Comisión de Economía Carta abierta Buenos Aires

9May/170

LOS RIESGOS DE COGOBERNAR

Publicado por admin

Estos NO tienen regreso

Jorge Fereyra

El bochornoso fallo de la Corte Suprema de Justicia concediendo el beneficio del "2 x 1"a un condenado por delitos de lesa humanidad (construido con el voto decisivo de los dos jueces designados en el actual gobierno), pone otra vez en el tapete la estrategia de un sector del peronismo de "aportar a la gobernabilidad" de la gestión de Mauricio Macri; y que con sus votos posibilitó la nueva integración del tribunal .

Ese sector (que podría situarse en el Senado, y encarnarse en las figuras de Pichetto y Abal Medina) osciló entre la idea de una "oposición racional y responsable que no se opone a todo porque sí como loquitos" (Abal Medina dixit), hasta el extremo de sugerir al oficialismo un pacto de acuerdos amplios, en una suerte de cogobierno entre la Casa Rosada y parte del Congreso.

Pichetto ha sido justamente el máximo defensor de esa teoría, que presupone a su vez un consenso básico sobre puntos centrales del programa político y económico del oficialismo: dar por concluido el ciclo del kirchnerismo como una anomalía que debe ser dejada atrás para retornar al "peronismo racional", "volver al mundo" (acuerdo con los fondos buitres, blanqueo de capitales, apertura a las inversiones, ciclo de endeudamiento), "normalizar" la economía (tarifazos, levantamiento del cepo).

Por eso no es casual que todas las iniciativas de Macri que apuntaban en ese sentido tuvieran el acompañamiento de éste sector en el Congreso.   

A cambio de esa donación voluntaria de gobernabilidad, no pidieron mucho hasta acá: acaso ofrecerse como gestores de alguna gestión que los gobernadores peronistas no pudieran resolver por sí solos en la Rosada, y la "emergencia social" votada a fines del año pasado, que aun hoy sigue en los papeles, sin traducirse en nada concreto.

En ese trance coincidieron con algunos que reclamaban "autocrítica" al kirchnerismo por haber perdido las elecciones (como la conducción nacional del Movimiento Evita), intentando todos mostrar que podían construir el post kirchnerismo, prescindiendo de Cristina y del núcleo duro de sus apoyos políticos.

A juzgar por los resultados, no lo estarían consiguiendo: el fallo que abre la puerta de la jaula a los genocidas (contra el cual algunos de ellos ahora reaccionan escandalizados) fue posible gracias a los dos jueces que Macri intentó colar por la ventana del decreto dentro de la Corte, pero que luego fueron ampliamente ratificados al discutirse sus pliegos en el Senado; pese a las objeciones públicas de los organismos de derechos humanos a ambos candidatos precisamente -entre otras cuestiones- por sus posturas en las temáticas de derechos humanos.

Parafraseando a otro senador de acá (que también votó los dos pliegos, el de Rosatti y el de Rosenkrantz) ni Pichetto ni Abal Medina ni -ya que estamos, agreguémoslo- Perotti ni ninguno de los que levantaron la mano pueden alegar que a ellos no les avisaron.

Porque además no es el de los nuevos ministros de la Corte el único caso en el que levantaron la mano para aprobarle pliegos a Macri, sin contar las veces en que lo hicieron para aprobar leyes nefastas; como el acuerdo con los fondos buitres, el blanqueo de capitales o la "asociación público-privada"; que posibilitaron -respectivamente- el inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento, el saqueo progresivo del Fondo de Garantía de la ANSES y la generación de nichos de negocios para los amigos del poder, del país y del extranjero; en desmedro de la producción y el trabajo nacionales.

Lo propio hicieron con el pliego de Federico Sturzenegger para la presidencia del Banco Central, o los de Gustavo Arribas y Silvia Madjalani para la AFI; de modo que son políticamente corresponsables de las desastrosas gestiones del gobierno de "Cambiemos", en ambos casos; irrresponsable endeudamiento cuasi fiscal con el festival de LEBAC's, política de asfixia financiera a la producción con tasas inverosímiles, bicicleta para los capitales golondrinas y montaje de una estructura descontrolada de espionaje a opositores, incluida.

Tan comprometidos están algunos (como Pichetto) con la idea del "cogobierno" que tienen fondeados los pliegos del resto del directorio de Central, para negociar lugares allí para ese sector de la oposición; una idea que -si prosperara- solo los haría más copartícipes aun del desastre que están generando Macri y su gobierno.

4May/170

Declaración de Carta Abierta sobre la decisión de la Corte Suprema

Publicado por admin

 

 

Las brumas de la impunidad

La retorcida resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación merece sin duda todos los análisis jurídicos que sean necesarios a fin de intentar retrotraerla, pero como en tantos otros casos, es una decisión tomada por una cuestionable mayoría formada con innegables y toscos forzamientos. Los jueces que la firman todos son conexiones terminales de la voluntad desmanteladora del macrismo, que vacía toda juridicidad en los más hondos basurales de la historia. Léanse los dictámenes de los jueces sórdidamente revisionistas.

