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Desde Bruselas (Bélgica): Crisis del euro, crisis de la Unión Europea

Martes, julio 20th, 2010

por Jean-Claude Paye*
20 DE JULIO DE 2010
Lejos de ser resultado de la acción de la «invisible mano del mercado», la crisis del euro es fruto de una estrategia pacientemente preparada por Christina Rohmer y el Comité de Consejeros Económicos de la Casa Blanca. El objetivo es salvar la economía estadounidense obligando los capitales europeos a cruzar el Atlántico en busca de protección y poniendo en definitiva bajo control estadounidense la economía de los Estados de la eurozona, a través del FMI y de la propia Unión Europea. Jean-Claude Paye analiza las primeras etapas del proceso actualmente en marcha La crisis del euro es el resultado del de una decisión política, una decisión deliberadamente escogida por las autoridades de la Unión Europea, cuyo objetivo es la de empeñar y debilitar el euro comunitario en vez de restructurar la deuda pública griega. Una restructuración de dicha deuda habría resguardado y protegido al euro pero habría exigido una contribución de los bancos, los cuales perdían una parte de sus créditos en la operación. Las instituciones financieras [comerciales privadas] francesas habrían soportado o perdido alrededor de 50 mil millones de la deuda griega si hacemos el balance de sus cuentas, mientras que 28 mil millones habrían sido a cargo de los bancos alemanes [1].
Sin embargo, la protección para salvar algunos miles de millones de euros de las instituciones financieras no justifica que se tome un tal riesgo que perjudique y debilite al euro. La clave fundamental de todo esto, es decir poniendo la presión sobre la moneda común [el euro], es el de hacer pagar la crisis a los trabajados que perciben un salario y efectuar de esta manera una gigantesca transferencia de ingresos (de beneficios y/o ganancias) hacia las empresas comerciales, principalmente hacias las instituciones financieras.
Una ofensiva bajo dirección estadounidense
El tamaño de la transferencia es tal que puede ser piloteada únicamente por las instituciones financieras europeas, pero conducido por los mercados y su brazo armado, es decir la administración estadounidense.
La crisis del euro fue desencadenada por un ataque bien concentrado de agencias de notación estadounidenses como la Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch [primeramente] contra la deuda de Grecia, de España y de Portugal.
La baja de las notas de estos tres países por las agencias norteamericanas, sobre todo aquella que tenía que ver con Grecia, relegada a un segundo plano, a la categoría de inversiones especulativas, es la consecuencia de una acción coordinada y concentrada. La baja de notación [calificación financiera de la deuda griega] es la continuación de una serie de decisiones repetidas y en poco tiempo. Estos ataques han sido apoyados por el aparato estatal US, sobre todo por las declaraciones alarmistas [generando pánico en los inversores] del consejero económico del presidente Obama, que fue a su vez un ex presidente de la Reserva Federal de los EEUU, me refiero a Paul Volker, quien habló de una futura desintegración de la zona euro.
El ataque contra el euro aparece como un pretexto sobre todo cuando se sabía que «desde 2004 las autoridades griegas hacían trampas en sus cuentas» [2] y todo esto sin ninguna reacción de las agencias de notación en su contra.
Esta ofensiva contra el Euro es en primer lugar una acción destinada a llevar hacia los Estados Unidos los capitales extranjeros necesarios para la cobertura del déficit creciente de la balanza financiera de Estados Unidos.
Es una señal de advertencia destinada a países como China que había empezado a reequilibrar sus reservas de divisas comprando euros en detrimento del dólar. Para Estados Unidos se trata, en efecto, de una cuestión urgente. Hasta 2009 la financiación de sus déficits y la defensa del dólar estaban asegurados por un saldo positivo de los flujos financieros. Pero durante ese mismo año, si bien el movimiento de los capitales sigue siendo positivo, ya no logra compensar los déficits. En un montante [monto] de 398.000 millones de dólares [3] el saldo se vuelve negativo. A nivel puramente económico, la ofensiva contra el euro está en la misma vena que la lucha contra el fraude fiscal iniciada por el presidente Obama en 2009 [4]. Se trata trata de aspirar, chupar los capitales con dirección al regazo de Estados Unidos.
Una operación para desmantelar la Unión Europea
Esta acción táctica va acompañada de una operación estratégica, la de un movimiento de desmantelamiento de la Unión Europea a beneficio de una unión económica que cubra ambos continentes, cuya manifestación más visible es el proyecto de creación de un gran mercado trasatlántico [5]. En función de este segundo objetivo se puede comprender la actitud de Alemania que tanto a nivel de la lucha contra el fraude fiscal como al del ataque contra el euro ha proporcionado apoyo a la ofensiva estadounidense. Esta actitud es coherente con el compromiso privilegiado de este Estado europeo en el establecimiento de una unión económica trasatlántica.
La Unión Europea se construyó en torno a Alemania y se estructuró según sus intereses. Alemania, país que económicamente era el más eficiente en el momento de la instalación del gran mercado, sin apremio político, sin gobierno económico y transferencias importantes a las zonas desfavorecidas, pudo hacer que actuaran sus ventajas económicas comparativas. Hasta este año la zona euro absorbe tres cuartas partes de las exportaciones alemanas [6]. Tanto por medio de las declaraciones de sus responsables políticos y de sus banqueros como por medio de la repetida exhibición de sus dudas, ha contribuido a la eficacia de la ofensiva contra el euro. Para Alemania los beneficios de esta acción son inmediatos. La bajada de la moneda común permite aumentar las exportaciones alemanas fuera de la zona euro. Además, este país puede financiar mejor sus propios déficits. La crisis y la huida hacia la calidad que engendra permiten a las obligaciones alemanas situarse con una tasa de interés reducido.
Si da la impresión de que a largo plazo Alemana está aserrando la rama sobre la que está sentada es que ha decidido cambiar de rama y quiere integrarse en un conjunto más amplio: el gran mercado transatlántico. La «construcción europea» está en la encrucijada. Si hasta ahora ha permitido un desarrollo permanente de Alemania, este proceso no puede continuar según las mismas modalidades. La UE no puede salir de la crisis sin establecer un gobierno económico que administre una política económica común, una armonización del desarrollo y, para ello, asegurar las transferencias financieras consecuentes hacia los países y regiones más desfavorecidos.
