Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

30Ago/200

Un DNU que garantiza derechos

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Que sean esenciales implica que en las condiciones de desarrollo alcanzadas por una comunidad su alcance y disposición hace a la dignidad humana. Esta se articula en dos valores fundamentales y permanentes: la libertad y la igualdad, cuya interdependencia y articulación indisoluble es constitutiva de la democracia.

Este decreto no resulta de una cuestión de orden programático, aunque también su sustancia podía avizorarse en el paradigma de un proyecto nacional y popular que logró acceder al poder. Su ejercicio por parte de un gobierno que lo buscó para modificar la política económica, institucional, social, judicial, cultural, sanitaria, educativa e internacional, también significó un cambio sobre la mirada de la relación de los hombres entre sí, y de los hombres con la naturaleza. Hubiera sido imposible emprender un conjunto de transformaciones como las enunciadas sin una perspectiva y una sensibilidad marcadamente diferente al neoliberalismo que lo precedió y que todavía conserva la hegemonía cultural en la nación.

El DNU se ha dictado en el marco de una peste, en la que la posesión de los medios para el acceso a la comunicación con que hoy cuenta la humanidad, pasan a ser de carácter esencialísimo. Disponer o no de esos medios de comunicación, en la situación concreta que el coronavirus impuso, constituye una disyuntiva abismal. No haber adoptado las medidas que apunten a proporcionar condiciones de igualdad para el acceso a esos recursos resulta indigno a la condición humana.

¿Cuál es la diferencia clave que facilita la igualación de acceso a los servicios declarados de interés público? La existencia de una tarifa que pueda ser afrontada por el conjunto de la población, junto a la garantía de su abastecimiento pleno a toda la ciudadanía. La tarifa tiene la garantía de su regulación y/o fijación por parte del Estado. Es este el obligado a acudir en atención al cumplimiento de la vigencia de los derechos humanos. El precio libre de mercado que se hubiera establecido por la suma de costos, ganancias y rentas monopólicas se habría guiado por la maximización de ganancias y no por la satisfacción de derechos humanos, atendiendo a los mayores frutos posibles que pudieran engrosar la propiedad privada de las nuevas tecnologías e infraestructuras de las actividades.

Cuando se trata de servicios cuya estructura de mercado es monopólica u oligopólica — debido a la existencia de rentas tecnológicas, rentas naturales, concesiones o montos de inversión cuyo nivel son sólo alcanzados por un puñado de empresas—, existe una tendencia a que se refuerce el sesgo, típico de los monopolios, a reducir la cantidad de beneficiarios. El precio que se les puede cargar a estos usuarios de altos ingresos garantiza un beneficio total que supera el volumen que este alcanzaría si se eligiera ampliar la atención de la demanda a un precio menor. Es la dinámica dominante de las actividades recientemente declaradas de interés público.

 

 

Mercado y monopolios en las tecnologías de la comunicación

Los derechos humanos deben ser garantizados por el Estado, es el sujeto legalmente obligado como representante de la sociedad. En la situación de pandemia que hoy vivimos, la esencialidad de la telefonía celular, de internet y de la TV pública hacen que la decisión de Alberto Fernández de declararlas servicio público no sea una opción arbitraria, o sólo fundada en un paradigma conceptual. La Constitución Nacional incorporó la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, y de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Garantizar el acceso a estos servicios imprescindibles resulta una obligación que se vincula también con el derecho al trabajo. Hay muchísimas tareas que actualmente sólo se pueden acometer con la utilización de internet y la telefonía celular. Muchos argentinos no podrían desenvolver sus labores si las compañías proveedoras de esos servicios conservaran la facultad de establecer precios para maximizar sus ganancias. El medio predominante de comunicación hoy es el celular, que además tiene usos múltiples. Algunos de estos permiten el ahorro de riesgos de contagio, pues favorecen el aislamiento social mediante dispositivos que permiten hacer operaciones y trámites que, de otro modo, requerían el movimiento personal y el contacto –a veces en aglomeración— para efectuarlas. La actividad cultural y recreativa permanece absolutamente restringida por el peligro del contagio del Covid-19, esto convierte al televisor en un medio que no sólo es utilizado en las habitualidades de quienes lo consumen en épocas de normalidad, sino como un sustituto de actividades de esparcimientos hoy vedadas. Son las razones que hacen que el DNU sea un auténtico reparador de derechos.

Además el particular momento en que se dicta la legislación suma a las características concentradas de la oferta en esas actividades cuya forma de comercialización resulta de estructura oligópolica, duopólica o monopólica —donde la categoría mercantil es una mera formalidad, porque reina la formación cuasi-absoluta de precios por parte de los proveedores de esos servicios—, un plus que refuerza los efectos de las morfologías de esos mercados. Es que esos servicios públicos son brindados sin alternativas que en condiciones normales podrían introducir un límite a su consumo. Por ejemplo, la concurrencia directa al cine en lugar de la película por TV, el encuentro familiar en lugar del Zoom, los juegos de mesa personalizados en lugar de los efectuados por Internet. Pero cuestiones más delicadas e inobviables hoy se sostienen por estos medios, como muchas consultas médicas y sesiones de psicoanálisis. Los médicos también prescriben remedios y envían  las recetas a pacientes crónicos que las requieren para gozar de los descuentos, sin los cuales no podrían comprarlos, y continuar sus tratamientos. Actividades esenciales y ausencia de bienes sustitutivos (para utilizar la propia terminología favorita de los marginalistas, que tanto seduce a los economistas del establishment), crean las condiciones para que los monopolios propietarios de la operación de estos sectores tengan un amplio poder de control para subir los precios, para aplicar aumentos por encima de la inflación, del aumento de costos hasta el nivel en que encuentre el punto máximo de ganancias, sin competencia de bienes similares, ni tampoco cercanos en su función. Este es el momento en el que el DNU resulta oportuno, necesario e incuestionable.

La reacción de empresas propietarias de esos rubros, como las que integran el grupo Clarín —cuyo referente de origen fue Roberto Noble, secretario del gobierno de Roberto Fresco que gobernó la provincia de Buenos Aires con “conceptos oriundos del fascismo y el corportativismo”, según refiere Horacio González en Historia conjetural del periodismo (Colihue, 2013)—, como así también por parte del diario La Nación –que sistemáticamente dio sustento a los golpes de Estado en el país—, recurren frecuentemente al derecho de propiedad como pilar jurídico de la defensa del libre albedrío empresario para fijar precios. Empresas que conocen bien de métodos de acumulación originaria que aplicaron en la apropiación de Papel Prensa durante el terrorismo de Estado.

Los restauradores del conservadurismo neo acuden a alimentar el negacionismo de los derechos económicos, sociales y culturales. Pregonan el rechazo de todos los derechos “positivos” o de acceso, en los que el Estado debe proveer presupuesto y/o intervención en la economía para que sean garantizados. El lugar común en que acomodan el valor de la libertad es la defensa irrestricta del derecho de propiedad ilimitado, cuya perpetuidad es irrenunciable para esos peculiares “libertarios” de derecha, también su transmisibilidad sin restricciones, y no aceptan impuesto a la herencia alguno.

La disposición de sus frutos y de la inalienable integridad de la propiedad de origen son defendidos por los liberales que los protegen de los impuestos a las fortunas, de las retenciones que disminuyen rentas diferenciales y de regímenes progresivos de impuestos a las ganancias. Pero los conservadores neo, los “libertarios” de derecha y los liberales deberán lidiar con un problema no menor: la Constitución nacional dispone otra cosa. En 1994 introdujo en su contenido el respeto integral de los derechos humanos, que incluyen los económicos y sociales, sin prelación para ningún derecho de propiedad, que le asiste al propietario tanto como los derechos esenciales amparan a las mayorías populares. La voluntad general ha de definir en cada circunstancia las políticas que se imponen. Es decir el pueblo y no las minorías.

 

 

El neoliberalismo como negacionismo de derechos humanos

Así el orden legal de carácter constitucional no se respeta si todos los mercados y en cualquier circunstancia quedan librados a la disposición de que los propietarios fijen los precios que le viene a la gana. Los diabéticos no pueden pagar cualquier precio por la insulina, este debe ser fijado por el Estado nacional en función del derecho igualitario a la salud. Derecho a la vida tiene el diabético pobre como el rico, igual derecho. Derecho a comer carne tienen todos los argentinos, no es que para el argentino rico va el lomo y el bife de chorizo y para el pobre papa y cebolla. En pandemia la comunicación, la socialización, los recursos para sostener la mayor capacidad de trabajo posible, el acceso al esparcimiento, no resiste diferencias entre el rico y el pobre. Del mismo modo en que con el probable advenimiento de un ajustado nivel de disponibilidad de camas para los enfermos de Covid-19, en consonancia con la Constitución Nacional, sería contrario a la dignidad humana que las escasas plazas de terapia intensiva se asignen a quien pagó medicina prepaga, frente a quien no pudo hacerlo. Porque la Constitución Nacional dice otra cosa. Y el DNU 690/2020 interpreta con exactitud el texto fundamental de la legislación argentina.

En estos últimos tiempos el pensamiento de la derecha argentina viene sustituyendo el concepto sustantivo de democracia por el formalismo “democrático-liberal”. Von Hayek, el restaurador de reflexiones y miradas de los siglos XVII y XVIII, en las cuales la propia ciudadanía política estaba en debate respecto de su dimensión universal, planteaba que los derechos económicos y sociales eran falsos derechos. He aquí a Clarín y La Nación profesando el mismo dogma que el austríaco admirador de Pinochet, sugiriendo que la intervención que el DNU 690/2020 dispone sobre tarifas de bienes de utilidad pública esencial es un atropello a la democracia.

Los demócratas de la Revolución Francesa y su filósofo Rousseau, que reivindicaban la democracia política y la ciudadanía universal, fueron duramente atacados por los precursores de los editorialistas de esos periódicos y sus repetidores televisivos. Su propuesta era ciudadanía política universal y no limitada. Y ya en 1793 el ala jacobina de la Asamblea francesa decía que los derechos civiles y políticos carecían de sustancia si quienes tenían la facultad de practicarlos, no poseían el mínimo sustento para el sostenimiento de una vida que les permitiera ese ejercicio.

Ellen Meiksins Wood en Democracia vs. Capitalismo (Siglo XXI, 2000) sostiene que la democracia no debe ser pensada sólo como una categoría política, sino también económica. “No sólo me refiero a democracia económica como una mayor igualdad en la distribución del ingreso. Concibo a la democracia como un regulador económico, el mecanismo impulsor de la economía”. Esta concisa expresión propugna una metamorfosis trascendente. La democracia debería ser el mecanismo regulador e impulsor de la actividad económica, no el mercado. Si la democracia es una democracia de ciudadanos, entonces la ciudadanía no es sólo política si no integral y, entonces, también económica.

Los atributos de la igualdad sustantiva se extienden en los espacios políticos y económicos. Dice la historiadora canadiense que “instrumentos e instituciones ahora asociados con el mercado serían útiles en una sociedad realmente democrática”, pero la fuerza impulsora de la economía no tendría que emanar del mercado. La democracia implica “un nuevo mecanismo impulsor, una nueva lógica económica”. Esa lógica económica, dadas las condiciones de concentración en que se desenvuelve la economía actual, tiene una estrecha relación con la intervención del Estado.

No de un Estado neutro, sino con fuertes contenidos que sean resultado del debate popular y muy entrelazado con un proyecto de autonomía nacional y ciudadana. En un reportaje que le acaba de hacer la Agencia Paco Urondo, el presidente de YTEC Eduardo Dvorkin afirma: “Yo creo que la cosa pasa por un proceso de sustitución de importaciones en el que el Estado no solamente regule y vigile sino que en ciertas áreas se convierta en un Estado empresario. Es decir, la única burguesía nacional motorizadora de la industrialización que tenemos es el Estado, que no puede hacer todo, pero sí puede ser el eje. Es muy importante regular a las empresas y disciplinarlas. Yo creo que va a haber una burguesía nacional formada por las pymes cuando nosotros las disciplinemos, cuando digamos ‘las reglas de juego son éstas, vos hoy estás usando reglas de juego que no son válidas’”.

 

 

Dos proyectos

Hay dos proyectos de Argentina. El primero es el que contempla una ciudadanía integral, con un Estado que articule las necesidades, requerimientos y atención de derechos, sobre la base de una fuerte interacción con la participación popular que actúe de conjunto con la institucionalidad republicana, porque como dice Horacio González en su artículo publicado por la revista digital La Tecla Ñ, La Foto del Quincho (26/07/20), “sin las instituciones no se puede, pero con ellas solas no alcanza”. El segundo es el de la ciudadanía limitada, acotada a la formalidad institucional, subordinada al reino de la preeminencia del derecho de propiedad, con una economía en la que la lógica mercantil subordina y coerciona la vida económica de las mayorías populares, con un concepto de libertad que no articula con el de igualdad, sino que se le opone naturalizando la polarización social.

El DNU del gobierno que ha declarado como servicio público con precio regulado a internet, el teléfono celular y la televisión paga, y que además establece la provisión de un servicio básico para atender los derechos de los sectores con menos posibilidades, marca un rumbo de raigambre popular. En cambio la hipocresía del establishment y la derecha de tildar la regulación de precios de servicios esenciales como atentatoria contra la libertad, amparándose en el derecho de propiedad, es la opción por un liberalismo extremo enemistado con la vida democrática.

26Jul/200

JUGAR CON FUEGO

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El sistema financiero chino se abre por completo debido a la presión de Estados Unidos

Hace pocos meses los chinos habían informado sus planes para introducir una “Moneda Digital” (El Cohete, 24.05.2020). Ahora dejan trascender el proyecto de crear bancos de inversión “del tamaño de portaaviones”. Hasta el momento el sector financiero chino está dominado por instituciones bancarias estatales. Tanto el People Bank of China (su banco central) como los bancos comerciales Industrial & Commercial Bank of China (ICBC), China Construction Bank (CCB), Agricultural Bank of China (ABC), y Bank of China (BOC), son estatales y dominan ampliamente la escena. ¿Cuál es la razón para desarrollar bancos de inversión y cuál la diferencia con los bancos comerciales?

 

 

La ley Glass-Steagal de Roosevelt

La separación entre bancos de inversión y bancos comerciales se produce en 1933 por la promulgación de la Ley Glass-Steagal, para evitar los excesos de especulación que llevaron a la crisis de 1929.