Dicen actuar en nombre de la civilización, de la arquitectónica más elocuente de leyes que garantizan la vida sin barbarismos. ¿No es éste el lenguaje más refinado de los hipócritas restauradores del festín de los represores? Son los nuevos bárbaros esgrimiendo las tablas de la ley. Miserablemente, surgen una vez más los oscuros compromisos de una parte significativa del aparato jurídico con el proyecto de volcar las interpretaciones ya consagradas sobre el Terrorismo de Estado hacia la zona más oscura de la historia del país. Hay en la decisión de estos jueces –todos ellos integrantes ya de una irreversible galería de la vergüenza nacional, Rosatti, Rosenkrantz, Nolasco-, la voluntad insidiosa de reescribir una historia dramática que fue juzgada en los tribunales de la humanidad, para darle voz a los represores, torturadores y asesinos como nuevos sujetos a los que se les confiere el derecho de revertir las vigas más profundan de la ética pública.

La desculpabilización  de patibularios personajes se hizo moviendo piezas jurídicas inverosímiles, con estilo de tahúres de alta escuela. Todo ello está destinado a una amnistía generalizada que invierta tortuosamente una interpretación ya dada sobre víctimas y victimarios. Ahora los primero pasarán a hacer el papel de los segundos y los segundos de los primeros. Esta absolución que cambia el curso mismo de la historia argentina ha salido de torvos diagramadores de la política gubernamental. También encuentra a los sectores dirigentes de la Iglesia llamando a una reconciliación. Usan esa venerable palabra como tortuosa señal de su propia inmunidad, lanzando así su autoamnistía respecto del avieso papel que cumplieron en los años más siniestros de la historia nacional.

¡No al borramiento de la historia en la bruma de la impunidad!

1May/170

acto del 1 de mayo de 2017

Publicado por admin

Hacemos extensiva la convocatoria al acto público de conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores que realizarán las dos Centrales de Trabajadores Argentinos y otras organizaciones sociales populares.
 
La cita es mañana, 1 de mayo, a las 14 HS. en Plaza Congreso, frente a la "Escuela itinerante" instalada por CTERA y demás gremios de la educación. 
 
Adherimos a este acto de resistencia a las políticas del gobierno nacional que agreden a los trabajadores y el pueblo argentino. 
 Carta Abierta
20Abr/170

NEOFASCISMOS LIBERALES

Publicado por admin

La expresión neofascismo suena rara, inconveniente, no abandona nunca sus aires nefastos pero imprecisos. Y desde luego, como es un enunciado siempre disponible, se emplea con rapidez, impulsado por sus contornos difusos. ¿Calificaríamos así al gobierno de Macri? Examinaremos la cuestión. El sufijo “neo” modifica, suaviza y da cierto misterio al concepto posterior al que se le aplica. Lo envía hacia una zona ambigua que resiste ser descripta con facilidades dogmáticas. Apenas indica que un concepto original se presentará bajo nuevos ropajes. Deberemos entonces indagar si las actuaciones en el plano del lenguaje, la economía y el control social que ejerce el macrismo, pueden rozarse en ciertos puntos específicos con algunas evidencias del fascismo, no en su sentido literal sino evocativo. Por decirlo así, bajo insinuantes evidencias apenas deslizadas.

No perderemos tiempo con la expresión “fascismo” como acusación rápida. Tal como comprobamos habitualmente, sale veloz entre nosotros la expresión “fachos”. Pero trataremos con calma de ver qué raigambre puede tener ahora esa palabra en la actualidad argentina. Y en especial, en lo que hace un Gobierno que casi siempre suele ser ubicado en los cuadrantes del “neoliberalismo”. Necesariamente, para aliviar este tipo de comparaciones ultristas e insustanciales (en el pasado se llegó a hablar de “nazi-nipo-peronismo”), encerramos la palabra fascismo entre el prefijo “neo” y la expresión “liberal”, como un polvillo imprescindible en un cometa cuya cola atrae toda clase de detritus sobre los que nos debemos pronunciar. Estas mixturas o entrecruzamientos de apariencia insólita pertenecen, en cambio, a los momentos de mayor tensión histórica, como éstos. Y lo que parece contrapuesto, súbitamente, se encuentra.

La expresión “neofascismo liberal” ya la ha sugerido Jorge Alemán en varios trabajos y aquí la sustraigo para comentarla, muy seguramente en el mismo sentido que él le ha dado, aunque tratando de explorar con ella ámbitos de la comunicaciones de masas, formulismos discursivos del Presidente y de sus funcionarios, y demás artilugios del Gobierno “surgido de elecciones democráticas”. Lo resumimos en la pregunta sobre qué tipo de ciudadanía están construyendo. Todas las figuras de la ley, de la lengua, del juicio o de la misma conversación de apariencia trivial, se han transfigurado con el macrismo.