Esta gestión política está en completa oposición con el simple pacto de estabilidad promovido por Alemania. La política presupuestaria de disminución acelerada de los déficits que se ha vuelto a imponer en nombre de este pacto se va a hacer en detrimento del poder adquisitivo de las poblaciones y no se puede realizar sin una recesión económica. La zona euro no puede seguir siendo la salida privilegiada de las exportaciones alemanas. Alemania ha elegido: el gran mercado transatlántico y el mercado mundial.
Bajo la tutela del FMI
En vez de reestructurar la deuda de los países en quiebra, lo que habría hecho recurrir a los bancos, Europa ha establecido dos fondos de intervención. Tanto los 110.000 millones de euros de ayuda a Grecia como los 750.000 millones de préstamos y de garantías tienen por objeto someter a los países receptores a las condiciones del FMI, en el que Estados Unidos tienen la mayoría de los derechos de voto. En caso de depresión o incluso de estancamiento económico, la política de consolidación de los gastos públicos está abocada al fracaso. Los 750.000 millones [7]. que se han previsto de ayuda servirán para reembolsar a los bancos en detrimento del poder adquisitivo del contribuyente y este pago a las instituciones financieras aumentará en la misma proporción la recesión. Este dispositivo de socorro está previsto que dure durante tres años.
Aunque nada impedía asumir el volumen íntegro del fondo, el Eurogrupo prefirió dejarse amarrar al FMI, donde Estados Unidos dispone de la mayoría de los votos. Esa sumisión voluntaria reproduce, en una versión más amplia, el esquema ya construido anteriormente en el caso de Grecia. Este último programa alcanza un monto de 110 000 millones de euros, de los que 30 000 provienen del FMI.
¿Qué significa la decisión del Consejo Europeo de incluir al FMI en el sistema instaurado para socorrer a los países de la eurozona? Si echamos un vistazo a las recetas que aplica esa institución internacional a los países que reciben sus préstamos, comprobaremos que el modus operandi es siempre el mismo: impone una reducción del salario directo e indirecto, la privatización de los servicios públicos y la supresión de las políticas sociales. La política del FMI siempre ha dado lugar a un empobrecimiento de los pueblos [8].
En caso de depresión, o incluso de estancamiento económico, la «política de consolidación de los gastos públicos» está condenada al fracaso. Los 750 000 millones de ayuda ya previstos no servirán más que para rembolsar a los bancos en detrimento del poder adquisitivo de los contribuyentes y la entrega de esa suma a las instituciones financiera agravará la recesión en la misma medida. La imposición del tutelaje del FMI y la creación de fondos de ayuda a los bancos son por lo tanto dos aspectos complementarios de una misma política. Se trata, en realidad, de concretar una importante redistribución de los ingresos a favor de las empresas financieras.
¿Qué futuro tiene la Unión Europea?
Una operación de ese tipo contra los ingresos de los pueblos tiene que pasar por la neutralización de todo proceso de decisión a nivel de los Estados nacionales –estructura que aún proporciona a la ciudadanía algunos medios de defensa– en beneficio de los mecanismos del mercado, situados totalmente fuera del alcance de cualquier tipo de presión de carácter político. El problema es saber qué papel van a desempeñar las instituciones europeas en ese proceso tendiente a dejarnos a merced de los mercados financieros.
La primera respuesta a esa interrogante es el acuerdo que estipula que los presupuestos de los Estados de la eurozona se someterán a la tutela de un organismo conformado por la Comisión, el Banco Central Europeo y el Eurogrupo.
Bruselas penalizará a los países que no logren reducir su deuda a menos del 60% del PIB. El texto incluye la posibilidad de imponerles sanciones incluso en que caso de que no lleguen a sobrepasar el actual límite del 3% del PIB que se establece en el Pacto de Estabilidad. La idea es tener la posibilidad de poner en marcha una serie de procedimientos, por exceso déficit, contra los países que no logran reducir su deuda lo suficiente [9]. Tampoco se excluye una posterior modificación de los tratados para anular el derecho de voto de esos Estados en las reuniones ministeriales.
Está llamado a generalizarse el modelo alemán, que cuenta con el apoyo de Francia, y que consiste en convertir el equilibrio presupuestario en un principio incluido en la Constitución, lo cual eliminaría definitivamente la posibilidad, ya actualmente muy tenue, de adoptar iniciativas presupuestarias. La situación de los Estados miembros ante la Unión Europea sería entonces similar a la situación de los Estados que componen los Estados Unidos ante la autoridad del gobierno federal. No se trata, sin embargo, de fortalecer la construcción europea sino, por el contrario, de consolidar el poder de los mercados liquidando toda posibilidad de iniciativa política.
La construcción europea fue impuesta por Estados Unidos, el cual después de la [Segunda] guerra [Mundial] la convirtió en la condición para conceder las ayudas del Plan Marshall [10]. La construcción se realizó en torno a Alemania, cuyos intereses inmediatos eran complementarios de los de Estados Unidos.
El ataque contra el euro y la operación de desmantelamiento de la Unión Europea resultan también de una ofensiva lanzada por Estados Unidos y de la que han tomado el relevo la primera economía del antiguo continente, así como las instituciones de la UE. La Comisión y el Consejo confirman así su participación en la descomposición de la Unión y su integración en una nueva estructura política y económica transatlántica bajo la dirección de Estados Unidos, un papel que ya ha desempeñado a través de las negociaciones de los acuerdos sobre la transferencia de datos personales de los ciudadanos europeos a Estados Unidos [11] y de las que tienen por objeto la creación de un mercado que reagrupe a ambos continentes.
Poner el sistema de administración económica de Europa bajo la tutela del FMI constituye una etapa suplementaria en la eliminación de toda la capacidad de iniciativa de los países miembros de la Unión Europea así como una fase de transición con vistas a su integración a un bloque transatlántico. Se mantendrá el euro, pero no será más que un cascarón vacío. La supresión de la moneda común no es conveniente ni para Alemania –para la economía alemana, un regreso a un DM valorizado como moneda refugio equivaldría a un suicidio [12] –ni para Estados Unidos– que no tiene ningún interés en extender la soberanía de su propia moneda y el uso de los privilegios que ella implica.