Desde 1922 los bancos norteamericanos invertían frenéticamente en el mercado de valores, contribuyendo a una exuberancia irracional en su valor, con crecientes apalancamientos de compras. Cuando el mercado de valores se derrumbó en octubre de 1929, los depositantes en tropel quisieron retirar sus fondos. También pidieron oro a cambio del dinero, casi agotando la Reserva Federal. En el pánico bancario que siguió al crack de la bolsa de Wall Street quebraron más de 4.000 bancos. No sólo quebraron los bancos insolventes que se habían apalancado en los ahorros de sus clientes comerciales sino también muchos prudentes bancos que no soportaron los súbitos retiros de depósitos.

En marzo de 1933, el nuevo Presidente Roosevelt declaró un feriado bancario de cuatro días para dictar la ley conocida como Glass-Steagal, que eliminó la convertibilidad del dólar en oro, prohibió a los bancos comerciales hacer operaciones riesgosas en el mercado de valores bursátiles, vedó a los bancos de inversión tener participación mayoritaria en los bancos comerciales, obligó a encontrar fuentes de fondos separadas de los depositantes comerciales, prohibió a los funcionarios bancarios pedir préstamos excesivos de su propio banco y dio plazo de un año para decidir si se convertirían en bancos de inversión o comerciales. La ley había creado un muro anti-incendio entre ambas bancas, con el propósito de defender los ahorros que los ciudadanos depositaban en los bancos comerciales, los que pasaron a tener una garantía estatal hasta cierto monto. Cuando los bancos reabrieron tras el largo feriado bancario, la corrida había cesado y a poco comenzaba la recuperación con el conjunto de medidas del New Deal. El capital financiero fue relegado y se mantendría debilitado y en un segundo plano por varias décadas.

A partir de Reagan se comienzan a relajar las medidas de regulación financiera y en 1999, bajo Clinton, se deroga formalmente la ya no respetada ley Glass-Steagal, produciendo una nueva y creciente exuberancia especulativa que tuvo su mayor expresión en 2008 con la crisis de las hipotecas basura o sub-prime.

Los bancos e instituciones “de inversión” se ocupan de las finanzas corporativas y los fondos líquidos de personas muy acaudaladas, clientes que no se contentan con las tasas de interés ofrecidas por los bancos comerciales y asumen mayores riesgos. Sus principales operaciones son suscripción de emisión de valores, fusiones y adquisiciones, negocios de futuros, fondos mutuos, fondos de cobertura (hedge funds) y similares. Las compras apalancadas y el abuso de los derivados financieros han reiterado, una y otra vez, las corridas especulativas que la ley de 1933 evitó por muchos años.

China ha tenido especulaciones financieras que derivaron en caídas importantes de sus bolsas a mediados de 2015 y modificaciones reglamentarias posteriores llevaron a un esquema de separación similar a la ley norteamericana de 1933. ¿Por qué ahora quieren modificar sus propias restricciones a la banca de inversión? ¿Cómo proponen llevar adelante esta etapa de financiarización del sector?

La principal razón es la letra chica de los acuerdos parciales (Etapa 1) acordados bajo la implacable presión de Estados Unidos, por la que se comprometen a abrir totalmente el mercado de capitales antes de fin de 2020. De estos acuerdos han trascendido en  la Argentina el compromiso de mayores compras de soja a Estados Unidos, pero hay otros que indican la magnitud de la presión de Estados Unidos y la debilidad relativa de China. La apertura financiera es una de ellas.

Para contrarrestar el ingreso de bancos de inversión internacionales los chinos están diseñando instrumentos que le permitan tener el lugar ocupado con “campeones nacionales” para cuando aquellos entren en escena. Una pista de los cambios se puede rastrear en la creación de la Comisión Reguladora de Banca y Seguros de China (CBIRC) en 2018 o en la repetición en la prensa de la necesidad de estudiar los “bancos universales”, palabras en código para anticipar la movida por think tanks representantes de la fracción más pro-mercado dentro del PCCh.

Recientemente el semanario financiero chino Caixin Weekly informó que la CBIRC daría licencia a algunos bancos comerciales para realizar operaciones propias de la banca de inversión, para canalizar los excedentes de corporaciones y los nuevos ricos que el desarrollo vertiginoso de China ha creado en estos años. De acuerdo a la probada táctica china de ensayo y error, las autoridades están pensando en comenzar un plan piloto, como el que se lleva a cabo con la moneda digital.

Las aseguradoras y bancos chinos son de los más grandes del mundo pero sus instituciones para el manejo de bolsa son pequeñas a escala mundial. Las operaciones de Goldman Sachs igualan al conjunto de los más de 130 corredores chinos, según China Securities Journal.

Hasta ahora el banco candidato para la etapa piloto es el estatal ICBC, el banco comercial más grande del mundo. Hay dos empresas estatales (SOEs por sus siglas en inglés) que se anotan para banca de inversión: Citic Group (no confundir con el Citigroup americano) y Everbright Group.

Citic Group controla el Citic Bank, con un valor de mercado equivalente a U$D 31,2 miles de millones. La posible fusión con otros corredores llevaría el valor del grupo por sobre los U$D 82.000 millones.

La bolsa de Shanghai, la más importante del país y una de las principales del mundo, ha sido testigo del incremento del valor de las acciones de Citic y Everbright, en una anticipada especulación que formarían parte del “portaaviones” que ya descuenta el mercado de valores chino. La cotización total de las acciones chinas han subido recientemente a U$D 9,7 billones (trillions), casi el nivel máximo obtenido en junio de 2015 de U$D 10 billones (trillions). La bolsa de Shanghai exhibe cotizaciones muy elevadas a pesar del deterioro de sus bases fundamentales (“fundamentals”) por la pandemia. Al igual que en las bolsas de Estados Unidos por otras razones, son conductas alimentadas por actores que pueden llegar a desestabilizar el modelo de crecimiento sin crisis durante cuarenta años.

 

 

La industria financiera

¿Qué es la “industria financiera”, como gustan llamarla los norteamericanos? Es el nombre que le han puesto al capital financiero para embellecer su función, legalizándola como “creadora de valor” y pretendiendo contribuir con sus “innovaciones” al crecimiento del PBI. Los grandes salarios de los ejecutivos financieros, como las fabulosas ganancias del sector, por arriba de la tasa de ganancias del sector industrial en su conjunto, serían la representación “correcta” de las “extraordinarias” contribuciones del mismo al crecimiento nacional. Sin embargo la desviación de los excedentes hacia esquemas financieros en vez de inversión productiva ha coincidido con una reducción de la tasa de crecimiento respecto al período de posguerra. Keynes distinguió las esferas financieras e industriales de la economía de una manera similar a como podríamos actualmente separar la economía de activos de la economía real. La propuesta de Keynes de practicar la eutanasia del rentista no fue una idea de mera crítica frente a la crisis que éstos habían provocado en 1929 sino una denuncia de su carácter parasitario y dañino.

La inconvertibilidad del dólar en 1971 y el crecimiento del capital financiero fueron madurando las condiciones para la desregulación financiera que caracteriza al neoliberalismo. De ser ayuda del ciclo productivo el capital financiero ha pasado a ser su control. El capital financiero, como dinero que crea más dinero sin otra intervención que el tiempo, es mistificación y ocultamiento del proceso social de la generación de valor por los distintos tipos de trabajo en la esfera productiva.

Con el retorno de la hegemonía del capital financiero sobre el resto de las fracciones del capital en los años ’80 ese capital ficticio ha venido creciendo en forma alarmante. Se ha producido un florecimiento de nuevos instrumentos (derivados y otros) que en forma parasitaria extraen el excedente de explotación de otros sectores. El aumento de las ganancias financieras y su apropiación de la esfera real es paralelo al aumento de las representaciones de lo financiero sobre la economía real. En 1980 la liquidez internacional ascendía a casi el 70% de PBI Mundial , para empinarse hasta casi el 160 % en 2016 y ubicarse en el 140 % en 2019 (Michael Howell. Capital Wars. 2020). Una masa creciente de “capital ficticio”, grandes esquemas de Ponzi, que cada tanto son violentamente devaluados por crisis periódicas de realización.

Hay actividades financieras de inversión —por ejemplo la suscripción de emisión de valores— necesarias para canalizar los ahorros de empresas y particulares a nuevos emprendimientos reales o expansión de los actuales. Es el financiamiento de la actividad real, la producción de bienes y servicios. Mientras esa necesidad se cumple como una función para el desarrollo social y económico el costo de esas instituciones financieras justifica su existencia. Hasta ahora el sistema bancario chino ha canalizado ahorros hacia una elevada tasa de inversión, fruto de los elevados ahorros familiares y de las empresas.

 

 

 

Inversión/Producto Bruto Tasa Promedio 1980 – 2019

 

 

 

China está jugando con fuego al concebir voltear la muralla que dividía la banca comercial de la más especulativa y desestabilizante banca de inversión, aun de poca dimensión en ese país. Hasta ahora había logrado un recorrido de cuarenta años sin caída del nivel de actividad general, y fuera de la actual —producida por las necesarias cuarentenas para dominar el coronavirus— nunca tuvo una caída anual de su PBI. Inclusive puede que a pesar de la pandemia cierre el año en valores positivos, con alguna ayuda cosmética en el crecimiento oficial del 3,2 % de su PBI en el segundo trimestre de este año.

El cambio de política financiera será el resultado de la presión de Estados Unidos para que abra su economía al capital financiero internacional, del que son los principales exponentes junto a Gran Bretaña. Una de las principales diferencias entre el capitalismo de Estado chino y el capitalismo neoliberal es que el capital financiero está controlado por el Estado. El ingreso de las instituciones internacionales disminuye ese poder. Las alas dentro del gobierno chino (pro libre mercado e intervencionista) luchan por imponer qué tipo de control y con que instituciones podrán enfrentar a los pesos pesados occidentales entrando en la ciudadela de su poder financiero. En las reglamentaciones que aparezcan en los próximos meses quizá podamos imaginar el peso relativo de cada sector.

Si la apertura financiera china multiplica las actividades financieras al estilo de Occidente –donde el centro se corre del financiamiento de inversiones reales a esquemas de especulación financiera—, corre el peligro que el centro de las decisiones pase al capital financiero, aumentando la especulación de valores en desmedro de la inversión real en medios de producción, infraestructura, etc. El florecimiento de las nuevas instituciones, estatales o extranjeras, reduciría el desarrollo en beneficio de una fracción parasitaria. Los negocios del pináculo de la riqueza china —en un país muy desigual con ricos muy ricos aunque cada vez haya menos pobres– pasarían a ser más importantes que el Estado que los hizo nacer y crecer, y lo controlarían. Si las nuevas instituciones y las reglamentaciones no limitan en los hechos la participación de instrumentos de inversión internacionales el juego será doblemente riesgoso. Ese es el peligro que la fracción dirigente del PCCh parece querer evitar.

Las tres esferas que China trata de impulsar en esta etapa son el desarrollo tecnológico, el poderío de su defensa militar y el sendero de desarrollo de su economía, procurando evitar un conflicto armado con Estados Unidos o sus aliados. La pandemia ha trastocado sus planes y los del resto del mundo también. Al ser el primer país importante que la está superando se le abren oportunidades para desplegar sus fuerzas productivas antes que el resto y reparar los enormes costos incurridos. La introducción de la gran banca de inversión siembra dudas sobre el cumplimiento cabal de algunos senderos independientes de expansión.

Este es el escenario que se irá desarrollando en los años por venir, configurando el mundo que influirá sobre las posibilidades de muchos países, entre ellos la Argentina, para retomar senderos de expansión. Los dados están rodando.

14Jun/200

UTILIDAD PÚBLICA

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Las triangulaciones y precios de transferencia justifican la intervención estatal en el sector

 

Hay cuestiones clave que una política de desarrollo de carácter nacional y popular debe resolver en la Argentina. Recientemente se ha distribuido el informe del Banco Central sobre la fuga de capitales durante el gobierno de Macri, de 86.000 millones de dólares. Las cuestiones de evitar la fuga y el endeudamiento resultan centrales junto a otras como el empleo, la disposición de divisas para sostener las importaciones necesarias para un proyecto de industrialización y diversificación productiva y la posibilidad de direccionar el crédito en función de promover las áreas y objetivos de esa política. El desarrollo además está estrechamente unido al objetivo de la integración regional de la Nación.

El debate sobre la decisión del gobierno nacional de rescatar la empresa Vicentin mediante la intervención y la expropiación incluye la discusión sobre todos estos tópicos. El grupo empresario en cesación de pagos y concurso de acreedores ha sido un actor de importancia en el comercio exterior de productos primarios y agroindustriales (10% del comercio de granos), ocupa miles de trabajadores y está endeudado con miles de productores. Uno de los principales acreedores es el Banco Nación y además es deudor del Banco Provincia y otras entidades financieras públicas. El impacto del derrumbe de Vicentin afecta el nivel de empleo y resiente la actividad en una región que abarca la provincia de Santa Fe, la de Córdoba y de Buenos Aires. Atender a resolver todas estas cuestiones constituye un tema clave para un proyecto de desarrollo. La  continuidad de la empresa tiene sobradas razones de utilidad pública.

Por eso la decisión del gobierno de intervenir Vicentin y enviar un proyecto de ley para su expropiación resulta adecuada y pertinente. Una de las razones que la hacen necesaria es atender a la defensa de las acreencias de la banca pública. Porque a pesar de la cuestionable gestión durante el último período neoliberal, la banca pública es un instrumento vital de un proyecto nacional. Sus roles de banca testigo, de fomento, su despliegue territorial y su papel en la orientación del crédito en función de objetivos que no se sustentan en la ganancia sino en la promoción del desarrollo, son indispensables para una política económica orientada a alcanzarlo. La atención de urgencias como la emergencia vivida hoy con el Covid-19, frente a la cual fue la banca pública la primera en acudir con el apoyo crediticio necesario para sostener la imprescindible cuarentena, es una muestra de su papel irremplazable.

