Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

24Ene/210

DISTRIBUIR RIQUEZA

Publicado por admin

El problema urgente de distribución de ingreso y riqueza

 

Asistimos a sustanciales debates respecto a cuál sería el problema nodal de la economía argentina. Los economistas de la corriente principal, que han respaldado el liberalismo neo, sostienen que la cuestión urgente y clave a encarar es la disminución sustancial del déficit fiscal. Otros enrolados en la heterodoxia light, que respaldaron la derechización de las socialdemocracias europeas adhiriendo a la corriente de pensamiento de Giddens y las políticas de Tony Blair, afirman que los equilibrios macroeconómicos no tienen ideología ni marcos histórico-sociales, o sea que serían de orden universal. Muchos de estos últimos coinciden con los ortodoxos al sostener que el principal problema del país es el ordenamiento fiscal.

Sin embargo, desde un enfoque crítico que observe la evolución de la economía argentina durante el último medio siglo, podrá concluirse que el problema argentino urgente y principal es la distribución del ingreso y la riqueza. Mirando la evolución de la participación de los salarios y las ganancias en el ingreso, se puede observar cual ha sido la “gran novedad” de las reformas introducidas en 1976 por la dictadura militar, cuyo despliegue continuó por décadas debido a la repetición de las políticas neoliberales en tres fases de esos cincuenta años. Así, esta identificación de la cuestión clave a resolverse en Argentina 2021 coincidiría con lo señalado por David Ricardo, el más maduro de los pensadores de la economía clásica, quien sostuvo en su obra fundamental, Principios de Economía y Tributación, que la distribución del ingreso entre las tres clases sociales de la comunidad era el principal problema de la economía política.

Los argumentos en que se apoya la corriente principal y las adyacentes son de orden praxeológico, es decir de carácter “tecnológico”, como si se tratara del proceder correcto en la economía. El análisis prescinde del devenir histórico y del origen de las condiciones que constituyen un estado de las cosas. Espacio y lugar son indiferentes, siempre hay una práctica “curativa” de los problemas económicos. Es la visión de quienes asumen que capitalismo constituye un modo histórico inamovible –una forma de organización óptima y única de la vida económica de los humanos. Que, extremada en la visión esencialista del liberalismo, estaría sujeto a condiciones de estricta vigencia de derechos de propiedad constituidos previamente, y blindados de su limitación, intervención o afectación por parte del poder democrático. Esa vigencia eterna y universal alcanzaría al mercado y, actualmente, a la financiarización misma como habitualidad sin alternativa.

 

 

La ruptura epistemológica de Marx

Martín Abeles y Roberto Lampa en La ruptura epistemológica de Marx (Revista Nueva Sociedad 277- set-oct 2018) , siguiendo a Etienne Balibar sostienen que la obra del autor de El Capital constituye una ruptura epistemológica con los economistas clásicos, refutando la tendencia que se ha afirmado entre los economistas ortodoxos que sitúan a Marx como el último de los aquellos. Siendo que Adam Smith postuló el axioma “de propensión natural de la especie humana al intercambio” que según Abeles y Lampa, el primer clásico entiende que “mediada por el mercado, no sólo redundaba en una organización racional de la reproducción social… [sino] que propiciaba un orden naturalmente justo”. Esos autores afirman que “lo interesante desde este punto de vista cognitivo es que la representación de la sociedad asumía la forma de una deducción analítica. Emulando ya entonces a las ciencias naturales”. En contraposición a este tipo de representación, Marx no razona en esta clave axiomático-deductiva sino que reconoce como central la dimensión histórica, social y relacional de la existencia humana. Para Marx ese tipo de interés individual postulado por Smith no existe sino que todo tipo de interés privado se explica y construye términos de relación social. Los autores reivindican a Keynes por discontinuar la hegemonía de la Escuela Neoclásica que concebía los fenómenos sociales “explicando el funcionamiento del sistema económico por medio de la agregación de comportamientos de agentes individuales… En lugar de investigar sistemas económicos por medio de modelos cerrados, abstractos y basados en el método axiomático, a partir de Keynes la economía política vuelve a concebir sistemas abiertos en los que el comportamiento de los actores económicos se sitúa en un contexto social”. También reivindican a Joan Robinson en su concepto “reglas del juego” como articulador de los impactos del conflicto social, el efecto de las instituciones y las disputas ideológicas en el análisis de la realidad económica y social.

 

Naturalización: el paradigma del poder

Desde el punto de vista expuesto, el gran aporte de Marx fue la iniciación de un estudio de la economía de carácter crítico que quebraba la naturalización del capitalismo, del mercado, del interés individual y del derecho de propiedad como piedra basal de la organización de la vida humana en cualquier tiempo y espacio. Esta posición abría la economía a una relación con las otras ciencias sociales como la sociología, la antropología y la historia. Abeles y Lampa ven esa apertura también en Keynes, y consideran que fue abandonada por parte de la heterodoxia posterior y contemporánea porque “su tendencia a la naturalización del sistema económico planteaba el riesgo de atribuir a las recomendaciones emanadas de sus investigaciones el mismo status objetivo, la misma pretensión de validez universal, que la corriente neoclásica presuponía en las suyas. De esta manera, la estabilización de la económica, la eliminación del desempleo, el cambio tecnológico o la reducción de la desigualdad… podrían ser concebidos más como problemas técnicos que como problemas de la sociedad”.

El sistema de la financiarización (constituido por las derechas neoliberales y las socialdemocracias 2.0 –a la Blair) ha sido restaurador del enfoque ahistórico y pro-naturalización del capitalismo in extremis. En todas las circunstancias de crisis o situaciones dificultosas del funcionamiento de la economía, esta vertiente ha señalado al déficit fiscal como uno de los temas fundamentales a resolver mediante lo que el mainstream llama reformas estructurales. La reducción del déficit debería acometerse, de acuerdo a sus prescripciones, mediante el recorte del gasto público, mientras el aumento de los impuestos lo contraindican, porque deducen que medidas de este estilo desalentarían la inversión. Aseguran que esta acometida contra el déficit fiscal alimentaría la confianza de los agentes individuales privados para emprender sus negocios. Sobrevendría la calma de los equilibrios macroeconómicos, el tamaño de la “torta” crecerá y habría “porciones” más grandes para repartir. Las políticas posteriores a la crisis del 2008 llevadas a cabo en Europa, impulsadas por el FMI, que tuvieron este carácter, devinieron en mayor retracción económica, aumento del desempleo, debilitamiento sindical y de la capacidad de lucha de los trabajadores para defender sus ingresos. En Argentina actual, con acaso la mitad de su población sumida en niveles de pobreza, una política de consolidación fiscal, basada en este dogma con pretensión de ciencia objetiva, conduciría a una mayor concentración del ingreso, caída del PBI, derrumbe del nivel de empleo, reducción del salario real y descenso de la inversión privada.

 

 

La recuperación de la historicidad

El artículo referido cita un señalamiento de Immanuel Wallerstein respecto a que la construcción social, heredada del siglo XIX, de las distintas disciplinas científicas había perdido vigencia y constituía una barrera para el trabajo intelectual, y aseguraba que la Economía Política era la que más había exacerbado la característica de división y escisión del conocimiento, aislándose del resto de las ciencias sociales.

Seguramente la pretensión praxeológica y generalizadora, con axiomas fuertes y deducciones con resultados no verificados, y muchos incontrastables, la llevaron a un conveniente aislamiento para postularse como una disciplina teórica objetiva estimulante del perfil de pensamiento único.

En Argentina los gobiernos que adhirieron a sus postulados favorecieron a los sectores del poder económico concentrado y finalizaron con catástrofes macroeconómicas. En cambio, las experiencias nacionales, populares y democráticas que aplicaron programas de crecimiento del gasto público, fortalecimiento de las organizaciones sindicales, aumentos de salarios, expansión del consumo interno y políticas hacia el pleno empleo, tuvieron importantes tasas de crecimiento económico, mejora sustantiva de la participación de los trabajadores en el ingreso y disminución de la pobreza.

Argentina está atravesada por conflictos históricos y presentes entre bloques sociales antagónicos. En el marco de esos conflictos se despliega la posibilidad de una distribución más justa y la potencialidad de un país con transformación productiva y desarrollo. Ni el déficit fiscal, ni las políticas monetarias pueden ser discutidos en Argentina de la pandemia del 2021, convaleciente de la política ortodoxa de la Alianza Cambiemos, como se lo haría en el marco de una situación de pleno empleo en una economía en expansión. Porque en este último caso la falta de financiamiento del gasto público podría provenir sólo de problemas y resistencias al pago de impuestos por parte de sectores empresarios. En cambio en la actualidad se suma a esa resistencia el declive de la recaudación por la caída del nivel de actividad y la necesidad de un sustantivo aumento del gasto social, unidos a un estructural comportamiento de evasión y fuga por parte del poder económico concentrado. La función de la recaudación de tributos tiene como objetivo fundamental la redistribución secundaria del ingreso y no un equilibrio contable de las cuentas públicas. Argentina es un país cruzado por una disputa por la apropiación de una extraordinaria renta diferencial de la tierra, de otra entre renta financiera y los beneficios de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas, además de la siempre presente entre salarios y retribuciones al capital.

 

 

Plutocracia o gobierno popular

¿Quién resuelve estos conflictos? Marx cuando discute el tema del ejército de reserva –una masa de desempleados que garantizan la inseguridad de los trabajadores en actividad para conservar sus empleos—, así como Kalecki en el siglo XX cuando refiere a la contrariedad de los grandes empresarios para apoyar políticas de pleno empleo que quitan el efecto de disciplinamiento que la amenaza de la desocupación ejerce sobre el batallar de los trabajadores para incrementar sus salarios y disminuir la tasa de ganancia, desnudan la voluntad de ese empresariado de regular el nivel de actividad para garantizar su poder en la sociedad civil y el destino de la economía. La herramienta discursiva más potente desplegada por el poder económico concentrado es sostener que la actividad económica debe quedar reservada para el sector privado, que el gasto público debe ser reducido y que los salarios sólo deben aumentar cuando crece la productividad del trabajo (o sea que la distribución del ingreso no debe variar nunca al alza). Esta sustracción de la economía de la política conduce a la plutocracia (el gobierno de los ricos). Es la lógica del Estado chico, asociada siempre al desmerecimiento de la política.

La democracia está concebida para garantizar una fuerte influencia en las decisiones por parte de los sectores populares, de los que menos tienen, de los más pobres. Sobre todo en el capitalismo, donde estos son la mayoría. Las decisiones en democracia corresponde que sean tomadas por el gobierno, también en el ámbito de la economía – incluyendo la Inversión Pública y la actividad productiva directa. Por ejemplo, resulta condenable que en nombre de la libertad, los sectores beneficiarios de la renta agraria diferencial se resistan a aceptar restricciones a la exportación dispuestas por el poder democrático ante dificultades de abastecimiento del mercado interno. Así como también correspondería un sustantivo aumento de la tasa de retenciones –que permita la socialización de parte de esa renta agraria— frente a su reciente, abultado aumento por el incremento de los precios internacionales, siendo inválido que se le anteponga una concepción de propiedad privada ilimitada en nombre de una idea oligárquica de presunta libertad. Porque el carácter de la propiedad privada sólo es definible, también, en contextos históricos, sociales y relacionales. Nunca puede ser un valor que consolide niveles inaceptables de desigualdad.