Es claro que la acusación de “fascismo” es proliferante, fulminante y dispendiosa. Tantas veces que hubo de necesitarla, el liberalismo golpista la dirigió como una flecha instantánea contra el peronismo. En su base había un importante equívoco, que costaba deshacer y que en gran parte ocupó la tarea de la publicística peronista... y del propio Perón. En la época del Congreso de Filosofía, fines del 40, se le ofrece a Perón invitar al filósofo alemán Carl Schmitt, recién liberado por los norteamericanos. El líder argentino algo sabía del asunto y les responde a sus colaboradores: “¿qué quieren, ya me dicen fascista, imagínense si ahora traemos a un escritor que tiene teorías consideradas nazis?”.

En las intervenciones del ensayismo peronista solía remarcarse que el peronismo surgía de una sociedad industrial en construcción, con un proletariado nuevo (tesis muy matizada luego por Milcíades Peña y otros autores) que expresaba demandas democrático-sociales y de modernización con justicia distributiva. No un nacionalismo redentista basado en arcaísmos psíquicos en contrapunto con tecnologías capitalistas avanzadas. Sino, un nacionalismo democrático y popular con distintos tipos de negociación con economías después llamadas del “capitalismo más concentrado”. Los fascismos europeos surgían en cambio del mesianismo de la sangre, aliado a los cánticos triunfales del futurismo artístico ante las grandes tecnologías. La epopeya del jefe teatralizado ante las multitudes, junto a la épica de una tecnología heroica en su mismo ser veloz y destructivo, caracterizó a esos fascismos. Funestos mitos operísticos, justificaron matanzas masivas con pensamientos escatológicos amalgamados con delirios de la razón de Estado.

Más allá de la filosofía mesiánica de la superioridad racial, sigue siendo útil para percibir los otros rostros de fascismo apocalíptico, como eran los de la cotidianidad fascista tratando de conquistar los últimos poros de la sociedad. Se puede hacer todo esto con la revisión de grandes films. Ejemplificamos con Amarcord (Fellini), El General Della Rovere (Rosellini) o Un día particular (Scola), entre tantos otros. Un equivalente argentino podría ser el famoso cuento de Bioy Casares y Borges “La fiesta del monstruo”, donde la violencia final antisemita suena impostada, pues lo que realmente les interesaba a los autores de ese gran libelo es acusar al peronismo de vulgaridad lingüística. El narrador desastrado que concurre a la Plaza de Mayo habla un cocoliche entre burocrático y rebuscado, idiomáticamente derrumbado.

Frente a esa crítica, terminante e hiperbólica pero que no hace creíble al “fascismo” de Perón, Borges escribe en cambio el “Deutsches Réquiem”, donde la grave pintura del oficial nazi –un intelectual víctima de un destino catastrófico– intenta ser comprensiva, creíble y trágica. El verdugo nazi y la víctima judía se complementaban, y con ese mismo argumento del tiempo circular, Borges condenó luego a las juntas militares. Borges sabía perfectamente quién era Ernst Jünger, y contrario sensu, el gran filósofo Carlos Astrada, cuando actuó periféricamente en las filas del primer peronismo, llegó a criticarlo sin poner como atenuante su exquisita y siempre reconocida estética de lo aciago. Cuestionó a Jünger precisamente por su tesis de la “movilización total”. Era tocar uno de los núcleos esenciales de lo que, alberdianamente, se condenó como el crimen de la guerra en el siglo XX.

Los sectores medios, como los que en Europa –Italia y Alemania–, hace más de medio siglo, se movilizaban acosados por humillantes derrotas bélicas anteriores junto a la búsqueda de culpables externos, no se dieron así entre nosotros. Aquí el reguero de violencia nacional no siguió necesariamente las formas políticas entrelazadas con una locura mesiánica que pretendía diversas fórmulas mágico-burocráticas de racionalización. Es cierto que en el bombardeo a la Plaza de Mayo se buscaron justificaciones en ideologías egregias. Para los marinos cristianos el “Cristo Vence” y para los militares laicos el fantasma redivivo de Rosas. Eran fórmulas fanáticas y sacramentadas que podrían justificar la masacre de tantas personas. Justificaciones místicas o idólatras que se fueron difuminando, aunque se tomaron su tiempo para hacerlo. Solitarios quedaron los masacrados de la historia, tirados sobre pavimentos y descampados.

La represión con tecnologías delirantes y secretas del 76, en el gobierno de las juntas militares, tuvo revestimiento liberal. Y en lo económico, sabemos cuáles fueron los resultados de estos fotogramas del “capitalismo neoliberal”. Pero en el interior de las mazmorras de exterminio, solía haber ciertas “hipóstasis”: los retratos de Hitler. En su famosa “Carta a la Junta Militar”, uno de los más conmovedores testimonios contemporáneos de denuncia y dialéctica de la esperanza, Walsh dice que los planes de sacrificio masivo de militantes se explicaban por una motivación económica, por la aplicación de un plan trazado por las potencias financieras internacionales. Estas precisas y tan cáusticamente elaboradas sentencias de Walsh sobre las técnicas de tortura y desaparición nos permiten introducir una interrogación sobre esa maquinaria de muerte.