Por otra parte, las medidas decididas por el gobierno para el rescate de Vicentin crearían una herramienta cuya existencia está puesta en el debate público. Una empresa que podrá tener una presencia para incidir en la transparencia de los precios, como así también en las condiciones de liquidación de divisas impidiendo procesos especulativos de retención que impactan en expectativas cambiarias y macroeconómicas. Esta última cuestión es de importancia clave, ya que las divisas constituyen un insumo estratégico para un proyecto de economía diversificada, y la restricción de su disposición una dificultad que exige el mayor cuidado regulatorio por parte del Estado.

El sector de exportación de commodities está hoy concentrado en operadores privados de gran dimensión y que realizan operaciones que detraen ingresos tributarios, como así también constituyen formas adicionales de fuga de capitales no captadas en los cálculos tradicionales, como la utilización de triangulaciones y precios de transferencia. En el documento de trabajo del CEFID-AR La manipulación de los precios de transferencia (supervisado por Jorge Gaggero), Verónica Grondona los define como “los precios a los que se realizan transacciones entre entidades vinculadas; aunque esta definición implica reconocer la existencia de un ‘precio’, de un contrato entre partes jurídicamente independientes, algo que no se cumple hacia el interior de un grupo económico”. Grondona afirma que las empresas multinacionales abusan del sistema imperante mediante la estructuración compleja de esquemas de precios de transferencia utilizando el pasaje de mercancías por “guaridas fiscales”.

Los socios de la empresa Vicentin crearon una sociedad en Uruguay con el mismo nombre. La creación de este tipo de sociedades suele tener el objetivo de facturar ventas de commodities agrarios que son despachados a otros destinos. la triangulación es una práctica habitual en el comercio exterior de granos. Los precios de transferencia operan, como describe Magdalena Rua en el documento de trabajo del CEFID-AR Los facilitadores, sus modos de acción, “mediante el mecanismo de triangulación, que refiere a la utilización de entidades ubicadas en países de nula o baja tributación que actúan como intermediarias en las operaciones con clientes finales vinculados o no vinculados (ver Grondona, 2014). Usualmente este mecanismo es empleado por empresas exportadoras o importadoras que utilizan un intermediario (trader) para la operación. En los casos fiscalizados por la AFIP, se ha comprobado que los precios de estas operaciones resultaban más bajos que los del mercado; que el pago de las operaciones provenía, en un gran porcentaje, desde una tercera jurisdicción con flexibilidad cambiaria (ni la de la empresa local, ni la del trader)”.

El funcionamiento del mercado granario argentino hace estratégica la presencia de una empresa pública en esa actividad. Ayuda a la transparencia y a poner un límite a comportamientos especulativos. Constituye una posibilidad de crear también nuevas condiciones que restrinjan estos métodos de evasión fiscal.

Pero para la AEA, “la estatización de una empresa que opera en un sector definidamente exportador es un grave error que debe subsanarse. En efecto, es al sector privado al que le corresponde asumir la responsabilidad de controlar, dirigir, y administrar a las empresas en la Argentina”. Así la asociación de los mayores empresarios de Argentina pretende sancionar que no debe haber empresas públicas, y que los propietarios privados son los únicos habilitados para controlar, dirigir y administrar empresas. Es el criterio de la autorregulación del neoliberalismo privatizador. Luego de cuatro años de desastre económico provocado por el último experimento de ese tipo, la defensa de los intereses particulares de minorías oligárquicas se expresa en esas posiciones. No quieren empresas públicas, y señalan específicamente el comercio exterior como ámbito inexpugnable para la empresa privada. Tampoco, por lo que expresan, les interesa el rol de la banca pública, y por lo tanto no les preocuparía arbitrar las medidas para que recupere sus créditos. Pero es necesario que este sector respete la voluntad popular que eligió un gobierno que tiene un programa para una Argentina más igualitaria y solidaria, y que posee la potestad de elegir el camino que entienda más productivo para cumplir con el mandato. La Constitución Nacional en su artículo 17 prevé la expropiación por utilidad pública aprobada por el Congreso. Además, incluye los pactos internacionales que disponen la vigencia del derecho al desarrollo. Este es el marco legal vigente y no el precepto declamado por la AEA.

En la Argentina hubo distintos momentos de intervención en el Comercio Exterior. Los gobiernos conservadores de los años posteriores a la crisis de 1930 establecieron las Juntas Reguladoras que tenían la misión de administrar  los precios y defender a los sectores agrarios de los efectos de la depresión en esa época. En la segunda posguerra el peronismo creó el IAPI para contraponerlo a los organismos estatales de los países centrales que establecían precios bajos para los productos primarios mientras subían los de los industriales. El IAPI también pretendía eliminar el agobio sobre los productores que imponían los intermediarios y acopiadores, mientras buscaba una administración de las divisas que favoreciera un proyecto industrializador (Mario Rapoport, Historia política y social de la Argentina).

La dinámica actual del comercio de granos tiene otro dispositivo que requiere transformarse, su desenvolvimiento es una economía muy concentrada y privatizada. Esa dinámica de triangulaciones y precios de transferencia necesita de la intervención estatal en ese sector. La presencia de una empresa pública, de carácter estatal o mixta, o estatal-cooperativa, pero cuyos objetivos –en el marco de una administración eficaz— no estén guiados sólo por la rentabilidad sino también para mejorar el funcionamiento del comercio exterior.

Vicentin se desenvolvió con un gran crecimiento e importantes beneficios en los años anteriores a su entrada en cesación de pagos. Se visualiza que sus propietarios construyeron un grupo extendido de subsidiarias desplegadas internacionalmente. Esa es una estrategia compatible con la realización de operaciones de triangulación.

Esta política empresaria y la sorpresiva reversión de su tendencia exitosa, sin la existencia de razones macroeconómicas que expliquen un stress financiero ya que los créditos de prefinanciación responden a exportaciones que se cobran en dólares, junto a las irregularidades verificadas en las relaciones entre la firma y el BNA en el año 2019, originaron una investigación penal judicial y otra de carácter administrativo. Esta semana la UIF se sumó como querellante con el objetivo de investigar lavado y fuga de divisas.

La política de liberalizaciones del gobierno de Macri eliminó la obligación de liquidar divisas, a la vez que no introdujo regulaciones prudenciales adecuadas en el mercado de granos. Otorgó todas las facilidades para la fuga de capitales al exterior. Fue el marco adecuado para acontecimientos como el registrado por Vicentin.

Las irregularidades investigadas por la presunción de comportamientos de fuga de capitales, la inexistencia de una previsible salida para el grupo que no implique su extranjerización y el carácter estratégico del Comercio Exterior justifican plenamente la decisión del gobierno de emprender el rescate de la empresa mediante el recurso de la expropiación. Solamente la Sociedad Rural y la CRA se han pronunciado contra la medida. El resto de las organizaciones de productores, que van desde CONINAGRO y la FAA hasta las organizaciones campesinas como el FNC, el MNCI, la UTT y el MTE, han apoyado el rumbo emprendido

1Feb/200

BBCMundo 29/01/20 «La sorpresa fue que el malestar en América Latina tardara tanto en manifestarse» Entrevista con Joseph Stiglitz, nobel de Economía

Publicado por admin

Gerardo LissardyHayFestivalCartagena@BBCMundo

Joseph Stiglitz es un economista tan especial que defiende la idea de quitarle importancia al índice estrella de su profesión: el Producto Interno Bruto (PIB).

A su juicio, hay otros datos que pueden ayudar a entender de una forma más completa cuán bien o mal marcha un país.

Stiglitz también toma con naturalidad la protesta social que estalló en meses recientes en varios países de América Latina, como Ecuador, Colombia y sobre todo Chile, país este último al que muchos veían como modelo económico regional.

"La sorpresa fue que el malestar tardara tanto en manifestarse", dice el nobel de Economía de 2001 durante una entrevista en su oficina de la Universidad de Columbia, Nueva York.

Latinoamérica es la región más desigual del mundo y el consejo de Stiglitz para los gobernantes es abordar rápido este problema social, al que ha dedicado varios de sus últimos libros.

Mentor del ministro argentino de Economía, Martín Guzmán, Stiglitz sugiere también ir a una reestructura de la deuda de este país sudamericano que incluya el recorte de la tasa de interés para los acreedores.

"Es de interés para todos evitar un default" o cese de pagos, advierte el estadounidense que en el pasado fue economista jefe del Banco Mundial y asesor del entonces presidente Bill Clinton en la década de 1990.

Hoy con 76 años, es uno de los principales economistas críticos del manejo de la globalización y del libre mercado. "Capitalismo progresista: la respuesta a la era del malestar", es el título de un libro suyo publicado en 2019 y que acaba de ser traducido al castellano.

Lo que sigue son extractos del diálogo que Stiglitz mantuvo con BBC Mundo antes de viajar como invitado al Hay Festival de Cartagena.

¿Cómo ve las recientes expresiones de descontento social en diferentes países de América Latina?

De algún modo, la sorpresa fue que el malestar tardara tanto en manifestarse, particularmente en Chile. Porque Chile ha sido uno de los países que siempre se destacó en las estadísticas de la OCDE con uno de los mayores niveles de desigualdad. En años previos hubo murmullos del descontento, preocupación por la falta de oportunidades educativas, huelgas bajo gobiernos anteriores…

América Latina ha sido históricamente una parte del mundo con un alto nivel de desigualdad. En algunos países, hubo movimientos, avances en la reducción de la desigualdad durante un largo período. Brasil tanto con Cardoso como con Lula y Argentina con los Kirchner tuvieron reducciones significativas en la desigualdad, incluso Bolivia tuvo. Pero aun yendo en la dirección correcta, el nivel de desigualdades sigue siendo muy alto.

Vivimos en un mundo globalizado. Hace 50 años podría no ver que tu país está experimentando un nivel de desigualdad más allá de lo normal. Pero en el mundo de hoy hay rankings que muestran que algunos países caen notablemente en sus clasificaciones de desigualdades. La gente sabe lo que está sucediendo en otros lugares.

Lo que Chile muestra claramente es que hubo una especie de yesca: lo que provocó la explosión podría ser muy pequeño, pero el profundo malestar sembrado está presente y nunca se puede predecir cuándo va a explotar. Pero es comprensible por qué debería explotar.

Cuando escribí mi libro anterior, "El precio de la Desigualdad" (2012), describo el alto nivel de desigualdad en EE.UU., el más alto entre los países avanzados. Dije que esto no era política y socialmente sostenible, que habría consecuencias. Y la consecuencia fue la elección del presidente Trump en parte.

Entonces, en diferentes países, el descontento puede tomar diferentes formas. Pero es totalmente comprensible que haya descontento.

¿Dice que la agitación social en América Latina debería haber ocurrido hace tiempo?

En muchos sentidos, creo que es correcto. Pero existen esas misteriosas fuerzas globales donde el descontento parece globalizarse. Lo ves en la votación del Brexit, en la votación de Trump.

Para los países avanzados tengo una pequeña teoría de por qué se manifestó en este momento, que es la conjunción de los altos niveles persistentes de desigualdad, particularmente las experiencias de los desindustrializados dislocados a quienes se les prometió que la globalización iba a traer prosperidad y se llevaron lo contrario, con la crisis financiera mundial de 2008 en la que los banqueros fueron rescatados y el sistema parecía tan injusto.

En América Latina, el malestar salta por diferentes motivos. En Chile fue el aumento del pasaje del metro, en Ecuador la eliminación de los subsidios a los combustibles, en Bolivia que mucha gente creyó que hubo fraude electoral… Y luego está la elección de Jair Bolosnaro en Brasil, otra demostración de descontento. ¿Cuál sería su consejo para los gobernantes de América Latina?

En Brasil la mayoría de las encuestas mostraron que Lula habría ganado si no hubiera sido encarcelado ilegítimamente. El hecho de que la población pudiera elegir a Lula o ir a Bolsonaro da una idea de la naturaleza del descontento.

La respuesta es primero abordar las desigualdades en ingresos y oportunidades. Y tienen que hacerlo más rápido. Digo esto porque en varios países hubo progreso, pero no lo suficientemente rápido.

Lo segundo es el déficit democrático en muchos de estos países. En Chile, se escucha la opinión de que la Constitución impuesta por Pinochet no es una constitución totalmente democrática y ahora intentan cambiarla. En Ecuador, existía la preocupación de que en los últimos años de Correa se habían debilitado algunas instituciones democráticas, incluida la prensa libre. Y en Bolivia, la pregunta era si (Evo Morales) intentaba ser elegido para un cuarto mandato. Cada uno era una señal de la fragilidad de la democracia.

Argentina está implementando un nuevo plan económico bajo el gobierno de Alberto Fernández y una pregunta clave es cómo manejará la deuda. ¿Qué espera?

Espero que manejen todo el proceso mejor que de lo que lo hizo casi cualquier otro país.

Creo que tienen una comprensión probablemente insuperable de la macroeconomía y la deuda. El ministro de Economía es un excelente economista que ha hecho su carrera estudiando deuda, macroeconomía y reestructuraciones de deuda.

Usted lo conoce muy bien, pero ¿espera por ejemplo una quita de la deuda?

El término quita... Hay muchas palabras diferentes: reperfilar, reestructurar... Creo que la mayoría de las personas que han visto los números dicen que hay que hacer algo. No creo que nadie diga: podemos continuar así. Los números son muy claros en que no tienen los dólares para pagar lo que se debe. Es aritmética.

Ahora, la pregunta es qué habrá que hacer. Y eso puede tomar muchas formas diferentes y será parte de las negociaciones.

Una de las cosas que quedó clara en las crisis anteriores en general, no solo en Argentina, es que a menudo los acreedores imponen tasas de interés excesivamente altas. El Club de París a menudo impone una tasa de interés del 9% mientras se renegocian las cosas. Con tasas de interés del 9%, tu deuda se duplica cada ocho años. Y hay toda una teoría que explica que si cobras altas tasas de interés, terminarás con una alta probabilidad de incumplimiento. Pero si cobras tasas de interés bajas, tienes una baja probabilidad de incumplimiento.

¿Entonces espera que la negociación sea más sobre la tasa de interés que sobre las fechas de vencimiento o el capital de la deuda?

Saben que la historia de las reestructuraciones de deuda ha sido "demasiado poco, muy tarde". La historia de las reestructuraciones de deudas tiene una fracción muy grande, alrededor del 50 por ciento, que termina con una crisis en cinco años. No quieren meterse en eso. Entonces quieren resolverlo. No es una solución temporal, sino una solución real. Y eso requerirá alguna forma de reescribir el contrato para hacerlo sostenible.