16Ene/210

EL SISTEMA POLÍTICO CHINO

Publicado por admin

Jorge Molinero *
* Sociólogo (UBA 1967) y Economista Político (UBA 1970).
Ex Profesor de Historia Económica (FCE UBA).
Especial para sitio IADE-Realidad Económica
13-01-2021
Tradiciones culturales, sistema político
y modo chino de producción.
1
Muchos en el mundo todavía se sorprenden por las consecuencias de los
preanunciados movimientos de Donald Trump. Ya antes de las elecciones –
cuando las encuestas marcaban una menguante ventaja para Biden – insistió
que podría haber fraude. Luego de las mismas lo reiteró, en especial para los cinco estados
más disputados, y ha mantenido el vilo a su país y al mundo al no reconocer su ajustada
derrota. No le importó que ninguna de sus denuncias pasase de las habituales
irregularidades encontradas en toda elección, razón por la cual fueron rechazadas por los
distintos jueces intervinientes y los recuentos definitivos. El último capítulo de esta serie
interminable han sido sus incendiarias declaraciones del 6 de enero que derivaron en la
movilización frente al Congreso Nacional, y el ingreso al mismo de los más exaltados,
frente a la increíble pasividad de las fuerzas de seguridad. A pesar que Trump aceptó la
proclamación formal de Biden tras la toma del Congreso - como había anticipado que haría
pero sin aceptar su derrota - los principales voceros demócratas y la prensa mayoritaria
en Estados Unidos, piden que su vicepresidente y la mayoría de su gabinete lo separe del
cargo en los pocos días que le quedan de poder. Todo suma al caos que Trump provocó
deliberadamente y que marca el inicio de una etapa muy meditada y nada improvisada por
parte del mismo, etapa que puede derivar en oscuras consecuencias.
¿Cómo es posible que esto ocurra en la potencia hegemónica, el imperio que domina al
mundo? ¿Dónde quedó el “destino manifiesto” para conducir al mundo bajo la receta de la
“democracia americana, la libre empresa, y la no intervención del Estado”?
No es nuestro tema de hoy, aunque sí en forma indirecta. Nos proponemos recorrer las
características del sistema político chino, menos conocido y glamoroso que la “democracia
americana”. Al final haremos sucintas comparaciones de ambas realidades.
Tradiciones culturales y modo de producción asiático
En el pensamiento chino siempre ha habido una recurrencia a filósofos o religiones de un
pasado remoto, que se utilizan como guía para enfrentar los desafíos de los distintos
presentes. El taoísmo, el budismo y el confucianismo son las tradiciones más extendidas.
La más respetada actualmente es la de Confucio (551 a.C.- 479 a.C.). Muchísimos centros
de su pensamiento se han abierto en China y en el extranjero en los últimos años. Sus
pensamientos van suplantando la formalidad de venerar el pensamiento de Karl Marx y el
socialismo, aunque algo de todo aquello continúa. Para Confucio las virtudes del ciudadano
son “la buena conducta en la vida” (caridad, justicia, respeto a la jerarquía, el poder y los
mayores) mientras que las del Estado son el mantenimiento de la tradición
(inmutabilidad), el estudio y la meditación. El resultado de mantener estos principios sería
M
2
la armonía, algo muy distinto de la guerra de clases de la versión soviética del marxismo
que inspiró la lucha de Mao para salir del siglo de las humillaciones, pero sin recetas para
los desafíos actuales.
Las tres culturas filosóficas y/o religiosas que han dejado su huella en China predican
valores de alguna forma similares. La inmutabilidad habla de una sociedad donde se
repiten constantemente las mismas relaciones, se utilizan las mismas técnicas, mientras
que la armonía puede lograr esa reproducción permanente sin conflictos, dirigidos por un
gobernante (supuestamente) benevolente que haga cumplir esos preceptos.
Estos principios no son características exclusivas de la civilización china. Con sus variantes
han estado presentes en varias culturas, entre ellas la del Egipto de los faraones, que duró
por tres mil años.
¿Por qué se llegó a imponer esta filosofía de la repetición permanente y armónica de los
ciclos de vida de los pueblos y sus gobernantes “virtuosos”? ¿Qué tenían en común el
Egipto de los faraones y la China antigua?: la influencia de la forma predominante de la
producción y reproducción de los bienes materiales, caracterizado en ambas civilizaciones
por el aprovechamiento de los cursos hídricos por la canalización y fertilización de los
terrenos alcanzados. En China para el siglo V a.C. ya estaban avanzadas los canales entre
los ríos Amarillo y Yangtsé, base alimentaria de la población más extensa del mundo.
Las condiciones materiales son importantes en el moldeo de la conciencia de los pueblos, y
una parte no despreciable de la forma de pensar china deriva de esta característica que la
hizo grande a partir del juicioso y ordenado desarrollo del sistema de canales de riego, que
necesitaba de un poder político fuerte y una colaboración permanente de sus poblaciones
campesinas. Gracias al mismo se logró una de las agriculturas más productivas del mundo
por área sembrada, basada en la intensidad de mano de obra por superficie, también de las
más altas del mundo. Es el reverso de la forma de producción agraria extensiva en áreas de
secano que existen, por ejemplo, en Estados Unidos y Argentina, y por ello insistimos
sobre los distintos modos de producción y su influencia sobre la forma de pensar, tan
distinta de la nuestra.
Luego de haber sido la civilización más importante por miles de años, entre 1850 y 1950
China sufrió humillaciones y terribles retrocesos a partir de la rapiña imperialista que
comenzaron británicos con la Guerra del Opio, seguida por otras potencias imperialistas
europeas y el Japón, que recién terminaron en forma definitiva con el triunfo de la
revolución socialista de base campesina dirigida por el Partido Comunista de Mao Tsetung.
3
El sistema político actual
Luego de treinta años de recuperación de la soberanía nacional y el inicio del desarrollo
económico mediante la industrialización – no exenta de grandes errores como el Gran
Salto Adelante de fines de los cincuenta y la Revolución Cultural de los sesenta – China
cambió el paradigma del modelo maoista a partir de fines de 1978 con Deng Tsiao-ping. Se
impuso un modelo económico de capitalismo de Estado con creciente participación de las
empresas privadas, llamado “Socialismo con Características Chinas”. No repetiremos aquí
las etapas conocidas sobre el crecimiento y desarrollo meteórico que en cuarenta años
llevaron a China a ser la segunda economía del mundo y desafiar por su sola presencia al
hegemón norteamericano.
El período de Mao fue de tres décadas, el de las reformas de mercado lleva cuatro. Si el
período de las “reformas” dura más que el “original” sin haberse concluido a imagen y
semejanza del neoliberalismo occidental es claramente porque hay elementos estratégicos
que el PCCh no está dispuesto a ceder, ni en lo económico ni en lo político.
Las críticas en Occidente, y en especial desde las usinas de pensamiento norteamericanas,
se centran en dos temas. A nivel económico la persistencia e importancia de las empresas
del Estado (SOE´s) y las regulaciones, controles, prohibiciones y subvenciones sobre las
empresas privadas. El Estado mantiene el control directo de sectores estratégicos y un
largo rango de industrias básicas, incluyendo las de infraestructura, transporte,
telecomunicaciones, finanzas y los medios de comunicación.
A nivel político la crítica occidental es la ausencia de “democracia representativa” (una
persona, un voto) caracterizando al sistema chino como “autoritario” o simplemente una
“dictadura” como continuación del modelo maoísta basado en la experiencia de Stalin en la
URSS. La persistencia del nombre del partido único, Partido Comunista de China,
contribuye a obscurecer diferencias significativas que se han venido articulando a partir
de los años noventa del siglo pasado.
La tradición democrática se idealiza como iniciada en Grecia, aunque tal “gobierno del
pueblo” no representase más que la fracción de ciudadanos libres, una minoría dentro de
la población ateniense. La generalización del voto universal es muchísimo más reciente en
Occidente, y hasta muy entrado el siglo XIX sólo votaban los varones mayores que
contaban con una determinada capacidad económica. No fue hasta que las luchas
populares fueron arrancando la conquista del voto que se fue extendiendo a todos los
mayores de edad, y más adelante también a las mujeres. Hoy es generalizado el sistema
formal de una persona un voto, aunque las limitaciones reales a las expresiones políticas
4
vienen por otros canales. La revolución industrial que generalizó el capitalismo en
Occidente se preocupó mucho más por garantizar la propiedad privada de los medios de
producción sin limitaciones fuera de los mecanismos de mercado, que por los derechos
políticos de las mayorías que se abrieron paso sólo con prolongadas luchas sociales.
En Asia la democracia representativa no tiene tradición ni antecedentes. China ha sido
gobernada por emperadores por miles de años, y luego del siglo de humillación nacional la
principal demanda de las mayorías eran la paz y retomar una senda de crecimiento para
salir de la pobreza extrema. En 1950 el ingreso promedio anual era de 50 dólares por
habitante, con una población campesina superior al 80 % del total. Al momento actual
excede los 10.000 dólares (superior al ingreso per cápita de Argentina) y la población
agraria es algo menor al 50 %.
La base de la legitimidad política de la conducción china es el acelerado crecimiento que
ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas, reduciéndola a una fracción
insignificante y ha terminado con la indigencia. A medida que crece el bienestar
económico las demandas de la población van cambiando, y se suman los reclamos sobre el
sistema de salud, el previsional, las demandas sobre el medio ambiente, y contra la
corrupción, en especial a nivel distrital o de empresas, temas que ha encarado el gobierno
y son desafíos para el futuro. Todos los estudios de opinión, llevados a cabo por empresas
de prestigio internacionales, son coincidentes en que hay una alta satisfacción de la
población sobre su sistema de gobierno.
El politólogo norteamericano Daniel A. Bell1, que ha vivido más de una década en China,
describe su modelo político como de tres niveles diferentes: democrático en la base,
experimentación en el medio y meritocracia en la cumbre.
La constitución de 1982 definió el comité de residentes y autogobierno de la población en
áreas rurales y urbanas, incluyendo que los dirigentes debían ser elegidos por voto
secreto. Una ley de 1998 consolidó las practicas previas, instituyendo que los miembros
directivos de los pueblos y pequeñas ciudades debían ser elegidos por mayores de 18
años, por tres años, que la cantidad de candidatos debía exceder el de los puestos a ser
llenados, y la facultad de los electores de separar a los elegidos en caso de mala conducta.
Compiten personas, pero no partidos.
La experimentación se encuentra entre el nivel local y el central. El gobierno central
evalúa la experimentación sectorial o regional y si funciona la extiende progresivamente a
todo el país, caso contrario se descarta. Esta aproximación de ensayo y error se