¿Funcionaba como apéndice estricto de los proyectos económicos o tenía un lúgubre goce autónomo, relativamente exento de aquellas determinaciones materiales? Quizás había un autómata exterminador dentro del aparato clandestino del Estado, que se regocijaba turbiamente de esas economías propias de saqueo y la acumulación primitiva devastadora, devorando cuerpos más allá de lo que reclamaba ese mismo plan económico. Ese sería el “neonazismo” oculto de la Gran Represión, que convivía con la frase “los desaparecidos son entelequias” del “liberal” Videla.

Pero era una época en que, todavía, no estaban abolidas las significaciones ideológicas visibles, de plaza pública: nacionalismo, liberalismo, y en un plano más implícito, los diversos populismos, ante los cuales no era necesario que llegaran las más elaboradas reflexiones de Laclau, para intuirlo como una intermediación de nacionalismos democráticos, socialismos populares, jacobinismos republicanos y según los momentos diversos que se atravesaban, proclamas de “capitalismo serio” contra el “indeseable capitalismo salvaje”. Sin duda, una polémica.

El macrismo hace un corte, da un salto definitivo hacia la desconexión total de las ideologías para inaugurar una oscura política pulsional, exacerbando al individuo aislado como un átomo regido por un nuevo tipo de legalidad represiva. El “deseo represivo” es provocado en una nueva definición de un individuo, apenas superficialmente “ciudadano”, pero que expulsó la idea clásica de ley de su clausurada conciencia de hombre unidimensional. Marchamos hacia una concepción de la “ley” que hasta ahora no conocíamos. Es la ley encarnada por el Carro Blindado Antipiquete con Cañón Hidrante. Este artefacto no se halla dentro de la Constitución, sino al revés. La Constitución es su estropajo, su harapo para el guardabarros.  Esto supone la abolición de la norma subjetiva ciudadana, fundada como tal en las diversas vicisitudes de la historia nacional. Es sustituida ahora por la conciencia inmediata, obturada en todos sus poros por el rezo ante el altar del Automóvil Acorazado que actúa en forma intratable, como animal suelto. Verbitsky lo llama teología política, en su última nota en este diario. Dentro de ese carro espectral viajan los voceros escogidos –no son pocos y nos hablan todas las noches– del neofascismo liberal macrista.

La ley moderna, desde el siglo XVIII en adelante siempre se concibió a la manera kantiana –incluso los nacionalismos más “hegelianos” también lo expusieron así–, de modo tal que se relacionase la norma general con la voluntad intrínseca de la persona. La ley moral surgiría entonces de la “voluntaria capacidad de que cada individuo sea un legislador universal”. Lo contrario al blindaje de la conciencia. Era la ley general social reelaborada por una subjetividad abierta del propio “legislador ciudadano”. Yrigoyenismos, peronismos, alfonsinismos, kirchnerismos se convirtieron en el resistente hilo zigzagueante de la reparación nacional democrática, con su más o sus menos y sus préstamos o recelos mutuos. Todos esos nombres se rigieron por ese legado en la interpretación de la ley. Ley social como discusión colectiva y sujetos públicos fusionados en ese debate sobre la norma porosa que hacía a la arquitectura de sus conciencias autónomas.

La novedad es que con el macrismo todo eso ha desaparecido. El fascismo son dos cosas, su nivel historizado y su nivel metafórico. Lo primero, el macrismo no lo frecuenta pues pronuncia palabras republicanas ahistóricas, aunque cada vez menos y sin comprenderlas acabadamente. Pero en el otro plano, su concepción financiera de las conciencias expulsa la ley moral. Concibe apenas conciencias hidrantes, chorros de violencia protocolizada que hostigan cuerpos. Por encima de la ley común hay Protocolos. El Macri-Prinzip, agazapado hasta el momento, ya salió a luz. Actúa al margen de los andamiajes normativos de una trama heredada, imperfecta pero ligada a la idea de hombres sociales libres. El Macri-Prinzip niega todo eso con un complejo y resbaladizo sistema de justificaciones para el pillaje de las conciencias por parte del Estado. El Carro Hidrante-Prinzip va al frente y retrocede un poco. Ejemplo: ataca las bases materiales del cine nacional y al otro día dice que lo “aman”. Las melosas rectificaciones posteriores son la incrustación del melodrama liberal en la conciencia del Protocolo General, y la guía del Carro de Combate Urbano son neometáforas fascistoides que ocupan el lugar de la ley común general.