Hay muchas formas de hacerlo. Pero esperaría que trabajen muy duro para asegurarse de que sea sostenible.

¿Atacando los tres frentes a la vez: los vencimientos, los intereses y el capital de la deuda?

Así es. Y si haces lo suficiente sobre la tasa de interés, que es lo que creo que deberían hacer, entonces no tienes que hacer el capital. Si tienes suficiente flexibilidad en dos de ellos, no tendrás que hacer el tercero.

¿Y qué pasa si no hay acuerdo con los tenedores de bonos?

Sabemos lo que pasa. Es una definición, se llama default. Pero técnicamente, no estás en default hasta que los acreedores declaran que lo estás. Entonces, estás en ese limbo donde no estás pagando —no pueden hacerlo— pero no estás en incumplimiento hasta que te declaren en incumplimiento.

Es de interés para todos evitar un default. Y por eso Argentina está trabajando, como han dicho, muy duro para evitar un incumplimiento. Y también debería ser de interés para los acreedores. Quiero decir, si un default le cuesta a Argentina, y eso frena el crecimiento, significará que los acreedores tendrán menos de retorno. ¿Por qué los acreedores harían algo tan contraproducente?

Argentina cayó en default hace algunos años y ahora está diciendo nuevamente que no tiene dinero para pagar la deuda. ¿Esto no tendría también consecuencias para el país en términos de credibilidad, de acceso a los mercados en el futuro?

Macri apostó la casa y los mercados de capitales quedaron ciegos. Cada préstamo tiene un prestatario y un prestamista. Y los prestamistas fueron tontos al prestar esa cantidad de dinero. Apostaron de la misma manera que Macri apostaba a que iba a haber una avalancha de inversión extranjera en Argentina que de repente conduciría al crecimiento económico, que le permitiría a Argentina pagar la deuda. No había evidencia, todos seguían ciegamente los discursos de Macri.

Los mercados de capitales no hicieron su trabajo. La función del mercado de deuda es fijar el precio del riesgo y emitir juicios. No deberían haber prestado tanto dinero. Entonces, mi crítica es a los mercados de capitales, no hicieron préstamos prudentes. Y en retrospectiva, ¿fue culpa de Argentina? Yo culpo a los mercados de capitales; no culpo a Argentina.

¿Ha hablado de estos temas con Guzmán desde que asumió como ministro?

Sí.

En otro de sus libros recientes usted argumenta en contra del uso del PIB para evaluar el progreso económico y social. ¿Por qué?

Porque deja de lado muchas cosas importantes. Creo que citamos en el libro la famosa frase de Robert Kennedy: El PIB "lo mide todo… excepto lo que hace que la vida valga la pena".

No habla de desigualdad. El PIB puede subir, pero todo el dinero puede ir a Jeff Bezos, y la mayoría de los estadounidenses pueden estar muriendo porque no tienen acceso adecuado a la atención médica o la comida.

El PIB es bueno, pero no refleja lo que experimentan los estadounidenses comunes o en cualquier país, no refleja la inseguridad, que es una parte tan importante del bienestar. Más aún, hoy nos preocupa la sostenibilidad: el PIB no mide si el crecimiento es sostenible.

En el período previo a la crisis de 2008, el PIB no era bueno ni malo, pero no reflejó el hecho de que el crecimiento se construyó sobre una montaña de deuda y no fue sostenible.

¿Entonces debemos olvidarnos del PIB? ¿Hay una alternativa?

Lo que quieres es un tablero de instrumentos. Si conduces un automóvil, quieres saber cuán rápido vas, pero también cuánto gas tienes en el tanque. Nadie diría que necesitas apenas un número. Necesitas al menos dos números.

Entonces, si estás manejando una economía, quieres saber el PIB como un número, pero también cómo se comparte, si estás agotando el motor o si tienes sostenibilidad… Quieres diferentes medidas para reflejar diferentes aspectos.

No creo que debas agregar la salud al PIB, pero la salud es muy importante. El hecho de que el PIB de EE.UU. aumente pero la esperanza de vida disminuya dice algo que no se obtiene de los números del PIB y que no obtendrías si sumaras dos números.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombiana entre el 30 de enero y el 2 de febrero de 2020.

27Jul/190

EL CAPITAL FINANCIERO Y LAS POTENCIAS EMERGENTES

Publicado por admin

JORGE MOLINERO (*)

(*) Lic. en Sociología y Lic. en Economía Política.

Ex profesor de Historia Económica (FCE–UBA)

Resumen

Este trabajo hace una interpretación del derrotero del capital a partir del ascenso de la fracción financiera a la hegemonía del capitalismo. Se sobrevuelan los principales períodos y se enfatiza en algunos puntos no exentos de polémica:

# De la crisis de 1929/33 se salió definitivamente por la Segunda Guerra y no sólo por el New Deal.

# Los llamados ¨treinta gloriosos¨ años en la Europa de posguerra fueron un período excepcional y no repetible, dado que no existen las causas que lo hicieron posible: la magnitud de la destrucción previa y la amenaza de avance del comunismo.

# El capital financiero utiliza de la baratura de los bienes industriales asiáticos como ariete en la lucha por el disciplinamiento de los trabajadores en los países desarrollados.

# La industrialización china ha ido más allá de la visión original del capitalismo central y su emergencia como potencia está llamada - junto a otros emergentes asiáticos - a cambiar al largo plazo el centro del desarrollo capitalista y las relaciones internacionales de dominación.

Palabras clave: Capital financiero; New Deal; Segunda Guerra Mundial; Economía keynesiana; Neoliberalismo; Estados Unidos y China

Abstract

This work makes an interpretation of the course of capital from the rise of the financial fraction to the hegemony of capitalism. The main periods are overflew and it is emphasized in some points not exempt from controversy:
# The crisis of 1929/33 was definitively left by World War II and not only by the New Deal.
# The so-called "glorious thirteen" years in post-war Europe were an exceptional period and not repeatable, because that there are no longer present the causes that made it possible: the magnitude of the previous destruction and the threat of advancement of communism.
# Financial capital uses the cheapness of Asian industrial goods as battering ram in the struggle for the disciplining of workers in developed countries.
# Chinese industrialization has gone beyond the original vision of central capitalism and its emergence as a power is called - along with other emerging Asians - to change in the long term the center of capitalist development and international relations of domination.

Key words: Financial capital; New Deal; World War II, Keynesian economy; Neoliberalism; USA and China.

1.- Las etapas del capitalismo:

Desde sus orígenes en la Inglaterra del Siglo XVIII el capitalismo industrial revolucionó permanentemente las fuerzas productivas, disolviendo la sociedad feudal y conquistando las formas previas de producción, primero a nivel europeo y progresivamente a nivel mundial. Su propia naturaleza lo lleva a burbujas especulativas que generan superproducciones periódicas que terminan en crisis. Éstas se resuelven con quiebras de las unidades de producción menos productivas, la desocupación y sufrimiento de millones, y la concentración de la riqueza en el sector más productivo para iniciar un nuevo ciclo de crecimiento.

Este proceso de concentración del capital fue previsto por Karl Marx (1) como paso necesario e inevitable en el desarrollo capitalista. Marx sólo llegó a vislumbrar esta concentración que se aceleró en los Estados Unidos a partir de 1880 con el desarrollo de los grandes bancos y las compañías por acciones que cotizan en bolsa. Esta nueva etapa de los grandes monopolios (ferrocarriles, acero, petróleo, etc.) y su unión con el capital bancario dio origen - indisolublemente ligado al desarrollo del imperialismo a nivel mundial - a la etapa de dominio del capital financiero sobre las otras expresiones del capital. Esta nueva etapa fue estudiada por Hilferding en 1910 y Bujarin en 1915. Sus conceptos fundamentales fueron ampliados y popularizados por Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo” en 1916.

El capital financiero, entendido como la unión entre el capital bancario, el mercado de capitales (bolsas), y las demás expresiones financieras con la gran industria, fue dominando a las demás expresiones del capital acercándose al siglo XX. Esa dominación se acrecentó en los años de la primera posguerra, la primera etapa del dominio del capital financiero, para sufrir un serio embate con las reacciones sociales y políticas al estallido de la mayor crisis del capitalismo hasta la fecha, que comenzó en 1929.

2.- La Gran Depresión y el pensamiento keynesiano

El fin de la Primera Guerra Mundial inicia el cambio de liderazgo entre las potencias imperialistas, con el desplazamiento de Gran Bretaña por los Estados Unidos, que se terminaría de concretar al final de la Segunda Guerra, un nada común cambio pacífico por la relación especial entre madre patria y sus descendientes transatlánticos. En 1929 estalla la burbuja financiera en la bolsa de Nueva York arrastrando en su caída al mundo entero por la dimensión colosal que había adquirido la especulación y la cuantía inmensa de bienes acumulados sin demanda solvente. La primera reacción de los gobernantes en aquel momento agravó la crisis: se redujo el gasto público, se restringió el crédito y se buscó “sanear rápido” la parte ¨podrida¨ para volver a crecer, pero la magnitud de la ¨enfermedad¨ y lo equivocado del remedio no hicieron sino acelerar la caída.

La caída del PBI en dólares corrientes fue mucho más significativa que la caída en dólares constantes. Si el volumen de la producción y las transacciones reales (en dólares de 2005) cayeron un 32,5 % entre 1929 y 1933, la caída brutal de los precios hizo que la caída nominal del producto bruto fuese del 66,4%. La desocupación llegó al 25 % de la fuerza laboral.

En forma independiente del pensamiento de Keynes, el recién electo presidente Franklin Roosevelt inicia en 1934 una política de activación del gasto público para balancear la ausencia de demanda efectiva que la crisis había producido. Lo que Keynes empezó a desarrollar como la teoría de “cebar la bomba” de la lánguida economía privada con gasto público deficitario, el New Deal americano lo fue haciendo en forma intuitiva, y la economía se recuperó. Se impusieron serias limitaciones al accionar bancario y financiero para evitar descontroladas especulaciones -recorte del poder de la burguesía financiera - y se crearon entes estatales para el manejo y control de innumerables actividades económicas. Entre otras políticas fue permitido y hasta alentado el aumento de la sindicalización, hasta entonces duramente combatida.

Sin embargo, asustados por los niveles del déficit de aquellos años, en la segunda parte de 1937 el gobierno americano levantó el pié del acelerador de los gastos esperando que el ¨agua cebada¨ previamente fluyera por el impulso de la actividad privada, lo que volvió a sumergir a EEUU en una recesión en 1938, aunque de menor magnitud.

Estas políticas - que luego de la Segunda Guerra se generalizarían y ampliarían en Europa Occidental y Japón - hicieron pensar a Duménil y Lévy (2) que el desarrollo de la burocracia gerencial de altos salarios (tanto en el sector público como privado) estaría marcando el inicio de la disputa a los capitalistas de su centro de poder y decisión, preanunciando un nuevo modo de producción.

3.- La Segunda Guerra Mundial

Lo que realmente terminó por sacar de la atonía al sistema económico de los países centrales fue el gasto público más efectivo inventado en toda la historia: la carrera armamentista, cuyo cambio tecnológico acelerado garantiza su rápida obsolescencia.

Estamos acostumbrados a considerar las guerras como fenómenos meteorológicos (antes de la guerra, después de la guerra, como si dijésemos antes del terremoto, o después del tsunami). No vamos a desarrollar aquí las causas profundas de cada guerra, ni caer en la simplificación de que Hitler era la encarnación del “Imperio del Mal” y los “buenos” tuvieron que dar la lucha por la democracia, la libertad y el bien de la Europa sojuzgada. Esas verdades parciales no hacen sino ocultar y caricaturizar procesos sumamente complejos en cuya base están la disputa de áreas de influencia económica entre las potencias imperialistas y el intento de hacer desaparecer el peligro creciente que para esas potencias era la Unión Soviética.

La Segunda Guerra fue una masacre increíble, con más de 50 millones de muertos. Una destrucción de vidas y bienes materiales que sumada a la Primera Guerra son de una magnitud igual a la suma de siglos y siglos de guerras anteriores. Este fenómeno fue reducido al poco tiempo al análisis moral del bien y el mal, la historia de las batallas, y el filón para infinitos filmes de Hollywood.

Ambos conflictos bélicos fueron grandes crisis políticas y sociales con su origen en los choques del desarrollo económico capitalista de nuevas y viejas potencias que envolvieron al mundo desarrollado. A su vez la segunda guerra permitió la resolución de la crisis de sobreproducción y burbuja financiera de la década anterior, con una destrucción extraordinaria de bienes y personas en Europa y un crecimiento extraordinario de la producción industrial en los Estados Unidos. La superación de la crisis económica de los treinta encontró su salida en la irracionalidad de destrucción varias veces superior a su propia magnitud original.

Hay que tener en cuenta estas enseñanzas de la historia, para entender que si una crisis futura es de una dimensión no resoluble por los medios habituales, el sistema capitalista generará las condiciones (o contradicciones) necesarias para que se encuentre una resolución aunque vuelva a ser de la magnitud bélica de la Segunda Guerra. Antes de que se produjeran, nadie de aquella época preveía los millones de muertos y destrucciones que provocaron las dos guerras mundiales, libradas entre los países más cultos y avanzados del planeta. A pesar del temor de la mutua destrucción nuclear, no se puede garantizar que no se repitan guerras y/o genocidios de distinto tipo pero de gran magnitud de destrucción ahora que en las clases dirigentes no existe el temor que una conflagración internacional produzca un período de revoluciones sociales que cambie el sistema económico vigente. O al menos así lo creen.

5.- La postguerra europea

La resolución de la guerra fue la derrota de Alemania e Italia en Europa y de Japón en Asia, y la destrucción o agotamiento de las economías de los aliados europeos, con un ganador principal que fueron los Estados Unidos, que sólo cargó sobre sus hombros 250.000 muertos, además de su propio territorio intacto.

Las guerras traen efectos impensados o no calculables, y uno de ellos fue la ampliación del campo socialista con el avance de los ejércitos soviéticos hasta el corazón de Alemania.

