nada para distribuir. Mientras que si nos desarrollamos industrialmente la base de nuestra riqueza estará en el valor de la más compleja producción industrial.
Brasil y Argentina, desde hace muchos años, y con diferentes recorridos, han apostado al desarrollo industrial. Brasil lo hizo mejor que Argentina hasta hace pocos años, nuestro país se ha recuperado en este terreno en los últimos diez y superado ampliamente el ritmo brasileño, tanto en industria como en general, aunque la distancia cuantitativa y cualitativa que nos separa es amplia a favor de Brasil.
Venezuela no se lo ha planteado seriamente, y también hubo intentos parcialmente fallidos, inexperiencia, voluntarismo, corrupción. No sólo es deseable la industrialización por el mejoramiento más sólido y permanente del nivel de vida, sino que la concentración social que produce la industria es la que le da a los trabajadores organizados la posiblidad de obtener partes progresivas del valor que crean en la industria avanzada, cosa que no es posible de sostener en el tiempo en economías de enclave primario y un resto de servicios dispersos y producciones de subsistencia. El doble juego de redistribución progresiva del ingreso y la densificación del tejido productivo mediante la industrialización es el camino virtuoso que habría que transitar para que los logros en lo primero sean sustentables en el tiempo.
La consecusión de ambos objetivos tiene muchos puntos de contradicción, como bien lo sabemos los argentinos de hoy. Saber en qué consiste el desafío no es igual a poseer la receta de cómo lograrlo y menos de articular las alianzas sociales que lo sustenten. Ese sería tema de otro trabajo.

Jorge Molinero
9-3-2013