La voz marginal de Baby Etchecopar, un troll con viscosidades a plena luz que actuaba hace tiempo, se corre progresivamente hacia el centro del sistema macrista. La sociedad argentina, con sus insuficiencias, era una sociedad de debates, una sociedad multilegislativa. La forma abierta de ley hacía que estuviera en los parlamentos y simultáneamente en las conciencias del pueblo del Himno y de la Constitución. El negacionismo macrista, con tantas manifestaciones ya a la vista, implica abandonar esa idea abierta de la ley, esa bellota siempre en debate, por una combinatoria gaseosa y picante. Un neofascismo progresivo, silencioso y sin palabras, con prótesis liberales que cada vez más se alejan de sus actos reales. Ganarle lo más pronto posible las elecciones, lo que no es un sueño descabellado, supone interferir la pesadilla del Gobierno de los Panzer Wagen, adquiridos con el dinero que le falta a la educación, al cine nacional o a la economía popular.

18Abr/170

Qué significa ser maestro

Publicado por admin

 

 

La escuela pública argentina surge de un gran debate inicial, propio de los comienzos del capitalismo industrial. ¿Hay que educar o instruir? La orientación que surgió siempre en nuestro país y siguió perseverante hasta hoy, fue la de educar. De ahí que su concepto educacional acentuaba lo público, lo colectivo, el sentimiento de participación en un destino común, y de este modo, un sentido de libertad y responsabilidad social. A nadie se lo dirigía hacia la senda de la servidumbre y del menguado aprendizaje, instruyéndolo apenas en la servicialidad a una lógica de sumisión. Este tema del primer nivel de la enseñanza es tan vital que se reproduce en el mundo universitario, donde siempre nos encontramos con la batalla entre formar ingenieros o instruir ingenieros en determinadas tecnologías útiles a ciertas industrias.
Si instruir era crear un nuevo proletario con sus conocimientos sumarios adecuados a la vida industrial que lo masacra, y encerrar allí las conciencias, educar consistía en cambio, en abrir la compuertas de cada alumno a una ciudadanía compleja, a la participación social, a la vocación intelectual y política, a ser hombres y mujeres plenas. Con muchas vicisitudes adversas y proyectos de desmantelamiento diversos de esta concepción humanística, que ocurrieron en demasiados períodos históricos de nuestro país, esta concepción aún sobrevive.
Fue y es la forma educacional crítica e integradora que se mantuvo siempre en el sistema escolar argentino gracias a maestras y maestros que sabían y saben –en un gran legado transmitido de generación en generación- que el protagonista central de la educación es el vínculo asombroso, vital y repleto de emocionante dramatismo entre maestros y alumnos. Ese vínculo nos lleva a una pregunta fundamental de la vida civilizatoria ¿Quién educa a los educadores? Nuestro país siempre mantuvo un horizonte generoso en todo su sistema educacional, un edificio entrecruzado y lleno de escalones interconectados, donde el aprendizaje del que enseña a aprender, la educación del que va a educar, constantemente se realizó como un acto igualitario, sorprendente y esencial. Allí nunca dejó de  considerarse como núcleo fundante la delicada tarea iniciática que supone el primer acto de lectura y escritura.
Ante ello, no puede oponérsele una tabla de inasistencias o de licencias, fruto en gran medida del desprecio salarial hacia los educadores argentinos por parte del gobierno actual. Las estadísticas amenazantes, aunque tomen problemas reales que no es difícil resolver, revelan en cambio el desinterés de los actuales gobernantes, por el núcleo irreductible que mantiene el sistema escolar público: la vocación como saber maestro, el maestro como sujeto vocacional inquebrantable, la presencialidad no como una estadística inerte sino como un pizarrón siempre atravesado por la tiza fundadora, que se hace verbo en la persona de todo profesor y de todo educando.
¿Qué son estos temas gerenciales que regleta en mano condenan a los maestros y maestras a ser sujetos de estadistógrafos represivos y de represiones efectivas al caer la noche? ¡Son pobres hechos magnificados por argumentaciones viscosas ante la gran tarea que a pesar de todas las dificultades, se sigue realizando! Sin duda, es difícil defender la idea de una conciencia como tabula rasa, pero los maestros argentinos están en el centro de una red institucional de múltiples pavimentos, donde en uno de ellos se aloja el núcleo germinativo de algo maravilloso que gracias a ellos nunca dejó de existir. Ellos están siempre en una frontera. Es la frontera donde conviven familias, sociedad, tecnologías, disparidades a resolver, asimetrías a considerar, y fuertes ámbitos de comunidad afectiva irreversible, donde se zambullen en la página en blanco del primer cuaderno escolar, los que luego mantendrán ese iluminado momento en su evocación más sensible.
Por esa epifanía, por llamarla así, han pasado el científico que ha trabajado muy poco tiempo atrás en la construcción de satélites, pasaron los trabajadores argentinos con sus distintos niveles de especialización, los que mueven las máquinas de las fábricas, y deberán pasar los desplazados de hoy para ingresar al torrente de los protagonistas de la vida diaria, la vida social, política y cultural, pasaron los novelistas que han inventado personajes como Erdosain, Emma Zunz, Megafón, Mascaró o La Maga, el ingeniero que ha construido radares o el arquitecto que pensó ciudades laborales donde no se anulara un sentido de sociedad habitable y justa.
Todos vistieron su guardapolvo blanco de formación inicial, vivieron en la escuela su inmersión en la lengua, se asombraron por poder leer, por ingresar en el mundo de los símbolos, por comenzar a saber que vivirían de ahora en adelante en medios sociales amplios, incitantes y conflictivos.
Enseñar es un dramático y sensible acto valorativo que tiene normas y pasos progresivos, pero siempre como una suma de momentos repentinos y descubrimientos maravillosos que ocurren como quien se zambulle al mar. Todo eso se da en la escuela y auspiciado por su personaje central: el vínculo entre docente y alumno, que no es un vínculo administrativo, sino la construcción de la razón educativa, pedagógica, cívica y ética. La escuela argentina fue y es la sede de esa ética de la responsabilidad educativa y de la convicción, del estilo productivo que tienen los saberes. A todo este conjunto, que es el armazón intelectual y moral de una nación, quieren destruirlo. Quieren demolerlo considerando el presupuesto educativo como un gasto a ser comprimido, a la educación una mercancía, a la red de escuelas públicas como un depósito de inutilidades improductivas, al cuerpo de maestros y maestras como personajes prescindibles y reemplazables por nuevas formas pedagógicas, vecinas al entrenamiento, al couching, a la regimentación de conciencias, al acuerdo con corporaciones privadas que consideran la educación un negocio, lo que excede en mucho la distinción entre escuelas privadas y públicas, entre presentismo y ausentismo.
Desarmar el cuerpo docente nacional  es una empresa persistente del gobierno. Retirar la paritaria nacional es un hecho económico que tiene repercusiones en el desprecio por la enseñanza,  realizar pruebas ficticias para demostrar que habría un abrumador fracaso escolar en la escuela pública es una maniobra ya intentada muchas veces, que desconoce la fibra interna del acto de enseñar, que nunca es un registro acumulativo de conocimientos lineales. En cambio, así se lo quiere ver, para aplanar la escuela pública con una hipótesis sobre el conocimiento que sumerja a alumnos y docentes en una cadena de montaje tecnológica, que en vez de poner a  estas al servicio de la enseñanza humanística calificada, pone a esta al servicio de nuevos actos de dominación de burocracias mercantiles de la educación.
La cuestión salarial no es separable de la cuestión educativa, de su debate entre los mismos docentes, de su reconstrucción desde la  degradación a la que los someten las políticas gubernamentales –para después acusar de que reina en ellas un bajo nivel educativo-. Marchemos hacia la posibilidad de realizar medidas de lucha cada vez más sensibles a la complejidad de este momento crucial. Ser maestro es cada vez más una frontera trascendental y perentoria para todo el movimiento social argentino. El apoyo a CTERA, a todos los gremios docentes puestos de pié, a esta escuela itinerante y a los maestros y maestras argentinas, es un imperativo de la conciencia pública, democrática y pedagógica nacional.