*Sociólogo. Últimas obras publicadas: Global War on Liberty, Telos Press, 2007; El Final Del Estado De Derecho: La Lucha Antiterrorista: Del Estado De Excepción A La Dictadura, Argitaletxea Hiru, 2008

Después de la democracia. Sobre las consecuencias políticas de la crisis económica

Viernes, julio 16th, 2010

Desde España
Jónatham F. Moriche
| Para Kaos en la Red | Hoy a las 13:05

Bajo los fuegos de artificio de una “democracia de superficie” se reencarna, globalizado e hiperbólico, el arquetipo clásico de la Plutocracia: el irrestricto gobierno del gran dinero.

Con la pomposa retórica que le caracteriza, el presidente francés Nicolás Sarkozy propuso, en el arranque de la presente catástrofe económica mundial, una “refundación” moral y material del capitalismo. Tres años después de aquellas palabras tan melodiosas como vacías, la crisis se ha revelado como un eficaz ariete del gran capitalismo para impulsar una refundación, visiblemente a la baja en términos de legitimidad y derechos, de la práctica totalidad de las democracias occidentales.
Hace ya casi cuarenta años, a partir de la gran crisis petrolera de 1973, que el neoliberalismo viene promoviendo formas radicales de competición y enriquecimiento económico, prácticas empresariales y financieras cada vez más agresivas contra los derechos sociales de las clases trabajadoras y contra el sustento democrático de las instituciones políticas. La historia del neoliberalismo es la historia de una larga revolución del gran dinero contra la democracia. Y esta crisis amenaza con convertirse en su Toma de la Bastilla, siniestra alborada de un nuevo régimen político post-democrático, en el que, bajo los fuegos de artificio mediáticos y mercadotécnicos de una “democracia de superficie” (en expresión delpensador Alain Badiou), se reencarna, globalizado e hiperbólico, el arquetipo clásico de la Plutocracia: el irrestricto gobierno del gran dinero.
Reclamaba Jean-Jacques Rousseau en su Contrato Social que, para un correcto desenvolvimiento de la democracia, “ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, y ninguno tan pobre que se vea forzado a venderse”. ¿Cómo podría juzgarse, a la luz de este prudentísimo precepto, una (post)democracia como la española? El sueldo medio de un alto directivo de una gran empresa en nuestro país es de 390.000 euros, y el de un consejero ejecutivo de 1’2 millones. En la cúspide de nuestra “clase corporativa”, los 502 altos directivos de las empresas del IBEX-35 ganaron una media de 700.000 euros, y los consejeros ejecutivos de 2’7 millones. En el sector financiero (bancos y aseguradoras) esta cifra promedio se eleva a los 4’3 millones, tras un aumento medio del 53% en 2008. También en 2008 Alfredo Sáenz, consejero delegado del BSCH, recibió 9’3 millones de sueldo y 12 millones para su fondo de pensiones. Francisco González, presidente del BBVA, ganó 5’7 millones de sueldo, 11’2 millones para su pensión y 3’3 millones en acciones (su fondo de pensiones acumulado ronda los 80 millones). Ignacio Sánchez Galán, de Iberdrola, ganó 16’7 millones. Antonio Brufau, presidente de Repsol YPF, 6’7 millones. En el capítulo de retiros y pensiones, Manuel Pizarro recibió 14 millones al dejar la presidencia de Endesa; los presidentes cesantes de Enagás y Acerinox recibieron 4’7 y 5’9 millones; José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero delegado de BBVA, 3 millones anuales con carácter vitalicio; el fondo de pensiones acumulado por Alfredo Sáez, consejero delegado del BSCH, ronda los 85 millones…
Mientras tanto, el paro afecta a más de cuatro millones de personas (la mitad de ellos, desempleados de larga duración); casi un 60% de la masa laboral española (más de diez millones de trabajadores y trabajadoras) cobra menos de 1.000 euros al mes; la pensión media en España no llega a 900 euros (menos de 700 en comunidades como Extremadura o Galiza)… Y es sobre ellos que recae el peso de medidas como el abaratamiento del despido, la subida del IVA o la privatización y encarecimiento de los servicios públicos… Con su trabajo, cada vez más precario y peor pagado, nutren las cuentas millonarias de ejecutivos y consejeros, y con sus impuestos rellenan los agujeros de las sucesivas aventuras especulativas del gran capitalismo… ¿Tiene algún sentido, en estas condiciones, hablar de democracia política, de soberanía popular, de instituciones representativas, de igualdad de oportunidades, de igualdad ante la ley?