1
THE CHINA MODEL. Political Meritocracy and the Limits of Democracy. Princeton University Press 2015.
5
desprendió totalmente de los supuestos ideológicos de la etapa previa, y fue una
característica especial que impulsó Deng Tsiao-ping (“no importa si el gato es blanco o
negro, sino que cace ratones”).
Existe una vieja tradición de origen confuciano, que es la de acceder al servicio público
mediante rigurosos exámenes. La meritocracia en tiempos imperiales reducía los
potenciales servidores públicos para puestos ejecutivos a aquellos que sabían leer y
escribir, conocían los textos tradicionales, en especial de Confucio, entre otros requisitos.
En síntesis, no más del 1 % de la población de aquellos períodos, donde meritocracia eran
los instruidos dentro de la elite económica y política existente.
Basados en esa tradición, el sistema actual de examen para la carrera de funcionario
público se complementa con rigurosos exámenes para ingreso a la universidad y al partido
(nada fácil ingresar, Xi Jinping lo intentó varias veces antes de ser admitido en su
juventud). Las materias que componen los duros test incluyen ciencias, economía, política,
historia, formación filosófica y evaluación de los valores morales del postulante.
Para llegar a posiciones políticas importantes habrá que haber pasado por años de
experiencia y sucesivos test en los niveles de pueblos, ciudades, departamento, provincia y
ministerios. En promedio se necesitan veinte años desde haber ingresado para aspirar a
viceministro.
Dada la superposición entre la estructura del Estado y la del Partido, se necesitan más
años para llegar al Comité Central (370 miembros), al Politburó (25 miembros) o la cima
del Comité Permanente del Politburó-CPP (7 miembros). Es en este último nivel que se
concentra el poder que se delega en el Presidente del Estado y Secretario General del
PCCh, que hoy detenta Xi Jinping. Si la mayoría de CPP decide que Xi actúa mal tienen el
poder para removerlo.
Aun hay una considerable distancia entre los postulados teóricos y la realidad, tanto en el
nivel de base como en las condiciones de ascenso en la burocracia política. Los intereses
creados, el patronazgo, la corrupción (compra de puestos) existen pero según Bell ello
afecta más a los niveles inferiores e intermedios que a los altos, y de hecho es hacia Pekín
que se dirigen los reclamos sobre las inconductas en los niveles inferiores. La percepción
generalizada de la población es que sus dirigentes nacionales son bien intencionados y
cumplen adecuadamente la misión que se espera de ellos, en esta etapa llevar adelante el
“sueño chino” de ser un país medianamente próspero ahora y estar en la vanguardia del
desarrollo económico, científico y tecnológico para el centenario de la RPC en 2049.
6
La principal virtud del sistema actual, con todas sus falencias y distancias con la teoría, es
que hay una continuidad de varias décadas de las líneas de gobierno, que los cambios son
graduales y consentidos por experimentación realizada por dirigentes cada vez más
capacitados. Es imposible pensar que llegue a la conducción del país un político sin
experiencia administrativa, como Barack Obama, o un arribista como Donald Trump que lo
logró por audacia, oratoria cautivante y fortuna personal.
Existen preguntas sin respuestas claras para el futuro. La meritocracia en la cima puede
concentrar los candidatos dentro de la fracción más favorecida por lazos personales o
fortuna familiar, que puede dar tanto apoyos de profesores extra para los exámenes como
dinero para lograr ascensos. En el caso de los partidos políticos norteamericanos (y en la
mayoría de los partidos en Occidente), los sectores económicos más poderosos terminan
por colonizarlos, independientemente de sus orígenes de clase, etnia o ideologías. En
China hace menos de dos décadas que se permite la afiliación a empresarios. Son los
valores morales que pueda mantener el PCCh - en mezcla de confucianismo y poco de
marxismo - lo que permite mantener el control sobre los intereses creados de la
burocracia y las nuevas burguesías. Hace un par de años el gobierno reveló que Jack Ma, el
multimillonario fundador y principal accionista de Alibaba y ANT, es afiliado al PCCh.
Ahora el gobierno nacional ha frenado a Jack Ma, al no autorizar a que ANT haga su oferta
pública inicial (OPI) y ha iniciado acciones para contrarrestar el poder monopólico de
Alibaba, en especial por su incursión en el área financiera en funciones neurálgicas que el
Estado no delega en privados.
Luego de un año de pandemia endémica China sale golpeada pero victoriosa en su control
del virus. Su crecimiento económico se redujo pero continúa positivo (alrededor del 2 %
para 2020) y el Banco Mundial prevé que será del 7,9 % en 2021. Su Plan Quinquenal es
detallado hasta 2025, y sucesivos planes generales cubren el horizonte hasta 2049. Su
sistema político no es atractivo para el mundo, pocos países podrían emularlo en ese
aspecto, y tampoco se ha propuesto exportarlo. Pero dentro de sus propios parámetros
está logrando avances que consolidan su estabilidad y confianza en el futuro.
Mientras tanto, Estados Unidos ha sufrido un retroceso económico por su mala política
frente al Covid, con caída del orden del 4 % en 2020. Su recuperación es una seria
incógnita por el agravamiento de nuevos casos que superan los 220.000 diarios, aun con el
inicio de la vacunación. A ello le suma el caos político en que lo ha sumido la actitud de
Tump. No se pueden prever ni los eventos hasta el próximo 20 de enero. Estados Unidos es
el país más importante del mundo, por el tamaño de su economía, por adelanto científico y
tecnológico y por la superioridad militar que garantiza su hegemonía. Pero su imagen
7
política se ha deteriorado y enfrenta un período de convulsión interna con imprevisibles
consecuencias que no podremos evitar en el resto del mundo.

13Dic/200

ATAQUE AL SISTEMA DEMOCRÁTICO

Publicado por admin

Cristina desnuda la contradicción entre sistema republicano y democracia

 

El columnista del diario La Nación y predicador del programa Odisea Argentina, Carlos Pagni, caracterizó la carta de la Vicepresidenta de la Nación y lideresa del Frente de Todos, Cristina Fernández de Kirchner, como un ataque al sistema republicano. El autor del artículo Ataque al sistema republicano, en La Nacion del 10 de diciembre de 2020, comienza caracterizando que “la esencia del sistema republicano radica en la necesidad de limitar al poder”, continúa diciendo que “la sociedad se protege de la posibilidad de ser avasallada por la política a través de dos dispositivos principales, la independencia judicial y la libertad de prensa”.

Los posicionamientos políticos adquieren su sentido en condiciones histórico-concretas y no como resultado de generalidades pretenciosas de vigencia eterna. Valorando el momento en que Pagni formula esas aseveraciones, no pueden ser entendidas más que como construcción teórica de defensa del lawfare. Defiende a la Corte Suprema como una institución inmaculada, ajena a sus comportamientos y características actuales, justamente las que Cristina Fernández se encarga de describir enumerando los comportamientos irregulares de ese cuerpo y de la mayoría de sus integrantes. Finaliza el párrafo, aseverando que la “independencia judicial” unida a la “libertad de prensa”, que en este contexto no es otra cosa que la de los conglomerados comunicacionales concentrados que reúnen medios escritos y audiovisuales, conforman la hermandad imprescindible para defender a la sociedad del avasallamiento de la política. Nótese la elección de la palabra, no se refiere como lo hacen los liberales tradicionales al Estado, si no a la política. Sigue así los lineamientos de las innovaciones  del liberalismo neo respecto del liberalismo clásico. Son Milton Friedman y Hayek quienes insinuaron esa sustitución lingüística, popularizada hoy por los economistas «libertarios”. Ese cambio introduce una contradicción entre República y política, cuya conciliación se transita mediante el vaciamiento de esta última.

La esencia de la República que evoca Pagni no se originó en la democracia ateniense sino en el feudalismo europeo, que devino en el capitalismo liberal. Comenta Ellen Meiksins Wood en Democracia contra Capitalismo (siglo XXI, 1995) que uno de sus principales hitos fue la Carta Magna inglesa de 1688 (año en que se impuso el fin del absolutismo y el predominio del Parlamento sobre la monarquía), acontecimiento que provoca el ascenso de las clases con propiedades. Ese republicanismo no fue de campesinos que “se liberan del dominio político de sus señores, sino de los señores mismos que afirman sus poderes independientes frente al poder de la monarquía. Este es el origen de los modernos principios constitucionales, las ideas del gobierno limitado, la separación de poderes y demás, principios que han desplazado las implicaciones sociales del ‘gobierno del demos’ –como equilibrio entre ricos y pobres— como criterio central de la democracia”. El concepto de democracia antiguo provino de una experiencia histórica que le dio un status ciudadano a las clases subordinadas, en cambio en lugar del ciudadano campesino, el antiabsolutismo de la limitación de poderes constituye el drama histórico de la ciudadanía limitada al barón feudal wigh. La tradición republicana reivindicada por Pagni proviene de una época de cambios en que el concepto de pueblo y ciudadanía calificaba para los estratos propietarios y excluía a las mayorías populares. La raíz del pensamiento republicano plutocrática se devela en el predicador de Odisea cuando escribe sobre la Vicepresidenta que, “mientras estuvo al frente de la Casa Rosada propuso una reforma cuyo propósito principal era subordinar el Consejo de la Magistratura a los resultados electorales para, de esa manera, someter a los jueces a los vaivenes de las urnas”. Este periodista de la derecha argentina no se priva de designar al veredicto popular con el mote de “vaivenes de las urnas”. Proteger a la “justicia” y la “prensa” de la política, alejar la designación de los integrantes de un órgano judicial de los “vaivenes electorales”, son parte de un lenguaje ajeno al pensamiento democrático.

El artículo se refiere a que “uno de los pasajes más reveladores de la proclama de ayer [la Carta de la Vicepresidenta] fue el cargo que le hace a Rosenkranz como presidente de la Corte, de haber ejercido la profesión litigando a favor de empresas privadas. Quiere decir que, además de manifestarse sobre la Justicia, la Vicepresidenta aprovechó pronunciarse también sobre el capitalismo”. Prefiere ocultar y deformar lo que la Presidenta dijo: que la cartera de clientes del estudio jurídico de Ronsenkrantz está conformada por los principales grupos empresarios argentinos y extranjeros del país. Era el abogado de grandes intereses particulares de empresas privadas cuya actividad tiene un fuerte impacto en la vida pública. Respecto de lo cual, resulta atinado citar la reflexión de Rousseau, el gran filósofo de la democracia, para quien “solamente la voluntad general puede dirigir las fuerzas del Estado según el fin con que ha sido instituido, que es el bien común; pues si la oposición de los intereses particulares ha vuelto necesario el establecimiento de las sociedades, el acuerdo de esos mismos intereses lo ha vuelto posible… Siendo la soberanía tan sólo el ejercicio de la voluntad general, no puede nunca enajenarse, y que el soberano, que no es sino un ser colectivo tan sólo puede ser representado por sí mismo: el poder puede transmitirse pero no la voluntad… La voluntad particular  tiende por su naturaleza al privilegio, y la voluntad general a la igualdad”.  Pues entonces, el señalamiento de la lideresa del Frente de Todos cumple con el deber de señalar que el Presidente de la Corte no reúne los antecedentes que garanticen la atención de la voluntad general, pues ha vivido vinculado a grandes intereses privados. La advertencia de Cristina Fernández es una manifestación contra el privilegio y en defensa de la igualdad.