 

 Declaración de Carta Abierta, 17 de abril de 2017

12Abr/170

La inflación y el discurso encubridor de “Cambiemos”

Publicado por admin

Guillermo Wierzba * (Especial para sitio IADE-RE) | El autor desarticula el argumento oficial sobre la inflación y revela la intencionalidad de su uso: ajustar salarios a la baja y ampliar el excedente de los grupos económicos.

En los 12 años de gobiernos de signo democrático, nacional y popular se desplegaron políticas que reconstruyeron la lógica de la institucionalización de la negociación paritaria en el mercado de trabajo formal, a la vez que produjeron una disminución sustantiva de la tasa de desempleo y una suba -aunque parcial- de la tasa de trabajadores que se encuentran contenidos en ese sector formal respecto del total. Estas reformas fueron posibles tanto por un cambio de la política económica que revalorizó el papel del mercado interno como espacio de dinamización de la demanda agregada y la sanción de instrumentos legales que las habilitaron.

En el comienzo del segundo año del tercer período de carácter neoliberal que se abrió en la Argentina, el presidente Macri en su discurso de apertura de sesiones del Congreso Nacional sostuvo que la “la inflación es tóxica. Destruye el salario de los trabajadores, dificulta ahorrar, paraliza la inversión y nos impide mirar a largo plazo”.  En el típico estilo discursivo de los gobiernos del capital concentrado y las oligarquías tradicionales, el presidente argumentó sobre la necesidad de reducir la inflación como la cuestión clave de la política económica. Su intención es adjudicar a ese fenómeno el carácter de “mal absoluto” y, en consecuencia, proclamar la búsqueda de ese objetivo colocado en el lugar central de su gestión de la economía.

Hay una predilección del discurso oficial -tributario del dogma neoliberal- en designar la inflación como el impuesto de mayor regresividad. El 1 de marzo Macri decidió ir al grano argumentativo de los planes de estabilización tradicionales de las derechas restauradoras del poder oligárquico, ha dicho, como fue citado, que la inflación es la destructora del salario de los trabajadores. Sin embargo es un registro histórico que estos gobiernos de derecha han conducido siempre hacia una redistribución regresiva del ingreso y un descenso de la participación de los asalariados en el reparto del mismo.