Con los países capitalistas de Europa en ruinas y todo el poder militar, industrial y financiero en manos americanas, la forma de retomar la actividad productiva se inició con el Plan Marshall, que logró tres objetivos: ayudaba a la reconversión de industria de guerra en industria civil en los Estados Unidos, reactivaba a los países capitalistas destruidos y alejaban el fantasma del comunismo de Europa Occidental. Los partidos comunistas habían obtenido un fuerte respaldo obrero y popular por la defensa de los intereses de su clase y por su decidida oposición al fascismo y a la invasión alemana. Los acuerdos de Yalta y Potsdam habían dejado para la Unión Soviética un área de influencia que abarcaba a los países de Europa Oriental y hasta la mitad de Alemania, con excepción de Berlín que se repartía entre las cuatro potencias ganadoras.

En 1944, poco antes de la finalización de la guerra, se reúnen en Bretton Woods los líderes económicos de las potencias que serían vencedoras y se diseña el mundo que vendrá. Las propuestas específicas de Keynes, representando a Gran Bretaña, fueron dejadas de lado y EEUU impuso su propio punto de vista, en especial el patrón cambio oro: todas las monedas usarían dólares como reservas y Estados Unidos garantizaba el respaldo oro de sus dólares con sus inmensas reservas de Fort Knox, a razón de 35 dólares la onza troy. Sin embargo las políticas keynesianas de activación de la demanda efectiva fueron la base de la recuperación europea. El plan Marshall de 1948 fue un ejemplo claro de keynesianismo en acción.

La magnitud de la recuperación y expansión europea fue proporcional a la magnitud de la destrucción previa. A la oportunidad económica de rehacer la tasa de ganancia con la reconstrucción por delante se unió la imperiosa necesidad política y militar de evitar que las clases trabajadoras y los pueblos europeos desbordaran sus luchas políticas y sociales más allá de las reivindicaciones reformistas y terminen llevando a Europa Occidental al socialismo.

En ese triple juego militar, económico y político, se combinaron el despliegue de bases militares americanas (3), el crédito fácil para poner a andar nuevamente el aparato productivo y la concesión de reales beneficios a las masas trabajadoras. Se generalizó la jornada de 8 horas, aguinaldo y vacaciones pagas, obras sociales y atención médica gratuita, jubilaciones, acceso a la educación y al crédito para vivienda. El Estado cumplió las funciones del capital privado en servicios públicos, infraestructura, electricidad, petróleo y muchas otras áreas, incluidas la bancaria y financiera. Ello fue posible a medida que la reconstrucción progresaba y se volvían a desplegar las habilidades y conocimientos de sus trabajadores manuales e intelectuales, unido a los préstamos americanos y masivas inversiones de capital de ese origen en las industrias más expansivas.

Este crecimiento se dio, no sin contradicciones, de manera generalizada hasta mediado de los años setenta. Fue el período conocido en los países centrales como la ¨economía de bienestar¨, y ahora que ese período quedó atrás se lo recuerda como ¨los gloriosos treinta¨ o ¨la era dorada del capitalismo¨, un período de excepción por las razones que lo posibilitaron y quedará por muchos años grabado en las mentes como la arcadia perdida.

6.- El abandono del patrón-cambio-oro

El crecimiento de las economías de Europa fue, ante la magnitud de su destrucción previa, más acelerada que el crecimiento americano. En algún momento el patrón cambio oro que había reinado desde 1944 comenzó a ponerse en entredicho cuando algunos países, como la Francia de Charles de Gaulle, comenzaron a pedir al tesoro americano el oro de respaldo que se atesoraba en Fort Knox a cambio de sus dólares.

La inconvertibilidad del dólar en oro se produce en 1971, bajo la presidencia de Nixon, y desde ese momento el respaldo del dólar no es más el oro sino el poderío de Estados Unidos. Si el sistema monetario no se desmoronó ante la inconvertibilidad fue porque los Estados Unidos eran en aquellos momentos la potencia dominante en lo económico, financiero y militar, en una dimensión abrumadora, con un PIB de alrededor del 45 % del total mundial.

Una de las consecuencias de la imposición del dólar como patrón monetario sin respaldo en el oro, es el surgimiento de la banca de los eurodólares, que se desarrolló en Londres y que se vio muy alentada por el reciclamiento de los dólares que fluían de los países de la OPEP tras las subas del petróleo de 1973 y 1978. En esos momentos se dan las condiciones para que el capital financiero vuelva por sus fueros, tras los años de muy serias punciones al capital ficticio durante la crisis de 1929-1933, y la desaparición de capital físico por destrucción durante la Segunda Guerra Mundial, que afectó seriamente a las entidades financieras europeas y japonesas.

Petróleo más caro, inconvertibilidad del dólar y activismo sindical en Occidente no eran las mejores perspectivas para la acumulación del capital.

Esta libertad de utilizar el señoreaje de su moneda por su condición de reserva internacional le permitió a los Estados Unidos financiar parte importante de su expansión productiva internacional. Con los años, la principal economía productora del mundo se fue transformando en una economía dependiente del fácil crédito externo y el endeudamiento creciente.

A partir de la inconvertibilidad y el empapelamiento mundial que ello permitía, los Estados Unidos, que habían emergido de la Segunda Guerra como fuertemente superavitarios en su comercio exterior, comenzaron a tener déficits comerciales crecientes a partir de los ochenta (en 2017 alcanzaba los u$s 566.000 millones) y déficits fiscales. Esos déficits son financiados por ingresos de capitales del resto del mundo que ven en el dólar la moneda de reserva por excelencia. Su deuda pública total es de la magnitud de su producto bruto interno.

7.- El retorno de los (neo) liberales

En la década de los setenta era evidente que los beneficios que obtenían los trabajadores con su combatividad sindical y política excedían los incrementos de productividad y por lo tanto estaban llevando lentamente hacia atrás a la tasa de ganancia, al tiempo que la misma puja redistributiva había acelerado el proceso inflacionario y deterioraba el rendimiento real del capital financiero.

Al mismo tiempo las clases dominantes fueron percibiendo que ni los partidos comunistas ni sus sindicatos evolucionarían hacia posiciones revolucionarias que quebrasen la vía capitalista de desarrollo en Europa.

La alta inflación de los años setenta, fruto combinado de la suba del petróleo y de la puja distributiva entre el capital y el trabajo, fue derivando en una reducción del ritmo de crecimiento, período conocido como ¨stagflation¨, estancamiento con inflación, campana de largada para el cambio conservador.

Los cambios en la política económica comenzaron con el ascenso de Margaret Thatcher en Inglaterra en 1979 y Ronald Reagan en Estados Unidos en 1980. Ello fue posible por cambios en las condiciones objetivas que el redespliegue del capital financiero internacional aprovechó junto a la nueva etapa de desarrollo tecnológico y las circunstancias políticas. El sustrato material para la globalización del capital financiero está dado por la revolución en los transportes marítimos (super portacontenedores), las comunicaciones electrónicas y la informática. Los cambios políticos se derivan del agotamiento de las recetas keynesianas. A nivel ideológico el lugar central lo ocuparon los economistas neoliberales como Friedrich von Hayek y Milton Friedman con sus ideas de la apertura comercial, desregulación financiera y reducción de la presencia del Estado en la economía. La necesidad del capital financiero encontró su justificación ideológica en las viejas ideas del liberalismo a ultranza, remozadas bajo el nombre de neoliberalismo.

Esos cambios viabilizan la etapa del retorno de la hegemonía financiera acompañada por la relocalización de la producción, fraccionada por especializaciones en distintos países. Se consolidó una compleja trama de cadenas oligopólicas de valor con centro en Estados Unidos y en menor medida Europa y Japón, y apéndices en la periferia, principalmente Asia. La mayor tasa de ganancias en el centro proviene de no incrementar salarios reales en proporción al aumento de su productividad (de hecho, salarios reales casi estancados), pero ello no necesariamente se traduce en mayores inversiones industriales en esos países. Partes importantes son recicladas a otras actividades financieras o se exportan en busca de oportunidades de producción con mano de obra más barata. La parte “reinvertida” en “innovaciones financieras” alimenta las permanentes burbujas de capital ficticio que cada tanto son puncionadas por su desproporción, al costo de renovadas crisis y sufrimiento para millones.

8.- Cambio en la estructura social

Los obreros industriales, que llegaron a ser alrededor del 40 % de la población económicamente activa en algunos países centrales, hoy forman entre el 8 % al 12 % y en franco retroceso. Parcialmente es función del aumento de la productividad industrial, pero más importante es el proceso de transferencia de las actividades industriales maduras (y cada vez más las avanzadas) hacia los países asiáticos.

La cantidad de obreros industriales se reduce en los países centrales al tiempo que las sociedades son cada vez más asalariadas, cada vez hay menos pequeños capitalistas o cuenta propia. Lo que determina la posición política de los distintos tipos de trabajadores es su posición relativa frente al resto de los asalariados, por tipo de trabajo que realizan, nivel de remuneración y colectivo del que participan.

En los países centrales se reducen los trabajadores manuales y en especial los obreros industriales, cuya característica principal era formar partes de amplios colectivos (la gran fábrica) que permitía el desarrollo del sindicalismo y la conciencia de clase. Como contrapartida crece la participación de los trabajadores de servicios (tanto manuales - blue collar, como empleados no manuales - white collar). Las grandes concentraciones se dan en este último sector, con los empleados públicos, de la salud, de la educación y de las fuerzas de seguridad. El resto de los sectores asalariados se ocupa en tareas de servicios comerciales y otros en donde hacen estragos las políticas férreamente opuestas a la sindicalización. Ello deriva en bajos sueldos, alta rotación y escaso desarrollo de la conciencia social y política como clase trabajadora. A los trabajadores no industriales les es indiferente que los productos que consumen sean nacionales o asiáticos lo que los pone objetivamente en la vereda de enfrente a las demandas de estabilidad laboral y aumento salarial de la industria. Grandes segmentos de los trabajadores asalariados se identifican como “clase media” y sus modelos y aspiraciones son la burguesía que los explota. Por debajo de los trabajadores formales se extiende una creciente capa de subproletariado informal, formado en gran medida por inmigrantes de países en crisis, los olvidados del sistema. Los obreros industriales del centro – con salarios más elevados que la mayoría de los trabajadores manuales – tienen conciencia de participar de los beneficios imperiales en contraposición a los obreros de la periferia, como lo puntualiza Samir Amin en su obra póstuma. La ruptura de la solidaridad de clase a nivel internacional y la heterogeneidad de la estructura social es totalmente funcional a los planes del capital financiero.

9.- La implosión del sistema socialista.

Estas tendencias neoliberales se hallaban firmemente implantadas en Occidente cuando se produce la implosión de los países socialistas. En 1985 el nuevo secretario general del PCUS, Mihail Gorbachev, intenta reformar el sistema socialista que estaba próximo a la parálisis económica, fruto de sus contradicciones internas y la presión que sobre su presupuesto militar tenía la carrera armamentista con los Estados Unidos.

El análisis detallado de las causas de la implosión del socialismo fue analizado en otro trabajo (4). Podemos sintetizar el problema indicando que la reducción del ritmo de crecimiento primero y el estancamiento después ya estaban generalizados en la mayoría de los países socialistas de Europa. A ello se sumaba el descreimiento político de los ciudadanos de esos países en la posibilidad de que el sistema socialista resuelva sus carencias económicas o permita la expresión de sus opiniones políticas, lo que retroalimentaba un círculo vicioso de baja productividad y poco esfuerzo laboral de la población. La alternativa elegida por Gorbachev (la Perestroika o reestructuración y la Gladnost o transparencia) fueron cambios superestructurales realizados desde el voluntarismo y llevaron al fracaso más absoluto con la desestructuración de un esquema que se había estancado pero aún funcionaba. El sistema centralizado fue suplantado por la improvisación y la eliminación de las reglas económicas previas sin la fijación de las nuevas. El resultado fue el caos económico, que se agravó fuertemente con el advenimiento de Yeltsin y la disolución de la URSS. Cuando en Alemania del Este toman conciencia que la Unión Soviética no reprimiría, cae el muro de Berlín y todo lo que era sólido se disuelve en el aire, al decir de Marx imaginando situaciones totalmente diferentes.

En dos años más la mismísima Unión Soviética se disuelve, se abandona el socialismo y viejas nacionalidades anteriores a la dominación de los zares se independizan de Rusia. El capitalismo en su versión más salvaje y de acumulación primitiva por saqueo y pillaje toma el control de Rusia que continúa en caída libre hasta casi el año 2000 en que comienza su recuperación por la firme conducción política de Vladimir Putin.

La caída de la Unión Soviética terminó con los pocos temores de las clases dirigentes de Occidente de un giro radical de la situación social en sus países, lo que les permitió acelerar la aplicación de las recetas neoliberales sin límites.

El otro gigante socialista de Oriente, China, había comenzado previamente su marcha hacia el desarrollo capitalista en 1978 con el ascenso de Deng Tsiao ping. Se dio la paradoja de un estado formalmente socialista poniendo todo su peso y esfuerzo en desarrollar y promocionar el surgimiento de una burguesía nacional, y mirada con la perspectiva de cuarenta años, esa promoción fue desde el punto de vista económico muy exitosa, aún con las crecientes desigualdades sociales que se produjeron en los primeros treinta años. Muy pocos países quedaron en un sistema socialista de generalizada propiedad estatal, como Cuba y Corea del Norte. En los hechos, el campo socialista desapareció.

10.- La emergencia del capitalismo asiático.

Para que la apertura financiera y comercial tuviera la posibilidad de frenar la combatividad sindical y recomponer la rentabilidad del capital industrial y financiero era necesario que hubiese nuevos países industriales que bombardearan los salarios altos de los países desarrollados con mercancías baratas en una dimensión muy superior a la conocida hasta entonces. Ese proceso ya estaba en marcha y provenía del lejano Oriente, proceso que cambiará radicalmente el curso de la historia del desarrollo económico mundial y el balance de poder en los años por venir.