Perfectamente inadvertida bajo el oportuno estruendo de las vuvuzelas surafricanas, la revolución neoliberal del gran dinero prosigue su larga y victoriosa marcha contra la democracia. Arrasada por la implacable codicia plutocrática, del ágora democrática no quedarán, al cabo de esta crisis, ni unas tristes ruinas que contemplar con añoranza.

Jónatham F. Moriche, Vegas Altas del Guadiana, Extremadura Sur, junio de 2010

El dólar y el sistema monetario internacional: ¿una moneda de transición?

Jueves, julio 15th, 2010

Mario Rapoport
Desde la década de ’70 la inflación estadounidense, la integración europea y el fortalecimiento de otras economías comenzaron a cuestionar la hegemonía monetaria de los Estados Unidos. La participación del dólar como moneda de reserva en los bancos centrales cayó en los años ’80, desplazado por el marco alemán y, en menor medida, por el ECU –la unidad monetaria de la Unión Europea– y el yen. El porcentaje de bonos internacionales denominados en dólares también cayó, de dos tercios del total, a un tercio. La ampliación del curso forzoso del dólar estadounidense a los países en transición y periféricos de América latina, Europa del Este y Asia intentó contribuir a contrarrestar esta tendencia, a través de la sustitución de las monedas nacionales por el mismo dólar. Un sistema que se implementó en unos pocos países, impulsado con fuerza en los años ’90.

La introducción del euro –como resultado de la unión monetaria de doce miembros de la UE– y el avance en las negociaciones del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), proveyeron nuevos argumentos a favor de la dolarización plena, o al menos de la adopción de tipos de cambio totalmente fijos, antesala de la dolarización completa, a pesar de que la experiencia internacional en países medianos sólo incluía a Liberia y Panamá (luego Ecuador) ya que las pocas naciones que utilizaban la moneda de otros eran muy pequeñas.

Pero el default argentino del 2001 obligó a dar marcha atrás con la dolarización por varias razones. La primera es casi elemental: si un país distribuye sus reservas de moneda internacional entre su población, el sector público carece de activos externos para atender a sus acreedores. La segunda tiene que ver con el hecho de que más de la mitad de la actividad económica de casi todos los países se basa en servicios, la mayoría de ellos no transables, incapaces de generar divisas. La tercera consiste en que si bien la dolarización elimina el riesgo devaluatorio, no impide el default de las deudas públicas ni privadas. Y como lo vimos en la Argentina, y ahora también en Europa con el euro, el ajuste recae finalmente sobre el sector real: la producción y el empleo.

Por otro lado, las tensiones económicas de comienzos del milenio erosionaron la confianza en el valor del dólar y alteraron la composición de las reservas internacionales. A mediados del 2009 el euro representaba más de la cuarta parte de los activos externos del mundo, mientras que la proporción de dólares disminuyó en la primera década del siglo del 72 al 63 por ciento, al tiempo que las reservas mundiales en divisas se triplicaban. En este escenario los bancos centrales de las diferentes naciones diversificaron su cartera de monedas y metales.

Como reflejo del lento pero constante debilitamiento del dólar, diferentes países tomaron medidas para resguardar el valor de sus activos externos. Irak empezó a vender su combustible en euros a fines del 2000. Pero la invasión de los Estados Unidos anuló esta medida; así como los canjes de alimentos por petróleo, de la ONU. También Jordania había creado un sistema de comercio bilateral con Irak en euros y Corea del Norte adoptó la divisa europea para su comercio desde diciembre del 2002. Hacia fines del?2007, Irán –cuarto productor mundial de petróleo– comenzó a vender el crudo en euros. Ya desde el 2002 la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) alertaba sobre la debilidad del dólar, que corroía el poder adquisitivo de los países exportadores.

El principal problema del sistema monetario internacional es que tiene como base una divisa cuyo único respaldo es la débil salud de la economía norteamericana. Esto llevó a que el dólar se fuera depreciando en forma constante en relación con sus valores históricos y con respecto a otras monedas. En verdad, su primacía depende, más que de su propia economía, del financiamiento de los inversores extranjeros y, en especial, del exceso de ahorro de los países emergentes, como China, que confiaron hasta ahora en los bonos del tesoro norteamericano o en la utilización del dólar como moneda de reserva.