El gobierno de Macri, siguiendo la tradición de las gestiones conservadoras y neoliberales, se empeñó en avanzar en la desarticulación de los esfuerzos estatales por construir intervenciones en la formación de precios que apunten a consagrar una distribución del ingreso que mejore la participación de los asalariados y, pese a la perorata anti inflacionaria, el primer año de este tercer ciclo neoliberal finalizó con una tasa de inflación sustantivamente superior al de todos los años de los gobiernos kirchneristas y, a la inversa que en la mayoría de ellos, el salario medio de los trabajadores descendió, haciéndolo en un registro también inédito en todo el período anterior  (por ejeneplo, una tasa del 6,5% interanual para noviembre de 2016 surge de los datos del informe de CIFRA – CTA, febrero 2017).

La lógica de la inflación en ascenso en el período de gobiernos kirchneristas estuvo determinada por la resistencia a las mejoras salariales por parte de los empresarios que defendían su tasa de ganancia,  sumada a las conductas de las grandes firmas formadoras de precios empeñadas en capturar los beneficios producidos por una etapa de importante y rápido crecimiento económico. La vigencia de paritarias libres y los dispositivos -aunque erráticos e insuficientes- de intervención y regulación de precios permitieron la suba de los salarios reales en la economía.  Fabián Amico concluye en su investigación “Los salarios reales en el largo plazo. Surgimiento de un nuevo piso estructural de las remuneraciones en Argentina” (CEFID-AR, marzo de 2015)” que en relación a su ascenso “se destaca su persistencia: no hay prácticamente comparación con otra etapa histórica ya que la década 2004-2013 es el período más largo de la historia argentina mostrando aumentos persistentes del salario real. En segundo lugar, se destaca la velocidad de crecimiento: en el lapso 2003-2013 el salario real crece a un ritmo del 4,6% anual mientras el PIB por ocupado lo hace al 2,9% anual promedio”.

En cambio, las razones de la escalada de precios del período del gobierno de Cambiemos se desencadenó por el cambio de precios relativos devenido de la devaluación, la quita de las retenciones, la suba descomunal de las tarifas de servicios públicos y la desarticulación de las políticas tendientes a la contención de los precios. O sea, una inflación que no refleja la resistencia empresaria a la suba del salario real sino la ofensiva de los dueños del poder económico por reducirlo, ampliar el excedente y apropiárselo. Ofensiva habilitada por medidas de un gobierno cuya composición y elenco de funcionarios exponen cabalmente los intereses de ese poder.

A pesar de las palabras que asignan a la inflación el carácter de destructora del salario, que declamaban la preocupación por defender los ingresos de los trabajadores, en el discurso mencionado el presidente fue recurrente en el intento por pautar la tasa de aumento salarial  -entre el 12 y el 17%- que según su criterio deberían discutir las paritarias en el sector privado requiriendo a empresarios y trabajadores poner atención sobre la misma que es la tasa de crecimiento de precios que se fijó como meta el Banco Central. O sea que, mientras enuncia el objetivo de defender el salario, el instrumento elegido sería evitar que este crezca nominalmente compensando el desfasaje del año anterior más la inflación esperada para el presente, como piso.

Es la vieja y falsa promesa de los gobiernos antipopulares: mejores sueldos mañana provendrán de admitir su descenso hoy, la mejora de la tasa de ganancia presente garantizaría mejores ingresos fijos mañana. En el año 2016 los funcionarios de Cambiemos estrenaron su política de comunicación anunciando una tasa de inflación esperada del 20% o apenas superior al mismo y ésta terminó orillando el doble de lo prometido. La subestimación del índice, si hubiera sido consensuada para la negociación paritaria -con ajustes salariales aun inferiores a los que se produjeron- habría significado un mayor retroceso del salario medio real y una caída del PIB aún mayor a la que se produjo (3,8% para el tercer trimestre de 2016 acelerando el 2,4% del primer semestre; CIFRA- CTA – informe febrero 2017). Por su parte la caída del empleo, los despidos y la desocupación también hubieran sido agravadas respecto de la dinámica crítica que tuvieron: entre diciembre de 2015 y febrero de 2016 se despidieron 249.153 trabajadores, correspondiendo el     60,85% al sector privado y el 30,15% al público (CEPA, documento de trabajo Nº8, 2017).

Los primeros meses del presente año arrojaron incrementos de precios que descolocan y desmienten la posibilidad de que se verifique en la realidad la inflación, objetivo del Banco Central, coincidiendo con la conducta del año pasado. Queda explícita, entonces, la metodología intencionada que se utiliza desde el BCRA de fijar una tasa de inflación meta inferior a la razonablemente esperada, comportamiento que persigue el fin de ajustar salarios a la baja, refrendado por el presidente. Fue lo no dicho en el discurso de Macri, pero resulta de las políticas y el tipo de comunicación elegida: bajar el salario, aumentar la tasa de ganancia y, sobre todo, incrementar la renta agraria y financiera que constituyen ingresos de los sectores privilegiados y “elegidos” por el gobierno neoliberal de la tercera fase, como lo fueron también en las dos primeras. Entonces el discurso de Macri no busca explicitar sino encubrir su programa y su diseño de país, encubrimiento siempre necesario para los gobiernos que defienden intereses minoritarios pero que necesitan construir hegemonía y consenso para mantenerse en el poder, conquistando densidad electoral.