Asia es un continente de muy larga historia. Para la fecha del descubrimiento de América por los europeos el país más poderoso de la Tierra era China. Mientras el capitalismo industrial despegó en Europa a mediados del siglo XVIII, todo el continente asiático fue quedando relegado. A fines del siglo XIX despega Japón, transformándose en una potencia regional. Tras la Segunda Guerra Mundial en la que fuera derrotado retoma su impulso y llega a ser la segunda potencia industrial. Luego le siguen en los sesenta Corea del Sur, Hong Kong, Taiwán, Singapur y Malasia, para a fines de los setenta sumarse la República Popular China y en los noventa la India y otros países. La característica de todos ellos es la abundancia de mano de obra barata, de origen campesino. El cambio en China se inicia durante la etapa final del gobierno de Mao Tse tung, en 1972, con las negociaciones que siguen a la llamada “diplomacia del ping-pong” entre el líder chino y Henry Kissinger, dejando entrever la apertura del mercado americano como recompensa por el creciente antisovietismo chino. A tres años de la muerte de Mao, en 1978 toma el control del Partido Comunista y el Estado Deng Tsiao ping y pone en marcha un programa de modernización consistente en utilizar la baratura de la mano de obra para industrializar el país. Al inicio con exportaciones baratas de confecciones, textiles y calzados, para ir complejizándose después, dejando en forma progresiva que sea la burguesía industrial naciente la que lleve a cabo esa tarea. Por detrás se mantenía el control del Estado, tanto en las políticas y ramas a desarrollar como en la infraestructura, industrias básicas y en especial la actividad financiera y bancaria. La mezcla de iniciativa privada, con planificación de las áreas a desarrollar y control estatal tuvieron los exitosos resultados que similares políticas habían tenido antes en Japón y Corea, y hoy China es una potencia de peso. Su vertiginoso desarrollo de los últimos cuarenta años la elevaron a la posición de primera economía medida en paridad de poder de compra y segunda medida en dólares corrientes.

El cálculo en dólares corrientes le da a EEUU el 24,8 % del Producto Mundial, y a China el 15,0 % en 2017.

Por su tamaño su propio desarrollo colisiona con los intereses de los Estados Unidos, lo que hoy se manifiesta como una guerra comercial (acero, aluminio, celulares, microchips, etc.) y por el acceso a patentes de desarrollos de punta, en especial los que puedan tener aplicación en el área militar (en especial lo que se desarrolla en informática y comunicaciones).

China trata de evitar la encerrona a que se vio sometido Japón en los años treinta e inicios de los cuarenta, cuando EEUU le fue bloqueando su acceso a las fuentes de petróleo regionales, que derivó en el ataque a Pearl Harbor en 1941.

Para ello ha ideado planes de expansión geográfica de su economía mediante el plan Nueva Ruta de la Seda, un mega proyecto de infraestructuras portuarias, carreteras, vías férreas y centros de distribución involucrando a 64 países de Asia, Medio Oriente, Europa y África. El plan incluye la integración financiera con la expansión de acuerdos de swaps de monedas sin utilización del dólar, que será reforzado con la internacionalización del Yuan en 2020 (un anticipo es el mercado de petroyuanes). Ello implica una mayor alianza con Rusia y otros países del área como Irán, sus principales suministradores de petróleo.

Hace pocos años ha lanzado el plan Made in China 2025, donde se han propuesto ocupar el segmento más sofisticado de la cadena global de valor industrial, achicando las todavía importantes diferencias de productividad y dominio científico y tecnológico con Occidente, en especial con EEUU. El objetivo, en los segmentos críticos es lograr una integración nacional del 40 % para 2020 y del 70 % para 2025. Han elegido diez sectores para fomentar: 1) Nueva tecnología avanzada de información, 2) Máquinas herramientas automatizadas y robótica, 3) Espacio y equipo aeronáutico, 4) Equipamiento marítimo y barcos de alta tecnología, 5) Equipos modernos de transporte ferroviario, 6) Vehículos y equipamiento con nuevas formas de energía (auto eléctrico entre ellos), 7) Equipos de Energía, 8) Equipamiento agrícola, 9) Nuevos materiales, y 10) Biofarma y productos médicos avanzados. La mayoría de estos sectores involucran aspectos militares críticos. Para ello el Estado proveerá un marco adecuado de ayudas financieras y fiscales y la creación de 15 centros de innovación para 2020 que llegarán a 40 para 2025. Al mismo tiempo se están reforzando los derechos de propiedad intelectual para garantizar a las empresas el beneficio de los avances en los campos en que son asistidos.

Para que estos avances no se vean bloqueados por la potencia hegemónica China está desarrollando un acelerado sistema de defensa militar, y al momento actual es el segundo gasto militar del planeta, detrás de EEUU (5).

La importancia de estos desarrollos en Asia es la magnitud de los nuevos actores. Así como Japón y Corea involucran a 100 y 40 millones de personas, China e India involucran a 1400 y 1366 millones, sumando entre ambas el 36 % de la población mundial (7650 millones).

El producto bruto mundial estaba concentrado mayoritariamente en un puñado de países desarrollados a inicios del milenio (56,8 %), cifra que suma apenas el 40,8 % en el estimado para 2018 del FMI. Dentro de los países emergentes el mayor crecimiento lo tuvieron los asiáticos, que pasan del 16,7 % en 2000 al 33,2 % en la actualidad.

El éxito económico asiático, en especial de China, canalizando sus exportaciones a los principales países occidentales, ha sido, como contrapartida, el principal elemento de freno para las demandas de las clases trabajadoras en estos países y abaratamiento de los bienes de consumo en Occidente. La importación y la migración de industrias de Occidente a los países asiáticos ha tenido un efecto devastador sobre la capacidad reivindicativa de sus trabajadores, mientras su ocupación se va reduciendo a los sectores protegidos por diferencias tecnológicas, barreras de costos de transporte, logística, acuerdos o imagen comercial. Este retroceso en la cantidad de asalariados industriales en los países desarrollados no derivó en el giro a la izquierda de sus expresiones políticas, y en el caso de Europa se vio la caída de votos hasta la casi extinción de los partidos comunistas y la aceptación de las recetas neoliberales con algunos reparos (cada vez menores) por los partidos socialistas. En todo el centro se ha visto el crecimiento de las expresiones políticas nacionalistas y racistas opuestas a la inmigración de trabajadores manuales, la contracara reprimida de la “libre movilidad del capital” de la globalización. Es una reacción apoyada en no despreciable medida por trabajadores que otrora respondían a los partidos comunistas y socialistas en Europa, o al Partido Demócrata en Estados Unidos.

11.- La última gran crisis capitalista

La desregulación de las actividades financieras se aceleró en los ochenta con la multiplicación de capital ficticio, en especial toda la especulación con derivados. Mientras los hogares de la mayoría de los trabajadores en Estados Unidos veían estancados sus ingresos reales a pesar del incremento de la productividad y el producto bruto, casi todo ese crecimiento se acumulaba en los sectores más elevados de la sociedad, tema que ha sido analizado por varios economistas, destacándose el importante aporte estadístico de Piketty (6).

Varias crisis se produjeron desde la desregulación financiera pero la que se abatió sobre el mundo en 2008 y 2009 fue la mayor después de la gran depresión de los años treinta del siglo pasado. La especulación desenfrenada con hipotecas sub-prime y su securitización y distribución a nivel planetario estalló en septiembre de 2008 con la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers. Lo demás es conocido. Hubo salvataje masivo de los estados nacionales de las principales potencias a bancos e instituciones en problemas, con lo que lograron que lo que iba a transformarse en otra crisis de los años treinta se fuera larvando en un período más prolongado de bajo crecimiento superada la etapa aguda.

Si se lo observa con perspectiva de largo plazo, el crecimiento mundial del último quinquenio 2013-2017 (sin incluir el estimado de 2018) está en el 3,5 %, un valor no muy alejado del 4,1 % del período 1950-1900, el más elevado de la serie que compiló el economista Angus Maddison. Nótese que ese período fue excepcional, influido por la reconstrucción de la segunda guerra.

Toda crisis tiene su duración y terminación. La de 2008 se prolongó con varios años de bajo crecimiento, importante licuación de capital ficticio que se evaporó al estallar la especulación, y el sufrimiento de millones en pérdidas de viviendas, trabajos o ambos, en el centro y en la periferia. No era una crisis terminal. Ninguna lo es si no actúa el sujeto social que lo pueda resolver. A diez años de esa crisis nuevas especulaciones y el mismo descontrol están alimentando un futuro estallido, en una cadencia repetida.

12.- Perspectivas

El movimiento secular del capital siguió varias etapas. A la preminencia del capitalismo industrial competitivo le siguió, en la etapa de la concentración de las últimas décadas del siglo XIX, en ascenso del capital financiero, con su primera época de oro hasta 1930. La gran recesión que produjo en 1929/1933 puso su hegemonía en entredicho durante un período prolongado entre el New Deal y el acuerdo keynesiano de posguerra. Hoy lo que tenemos es el “capitalismo normal”, ya que lo que hubo en el período intermedio fue una anormalidad fruto del temor del capital financiero de perder todo si no aceptaba un incremento de las regulaciones y controles, primero en EEUU del New Deal y luego en la Europa arrasada por la guerra y el temor del avance del comunismo.

Nunca hubo ni hay un proceso de delegación del poder en otras clases o capas profesionales o burocracias estatales, etapa en la que estaríamos entrando según Duménil y Lévy. Tanto los capitalistas como sus profesionales de elevadísimos salarios son los “agentes” del capital financiero, estén en el sector privado o como representantes del capital en su conjunto en el aparato del Estado.

Sin embargo, este triunfo del capitalismo financiero sobre las otras formas del capital y sobre el campo socialista no ha resultado exactamente como lo habían imaginado. La idea del triunfo total y el “fin de la historia” que propagandeaba Francis Fukuyama se extienden desde 1991 hasta la primera década del presente siglo. De a poco comienzan los resquemores sobre China. Por un lado había cumplido muy bien su rol de cañonear con productos industriales baratos la combatividad de las clases obreras de los países centrales. Pero fue más allá.

La estructura de propiedad de las finanzas, la quinta esencia del dominio del capital en Occidente, en China está en las manos del Estado, bajo la conducción política del Partido Comunista. El marxismo puramente ceremonial de la dirección política china desde 1978 no alcanza a disipar temores en Occidente. En manos del Estado están, además de los bancos y las principales instituciones financieras, los resortes de infraestructura e industrias básicas, la educación, la prensa y aquellos sectores considerados estratégicos para el desarrollo futuro, incluida toda la industria de la defensa. Las empresas capitalistas se desarrollan aceleradamente, incluidos sectores de punta tecnológica como Huawei, el principal fabricante de productos de comunicación del mundo y segunda empresa mundial en teléfonos inteligentes, o empresas de servicios como Alibabá y tantas otras muy conocidas en Occidente. China no abandona el control estatal de áreas estratégicas, al margen de su aceptación formal de las “reformas estructurales” y el avance del “mercado” y sus reglas. Mientras su apertura al capital internacional avanza lentamente, su burguesía consolida su participación en el mercado interno y el internacional.

China utiliza criterios de conducción y gestión capitalistas en estas instituciones, pero con amplia utilización de subsidios y promociones. Siguen la regla que Alice Amdsen describía para Corea en sus años de expansión: “poner los precios deliberadamente mal”, esto es un set de precios de forma tal que las empresas utilicen una combinación de trabajo y bienes de capital diferente al que hubiesen utilizado en función de los precios relativos de los salarios y el capital. Esto es lo que – entre otros ejemplos – hace que China sea el principal país productor de robots, a pesar que su utilización masiva sólo se justifica en países con elevados costos de la mano de obra. China anticipa el nivel salarial del futuro y de esa forma no se concentra sólo en los bienes simples para los que su nivel salarial actual está mejor calificado. Sus salarios reales urbanos se han casi triplicado en el presente siglo.

Esta característica diferenciada del sistema de acumulación en China se debe al rol de la dirección política y el control y propiedad del Estado sobre su centro neurálgico, el capital financiero. Su objetivo es la larga marcha por la igualación tecnológica (catch up) con Estados Unidos, que esperan alcanzar en 2050, si su avance no es retrasado o revertido por bloqueos de distinto tipo o acciones bélicas. Si por un lado aun no ha obtenido ningún premio Nobel en ciencias, es el país que más patentes industriales ha registrado en los últimos años, con un énfasis importante en las nuevas tecnologías de la computación y la comunicación, incluida la inteligencia artificial, tanto para objetivos de desarrollo económico como de control social, seguridad nacional y capacidad militar.

El énfasis en el desarrollo se evidencia en la diferencia en las tasas de inversión sobre el producto. Mientras la relación Inversión / Producto es del orden del 18/21 % en los Estados Unidos, en China es del 44/48 % en la última década (7). Luego de más de treinta años de crecimiento al 10 % anual, tasas de de China ha bajado a un escalón de entre 7 % y 6,6% en los últimos años. No han tenido ningún año de retroceso del producto desde los cambios introducidos por Deng Tsiao ping, como sí los tuvieron durante “el gran salto adelante” y la “revolución cultural” de la época de Mao.

Para Occidente ese escalón de menor crecimiento es otro de los signos del “error” de una política económica que desafía el control del capital financiero privado por su control público. La crítica ideológica oculta el objetivo estratégico de la desregulación total de la cuenta capital que permita el ingreso masivo del capital financiero occidental con sus poderosas instituciones, capaces de redirigir el tipo de desarrollo chino.

En la prensa especializada lo que aparece estar en discusión es la eficiencia de las finanzas privadas vs. las públicas como generadoras de incrementos diferenciales de la productividad laboral (producto/personal ocupado) al largo plazo. Sin embargo en las discusiones no se ha hecho hincapié sobre que la mayor participación del sector financiero en EEUU detrae parte significativa del excedente de las inversiones productivas, factor que - unido a la distribución regresiva del ingreso (estancamiento de los salarios reales para la mayoría de la población) y la mudanza de inversiones al Asia - determina en las últimas décadas una caída de la tasa de incremento de la productividad (8) en Estados Unidos, una perspectiva negativa para su liderazgo a largo plazo.

Es una diferencia fundamental con el desarrollo capitalista del resto de los países asiáticos que China, por su propio peso específico al ser el país más poblado del mundo, implica en su expansión un enfrentamiento con áreas de influencia de las demás potencias, en especial con Estados Unidos. Toda la masa crítica de producción exportada que ayudó a Occidente a controlar a sus trabajadores se vuelve en contra cuando esa capacidad ampliada se vuelca a un desarrollo autónomo con capacidad de disputar supremacías en el futuro. Esos cambios se evidencian en la creciente importancia de la política militar y de defensa de China y la creciente tensión que generan los avances de ésta en el Mar del Sur de China, su área de salida al mundo por vía marítima. El reciente anuncio de Donald Trump de su intención de retirar a Estados Unidos del acuerdo de control de armas nucleares firmado entre Reagan y Gorbachov en 1987 (misiles de alcance intermedio hasta 3.000 kilómetros) se inscribe en esta estrategia de cercar a China (no signatario del acuerdo) y quedar con manos libres para usar esos proyectiles intermedios (que tardan menos de 10 minutos en llegar al blanco) tanto en el Este (China) como desde Europa (contra Rusia), al tiempo que presiona a sus aliados a poner más esfuerzo en sus presupuestos militares.