En otro párrafo acusa al texto de Cristina Fernández de efectuar un cuestionamiento a la cultura liberal, en beneficio de una idea populista de la democracia. La confesión del periodista que predica el neoliberalismo queda expuesta. Esa defensa de la cultura liberal es la de cadena de intermediaciones representativas que aleja a la ciudadanía del poder por medio de la república representativa en la que las elecciones tienen una metodología superindirecta. Es la reivindicación de la cultura que con el advenimiento del capitalismo separó la vida económica de la vida democrática. La que “protegió” a la economía de la política. Luego en la época del “capitalismo de oro”, con las socialdemocracias europeas de posguerra y los gobiernos populares en el Tercer Mundo, el capitalismo admitió la desmercantilización de los bienes y servicios esenciales y una intensa intervención del Estado en la economía. El temor a la “amenaza comunista” habilitó esta posibilidad, combinada con el desarrollo de intensos tejidos sociales en Occidente, la presencia de modos productivos que homogeneizaban a los pueblos y una intensa politización de la vida pública. Más tarde, con el advenimiento del neoliberalismo, los sectores del poder económico impulsaron el retiro de los estados de la economía, el endiosamiento de los mercados, la heterogeneización de las condiciones productivas, la vulnerabilización de vastos sectores de los pueblos y la admisión de una vertiginosa formación de un vértice minoritario y exclusivo de multibilllonarios. Los neoconservadores que pretenden eternizar esta última realidad militan la limitación de poderes, dando impunidad a los jueces que no provengan de los vaivenes de la voluntad popular y a los conglomerados comunicacionales monopólicos que forman opinión favorable a la hegemonía de los sectores privilegiados para las grandes empresas, en economías cada vez más concentradas.

El columnista de la “tribuna de doctrina” manifiesta preocupación respecto de la actualidad cuando dice que la carta vicepresidencial coincide con el momento en que el país “negocia con las grandes democracias del planeta encabezadas por los Estados Unidos, un acuerdo con el Fondo”. Mientras el gobierno nacional, popular y democrático dejó claro que no aceptará condicionamientos sobre su política económica, ni tampoco realizará reformas estructurales para acordar un programa con el FMI, el orador de Odisea enciende alarmas por las justas críticas de la Vicepresidenta a un Poder Judicial que hoy huele a podredumbre. ¿Ese hombre, y los que piensan como él, supone que nuestras conductas políticas – ya no sólo las económicas— deben subordinarse al gusto de las grandes potencias? ¿Cantan el Himno Nacional, o creen que hacerlo es inconveniente para atraer las inversiones extranjeras? ¿Tal vez piensen que conviene cambiar la lengua primaria con que se educa a las futuras generaciones por el inglés? Todo lo que venere al Dios de la Confianza sería útil para su criterio. Esa veneración se compone de concesiones y pleitesías. No oculta nada de su pensamiento sometido al poder, dice “grandes democracias del planeta encabezadas por los Estados Unidos”.

 

 

 

Gran potencia, pero sin democracia

Dice Mónica Peralta Ramos en su artículo La política en tiempos de pandemia, respecto a la actualidad que vive la potencia que encabeza las grandes democracias: “El impacto económico de la pandemia ha contribuido a arrojar luz sobre una brutal desigualdad racial, económica y social acumulada a lo largo de décadas. Sin embargo, las demandas de los que tienen poco o nada se enredan y entreveran en una disputa entre facciones de las elites dominantes empeñadas en controlar una mayor tajada del poder político. El fragor de este combate impide ver lo que está realmente en juego. Ese ‘ellos o nosotros’ es un ariete que divide de un modo espurio a los excluidos, ahondando una grieta que, de tan vieja, ya casi no existe en la memoria. Hoy los despojados y los excluidos pugnan por hacer oír su voz pero son ahogados por cantos de sirena que buscan mantenerlos en el aislamiento y la segregación… La existencia de un contrato social aceptado por el conjunto ha sido un rasgo indispensable a la vida comunitaria. Hoy ese contrato social está roto. Las instituciones democráticas no pueden legitimar un orden social que maximiza los intereses de unos pocos en detrimento del bien común de todos, con una dinámica que desemboca en una crisis sistémica, en el canibalismo social y en la destrucción del clima y del hábitat”.

Un país con un régimen electoral distinto en cada uno de sus estados, donde las elecciones suelen terminar en pleitos, donde el que gana puede ser el que saca menos votos, donde los grandes grupos privados financian y condicionan a los futuros Presidentes, en forma “transparente” y sin limitaciones. ¿Eso caracterizan como gran democracia?

La cuestión está en el origen. Para los antiguos federalistas norteamericanos explícitamente había que evitar el gobierno de la turba, la tiranía de la mayoría, y optaron por la forma representativa y republicana de la democracia, excluyendo el equilibrio de poder entre las clases, y sin referencias críticas a que se instale el “gobierno de los ricos”. Esta es la fuente de los principios que permitieron sustraer la economía de la política y someterla a un espacio no democrático: el del mercado.

La “razonabilidad” de las políticas de entrega propiciadas por Pagni y los periodistas-comunicadores de los grandes medios concentrados, está sostenida como anticipaba Gramsci en lo que constituye a esos agentes del poder, son“los viejos dirigentes intelectuales de la sociedad [que] sienten que pierden terreno bajo sus pies, se dan cuenta que sus ‘sermones’ se están reduciendo precisamente a ‘sermones’, a cosas ajenas a la realidad, a pura forma sin contenido, a larva sin espíritu, a eso se debe su desesperación y sus tendencias reaccionarias y conservadoras”. A esa intelectualidad del poder decadente, de una civilización en descomposición, pertenece el autor de la nota de La Nación y esa intelectualidad periodística entregada a la repetición del discurso de una civilización decrépita.

 

 

Ortodoxos en decadencia y falso realismo mendicante

En particular, los economistas constituyen, tal vez, la facción más grave de la intelectualidad de un modelo de vida en descomposición. El elogio del neoliberalismo, el régimen de la desigualdad, de la sociedad que fábrica miseria, del despojo de la idea del semejante, tiene expresiones locales en los discursos ajustadores, de mano dura económica, de embate contra la política, como los de Milei, Espert, Cachanosky, y aunque más encubiertos también los del ex ministro Cavallo, De Pablo, Broda, Melconian, etc.

Pero también hay un coro de supuestos “realistas” que llaman desde discursos progresistas tipo socialdemocracia 2.0 (de la tercera vía de Anthony Giddens) a la aceptación de las relaciones de poder que rigen el mundo. Asumen la apologética de la correlación de fuerzas y la inevitabilidad de sumarse al “mundo” (en el rol de furgón de cola de las potencias de la financiarización). Corresponde contraponerles la materialidad de la existencia de la voluntad, como constitutiva de la subjetividad que puede cambiar el estado de cosas, introducir una ruptura, cambiar el cauce. Esa subjetividad motoriza la invalidación de un “falso realismo” constituyente de un reformismo superficial que renuncia a la motorización de una real transformación de la sociedad y la Nación.

Emmanuel Alvarez Agis, ex viceministro de economía de un gobierno popular, parece seducido por alternativas de este carácter. Plantea la necesidad de ampliar el financiamiento externo para aplicarlo a la moderación del déficit fiscal, dando por supuesto que el FMI habrá de pedir y la Argentina tendrá que aceptar un mayor equilibrio presupuestario. Bajo esos supuestos –de exigencia y subordinación— que se acercan a una negociación tradicional con el FMI, Alvarez Agis plantea que con un plan de facilidades extendidas Argentina podría obtener 12.000 millones de dólares más de asistencia del Fondo, lo que la llevaría a un endeudamiento de 57.000 millones con ese organismo. El joven economista parece envejecido en ideas. La suposición de seguir endeudándose con el FMI porque el organismo va a condicionar y el gobierno democrático, nacional y popular argentino aceptará, no es más que una vieja y repetida historia de fracasos y retrocesos. Pero el ex viceministro también se esperanza con la razonabilidad del siempre irrazonable organismo internacional respecto a los condicionamientos que impondrá.

 

 

Álvarez Agis y Abraham Gak: las apariencias engañan.

 

 

Más joven en ideas que él era el director del Plan Fénix, Abraham Gak, recientemente fallecido a los 91 años, quien siempre reivindicó la autonomía ante el Fondo y el poder financiero. Fue un militante, un intelectual y organizador de los economistas que lidiaron con la ortodoxia cuando reinaba en todos los campos, también en la UBA. Otro de los fundadores del Fénix, Aldo Ferrer, referente de los economistas heterodoxos, siempre sostenía que en las negociaciones hay que tener la alternativa de no acordar, porque si se les asegura el acuerdo, los financistas te imponen lo que ellos quieren. Cuando se está elaborando un programa y se lo pretende propio, autónomo y no ajustista, resulta de chambón –si la mirada es bondadosa— andar tirando números sobre endeudamientos incrementales. Si la “tribuna de doctrina” te entrevista varias veces en una semana te tenés que preguntar sobre lo que andás diciendo. Y siempre se debe reparar en las marcas y señales de la historia. Néstor Kirchner construyó una política de transformación por haberle cancelado al FMI y no por ir a mendigarle más dólares, y menos para financiar el ordenamiento de cuentas internas.

22Nov/200

Dos en el sube y baja

Publicado por admin

Mientras Estados Unidos continúa en el pantano post electoral, China cierra un mega-acuerdo de libre comercio asiático

 

Las elecciones en Estados Unidos no han concluido a pesar del conteo provisorio de los estados y la proclamación de Joe Biden por la prensa. Donald Trump sigue insistiendo en sus declaraciones preelectorales de fraude y robo de votos sin otros argumentos que algunas irregularidades menores en los cinco estados donde la diferencia era ajustada: Arizona, Nevada, Carolina del Norte, Pensilvania y Georgia. En este último se está haciendo un nuevo conteo definitivo por ser la diferencia menor al 0,5 % a favor de Biden, pero ese cómputo no cambiará el resultado nacional. Sin contar los 16 electores de Georgia, Biden ha sumado 290, superando los 270 consagratorios, y Trump 232. Según Los Angeles Times (17 Nov.), Biden está obteniendo 78,9 millones de votos (51,3%), Trump 73,2 (47,6 %) y Jo Jorgensen, candidata del Partido Libertario (derecha), 1,6 millones (1,1 %). En esta elección hubo una participación ciudadana del 62%, la más elevada desde 1964, pero baja en comparación con las argentinas y europeas. El 38% de los ciudadanos con derecho a voto no lo ejerció.