Pero no sólo hay discurso encubridor, también hay abandono de la sustancialidad republicana, cuando se incumple con lo legislado buscando interpretaciones que contradicen el sentido de la ley o intentan construir el condicionamiento de otros poderes del Estado, o directamente omiten o parcializan la aplicación de dispositivos legales en su sustancia. Son ejemplos de estas conductas la no convocatoria a la paritaria nacional docente, el intento de modificar el índice de ajuste jubilatorio dispuesto por ley mediante una resolución de menor jerarquía y la aplicación del Banco Central a priorizar con exclusividad  la consecución de una meta inflacionaria obviando que los fines dispuestos por la Carta Orgánica aprobada en el año 2012 son de carácter múltiple y definen que la entidad debe ocuparse también del empleo y el desarrollo con equidad social. Todas estas políticas afectan o intentaron/intentan hacerlo negativamente a los sectores de ingresos fijos. La primera busca fracturar la negociación salarial para debilitar a los docentes en su lucha por un aumento que recomponga sus ingresos, la segunda hubiera implicado una caída en el ajuste a los jubilados, la tercera importa el mantenimiento de tasas de interés elevadas.

Las tasas de interés altas significan un beneficio directo a la renta financiera, en una economía en la que se han eliminado, desde este mismo gobierno, los controles al ingreso y egreso de capitales. Esas tasas estimulan la entrada de capitales especulativos con una conducta destinada a la obtención de altas ganancias en el corto plazo sin actividad productiva alguna. Por otro lado, el enfoque teórico de aplicar altas tasa de interés para bajar la inflación sostiene que ésta es causada por excesos de demanda que no pueden ser atendidos por la oferta y que ese supuesto desequilibrio debe ser corregido deprimiendo la demanda agregada, o sea el consumo y la inversión, mediante un ajuste que enfríe la economía. Ese enfriamiento provocaría una caída en el nivel de empleo que debilitaría, por la precarización laboral, el poder de negociación sindical y permitiría la contracción de los salarios reales.

Así el enfoque de Metas de Inflación aplicado por el BCRA desnuda el carácter encubridor de un discurso que proclama una lucha contra ésta bajo la advocación del beneficio a los trabajadores. La lógica de este régimen que enamora a Sturzenegger explica los enunciados y preparativos para el intento de introducir reformas institucionales en el mercado de trabajo de carácter “flexibilizador”, eufemismo que designa -a la vez que encubre- la vocación por precarizar la legislación laboral.  El discurso neoliberal del gobierno va por la recuperación de la condición de pensamiento “único y objetivo” en el debate económico. Cabe evocar, para quitarle ese velo de “neutralidad”, la caracterización del economista y revolucionario ruso Nicolai Bujarin quien adjudicó a la economía marginalista (reconocible hoy con el nombre de economía neoclásica) el carácter de “economía política del rentista” y afirmó, ya hace más de un siglo, en un texto concluido en 1914, que: “La evolución capitalista ha asistido en las últimas décadas a una rápida acumulación. Como resultado del desarrollo de las diferentes formas de crédito, la plusvalía acumulada es apropiada a menudo por individuos que no tienen a menudo ninguna relación con la producción. El número de estos individuos crece continuamente, al punto de llegar a conformar una clase social: la de los rentistas”. Esta evocación de un texto ya centenario es para develar el fin que los neoclásicos han perseguido, y en buena parte logrado cuando se constituyeron en soporte teórico de los gobiernos neoliberales, de ser reconocidos como portadores de la verdad objetiva en el ámbito del pensamiento económico. Ambición que desnudaron claramente con el cercenamiento del nombre de la disciplina cuando mutaron el de Economía Política por “La Economía” a secas.

Las altas tasas de interés y el escandaloso pago a los fondos buitre constituyen muestras de los beneficios que el gobierno de Macri ha otorgado a la escoria de esa clase de rentistas a la que ya se refería Bujarin, y que hoy opera a nivel global apropiándose de los recursos de las naciones más pobres y de las clases populares. Lo dicho por el discurso presidencial, citado al principio,  también encubre, cuando se refiere a los efectos de la inflación sobre el ahorro y la inversión, que la política que lleva a cabo el gobierno remunera altamente a la inversión especulativa y provoca el desestímulo de la productiva al deprimir la demanda agregada, produciendo la caída del PIB e impactando también en la erosión del tamaño del mismo para el futuro porque, como se demuestra en enfoques de la economía heterodoxa, las caídas en el producto del presente importan una afectación en las potencialidades de su nivel futuro.

* Economista.