Es claro que China no se subordina a Estados Unidos como lo tuvieron que hacer las vencidas Alemania, Italia y Japón, ni tampoco como tuvieron que hacerlo sus aliados por el estado en que quedaron tras la contienda. Tras la Segunda Guerra Mundial Japón y Alemania se recuperaron y llegaron a ser las segunda y tercera economías, pero son -al decir de Charles de Gaulle – gigantes económicos y enanos políticos, ya que no tienen la capacidad militar para volver a plantear disputas estratégicas. China sí y las está fortaleciendo a paso redoblado.

No es un enfrentamiento entre dos sistemas diferentes, como lo había sido entre el capitalismo y el socialismo hasta la caída de la Unión Soviética. Es el enfrentamiento entre el imperio hegemónico (EEUU) y sus aliados, contra el surgimiento de una nueva potencia capitalista (China) con características propias, en donde el Estado cumple parte importante del rol de las burguesías de Occidente. Es de hacer notar la creciente alianza defensiva entre China y Rusia -espalda contra espalda - otrora distanciados en la etapa del socialismo. Por un lado los chinos crearon su propia burguesía industrial, y al mismo tiempo asumen como capitalismo de Estado su rol en los sectores estratégicos, en especial el capital financiero bajo su dominio casi absoluto. Una pregunta sin respuesta clara es si esta nueva burguesía china podrá hegemonizar el control del Estado, desplazando a la burocracia política que la hizo crecer y desarrollarse.

Estos son los elementos principales que están por detrás de la guerra comercial sobre acero, aluminio, microchips (decisivos para la seguridad nacional) y otros productos, en donde Donald Trump busca denodadamente frenar el avance de China. La política de Trump de “America First” es el cambio de reglas de juego con aliados y mayor enfrentamiento con China y con Rusia. China pasó de ser un “aliado estratégico” a un “enemigo estratégico”, y para la clase dirigente americana ingresamos en “la Guerra Fría 2.0” según la cruda expresión del vicepresidente americano Mike Pence. Graham Allison caracteriza el enfrentamiento actual como la “Trampa de Tucídides” (cuando una potencia establecida percibe el temor de ser desplazada por una emergente). Aunque el mundo todavía recuerde el cambio pacífico de hegemonía entre Gran Bretaña y Estados Unidos, o el colapso sin guerra de la Unión Soviética, la historia recoge pocas experiencias de este tipo.

El capitalismo financiero, en su etapa neoliberal y con los avances tecnológicos que potencian su accionar, ha logrado un área enorme para su expansión, aquella vía de conquista de los territorios precapitalistas (y ex socialistas añadimos nosotros) que pensaba Rosa Luxemburgo como la única salida a la contradicción de la acumulación del capital y el consumo interno, además del militarismo, aunque sus conclusiones fuesen diferentes (9).

Queda por analizar a que contradicciones adicionales nos llevará la dinámica de la oposición por la hegemonía, la dinámica de la lucha de clases en el centro y la periferia, las luchas por el dominio de las materias primas y las consecuencias sobre el planeta de la creciente polución y sobrecalentamiento que el mismo desarrollo descontrolado produce. Las probables evoluciones de las distintas contradicciones quedan más allá del presente trabajo.

Bibliografía

Allison, Graham (2018). Destined for War. Can America and China Escape Tucydides´s Trap? Mariner Books. Boston-New York.

Amin, Samir (2018). Modern Imperialism, Monopoly Finance Capital, and Marx’s Law of Value. Monthly Review Press. New York.

Bujarin, Nicolás (1971). El imperialismo y la Economía Mundial. Cuadernos de Pasado y Presente. Córdoba, Argentina.

Duménil, Gérard; Lévy, Dominique (2018). Managerial Capitalism - Ownership, Management and the Coming New Mode of Production. Pluto Press. London. UK

Fontana, Josef (2011) Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945. Pasado y Presente. Barcelona.

Galbraith, John Kenneth (2009) The Great Crash 1929. Mariner Books. New York.

Gordon, Robert J. (2016). The rise and fall of American growth. Princenton University Press. New Jersey.

Gorvachov, Mihail (1987). Perestroika. Ediciones B Grupo Z. Barcelona

Hilferding, Rudolf (1963). El Capital Financiero. Editorial Tecnos S.A. Madrid.

Lenin, Vladimir Illich (1916). El Imperialismo, fase superior del capitalismo (1916). Recuperado de: http://www.marx2mao.com/M2M(SP)/Lenin(SP)/IMP16s.html

Luxemburgo, Rosa (1963). La Acumulación del Capital (1912). Editorial Tilcara, Buenos Aires.

Marx, Karl (1965) El Capital. Tomo I. Editorial Cartago. Buenos Aires.

Molinero, Jorge. “La caída del socialismo” (2013). Recuperado de: https://www.dropbox.com/s/0uuz3fmx0o7x39h/2013-07-27-%20La%20ca%C3%ADda%20del%20socialismo.pdf?dl=0.

Molinero, Jorge (2016) A cien años de “El Imperialismo” de Lenin. Recuperado de: http://www.iade.org.ar/system/files/articulos/3molinero.pdf

Molinero, Jorge (2017). Los Pensadores. Rosa Luxemburgo. Recuperado de: http://www.iade.org.ar/noticias/la-vigencia-de-rosa-luxemburgo

Molinero, Jorge (2018). EEUU y China. Poder Económico y Poder Militar. Recuperado de: http://www.iade.org.ar/noticias/eeuu-y-china-poder-economico-y-poder-militar

Piketty, Thomas (2014). Capital in the Twenty-First Century. The Belknap Press of Harvard University Press.

1 El tema es esbozado en los capítulos 23, La ley de la acumulación capitalista y 24, La llamada acumulación originaria, del Tomo 1 de El Capital.

2 “En la misma forma que el capitalismo es el modo de producción cuya clase superior es la clase de los capitalistas, gerencialismo es el nuevo modo de producción cuya clase superior son los gerentes”. (traducción del autor). Managerial Capitalism. Introducción.

3 La política de contención de la Unión Soviética y sus aliados incluyó el despliegue de la armada, con la 6ª Flota en Nápoles (1946) vigilando Atlántico y Mediterráneo, la 7ª Flota en Filipinas (1947) el Pacífico y la 5ª Flota en Barheim (1955) para controlar Medio Oriente. A las bases le siguieron los acuerdos militares como la OTAN (1949) con Europa Occidental, el Tratado del Sudeste Asiático (SEATO, 1954) y el Tratado del Medio Oriente (1955). En nuestro ámbito regional fue el Tratado de Río (1947). Los tratados en el hemisferio norte buscaban cercar la gran masa asiática con bases navales y aéreas, incluyendo varias del ocupado Japón, con centro en Okinawa y la retaguardia en Pearl Harbor (Hawaii). Para 1955 EEUU ya tenía 450 bases en 36 países. La revolución iraní de 1979 significó la pérdida de una posición clave en el estratégico Medio Oriente con sus inmensas reservas de petróleo.

4 Molinero, Jorge. “La caída del socialismo” (2013)

5 Molinero, Jorge (2018). EEUU y China. Poder Económico y Poder Militar.

6 Piketty, Thomas (2014) Capital in the Twenty-First Century.

7 Cifras elaboradas en base a datos de IMF. WEO Octubre 2018

8 Robert J. Gordon identifica claramente la tendencia descendente del crecimiento de la productividad norteamericana, pero aun mencionando los elementos que indicamos nosotros, pone el énfasis en otras razones tecnológicas (lo irrepetible de la difusión de tecnologías que afectan el 90 % de la vida cotidiana).

9 Molinero, Jorge. Los Pensadores. Rosa Luxemburgo (2017).

29May/180

EEUU Y CHINA: PODER ECONÓMICO Y PODER MILITAR

Publicado por admin

 

JORGE MOLINERO

En un reciente artículo sobre las actuales disputas comerciales entre Estados Unidos y China (1) concluíamos que la guerra comercial iniciada por los primeros era el esfuerzo del gobierno de Trump por impedir el ascenso de éstos a posiciones capaces de disputar la hegemonía mundial. Aquí analizaremos brevemente aquello que está más allá de las disputas de corto plazo.

La “isla Eurasia”

En 1904 Halford Mackinder, dio una conferencia en la Royal Geographical Society que inauguraría el concepto de “geopolítica”(2). Sus conclusiones no coincidían con la opinión previa de su audiencia, que entendía que se controlaba al mundo controlando sus mares, la razón principal del ascenso de Gran Bretaña a su posición de potencia imperial dominante. Macklinder consideraba que dominaría el mundo quien dominase la isla Eurasia, ese amplio territorio que se extiende desde la Europa Occidental hasta Vladivostok en la parte asiática de Rusia, incluyendo toda Asia, el Medio Oriente y África en ella. ”Quien domina la zona central de esos territorios domina la isla Eurasia y quien domina a ésta domina el mundo”. En 1924, tras la Revolución Rusa amplió su tesis indicando que era la función de su propuesta alianza atlántica (EEUU y Europa Occidental) controlar ese poder de la isla Eurasia.

Desde 1810 hasta fines de la Segunda Guerra la potencia imperial hegemónica fue Gran Bretaña y luego Estados Unidos, países que no pertenecían a la isla Eurasia. Los intentos previos de dominio por potencias continentales habían terminado en fracaso, como el de Napoleón, o volverían a fracasar como los dos intentos de Alemania en 1914 y 1939. Tampoco el extenso Imperio Ruso de los Zares había logrado una hegemonía, ni siquiera cuando como Unión Soviética aumentó su esfera de influencia a la Europa Oriental y la China que emergió de la revolución de 1949. En la primera mitad del Siglo XX el Japón, otra potencia insular, quiso jugar en el Asia Pacífico el papel que venía cumpliendo Gran Bretaña en Europa y los mares del mundo. Terminó fracasando por el cerco que le fue imponiendo EEUU a sus abastecimientos de petróleo y otras materias primas que desembocaron en el ataque a Pearl Harbor y la posterior derrota tras las bombas atómicas.

Las condiciones han cambiado fuertemente desde la Segunda Guerra Mundial. El desarrollo industrial de China tendrá consecuencias diferentes que el previo de otros países asiáticos. Su territorio (algo más grande que el de EEUU) y su población de 1.350 millones (cuatro veces la de EEUU) la coloca en una dimensión completamente diferente a los desarrollos previos de Japón, Corea, Taiwán, Singapur y otros.

Su vertiginoso desarrollo de los últimos cuarenta años elevaron a China a la posición de primera economía medida en paridad de poder de compra y segunda medida en dólares corrientes.

PARTICIPACION EN EL PRODUCTO MUNDIAL
(en Paridad de Poder de Compra del Año 2011)

 

1980

1990

2000

2010

2017

CHINA

2,3%

4,1%

7,4%

13,9%

18,2%

EEUU

21,7%

21,9%

20,6%

16,7%

15,3%

MUNDO

100,0%

100,0%

100,0%

100,0%

100,0%

Fuente: FMI. WEO 2018

El cálculo en dólares corrientes le da a EEUU el 24,8 % del Producto Mundial, y a China el 15,0 % en 2017.

Tecnología y poder militar norteamericano

No es sin embargo la magnitud superior del Producto Bruto lo único que marca la importancia de una potencia. Gran Bretaña no era una economía más grande que la de varios países europeos o que la economía china a inicios del siglo XIX, pero su armada era mucho más avanzada. Quien detenta los mayores avances científicos y tecnológicos en general - si es una economía de tamaño importante aunque no la más grande - es la que termina por prevalecer e imponer sus objetivos al resto de las potencias y los demás países, y la razón fundamental es que la tecnología avanzada aplicada a los fines militares es decisiva para prevalecer sobre sus adversarios.

Se puede competir comercialmente con menor desarrollo tecnológico en muchas ramas, simplemente utilizando técnicas de producción más simples pero mano de obra mucho más barata. Todo el desarrollo de Asia se inició con esta característica. Pero no se puede ganar una batalla frontal a un contendiente que tiene una superioridad tecnológica decisiva, y ello ha quedado claro muchas veces en la historia. Basta recordar los pequeños ejércitos de los conquistadores españoles, con sus caballos, sus armaduras de hierro y sus armas de fuego, doblegando a los ejércitos de imperios de millones en Perú y México. Otra cosa son las guerras o resistencias populares que han perdido imperios poderosos, como el caso de Estados Unidos ante Vietnam o Gran Bretaña frente a la India, pero ello es otro tema más allá del alcance del presente artículo.

Gran Bretaña tuvo hegemonía mundial durante algo más de 100 años, hasta el fin de la primera guerra mundial, en una combinación de tecnología militar, alcance mundial de su flota y convenientes acuerdos con las otras dos potencias de fuera de Eurasia, el Japón y los Estados Unidos. El agotamiento económico de los británicos y la derrota del Japón aceleraron la preminencia de estos últimos.

En el campo militar la ventaja de los Estados Unidos es importante, tanto por la presencia que ha establecido en el mundo con más de 600 bases militares de distintas dimensiones y envergadura, como por las ventajas tecnológicas sobre el resto del mundo, en especial el dominio del espacio y las comunicaciones, además de la magnitud de sus fuerzas convencionales de aire, mar y tierra y los arsenales nucleares donde no tienen la ventaja de su monopolio. Esta fortaleza se fue desplegando en forma acelerada durante la Guerra Fría. La política de contención de la Unión Soviética y sus aliados incluyó el despliegue de la armada, con la 6ª Flota en Nápoles (1946) vigilando Atlántico y Mediterráneo, la 7ª Flota en Filipinas (1947) el Pacífico Oeste y la 5ª Flota en Barheim (1955) para controlar Medio Oriente. A las bases le siguieron los acuerdos militares como la OTAN (1949) con Europa Occidental, el Tratado del Sudeste Asiático (SEATO, 1954) y el Tratado del Medio Oriente (1955). En nuestro ámbito regional fue el Tratado de Río (1947). Los tratados en el hemisferio norte buscaban cercar la gran masa asiática con bases navales y aéreas, incluyendo varias del ocupado Japón, con centro en Okinawa. Para 1955 EEUU ya tenía 450 bases en 36 países. La revolución iraní de 1979 significó la pérdida de una posición clave en el estratégico Medio Oriente con sus inmensas reservas de petróleo.