Trump perdió pero no por paliza. El trumpismo está lejos de aceptar la derrota y menos aún de haber sido sólo un momento anómalo en la historia oficial de “corrección política” norteamericana. Hoy es un país dividido políticamente, con una grieta que Trump se esfuerza en profundizar. Esa negación de la derrota es el principio de reorganización, bajo su liderazgo, de la fuerte fracción de la derecha blanca belicosa, muchas veces armada. Veremos hasta dónde llegan.

 

Votantes y programas

Según la encuesta de AP, si se diferencia por sexo Trump obtuvo el voto del 52% de los hombres y el 44% de las mujeres; por edades, el 51% de los mayores de 45 años; por etnia el 55% de los blancos, 8% de los negros, 35% de los latinos, 28% de los asiáticos; por educación, 52% de secundaria o menos, 42% de los graduados universitarios, 40% de los posgraduados; por religión, 60% de los protestantes, 71% de los mormones, 50% de los católicos; por nivel económico, el 45% de los que tienen ingresos anuales inferiores a U$S 50.000, el 50% de los que ganan entre 50.000 y 99.000 anuales y el 47% de los que ganan más que U$S 100.000 por año. Geográficamente, las costas Este y Oeste votaron a los demócratas, y el interior profundo, la Middle America blanca, a Trump.

Los encuestados indicaron que los temas que decidían su voto, en orden de importancia, eran: Pandemia (73%), Economía y Trabajo (28%), Salud (9%) y Racismo (7%). Luego otros tópicos y al final de la lista Política Internacional con el 1%.

De no haber sido por el mal manejo de la pandemia, sumado a las consecuencias políticas del asesinato de George Floyd, Trump difícilmente hubiese perdido la reelección, al margen de todas sus características de “políticamente incorrecto”. El 75% de los que resaltaron la pandemia votaron a Biden, mientras que de los que marcaron como tema principal economía y trabajo el 81% votó por Trump.

El visceral y políticamente incorrecto Trump expresó claramente sus convicciones sobre “el virus chino” (y otros temas) pensando que los esfuerzos que hacía en el campo económico, con una magnitud de ayuda federal inédita en tiempos de paz, superarían cualquier otra faceta. No le alcanzó, aunque por poco. Que esa ayuda federal se dedicó sesgadamente en favor de los grandes monopolios no le quita su importancia para los trabajadores.

Los consejeros de Biden le indicaron qué decir sobre la pandemia, al igual que los graduados el énfasis en cada uno de los demás temas, y ganó apegándose al manual. Es un viejo recurso de la política, como arte de lograr apoyos acomodando el discurso a los cambiantes vientos que indiquen aprobación en las encuestas. Biden encontró la oportunidad luego de bregar cincuenta años. Su principal mérito es no ser Trump.

Liu Mingfu, coronel (retirado) del ejército chino, indica: “Estados Unidos es sólo medio democrático. La característica sustantiva de un país democrático tiene dos aspectos: la primera, las políticas internas democráticas sin totalitarismo en la sociedad nacional, y la segunda, las políticas internacionales democráticas sin hegemonía en la comunidad internacional. Un país verdaderamente democrático es un país que no tiene monarca en casa ni hegemonía en el extranjero. Si un país sólo es democrático en casa y hegemónico y autocrático en el mundo, es como máximo la mitad de un país democrático”. (1)

Para el resto del mundo la parte significativa de la política del hegemón es su política exterior, y sobre ella los ciudadanos norteamericanos no tienen mayores divergencias ni le dan trascendencia en su decisión de voto. Confían en que Estados Unidos defiende “los principios de la libertad y la democracia” y sólo se preocupan cuando vienen muchos ataúdes con caídos en oscuras batallas lejanas. Las elecciones se definen 99% por temas internos. El resto del mundo es el que tiene que aguantar, resistir o asentir a políticas que no ha votado. Que Biden sea “progresista” en lo interno, en sus propuestas respecto a la pandemia, minorías raciales, alternativas sexuales, educación u otros temas, no tiene relevancia para el resto del mundo al momento de soportar la presión del hegemón. La diferencia quizá sea que el puño de hierro en la próxima administración demócrata esté enfundado en un guante de seda, con expresiones políticamente correctas al estilo Barack Obama mientras lograba el récord de asesinatos internacionales mediante drones en Oriente Medio, y el Premio Nobel de la Paz como recompensa anticipada a sus posteriores proezas.

Trump representa una visión geopolítica de largo plazo por sobre las ganancias de corto y mediano plazo de la dominante fracción de las finanzas, el capital globalizado, y de las nuevas tecnologías de comunicación. Su objetivo internacional es tratar de limitar el ascenso de China, y al margen de los temas internos ha desplegado una estrategia nacionalista-racista-xenófoba, el imperialismo desnudo del siglo XIX e inicios del XX, el “gran garrote” al estilo del presidente Teodoro Roosevelt. Los acuerdos de Bretton Woods de 1944 no le sirven frente al ascenso de China y ha tratado de rehacer unilateralmente las reglas para mantener la hegemonía americana. El trumpismo se manifestará, entre otras cosas, en el mantenimiento por Biden de muchas de las medidas proteccionistas o punitivas frente a China, en una acomodación difícil de amalgamar con los grupos de interés globalista con negocios en China que desde hace años ha colonizado (no sólo) al partido Demócrata.

Las fracciones económicas globalistas habían revertido parcialmente la tendencia descendente de la tasa de ganancia del capital norteamericano al imponer al mundo el neoliberalismo a partir de los años ochenta, y se beneficiaron de la apertura y reestructuración de la economía china desde el ascenso de Deng Tsiao-ping (1978). Todo era ganancia para el capitalismo en esos años. La apertura capitalista de la enorme China, la implosión de la URSS una década después, negocios a dos puntas con la segmentación de la producción industrial simple en los países asiáticos y el corazón complejo en el centro. Pero la aceleración en el crecimiento chino y la complejización de su aparato productivo en especial a partir de su ingreso en la OMC (2001), junto al retroceso del centro por la crisis de especulación financiera de 2008, encendió las luces de alarma. China no es un gigante económico y enano político como Alemania o Japón, que sin capacidad nuclear dependen del paraguas defensivo americano y en temas estratégicos no pueden revelarse a sus dictados sin serios costos. Quizá los mayores cambios en política internacional sean un trato más amable a los aliados en función de que se acomoden a la política anti-china y anti-rusa que continuará en lo general.

La disputa mundial este año está teñida por la pandemia, “el virus chino” como lo llama Trump y así ha logrado que lo considere la mayoría de su población y muchos en los países centrales. La crisis que Trump ha desatado al no aceptar su derrota abarcará un período mucho más prolongado que la fecha de cambio de administración, contribuyendo al marasmo y desorden político interno del hegemón mundial.

 

China y sus opciones

El país asiático es el único importante que ha superado el coronavirus, en una combinación de ataque temprano con la utilización de todas las herramientas disponibles: controles de movimientos poblacionales con programas de Inteligencia Artificial incorporados a celulares, estrictas cuarentenas, construcción acelerada de hospitales, uso intensivo de testeos de respuestas casi instantáneas, eficientes y tecnificadas atenciones a enfermos, uso masivo de recursos en higiene preventiva y la repetición de las medidas con todo rigor ante el mínimo rebrote. Cero privacidad, total intrusión, fortísima colaboración ciudadana, resultado excelente. La conciencia social china sobre el individualismo americano rindió sus frutos. Esto le ha permitido superar la caída de la actividad en el primer trimestre, con resultados positivos en el segundo y tercero, que la harán cerrar el año con un crecimiento superior al 1% mientras los países de Occidente, según el FMI, tendrán caídas de entre el 4 y el 10% en 2020 y la segunda ola de coronavirus, alejando su esperada recuperación para bien entrado 2021.

Pero no todas son mieles. La presión de Estados Unidos, que venía desde 2018 con una disputa estratégica disfrazada de guerra comercial, la ha obligado a firmar en enero pasado la Fase 1 del acuerdo, simplemente para que no apliquen parte de los elevados derechos de importación sobre mercaderías chinas. Hasta el momento el cumplimiento por parte de China de acelerar las importaciones de granos y otros productos norteamericanos se ha acercado a lo pactado. Pero la parte más dañina de las sanciones son las prohibiciones de actividades de sus empresas líderes en Estados Unidos, caso Huawei y Tic Toc, entre otras, y la prohibición de vender microchips avanzados a la primera, tanto de producción americana como de empresas extranjeras (la taiwanesa TSMC) que utilicen componentes americanos.

¿Por qué esta sanción es importante? Porque en el campo de la complejidad y producción de microchips avanzados la distancia tecnológica de Estados Unidos sobre China es significativa, y sin esos semiconductores avanzados está en peligro gran parte de la arquitectura que Huawei ha montado con sus avances en la quinta generación (5G) de comunicaciones. Para todo el aparato productivo y en especial para la defensa, contar con microprocesadores avanzados es crítico.

China ha ingresado de lleno en la Revolución Industrial 4.0, término generado en Alemania hace pocos años que comprende ciber sistemas físicos en servicios y fabricación inteligente, integración de la infraestructura tecnológica incluyendo robotización, aprendizaje automático, impresión 3D, computación en la nube, internet de las cosas, nueva generación de semiconductores. Estados Unidos tiene una ventaja en investigación básica mientras China lo supera en aplicación industrial de los avances científicos, notoriamente en Big Data que otorga un mercado de 900 millones de usuarios de internet en una población de 1.400 millones. Otros sectores industriales son más heterogéneos, con algunos líderes cercanos a la frontera tecnológica y otros más atrasados. El proceso de poner al día esos sectores (catch up) es la explicación del crecimiento acelerado de la productividad en China, que en este siglo ha sido parejo al aumento de los salarios reales.

Volviendo a los semiconductores, de los diez primeros productores mundiales seis son americanos, liderados por Intel; el tercero es taiwanés (TSMC), dos coreanos y uno solo de China. Este país está acelerando la producción, liderada por SMIC, pero su experiencia, nivel de producción y complejidad tecnológica está por debajo de sus competidores. Los expertos calculan cinco años para cerrar la brecha, con todos los peligros imaginables en ese período tanto por la presión americana para que otros países no acepten los sistemas y productos Huawei como en la definición de reglas 5G, donde esa empresa china lleva claramente la delantera.

Mientras EEUU marca récords en contagios de Covid 19 y continúa su desorden político post electoral, China ha contrarrestado parte de las dificultades con Huawei y todo el sector tecnológico al firmar el pasado domingo 15 la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés) para formar la zona de libre comercio de mayor población mundial junto a 14 países, que incluye a Japón, Corea del Sur, Australia, Indonesia, Tailandia, Filipinas, Singapur, Malasia, Vietnam, Nueva Zelandia, Myanmar, Camboya, Laos y Borneo. Comprende 2.200 millones de habitantes, el 29,3% del PBI mundial y el 27,4 % del comercio mundial, en el área geográfica de mayor crecimiento en lo que va del siglo. Varios de los países signatarios son aliados políticos y protegidos militares de Estados Unidos, pero los beneficios que otorga la posibilidad de participar del creciente mercado chino ha prevalecido –hasta ahora– sobre las presiones de aquel país. Las tratativas comenzaron en 2011 y no es casual que se hayan firmado los acuerdos en el momento de mayor desorden político en Estados Unidos.