El caso de China es emblemático. Por un lado, tiene una importante reserva de dólares que representa más de dos tercios de un año de la producción china. A esta situación se suma su excesiva tenencia de bonos del Tesoro norteamericano. Desde septiembre del 2008 superó a Japón como el principal tenedor de esos bonos en el mundo y en mayo del 2010 las tenencias de China todavía encabezaban el ranking con 895.000?millones contra 785.000 de Japón. Los chinos colocan gran parte de sus exportaciones en Estados Unidos –en una gran variedad de rubros, desde textiles hasta electrónicos– por las que reciben dólares que destinan en una cierta proporción a comprar bonos del Tesoro. Este endeudamiento le permitió a los Estados Unidos mantener niveles de consumo por encima de sus posibilidades, aunque ahora se critique ese exceso de ahorro más aún que el exceso de endeudamiento norteamericano (o el desequilibrio entre ambos), como una de las causas principales de la crisis.

Con los déficits comercial y fiscal más altos de su historia, el monto total de la deuda externa norteamericana pasó de 800.000 millones de dólares en el 2003 a 13.767 miles de millones a fines de diciembre del 2009, acercándose al del PIB, y representando más del 22% de la deuda mundial, lo que resulta, a su vez, la más grande explosión de endeudamiento de la historia del capitalismo.

Paradójicamente, desde la profundización de la crisis en el 2008 el dólar continuó funcionando como una moneda de refugio, en la medida que las alternativas financieras se derrumbaron como castillos de naipes. Esto revela que la economía del país del Norte y el poderío de su moneda aún gozan de confianza, al menos frente al euro u otras monedas. En cambio, la Unión Europea ha despertado dudas respecto de su voluntad política común y su unidad monetaria. Por un lado, la heterogeneidad de las economías y la escasa coordinación entre los países líderes dentro de la UE hacen palmarias frente a la crisis ciertas tensiones preexistentes, mientras que la ambivalencia del Reino Unido en cuanto a su posición pro UE o filo-estadounidense, generan poca confianza.

Por otro, la crisis de los cuatro países más débiles de la región, Grecia, Portugal, España e Irlanda en el 2010 terminó por erosionar el valor del euro y por poner en duda la vigencia de la unidad monetaria. Se le reprocha al BCE y a Alemania en particular haber jugado un rol negativo sobrevalorando el euro e incrementando el superávit comercial del país teutón.

Al igual que lo que ocurría con el imperio británico, los Estados Unidos importa por mayor valor que sus exportaciones, y exporta capitales. El resto del mundo acepta la moneda con la que paga sus importaciones e invierte sus capitales porque ella se puede utilizar para los intercambios comerciales y financieros con cualquier otro país. Pero ese idilio no puede ser eterno. La cuestión del millón es qué ocurrirá cuando los mercados se calmen y todas las plazas bursátiles y los Bancos Centrales queden inundados de dólares. Ese será el momento de la verdad, el más desafiante para el valor de la divisa estadounidense y de sus rivales monetarios.

Crisis del sistema capitalista mundial en lógica neoliberal y su contagio a nuestros países

Lunes, junio 14th, 2010

Salvador Arias*
Existe un consenso a nivel internacional (incluyendo el BID, el Banco Mundial, el FMI) de que la crisis mundial ya terminó. Por lo tanto; se hacen proyecciones de crecimiento para la economía mundial de 3.9% en el 2010 y de 4.3% en el 2011. Este consenso se matiza, con una recuperación más lenta, pero si recuperación; esta última para los países avanzados estaría en una tendencia hacia el 2% en el año 2011; en concreto para los Estados Unidos de Norteamérica el crecimiento para el próximo año ya se proyecta inferior al que se estima para el 2010. Europa se prevé podría presentar tasas de crecimiento del 1% durante los próximos 10 ó 20 años. Todos, incluyendo a los economistas más optimistas, proyectan una recuperación con desempleo, lo cual genera el escenario de lento crecimiento.

En efecto, en las proyecciones el desempleo se mantendrá alto, a un promedio anual de 10% a 12% entre los países miembros de la OECD. Por lo tanto es de esperar que los ingresos y la capacidad de compra de la población asalariada se mantengan bajos. Creemos que difícilmente puede haber una recuperación vigorosa de la economía mundial si no se recupera el empleo y el consumo de la gente en los países desarrollados.

En particular, cuando el consumo privado representa más del 70% en el PIB norteamericano, lo que indica que sin crecimiento del gasto popular para consumo no puede haber recuperación de la economía en USA, economía que por su demanda de importaciones es locomotora para las exportaciones de muchos países. Más aun, los grandes bancos transnacionales no han estado expandiendo crédito a los sectores económicos no bancarios; incluyendo consumidores, micro empresas, y empresas grandes. Sin una expansión de crédito tampoco no puede haber recuperación que saque a la economía mundial del bache en que la dejó la crisis todavía no superada de los últimos dos años.

Finalmente, es un obstáculo para la confianza de los inversionistas a nivel mundial la debilidad estructural del dólar y las crecientes dificultades que tiene el Gobierno de USA de financiar su enorme déficit por medio de colocaciones de bonos de tesoro en China, India, Brasil, Japón y otros.

Los últimos datos oficiales hablan de una deuda pública de 13 millones de millones para el Estado de los Estados Unidos de Norteamérica, que ya significan el 84% del PIB de dicho país; con el agravante de que esta deuda resultado del creciente déficit fiscal, hace proyectar por algunos especialistas, una deuda que podría llegar a los 20 millones de millones de dólares norteamericanos. Esta situación da desconfianza, profundiza la aversión al riesgo, lo cual no es propicia para una recuperación acelerada de la economía mundial.