La superioridad militar de Estados Unidos no se basa solamente en las flotas armadas, como había sido el caso de Inglaterra, ni en el despliegue de sus bases aéreas y su superioridad en tierra, como ocurrió en la inmediata posguerra. Un conjunto de nuevas tecnologías son la etapa superior que potencia las fuerzas desplegadas por tanques, barcos, aviones y misiles. La revolución en el procesamiento de datos y las comunicaciones satelitales permitieron un cambio cualitativo en la organización militar. El la adición del poder del software que potencia lo más avanzado de la “ferretería militar” (hardware).

El Pentágono está desarrollando una estrategia denominada Triple Canopy (triple cobertura o “toldo”) que espera esté completada para 2030. Vigilancia avanzada y drones armados que llenarán desde la baja estratósfera hasta la exo-atmósfera, con la capacidad para disparar sus mortíferos armamentos con extraordinaria velocidad, neutralizar los sistemas de comunicación satelital de sus enemigos o seguir individuos por sus características biométricas. El Pentágono ha puesto la Inteligencia Artificial (AI por su sigla en inglés) en el centro de su estrategia. Está planeado que en un futuro próximo con los avances de AI, los drones robotizados podrán tomar decisiones autónomas (como las máquinas del film Terminator I, pero mucho más letales).

La National Geoespatial Intelligence Agency, con 60.000 empleados coordina el flujo de datos de vigilancia procesados por supercomputadoras, provenientes de los drones de baja altura (Predators y Reapers), los aviones espía U-2, los aviones no tripulados Global Hawks, los drones de gran altura X-37 B, el sistema de Google Earth, el sistema Space Surveillance Network (Red de Vigilancia Espacial) y los satélites orbitales en la estratósfera, que entre sus múltiples funciones tienen el ser soporte para la guía de los misiles nucleares. Son importantes los avances de biométrica, con la transmisión instantánea a supercomputadoras de huellas dactilares y scanneo de iris, respondiendo en instantes con la identidad de la persona bajo vigilancia. Un capítulo especial son las guerras híbridas y las ciber guerras, donde se imbrican indisolublemente las disputas económicas, políticas y militares (3). También se destacan las supercomputadoras como la desarrollada en 2010 por la Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) con capacidad para realizar un trillón de operaciones por segundo, (costo unitario de 250 millones de dólares). El desarrollo de las supercomputadoras quánticas es crítico, pero allí la delantera la tienen los chinos, y el tema sensible es la seguridad de la comunicación. Las supercomputadoras además de procesar las crecientes masas de información, son el centro de comunicación con las bases militares en el país y en el resto del mundo, manejando el flujo de órdenes a las unidades de la flota marítima o los aviones, tripulados o no.

A pesar de toda esta parafernalia y medidas precautorias ha habido interferencias en los sistemas de seguridad de navegación. En diciembre de 2011 el avanzado dron norteamericano RQ-170 Sentinel sorpresivamente aterrizó en Irán. Un ingeniero iraní explicó a un reportero de Christian Science Monitor que el punto débil era el sistema GPS de navegación, ya que interfiriendo las comunicaciones con “ruido” se forzó la nave a autopiloto, y luego se la hizo aterrizar en una base con altitud similar a la propia del avión. Baldón de agua fría, no eran invulnerables los sistemas de comunicación de EEUU.

La construcción de poder militar de China

Los presupuestos de defensa a nivel mundial están liderados por Estados Unidos, que en 2016 gastó 604.500 millones de dólares, seguido por China con 145.000 millones y Rusia con 58.900 millones. Hace diez años el presupuesto de China no alcanzaba los 30.000 millones. Sus arsenales nucleares están por debajo de los dos grandes contendores del siglo XX, EEUU y la Unión Soviética. No sólo China superó el monto de gasto militar de Rusia sino que además, en forma creciente se está independizando de los modelos soviéticos o rusos ya superados. Ahora sus presupuestos están basados en desarrollos propios, en especial en todas las áreas de avance tecnológico más reciente. China lanzó el primer satélite en el mundo con comunicación dirigido por una supercomputadora quántica, que reemplaza las ondas radiales por la trasmisión de protones (partículas de luz) a través de cristales. Esta tecnología ha creado super seguras redes de comunicación, una tecnología que EEUU no domina aun, y que hace a China inmune (por ahora) al ciberataque de un adversario en este campo. Esto es un factor decisivo en una guerra porque las órdenes de disparos o envío de naves no tripuladas se manejan por comunicaciones y la interferencia sobre las de ondas radiales puede terminar como en Irán en 2011, algo que no ocurriría con las órdenes enviadas por trasmisión de protones.

En esta etapa de su desarrollo, China busca hacerse fuerte en lo militar en su zona de influencia, con movimientos muy cuidados. En 2015 escaló su reclamo de soberanía y control exclusivo en el Mar del Sur de China, expandiendo la base marítima de Longpo (submarinos nucleares) en la isla de Hainan (ver en el mapa), y la acelerada construcción de siete islas artificiales donde a corto plazo emplazarán bases y aeropuertos militares. Por los estrechos del Mar del Sur de China pasan navíos comerciales llevando el 30 % del comercio mundial, y China está determinada a impedir que ese movimiento quede bajo el control de la flota norteamericana o de países aliados a ellos. China tiene muy presente la encerrona que en los años treinta y cuarenta del siglo pasado fue poniendo Estados Unidos a Japón, y que culminó en el ataque de éstos a Pearl Harbor.

MAR DEL SUR DE CHINA

Estados Unidos tiene dos vecinos que no le disputan hegemonía (Canadá y México) y libre acceso marítimo a los dos océanos, Atlántico y Pacífico, además de sus más de 600 bases en el exterior. Cuba no es una amenaza desde que los soviéticos fueron obligados a desmantelar las bases de cohetes nucleares que estaban construyendo en 1962, y años más tarde la revolución socialista quedó circunscripta a la isla. China es territorialmente algo más grande que Estados Unidos, pero tiene límites con casi veinte países (y una compleja historia con cada uno) y no tiene una salida sin disputas al océano Pacífico. En su límite marítimo Norte enfrenta a Japón y las bases norteamericanas, y aunque tiene límite con Corea del Norte (un aliado complicado), Corea del Sur es un bastión norteamericano. En la parte central hacia el Pacífico están Taiwán y más allá Filipinas. El mar del Sur de China es el rompecabezas de siglos, con disputa de las islas entre China, Vietnam, Japón, Filipinas, y más al sur Malasia, Indonesia y Singapur dominando el estrecho de Malaca por donde pasan los barcos que van hacia el Océano Indico. En el mapa se muestran las áreas marítimas en disputa, con el reclamo de China de las nueve líneas (“lengua de vaca” en la jerga de la disputa), donde ha ido afianzando su presencia incluida la “construcción” de islas a partir de pequeñas salientes semisumergidas, cercanas a las Spratly.

La expansión económica china

En una primera etapa China se concentró en las exportaciones a los países desarrollados, con centro en EEUU. Actualmente despliega sus fuerzas en la región asiática con proyecciones hacia Europa, Medio Oriente y África. Ese es el significado del proyecto “Nueva Ruta de la Seda”, lanzado por el Xi Jinping en 2014, que está enlazando la industrial y dinámica costa este de China con todas esas zonas llegando hasta el mar Báltico, incluyendo ferrocarriles, autopistas, puertos, aeropuertos, centrales de distribución, etc. que serán la base del cambio de zonas hoy atrasadas o en distintos grados de desarrollo. Esta iniciativa, con sus dos ramas, la terrestre y la marítima, es una fuerte apuesta a crear al mediano plazo de treinta años (plazos en escala china) la zona más importante de desarrollo mundial con centro en China. El proyecto incluye a 4.400 millones de personas, 64 países y un producto bruto actual combinado de casi el 30 % del mundial. Es el Plan Marshall de China, pero mucho más grande que aquel de la posguerra.

La estrategia que está por detrás de este proyecto es evitar que potencias hostiles cierren las rutas marítimas de comercio chinas que pasan por el estrecho de Malaca (controlado por Singapur, Malasia e Indonesia, actualmente aliados de EEUU), y de esa manera ahoguen su desarrollo.

Para financiar este proyecto China lanzó el Banco de Inversiones en Infraestructura de Asia (Asian Infrastructure Investment Bank - AIIB), con un capital inicial de USD 100.000 millones. El nuevo banco es un competidor directo del Asian Development Bank apoyado por EEUU y Japón. El principal objetivo del banco es canalizar los casi 3 billones (millones de millones) de dólares que están en sus reservas hacia préstamos para concretar los proyectos, que serán realizados por empresas chinas.

Un elemento no muy considerado aun de este mega proyecto es su componente monetario. Xi Jinping está proponiendo a los países involucrados que “todo el comercio dentro de la región sea manejado a través de moneda local convertible” (léase el Yuan), con lo que el uso del dólar en la región dejaría de tener la importancia actual, por decirlo suavemente. Una de las primeras manifestaciones de este cambio tuvo lugar este año con el lanzamiento del mercado de “petroyuanes”, contratos de futuro de compra y venta de petróleo en la bolsa de Shanghái, con respaldo oro en la cotización del Yuan. Ante todos estos cambios es imposible olvidar las palabras de Mackinder en la Inglaterra de 1904 o la ampliación de sus tesis en 1924.

 

Política, economía y poder militar

La suprema excelencia consiste en romper la resistencia del enemigo sin pelear”. Sun Tzu, general, estratega y filósofo chino, autor de “El arte de la guerra”, Siglo V antes de Cristo.

"Ocultar nuestras capacidades y esperar nuestro tiempo. Se bueno en mantener un bajo perfil. Nunca reclames liderazgo ". Deng Tsiao ping, máximo dirigente chino, 1991.

Apelamos a dos citas separadas por 2500 años para dar la idea de continuidad de una de las culturas más viejas del mundo, y de la forma de pensar que prevalece en la dirección política de China de hoy. En lo militar el objetivo es adquirir la suficiente fuerza pero tratando de no usarla, tal el caso de las disputas en el Mar del Sur de China con sus vecinos y la presencia de Estados Unidos. La filosofía política hasta ahora ha estado influida por las palabras de Deng, pero Xi Jinping entiende que el tiempo propio está llegando y en forma graduada pero firme, comienza a desplegar sus cartas sobre la mesa.

China es muy consciente de la distancia tecnológica que tiene con EEUU y se ha propuesto reducirla hasta lograr una paridad en los próximos treinta años, muy posible a juzgar por los avances obtenidos en áreas críticas si no se produce un enfrentamiento mayor en el tiempo intermedio.

Si logra que el proyecto económico de la Nueva Ruta de la Seda avance sin mayores contratiempos en forma pacífica, y que los pasos para garantizar el tráfico marítimo seguro por los estrechos del Mar del Sur de China no conduzcan a guerras con sus vecinos con participación de Estados Unidos, los objetivos del gobierno chino se irán cumpliendo.

El gobierno de los Estados Unidos busca bloquear la ampliación de la influencia china en el Mar del Sur aunque por ahora no ha puesto reparos al libre tránsito de las naves comerciales. Cuando ese tráfico comience a incrementar su transporte de petróleo con aquellos países de Medio Oriente que acepten el esquema “petroyuan” el tema puede cambiar de cariz.

No pretendemos hacer futurología, y el tema tiene que terminar aquí. La disputa por la hegemonía entre EEUU y China es una de las más importantes al momento actual. El objetivo político de China es cambiar alianzas en los países involucrados en su zona de influencia ofreciendo el desarrollo económico como moneda de cambio. Algunos, como Rodrigo Duterte de Filipinas y varios países involucrados en el proyecto Ruta de la Seda se están alejando de Estados Unidos. Otros como la dirigencia de Vietnam, se están acercando a sus ex enemigos norteamericanos por la disputa con China sobre la soberanía marítima sobre algunas islas.

Los países que estamos más alejados del centro de la disputa, como los sudamericanos, tenemos oportunidades y peligros según el tipo de relación que llevemos adelante, tanto con EEUU como con China, que ha pasado a ser el principal comprador de la región. La relación con EEUU es difícil y por todos conocida, no abundaremos aquí en el tema. La expansión de China por un lado ha sido un factor clave en el crecimiento de las exportaciones que cambiaron las perspectivas del continente en este siglo, pero en la mayoría de los casos no se pudo evitar la primarización del intercambio que terminó por afectar al sector productivo dentro de nuestros países.

Ese es otro de los temas que deberemos profundizar una vez que entendamos nuestro papel en la dinámica económica, militar y política que se desarrolla en el centro neurálgico del mundo que tiene a EEUU y China como sus principales protagonistas.

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Referencias:

1.- Estados Unidos y China: ¿Guerra comercial o disputa de hegemonía? Marzo 2018. http://www.iade.org.ar/noticias/estados-unidos-y-china-guerra-comercial-o-disputa-de-hegemonia

2.- Sir Haldford Mackinder (1861-1947) fue nombrado en 1904 director de la recientemente fundada London School of Economics and Political Science, de la Universidad de Londres. Ese año fue invitado por la Royal Geographical Society a dar una conferencia que tituló “The Geographical Pivot of History” donde desarrolló la tesis de la “isla Eurasia”. Conservador, fuerte defensor del imperio británico y profundamente antisoviético, avanzó en 1924 en sus ideas publicando la teoría de la “comunidad atlántica” (EEUU y Europa Occidental) indicando que el poder en la isla euroasiática puede ser compensado por la alianza atlántica. Este tema no tuvo repercusiones en la política británica pero sus escritos fueron muy valorados por la política norteamericana al final de la segunda guerra

3.- Andrew Korybko, “Hybrid Wars”, People´s Friendship University of Russia. Moscow 2015.

Biblografía:

Howard W.French: Everything under the heavens. How the past helps China´s push for global power. Alfred A. Knopf. 2017.

Alfred W. McCoy. In the shadows of the American century. Haymarket Books, Chicago, 2017.