 

 

No será sencilla la implementación de los mismos por la presión que ejercerá Estados Unidos, que en 2018 se retiró del TTP, proyecto de libre comercio de los países asiáticos con aquel país excluyendo a China. Dos ausencias son significativas entre los firmantes: la provincia china de Taiwán y la India. La primera ha venido coqueteando con declaraciones independistas con apoyo explícito de Estados Unidos, provocando una elevada tensión militar en el Estrecho de Taiwán. Los indios resisten un acuerdo de libre comercio en función de sus fundados temores de que su atraso industrial, la falta de infraestructura y la diferencia de capacitación de su mano de obra no compensen la diferencia salarial que tienen a su favor frente a los chinos. De allí la posición beligerante del primer ministro Narendra Modi. Las concesiones comerciales de China no lograron disuadirlos, hasta ahora.

Este es el escenario que dominará los tiempos por venir, marco que condiciona el desarrollo de nuestros países sudamericanos. Procesos difíciles y hasta contradictorios parecen ir revirtiendo la ola derechista que se había apoderado del subcontinente. Argentina, Bolivia, Chile, ahora despuntando Perú y probablemente Ecuador en 2021. Nuestros países deberán aprovechar cada circunstancia, unirse y luchar para obtener en la puja de los centros de poder mundial los acuerdos que nos permitan avanzar en nuestros objetivos de desarrollo económico y soberanía política.

8Nov/200

LA FOTOGRAFÍA INOLVIDABLE

Publicado por admin

Quince años del NO AL ALCA

 

Esta semana se cumplieron quince años de la Cumbre de las Américas que en Mar del Plata tuvo la potencia para cerrar el camino a que los Estados Unidos consiguieran el mayor avance hacia el destino que persiguen hace más dos siglos: la consolidación del objetivo panamericanista con su hegemonía continental a través de la conformación del ALCA. Imposibilitó su concreción la asunción al poder de un conjunto de corrientes populares en países de América Latina. Los liderazgos de Kirchner, Lula, Chávez, Evo y Tabaré impidieron ese objetivo imperial. La evocación de la efeméride excede las consideraciones políticas y merece un encuadre de los aspectos económicos de los significados de ese hecho histórico, también la referencia a sus raíces y la valoración presente de los rumbos a impulsar en América Latina. Particularmente en Argentina como reacción a la desastrosa y tramposa situación provocada por la alianza del gobierno de Cambiemos y el FMI para inhibir la potencia transformadora del gobierno popular.

Más de tres años antes de la realización de la reunión de Mar del Plata, la Secretaría de relaciones internacionales de la CTA, que esta semana recordó el evento de 2005 con un seminario internacional, editó un texto de Enrique Arceo en el que se presentaba crudamente el carácter del ALCA y las condiciones internacionales en que acontecía su imposición. Señalaba el autor que “el ALCA procura consolidar en América Latina el tipo de dominación a través del mercado que Estados Unidos busca implantar en el conjunto de la economía mundial. La liberalización de la economía mundial que ha tenido lugar en el último cuarto de siglo no es un fenómeno resultante de la estructura espontánea de las estructuras económico-sociales o una consecuencia de la revolución tecnológica… El mercado es una construcción social y opera necesariamente sobre la base de un conjunto de reglas que reflejan una determinada correlación de fuerzas. La liberalización no es… un desplazamiento de las regulaciones nacionales por las fuerzas incontrolables del mercado, sino su reemplazo por otro tipo de regulación… El ALCA es un claro ejemplo de establecimiento de nuevas normas a ser observadas por las naciones a fin que el capital opere en toda América como un mercado único”.

En la época llamada del “capitalismo de oro” o de “las economías del bienestar”, el financiamiento era predominantemente público, de carácter bilateral o mediante la intermediación de organismos multilaterales de crédito dirigidos por los estados. No estaban restringidos los controles al movimiento internacional de capitales. Existía una regulación interestatal de las políticas cambiarias que impedían su flexibilidad significativa. La inexistencia de un mercado de capitales privados acotaba el financiamiento de los déficits porque la única fuente para resolverlos era el FMI y el Banco Mundial, que lo hacían con reglas estrictas. El único país que podía hacerlo sin límite eran los Estados Unidos, porque imprimían el dólar. Este era el país con exclusividad de moneda completa. El dólar cumplía con las cinco funciones del dinero definidas por Marx:

  1. Unidad de cuenta (los precios se piensan siempre en dólares);
  2. Medio de transacción (las operaciones se realizan en dólares);
  3. Medio de pago (las cancelaciones de deudas y cobros de acreencias se hacen en dólares);
  4. Reserva de valor (los ahorros se realizan en dólares);
  5. Dinero Universal (de aceptación irrestricta para las operaciones internacionales de todo tipo).

 

 

Unidad Latinoamericana o panamericanismo rastrero

La ruptura de la convertibilidad del dólar con el oro, sobrevino por la insolvencia potencial que afrontaba Estados Unidos para cubrir sus déficits, debida al peso creciente de otras economías y al elevadísimo nivel del gasto militar. El surgimiento de nuevas potencias industriales y la acumulación de capital de los países petroleros habían llevado a los Estados Unidos a reemplazar una política administrada del manejo monetario acoplada a un diseño institucional de la gobernanza global por otro de regulación mercantil. Esta fue una decisión deliberada y constituyó el punto de origen del neoliberalismo. Las relaciones entre las monedas pasó a ser flexible y el riesgo de cambio, privado. Las tasas de interés pasaron a ser libres, fijadas por la oferta y la demanda. Los organismos multilaterales restringieron, hasta la insignificancia, los controles al movimiento internacional de capitales. Así, las empresas norteamericanas —siempre con la tecnología de punt— podían deslocalizar producciones y segmentarlas, destinando a los países de menores salarios los eslabones de menor complejidad de fabricación, dejando los de superior desarrollo para los países centrales con mayor disposición del financiamiento privado. Porque la novedad del neoliberalismo fue el cambio de fuente de financiamiento de los déficits: el financiamiento privado y los mercados de capitales reemplazaron a los estatales y sus regulaciones institucionales. La tasa de interés trepó “tan alto como lo necesario para restaurar el valor del dólar”. La llave del cambio regulatorio del capitalismo mundial hacia la financiarización fue que la tasa de interés norteamericana sustituyó a la convertibilidad del dólar como el instrumento de poder de acción de la política económica global.

A su vez, las teorías apologéticas de la libertad de tasas y el financiamiento privado se pregonaron como panacea del desarrollo de los países periféricos, a los que se les hizo adoptar la apertura a la entrada y salida de capitales, con mercados financieros muy rentables (altas tasas) para valorizar el capital especulativo, que no sirvieron para otra cosa que para concentrar el poder económico y destruir la capacidad de crecimiento de sus economías. Este rumbo sólo estancó su desarrollo y aumentó su dependencia tecnológica, alimentando los procesos de fuga de capitales y endeudamiento, que siempre terminaba afrontando el Estado descargando —la mayoría de las veces— su peso en los cuerpos y vidas de los sectores populares.

Del corto período del capitalismo regulado de posguerra se pasó irreversiblemente al capitalismo financiero como sistema mundial, porque ni Wall Street ni los Estados Unidos querrán nunca volver a regular las ganancias, que hoy consiguen con los métodos  de la financiarización y la desposesión de los estados dependientes y de los asalariados. El capitalismo regulado y movilizado por la ganancia productiva era menos rentable y más conflictivo para el capital rentista concentrado. Los desarrollos teóricos corrieron por parte de las universidades de los países centrales donde circulaban como espejitos de colores las bondades de la desregulación. Sumaban a la modelización interesada el elogio  de la desaparición de las empresas públicas y el financiamiento de los déficits fiscales a tasas elevadísimas, demonizando la emisión y la inflación como las causas de todas las enfermedades de las economías periféricas. Sin embargo, las tasas de interés altas tuvieron como resultado más claro la destrucción del consumo interno y de los crecientes pero inmaduros desarrollos industriales de los países desposeídos por esta política.

“El ALCA constituye desde la óptica norteamericana un instrumento decisivo para consolidar la hegemonía de Estados Unidos sobre América Latina y erradicar definitivamente en ella cualquier proyecto de desarrollo autónomo”, decía Enrique Arceo. También significaba una herramienta de la disputa de los norteamericanos con los capitales de otro origen, pues su implementación permitía que los Estados Unidos pasaran de tener del 21% al 31% del PBI mundial. La adopción del ALCA hubiera implicado el final del funcionamiento del Mercosur dentro de todo el territorio americano, sólo hubiera podido subsistir hacia afuera del mismo. Desindustrialización y pobreza.

El No al ALCA en la Cumbre de Mar del Plata significó la salvación del apasionante proyecto de Unidad Latinoamericana. El Panamericanista ALCA, que en lo político-militar se ha expresado por la OEA, el TIAR, el PROSUR, el Grupo de Lima, la Escuela de las Américas y el cipayismo de Luis Almagro, desde hace dos siglos viene sosteniendo el programa de la Doctrina Monroe: “(Toda) América para los (Norte) Americanos”, que justificaba intervenir en otros países de la región en defensa de los intereses estadounidenses. En sucesivos conclaves se creó la Oficina Comercial de las Repúblicas  Americanas con el  objetivo de proteger los intereses norteamericanos frente a los británicos en el siglo XIX, creándose en 1890 la Unión Internacional de Repúblicas Americanas. En el siglo XX se firmó un convenio de cooperación que nunca entró en vigencia porque Estados Unidos siempre se negó a establecer relaciones compensadas. En América Latina Estados Unidos reservó la preeminencia de los objetivos político militares frente a los económicos, que en la posguerra ocuparían un lugar central en Europa.  Finalmente el ALCA era su gran objetivo hegemónico en la época de la globalización.

Se debe concluir que el lawfare en Argentina y Ecuador, el golpe en Bolivia, los derribos institucionales en Paraguay y Brasil y la organización permanente de conspiraciones contra Venezuela, fueron provocados no sólo por las oligarquías locales y los intereses de la hegemonía militar coyuntural estadounidense, sino que existía el proyecto estratégico de un sometimiento “definitivo” de la región a condiciones de dependencia y subdesarrollo. Por eso resulta pertinente citar al peruano José Carlos Mariátegui en sus Textos básicos (FCE,1995), caracterizando que “el panamericanismo se apoya en los intereses del orden burgués, el iberoamericanismo debe apoyarse en las muchedumbres que trabajan por crear un orden nuevo. El iberoamericanismo oficial será siempre un ideal académico, burocrático, impotente, sin raíces de vida. Como ideal de los núcleos renovadores, se convertirá, en cambio, en un ideal beligerante, activo, multitudinario”. La Unión Latinoamericana como meta del movimiento de masas.