Este escenario se ha complicado más en los últimos meses con el problema de la deuda de los países y los gobiernos Europeos, así como su debilidad fiscal, que amenaza con situaciones de “posibles incapacidades de pago de la deuda soberana”. Según el New York Times, la deuda de los países llamados PIGS representa más de 3.8 millones de millones de dólares, deuda que compromete a todo el sistema financieros mundial. Es así que sólo la incapacidad de pago de Grecia, que tiene la deuda más pequeña de los PIGS (o sea Portugal, Italia, Grecia, España e Irlanda), ha puesto a las bolsas mundiales en una inestabilidad total, además que tiene al Euro, según algunos especialista, en la perspectiva hasta de su desaparición, si los países europeos no actúan más allá de lo actuado hasta el presente.

Hasta ahora Europa se ha visto obligada a darle financiamiento a Grecia por más de 134 mil millones de dólares y además crear un fondo de 900 mil millones de dólares para defender el euro que se ha venido en picada, de los cuales la Unión Europea aporta 600,000 millones, el resto lo aporta el FMI. Esto no es suficiente para muchos analistas de los mercados de capitales, es así que se dice que Europa tiene que comprar los más de 340 mil millones de deuda de Grecia para tranquilizar los mercados. El problema es que esto es sólo el comienzo de la lista, como ya mencionamos la deuda de los PIGS supera los 3.8 millones de millones de dólares.

La debilidad macro financiera de los 5 países mencionados, se puede ver en el cuadro anterior, el cual hace claramente prever que la dimensión del problema es de tal gravedad, que no parece tener solución en el modelo neoliberal, que aunque colapsado, el Fondo Monetario y los países desarrollados pretenden conservar. Esto se constata en el paquete de medidas impuestas a Portugal, el cual, igual, ya está comenzando a implementar España anunciando un recorte en el presupuesto de casi 18 mil millones de dólares en 2010, lo cual ya le advirtieron tendrá que ser más fuerte en el año 2011; así le tocará de igual forma al resto de los países de la Unión Europea.

Esta crisis financiera y la crisis que presenta la Economía de los Estados Unidos, se vuelve más grave si incorporamos la crisis macro financiera de Inglaterra, que se conoce su grado de profundidad y que con acciones de una intervención muy fuerte del Estado, al grado de tener que haber nacionalizado parte de la Banca, han logrado que salga momentáneamente de las coyunturas que están moviendo la inestabilidad de las bolsas de valores, que no es más que un reflejo de la variable temor o aversión al riesgo en los grandes inversionistas del sistema capitalista financiero mundial.

Japón no sale ni saldrá de la crisis y por su parte Alemana y Francia, han comenzado a sentir igual la necesidad de una política restrictiva, que en combinación con los otros países europeo augura una depresión en la demanda interna del continente, la cual combinada con la de Estados Unidos, la demanda mundial no tiene más que perspectivas de lento o nulo crecimiento y por lo tanto de una débil o errática recuperación de las economías capitalistas desarrolladas.

En Francia ya se comenzaron a afectar los programas de apoyo a los hogares con mayores dificultades económicas, a los cuales se les asignaban 150 euros al mes, esto será eliminado, aunque simultáneamente aprobaban los 600,000 millones de dólares para defender el Euro. Alemania va en el mismo camino, la jefa del estado Ángela Marke, anunció un programa de recortes en el gatos entre los años 2011 y 2014 por 80,000 millones de euros, de los cuales 30,000 millones vendrán de recortes en el gasto social, también anunció la supresión de 55,000 empleos entre el ejército y la administración pública.

Esta debilidad en la demanda tiene tres orígenes de carácter estructural que no tienen solución en el neoliberalismo: el primero es producto del gran desempleo que tanto en Europa, como en Estados Unidos es grave, casi 10% en los Estados Unidos y en países de Europa como España llega al 20%, este fenómeno con las políticas recesivas como ya vimos, se agravará más que resolverse; el segundo es producto del alto nivel de endeudamiento de los Estados y su alto déficit fiscal, que hace prever la imposibilidad de seguir manteniendo las políticas como las que ha implementado los Estados Unidos, de salvataje de la banca multinacional, de un tímido apoyo a los hogares, a la micro y mediana empresa, la creación coyuntural de empleos estatales, etc., esto va desaparecer, además que al final deberán subir los impuestos a los hogares por crisis fiscal y la inmensa deuda pública, producto fundamentalmente de salvar a los bancos, y por lo tanto la demanda nacional será afectada negativamente; y en tercer lugar, el alto nivel de endeudamiento de los hogares, en el caso de Europa lo podemos ver en el cuadro que se presentó anteriormente; por su parte el nivel de endeudamiento de los hogares norteamericanos es muy conocido, aun antes de la crisis, aspecto que se agravó con la crisis por el problema de la alta generación de desempleo y la descapitalización que sufrieron muchos hogares por las pérdidas en el mercado inmobiliario y financiero.

Lo contradictorio, desde un punto de vista de los intereses de los pueblos, es que esta necedad neoliberal y alto costo que ya están y seguirán pagando los pueblos, en esta coyuntura, es el resultado de defender de parte de los gobiernos capitalistas, fundamentalmente los interés de los bancos y los fondos financieros que especularon, muchos acumularon grandes fortunas, otros quebraron y ahora los reviven a costa de la humanidad, de ahí que el Periodista Ignacio Ramonet, llame al Gobierno de Francia el Gobierno de los Bancos, lo cual se le puede aplicar a todos los Gobiernos de los países capitalistas desarrollados y no desarrollados, como es el caso de nuestro país, donde el Gobierno adquirió 500 millones de dólares de préstamos con el BID para apoyar a los bancos y recientemente se comprometió con un financiamiento de $800 millones con el FMI con el mismo fin.