 

 

La tragedia del dólar

En un mundo donde rige la flexibilidad cambiaria, en el que se impone un paradigma de libertad cambiaria como comportamiento de normalidad y de liberalización financiera, las condiciones de profundización de la dependencia tienen una herramienta central en la moneda. Hay un solo país que es estrictamente unimonetario. El resto de las naciones se ha visto sometida a una lógica de estabilidad monetaria ligada a los respetos de alineamiento con la financiarización, tasas de interés sensiblemente más altas que la superpotencia central, salarios flexibilizados que le permitan abaratar costos de los procesos de menor tecnología. Las razones de inestabilidad económica modélica –ligadas al debilitamiento de la moneda— han provenido de:

  • La inflación, atribuible a la puja distributiva donde el capital no ha podido disciplinar al trabajo y a la actividad sindical a su gusto, a pesar de la concentración empresaria.
  • Expectativas que acentuaban la fragilidad financiera debido a la ausencia de “reglas claras” , que significan la previsibilidad completa de un esquema macroeconómico único que responda a los diseños previstos por la potencia central, y que en nuestro país incluyen como eje a la Carta Orgánica del BCRA que reemplazó el kirchnerismo, a la Ley de Entidades Financieras —sancionada por la dictadura y aún vigente—, a regulaciones bancarias (normas de Basilea) que dejan el sistema a merced de una élite internacional que lo (des-auto)regula en función de la privatización del crédito y la obtención de superganancias, rigiéndolo por un dispositivo de riesgos especulativos que excluyen el fomento a las pequeñas y medianas empresas. También suponen un presupuesto equilibrado con políticas ofertistas que bajen los impuestos, y más aún el gasto social.
  • Una naturalización del capitalismo, con asignación de recursos mercantiles, en el que la actividad económica debe ser llevada a cabo por parte del sector privado.

Estos principios condenan al subdesarrollo y la dependencia a los países periféricos y llevan a la constitución permanente de activos externos en el/los países que son gendarmes del capital. Cuanto más autonomía económica se promueve, más movimiento de capitales hay hacia el exterior. El bimonetarismo deviene de estas tres imposiciones de política.

La Unidad Latinoamericana antidependentista había dado nacimiento a la UNASUR, un MERCOSUR con objetivos más democráticos, el ALBA, el SUCRE y la CELAC. Debe destacarse, también, al Consejo Sudamericano de Defensa —con una concepción antagónica a la lógica de la Escuela de las Américas— y, particularmente, al Banco del Sur y el Fondo del Sur, proyectos de instituciones financieras cuya función debía ser la restauración del crédito público para el desarrollo, con el objetivo de largo plazo de disminuir la dependencia de los capitales privados.

Con acierto Cristina Fernández ha señalado el carácter extremo del bimonetarismo argentino, el modo en que este rasgo estructural del mundo neoliberal se ha acentuado en la Argentina. En efecto, en nuestro país el peso conserva sólo íntegramente la segunda y la tercer función de la moneda enunciadas por Marx, salvo para los inmuebles. La primera rige para todos los bienes que consumen los sectores populares, pero para las clases acomodadas los artículos de alto valor, tienen al dólar funcionando como unidad de cuenta. En cambio la cuarta función es claramente de ejercicio bimonetario. La quinta, como es de rigor sólo corre plenamente para la superpotencia occidental, el peso no la posee. La acentuación del bimonetarismo, especialmente en la moneda como reserva de valor, es un castigo de los “mercados” a la no aceptación plena de los tres puntos que se enumeraron como constitutivos del diseño de hegemonía del dispositivo del capital financiero.

El futuro de la dignidad nacional exige la defensa de la Unidad Latinoamericana frente al panamericanismo rastrero. También construir una estrategia de defensa de la moneda propia porque es un instrumento constitutivo de la Nación y que nos permite tener nuestra política económica. También recuperar la idea de la decisiva participación del Estado, en la investigación y desarrollo científico, en las finanzas, en el comercio exterior y en las empresas de tecnología estratégica. Esta no es una cuestión ideológica sino objetiva si se evalúa las necesidades de un política de desarrollo e igualdad, que impida los chantajes y condicionamientos del capitalismo financiero.

Decía Juan Perón en La Hora de los Pueblos (1968) que “el anacronismo mayor sucede aquí, como en nuestros países latinoamericanos, en el hecho que la desunión provocada por el propio imperialismo, resulta el peor enemigo. Como aquí todavía existe el mito de la inversión de capitales y la radicación de industrias yanquis –indudablemente más adelantadas en el aspecto tecnológico— es inútil que un país aislado intente hacerles frente, porque como para USA es indiferente el lugar, si un gobierno les crea dificultades, negocia con otro y aun se permite jugar a uno contra el otro para alcanzar las condiciones”. Perón tenía clara la Unidad Latinoamericana, como Bolívar, Monteagudo, Ugarte e Ingenieros. En referencia a la Alianza para el Progreso, otro megaproyecto panamericanista del cipayismo, decía Perón: “Los proyectos para la entrega han sido muchos y muy variados, a veces se cubre con el desarrollo, otros con la ayuda para el progreso, también con la privatización de las empresas estatales, a veces con el aporte de capitales o de las inversiones extranjeras”.

En referencia a las actitudes complaciente de la dirigencia de la CGT, a las entrevistas con la AEA –en las que convino una declaración en defensa de la actividad privada y la reducción de impuestos—, vale recordar las páginas de 77 y 78 de la edición de la Editorial Norte de Madrid del texto citado en donde se refiere al intento del imperialismo de copar a la dirigencia sindical argentina, utilizando la AFL CIO y la CIOLS creadas, según Perón, con el objetivo de combatir a la Federación Sindical Mundial. En otra parte del texto Perón se refiere a La Tragedia del Dólar refiriéndose a las restricciones que Johnson impuso a las empresas norteamericanas en Europa, acompañadas por una política de restricción monetaria, castigando la decisión de De Gaulle de expulsar de su territorio a las fuerzas de la OTAN. Perón advertía de represalias similares que respecto de desequilibrios económicos podían acontecer en América Latina.

El reciente acontecimiento electoral de la superpotencia, con lamentables ribetes en su transparencia y calidad del debate, ha permitido la aparición de opiniones de economistas y relacionistas internacionales locales con respecto al comportamiento que debía tener la Argentina frente al nuevo gobierno norteamericano. La mayoría de las cuales se referían a arreglar rápido con el FMI, confrontar con Venezuela, ajustar fiscalmente y no acercarse demasiado a China. Opiniones generalizadas en Junto para el Cambio, el periodismo concentrado mediático. Con intelectuales de esta calaña iríamos derecho a una creciente dolarización de la economía, provocando  mayor pobreza y mayor poder del capital frente al trabajo.

El cruce de la frontera del Presidente Alberto Fernández con Evo Morales, el día siguiente al que el Presidente electo por el Movimiento al Socialismo asuma el poder, será una fotografía inolvidable de la historia nacional. Una cachetada a los proyectos de sometimiento al Imperio.

18Oct/200

Publicado por admin

EL GRITO BOLIVIANO

La decisiva elección de hoy es observada con ansiedad en toda la región

 

Hoy, 18 de octubre de 2020, hay elecciones en Bolivia, a 11 meses del golpe de Estado que expulsó del poder a Evo Morales luego de 14 años que transformaron el país axialmente. El MAS gobernó ese período construyendo sentido de igualdad en todas las facetas de la vida boliviana, desmontando el predominio blanco en una sociedad cuyas mayorías son descendientes de los pueblos originarios. También disminuyó sustantivamente la brecha entre los más ricos y los más pobres en un país que venía de una polarización extrema y con agudos índices de pobreza. La construcción del Estado Plurinacional de Bolivia avanzó, durante el gobierno de Morales-García Linera hacia la consecución de un equilibrio entre regiones que representan diferentes perfiles y desarrollos productivos, revirtiendo la política del capitalismo neoliberal de los gobiernos de su predecesora República de Bolivia que profundizaban desigualdades poniendo en riesgo la unidad de esa Nación. El arribo de Morales al poder en 2005 había significado la conformación de un gobierno apoyado en y por los mayoritarios pueblos originarios. La creación del Estado Plurinacional permitió el reconocimiento de las diferencias para borrar las desigualdades.

El sangriento golpe de Estado del año pasado de la derecha boliviana, fue un típico movimiento restaurador de privilegios económicos, de predominios regionales y, también, desarticulador de los avances institucionales logrados con la Reforma Constitucional y las modificaciones organizativas y conceptuales del Poder Judicial. Además atacó la imbricación de las culturas, costumbres y perfiles de la vida de los pueblos mayoritarios en la educación, la vida social y la concepción del carácter de ciudadanía en Bolivia.

La caída del gobierno de Evo Morales y Alvaro García Linera significó uno de los últimos hitos de una experiencia común en América Latina, llevada a cabo entre gobiernos populares de distinto signo político y diferentes perspectivas respecto de sus objetivos de reformas, pero amalgamados por cuatro proyectos comunes:

  1. El impulso de políticas de desarrollo autónomo que se implementaron desde una posición crítica al neoliberalismo.
  2. La construcción de igualdad social y despolarización de la riqueza. Numerosos planes y políticas se desplegaron para disminuir la pobreza, las brechas sociales y para ampliar la capacidad de consumo de las mayorías populares.
  3. La afirmación de la democracia, promoviendo la consolidación, la realización o la promoción de cambios constitucionales para ampliar y profundizar la ciudadanización del pueblo. Reformas presididas por la idea de la necesidad de modificar su concepción y dogmática liberal por las de la democracia participativa y sustantiva.
  4. La recuperación de un enérgico rumbo hacia la Unidad Latinoamericana, que desarticulara el proyecto panamericanista con el cual los Estados Unidos persistían en la intención de construir un bloque geopolítico continental bajo su hegemonía económica, política y militar.

Cuando se produjo el golpe de Estado que instaló a Jeanine Añez como Presidenta, muchos de esos gobiernos populares habían sido depuestos a través de golpes institucionales como el del PT de Dilma Rousseff y Lula Da Silva en Brasil y el de Lugo en Paraguay o desplazados en procesos electorales impregnados de políticas de lawfare , como el del kirchnerismo en la Argentina, mientras otros proyectos eran torcidos por ese mismo procedimiento como ocurrió en Ecuador.

En Bolivia no pudieron hacerlo de otro modo que con un golpe policial-militar que reprimió salvajemente durante semanas las movilizaciones campesinas y populares. Sólo la intervención internacional –en la que el gobierno de Alberto y Cristina Fernández recién asumido jugó un papel decisivo—, pudo salvar la vida del Presidente, el Vice y otras autoridades del gobierno democrático derribado. Bolivia demostró que las nuevas artimañas destituyentes de la derecha regional no descartaban, sino que incluían la alternativa del viejo golpe, como recurso y/o amenaza disponible para determinadas instancias.

Los organismos de Derechos Humanos de la Argentina denunciaron «las violaciones a los Derechos Humanos en Bolivia y repudiamos una vez más el golpe cívico, policial y militar, orquestado por los Estados Unidos… Requerimos a los gobiernos de la región y a los organismos internacionales que desconozcan a la autoproclamada Presidenta interina Jeanine Añez”.

El gobierno golpista, a pesar de proclamar que asumía para conducir el llamado a un proceso electoral, que anunciaba bajo la invocación de la “limpieza”, permaneció once meses en el poder con el objetivo de desandar las reformas progresivas llevadas a cabo por el gobierno de Morales. Se estrenó cambiando presurosamente la política internacional de su país. Abandonó el ALBA, se sumó al Grupo de Lima y planteó una “necesaria reforma” de la UNASUR.

La opinión del blog Bloomberg.com respecto del gobierno de Añez señala que la Presidenta del gobierno de facto modificó el objetivo declamado de su gobierno de pacificar la situación y llamar a elecciones en mayo de 2020. Lo sustituyó, denuncia la agencia, por la ostentación de sus credenciales cristianas frente a las mayorías populares originarias, y por el avance en decisiones de política internacional, como la ruptura de relaciones con Cuba y Venezuela, dice Bloomberg.

En lo económico,  la dictadura de Añez introdujo reformas que retrajeron el crecimiento, deterioraron la situación fiscal y contrajeron la demanda.

La política de Añez, amén del año de pandemia que debió afrontar, intentó desmontar y confrontar con la que Morales construyó, una etapa de notable progreso para Bolivia. En el inicio de su gobierno Evo decretó la nacionalización de los hidrocarburos y renegoció los impuestos a las compañías extranjeras que operaban en el sector, subiéndolos del 50 al 85%, a la vez que realizó fuertes inversiones públicas en su desarrollo. El promedio de crecimiento de la economía fue del 5% anual durante casi una década, sosteniendo niveles que promediaron el 4% en los años que prosiguieron al 2015, cuando el precio de los commodities tuvo un curso descendente.

 

 

La economía en el Estado Plurinacional de Bolivia

Fernando Molina en su artículo Bolivia: es la economía, estúpido (Nueva Sociedad n° 283, set. 2019) menciona la mejora de la distribución del ingreso durante el gobierno de Morales y destaca las políticas diferenciadas por áreas en la economía boliviana durante el gobierno del MAS. Mientras se estatizaron los sectores estratégicos como el gas y la electricidad, se construyó una alianza con el sector privado en las esferas de la agroindustria, el comercio en gran escala y las finanzas. Otras ramas permanecieron en manos privadas como la cerveza, el cemento y las telecomunicaciones.

A su vez, permaneció y se expandió el desempeño de los pequeños emprendimientos comerciales y artesanales  que ocupan al 60% de la mano de obra. Se conformaba así una economía de dos sectores, dice Molina, uno excedentario que incluye a la minería, el petróleo, la energía y el agronegocio, que transfiere al segundo sector parte de sus excedentes a través de la acción estatal, reemplazando a las políticas previas que favorecían una creciente fuga de capitales y pago de utilidades a la inversión extranjera directa.

La pobreza extrema cayó del 38 al 18% de la población –en las ciudades al 10%—, y la pobreza en sí se redujo en un tercio. El objetivo de la política económica fue avanzar hacia la industrialización de las materias primas  y garantizar la igualdad social.

Los bancos nacionales avanzaron notablemente en el período y su patrimonio creció entre 2008 y 2017 de 700 a 2500 millones de dólares, según informa el artículo citado. La política monetaria del gobierno de Morales recuperó al peso boliviano como moneda de reserva de valor ya que en el año 2000 los depósitos bancarios en esa moneda representaban el 3% del total mientras que en el año 2015 su participación ascendía al 94%. Esto fue logrado por “el gobierno del MAS, [el que] con la fuerte oposición de los bancos privados y transnacionales, restableció la banca pública e implementó una Ley de Servicios Financieros en 2013, lo que significó una drástica modificación de la institucionalidad que había sostenido décadas de políticas de liberalización». Señala Natalia Naqvi que la legislación sancionada por el MAS dispuso la intervención pública en la asignación de recursos de la banca privada, mediante regulaciones cuantitativas de los préstamos para los sectores productivos, como también a través de regulaciones de la tasa de interés. Fue una política sin compensaciones que redujo la tasa de beneficios de la banca privada. Tuvo una fuerte impronta intervencionista, tal vez la más intensa de los últimos tiempos en economías de la región».

Por otro lado el gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia asumió con reservas internacionales por 3.500 millones de dólares. Aprovechó el auge de los precios de las materias primas llegando a acumular 14.500 millones en el año 2014. Luego el nivel de precios de los commodities descendió, a pesar de lo que en los cuatro años posteriores se mantuvo el nivel de actividad y el ritmo de las transformaciones, haciendo uso del excedente de reservas. Estas últimas obviamente se redujeron, bajando a poco más de 8.000 millones en el año 2018. El nivel de actividad se sostuvo mediante una política expansiva del nivel del gasto, flexibilizando el resultado fiscal.

El golpe de Estado de 2019 no sobrevino en Bolivia como consecuencia de la una economía deteriorada, ni del empeoramiento de las condiciones de vida. No fueron los factores económicos mencionados ni otros los que generaron un clima que explicara el advenimiento de un gobierno de facto, que se convertiría en una dictadura. El MAS tuvo capacidad para leer las coyunturas económicas internacionales y nacionales. Esa aptitud le permitió construir un proyecto sustentable, con distintas estrategias en las diferentes etapas, articulando la política de Estado con la valoración e impulso de la movilización social. Supo adaptar los ritmos de marchas, y hasta de contramarchas, en sus medidas económicas. Así logró el crecimiento económico, la estabilidad con una baja inflación, el fortalecimiento de la moneda propia, el impulso a la diversificación de la economía. Pero su gobierno popular desbordó los límites de tolerancia de ampliación democrática por parte del capitalismo neoliberal de la financiarización. Este último se embarcó en la estrategia del golpismo clásico.

Las políticas del gobierno de Morales fueron impulsadas durante caso todo el período por el Ministro de Economía Luis Arce Catacora –salvo en un intervalo en que afrontó un tema de salud— y tuvieron tanto la oposición del  FMI como de las calificadoras de riesgo privadas. Esas críticas fueron resistidas por el candidato del MAS que hoy competirá por la presidencia. La persistencia en el rumbo le permitió alcanzar tres logros fundamentales: la reforma financiera, la desdolarización de la economía y el crecimiento del ahorro en moneda nacional.

 

 

Luis Arce

Luis Arce Catacora no empezó su militancia política en el MAS, ni con su exitosa tarea de conductor de la economía del Estado Plurinacional, militó previamente en el Partido Socialista 1, que se constituyó como una secesión de izquierda del Partido Socialista y cuyo líder Marcelo Quiroga Santa Cruz fue asesinado durante la dictadura de García Mesa.

 

 

 

 

 

 

Sus ideas fundamentales para la política económica boliviana están plasmadas en lo que llama “Modelo económico, social comunitario y productivo”, entendido como un recorrido de transición al socialismo, objetivo estratégico siempre explicitado por el MAS. Enfrentará en las elecciones a Carlos Mesa, que representa a los sectores acomodados y parte de la clase media de la Bolivia occidental y al ultraderechista Luis Camacho referente del capital concentrado de la región oriental. Arce articula la representación de la Bolivia popular, trabajadora y de los pueblos originarios, que constituyen la mayoría de la población. Las ideas fundamentales de su modelo expresadas en la revista Economía Plural (2011) merecen ser citadas: “El nuevo modelo económico, social, comunitario y productivo identifica dos pilares: el sector estratégico que genera excedentes y el sector generador de ingresos y empleo. El modelo identifica cuatro sectores estratégicos que tiene Bolivia para generar excedentes económicos para los bolivianos:

  1. hidrocarburos,
  2. minería,
  3. electricidad y
  4. recursos ambientales.

«Son los viejos y tradicionales sectores de los que ha vivido el modelo primario exportador. No puede cambiarse el país de la noche a la mañana, tiene que haber una estrategia que está plasmada en este modelo para salir de ese circuito negativo. Entre los sectores generadores de ingreso y empleo están la industria manufacturera, turismo, vivienda, desarrollo agropecuario y otros que aún no han sido dinamizados. De acuerdo con el nuevo modelo, para desarrollar una Bolivia productiva, generar esa transformación productiva, modificar el modelo primario exportador, se requiere llevar los excedentes de los sectores de minería, hidrocarburos, energía eléctrica, hacia los sectores donde se requiere poner la piedra fundamental, la semilla de un país productivo, es decir, en el sector manufacturero, industria, turismo y desarrollo agropecuario. El Estado es el redistribuidor, el que debe tener la capacidad de transferir los recursos de los sectores excedentarios a los generadores de empleo e ingreso. En otras palabras, lo que se busca es liberar a Bolivia de la dependencia de la exportación de materias primas para abandonar el modelo primario exportador y construir una Bolivia industrializada y productiva”. Las bastardillas me corresponden, el destacado tiene el objeto de enfatizar la idea clave que engloba a los proyectos nacionales, populares y democráticos, alternativos a la opción del liberalismo neo en la región. Añez, expresión de esta última, aplicó políticas de liberalización del comercio exterior, debilitamiento del apoyo a sectores estratégicos y desmonte de programas sociales como el del bono Juana Azurduy, dirigido a las madres gestantes y niños recién nacidos.

La elección de hoy es trascendental porque indicará la potencialidad popular como límite a la reversión de los procesos antidependentistas que se instalaron a principios del milenio en América del Sur. Porque como sostiene Rafael Bautista en su nota en Nodal del 14/10/20, “el Estado de excepción no declarado, pero en ejecución fingida, constituye el contexto ineludible que permite –en una reflexión crítica de la coyuntura– poder advertir, la más que improbable realización democrática y limpia de elecciones nacionales. La postergación continua del evento electoral (por cuarta vez), bajo el pretexto de la pandemia, demostró ya la falacia grosera de la autodenominada transición, que exhibe la dictadura actual como mera cobertura democrática de unos propósitos profundamente anti-democráticos”. Así la puja de la fecha no es sólo por votos sino por evitar la manipulación, degradación o destrucción del acto electoral por parte de la derecha boliviana e internacional. Los comicios ya tienen un vicio irreversible, la proscripción de Evo y otros dirigentes del MAS.

La potencialidad para garantizar los comicios y el triunfo de Arce Catacora y David Choquehuanca ha de significar un golpe al panamericanismo, al neoliberalismo y a los regímenes dictatoriales. Asimismo fortalecerá el renacimiento en la región de una perspectiva de Unidad Latinoamericana, fogoneada por la esperanza, que siempre las victorias estimulan, de una nueva ola de proyectos populares, de desarrollo autónomo y justicia social en América del Sur. Será una nueva recuperación de gobierno por una fuerza popular, antes que haya transcurrido un año del triunfo de Alberto Fernández y Cristina Fernández en Argentina.