La lógica del sistema de la acumulación y centralización, descubierta por Carlos Marx, se confirma, en esta crisis, se ha reducido el número de ricos y se ha ampliado el nuero de pobres, los bancos que dominan el sistema financiero mundial se concentran y se centraliza más el capital.

En resumen, el carácter estructural de la crisis económica del sistema capitalista mundial, concentrada en los dos grandes centro económicos Estados Unidos y Europa, ya sea por el alto grado de especulación financiera, que se dice ha creado valores financieros por los 600 millones de millones de dólares o sea diez veces lo que produce toda la economía mundial en un año; combinado con la crisis profunda en la demanda interna que no tiene posibilidades de recuperación dado su origen en los altos niveles de desempleo estructural, incapacidad financiera de los estados de seguir con una política de gastos que alimente la demanda y los altos niveles de endeudamiento de los hogares; y por la crisis de sobre producción que el sistema vive; permite concluir que en esta crisis, en primer lugar la recuperación mundial será lenta y dolorosa para los pueblos de los países desarrollados y nuestros países subdesarrollados y pobres y que de hecho se está dando un segundo gran retroceso en los beneficios de bienestar que adquirieron amplias capas medias de los países desarrollados y aun la clase obrera; en segundo lugar que la re funcionalización del capitalismo en esta crisis requiere cambiar su modelo comenzado a implementar desde medios de la década de los años setenta, del siglo pasado en Inglaterra; y en tercer lugar que se confirma el agotamiento creciente del sistema capitalista, lo cual lo podemos ver, los que utilizamos además del instrumental teórico de la doctrina capitalista, el marxismo, que descubrió y explicitó las leyes básicas de la acumulación y centralización del capital. Así, podemos ver que actualmente en medio de esta crisis que se profundiza, que el sistema capitalista, se acerca cada vez más a sus fases de agotamiento.

Más bien esperamos una recuperación débil de la economía mundial, que sin duda entrará nuevamente en graves crisis, con graves repercusiones sobre El Salvador, repercusiones que serán cada vez más graves por el hecho de estar dolarizados y con una economía totalmente abierta en el marco de los tratados de libre comercio con Estados Unidos, México, Chile, etc., así como el llamado Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, que en su esencia, no es más que una copia del Tratado de Libre Comercio firmado con los Estados Unidos.

Por último este nivel de contagio se hace más fuerte en el marco del acuerdo que el presente gobierno presidido por Mauricio Funes, ha firmado con el Fondo Monetario Internacional, que tiene como objetivos fundamentales, que el país pague la deuda externa a costa de lo que sea (6,341 millones de dólares se ha comprometido a pagar por intereses y principal el Gobierno del Presidente Funes, entre el año 2010 y 2015), que se mantenga la dolarización y que las empresas transnacionales (petroleras, distribuidoras y generadoras de energía eléctrica, telefónicas, la cementera, la ex Constancia, TACA, Walmart, etc.) en el país puedan seguir remitiendo los cientos de millones de utilidades que obtienen anualmente a costa de la pobreza de nuestro pueblo.

La contrapartida de estos objetivos es encarecer el costo de vida a las ya familias pobres del país quitándole los subsidios y subiendo los impuestos, además de tener en perspectiva, congelar salarios, reducir empleo en el sector público, disminuir el ya reducido gastos social, etc.

Lo que pasa en Grecia, donde el pueblo se ha levantado y tomado las ciudades en contra de el continuismo de las políticas neoliberales lideradas por el Fondo Monetario Internacional, y está comenzando suceder en España, Francia, etc.; se quedará corto con lo que pasará crecientemente en nuestro país si continuamos manteniendo este modelo neoliberal, todavía es tiempo reflexionemos y actuemos en consecuencia.

El cambio de modelo y la búsqueda del camino hacia una transición hacia una economía socialista es el cambio que el país requiere; no estoy hablando de proyecto socialdemócratas que no ha sido más que un modelo de corte capitalistas, que ahora están en total crisis en Europa y no tienen escapatoria. El socialismo es la única salida para nuestra economía y las economías pobres en general, esto al final caerá por su peso, pero nosotros debemos evitar que así suceda, porque entre más nos tardemos, implica más sufrimiento para nuestro pueblo. Por eso la lucha continúa, hasta la victoria final, revolución o muerte.

*Economista militante del FMLN

Distribución de la Renta

Miércoles, junio 9th, 2010

Alberto Garzón Espinosa ⋅ June 8, 2010 ⋅( Pijus economicus 2010 )

Una gran empresa está formada por tres tipos generales de invididuos. A saber, los trabajadores, los directivos y los propietarios. Los trabajadores son los que están en la base de la empresa, y reciben un sueldo establecido de antemano o, a lo sumo, dependiente del ciclo de operaciones productivas (como en el caso de las comisiones); los directivos son los que toman las decisiones y los que forman, en gran medida, los consejos de administración, y su cometido actual es hacer de puente entre las decisiones básicas que toman las empresas y los intereses de los propietarios; y los últimos, los propietarios, son en las empresas cotizadas los accionistas, y pueden ser individuos o entidades impersonales como los fondos de inversión colectiva.

El papel crucial reside, a efectos de lo que aquí quiero ilustrar, en los directivos. Son, en sentido estricto, los verdaderos mandamás de las empresas. Toman todas las decisiones importantes y son los responsables de moverse políticamente para influir, en beneficio de la empresa, en el entorno institucional. Decisiones tan básicas sobre cuánto se ha de invertir, dónde se ha de hacer, cuánto beneficio se distribuirá entre los accionistas, cuánto beneficio se quedará en el seno de la empresa y hasta cómo y cuándo se ha de reestructurar laboralmente una empresa son parte de sus funciones.

En el incipiente capitalismo del siglo XIX estas funciones estaban adosadas a la figura del propietario, quien adelantaba el capital necesario para invertir y se mantenía en el timón de la empresa por largo tiempo. A lo largo del desarrollo del capitalismo todo esto fue cambiando y hoy esa figura del capitalista activo ya es completamente residual, primando la división de poder descrita más arriba.

Uno podría pensar, si se mantiene en el marco de la teoría, que los individuos que forman esos consejos de administración son los mejores trabajadores de la empresa, aquellos que tienen mejores aptitudes y una excelente visión estratégica. La realidad, sin embargo, dista mucho de ser esa. Los consejos de administración son hoy formados por individuos con recursos, pero no de tipo cultural sino de algo que en teoría de la empresa llaman, en sentido amplio, capital relacional. Esa palabra hace referencia al “valor”, que una persona cualquiera tiene por su capacidad para aportar a cualquier proyecto -empresarial- una determina cantidad y calidad de contactos políticos y empresariales.

Así, existe un mercado para la compra de este tipo de “directivos”. Y como son sujetos muy codiciados, el precio es alto. La procedencia de la mayoría de estas grandes estrellas es el mundo político. Ahí tenemos al ex presidente español Jose María Aznar siendo consejero de News Corporation, el entramado financiero de Murdoch y propietario de una lista casi sin fin de medios de comunicación, los ex ministros populares Rodrigo Rato, Abel Matutes o Isabel Tocino que lo son en el Banco Santander, el ex primer ministro británico Tony Blair que recaló en el gran banco JPMorgan, el ex presidente del PP catalán Joseph Piqué que está en Vueling, el también ex ministro popular Eduardo Zaplana que está en Telefónica, el ex presidente alemán Gerhard Schröder que está en la multinacional rusa GazProm, etc.

Además, estas grandes empresas son ya enormes conglomerados financieros u holdings, es decir, instituciones financieras creadas para detentar la propiedad de múltiples empresas distintas que operan en sectores muy distintos también. Es el caso paradigmático del grupo Carlyle, que es propietario de más de 900 empresas en sectores como la seguridad privada, la aviación, los medios de comunicación, la informática, la biotecnología, las empresas farmacéuticas, y un largo etcetera que puede consultarse libremente en su web. En este caso entre sus directivos y consejeros se encuentran ex presidentes de bancos centrales, de la SEC estadounidense, de instituciones de regulación financiera de todo el mundo, de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, etc.

Pero no se podrían enumerar todas las pruebas empíricas aquí. En todo caso, baste saber que la última noticia de este tipo ha sido el fichaje de la esposa del recién nombrado viceprimer ministro británico Nick Clegg, por parte de Acciona. Un gran capital relacional adquirido para la empresa española, sobre todo si sus estrategias de inversión apuntan al Reino Unido.

El profesor Santos Castroviejo hizo un extraordinario trabajo de recopilación de información sobre los consejeros de administración de las empresa cotizadas en la bolsa española. Utilizando grafos pudo establecer gráficamente las redes sociales de las empresas españolas y es que, como es lógico en un mercado de este tipo, cualquier persona puede ser consejera de dos o más empresas al mismo tiempo
……………………………………………..
La conclusión del estudio fue aplastante. Había en 2008 “1400 personas –un 0.035% de la población- que controla decisivamente el recurso económico fundamental a nuestro juicio, las organizaciones esenciales de la economía, y una capitalización de 789.759 millones de euros, equivalente al 80.5% del PIB” de España.

Por eso es perfectamente conveniente hablar de élite social en el capitalismo. Son estas personas las que utilizan sus contactos en la administración pública, en otras empresas privadas, en empresas públicas, en las instituciones reguladoras, conformando un amplísimo lobby que, por otra parte, está muy bien pagado……………………………..

Suelo decir que todo esto a mí me parece una versión sutil de la estructura social feudal, ya ni siquiera capitalista. Y es que toda esta historia tiene, cómo no, su otra cara de la moneda. Esta otra cara son los millones de trabajadores que se desloman trabajando a cambio de sueldos miserables, protegidos por la quimera del endeudamiento ad nauseam que opera únicamente en contextos de explosión financiera, y a cuyos hijos se les tranquiliza mediante largas promesas de buena remuneración en caso de obtener una excelente cualificación personal. Así tenemos un país lleno de estudiantes con incluso varias carreras y varios másteres, hablando idiomas y ganando, cuando tienen suerte de poder trabajar, menos de mil euros y bajo la amenaza permanente de despido a modo de espada de damocles. Un engaño que no puede durar indefinidamente

Los pecados de Haití

Jueves, febrero 4th, 2010

Eduardo Galeano
15 ENERO 2010

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.
Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:
-Recite la lección. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
-Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.
Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.
En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado… de artistas.
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.
Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contemporáneo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.
La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia , dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.
Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.
La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.